Akademos
Recepción: 13 diciembre 2025
Aprobación: 17 marzo 2026
Autor de correspondencia: luuciaarr@gmail.com
Resumen: Este ensayo parte de la investigación artística (Li)temia, que aborda el litio en su doble papel como psicofármaco y recurso energético, desde una práctica auto-teórica que entrelaza agencias materiales y simbólicas. El litio se configura como un elemento que atraviesa cuerpos, tecnologías y territorios develando regímenes de funcionalidad, contención y control. Mediante el desdoble de la batería como método, el texto traza correspondencias entre cuerpos humanos y más-que-humanos, y presenta puntos de llegada de la investigación.
Palabras clave: litio, salud mental crítica, materialidades, psicofarmacología, biopolítica.
Abstract: This essay is based on the artistic research project (Li)temia, which examines lithium in its dual role as a psychotropic drug and an energy resource through a self-theoretical practice that intertwines material and symbolic agencies. Lithium emerges as an element that permeates bodies, technologies, and territories, revealing regimes of functionality, containment, and control. Through the doubling of the battery as a method, the text traces correspondences between human and non-human bodies and presents the research findings.
Keywords: lithium, critical mental health, materialisms, psychopharmacology, biopolitics.
Notas desde el desdoble de una batería
Litio, control de cuerpos y normalización de la diferencia

Figura 1. Formas y contenedores del litio dibujadas por la autora.
(Li)temia es una investigación artística de largo aliento que explora la red de resonancias del litio desde una experiencia situada: mi vínculo cotidiano con este elemento, tanto en su forma farmacológica como en su uso energético en tecnologías móviles. Esta intersección abre un cruce entre lo íntimo y lo técnico, lo encarnado y lo científico, desde donde se despliegan correspondencias entre cuerpos humanos y más-que-humanos, y se tensionan las nociones de funcionalidad que atraviesan subjetividades, minerales y territorios.
Litemia .01 (2024-2025) constituye el primer gesto de este proceso: una indagación afectiva y material que piensa al litio como un contenedor falible, oscilante entre sostén y toxicidad, energía y agotamiento. La exhibición reunió estas primeras exploraciones en Salón Silicón (CDMX), acompañadas por un programa público como extensión del proyecto. Este ensayo entrelaza textos de sala, piezas, bitácoras y referencias para trazar puntos de llegada dentro de la investigación.
litemia
mi cuerpo consume una batería de litio diaria
mi cuerpo = dispositivo móvil no funcional
somos cuerpos litiodependientes
necesitamos litio para funcionar
(no-funcionar) (no-pertenecer) (acontecer)
mi cuerpo consume una batería de litio diaria
y traza un mapa de relaciones entre cuerpos
la arcilla primigenia que nos hace seres minerales
sin arcilla no existe la tecnología
dispositivo prótesis
necesita batería para moverse
una geología de cobre, aluminio, litio, plástico y grafito
el grafito se desborda
el grafito contiene al litio
el litio me contiene a mí
contenedor falible
mi cuerpo dispositivo consume una batería de litio diaria
una litemia es un análisis de sangre que se realiza en usuarios de este
psicofármaco
para monitorear su toxicidad
una ventana
que monitorea el borde
entre lo que funciona
y lo que es tóxico
pharmakon
sustancia que hiere y cura
energía verde que agota
cuerpos que provocan el agotamiento de otros cuerpos
cuerpos de arcilla
cuerpos de sal
cuerpos de agua
sostienen la insaciable búsqueda de energía
arcillas de litio son obligadas a separarse para cumplir con la promesa de la
nacionalización del litio mexicano
Valle de litio
Triángulo de litio
Desierto de Atacama
Salar de Uyuni
Salar del Hombre Muerto
litio para energía
litio para funcionar
lamer una batería todos los días
convertirme en forma salina
respirarle sal a las piedras
hacer minería con los dientes
mi cuerpo como yacimiento salino
litio para energía
litio para funcionar
Fuente: — Texto del videoensayo desdoblar, Litemia .01
A. Desdoblar
Primera intersección
¿Por dónde empezar? Como siempre, lo mejor es comenzar
en medio de las cosas, in medias res
Bruno Latour, Reassembling the Social
(Li)temia es una investigación que empezó a partir de una relación muy específica entre un elemento químico, el litio, y un cuerpo humano, el mío. Esta doble presencia reveló al litio como un cuerpo transversal y al mío como un campo político donde operan fuerzas y significaciones, tal como plantea Butler(2002) al entender el cuerpo como una matriz de relaciones y poder. A menudo refiero que esta investigación comenzó el día en que me dijeron que tenía que tomar litio por el resto de mi vida (la incapacidad de imaginarme haciendo algo «por el resto de mi vida» me ha acompañado todos estos años). Desde ese día mi cuerpo emprendió una relación compleja, intensa y fluctuante con este elemento y el diagnóstico asociado a él. En medio de eso, apareció el arte como profesión y la posibilidad de investigar desde el arte. La investigación artística, como una combinación entre la investigación personal, académica y profesional, tuvo un efecto en mi cotidianidad y empecé a pensar mi experiencia ya no solo desde la práctica de salud mental, la ciencia y el lenguaje, sino también desde el arte.
Han pasado siete años, han cambiado las dosis, pero todos los días me sirvo un vaso de agua, tomo una pastilla (o píldora cuando el fármaco ha tenido que ser traído ilegalmente desde otros países) y la hago pasar por mi garganta. Después de pensar el litio de una sola manera, encontré cierta calma al convertirlo en una herramienta para viajar hacia otras épocas, contemplar los salares, imaginarme sumergida en aguas termales. Y, al mismo tiempo, reconocerme como un cuerpo atravesado por este elemento. Apareció así la posibilidad de imaginar otro tipo de conversaciones que me alejaran de lo clínico (Figura 1). Me siento más cercana a un teléfono celular o al triángulo del litio que a otra persona diagnosticada con bipolaridad. Hay una potencia en ese desplazamiento: me distancia de la manera en que la máquina del capitalismo produce identidades a partir de diagnósticos. Mi experiencia de incorporar carbonato de litio trasciende la lógica del diagnóstico. Se trata de una relación que se despliega desde lo corporal, lo sensorial y lo afectivo. Es, en cierto modo, el vestigio que deja el diagnóstico —una huella química, emocional y material— y es ese uno de los rastros que he decidido seguir. En palabras de Danie Valencia Sepúlveda como parte del programa público de Litemia .01: «[…] hablamos de sufrimiento psíquico y no de diagnóstico, porque el diagnóstico corre el peligro de ser capturado biopolíticamente, apagando el sufrimiento, y además el diagnóstico opera de forma completamente abstracta sin el sujeto, el sufrimiento no existe sin el sujeto […]» (Valencia Sepúlveda, 2025).
En My disease is an artistic creation – Trans*Plant, el colectivo Quimera Rosa1 plantea objetivos que resuenan con el futuro de mi investigación: abrir la «caja negra» o «la pastilla» para replicar y hacer accesible el conocimiento, y desde la autoexperimentación artística crear una masa crítica de usuarios-expertos en diálogo con las instituciones de salud. Compartir experiencias ayuda a confrontar el estigma en salud mental. Desde esta posición de usuaria-experta, mi cuerpo atravesado por el litio se vuelve un punto de intersección para hablar del control de los cuerpos, la violencia normativa, lo desechado y el agotamiento.
Ácido clorhídrico
El video de unas manos manipulando una batería de litio descartada se reproduce en loop en un celular, también descartado pero funcional.
Manos protegidas por guantes de nitrilo abren cuidadosamente el empaque negro de la batería dando paso a una formación geológica de cobre, aluminio, litio, plástico, grafito.
Un gesto a la vez, las manos desdoblan el cúmulo de estratos como si fuera infinito.
El video corresponde a la pieza desdoblar que sirve de antesala a la exposición, una escultura compuesta de siete videos reproducidos en siete celulares asumidos como obsoletos. La reacción química que sucede con cada despliegue de la batería genera ácido clorhídrico.
De la misma forma, con cada desdoble de la investigación aparece y se disipa información, asociaciones, materialidades y afectaciones. El ácido de las baterías abiertas, un cuerpo invisible pero volátil, es lo que determina su toxicidad y la toxicidad de la obra.
Durante el desdoble de la batería (figuras 2 y 3) ocurren dos operaciones que resuenan con algunas de las intenciones metodológicas del proyecto que he logrado vislumbrar hasta ahora. La primera tiene que ver con cómo están constituidas las ecologías de relaciones que busca abordar esta investigación. Pensemos en el ácido clorhídrico que se produce con el gesto del desdoble. ¿Será que esta imagen nos ayuda a ilustrar aquello que Tim Ingold enuncia como correspondencia?, ¿o las intraacciones y difracciones de Karen Barad?
Ambos autores nos ayudan a precisar la diferencia entre conexión/relación, con las nociones de correspondencia o intra-acción. En Correspondencias: cartas al paisaje, la naturaleza y la tierra, el antropólogo británico describe la correspondencia como «las formas a través de las cuales las vidas, en su perpetuo desdoblarse o devenir (unfolding or becoming) se unen y diferencian mutua y simultáneamente. Pasar de la interacción a la correspondencia conlleva una reorientación fundamental: saltar de la intermediación (between-ness) de seres y cosas a su enmediación (in-betweenness)» (Ingold, 2020, p. 9). En la batería, todos los elementos se configuran a partir de su relación entre ellos. El desdoble es solo un momento más de esa correspondencia o entramado, que se hace evidente a partir de un tercer cuerpo emanado: el ácido clorhídrico no preexiste a la batería cerrada, sino que es en el acto de desenvolver que se rompe la barrera entre ánodo y cátodo, produciendo una reacción al contacto con el aire. La intra-acción de Barad plantea que las entidades se producen en la relación (Barad, 2007). Los cuerpos emergen a través de —y como parte de— su intra-relación. El ácido clorhídrico se desprende de la intra-acción del desdoble.

Figura 2. Batería de litio desdoblada.
El ácido clorhídrico se desprende de la intra-acción del desdoble.
Hace algunos años, una noticia sobre la alteración del comportamiento de los peces por la presencia de antidepresivos en el mar me llevó a escribir una carta. Comprendí entonces que los efectos de un fármaco no terminan en el cuerpo que lo ingiere sino que se expanden, filtrándose en el agua, en otros cuerpos, en los ecosistemas que habitamos. Fue la primera vez que percibí mi consumo de fármacos como parte de una red más amplia de ciclos de afectación. Ese desplazamiento de la mirada —del cuerpo individual al entramado material que lo sostiene— me permitió entender que la psicofarmacología no actúa únicamente sobre la subjetividad, sino que participa activamente en la ecología política del presente. Los compuestos químicos, una vez liberados en el ambiente, desdibujan los límites entre organismo y entorno, produciendo formas de vida afectadas por las mismas sustancias que consumimos. En este sentido, el litio pasó de ser un elemento estrictamente terapéutico y parte de mi intimidad, a un agente transversal que vincula cuerpos humanos, no humanos y territoriales.
Comencé a prestar atención a cómo el litio se posicionaba como nueva apuesta energética y a cómo, de alguna forma, ingería diariamente ese oro blanco. Mi cuerpo, antes percibido como marginal y anómalo, se encontraba ahora en una intersección productiva para analizar estos procesos complejos atravesados por un elemento altamente codiciado. Dos procesos que la investigación irá desdoblando: por un lado, el control de los cuerpos que presupone la psiquiatría; por otro, la explotación de cuerpos que implica la minería de litio necesaria para sostener los más de 15 mil millones de líneas móviles activas en el mundo.2

Figura 3. Batería de litio desdoblada.
19 de diciembre de 2021
Carta a un pez en el mar
Todos los días los restos de las sustancias que me hacen ser como hemos decretado que es ser funcional llegan a un pez en el mar.
Los restos de antidepresivos que llegan al océano están cambiando el comportamiento de los peces.
Todos los días un pez en el mar ya no actúa de la manera que hemos decretado que es normal para los peces en el mar.
Las truchas se vuelven adictas a las metanfetaminas en los ríos. La vida marina que ha estado en contacto con residuos de antidepresivos pierde su individualidad debido a la contaminación médica.
Estimados señora y señor pez,
Discúlpenme por irrumpir en su proceso de individuación. Yo también he perdido lo que nosotros llamamos individualidad. Y para no perderla de nuevo, es que tomo estas pastillas que ahora llegan a ustedes. Yo no sé cómo es la individualidad de un pez, tampoco de una persona. Pero de antemano les pido una disculpa porque tendré que seguir tomando pastillas hasta el día que se me acaben los riñones o que ya no haya mar para tirar desechos.
Lo que sea primero, les pido una disculpa por las molestias que he ocasionado.

Figura 4. Montaje de estratigrafías e imágenes de archivo de baterías de litio.
Estratigrafía
La segunda operación del desdoble que me parece relevante para la investigación tiene que ver con la multiplicidad que permite. La figura 3 muestra otra batería extendida, abierta de la misma forma, pero con un devenir distinto al de la anterior. Cada lámina conserva la impronta del desdoble previo, y cada gesto sucesivo inscribe, a su vez, la hue-lla de los anteriores. Los trazos visibles son marcas de una serie de intra-acciones entre sus estratos. Por un lado, responden a cómo aconteció el gesto del desdoble —como señalé antes—; por otro, la batería registra el recorrido del litio a través de sus capas en cada ciclo de carga y descarga. La impronta ocurre de múltiples maneras y ninguna es lineal: basta comparar las figuras. A diferencia de las páginas de un libro, que dejan atrás un horizonte con cada vuelta, el desdoble mantiene un mismo plano donde presente, futuro y pasado coexisten. Este gesto múltiple de doblar-desdoblar se asemeja al movi-miento de re-tornar (re-turn) en la metodología difractiva de Barad, «darle vueltas una y otra vez —intra-actuando iterativamente» (Barad, 2014, p. 1).
La difracción no es un patrón fijo, sino una (re)configuración iterativa de patrones de diferenciación-entramado (differentiating-entangling). No hay nada que sea nuevo; no hay nada que no lo sea. La materia misma está difractada, dispersa, atravesada por efectos materializantes y sedimentados de reconfiguraciones iterativas del espacio-tiempo-materialización (spacetimemattering), con rastros de lo que aún pudiera (haber) sucedido. La materia es una intra-acción (intra-acting) sedimentada, un campo abierto. Sedimentar no implica clausura. Las cordilleras, en su vitalidad, dan testimonio de ello. (Barad, 2014, p. 168La difracción no es un patrón fijo, sino una (re)configuración iterativa de patrones de diferenciación-entramado (differentiating-entangling). No hay nada que sea nuevo; no hay nada que no lo sea. La materia misma está difractada, dispersa, atravesada por efectos materializantes y sedimentados de reconfiguraciones iterativas del espacio-tiempo-materialización (spacetimemattering), con rastros de lo que aún pudiera (haber) sucedido. La materia es una intra-acción (intra-acting) sedimentada, un campo abierto. Sedimentar no implica claus
En la búsqueda de la terminología adecuada para nombrar los estratos de una ba-tería, encontré un libro de 1999 sobre estratigrafía (Principles of Sedimentology and Stratigraphy, Boggs, 1995). Las imágenes —diagramas, cortes geológicos, depósitos en capas— dialogan material y formalmente con fotografías y resonancias de baterías de litio (figura 4). La imagen a continuación es un montaje que evidencia esta corres-pondencia. ¿Es posible que tal afinidad exista porque lithos —piedra— insiste en la batería, recordándonos su origen geológico? ¿O será que toda materialidad tecnológi-ca porta, de manera insistente, los gestos y temporalidades de las materias minerales que la preceden?La difracción no es un patrón fijo, sino una (re)configuración iterativa de patrones de diferenciación-entramado (differentiating-entangling). No hay nada que sea nuevo; no hay nada que no lo sea. La materia misma está difractada, dispersa, atravesada por efectos materializantes y sedimentados de reconfiguraciones iterativas del espacio-tiempo-materialización (spacetimemattering), con rastros de lo que aún pudiera (haber) sucedido. La materia es una intra-acción (intra-acting) sedimentada, un campo abierto. Sedimentar no implica clausura. Las cordilleras, en su vitalidad, dan testimonio de ello. (Barad, 2014, p. 168
B. Trazar una línea curva: ensayar, rastrear, re-tornar

Figura 5. Representación de la pieza Todo lo que sé sobre el litio me lo contó alguien o lo aprendí en internet.
(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h)(i)(j) 4
(a) Caja del fármaco Carbolit antes del desabastecimiento de litio en México (2022). Esta presentación ya no se encuentra en circulación. Mi psiquiatra me contó que el monopolio de carbonato de litio en México, Psicofarma, quita el medicamento del mercado de vez en cuando para subir precios.
(b) Logo de la paraestatal que se creó cuando Andrés Manuel López Obrador nacionalizó el litio. Actualmente el logo LitioMX ya no tiene la frase «Litio para México», y sus canales oficiales no tienen información. Aún me queda la duda de si el desabastecimiento estuvo relacionado con la nacionalización del litio en 2023 o con el crecimiento de la explotación de carbonato de litio (j) para su uso en baterías (e).
(c) Delitio es el nombre del carbonato de litio en Chile para uso psiquiátrico. Danie Valencia Sepúlveda me contó del Laboratorio de Artes Gráficas del Desierto de Atacama (LAGDA) y uno de sus gráficos aparece en el libro ORO y PLATA, HIERRO y PLOMO, YODO y LITIO de Bea (f). LAGMA es el laboratorio de artes gráficas del desierto de Atacama donde suelen hacer juegos de palabras a partir del nombre del fármaco: delirio, delitio, delito.
(d) Cuando pensé en cómo se desdoblaba la palabra delito, inmediatamente vino a mi mente esta imagen. La puse debajo de la leyenda (g) We power our future with the breastmilk of volcanoes, que corresponde al inicio de un videoensayo de Unknown Fields (2015) que sobrepone una toma aérea del Salar de Uyuni (h) con el discurso que dio Elon Musk cuando inauguró Tesla Electronics (d). Todo un delito.
(i) 5 de junio de 2023, Barcelona, España: Bru me preguntó si quería tomar una Vichy y me comentó que una amiga suya la consumía porque contenía litio. Esta conversación me llevó a indagar la historia del litio que se cruza con la historia de los psicofármacos. El litio lleva más de un siglo usándose de forma terapéutica a partir de su presencia en aguas carbonatadas, primero en forma de spas a finales del siglo XVIII, y en respuesta a las presiones mentales que trajeron los nuevos trabajos después de la industrialización en Europa y en Estados Unidos. Vichy Catalan primero fue uno de estos spas para luego migrar a agua milagrosa embotellada.
Deriva
Una posibilidad del desdoble se hace presente en la pieza Todo lo que sé sobre el litio me lo contó alguien o lo aprendí en internet (figura 5). Funciona como índice y archivo, como una batería diseccionada que presenta improntas de diversas temporalidades: un primer intento por situar en un mismo horizonte una serie de imágenes del litio en sus múltiples configuraciones, cada una anclada a momentos no lineales de esta búsqueda. Se trata solo de una iteración posible de la relación entre las imágenes de la pieza, un re-torno, como diría Barad. Las notas superpuestas —comentarios, vínculos y resonancias con otras piezas y con mi experiencia— tejen un montaje de conversaciones, hallazgos fortuitos, referencias y búsquedas inconclusas, revelando una de las formas en que acontece la investigación. El nombre de la pieza enuncia uno de sus ritmos: aquel que sucede de boca en boca, de mensaje en mensaje, de enlace en enlace, de ventana en ventana.
Cada imagen de esta pieza activa una entrada a un corte en la investigación. Algo así como una puerta o una ventana que se puede desdoblar o una red a la que se puede abordar por diversos lugares, en semejanza con un rizoma. Una deriva relacional, una forma de priorizar cierta información por el carácter con que se ha transmitido la información misma. El cómo es igual de relevante que el qué. Allí donde la relación, y en particular el acto de transmitir información, se vuelve parte constitutiva de la propia información. Aquello que llamo relacional se asemeja a lo que Latour considera como «lo social»: «[…] no es un objeto, sino un proceso de enlace, unión y seguimiento de las huellas mediante las cuales los actores y actantes están conectados» (Latour, 2005, p. 8). En ese sentido, desdoblar y rastrear comparten la labor de seguir las huellas de un camino parecido a la deriva, en cuyo desarrollo se va construyendo el camino-red, que no es fijo ni finito pero que nos ayuda a desgranar procesos.
El desdoble, entonces, dialoga con la acción de rastrear que propone Latour(2005, p. 10): «rastrear implica prestar atención minuciosa al movimiento, a las transformaciones y a la evidencia empírica que vincula a las entidades entre sí». Entiendo el doblez como un modo de abrir relaciones posibles, incluso ficcionales, con aquello que no es humano: un ensayo en el sentido más literal del término. Esta cualidad ensayística se apoya en el campo abierto que los nuevos materialismos han dejado para pensar las relaciones más allá de lo humano. La investigación asume esa apertura y pregunta qué formas de comprender el mundo emergen cuando estas relaciones se vuelven visibles. En esta dirección, me interesa buscar los vínculos que se producen entre distintos cuerpos desde una dimensión político-afectiva, siguiendo la noción de agencia en Latourcomo la capacidad de afectar y ser afectado, que no es exclusiva de lo humano. Por ello, en este proyecto decido nombrar objetos como cuerpos y cuerpos como objetos: no como licencia poética, sino como provocación y como hipótesis que permite situarlos en un plano común y observar qué relaciones emergen desde ahí.
Mi cuerpo es igual a un dispositivo móvil no funcional
El discurso médico
habla también con las palabras de este mundo,
no son meras ecuaciones
fórmulas matemáticas
En informes, historias clínicas, interrogatorios
se dicen
Y se escriben
muchas palabras
[….]
En medio del padecimiento
los enfermos intentan
buscan capturan para sí
algo de todo ese lenguaje extrañado.
Roban al universo de lo técnico y lo sagrado
[….]
Se resisten a ser totalmente nombrados.
[….]
Agustina Villarejo, «Anatomía», del poemario Tierras Raras
Entenderme como un celular o como un dispositivo móvil, a partir de nuestra necesidad del litio para ser funcionales, presupone una serie de relaciones y construcciones que es importante ir desdoblando. También sugiere un lenguaje de la misma investigación que se va construyendo y una serie de operaciones asumidas en esta narrativa. Empiezo entonces por el uso de la palabra funcional. Actualmente atravesamos una crisis global de salud mental, donde los sistemas que operan la sociedad asumen que todos los cuerpos (humanos, no humanos y más-que-humanos) deben cumplir una función. La psiquiatría, entre otras prácticas alrededor del comportamiento humano, opera también bajo la lógica de seres funcionales y no funcionales. En la base de su construcción subyace una idea de normalidad impuesta por la hegemonía capitalista, patriarcal, blanca y cis-témica del Norte Global. Incluso conceptos relativamente nuevos como «salud mental» y «neurodivergencia» refuerzan un entendimiento binario, fragmentado y occidental del cuerpo: enfermo/sano, mente/cuerpo. Esta perspectiva perpetúa el estigma, la romantización y la desinformación sobre la llamada diversidad cognitiva. Esto es una versión reducida de lo que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-5, (en su versión de ChatGPT) afirma qué es ser funcional:
Cumplir horarios y responsabilidades laborales o escolares. Mantener la atención y la concentración en tareas. Seguir instrucciones o procedimientos. Relacionarse con compañeros o superiores. Planificar y organizar el tiempo y las metas. Tolerar el estrés o la frustración laboral/escolar. Iniciar y mantener amistades o vínculos afectivos. Comunicarse adecuadamente (expresar emociones, escuchar, empatizar). Resolver conflictos y manejar desacuerdos. Participar en actividades sociales o comunitarias. Mantener relaciones familiares estables. Demostrar reciprocidad emocional y apoyo mutuo. […]
Retomar la palabra desde este marco científico bastante estrecho pone en evidencia que la medicalización se sostiene con base en esta idea maquínica de funcionalidad, que responde en gran medida no solo a un bienestar emocional sino a la función del individuo como parte de un sistema económico que lo observa como un ente productivo. Mucha violencia se ha impuesto en la defensa de esta construcción imposible de funcionalidad. Es inevitable relacionar esta palabra al funcionamiento de una máquina con tareas y objetivos específicos, y con la clara consigna: si no se cumplen esas tareas, la máquina está averiada. Desde ese objetivo impuesto de «ser funcional», y en un ejercicio de entender que otros cuerpos son usuarios de litio, me encuentro con el celular, el dispositivo móvil, mobile device. Prefiero el uso de la palabra en inglés device porque no se confunde con la idea de dispositivo analítico, aunque nos encontramos transitando un territorio similar. El dispositivo móvil necesita litio para sostener una movilidad que lo asemeja a una prótesis del ser humano. Para ahondar un poco en esta relación táctil, surge la serie de piezas no-dispositivo como un conjunto de esculturas que explora la relación afectiva y táctil con estos cuerpos. Todas las esculturas son de arcilla y algunas son intervenidas con distintos materiales relacionados con el resto de la obra como grafito encontrado en las baterías descartadas. Un no-dispositivo implica una no-funcionalidad que posibilita centrarnos en otras relaciones más allá de las utilitarias.
Del otro lado de la frase «mi cuerpo = dispositivo móvil no funcional» yace un guiño al vegetalizar del sentir humano de Natasha Myers (2020). Más que humanizar al dispositivo, el interés de ponernos como iguales es maquinizar mi cuerpo para revelar que bajo una cierta lógica de lo que implica ser humano —lógica descrita al inicio del apartado—, es posible afirmar que mi cuerpo humano y el dispositivo móvil somos cuerpos litiodependientes que acontecemos de la misma forma bajo la mirada estrecha de la funcionalidad. Sin litio, mi cuerpo deja de cumplir las actividades descritas anteriormente, deja de ser funcional. Sin litio, la batería deja de dotar al dispositivo de energía; y sin energía, el dispositivo no funciona. Y sin energía, o con demasiada, mi cuerpo tampoco.
El carbonato de litio es uno de los primeros psicofármacos: investigarlo permite examinar los mecanismos de control corporal y normalización de la diferencia. Su historia como agente terapéutico está anclada a la historia de la modernidad, de los malestares producidos por la industrialización y por las formas que se encontraron para aliviarlos. Los spas de aguas con alto contenido de litio pasaron a ser sodas y cervezas milagrosas embotelladas. No es casualidad que Seven Up —antes Lithiated Lemon Soda— entrara al mercado durante la Gran Depresión. El carbonato de litio se prescribe desde mediados del siglo XX para la manía, la depresión y la bipolaridad. Opera como un cuerpo mineral que interviene sobre el cuerpo humano para volverlo funcional. Esta funcionalidad se sostiene en una ventana terapéutica mínima, donde la dosis útil y la tóxica casi se superponen, lo que exige un monitoreo mediante análisis de sangre: litemia. De dicha tensión la investigación toma el nombre de (Li)temia: no solo por abordar mi relación íntima como consumidora de este mineral, sino porque este conflicto —entre lo que sostiene y lo que destruye, lo que energiza y lo que agota— se replica en otros usos del litio, como su extracción a gran escala. En esta tensión del pharmakon (Derrida, 1972), que es simultáneamente cura y veneno, se inscribe la compleja red de relaciones que atraviesan este elemento. Una dinámica que se manifiesta en distintas escalas: en mi cuerpo, en los territorios de extracción y en los dispositivos que consumimos.
Mi cuerpo-dispositivo consume una batería diaria
Con la funcionalidad viene también un nivel de productividad esperado y una energía o «batería» asociada a ella. En esta sociedad de cuerpos-dispositivos con funciones predeterminadas, todo lo que no pertenece queda al margen y se desplaza a una posición de vulnerabilidad ante violencias estructurales y pérdida de agencia. Con la construcción de una no-funcionalidad se construye la necesidad de corregirla. En consecuencia, los tratamientos y diagnósticos psiquiátricos, respaldados por el DSM-5 y ejecutados en instituciones médicas, con frecuencia reproducen prácticas violentas.
El carbonato de litio es mal nombrado como un estabilizador del humor, cuando en realidad aún no se sabe qué es lo que hace a nivel cerebral (How to be Patient, 2025) ni tiene relación con el humor. La precisión que sí existe es cómo me hace sentir. A la promesa reguladora del litio la nombro como un contenedor falible. Es similar a sentirse recalibrado o masterizado para poder sonar en todos los estéreos de automóviles sin necesidad de modificar el volumen. El contenedor falible no cura ni equilibra: administra umbrales. El cuerpo se convierte así en un espacio de tolerancia forzada, obligado a sostenerse dentro de un margen que no le pertenece. Esta lógica de contención excede lo fisiológico. El contenedor falible es también institucional. La misma psiquiatría que prescribe litio como garantía de estabilidad activa mecanismos de encierro, vigilancia y corrección cuando el cuerpo desborda los límites esperados. El pacto farmacológico no promete cuidado, sino gobernabilidad.
Durante años, carbonato de litio fue para mí una fórmula clínica, inscrita en recetas y cajas de pastillas. En 2023 apareció fuera de ese marco, en la receta de un esmalte cerámico. Ese desplazamiento activó una deriva material: pensar el litio como sustancia de construcción, agente estructural, como posibilidad de levantar una casa, otro contenedor. Me interesaba observar si la repetición de gestos mínimos —la ingesta diaria— podía acumularse hasta sostener una estructura. La imposibilidad de acceder al carbonato de litio para cerámica —agotado, encarecido, extraído— reveló la continuidad entre regulación farmacológica y explotación material. La escasez no interrumpió la investigación: la desplazó. Comencé a rastrear el litio en otros cuerpos disponibles, y llegué a las baterías. Cada batería de litio declara su capacidad (mAh) y voltaje (V), datos que permiten estimar el gramaje de litio que contiene. Al compararlo con mi dosis diaria, apareció una equivalencia inquietante: una batería puede leerse como un día de contención. Un día dentro del contenedor falible. De ahí surge Mi cuerpo-dispositivo consume una batería de litio diaria (200 días) (figura 6), una réplica de mi habitación construida con 200 baterías, producida a lo largo de 200 días. Mi relación con las baterías de litio ha desbordado el objetivo inicial de esta pieza y se ha convertido en una forma de pensamiento material. Ya no se trata solo de observar o aprender de esta materialidad, sino de dejarme afectar por ella; no solo observarla, sino pensar junto con.
Doblar
(Li)temia busca sostener la pregunta como práctica, la experiencia como motor de búsqueda. El gesto de desdoblar se instala como pensamiento metodológico. Desdoblar no es solo abrir una batería o un archivo; es fracturar la superficie que define lo funcional. En palabras de Danie Valencia Sepúlveda, curador de la exhibición de Litemia.01, esta forma particular en que se extienden las baterías es similar a como acontece la misma investigación:
Un pensamiento curvo en desdoblamiento casi infinito, no-lineal, que no se acomoda a la lógica de la producción ni al relato progresivo de la cura. Un gesto inaugural que abre espacio para que otras formas de pensar el cuerpo, la materia y la política de los afectos se hagan presentes. Una invitación a habitar con cuidado el temblor de lo que sostiene, mientras recalibramos nuestras formas de percepción a través de los ritmos discontinuos del litio, junto a sus pausas, sus picos y sus vacíos. (Valencia Sepúlveda, 2025)
Desdoblar una batería es también desdoblar mi propio cuerpo y la potencia de la vulnerabilidad. Todo gesto abre otros estratos, otras temporalidades, otras preguntas. Cada capa encontrada es también una capa por venir. En lugar de cerrar, esta búsqueda abre: abre preguntas hacia la psiquiatría y sus dispositivos de control; abre modos de imaginar la interdependencia entre cuerpos más allá de las narrativas de funcionalidad; abre la posibilidad de que la experiencia íntima dialogue con escalas geológicas, políticas y tecnológicas. Así, más que ofrecer una conclusión definitiva, (Li)temia vuelve al inicio y propone otra curva en el trazo: continuar rastreando. Continuar escuchando las intra-acciones entre cuerpos que se afectan mutuamente. Continuar desdoblando para dejar que emerjan otros ritmos, otras correspondencias y otras formas de pensar lo que significa funcionar, sostenerse, agotarse. Más que definir al litio, la investigación rastrea las formas en que este elemento se inscribe en los cuerpos, en las tecnologías y en las narrativas que los sostienen, revelando una práctica que avanza por derivación, por escucha y por apertura a lo que todavía no sabemos nombrar. post(s)

Figura 6. Mi cuerpo-dispositivo consume una batería de litio diaria (200 días), 2024. Videoinstalación con baterías descartadas de litio (2 x 2 m).
Referencias
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Barad, K. M.(2014). Diffracting diffraction: Cutting together-apart. Parallax, 20(3), 168-187. https://doi.org/10.1080/13534645.2014.927623
Boggs Jr., S. (1995). Principles of sedimentology and stratigraphy (2.ª ed.). Prentice Hall.
Butler, J. (2002 [1993]). Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del «sexo» (A. Bixio, trad.). Paidós.
Derrida, J. (1972). La pharmacie de Platon. En Diseminación (pp. 147-200). Seuil.
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Notas
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Notas de autor
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