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Intervención de Rafael Polo, decano, en la sesión solemne por el séptimo aniversario de creación de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas
Revista Ciencias Sociales, núm. 49, pp. 169-172, 2026
Universidad Central del Ecuador

Discursos

Revista Ciencias Sociales
Universidad Central del Ecuador, Ecuador
ISSN: 0252-8681
ISSN-e: 2960-8163
Periodicidad: Anual
núm. 49, 2026

Los autores conservan todos los derechos de publicación del artículo y conceden a la Revista Ciencias Sociales una licencia no exclusiva, intrasferible y sin regalías por duración ilimitada para su reproducción, distribución y comunicación pública a nivel mundial bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC BY NC 4.0)

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

Intervención de Rafael Polo, decano, en la sesión solemne por el séptimo aniversario de creación de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas

28 de febrero de 2024

Agradezco la presencia de cada uno de ustedes, de cada compañero, compañera docente, de cada estudiante, de cada uno de los funcionarios administrativos, conserjes. Les agradezco por ser constructores, reflexivos, exigentes.

Hacemos nuestro lo planteado por el filósofo y poeta Iván Carvajal, exprofesor de la escuela de Sociología y de Ciencias Políticas, hace ya varios años:

La defensa de la Universidad como espacio público democrático, como ámbito abierto a la búsqueda del conocimiento, a la crítica y a la disensión, como lugar del pensamiento y la palabra, nos obliga a pensar en ese desplazamiento de la ‘nación’ a la ‘mundialización’, de la unidad homogeneizadora de la ‘cultura nacional’ al pluralismo, de la identidad al despliegue de lo múltiple y diverso -que se conjunta a la vez que se dispersa[1]

Hacemos nuestra la tarea de defender el pensar crítico, la responsabilidad de la interrogación reflexiva que acompañe las praxis emancipatorias, la necesidad de acompañar con el conocimiento científico las transformaciones contemporáneas en todos los sectores y campos de la vida social e histórica.

El saber universitario, esto es el conocimiento que se actualiza constantemente y que se genera nuevo con la investigación, es una dialéctica permanente entre las ciencias (formales, naturales y sociales) y las humanidades. Es un ejercicio permanente de crítica e invención. El saber universitario acompañó el proceso de producción de la modernidad, como forma de vida histórica y, al mismo tiempo, como un discurso que acompaña la producción de una conciencia crítica y autocrítica. La universidad, desde sus orígenes fue un lugar de discernimiento y de reflexividad acerca de la actualidad y sus proyecciones. En la actualidad vivimos, dijo Bolívar Echeverría, un «tiempo difícil para el saber universitario», especialmente para las ciencias sociales y de las humanidades. Vivimos el predominio de lo «light» que se encuentra extendido en el campo social y cultural y que parece abarcarlo todo. El predominio de la imagen, la emoción, la percepción inmediata sobre el pensamiento abstracto, la reflexión, la sistematicidad, es uno de los desafíos a transformar desde la FCSH y desde la Universidad.

El predominio del economicismo va acompañado, señor rector, de una «ilusión»: la de suponer que las únicas ciencias verdaderas son la física, la biología, la matemática, arrinconando a los otros discursos científicos como pertenecientes al campo de la mitología, de la retórica, de las ideologías políticas. Este hecho forma parte del programa de Boloña: subsumir la universidad a la tecnología, por tanto, reducir el conocimiento a los saberes prácticos, procedimentales, instrumentales, es decir, en definitiva, sujetar la universidad al mundo de las empresas y diseños globales, de los organismos institucionales internacionales, de las diversas globalizaciones neoliberales. Esto es, una renuncia a la dimensión propiamente humana de la cultura y la imaginación, una destrucción sistemática de las culturas y los pueblos.

El «abandono» de las humanidades y las ciencias sociales a escala global, es uno de los signos de nuestra contemporaneidad. Sin embargo, nosotros creamos una Facultad de Ciencias Sociales y Humanas a contracorriente de la voluntad impuesta por el programa Boloña, el abandono de estas ciencias y saberes por el predominio del realismo tecnológico y económico va de la mano con los cuestionamientos a los valores republicanos. Es valorada la dimensión pragmática, la racionalidad técnica, la normalización jurídica como un valor en sí mismo, valoración dada por la comprensión burocrática y tecnicista del dominio técnico, digital, virtual, del mundo de la vida. Sin embargo, aunque la eficacia técnica sea cada vez más fina, compañeros, estudiantes, de la FCSH, sino está acompañado de la dilucidación filosófica, sociológica e histórica solo crea seres sujetos a la necesidad no a la libertad. La filósofa Martha C. Nussbaum, en su libro donde defiende la importancia cultural y política de las humanidades, la filosofía y las ciencias sociales, titulado sin fines de lucro, manifiesta:

Concebidas como ornamentos inútiles por quienes defienden las políticas estatales (a favor de la rentabilidad del capital) en un momento en que las naciones deban eliminar todo lo que no tenga ninguna utilidad para ser competitivas en el mercado global, estas carreras y materias pierden terrenos a gran velocidad… Es más, aquello que podríamos describir como el aspecto humanístico de las ciencias, es decir, el aspecto relacionado con la imaginación, la creatividad y la rigurosidad en el pensamiento crítico, también está perdiendo terreno en la medida en que los países optan por fomentar la rentabilidad a corto plazo mediante el cultivo de las capacidades utilitarias y prácticas, aptas para generar rentas.[2]

Nosotros, con la creación, ampliación y consolidación de la FCSH, decimos NO.

Hemos dicho no, con la inauguración de la carrera de Historia.[3] Decimos no, con la pronta aprobación desde el vicerrectorado académico de la carrera de Filosofía.

Decimos no, con la aprobación de la carrera de Antropología[4] en la DGA y el Consejo de Facultad. No vamos a renunciar a la imbricación entre imaginación, crítica y emancipación. Porque el único lugar donde se discute los fundamentos de las ciencias, de la conciencia social y pública, de los discursos sociales es la Universidad, y de modo privilegiado, la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Está lista la carrera de Geografía para entregar a la DGA. Hemos avanzado un 60 por ciento en la carrera de Arqueología. Nos hemos, también, propuesto crear la carrea de historia del Arte. Nosotros reconocemos al diálogo y la polémica como fuerzas creadoras de lo social. Entonces, ¿Cuál es el lugar que ocupa hoy la filosofía en los debates sobre lo contemporáneo? La filosofía se ocupa, entre otras cuestiones, por interrogar la estructura de la actualidad del pensamiento (¿en qué lenguajes conceptuales pensamos?), como de los discursos de la ciencia, de la política y del arte. Este preguntar no es una inquietud de los sucesos que reportan los diarios, las redes sociales, sino, aquello que hace que lo contemporáneo sea posible, de sus acontecimientos, de sus devenires, así como de sus posibles pasados, esto es, preguntar por sus condiciones. Es un preguntar por la actualidad, y al mismo tiempo por la posibilidad misma del pensamiento. El discurso reflexivo es una inquietud activa por la actualidad, aunque las investigaciones que se realizan describan los modos de construcción de los conceptos políticos en el siglo XIX, o narren los conflictos de las alteridades en la construcción de la modernidad capitalista. Interroga lo actual, pues, las ciencias sociales hacen posible reconocer que el presente está hecho de muchas sedimentaciones históricas, de aceleraciones temporales diversas, de superposiciones de proyectos, de conflictividades que se yuxtaponen.

Nosotros reconocemos que la interrogación como vehículo es una fuerza cuya posibilidad de quebrar evidencias es un acto crítico. Pues, como nos recuerda el filósofo Etienne Balibar, las evidencias, son el terreno de sustento de las ideologías y sus prácticas de legitimación de los poderes, puesto que una evidencia «está constituida por prácticas y teorías que suponen todo un sistema de conceptos, una ‘concepción del mundo’, una ontología. Son disposiciones del pensamiento incorporadas a la percepción y a la intuición intelectual».[5] Las evidencias, que forman el horizonte familiar que otorga lo cotidiano, son construcciones históricas, por tanto, sedimentaciones que provienen de procedencias heterogéneas y de ritmos múltiples de racionalizaciones, de estrategias de vida, de producción de saber y de subjetivaciones. La evidencia, como historia naturalizada, debe ser desmontada, desalojada de su insensible presencia cotidiana. Al ser una fuerza invisible, no perceptible, la evidencia, sin embargo, opera en la cotidianidad la reactualización de las categorías históricas en forma de prácticas y retóricas cotidianas. Hace vivir un fundamento, que, al no ser interrogado, se corporiza, se objetiva en institución, y se silencia como su fuese una naturaleza irremediable.

Entonces, que hacen las ciencias sociales, las humanidades, sino preguntarse por la actualidad. ¿Cómo enfrentar la velocidad, la aceleración, los sentidos espurios del mundo de la artefactualidad? ¿Cómo describir el nihilismo activo que hace imposible la experiencia de lo trágico, de lo histórico? ¿Cómo comprender la operatividad de los estados de excepción en las democracias contemporáneas cada vez más presente? ¿Cuál es la naturaleza de la soberanía política en una edad del mundo que se comprende a sí mismo como global? ¿Cómo ser cosmopolíticos sin renunciar a lo propio, a lo local, a lo nacional? La actualidad está fabricada por la inmensa selva de los dispositivos técnicos, que, construyendo un mundo biopolítico, impone un principio de selección antropotécnico. Incluso la emoción, aparentemente como respuesta natural, inmediata a la percepción de las cosas, por razones técnico-instrumentales, se ha convertido en espectáculo, en emoción programada, en abstracción digitalizada. ¿Desde qué herramientas teóricas podemos describir, mostrar, explicar, los mundos virtuales? ¿Existe la actualidad? ¿En el reino del cíborg capitalismo cuáles son los rostros de la emancipación? La actualidad nos llega desde una hechura tecnoficcional que promueve valores, disfrazados de emociones, de derechos políticamente correctos administrados desde una institucionalidad estatal, o no estatal, transnacional operada digitalmente.

Uno de los desafíos de la FCSH es recuperar la dimensión crítica, polémica, destructora de los lenguajes normalizadores de los Estados, de los discursos de las instituciones globales. El desafío teórico es un componente básico de la vida de nuestra facultad. No es un lujo, sino una necesidad de sobrevivencia política y cultural. La teoría es una herramienta para la polémica creativa. En este sentido, la Facultad tiene el desafío de constituirse en un espacio de reflexión, de investigación, de formación, se inserta en la complejidad del mundo contemporáneo, y por este motivo, debe convertirse en un lugar de la interrogación, del cuestionamiento sin descuidar la tarea de construir y de responder a los desafíos actuales. Por tanto, nuestra tarea es interrogar la condición humana de la que formamos parte. No podemos solamente observar la inmediatez a la que nos somete el gobierno de los mercados, de los económicos a los culturales, sino constituirnos en una voz, en múltiples voces, capaces de proponer cambios profundos desde un espíritu democrático que reconozca la diversidad y la multiplicidad que somos. Defender la democracia no es posible sin el desarrollo de la criticidad, del espíritu científico, de la polémica científica y política.

Para acompañar esta propuesta hemos invitado a pensadores que delinean al horizonte crítica en varios lugares del mundo. Recordemos algunos nombres: David Harvey, Roberto Follari, Edgardo Castro, Alberto Constante, Ticio Escobar, Rita Segato, Andrés Guerrero, Iván Carvajal, Marck Thurnner, Jorge Cañizares, Elías Palti, Ricardo Espinosa Lolas, Eduardo Kingman, Mireya Salgado, Valeria Coronel, entre otros…

La universidad es el único lugar social donde la pregunta por el fundamento se convierte en una pregunta por la vida humana, por las formas de vida sociales e históricas, y por la vida natural. Ese preguntar es uno de los centros de la FCSH. Ir al fundamento como necesidad ontológica acompaña la formación de los profesionales en nuestras carreras de Sociología, Trabajo Social, Ciencia Política, y desde el próximo semestre de Historia. No hay actividad humana sin significado, sin sentido. Esto hace que la Facultad sea un espacio donde debe predominar las polémicas de la razón, la discusión de las metodologías y de las construcciones técnicas, como de diseccionar en las visualidades y de las texturas artísticas las memorias históricas de las que estamos hechos. El ethos de la Facultad es la razón que se polemiza a sí misma en la investigación (inicialmente en las tesis de grado, continuando con las investigaciones), capaz de aprehender de las experiencias concretas, efectivas, de las prácticas, de las disciplinas y de los saberes en sus múltiples modos de materialización, ya sea en prácticas de resistencia, en obras de arte, en diagnósticos sociales...

En este contexto defenderemos la gratuidad de la educación pública. Gratuita, como un derecho humano fundamental, y la importancia de lo público como espacio y lugar social de la libertad del pensamiento y de la creatividad, de la polémica científica, epistémica, cultural y política. Esto nos compromete a defender la autonomía universitaria, el cogobierno y el pluralismo, sin lo cual la creatividad y la reflexividad no es posible. Lo público como espacio de lo universal, de los derechos y de las libertades, la multiplicidad y de las diferencias, de la discusión de las problemáticas más urgentes y necesarias en el actual cambio de la condición humana.

Como FCSH, señor rector, hacemos un llamado a la polémica contra toda forma de discriminación, exclusión, desigualdad y silencio.

Notas

[1] Carvajal, Iván, Universidad Sentido y Crítica, Quito, PUCE, 2016, pp. 10-11
[2] Nussbaum, M. C. (2010). Sin fines de Lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. Katz. pp. 20-21
[3] El primer semestre de la carrera de Historia se ofertó en el período académico 2024-2024.
[4] Tanto la carrera de Antropología como la de Filosofía fueron inauguradas en el período académico 2025-2025.
[5] Balibar, Etienne, Nombres y lugares de la verdad, Buenos Aires: Nueva visión, 1995, pp. 88


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