Videre
Recepción: 24 junio 2024
Aprobación: 15 enero 2025

Cómo citar: Hernández, A. (2025). Estéticas de lo imperfecto: la ruina frente a lo anónimo y clandestino. En post(s), volumen 11 (pp. 230-247). USFQ PRESS.
Resumen: Ensayo alrededor de la ruina, el baldío, la destrucción y su sentido de anonimato por medio de la práctica del colectivo Teatro para el fin del mundo, que crea una plataforma de investigación y aplicación de sistemas de intervención escénica en espacios condicionados por la ruina y la violencia. Este trabajo incluye apuntes de la aplicación del proyecto Catálogo de demoliciones y un registro visual del Festival TFM.
Palabras clave: ruina, demolición, baldío, resistencia, territorio.
Abstract: This essay reflects on ruin, wasteland, destruction and their sense of anonymity through the artistic work of Teatro para el fin del mundo collective, which creates a platform for research and application of systems of scenic intervention in spaces conditioned by ruin and violence. This work includes notes on the application of the project Catálogo de demoliciones and a photographic record of the TFM Festival.
Keywords: ruin, demolition, wasteland, resistance, territory.
Teatro para el fin del mundo inicia desde el año 2012 una serie de prácticas que reflexionan en torno a la ruina y al abandono, por medio de programas de investigación y activación de procesos creativos. El colectivo tiene su sede en Tampico (Tamaulipas), considerada una de las ciudades de mayor peligrosidad en México, lo cual lo ha llevado a estructurar paralelamente un estudio sobre condiciones de seguridad y protección que parten de lecturas aplicadas al territorio.
A partir de ello, se han abierto espacios de diálogo e intercambio con otros países, donde se han documentado acciones de resistencia frente a sistemas de violencia, que tienen el propósito de construir un archivo con relación a prácticas situadas en zonas de conflicto. A continuación, algunos apuntes que parten de la aplicación del proyecto Catálogo de demoliciones; una lectura crítica sobre la implementación de sistemas de demolición, materia residual y vacíos urbanos.

1. Estancia/locación/baldío
Estamos dentro de un espacio que se sostiene con algo de suerte. El interior se ha conservado gracias a la capacidad de algunas estructuras para combatir la inercia. Cuatro columnas de hormigón contienen los dos accesos principales. Llegamos aquí hace 20 años para instalar la sede de un proyecto que terminó observando la ruina como estancia/locación/ baldío, un generador de discursos, poéticas y disidencias, un apunte. Desde este búnker perecedero, llamado La Guarda, localizado al norte de México, escribimos lo que sigue. [1]
En ese sentido podríamos generar un ejercicio que regule las latitudes del espacio más allá de sus condiciones estructurales. Que lo haga relacionarse con el contexto de utilidad/producción y que tenga su primera implicación sistémica con el uso de la propiedad privada. A continuación, detallamos estas miradas, a fin de proponer un parámetro de observación que permita la revisión divergente del concepto.

Mirada/ruina
La ruina resulta para este proyecto una estructura de re-escrituras en el estudio y ob-servación, que abre el expediente de un archivo expresado en los restos materiales de sociedades cambiantes. Como documento, la ruina ofrece un reflejo significativo de las temporalidades de hábitat, paisaje, permanencia temporal y tránsito condensado en su composición y memoria.
Así, la composición, la disposición del espacio puede representar un campo de reflexión, cuyo principio se encuentra en el sentido de construcción/recomposición. [2]
En ese sentido la ruina, como expresión del desastre, incorpora el estado de la destrucción ya sea parcial o total para la construcción de otro parámetro de universo. Un sistema compuesto por una plataforma de información, sentido y memoria, que amplía la experiencia de las prácticas humanas en un contexto descalificado de normatividad. Nace y se engendra. Es producto de una estructura del tiempo y la acción humana que la revierte, simplificándola, volviéndola esencial. Conserva una lógica propia. [3]
En tal perspectiva, la ruina podría comprenderse tanto en lo efímero como en lo perpetuo, características definidas por una implicación que abre dos campos sociales determinantes en su abordaje: el espacio público y el privado.

Ruina/colapso.
Colapso de la escala de hábitat o convivencia y en definitiva ruptura del orden que establece el tratamiento de una política residual que sigue considerando al escombro como la base de su sentido y potencia.
Para esta colectividad, establece un régimen de prácticas específicas que interrogan LO DETERIORADO/EL RESGUARDO DE LO EXCLUIDO.
El deterioro/capas.
Como un efecto tangible del desgaste, el empeoramiento, lo estropeado, descompuesto, corrompido o desarreglado, puesto en condición inferior al régimen de condiciones óptimas, favorables y acreditables para el espacio. [4]

2. La práctica de demoler
Cuatro puntos
1. Pensamos que la demolición de arquitecturas es parte de una práctica empleada comúnmente como instrumento de gentrificación, mecanismo de anulación, emplazamiento y clausura del espacio.
2. Echar abajo el espacio tiene más implicaciones que lo que la compra-venta puede suponer. Es un ejercicio de violencia que destruye los vínculos de carácter humano naturalizados dentro de una comunidad frente a su entorno. Una instancia de supresión a la que la propiedad privada le adjudica el derecho de poder decidir sobre el espacio mismo, sin importar que este tenga implicaciones en la memoria de una comunidad determinada.
3. Echar abajo el espacio implica también la determinación de un vacío (o espacio reservado a la nada temporal) que puede ser considerado inservible hasta no existir una utilidad próxima; una producción desmedida de zonas baldías que como limbos territoriales conservan las características propias de la destrucción y el despojo.
4. Echar abajo el espacio es, en pocas palabras, una implicación política. Desaparecer las construcciones de vida hace suponer una postura que se relaciona claramente con un ejercicio de violencia del cual se desprenden consecuencias claras en la estabilidad del entorno y su cambio sistemático.
3. Vacíos urbanos/Destierro de lo residual
Anular/desaparecer, invalidar.
Anular/desaparecer, invalidar.
Anular/desaparecer, invalidar.
usando como medio la destrucción material de un espacio
como cuerpo arquitectónico
como memoria documental
como negación del espacio
como medida frente a la inutilidad

Espacios inútiles/¿Qué es la utilidad?
La utilidad o el estado activo de producción en cualquiera de sus dimensiones puede comprender un periodo que se extiende por años o que incluso nunca llega a concluirse; en consecuencia, la zona donde antes se encontraba esta construcción pasa a representar un vacío urbano/suburbano que obedece a un periodo indefinido de confinamiento residual.
UN ESPACIO DE VIDA QUE ES DESTERRADO
DENTRO DE SU PROPIO TERRITORIO.
1. ¿Cómo interpretar ese vacío en un área comprendida de tránsito y encuentro humano?
2. ¿Quién está a cargo/quién decide esta interrupción del hábitat y qué es lo que esto implica para una posible reconformación de las cartografías urbanas?
Preguntas que se acumulan al recorrer una ciudad como Tampico, llena de estos vacíos, donde las inmobiliarias han tenido como blanco fácil predios devaluados de construcciones consideradas simplemente inservibles en su dimensión regulada de productividad.

4. Demolición[5]como contingencia
Acabar con lo acabado/lo productivamente inservible
La explotación del territorio es una práctica constante y sistemática. La posesión y venta del territorio salvaguarda los intereses inmobiliarios de una estructura de poder que arremete con más fuerza en la medida en que crece su ignominia.

5. Hacer presencia en medio de la demolición
Nuestra tarea desde el año 2012 fue iniciar un programa de recorridos que tenían, entre otras cosas, el interés de hacer presencia en espacios que habían sido saqueados, clausurados, incendiados o demolidos. Había algunas preguntas:
1. ¿Cuál era la apreciación desde la condición humana de poner el cuerpo ahí, en una zona cero, en un no-lugar, en un área restringida por explotada?
2. ¿Cómo modificaba nuestra presencia ese entorno desprendido de la noción de espacio y cómo era posible habitar ese entorno con pequeñísimos gestos y acciones casi imperceptibles?
3. ¿Otras civilizaciones vendrán a desenterrar los restos de estas ciudades, para intentar comprender algo más que asumir que algún día estuvimos aquí? ¿Haciendo esto? ¿O...?
Registrar lo baldío. Un gesto de sobrevivencia para restos materiales expuestos
¿Cómo generar un debate sobre la conservación de edificios en ruina, cuando la ruina se encuentra en el orden de lo inoperante, lo inadmisible? Cuando revisamos los sinónimos de «baldío», encontramos estas palabras:
Estéril.
Inútil.
Infecundo.
Improductivo.
PREGUNTAMOS A LA GENTE QUE PASABA CERCA DE ESTOS VACÍOS,
QUÉ ERA LO QUE VEÍA AHÍ; Y CONTESTÓ: NADA.
Pensamos que la gente lo que en realidad veía era una estructura de engaño tapiada de apariencias aprehensibles al vacío. Pensamos que en efecto no había nada, si es que asumíamos que algo debiera existir ahí. Pero, por otro lado, pensamos que había todo en caso de no asumirlo. ¿Qué había y qué no? Entonces hicimos dos listas:
Lo que no había.
Lo que no había quedó expuesto por medio de un trazo impreciso sobre un cristal. El cristal es un cuerpo translúcido, transparente, que remite a esta frase universal: todo depende del cristal con que se mire. Nosotros miramos por medio de este cristal y encontramos una ausencia de forma, de sentido y de pertenencia. No se trata de una noción pletórica de nostalgia. Se trata de un mapa, de un plano anulado a ultraje y de algo que no queremos que sea recordado como nuestro.
Lo que había.
Lo que había se encuentra descifrado en fragmentos, en la diversidad del reducto, en una tipología del escombro que se anula de inmediato a la vista y, por lo tanto, es imperceptible. La mente bloquea los restos. Como cuando se dice: este edificio quedó reducido a escombros. Los escombros no cuentan como espacio. Pero aquí los escombros siguen siendo el edificio, o son los únicos testigos de lo que el edificio fue. Los únicos indicios para ayudar a entender algunas cosas que ya no son. Un tratado de ausencias, un gesto de sobrevivencia para restos materiales expuestos.
Llevamos con nosotros una cortina plástica que tiene la propiedad del cristal, pero es inconforme. Lo que ha quedado del espacio está debajo, no podemos acceder a él. Mejor así. El propósito nunca ha sido encontrar algo.

6. El cuerpo/El territorio/La cancelación de los dos
Primer cuestionamiento:
¿Si los espacios no están, no están los cuerpos? Acá solo están nuestros cuerpos, porque el espacio se ha ido. La supresión del espacio es la desaparición del sitio del cuerpo. Del encuentro humano. La sustracción, la explotación, el desplazamiento. Los restos de la demolición, como ocurre después de un siniestro, quedan esparcidos como materia inservible, arriesgada, con la que falló la proporción.
Lo que había aquí desapareció de la mirada se apartó de la vista pública, terminó quedó oculto debajo de la tierra o en la superficie o entre el relieve de otros edificios cercanos o entre los engranajes de las máquinas que arrasan pueblos
(Las máquinas que parecen conducidas por algo más que un hombre)
Algo/Alguien se lleva estos muros junto a sus materiales comunes de muro
Ahora con esta tristeza tratamos de reconstruir otros muros utópicos inexistentes amenazados también con la desaparición la anulación o el castigo de ser viejos

Una acción que hicimos dentro de un espacio desierto
En una grabación que hicimos desde nuestros teléfonos, aparece una mujer diciendo: «Miren, hay más lugares demolidos que personas caminando a esta hora en la calle». Luego, hemos pensado que quizá las personas no tendrían por qué ser comparadas con sitios demolidos, pero también sí, porque en el fondo, algo de ellas se demuele con la demolición de sus espacios.
Deberíamos acceder a otros territorios de estas habitaciones que se nos han venido negando
Vuelvo a pensar en Kabul, en Mosul, en Palestina, vuelvo al Japón parcialmente destruido después del tsunami. Nuestras prácticas de documentación han sido insuficientes. Lo sabemos por el muro que se levanta frente a las sociedades modernas, como cortina de humo compuesta por la especulación. Dice Susan Sontag que las relaciones entre arte y horror no caben en una sentencia estética. Deberíamos acceder a otros territorios de estas habitaciones que se nos han venido negando. Aquí todo se ha venido restando del paisaje. Y caminar estas calles es dar un paseo por la supresión de la condición de estar/en el cuerpo/ entre otros cuerpos que eran el espacio.
7. Rito del paisaje/Ruinas para fotografiarnos juntos ahora que no hay nadie. (Construcciones que se levantan mediante otras nociones de dolor)
Protegernos de que una cornisa se nos venga abajo es un ejercicio público que se practica a diario
Nuestra capacidad de absorber el dolor expresado en los muros de hormigón no es menos/ nuestra capacidad de entender otras precariedades para las que nos hemos vuelto insensibles. (No es el muro, no es la cornisa, no es el hormigón) Soy yo. Soy yo quien lo hizo. Soy yo quien no lo quiso sostener. El muro no entiende que está ahí para caer. Se trata de sostener. De resistir. De no obedecer las apariencias. La verdadera arquitectura es invisible. En ella, la primera parte parece sencilla: ver que ya no existe. Pero la segunda es quizá más dolorosa: Saber que no existirá más.
SE NOS CAYÓ LA CASA/SOSTENGAMOS LA CASA.

LAS CASAS DEMOLIDAS IMPUNEMENTE EN LOS TERRITORIOS
OCUPADOS EN LA ANTIGUA CISJORDANIA SON UN CUERPO
PRESENTE QUE MANTIENE ALDEAS COMPLETAS, CONSTRUIDAS
DE ESA AUSENCIA Y HABITANDO ESE VACÍO.
Un hábitat impresencial que a manera de rito da razones a quien habita, pero no tiene en realidad qué habitar. Y luego, Tampico golpeado por el crimen y golpeado por la inercia, la desaparición de la gente y la desaparición de los espacios donde habita la gente. Sucursal del plomo y el desplomo. Pensamos que sostener el paisaje también implica tener razones.

Notas
Información adicional
Cómo citar: Hernández, A. (2025). Estéticas de lo imperfecto: la ruina frente a lo anónimo y clandestino. En post(s), volumen 11 (pp. 230-247). USFQ PRESS.

