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Ingenieros, entre arquitectos y empresarios. Constructeurs de la École Centrale de París en Buenos Aires, 1890-1920
Engineers, between being architects and entrepreneurs Constructeurs from the École Centrale de Paris in Buenos Aires, 1890-1920
A&P continuidad, vol. 9, núm. 17, pp. 40-51, 2022
Universidad Nacional de Rosario

Dossier Temático

A&P continuidad
Universidad Nacional de Rosario, Argentina
ISSN: 2362-6089
ISSN-e: 2362-6097
Periodicidad: Semestral
vol. 9, núm. 17, 2022

Recepción: 02 Mayo 2022

Aprobación: 20 Octubre 2022


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

CÓMO CITAR: Pekarek, J. P. (2022). Ingenieros, entre arquitectos y empresarios. Constructeurs de la École Centrale de París en Buenos Aires, 1890-1920. A&P Continuidad, 9(17), doi: https://doi.org/10.35305/23626097v9i17.377

Resumen: La incidencia de la tradición francesa en la formación de los arquitectos en la Argentina de finales del siglo XIX y principios del XX es estudiada mayormente desde la perspectiva del sistema Beaux-Arts y desde los sucesivos intentos por separarse de la ingeniería tanto a nivel académico como profesional. Este trabajo reconoce que en Francia misma había distintos abordajes de la arquitectura, propuestos por diversas escuelas, e invita a enfocarse precisamente en la cultura de los ingenieros civiles de la École Centrale des Arts et Manufactures de París. Se busca examinar la trayectoria escolar de un argentino centralien, Carlos Agote (1866-1950), y su carrera en Buenos Aires, ligada a una red de contactos con exalumnos a ambos lados del Atlántico. Especializado como constructeur, Agote se ubica en el cruce de saberes y prácticas diferentes y facilita inéditas colaboraciones entre actores diversos: arquitectos Beaux-Arts, constructores, empresarios, fabricantes. Siguiendo métodos y conceptos de la historia de las técnicas, se propone indagar estos intercambios apoyándose en el fondo documental de la École Centrale y en archivos de empresas.

Palabras clave: Enseñanza de la arquitectura, École Centrale de París, historia de las técnicas.

Abstract: The role of the French tradition in the education of architects in Argentina in the late nineteenth and the early twentieth century is studied mainly from the perspective of the Beaux-Arts system and its successive attempts to separate from engineering at both the academic and professional levels. This work acknowledges that in France itself there were different approaches to architecture which were proposed by different schools, and it leads to focus on the culture of civil engineers from the École Centrale des Arts et Manufactures de Paris. It seeks to examine the school experience of an Argentinian centralien, Carlos Agote (1866-1950), and his career in Buenos Aires which was linked to a network of former students on both sides of the Atlantic. Specialized as a constructeur, Agote positioned himself at the crossroads of different savoirs and savoir-faireenabling rich collaborations from diverse actors: Beaux-Arts architects, builders, entrepreneurs, manufacturers. Following the methods and concepts of the history of techniques, the proposal is to study this interaction through the archives of the École Centrale as well as business archives.

Keywords: architecture education, École Centrale de Paris, history of techniques.

Introducción

¿Puede pensarse que, al comenzar el siglo XX en Buenos Aires, las formaciones en arquitectura y en ingeniería, más que suscitar divisiones, promovieron alianzas y colaboraciones? Esto es difícil de comprobar a través de los debates en los círculos académicos y sobre todo en la Sociedad Central de Arquitectos (SCA). La relación de los arquitectos con colegas graduados en escuelas extranjeras mostraba puntos de tensión, al igual que con los ingenieros, que estaban también habilitados a firmar proyectos (Liernur, 2001, pp. 38-40). La enseñanza de la arquitectura, entonces encapsulada dentro de la carrera de Ingeniería de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, era calificada por aquellos que militaban en favor de su autonomía como la de “un ingeniero que se ha quedado corto” (Chanourdie, 1895).

Este trabajo propone mostrar que, sin embargo, aquella circunstancia propició cruces inéditos entre distintos saberes, examinando la presencia en Argentina de profesionales formados en Francia, donde, por cierto, los recorridos académicos de quienes practicaban la arquitectura eran también divergentes. El objetivo es reconocer, además de la fuerte incidencia del sistema de la École des Beaux-Arts, otra tradición del mismo origen: aquella de los ingenieros civiles de la École Centrale des Arts et Manufactures de París (ECP). El foco se pondrá en tres centraliens[1]: el argentino Carlos Agote (1866-1950), y los hermanos franceses Émile Bétard (1875-1921) y Jules Bétard (1885-1932), diplomados respectivamente en 1890, 1898 y 1908.

Agote es conocido por su sigiloso rol de director técnico en obras estudiadas por su pertenencia al llamado academicismo francés, encargadas por familias de la élite porteña, en particular los Paz: tanto la sede (1898) y la usina (1909) del diario La Prensa, como su hôtel particulier (1912), la Rambla Bristol (1913), la Ciudad de Invierno en Corrientes (1912). Pero además de ofrecer sus servicios como ingeniero civil para arquitectos Beaux-Arts como Louis Sortais, Émile Dupuy, Maurice Sanson y Paul-Ernest Sanson, se observa que actuaba como arquitecto a cargo del proyecto y como importador, concesionario y representante de técnicos y fabricantes franceses. Esto invita a examinarlo como director de obra y arquitecto, pero también como entrepreneur (Nègre y Sandrine, 2020). ¿Cómo se relaciona su formación en la ECP con este perfil profesional notoriamente multifacético?

Frecuentemente Agote trabajaba ligado a establecimientos cuyos propietarios y directores técnicos pertenecían a la gran comunidad de exalumnos de la ECP: la metalúrgica Moisant, la fábrica de calderas Delaunay-Belleville, la famosa difusora del hormigón armado Hennebique, y la empresa constructora Bétard y Bouissou, instalada en Buenos Aires y dirigida por los hermanos Bétard. La trayectoria del ingeniero permite reconstruir una “microhistoria global” (Bertrand y Calafat, 2018) e indagar la figura del go-between (Raj, 2016), un intermediario móvil en dos sentidos: por un lado, articulando saberes y prácticas entre formaciones, tradiciones y profesiones distintas y, por el otro, facilitando su circulación a través del Atlántico.

Sobre enseñanza y cultura arquitectónica francesa en relación con su proyección internacional y con Argentina, se identifica un vasto corpus de estudios, mayormente centrado en las ideas y los modos de proyectar del sistema Beaux-Arts: composición, programas, tipologías, carácter, la circulación de modelos, la formación de arquitectos-artistas(Garric, 2017; Shmidt, 2012), la elaboración de programas de estudio (Rojas, Shmidt y Silvestri, 2004). Se reconoce también que las transferencias de saberes y prácticas no son unidireccionales ni se producen sin la presencia de complejas tramas de resistencias e interferencias transnacionales (Almandoz, 2002; Gorelik y Arêas Peixoto, 2016). En este sentido, los métodos y conceptos de la historia de las técnicas permiten abordar desde una perspectiva material este panorama expandido, tomando a la técnica y la tecnología como punto de articulación entre teoría y práctica de la arquitectura, y ofreciendo un enfoque cultural de la historia de la construcción (Lambert y Nègre, 2012). Esto lleva a repensar los vínculos con Francia focalizándose en el rol de actores menos referenciados, tales como las empresas constructoras y los ingenieros.

En cuanto a la formación de estos últimos en la ECP, existen numerosas biografías de exalumnos como el conocido Gustave Eiffel, constructor y empresario, o estudios de los rasgos de la culture centralienne al servicio del desarrollo industrial francés (Belhoste, 2004), dentro de los que vale resaltar los que tratan la enseñanza (Hamon, 1997; Picon, 1998; Nègre, 2018). El fondo documental de esta institución hoy se encuentra en los Archivos Nacionales de Francia (AN) y ofrece pistas de investigación cruciales para la elaboración de este trabajo. Allí se consultaron los programas de estudio, las carpetas de los profesores, producción escolar y un documento particularmente valioso: los proyectos finales de Agote y sus colegas de promoción[2].

Para el análisis de las carreras profesionales de estos ingenieros ha sido fundamental el archivo de la firma francesa de hormigón armado Hennebique, a la cual ellos representaban en Argentina, guardado en el Centre d’Archives d’Architecture Contemporaine en París. El fondo se compone de carpetas correspondientes a cada proyecto de construcción, tanto con dibujos y textos enviados por los concesionarios diseminados en el mundo, como con cálculos y detalles constructivos realizados por la oficina técnica de París. La documentación revela en estas asociaciones transatlánticas numerosos y sugerentes problemas en la aplicación de saberes y competencias profesionales en obras concretas.

La cultura centralienne y la conformación de una élite transnacional de las ciencias industriales

Desde su prospectus de fundación como escuela privada en 1829, e incluso luego de su incorporación como grande école estatal en 1857, la ECP se focalizó en el concepto de ciencias industriales al servicio del desarrollo francés siguiendo el modelo inglés y diferenciándose del sistema politécnico, de carácter más abstracto y destinado a formar funcionarios técnicos de Estado (Vérin, 1992; Grelon, 2000). Se priorizaba la instrucción de constructores o directores de fábricas y de capitalistas industriales. La carrera duraba tres años, y durante el último se elaboraba un proyecto de graduación, sometido a concurso interno, cuya temática definía una de las especializaciones posibles: mecánica, metalurgia, química y construcción.

¿Qué buscaba en un establecimiento como este el joven Agote? No fue el primer centralien argentino, pero sí el primero especializado constructeur en ejercer como arquitecto en su país natal. Había comenzado sus estudios de ingeniería en la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1883, pero antes de finalizar partió a París. En 1887, tras unos meses de cursos preparatorios en la escuela secundaria Monge, fue uno de los 507 candidatos que se presentaron al concurso de admisión de la ECP. Ingresó en el puesto 220 de 238 seleccionados. No pidió beca. En cambio, en sus cartas de presentación exhibió sus fuertes vínculos: su padre, Pedro Agote, presidente del Crédito Público Nacional y su correspondant en París, José Paz, ministro plenipotenciario argentino desde 1885 (Agote, 1887).

Si bien no se conocen con precisión los cursos prácticos de la UBA, dado que no estaban estrictamente organizados como en París, puede observarse que los seis años de carrera abarcaban contenidos teóricos similares a los tres años de la ECP (Fig. 1). La mayor carga horaria de esta se debe sobre todo a la presencia de numerosas prácticas, en especial de dibujo, relevamientos y experimentos. En Buenos Aires el diploma de Arquitecto equivalía a los primeros cuatro años de Ingeniería, al que se sumaba un curso teórico de Composición. Allí, cuatro cursos de Construcciones suplantan los contenidos que en París se enseñaban de modo más práctico en las clases de Arquitectura. La ECP completaba estos contenidos con el proyecto de especialización como constructeur, que naturalmente no era realizado por quienes elegían otra especialización. Pero a pesar de las similitudes en cubrir un panorama completo de ciencias fundamentales junto con prácticas científicas, en 1884 la escuela parisina se había instalado en una nueva sede concebida ad hoc, sus egresados se consagraban en los preparativos de la Exposición Universal de 1889 y, sobre todo, la condición de exalumno ofrecía incorporarse a una red de grandes empresas y fabricantes que facilitarían lo que Agote haría tras su regreso a la Argentina: no convertirse en funcionario, sino más bien en un empresario ubicado entre clientes de la élite porteña y proveedores de la élite de industriales franceses.


Figura 1
Comparación de programas y cursos anuales de la carrera de Ingeniería civil en la ECP (1888) y en la UBA (Facultad de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas de Buenos Aires, 1896).
Fuente: Elaborado por el autor.

Jules Denfer y Émile Muller. El arte de construir en la École Centrale, 1890-1910

La enseñanza en la ECP puede dividirse entre los cursos matutinos de anfiteatro y las prácticas de la tarde. Los profesores de la mañana encabezaban una jerarquía seguida por asistentes (répétiteurs), chefs de travaux, préparateurs y aide-préparateurs. Los répétiteurs controlaban los cuadernos de notas y de ejercicios realizados en clase en lápiz y pasados a tinta por la noche (ECP, 1888). Los otros estaban a cargo del seguimiento de las prácticas, dentro de las cuales vale destacar Dibujo Arquitectónico. Agote siguió en el año 1887-1888 el curso de Arquitectura y Construcciones Civiles I (AI) con Jules Denfer (1839-1914), y el de Arquitectura y Construcciones Civiles II (AII) de 1888-1889 con Émile Muller (1823-1889). Ambos habían sido discípulos en la ECP del ingeniero politécnico Louis Charles Mary. AI había sido incorporado en 1872 bajo el nombre Elementos de Arquitectura y en 1884 fue rebautizado y ampliado. AII existía desde 1830, se organizó especialmente con Mary entre 1833 y 1864, y luego fue tomado por Muller, quien lo escindió del curso de Obras Públicas y dio un lugar protagónico al répétiteur Fernand Delmas.

Los cursos de Mary articulaban dos conceptos clave: Composición y Construcción, el primero a partir de los principios que Durand impartía en la École Polytechnique y el segundo, de la enseñanza de Rondelet sobre los materiales en la École des Beaux-Arts (Nègre, 2018). Pero Denfer, que luego de diplomarse en la ECP se había graduado como arquitecto Beaux-Arts, perseguía objetivos más prácticos. En el programa de estudios de AI, apenas la primera lección definía a la arquitectura como art de construire y trataba sintéticamente la noción de composición (Denfer, 1881). El resto de sus treinta lecciones se basaba en un atlas de litografías, material básico de consulta. Allí la información estaba apenas sistematizada por tipos de técnicas y materiales constructivos, con tablas sobre propiedades, tiempos y modos de fabricación y aplicación, precios y marcas. Y el modelo a seguir más claro no estaba en el atlas ni en la revue des édifices sino a simple vista: era el mismo edificio que albergaba la École, que Denfer había proyectado recientemente junto al profesor Demimuid y cuyos materiales e instalaciones habían sido provistos mayormente por fabricantes centraliens. Al igual que Mary, Denfer no ponía el foco en cálculos fisicomatemáticos. Se concentraba en el buen uso de tablas dadas y en el conocimiento astuto y criterioso de las condiciones concretas de mercado, ejecución, higiene, mantenimiento.

Muller, al igual que Émile Trélat, era un industrial ceramista graduado de la ECP en 1844. Cuando tomó la cátedra de AII (1864), Trélat ya llevaba una década enseñando el curso análogo en el Conservatoire National des Arts et Métiers y participaba a la fundación de la École Centrale d’Architecture, luego conocida como École Spéciale. Los contenidos rivalizaban y, aunque las fuentes son escasas (Muller, 1888), se observa que Muller enseñaba en base a su propia obra, en particular la fábrica de chocolates Menier en Noisiel (1872), ejecutada con la estructura metálica del centralien Armand Moisant y con sus propias cerámicas. Cuando Agote llegó a París, ya no se trataba de una construcción novedosa, pero para Muller el “conocimiento de los materiales” era “resultado de la experiencia”: materiales testeados, conocidos, seguros. A su muerte fue reemplazado por Denfer, quien dejó a su vez AI a Delmas. Bajo este nuevo orden se formaron los hermanos franceses Émile y Jules Bétard (1895; 1905), este último diplomándose constructeur apenas antes de que Edouard Arnaud (1864-1943), ingeniero de la promoción 1888 y arquitecto Beaux-Arts, se hiciera cargo del curso y pusiera el foco en los alcances formales y técnicos del hormigón armado.

A los trabajos de la tarde se les daba igual importancia que a los teóricos. Había dos tipos principales: los levés (relevamientos de máquinas, edificios, topografía) y las manipulations (experimentos de observación activa y memorización de instalaciones y máquinas). Los registros de estas actividades estaban definidos por normas de presentación estrictas (ECP, 1888): debían hacerse en cuadernos de croquis, álbumes de 15 x 20 cm con hojas blancas para los trabajos del año, y cuadriculadas para los trabajos a realizar durante el verano (Fig. 2). El recto debía contener dibujos realizados a mano en lápiz y luego pasados a tinta, con cotas en milímetros, y el verso, textos descriptivos. Pero al igual que las prácticas de Dibujo de Máquinas, las de Dibujo de Arquitectura incluían además otro tipo de registro. Se trataba del épure, de mayor formato, basado en la proyección geométrica. Cuadernos de croquis, láminas de épures y memorias descriptivas, todo formaba parte de los trabajos que debían entregarse tras las excursiones de las vacaciones de verano, registrando detalladamente fábricas, estaciones, edificios, instalaciones o equipamientos. Desde 1853, las mejores entregas eran seleccionadas al comenzar el ciclo lectivo y se publicaban en portafolios litografiados (ECP, 1890).


Figura 2
Algunos cahiers de croquis se conservan en los Archivos Nacionales. Este dibujo del detalle de una máquina en corte pertenece al cuaderno del estudiante Paul Portier.
Fuente: Portier (1887).

Disposition, Distribution, Emploi de matériaux. Claves de la especialización como ingeniero constructor

La puesta a prueba por excelencia de este entrenamiento era el concurso de egreso, condición para obtener el diploma según un orden de mérito definido, sobre todo, por esta nota. El Conseil de la ECP formaba cada año varios jurados por cada una de las especialidades elegidas, y el que examinó el proyecto de Agote, quien optó la especialidad de constructeur, estaba presidido por Maurice Lévy, ingeniero politécnico y profesor de Mecánica Aplicada (Agote, 1890). Los otros tres miembros del jurado eran graduados de la ECP: Fourchotte, répétiteur de Física Industrial y especialista en calefacción, Forgue, répétiteur de Construcción e Instalación de Máquinas y empleado de los talleres ferroviarios Paris-Lyon-Méditerranée, y el antes mencionado Fernand Delmas, quien en ese momento ascendía de répétiteur a profesor y cobraba renombre dirigiendo la construcción del Hôtel des Sociétés Savantes (Guillet, 1929, p. 107).

El programa del proyecto elaborado por el profesor Lévy se tituló: Construcción de un hospicio de ancianos y de niños con enfermedades incurables[3]. En las consignas se acusa recibo tanto de temas de higienismo desarrollados en Francia a lo largo de todo el siglo XIX, como de cuestiones de actualidad, sobre todo las relativas a las instalaciones. Ejemplo de aquello es la incorporación de pensionados a establecimientos hospitalarios y la clasificación de los hospicios civiles según sexo, enfermedad, edad y condición socioeconómica (Ermakoff, 2014; Grand, 2005)[4]. También la supuesta importancia del cielorraso abovedado para la calidad del aire, una idea presentada poco antes en el Pabellón de la Higiene de la Exposición Universal de París (Tollet, 1894).

El proyecto de Agote consta de nueve láminas de épures y una gruesa memoria con croquis en tinta y textos descriptivos redactados en primera persona. La memoria se divide en cuatro capítulos, cada uno dirigido a un miembro del jurado. El capítulo I, para el profesor Lévy, trata la resistencia de materiales, ejercitada con el cálculo de muros de contención de mampostería sobre pilotis (Fig. 3), un puente metálico (Fig. 4) y una bóveda de ladrillo en el pabellón destinado a comedores (Fig. 5). El capítulo II, dirigido a Delmas, aborda la “construcción propiamente dicha”, mientras el III y el IV, para Fourchotte y Forgue, tratan respectivamente el cálculo de instalaciones de calefacción a vapor, hidroterapia, conductos de ventilación, lavadero y secadero (Fig. 6), y la producción de fuerza motriz para ventiladores y ascensores en base a energía hidráulica (Fig. 7).


Figura 3
Muro de contención en el borde del hospicio, frente a un hipotético río, proyecto final de la ECP.
Fuente: Agote (1890).


Figura 4
Puente metálico de 25 metros de largo sirviendo de entrada al hospicio, proyecto final de la ECP.
Fuente: Agote (1890).


Figura 5
Cálculo y diseño de la bóveda de ladrillo que sirve de cubierta al comedor del hospicio, proyecto final de la ECP.
Fuente: Agote (1890).


Figura 6
Diseño de un secadero a aire caliente según el uso de fórmulas y tablas, proyecto final de la ECP.
Fuente: Agote (1890).


Figura 7
Meses después de la Exposición Universal, el ascensor hidráulico como tema de actualidad, proyecto final de la ECP.
Fuente: Agote (1890).

El capítulo II determina la totalidad del trabajo, que se presenta como un verdadero diálogo con Fernand Delmas, sin citas ni referencias explícitas, sino con datos tácitos que se deducen de la bibliografía aportada por los docentes. Es en esta sección donde se utilizan tres nociones que definen las competencias que debía manejar un ingeniero-constructor centralien: disposición, distribución, y empleo de materiales. Disposición no alude a la terminología académica, sino a la elección del sistema de pabellones de pequeñas dimensiones y fácilmente aislables, y a la manera de ubicarlos en el terreno según el “ánimo de las personas”, determinado por las condiciones de humedad, orientación y vientos. El dibujo de la planta muestra la diferencia de sentidos respecto de los conceptos y los modos de representación Beaux-Arts: apenas rectángulos pintados de rosa, galerías que optimizan distancias de circulación, jardines con parterres pintados sutilmente de verde (Fig. 8). Las correcciones en lápiz de Delmas no dan importancia a esto. En cambio, buscan hacer más eficaz el movimiento del personal hospitalario entre los pabellones. La simetría, la axialidad, la centralidad responden aquí a criterios de economía.


Figura 8
Ante la posibilidad de elegir un terreno hipotético para su proyecto final de construcción en la ECP, Agote opta por una planicie con “condiciones similares a las de París”, y dibuja un rectángulo cuyos bordes son meras líneas abstractas.
Fuente: Agote (1890).

Distribución refiere a la relación entre las partes del edificio, en este caso pabellones, determinadas estrictamente por el módulo de las camas y de los pasillos, las distancias a los artefactos de calefacción y a las ventanas (Fig. 9 y 10). Por su parte, empleo de materiales es concretamente el detalle constructivo, la articulación de elementos de arquitectura correspondientes a los gremios de obra. La evaluación de este punto se centra en los “criterios de elección” de procedimientos, equipamientos, insumos. Si bien esto está determinado por cálculos matemáticos, se trata del uso de tablas y fórmulas dadas, y la posterior elección según productos existentes en el mercado, siguiendo lo impartido en los cursos de Denfer y Muller.


Figura 9
Criterios de dimensionamiento y modulación de los pabellones tipo, explicados con croquis a mano en tinta, cotas y textos, en la memoria descriptiva del proyecto final de la ECP.
Fuente: Agote (1890).


Figura 10.
Pabellón de incurables. En relación con los cálculos realizados en la memoria descriptiva se dibujan los épures en láminas de gran formato del proyecto final de la ECP.
Fuente: Agote (1890)

Clasificado en el puesto 76 entre 202 egresados -y en el 32 entre los 108 que optaron la especialización constructor, Agote vivió sus últimos meses en París alojado en la embajada argentina, aún comandada por José Paz (ECP, 1890). Apenas volvió a Buenos Aires en 1891 revalidó su título con una tesis sobre estaciones ferroviarias en la UBA y se incorporó a varias asociaciones: el Centro Argentino de Ingenieros, del que fue presidente entre 1909 y 1910, la SCA y la prestigiosa asociación de exalumnos de la ECP (Lappas, 1950; SCA, 1904).

El modus operandi centralien en Buenos Aires: los múltiples roles del director técnico de obra

Carlos Agote formó una sociedad con Alberto de Gainza[5], yerno de José Paz, para quien proyectaron y construyeron la sede del diario La Prensa (1896-1898), en cuyo frente imprimieron su firma como ingenieros-arquitectos. Su fachada, celebrada como un digno homenaje al maestro francés Charles Garnier en el año de su muerte (Le Monnier, 1898), había sido diseñada en París y adaptada por los ingenieros a un proyecto que abarcaba numerosos otros aspectos. En la prensa científica el flamante edificio se analizaba tanto por su suntuosidad como por su eficiencia (Canovi y Damianovich, 1898). Se trata de artículos elaborados con información provista por el mismo Agote, nombrado director técnico de la obra, quien ofrecía visitas a ingenieros locales y extranjeros. Las descripciones revelan su perfil netamente centralien y no suelen mencionar aspectos relativos a la decoración ni a los estilos.

El edificio se presenta inicialmente según los principios de la Disposition: adaptado a un terreno con salida a la Avenida de Mayo y a la calle Rivadavia, en la organización de las funciones se articulan usos productivos, de servicios, administrativos y ceremoniales sin interponerse entre sí[6]. Columnas sanitarias, de escaleras, montacargas y ascensores se disponen alrededor de un patio central. El palacio funcionaba como una fábrica en la que se destacaban tres circuitos independientes: el de impresión, el de montaje y el de la red de comunicación por tubos neumáticos. Y, como en los trabajos prácticos de la ECP, las descripciones enumeran al final aspectos destacables de innovación: estructura metálica provista por la firma francesa Moisant[7], motores, calderas, bombas, fuerza motriz e instalaciones eléctricas. Si bien los elementos del edificio eran diseñados y fabricados por proveedores, los ingenieros hacían los cálculos previos de dimensionamiento para encargarlos, y luego dirigían su montaje en la obra.

Una tarea llamó la atención tanto al mundo científico como al público en general: el montaje de la escultura-farola alegórica de La Prensa en la cima de la cúpula. Realizada en París por Maurice Bouval y fundida en los talleres Thiébaut frères, fue cargada desde la vereda por un sistema de vigas Fischbauträger activadas por poleas y motores eléctricos que Agote diseñó ad hoc (Fig. 11) (Chanourdie, 1898). Valorado internacionalmente como el primer edificio destinado íntegra y especialmente a funcionar como sede de un diario, a La Prensa de Buenos Aires le sucedieron dos llamativos concursos en París en los que se trataron palacios para empresas periodísticas, tanto en la École des Beaux-Arts (1906-1907) como en la misma ECP, que hacia 1905-1906 proponía como programa para proyecto de egreso la sede y los talleres de un “rico diario” (Boussois, 1908; Delamare, 1906).


Figura 11
La escultura alegórica de La Prensa a poco de ser colocada en la cúpula de la flamante sede con un sistema diseñado por Carlos Agote.
Fuente: La estatua de La Prensa (1898, noviembre 12, p. 13).

¿Rivales o aliados? Las figuras del arquitecto-artista y del ingeniero-empresario

A inicios del siglo XX, dos episodios marcaron los intentos por fortalecer y delimitar los alcances de la arquitectura en Argentina: la refundación de la SCA (1904) y la creación de la Escuela de Arquitectura (1901). En el programa de estudios participaron Alejandro Christophersen (1866-1946), formado en el atelier parisino de Jean-Louis Pascal, y Pablo Hary (1875-1956), que cursó Composición en la Académie Royale de Bruselas luego de diplomarse ingeniero en la UBA. A cargo de los cursos de teoría, Hary (1916, p. 12) acudía a Julien Guadet y tomaba el dibujo arquitectónico como metáfora de la división entre la ingeniería y la faceta artística de la arquitectura. En sus composiciones, escribía, los arquitectos debían trazar las líneas de envolvente interior y exterior, dentro de las cuales “allá se las entienda un ingeniero para poner el acero o el cemento armado que haga falta”. Pero examinando el intercambio entre ingenieros y arquitectos, esta línea simbólica se desdibuja. Basta con observar que Hary mismo, como ingeniero, dirigió la construcción de proyectos residenciales que René Sergent (1865-1927) enviaba desde París.

En este tipo de colaboraciones participaba también Agote. Gracias al archivo de la empresa Hennebique puede identificarse un episodio que lo unía a Christophersen y que permite repensar esta clase de alianzas entre disciplinas. Se trata de la licitación para construir la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en la que Christophersen aparecía como “eminente arquitecto” y Agote como ingénieur-conseil, “la persona cuyos consejos prevalecerán” (Hennebique, 1913). La empresa constructora que preparaba su oferta de precios bajo el amparo extraoficial de estos profesionales, Bétard y Bouissou, concesionaria de Hennebique en Buenos Aires, solicitaba a la oficina técnica central de París el cálculo, diseño y presupuesto de la estructura en hormigón armado del gran hall del edificio. El intercambio consta de blueprints mudos enviados desde Buenos Aires, a los que se respondía con planillas, detalles e indicaciones para que se ejecutara la obra respetando la patente francesa. Pero vale la pena detenerse en la correspondencia escrita. Los mensajes sugieren que, por recomendación de Agote, los Bétard, antes de llegar a Argentina, habían sido entrenados por la empresa en París para hacer “cálculos sencillos”.

Bétard y Agote resaltaban la necesidad de elaborar una oferta que pudiera competir con firmas alemanas e italianas como Philipp Holzmann, Wayss & Freytag, Baldassare Zani y Pedro Vasena. En el contrato transatlántico, los Bétard asumirían la responsabilidad financiera y material de la obra, mientras Hennebique, la garantía técnica de sus servicios de cálculo y diseño estructural. Además de contactarlos con Hennebique, Agote apadrinaba a los Bétard ante el cliente, y les había facilitado el pliego de condiciones antes de que se publicaran. También había convencido a Christophersen para sumarse a lo que llamaba una “entente” francesa con esta red de empresas e ingenieros centraliens. A tal punto, que los mensajes entre los ingenieros de París y Buenos Aires cuestionaban al arquitecto por confiarse demasiado del nuevo material. El proyecto se había concebido a partir de un bloque de oficinas de renta montado sobre el hall de la planta baja, sin que las columnas interiores de aquél interfieran en éste, gracias a su descarga en grandes vigas de transición, criticadas por no ser la solución más económica posible.

El criterio adoptado para el uso del hormigón era polémico para los técnicos parisinos, quienes a regañadientes propusieron un diseño de estructura ad hoc que terminó perdiendo el concurso ante la propuesta de esqueleto metálico tradicional de Zani y Vasena. Sin embargo, los italianos usaron los planos de Hennebique de referencia, no sin el repudio de los franceses, para poder ejecutar con hormigón una parte del sistema portante. A pesar del resultado adverso, esta experiencia, documentada discretamente en correspondencia confidencial, revela la predisposición del arquitecto a la influencia de los ingenieros no solo en la ejecución sino también en la concepción de la obra.

Conclusiones

Las múltiples aristas que muestra el examen de la trayectoria de un ingeniero como Carlos Agote y su red de colegas exalumnos de la ECP permiten abordar problemas relativos tanto a la enseñanza como a la aplicación práctica de la formación de los arquitectos alrededor de 1900. Se ha observado desde este punto de vista que, en ciertos casos, las rivalidades no se dan entre disciplinas, tradiciones e instituciones distintas. En cambio, esta heterogeneidad de saberes y prácticas, en el ámbito de la construcción, propicia alianzas poco visibles. Arquitectos como Christophersen mostraban públicamente su preocupación por consolidar y delimitar la arquitectura en lo académico y en lo profesional. Sin embargo, se ve en las fuentes consultadas que, lejos de ser reticente, estaba abierto a colaborar e intercambiar con personajes que complementaran sus propias competencias.

Un arquitecto Beaux-Arts podía encontrar en la igualmente francesa tradición centralienne una manera de llevar a buen término la materialización de su proyecto. Se ha observado que el ingeniero-constructor de la ECP no era precisamente un científico ni un experto en un campo particular. Su gran activo radicaba en una peculiar ambivalencia entre la formación generalista de las grandes écoles francesas y un pragmatismo basado en el conocimiento práctico de condiciones de mercado, en la administración de recursos y también en el uso astuto de vínculos comerciales y profesionales. Argumentando que la aplicación a una rama de la ingeniería no se hacía efectiva en la École sino en la genuina práctica profesional, el célebre centralien Edmond Coignet señalaba en 1910 que “la especialización no forma líderes” (Guillet, 1929, pp. 99-100).

Referencias bibliográficas

Agote, C. (1887). [Dossier de estudiante]. Archivo de la ECP (AN 20170270/908), París.

Agote, C. (1890). [Proyecto final, memoria y atlas]. Archivo de la ECP (AN 20170270/1935-2333), París.

Almandoz Marte, A. (Dir.). (2002). Planning Latin America’s Capital Cities. Londres y Nueva York, Inglaterra y EEUU: Routledge.

Belhoste, J.-F. (Dir.). (2004). Le Paris des Centraliens, bâtisseurs et entrepreneurs. París, Francia: Action artistique de la ville de Paris.

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Notas

[1] Término con el que se autodenominaban los egresados de la ECP.
[2] Los archivos de la ECP guardan los proyectos finales de los estudiantes pertenecientes a las promociones de años terminados en 0 y 5. A pesar de la pérdida de la mayoría de los documentos, debe celebrarse que Agote perteneció a la promoción 1890. De los hermanos Bétard solamente pudieron consultarse los dossiers individuales y boletines de notas.
[3] Ubicado hipotéticamente junto a un río, debía incluir camas para ancianos indigentes y para niños con enfermedades crónicas, alojamiento para ancianos pensionistas, espacios comunes (comedor, salón), oficinas administrativas, servicios anexos (hidroterapia, baños, lavadero), jardines, galerías, morgue, entre otros.
[4] Los hospicios se diferencian de los hospitales por tratar enfermedades consideradas incurables.
[5] De Gainza (1860-1915) obtuvo el diploma de ingeniero en la UBA en 1886.
[6] Algunas funciones: oficinas de dirección y recepción, administración, redacción, comedores, biblioteca y archivos, sala de conferencias, sala de armas, departamentos para invitados, talleres de fotografía, montaje, impresión y grabado, garaje y caballerizas, museo, consultorios y laboratorios médicos y químicos.
[7] Moisant también tuvo a cargo el edificio de la ECP. Otras firmas francesas mencionadas entre los proveedores de La Prensa: Guilbert-Martin (mosaicos), Boulanger (cerámicas), Guillot-Pelletier (cerramientos metálicos), Farcot (motores), Jomain (persianas), Val d’Osne (fundición).

Notas de autor

(*) Juan Pablo Pekarek. Arquitecto por la Universidad de Buenos Aires (2012) y Magíster en Historia y Cultura de la Arquitectura y la Ciudad por la Universidad Torcuato Di Tella (2019). Doctorando en Historia en el Institut d’Histoire Moderne et Contemporaine, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne, con una investigación de tesis en curso sobre arquitectos, ingenieros y empresas de construcción francesas entre París y Buenos Aires (1890-1930) sostenida por el Institut National d’Histoire de l’Art (INHA) y el Ministerio de Enseñanza Superior e Investigación (MESRI) de Francia.

ORCID: 0000-0001-9789-7384

jppekarek@gmail.com

Información adicional

CÓMO CITAR: Pekarek, J. P. (2022). Ingenieros, entre arquitectos y empresarios. Constructeurs de la École Centrale de París en Buenos Aires, 1890-1920. A&P Continuidad, 9(17), doi: https://doi.org/10.35305/23626097v9i17.377

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