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Prácticas archivísticas LGBT: el caso de la Revista NX y los mundos gays de los años 90 (Buenos Aires, Argentina)
LGBT Archival Practices: the Study of NX Magazine and the Gay Worlds of the 1990s (Buenos Aires, Argentina)
Descentrada, vol. 10, núm. 1, e286, 2026
Universidad Nacional de La Plata

Dosier

Descentrada
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
ISSN-e: 2545-7284
Periodicidad: Semestral
vol. 10, núm. 1, e286, 2026

Recepción: 30 mayo 2025

Aprobación: 18 agosto 2025

Publicación: 01 marzo 2026


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Resumen: Este artículo se propone reflexionar sobre las posibilidades de construcción de los archivos LGBT a partir de la noción de prácticas archivísticas. Esto se realiza en base al estudio de la serie completa de la Revista NX que funcionaron como estabilizadoras de los mundos gays de los años noventa en Argentina. Entendemos las prácticas archivísticas como una multiplicidad de acciones que se relacionan con el guardado de documentos heterogéneos (folletos, revistas pornográficas, gráficas, cartas, fotografías, entre otras) que, eventualmente, pueden constituir un archivo, en este caso, LGBT. Nos concentramos en tres momentos de estas prácticas archivísticas. El primero se relaciona con el cómo llegamos al objeto de estudio a partir de la circulación afectiva de algunos números de la revista. El segundo se vincula con el modo en que se institucionaliza un archivo que procura sistematicidad. El tercer momento reconstruye las prácticas archivísticas de otrora lectores de la revista a quienes entrevistamos en el marco de nuestro proyecto. Como conclusión, reflexionamos sobre la centralidad de los archivos para estabilizar los mundos gays.

Palabras clave: Archivos LGBT, Revistas NX, Gays, Memorias, Afectos.

Abstract: This paper aims to reflect on the possibilities of construction of LGBT archives based on the notion of archival practices, since the study of the NX Magazines, which functioned as stabilizers of the gay worlds of the 1990s in Argentina. We understand archival practices as a multiplicity of actions related to the storage of heterogeneous documents (brochures, pornographic magazines, graphics, letters, photographs, among others) that may eventually constitute an archive, in this case, LGBT. We focus on three moments of these archival practices. The first is related to how we arrive at the object of study from the affective circulation of some magazine´s issues. The second is related to the way of institutionalizing an archive that pretends to be systematic. The third moment reconstructs the archival practices of former readers of the magazine whom we interviewed as part of our project. In conclusion, we reflect on the centrality of archives in stabilizing gay worlds.

Keywords: LGBT Archives, NX Magazines, Gays, Memoirs, Affections.

1. Introducción: lecturas, memorias, escrituras

Como no podría ser de otro modo, cuando nos encontramos con Nicolás Artusi, conocido en sus redes sociales como sommelier de café, tomamos eso, un café. Este periodista de cuarenta y tanto de años publicó en 2023 Busco similar, una novela sobre una amistad gay iniciada a partir de un contacto de la Revista NEXO (después NX). En esa charla, que fue una entrevista a uno de los lectores que tuvo la revista cuando se publicaba en los años 90, Nicolás recordaba lo difícil que le había resultado encontrar ejemplares de esta publicación en 2020, cuando comenzaba a escribir su libro. En Mercado Libre encontró solo algunos de los 97 ejemplares que, con una periodicidad mensual, se publicaron desde octubre de 1993 a diciembre de 2001.1 Además, estaban muy caros. Luego, a partir de amigos y conocidos, pudo acceder a otros ejemplares que le resultaron un rico insumo para su libro. Hoy en día atesora algunos números en su colección. Al mostrarle los ejemplares que llevábamos encima y contarle que, para desarrollar el proyecto de investigación Mundos Gays ‘90 contamos con la colección completa de estas revistas que están digitalizadas en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierda (CeDInCI), Nicolás se sonrió. En tanto que equipo de investigación, podemos acceder a un archivo LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans*) completo.

Que tanto Nicolás no tuviera tanta suerte al buscar los números como que nosotros contemos con la fortuna de acceder a la colección completa no es, como dijo una ex-presidenta, magia.2 En ambos casos se trata de eventos que enfrentamos cuando intentamos constituir un archivo LGBT. En el caso de Nicolás, un intento fragmentario, pero no por eso menos importante. Tanto Nicolás como nosotros fuimos (y seguimos yendo) a la revista para investigar. Además de la diferencia en cuanto a los objetivos de ambas investigaciones, encontramos que hay otra más sustancial: las mediaciones. Siguiendo a Latour (2008) y Hennion (2010), entendemos a las mediaciones como aquellas instancias que, a diferencia de los intermediarios, modifican el curso de la acción. Tanto Mercado Libre y los amigos y conocidos de Nicolás, como CeDInCI, son mediaciones en esta construcción de archivos LGBT. Estas mediaciones posibilitan la consolidación de una colección fragmentaria y otra más robusta y, a su vez, modifican el curso de una instancia inicial en la constitución de acervos, a saber, las prácticas archivísticas.

En este artículo nos proponemos estudiar las prácticas archivísticas que posibilitan la construcción de archivos LGBT. Para ello, nos detenemos en el caso de estudio de la revista NX, que estructura nuestro proyecto colectivo Mundos Gays 90’. Entendemos a las prácticas archivísticas como una multiplicidad de acciones que se relacionan con el guardado de documentos que, eventualmente, pueden constituir un archivo, en este caso, LGBT. Nos concentramos en tres momentos de estas prácticas archivísticas. El primero se relaciona con el cómo llegamos al objeto de estudio a partir de la circulación afectiva de algunos números de la revista. El segundo se vincula con el modo en que la institucionalización de un archivo, en base al trabajo de conservación sistemática de este tipo de material de parte de un activista, opera como la condición de posibilidad del desarrollo de nuestro proyecto. El tercer momento reconstruye las prácticas archivísticas fragmentarias de otrora lectores de la revista a quienes entrevistamos en el marco de nuestro proyecto. Antes de focalizarnos en cada uno de estos momentos, es necesario trazar algunas precisiones conceptuales sobre archivos LGBT y otras históricas sobre la especificidad de la revista NX.

2. Archivos LGBT: hacia una discusión teórico-conceptual

Durante los últimos diez años se produjo un fervor y gran interés en las ciencias sociales latinoamericanas por el estudio de los archivos (Tello, 2018), que pueden ir desde el análisis de las prácticas artísticas (Lopes Zamariola, 2019; Foster, 2016) hasta el estudio de los archivos desclasificados relacionados con las últimas dictaduras cívico-militares en el Cono Sur. A partir de ese entusiasmo por el estudio de los archivos, y los esfuerzos por sus conceptualizaciones, han surgido nuevas líneas de indagación que incorporan a los colectivos de la diversidad sexo-genérica. De ese modo, tanto en Latinoamérica como en el norte global se va gestando un campo interdisciplinar que tiene por objeto de estudio los “Archivos LGBT” (Cvetkovich, 2018). Ahora bien, cabe preguntarse, ¿qué es un archivo LGBT? ¿Cuáles son las piezas que componen ese acervo? ¿Quiénes son los arcontes de esos elementos? Siguiendo a una referente dentro de este campo de estudios, quien contribuyó a su creación, podemos afirmar:

El material de los archivos gais y lésbicos son documentos efímeros*, el término usado por los archiveros y bibliotecarios para describir publicaciones ocasionales y documentos en papel, objetos materiales y artículos que caen dentro de una categoría miscelánica cuando son catalogados. Los archivos gais y lesbianas a menudo se han construido con las donaciones de coleccionistas privados que han guardado esos materiales efímeros como pruebas de la vida gay y lesbiana, tanto personal como pública, porque de lo contrario, podrían desaparecer. (Cvetkovich, 2018, p.323)

Es habitual, entonces, que el campo de estudio de los archivos LGBT se base en examinar cartas, folletos, libros, revistas pornográficas, publicaciones dispersas, diarios personales, intervenciones efímeras, entre otras prácticas que dan cuenta de un contra-relato a los archivos oficiales. En línea con Cvetkovich, Muñoz (2020) sostiene que el estudio de lo queer implica concentrarse en los gestos y sus consecuentes trazos efímeros, que podemos recuperar a partir de los archivos. Este carácter difuso importa más que los modos tradicionales de evidenciar vidas y políticas.

Un ejemplo, cercano geográficamente, es el caso del Archivo de la Memoria Trans Argentina (AMTA). Este archivo está compuesto por más de 80.000 piezas (fotografías, postales, objetos personales, entre otras) que fueron donaciones de diferentes personas para intentar reconstruir y disputar una historia. A su vez, este archivo se creó por la voluntad particular de una activista que intentaba guardar los objetos (fotos, postales, documentaciones) de muchas compañeras “anónimas” que fueron víctimas de un Estado represivo y/o fueron asesinadas por sus familiares y/o compañeros. Este movimiento activista-académico ofrece un interesante ejemplo de un contra-relato a los archivos oficiales del Estado, como los acervos criminológicos, policiales y/o médicos. El AMTA podría pensarse que “está compuesto de prácticas materiales que desafían las concepciones tradicionales de la historia y entienden la búsqueda de la historia como una necesidad psíquica” (Cvetkovich, 2018, p. 355).

De acuerdo con la definición de Cvetkovich, otra de las características de los archivos LGBT se relaciona con la procedencia de las piezas a archivar. En la mayoría de los casos, estas colecciones están compuestas por donaciones privadas (de personas particulares con un afán archivista). De esta práctica de personas particulares (algunas militantes y otras no), se constituyó uno de los acervos más consultados en el ámbito académico argentino.3 Este acervo contiene folletos, publicaciones en diarios, noticias, revistas elaboradas por agrupaciones activistas y organizaciones de la sociedad civil, entradas a boliches, reseñas teatrales, entre otros elementos.

Tanto activistas como personas particulares fueron guardando y creando su propio archivo histórico para atesorar algo de la historia no solo de los movimientos de diversidad, sino una propia historia que contraponga el relato de las memorias y archivos oficiales.

Sin embargo, más allá de esta puesta en práctica que está surgiendo y de algunas definiciones que podemos llegar a pensar sobre los archivos LGBT, vale la pena formular algunas preguntas y tomar precauciones al momento de las definiciones sobre qué es un archivo LGBT. Los archivos no son del todo inocentes, como tampoco lo son su catalogación y sus formas de presentación, ya que ambas responden a máquinas de producción del conocimiento (Tello, 2018). A su vez, en el documento y/o pieza no vamos a encontrar la verdad. Se vuelve importante poder poner a la luz las tensiones alrededor de esas piezas que se están analizando. Es decir, hay que estudiarlas en relación con los discursos, las prácticas y las formas de pensar ese pasado-presente que se reactualiza. Coincidimos que los archivos LGBT se oponen a las maquinarias tradicionales (en su mayoría coloniales), que intentan contar un único relato o una memoria oficial. También coincidimos con que muchas veces los archivos LGBT “demuestran un profundo poder afectivo de un archivo útil, especialmente de un archivo de la sexualidad y de la vida gay y lesbiana que debe preservar y producir no sólo conocimiento sino también sentimiento” (Cvetkovich, 2018, p. 320). Pero también los archivos pueden funcionar como una forma de entender la estabilización de determinados discursos, formas de sociabilidad (eróticas y amistosas) y prácticas de consumo, entre otras, que entraban en tensión con otras. Además de problematizar las piezas que lo componen, una definición de los archivos LGBT también debe tener en cuenta el campo de producción del conocimiento y el campo de disputa de esos discursos. Esas piezas privadas y donadas no deben ser abordadas de manera unilateral. Por el contrario, la clave es inscribirlas en un campo de producción y creación de formas de vida, de la sexualidad y la identidad. Desde estas claves interpretativas pensamos las revistas NX.

La revista NX fue una publicación, porteña y gay de los años noventa. Comenzó a publicarse de manera mensual en octubre de 1993 para interrumpirse en diciembre de 2001, al calor de la gran crisis económica, social, política e institucional que atravesaba el país. En un principio, su nombre era Nexo y fue uno de las primeras iniciativas de la asociación civil que lleva su nombre. Hacia el número 13, por cuestiones legales, debieron cambiarle el nombre y acuñaron NX, al que luego adicionaron el eslogan periodismo gay para todos. La revista tuvo por objetivo generar un espacio de intercambio y de información en la comunidad gay de la Ciudad de Buenos Aires que luego fue ampliándose en cuanto a intereses, públicos y distribución geográfica. Tomar a la revista NX como un archivo LGBT implica reconocerla como un dispositivo que sirvió para la producción de discursos y conocimientos, de formas de sociabilidad y prácticas de consumo e interés. En algún sentido, las revistas NX constituyen la estabilización de mundos gays. El estudio del archivo NX no se basa en tratar de reconstruir a partir de ella una verdad sobre la militancia y la política, la sociabilidad y las prácticas culturales de la comunidad gay (o LGBT) de los años noventa en la Argentina. Por el contrario, la revista se circunscribe a las relaciones de poder y prácticas sociales y de luchas discursivas sobre la sexualidad, la militancia y la política. Por eso, tomar a las revistas NX como archivos o, mejor dicho, como artefactos de estabilización de mundos, nos ayuda a reconstruir las relaciones de poder, y en algún sentido, los marcos culturales y sociales de las acciones de la militancia, sociabilidad y cultura LGBT.

Vale aclarar que, como investigadores, llegamos a las revistas (y a su estudio) entusiasmados por repensar críticamente los años noventa. Por un lado, buscamos complejizar el relato unificado que reduce los noventa para pensarlos solamente en términos estructurales como una década infame a partir de la implementación de una política económica neoliberal. Por el otro, también intentamos desentrañar el relato sobre algunos activistas específicos, construido en términos heroicos y de únicos personajes (Insausti, 2018). Por ello, partimos de una premisa metodológica que entiende a los noventa como una década compleja, efusiva y de diversas exploraciones tanto política como activista.

En ese sentido, la propuesta de nuestra investigación, que se traduce en este artículo, parte de la premisa de entendernos como sujetos de conocimiento, con posicionamientos ideológicos y estéticos, que distan de la ficción de investigadores neutrales. Apasionados por nuestro objeto de estudio, tomamos una actitud activa al momento de reconstruir los mecanismos a partir de los cuales el archivo LGBT, en este caso, en base a la revista NX, es también producto de nuestras tareas investigativas. En términos estéticos, optamos por un estilo de redacción que recupera detalles de la acción que reflejan esos rastros efímeros de los que hablan Cvetkovich (2018) y Muñoz (2020). Posicionarnos de este modo en términos políticos y epistemológicos refuerza la estrategia argumentativa de un texto en el que el objeto de estudio y el sujeto se entremezclan y, performativamente, se co-producen.

Sostenemos, entonces, que la NX cumple con las premisas de los archivos LGBT. Son publicaciones co-creadas en un ámbito de militancia, aunque lo trascienden. Son piezas que no se encuentran dentro de las formas de la memoria oficial. Son guardadas, donadas y coleccionadas, tal vez en algún closet y en algún acervo privado. Sobre ellas se reflejan no solo una historia política, social y cultural sino también una de afectos y sentimientos (Cvetkovich, 2018). Pero el punto que vuelve más interesante el estudio de la NX yace en que es una publicación que apunta principalmente al colectivo gay (y después LGBT), intentando estabilizar mundos plurales de sociabilidad, de erotismo, de cultura y de política (muchas veces contradictorios) que habitaron la década de los noventa.

3. Con voz propia: las publicaciones LGBT y el éxito de la NX

Las revistas NX no fueron las primeras –ni únicas– publicaciones de la comunidad LGBT en Argentina. Por el contrario, podría decirse que las revistas retoman prácticas editoriales de publicaciones anteriores. En este sentido, las revistas NX se circunscriben a un marco cultural en donde, en primer lugar, el artefacto revista ya era un objeto cultural de consumo masivo. En la segunda mitad del siglo XX las revistas han ocupado un lugar central como medio de comunicación y difusión, bastante aclamado y aceptado dentro de la sociedad, en especial en el plano político-partidario. En esta última línea podemos nombrar a la revista Descamisados,de la agrupación Montoneros que, entre otras publicaciones, estudia Daniela Slipak (2015) o las revistas femeninas que analiza Isabella Cosse (2010).

Centrándonos en las publicaciones LGTB podemos encontrar la revista Somos, creada por el Frente de Liberación Homosexual y editada entre 1973 y 1976. Esta publicación ha sido extensamente estudiada (Klocker y Wild, 2018; Insausti, 2016; Simonetto, 2017). También encontramos la revista Sodoma, una publicación que contó con dos números entre 1984 y 1985, de la editorial del Grupo de Acción Gay. Cuello y Lemus (2016) analizan esta publicación y observan las prácticas poéticos-políticas del Grupo de Acción Gay a partir de examinar sus notas y otro tipo de textos. Dentro del activismo lésbico, y por los mismos años de la creación de Somos y Sodoma, nos encontramos con los Cuadernos de Existencia Lesbiana. Esta publicación, según Cano (2017), representa una apuesta política interesantísima dentro de la comunidad lésbica, visibilizando la existencia y la forma de pensarse políticamente a sí mismas.

Ya en la década de los años 90, en un escenario marcado por la mayor visibilidad y organización de la comunidad LGBT, es decir, con el surgimiento de nuevas organizaciones activistas, aparece la revista Confidencial. De esta publicación participaba el activista Marcelo Ferreyra, que integraba el grupo Gay por los Derechos Civiles. Sin embargo, Confidencial no llegó a tener muchos números publicados y terminó frecuentando un público muy restringido. Cuando el grupo editorial de esta revista decide discontinuar su publicación, le pasan la posta a un grupo de varones gays que estaba empezando a reunirse con la idea de trazar y ampliar sus redes de contactos. El último número de Confidencial es el primero de Nexo.4 Con el fin de continuar con su espíritu de mediador, esta nueva revista buscaba crear vínculos entre las personas, es decir, oficiar de nexo. De allí toma su primer nombre, que bautizará a la organización civil que se creó en torno a ello y que aún hoy continúa existiendo, aunque con otros miembros.

Ahora bien, cabe preguntarse, ¿qué particularidades tiene esta revista? Una primera respuesta a este interrogante se relaciona con que se trató de una publicación de gays para gays. Como bien se promocionaría a los años: se trataba de un periodismo gay para todos. En términos históricos, este tipo de propuesta se relaciona con lo que Meccia (2021) denomina régimen de la gaycidad. A diferencia de lo acontecido en la era anterior, la de la homosexualidad, en la gaycidad se abrían nuevas oportunidades biográficas para aquellas personas que construían su identidad en base a la orientación sexual. En contraste con la homosexualidad, la gaycidad brindaba nuevos espacios de socialización. Las fiestas clandestinas dejaban paso a los encuentros en bares y boliches que configuraron el ambiente (Sívori, 2005). Al mismo tiempo, comenzaron a existir resortes institucionales para que los gays hablaran de sí mismos en primera persona y no a partir de las voces de otros, como médicos, policías, jueces, etc. La NX fue una instancia en la que los gays escribieron sobre sí mismos con voz propia.

Sin embargo, como mencionamos, no fue la primera vez que, siguiendo la distinción de Meccia (2021), los otrora homosexuales ahora devenidos gays se embarcaron en una publicación para presentarse a la sociedad, contar su vida, compartir sus experiencias y enunciar sus demandas. La diferencia radica en que las publicaciones habían tendido a ser el órgano de difusión de una agrupación activista, como lo fue Somos para el caso del Frente de Liberación Homosexual. O, más cercano en el tiempo, como Confidencial era el espacio en el que escribía un grupo de activistas de diferentes organizaciones. La NX ha sido, sin duda, política. Pero, al mismo tiempo, nunca fue solo eso. Su contenido nos permite rastrear discusiones sobre el presente y futuro del movimiento gay en particular y LGBT en general. También nos permite reconstruir las demandas hacia los diferentes actores del sistema político, como las preguntas que les enviaban a candidatos y candidatas de diferentes partidos de cara a distintas elecciones. No obstante, la revista ofrecía mucho más que discusiones políticas, elucubraciones conceptuales y sesudas definiciones teóricas. A eso había que sumarle la cada vez más abultada agenda de contactos, las producciones fotográficas eróticas y las recomendaciones de shows en bares y boliches.

Lejos de ser una revista poco comprometida con el contexto socio-político, nos atrevemos a pensarla como una publicación comprometida en todos los sentidos con un público que, además de activar políticamente, quería divertirse. Si bien a lo largo de toda su duración la NX fue modificando su estructura y las secciones del, por ejemplo, 94, poco se parecen a las del 98, mantuvo de manera constante la tensión entre seriedad y diversión, entre política y sexo, entre información de calidad y calidez informativa. Una sección que se mantuvo a lo largo de los años fue la de la Agenda de contactos. En los primeros números la encontramos hacia el final de la revista, con apenas unas decenas de avisos en los que algunos varones buscaban a otros para encuentros eróticos, sexuales, amorosos y/o amistosos. Luego, la agenda se emancipó del cuerpo de la revista y devino un suplemento adicional. Hacia el final del período, en los últimos meses de 2001, la agenda volvió a formar parte de una revista que llegó a tener 100 páginas.

A la par que la agenda, que además de contactos, incluía mapas sobre lugares de esparcimiento, ocio y diversión y recomendaciones de shows de transformismo, estripers y obras de teatro, otro suplemento cobró notoriedad. Se trata de NX Positivo. Allí, los médicos que formaban parte del equipo editorial, quienes a su vez tenían a cargo Nexo Salud, escribían notas sobre el VIH/sida. En estas notas encontramos recomendaciones de nuevos tratamientos antirretrovirales, sugerencias de cuidado en las relaciones sexuales y consejos sobre dónde poder atenderse con profesionales de la salud que respetaran las diferentes orientaciones sexuales. En otras palabras, NX Positivo fue un suplemento que, desde una voz experta, amigable y “similar”, brindaba recomendaciones, consejos e información sobre el VIH/sida. Este suplemento, sin embargo, no siempre existió como tal: a veces fue un puñado de notas perdidas dentro de un número de la revista y en otras, un segmento más, como una sección, dentro de la misma revista.

Si pensáramos la agenda como indicador del interés en la diversión y el contenido sobre VIH/sida como indicador de la seriedad de la revista, observamos que la NX se mantuvo de manera constante balanceándose en ese binomio. Como dijeron algunos miembros del grupo editorial que entrevistamos, se trataba de la tensión entre hedonismo y seriedad. Para nosotros, esa fue una de las claves de su éxito. El compromiso de la revista para con los mundos gays que se estaban consolidando hacia los 90 implicaba tomar en consideración que a los lectores no solo les interesaba una cosa o la otra, sino todo lo que se encontraba enmarcado en los polos de ese continuum.

Podrían decirnos que estamos tan fascinados con la revista que damos por sentado que tuvo éxito. Sin embargo, como ha dicho la vedette y ex cantante argentina, Marixa Balli, el éxito no se puede tapar. El suceso se observa a partir de la cantidad de números que publicaron, 97, de manera mensual de octubre de 1993 a diciembre de 2001.5 Uno de los editores de la revista nos comentó que llegó a tener una tirada de 30.000 ejemplares que, además, se vendía en diferentes países de la región (tal como indica el valor monetario en los países mencionados en algunas de sus tapas).

En palabras de Marcelo Ferreyra en una entrevista grupal que brindó en nuestras periódicas reuniones del proyecto de investigación, el éxito, además, se debió a la posibilidad de consolidar un ghetto gay. A diferencia de lo que sucedía en Chueca (en Madrid) o en El Castro (en San Francisco), en Buenos Aires no existía un barrio gay, aunque sí un epicentro (la zona de la famosa esquina de las avenidas Santa Fe y Pueyrredón). El ghetto, siguiendo a Ferreyra, se consolidaría no en base a un anclaje espacial-barrial sino editorial. Como nos gusta decir a nosotros, el éxito de la NX se basó en su potencialidad para estabilizar aquello que dimos en llamar los mundos gays. Dicha conceptualización, sin embargo, no se dio en el aire. Fue, en cambio, producto de diferentes mediaciones que, como veremos, iluminan algunas de las prácticas archivísticas sobre las que versa este artículo. Comencemos a ver cómo encontramos la revista o cómo ella llegó a nosotros.

4. Prácticas archivísticas 1: cómo llegamos al estudio de la revista

Un día de julio de 2021, todavía en pandemia, uno de los autores de este artículo (Maxi) recibió un llamado telefónico de un amigo, Pablo. Luego del amiga con el que habitualmente se saludan, Pablo le comentó que había recibido una donación del marido de un amigo. Como se estaban mudando, debían deshacerse de cosas que tenían en el departamento para hacer espacio, temían que en el nuevo hogar no entraran todas sus pertenencias. De entre las cosas que se estaban deshaciendo, había una pila de revistas NX. El marido del amigo, Darío, le dijo a Pablo: “Por ahí a vos te interesan, son unas revistas gays viejas”. Pablo, medio acumuladora como es, le respondió: “Sí, obviamente”. Cuando las empezó a ojear, se dio cuenta de que las revistas eran muy interesantes y tenían un contenido variado. Luego de que Pablo relatara cómo había recibido las revistas, le preguntó a Maxi si se le ocurría algo para hacer. A partir de entonces, empezaron a juntarse con Cristian (el otro autor de este texto) para pergeñar un proyecto de investigación.

Decidimos, entonces, darle forma a una propuesta que permitiera estudiar la sociabilidad, la política y la cultura gay de los años 90. Acordamos que ninguna de las categorías colectivas que hasta el momento se habían utilizado para referir al conjunto de prácticas que mantienen los varones gays resultaba del todo adecuada para abordar un estudio que reflejara la pluralidad de actividades que la revista aunaba. Suponiendo que existieran, la NX no sintetizaba ni al colectivo gay, ni al ambiente gay, ni mucho menos a la cultura gay. Fue así que llegamos a inspirarnos en Becker (2008) y sus mundos del arte para examinar la multiplicidad y heterogeneidad de acciones que la revista introducía. Becker (2008) entiende que el trabajo artístico es producto de la articulación y cooperación entre redes de agentes que convergen para que una obra de arte exista como tal. Algo similar pensamos con respecto a la idea de mundos gays. Como nos deja ver la revista, había una multiplicidad de prácticas dispersas y heterogéneas que se llevaron a cabo durante el período: de la organización de espacios activistas a la proliferación de bares y boliches; de espacios culturales a publicidades de profesionales gays que ofrecían sus servicios a otros gays. El meollo de la cuestión era que había mucha gente que seguro no participaba de cada una de las actividades ni de todos estos circuitos. Pero, sin embargo, formaban parte de los mundos gays.

El mejor modo de ejemplificar este último punto radica en la noción de ambiente (Sívori, 2005), que se ha utilizado para designar al circuito de espacios de ocio y recreación, públicos y privados, en los que se pone en acto el homoerotismo. Como nos gusta tomar en serio a los actores, dimos en pensar el cero ambiente6 no a partir de una lógica de sospecha –como homosexuales tapados– ni aires de distinción. Pensamos que, sea por el motivo que fuere, había personas que no frecuentaban el ambiente, pero ello no implicaba que no estuvieran contenidos en los diferentes espacios y ámbitos que conformaban los mundos gays. De allí que, con estas ideas en mente, escribimos una propuesta para aplicar a un subsidio de investigación, financiamiento que obtuvimos y nos permitió armar un equipo de trabajo que, a las tres fundadoras, se sumaron más y más adeptos/as. Se trata de un grupo heterogéneo y plural en muchos aspectos. A saber, en términos de identidades sexo-genéricas (gays, lesbianas, trans, no binaries y cis-heterosexuales), etarios (de los tempranos veinte a pasados los cincuenta), grados de avance en estudios y formación (estudiantes de grado, maestría y doctorado, investigadores postdoctorales y otros ya formados), disciplinarios (sociología, antropología, historia, ciencia política, comunicación, arquitectura, letras, entre otras) y geográficos (la mayoría reside en el AMBA, mientras que otros integrantes lo hacen en Mar del Plata, Córdoba y hasta en otros países).

Desde 2023, de manera quincenal nos reunimos los viernes de 16 a 18 horas para llevar a cabo este proyecto de investigación. En él, hemos ido desarrollando diferentes actividades. Entre ellas, se encuentra la realización de entrevistas al grupo editorial de la revista y a quienes fueron lectores al momento de su publicación.7 En una especie de volver a los inicios, entrevistamos a Darío,quien donó las revistas, para recuperar su experiencia como lector. Proponemos repasar brevemente su historia para dar cuenta de la centralidad de las mediaciones, entre las que se encuentran las prácticas archivísticas, que nos han permitido llevar a cabo este proyecto.

Hacia principios de noviembre de 2024 entrevistamos a Arturo, el amigo de Pablo, que, a sus 54 años, recuerda con lujo de detalles cómo era ser gay en los años 90 y, entre esas cosas, haber leído la revista NX. Mientras conversábamos, Darío entró al departamento que comparten en el barrio de San Telmo y, para no interrumpir en la entrevista, se fue a otra habitación. Cuando terminamos la grabación, Arturo le pidió a Darío que viniera al comedor así charlábamos todos juntos. Fue ahí que Darío recordó que, en su juventud, viviendo en una provincia, alejado de la Ciudad de Buenos Aires (epicentro de la publicación y su sociabilidad), viajaba a Buenos Aires de manera regular y, ni bien ponía un pie en la ciudad, una de las primeras cosas que hacía era acercarse a un kiosco de revistas para comprar la NX. “Tenía que comprarla acá porque a Córdoba no llegaba”, se lamentaba. De su experiencia como lector recuerda una nota en la que una psicóloga explicaba que la homosexualidad no era ningún tipo de trastorno ni perversión. Un Darío de veintipico de años, estudiante de psicología, no podía sino sorprenderse por una nota del estilo. Esta psicoanalista discutía con lo que a él le enseñaban en la facultad. Esa nota le dio vueltas por la cabeza por años.

En las entrevistas buscábamos este tipo de experiencias: recuerdos de notas o algún otro tipo de contenido de la revista que perduraran hasta la actualidad. Fue así que le propusimos a Darío hacer una entrevista como lector. Además, gracias al trabajo de catalogación de las revistas que veníamos haciendo, pudimos identificar la nota en cuestión y le enviamos una captura de pantalla.

En la última semana de noviembre volvimos a ir al departamento que comparten Darío y Arturo, pero esta vez para entrevistar al primero. Mate y facturas de por medio, Darío relató su historia con la NX. De aquellos recuerdos como lector en los años 90, enfatiza cómo la revista le permitió empezar a acercarse a una comunidad, gay, que no encontraba en su ciudad natal. Fue tal el apego (Cvetkovich, 2018) que Darío generó con la revista que, luego de regresar a Argentina tras haber realizado estudios de posgrado en el exterior, se acercó a la Asociación Civil Nexo y les dijo: “Quiero trabajar acá”. Como nos explicó, se sintió tan agradecido por lo que la NX fue en su momento que quería devolver algode aquella experiencia. Así comenzó a trabajar como psicólogo y allí conoció a varias personas. La mayoría de ellas se habían integrado mucho después de que la revista hubiera sido publicada. Pero otros, no. Un día Enrique (Tagliafico)8 llevó muchos ejemplares de las revistas a la sede de Nexo ya que no le entraban más en su casa. Darío, ávido por volver a tocarlas, se llevó un par. Con el correr de los días, Darío se dio cuenta de que ese Enrique era el mismo que firmaba disparatadas notas de humor y sexo como Kika. Darío no podía creerlo: recordaba con mucha gracia las locuras de Kika en la NX.

A partir de este relato proponemos detenernos en las diferentes mediaciones que han servido para que Mundos Gays 90 pudiera existir como tal. Recordemos que éstas no son mero condicionamiento, sino que son co-productoras del curso de la acción. Examinemos en particular aquellas mediaciones referidas a las prácticas archivísticas. Como sostiene Cvetkovich (2018), la dimensión afectiva es fundamental para la consolidación de los archivos queer o LGBT. Fue así que Darío, por el hito que la revista NX había sido en su vida, decidió acercarse a la institución que la produjo. Allí conoció a Enrique, un integrante del equipo editorial que, además, fue autor de notas que a Darío le divertían muchísimo. Cuando Enrique donó las revistas, que ya no podía mantener en su casa, Darío separó varias para llevarse consigo. Las guardó y atesoró por un tiempo, hasta que tampoco pudo quedárselas y las donó, a un amigo de su marido, quien seguramente sabría qué hacer con ellas. Y eso fue el inicio de una idea que se materializó en un proyecto de investigación.

Nos gustaría pensar estas prácticas archivísticas como formas colectivas y afectivas de la creación y preservación de una memoria, en tanto intentos de generar un acervo propio que contenga la mayor cantidad de, en estos casos, ejemplares de la revista NX. Movidas por el lazo afectivo que se genera con este objeto, se busca armar un archivo lo más grande posible, aunque hay serias limitaciones: no se consiguen todos los ejemplares ni tampoco se cuenta con espacio suficiente para hacerlo. Como veremos más adelante, este último punto es constante para los archivos LGBT que requieren del plano institucional para llegar a generar un archivo sistemático, ordenado y con posibilidades de trazar clasificaciones más exhaustivas. Un ejemplo de esta práctica archivística sistemática es la grilla de catalogación que desarrollamos en el marco de nuestro proyecto de investigación. Pero para poder llegar a ella, fue necesario poder contar con una colección más grande, como la del CeDInCi. Sobre este punto versa el siguiente apartado.

5. Prácticas archivísticas 2: condiciones de posibilidad del estudio de los mundos gays

En febrero de 2023 nos enteramos de que nuestro proyecto había sido seleccionado para recibir financiamiento con el fin de llevar a cabo la investigación. Como mencionamos anteriormente, desde un principio nos propusimos hacer un análisis sistemático de las revistas y, para ello, debíamos contar con la colección de revistas en su totalidad. Comenzamos, entonces, a buscar cómo acceder al archivo completo con el objetivo de, eventualmente, digitalizarlo. Necesitábamos contar con el archivo online ya que algunes integrantes del proyecto no viven en el Área Metropolitana de Buenos Aires adonde se encuentran los archivos para ser consultados de manera presencial.9

Durante los primeros meses de 2023, desconocíamos que la colección de revistas se encontraba de manera completa en CeDinCi. De hecho, tres integrantes del proyecto –las tres mujeres y jóvenes estudiantes de licenciatura– fueron a la Biblioteca Nacional a consultar las revistas NX con el fin de aproximarse a su estudio, pero también para sacarles fotos y compartirlas con el resto del equipo. Por algún motivo legal, referido a la cantidad de años que tenían las revistas y problemas de Copyright, los empleados de la Biblioteca Nacional retaron a esas personas y les prohibieron que tomaran fotos. Aquí podemos señalar brevemente que las instituciones oficiales que resguardan archivos no siempre garantizan la consulta del modo en que quienes van a consultar requieren. En otras palabras, no consideramos que sea su culpa, pero el componente del Estado como guardián de la memoria va a ser clave en la decisión que tomó Marcelo Ferreyra para llevar su archivo a CeDinCi.

Cuando nos enteramos, o, mejor dicho, confirmamos el rumor que habíamos escuchado de que Marcelo Ferreyra había donado todo su archivo a CeDinCi, enseguida les escribimos a sus responsables para saber cómo podíamos hacer para consultar la colección completa de la revista NX. Tal como Marcelo le había comentado a uno de los autores de este texto (Cristian), no solo la colección estaba entera, sino que además estaba íntegramente digitalizada. Los criterios que buscábamos sobre la colección (completitud y disponibilidad online) estaban satisfechos. Esto nos iba a permitir dedicarnos de lleno al estudio de la revista. La digitalización, sin embargo, no estaba disponible para el público en general. De hecho, debimos suscribirnos al CeDinCi para poder contar, durante un año, con una membresía colectiva que nos habilitaba a la consulta online de estas revistas. Cumplido ese paso, nos enviaron un archivo de Excel en el que se listaban todos los números de la revista NX. Luego, nos enviaron un archivo similar con los suplementos que fueron publicándose y acompañaban a la revista (como NX Positivo o la Agenda, entre otros).

Ya con todo el material disponible pudimos comenzar una de las primeras actividades de nuestro proyecto: el diseño de una grilla de catalogación que nos serviría para sistematizar todos y cada uno de los números de la publicación. La grilla buscaba servir como índice, más o menos comentado, de los contenidos de cada ejemplar. Pensábamos que, de ese modo, a quien le interesara estudiar un tema, como el deporte, no necesitaría ir a cada número para buscarlo. Al contrario, acceder a esta grilla serviría como paso previo para ir a buscar ese tema, el deporte, en los números en que apareciera. Al mismo tiempo, catalogar un número de la revista era un modo con el cual quienes integran el grupo podían leer ese ejemplar en su totalidad para conocerlo de la manera más completa posible. En otras palabras, era una forma de que cada integrante del proyecto se acercara lo más posible al objeto de estudio que, en la mayoría de los casos, conoció recién a partir del proyecto.

No queremos detenernos aquí en qué contenía la grilla de catalogación, pero sí en pensarla como una práctica archivística sistemática. Siguiendo la crítica de Tello (2018) sobre el reduccionismo crononormativo, que se agotaría en el año y mes de publicación, podríamos afirmar que la grilla es otra manera de leer ese archivo. Es decir, a partir de ella, o en diálogo constante con la grilla, nos proponíamos resumir el contenido de la revista para luego servir de guía a quienes se interesaran en su análisis. La grilla es una mediación en que lectores más o menos legos les facilitan a lectores con una mirada más agudizada el contenido de la revista. Llegar a la versión final de la grilla que utilizamos nos llevó meses, ya que debimos estandarizar procesos y, sobre todo, definir qué era lo importante para los objetivos de nuestro proyecto. En ese sentido, lo importante fue más resultado de un diálogo que un punto de partida, en tanto que lo fuimos construyendo a medida que probábamos las diferentes versiones de las grillas de catalogación.

Esta práctica archivística nos permitió, como grupo, conocer mejor el contenido de la revista de manera colectiva. De ese modo, en nuestras reuniones de equipo, cuando alguien comentaba que se interesaba por un tema específico, otras personas respondían que había algo similar en tal o cual número que habían catalogado. La grilla, como dispositivo, nos permitió avanzar en la formulación de hipótesis de trabajo que seguimos re-elaborando.

Un segundo momento del proyecto consistió en hacer entrevistas en profundidad tanto a lectores como a quienes formaron parte del grupo editorial. Para ello, antes de comenzar con el trabajo de campo propiamente dicho, decidimos hacer entrevistas grupales a dos invitados que se sumaron a nuestras reuniones de viernes por la tarde. Uno de los entrevistados fue Marcelo Ferreyra. Se trata de una entrevista colectiva en tanto que el entrevistado conversaba con quienes integramos el proyecto, respondiendo con amabilidad, precisión e intentos de rememoración, cada una de las preguntas que le lanzábamos. ¡Después de haber venido leyendo la revista por casi dos años, charlar con alguien que había estado en su génesis era anhelado!

Tal como nos contó él mismo, Marcelo Ferreyra, este activista y arquitecto que es clave en la historia reciente de los movimientos de diversidad sexual y de género del país, comenzó su militancia allá por los años 80. Dio sus primeros pasos en la Comunidad Homosexual Argentina, la CHA, para luego sumarse a Gays por los Derechos Civiles (Gays DC), organización que había fundado Carlos Jáuregui tras su distanciamiento de la CHA (Bellucci, 2010). Como mencionamos, con un grupo de activistas de otras organizaciones, durante algunos meses del 92 y 93 llevaron adelante la publicación de la revista Confidencial. Luego, le pasarían la posta de la publicación de la revista a un grupo que se estaba formando, Nexo, que tenía un perfil que trascendía el activismo. Marcelo, entonces, fue protagonista de los inicios de la NX, a la que luego, desde su perfil activista criticaría, pero en la que también colaboraría escribiendo notas. En paralelo, además, utilizaría el canal abierto por la misma revista para publicitar su trabajo de arquitecto y así conseguir clientes.

De todos modos, lo que más nos interesa de la historia de Marcelo con la NX para los fines de este texto se vincula con sus prácticas archivísticas. En su temprana militancia, allá por los años 80 en la CHA, aprendió que era necesario guardar todo lo que se pudiera: desde diarios y revistas de tirada masiva adonde se hablara de las diversidades sexo-genéricas, hasta grabar los programas de televisión adonde aparecieran sus colegas y amigos activistas. Guardar implicaba atesorar todo: los folletos que convocaban a una marcha, los manifiestos que proponían un programa de acción y las revistas que los miembros de la comunidad escribían, como la NX. Marcelo, durante años, fue guardando.

Sin embargo, la construcción de su archivo no es una empresa individual. Recuerda cuando, ya por fuera de la CHA a mitad de los años ‘90, recibe una donación del archivo de esta organización. Marcelo no compraba la NX, sino que se la daban los mismos integrantes del Grupo Nexo. Trató, sí, de guardar todos y cada uno de los números. Está seguro de que cada número de la NX que llegaba a sus manos iba a parar a su archivo. No obstante, cuando se puso a revisar toda la colección, se dio cuenta de que no estaba completa. Pidiendo los números que le faltaban a otros activistas y miembros del equipo editorial, como a Sergio Maulen o Diego Tedeschi Loisa, logró terminar de completar el acervo de la NX.

Con su afán de guardar cosas, en un momento tuvo que llevar todo su archivo a la casa de sus padres para depositarlos en un altillo. A medida que pasaba el tiempo, se fue dando cuenta de que era necesario que este acervo estuviera disponible para el colectivo en general para poder consultarlo de manera sencilla. Marcelo quería devolver el archivo a la comunidad LGBT. La pregunta era adónde.

Marcelo repone una discusión con otro activista que le decía que los archivos los tiene que tener el Estado. Él no estaba tan seguro de ello y el tiempo, dice, le dio la razón. Fue así que decidió donar la colección de revistas de la NX a CeDinCi, un centro de documentación de las izquierdas, que tiene una larga trayectoria en el país en términos de archivos subversivos. Ahí conformaron el programa Sexo y Revolución, sobre memorias políticas feministas y sexo-genéricas, y las NX forman parte de este programa. Antes de donar todo, Marcelo tenía una condición: que estuviera todo digitalizado para garantizar el acceso a cualquier persona (incluido él) al archivo en cualquier momento y lugar. Así se hizo.

A lo largo de este apartado nos detuvimos en dos momentos de prácticas archivísticas sistemáticas. Primero, la grilla de catalogación que hicimos desde el mismo proyecto. Segundo, la consolidación del archivo completo de Marcelo Ferreyra que donó a CeDinCi y a partir del cual podemos llevar adelante nuestro proyecto. A diferencia de las primeras prácticas que observamos, en esta el espíritu es la concreción de una totalidad y su posibilidad de socialización. Desde sus inicios, estas prácticas están pensadas para socializar el conocimiento y acercarlo a otras personas, en base al ordenamiento sistemático de los elementos que conforman el archivo. Este carácter sistemático se opone, como veremos en el siguiente apartado, a los intentos más fragmentarios de guardar revistas, intentos que responden más a una memoria afectiva personal.

6. Prácticas archivísticas 3: lo que los lectores conservan

Una vez que avanzamos con el trabajo de sistematización y grillado de los diferentes números de las revistas, iniciamos la segunda fase del proyecto de investigación: la realización de entrevistas en profundidad. ¿A quiénes? Tanto al equipo editorial de la revista como a los lectores. Para alcanzar al primer grupo de entrevistados utilizamos la famosa estrategia de bola de nieve (Marradi, Archenti y Piovani, 2018) a partir de nuestros primeros contactos, como Sergio Maulen o Marcelo Ferreyra. A partir de ellos, apuntamos a llegar a otros entrevistados. Eso sucedió, pero no fue solo un muestreo por bola de nieve, sino también potenciado por nuestro propio archivo online: el perfil de Instagram del proyecto de investigación. Desde que comenzamos este estudio, fuimos conscientes de la importancia que adquieren las redes sociales para difundir las actividades que desarrollan los proyectos y equipos de investigación. A medida que analizábamos los diferentes números de la revista, posteamos en nuestras redes sociales imágenes o notas puntuales que nos fascinaban y extraíamos de cada ejemplar. Eso nos permitió crear un canal de difusión a partir del cual dar a conocer nuestra investigación. Sin saberlo, en base a los pedacitos de revista que escogíamos para subir a nuestras redes, tanto como publicaciones en el feed o como stories, estábamos conformando un archivo virtual. A medida que continuábamos trabajando en la investigación, de a poco, la cantidad de seguidores seguía creciendo.

Hacia septiembre de 2024, una vez que ya habíamos armado la guía de preguntas que les haríamos tanto al grupo editorial como a lectores, publicamos en nuestro Instagram que estábamos buscando personas para entrevistar. Nos sorprendió la cantidad de otrora consumidores de la revista que respondieron a nuestra invitación, incluso agradeciendo la posibilidad de conversar sobre algo que para ellos había sido tan importante en aquel período.

Arturo, el amigo de Pablo y marido del mismo Darío que nos donó las revistas, se contactó con nosotros para participar de las entrevistas luego de haber visto el posteo en Instagram. Coordinamos con él para hacer nuestro encuentro en su casa, en el barrio porteño de San Telmo. Entre las preguntas que formulábamos a los lectores se encontraban aquellas sobre el proceso de compra y guardado de las revistas. Arturo nos comentó algo que otros entrevistados también decían: una vez que tenían los ejemplares en sus manos, no solían estar a la vista de todo el mundo en sus casas. Podría darse el caso de que alguien ya estuviera fuera del closet y se atreviera a dejarlas ahí a mano, para que cualquier persona las consultara. Pero este no era el caso de Arturo. Sí las dejaba a la vista cuando en el departamento que alquilaba por el barrio de Recoleta, cerca de la icónica esquina de Santa Fe y Pueyrredón, lo visitaban sus amigos gays. Pero se aseguraba de que las revistas estuvieran escondidas cuando quienes iban a su casa eran su mamá o sus hermanos. Por eso, decidía mantenerlas guardada en el armario, debajo de los pulóveres. Ese armario en el que todavía estaba a medias, pues ya algunas personas sabían que era gay, también albergaba las NX. Incluso cuando su familia ya conocía su orientación sexual, prefería que estos ejemplares, que daban cuenta o ejemplificaban su gaycidad, permanecieran en el closet.

Del mismo modo que Arturo, otros entrevistados nos contaron que preferían guardar las revistas y, eventualmente, cuando iban sus amigos, mostrarlas, compartirlas y colectivizar su lectura. En otros casos, el lugar escogido para esconder las revistas era bajo el colchón, como recrea el documental Alta Pluma (Araujo, 2020). Sin embargo, hubo otros entrevistados que decidieron dejar a la vista las NX para facilitar su proceso de salida del closet. De ese modo, casi como por accidente, se dejaba en evidencia su orientación sexual a partir del consumo de un ítem gay. Sea como fuere el caso, nos encontramos aquí con prácticas archivísticas fragmentarias, referidas a la conservación de ese material durante el momento de consumo de la revista. Esconderlas, y así esconder parte de su gaycidad, era un modo de archivar. Pero existen otros modos de practicar el archivo, ya lejano en el tiempo presente de producción y circulación de estas revistas.

También a partir del posteo de Instagram nos contactamos con José, un periodista y docente de 51 años que en los años ‘90 vivía en la zona sur del conurbano bonaerense. Cuando llegó a la entrevista que hicimos en un bar sobre la famosa Avenida de Mayo (CABA), cerca de donde reside actualmente, no vino solo: trajo algunos ejemplares de la NX. Algo que nos llamó la atención fue el excelente estado de conservación de los números que guardaba. Daba la sensación de que los preservaba como quien guarda un objeto valioso, algo así como un tesoro. Al final de la entrevista, cuando le preguntamos sobre el significado de la revista se emocionó y agradeció la posibilidad de contar su historia. Como dijo José, la historia de la NX y la suya iban en paralelo. Se lamentó por haber perdido algunos números en las diferentes mudanzas que había hecho a lo largo de su vida. Algo similar le pasó a otro entrevistado que nos contó que las revistas no sobrevivieron a la división de bienes cuando se separó de su ex, quien se quedó con las NX. Más allá de haber perdido algunos ejemplares, en estos testimonios vemos cómo conservar las revistas con el paso de los años remite a una práctica archivística sentida, guiada por la vinculación afectiva con esos retazos de historia. Por eso, sería más adecuado decir que cuando José vino a la entrevista, no vino solo: trajo las revistas y, con ellas, un pedazo de su historia afectiva.

No obstante, la conservación puede darse de manera incluso más fragmentaria, pero no por ello menos sentidas. El mismo Darío que nos donó las revistas nos puso en contacto con Andrés, un gerente de planta en una empresa automotriz que vivió casi toda su vida en la zona norte del conurbano bonaerense. Este Andrés, de casi 50 años, llegó a la entrevista en un bar cerca de la zona del Congreso de la Nación (CABA) con una carpetita marrón, esa que tiene elásticos en las esquinas. Cuando comenzamos a charlar sobre la NX y le mostramos los números que habíamos llevado, Andrés, orgulloso, sacó de su carpetita los fragmentos de la revista que había guardado. Eran recortes de notas que le habían gustado, algunas que les parecían graciosas y remitían a chistes, otras más serias. En pos de una economía del espacio, Andrés decidió conservar estos fragmentos y no las revistas en su totalidad: eran muy largas y se necesitaba más lugar para guardarlas. La carpetita de Andrés nos permite ver una práctica archivística que implica curaduría y selección del material a conservar.

Como en el caso de Andrés, lo que se guarda tiene alguna importancia para quien lo conserva. Su carpeta era personal y, con amabilidad nos la mostró. Pero hay otros fragmentos que circulan de manera diferente. A la par de la cuenta de Instagram, también hicimos una de Twitter. En ella posteamos diferentes recortes, como una tapa sobre El voto gay no se regala. A propósito de las elecciones presidenciales de octubre de 2023, un usuario con muchos seguidores publicó la misma foto –creemos que la tomó prestada sin avisarnos–. Su posteo circuló mucho más que los nuestros, pues tiene una gran cantidad de seguidores. Ni lentas ni perezosas, comentamos el posteo indicando nuestro proyecto de investigación y vimos el comentario de un usuario que había sido modelo de la NX. Lo contactamos y luego coordinamos una entrevista. Como nos comentó en ese encuentro, él guarda la revista que lo tuvo como modelo de tapa. Esto nos permite reflexionar sobre la circulación de los archivos fragmentarios que vamos haciendo, en especial a partir de su conservación digital en redes sociales.

Dicha circulación, por último, nos permite observar cómo el archivo es clave para hacer otras cosas. Por Instagram nos contactó también Octavio, un artista de 44 años, que reside en CABA. En esa entrevista virtual, fue tajante sobre la centralidad que tuvo la revista para su salida del closet, en tanto que para fines de los años 90 aún se consideraba homófobo. La NX no solo estuvo presente durante su juventud y mientras daba sus primeros pasos en el ambiente gay, sino que también fue protagonista de una obra reciente. En la muestra, había combinado tapas de la revista junto con las puertas de una reconocida tetera10 de Buenos Aires. También recortó fragmentos que incorporó en las distintas piezas que compusieron esta instalación. A partir de Octavio podemos ver cómo las prácticas archivísticas, inspiradas en memorias afectivas, son cruciales para el desarrollo de otras cosas.

A lo largo de esta sección pudimos reconstruir una tercera forma de las prácticas archivísticas: a partir de su carácter fragmentario en torno a modulaciones afectivas que se producen con esos elementos. Como estudiosos de la revista, cuando algún fragmento nos pareció movilizante, lo incorporamos en un archivo virtual en nuestras redes sociales. Ese archivo nos permitió acceder a otros lectores y conectarnos no solo con sus prácticas de lectura, sino también archivísticas: desde cómo guardaban las revistas durante su presente de circulación a cómo conservan hoy algunos ejemplares o fragmentos de éstos. A su vez, del mismo modo en que nuestro archivo virtual circula y se conecta con otros, llegamos a ver cómo ese archivo ha servido para crear otras cosas, como una muestra de arte o, como mencionamos en la introducción, un libro. Mientras que en las primeras prácticas archivísticas que analizamos en las secciones anteriores, la sistematización y completitud del archivo era un objetivo, en estas prácticas prima lo afectivo que, como sostienen Cvetkovich (2018) y Muñoz (2020), adquieren carácter efímero, difuso y fragmentario.

Conclusión: mundos gays en acción, o el archivo como estabilización

En este artículo propusimos reflexionar sobre los archivos LGBT, en especial en sus condiciones de posibilidad a partir de diferentes mediaciones (Latour, 2008) que identificamos en torno a las prácticas archivísticas. Para ello nos detuvimos en el caso de estudio de las revistas argentinas NX, eje de un proyecto de investigación en curso (Mundos Gays 90’) del que formamos parte. Al hacerlo, pudimos establecer algunas definiciones sobre el campo de estudios de los archivos LGBT que se enmarcan dentro del giro que hicieron las ciencias sociales sobre el archivo en tanto objeto de estudio y sus constituciones epistemológicas. Como consideración central, advertimos que los archivos LGBT están compuestos por arcontes de militantes y personas particulares que guardan objetos de diferente índole, que además tienen un valor afectivo, con el fin de recuperar un pasado y una parte de la historia de su sexualidad e identidad.

A lo largo del desarrollo del artículo describimos las diferentes prácticas archivísticas en paralelo a cómo íbamos dando con ellas mientras avanzábamos con el desarrollo de nuestras actividades en el marco de este proyecto de investigación colectivo. Las primeras prácticas archivísticas remiten a intentos particulares, pero fallidos, de conformar un acervo completo. Fue gracias a esos esfuerzos fragmentarios, interpersonales, que comenzamos a pergeñar el estudio de las revistas NX. Las segundas prácticas archivísticas remiten a la concreción de avanzar en la completitud de ese archivo que permite su análisis sistemático y socialización. Esas prácticas archivísticas fueron las que lograron componer un acervo completo de todos los números de esta publicación, crucial para el desarrollo de una grilla de catalogación colectiva. Finalmente, luego de la sistematización, dimos con la fragmentación dispar de intentos de guardar algún que otro número y/o recorte de la revista. Estas prácticas archivísticas, similares a las que hacemos en nuestras redes sociales, están marcadas por el componente afectivo de la conservación de una memoria personal. Vale aclarar que la distinción propuesta responde a fines conceptuales que distinguen los objetivos de cada una de estas acciones. En el plano empírico, es posible que de un tipo de práctica archivística se pase a otras.

Sea como fuere, se trata de intentos fragmentarios, difusos y más o menos efímeros de constituir un retazo de una historia mayor. Algo similar sucede con nuestro proyecto, Mundos Gays ‘90, que de manera constante se va construyendo como grupalidad al calor de la lectura de una revista que marcó un hito en la historia de la sociabilidad, política y cultura gay de los últimos años del siglo XX. Este artículo se convierte en una pieza de una construcción colectiva mayor, del mismo modo que las notas de la revista NX produjeron un colectivo y un archivo. Al mismo tiempo que contribuye a la creación de un archivo, nuestro proyecto busca reconstruir los modos en que se estabilizan los mundos gays de los años 90. Dicha estabilización es producto, a la vez que produce, la revista NX que, lejos de haber sido una simple publicación, devino una pieza clave de la historia gay reciente. Una pieza que, como vimos, más de uno se propuso conservar.

Roles de colaboración

Escritura, revisión y edición: Cristian Darouiche y Maximiliano Marentes.

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Notas

1 Mercado Libre es un reconocido sitio web de compra-venta argentino que aglutina diferentes empresas como así también particulares que desean vender sus productos y/o servicios.
2 La frase hace referencia a la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, quien afirmaba que el crecimiento económico durante su gobierno “no fue magia”, sino producto de decisiones políticas.
3 Nos estamos refiriendo al acervo del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierda (CeDInCI). En este centro existe un catálogo llamado “Sexo y Revolución” del Programa de Memorias Políticas Feministas y Sexo-Génericas, dirigido por Laura Fernández Cordero.
5 Sin embargo, en los meses de mayo de 1994 y 1996 la revista no fue publicada.
6 Esta frase solía ser utilizada en los años noventa y dos mil por aquellas personas que no frecuentaban espacios de sociabilidad gay. Sin embargo, hasta ahora es posible escucharla por algunas personas que además no asisten a marchas del orgullo y/o no tienen amigxs LGBT, ni militan en espacios de diversidad.
7 Todos los lectores entrevistados, como también los miembros del equipo editorial son varones. Por otro lado, aclaramos que los nombres de los lectores entrevistados son ficticios a fin de preservar el anonimato.
8 Miembro del equipo editorial.
9 Usamos la “e” para agrupar a diferentes identidades de género que integran el proyecto.
10 Las teteras refieren a baños públicos donde los gays pueden tener encuentros sexuales ocasionales. Estos espacios eran muy comunes y concurridos en los años noventa. Aún en la actualidad existen, pero en menor intensidad.


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