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Recepción: 24 noviembre 2024
Aprobación: 02 febrero 2025

Resumen:
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El Pacto Educativo Global (PEG), propuesto por el papa Francisco desde 2019, puede convertirse en un espacio propicio para el trabajo de la pastoral universitaria. La diversidad y la pluriculturalidad de las instituciones de nivel superior, especialmente en el contexto latinoamericano, sus redes de trabajo existentes, y su ser particular dentro de la Iglesia Católica, pueden resignificar la educación al servicio, en las líneas propuestas por ese Pacto. Nos proponemos entonces reconocer cómo la pastoral universitaria aporta en el logro de los objetivos del Pacto Educativo Global, tanto a nivel institucional como en el contexto de América Latina y el Caribe, a través de la articulación y el trabajo colaborativo e interinstitucional de redes.[1]
Palabras clave: Pastoral universitaria; Pacto Educativo Global; Universidades; ODUCAL; Fraternidad; Conversión ecológica; Sinodalidad
Palabras clave: Pastoral universitaria, Pacto Educativo Global, Universidades, ODUCAL, Fraternidad, Conversión ecológica, Sinodalidad.
Abstract: The Global Compact on Education, proposed by Pope Francis since 2019, can become a favorable space for the work of university ministry. The diversity and pluriculturality of higher-level institutions, especially in the Latin American context, their work networks, and their particular being within the Catholic Church, can redefine service education, along the lines proposed by that Compact. We propose here to recognize how university ministry contributes to the achievement of the objectives of the Global Compact on Education, both at the institutional level and in the context of Latin America and the Caribbean, through the articulation and collaborative and inter-institutional work of networks.
Keywords: University Ministry, Global Compact on Education, Universities, ODUCAL, Fraternity, Ecological Conversion, Synodality.
1. Pastoral universitaria
El documento “Pastoral Universitaria en América Latina y El Caribe”, publicado a principios del año 2023 por la Red de Pastoral ODUCAL ofrece un amplio y detallado desarrollo de los conceptos principales para reflexionar sobre la pastoral universitaria. Propone definirla como:
El corazón de la Universidad Católica, en cuanto permea de identidad la estructura universitaria como eje transversal de las funciones sustantivas de la institución. Desde la propuesta del Evangelio y con apertura al diálogo, acompaña los procesos de vida personales y comunitarios, promueve la integración de fe, razón y cultura para la formación integral y el desarrollo profesional de quienes conforman la comunidad, favorece la humanización del conocimiento, y fomenta el ejercicio de la caridad cristiana al servicio de la sociedad».[2]
Y desprende de allí que su objetivo principal es:
«evangelizar el mundo universitario a través del fomento del diálogo entre fe, razón y cultura, el fortalecimiento de la identidad católica y la promoción de espacios de vida espiritual y misionera, para aportar a la formación integral de los miembros de la comunidad universitaria».[3]
Contando con estos presupuestos, proponemos distinguir dos aspectos de la pastoral universitaria que se complementan mutuamente: por un lado, las actividades pastorales que realizan las universidades confesionales y, por otro lado, la concepción de la universidad confesional toda ella como una instancia pastoral de la Iglesia.
1.1. Las actividades pastorales de la universidad
El documento antes citado detalla siete campos de acción de la pastoral universitaria, reconociendo que se desprenden de las diferentes necesidades y realidades que se viven en las comunidades universitarias. A saber:
1.2. La universidad confesional como pastoral de la Iglesia
Siguiendo los estudios históricos del teólogo jesuita John O’Malley,[4] observamos que las universidades medievales, en el origen de la educación universitaria, no podrían llamarse propiamente “católicas” en tanto que no reflejaban una intencionalidad eclesial de propagar la fe, sino que, en todo caso, eran católicas por el contexto cultural cristiano. Sin embargo, algunas de esas universidades medievales comenzaron a reconocerse y construir su identidad desde la vivencia católica, hasta convertirse en verdaderos polos de avance doctrinal en materia de fe, incluso en algunas épocas más que la Sede del Obispo de Roma.
Desde la modernidad es que la Iglesia católica fue tomando conciencia del gran aporte que las universidades confesionales hacían a la propagación de la fe, comprendiendo que ellas eran entonces una forma de pastoral específica. Se diferencia de la pastoral juvenil, la pastoral vocacional, la pastoral parroquial, etc., porque la universidad supone una instancia particular (contextual, intelectual, profesional, etaria, académica, temporal) de una persona o comunidad, que integra, incluso, trayectos diversos: estudiantes, docentes, directivos, investigadores, personal no docente, etc.
Como señala Juan Pablo II en la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (nº 41), la pastoral universitaria colabora desde su realidad particular de identidad, funcionamiento, misión, formación, investigación, etc., con la misión evangelizadora de toda la Iglesia y de ella en camino y colaboración en la construcción del Reino de Dios. Ya no se trata aquí de un “equipo de pastoral” puntual que planifica actividades pastorales, sino de toda la universidad, y de todas y todos quienes sean parte en ella, comprometidos en la evangelización y la fraternidad social de la Iglesia en el mundo.
Más recientemente, el Papa Francisco se ha referido en varias oportunidades a la función pastoral de las universidades confesionales al servicio de las comunidades. Un ejemplo lo encontramos en el Discurso a la Delegación de la Federación Internacional de las Universidades Católicas del 19 de Enero de 2024, cuando sostuvo:
«Una universidad que se protege dentro de los muros del miedo puede tal vez alcanzar un nivel de prestigio, reconocimiento y apreciación, ocupando los primeros lugares en la clasificación de producción académica. Pero, como decía el pensador Miguel de Unamuno, «¡Saber por saber! […] Eso es inhumano». Debemos preguntarnos siempre: ¿para qué sirve nuestra ciencia? ¿Qué potencial transformador tiene el conocimiento que producimos? ¿A qué y a quién servimos? La neutralidad es una ilusión. Por ello, una universidad católica tiene que tomar decisiones, y estas deben ser un reflejo del Evangelio. Debe tomar una postura y demostrarlo con sus acciones de un modo trasparente, “mancharse las manos” evangélicamente en la transformación del mundo y al servicio de la persona humana».[5]
En el fragmento citado del discurso, se puede observar la relación intrínseca propuesta para la educación, la investigación científica, el Evangelio y la transformación del mundo. El saber por el saber “es inhumano”. La universidad confesional se configura como pastoral de la Iglesia al servicio. En otras palabras, el verdadero servicio de la educación es la educación al servicio.[6]
Por último, el ya citado documento de la Red de Pastoral ODUCAL se refiere a la realidad de las universidades confesionales todas ellas como instancia de pastoral de la Iglesia acuñando la expresión “universidades en pastoral”. Y recuerda que toda la comunidad universitaria católica está llamada a comprometerse con la evangelización en su entorno, en el diálogo con las ciencias, en la inculturación y el diálogo social. Se trata de un eje transversal que afecta a todos en la Universidad:
«la concepción pastoral debe estar presente en todo el quehacer académico y administrativo de las Universidades Católicas porque su misión formativa es en esencia una labor pastoral que permite la evangelización y la búsqueda de la verdad para que quienes integran la comunidad universitaria puedan adherirse al plan salvífico de Dios. Por tanto, todos son agentes pastorales: directivos, administrativos, profesionales, docentes y estudiantes».[7]
2. El Pacto Educativo Global
2.1. Breve presentación
«El valor de nuestras prácticas educativas no se medirá simplemente por haber superado pruebas estandarizadas, sino por la capacidad de incidir en el corazón de una sociedad y dar nacimiento a una nueva cultura. Un mundo diferente es posible y requiere que aprendamos a construirlo, y esto involucra a toda nuestra humanidad, tanto personal como comunitaria».[8]
Se busca reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, logrando una educación más abierta e incluyente, que sepa escuchar de forma paciente, mediante el diálogo y la comprensión, reconstruyendo el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna.
No se trata de un programa preestablecido o sistemático ya elaborado, sino de una invitación a iniciar procesos diversos, inculturados, locales, interdisciplinarios. Es un camino a que, en cada país, región, centros educativos de todos los niveles, sociedades, etc., de forma aislada o tejiendo redes, se sientan llamados a desarrollar diversos programas que colaboren con aquel objetivo de Francisco.
2.2. Objetivos del Pacto Educativo Global
A estos compromisos, a su vez, se les ha sumado la realización en cinco áreas de investigación: dignidad y derechos humanos; paz y ciudadanía; ecología integral y tecnología; fraternidad y desarrollo; culturas y religiones. Estos trayectos, si bien fueron solicitados especialmente a cinco universidades del mundo, son también una invitación a ampliarse y desarrollarse en cada una de nuestras universidades según la identidad propia de cada una.
Es menester mencionar que la cualidad fundante del PEG, si bien no está establecida como compromiso explícitamente, sí la encontramos en el Instrumentum laboris,[9] a saber: recuperar la fraternidad. No es un dato menor ya que, a lo largo del Magisterio de Francisco, podemos constatar que es un tema recurrente. Educar hoy es, sobre todo, recuperar la fraternidad. Ella nos recuerda que la vida es un don recibido, un reconocimiento de filiación de Dios y de hermandad interdependiente entre todos los seres humanos y la Casa Común que habitamos (destaquemos que esto está presente cada vez que rezamos el Padre-nuestro: reconocemos que somos hijos del Padre y hermanos entre todos y todas, por eso lo llamamos “nuestro” y no “mío”).
La fraternidad y la misericordia, expresada aquí como acogida, especialmente de los más vulnerables, son el mejor combate contra la cultura del descarte, la violencia institucionalizada y la cultura meritócrata que fomenta la inequidad. Vivimos “con” los demás, al servicio de los demás.
2.3. El diálogo intergeneracional en las Universidades
El Instrumentum laboris del Pacto Educativo ubica el diálogo intergeneracional como primer punto del contexto que lo reclama y posibilita. Sostiene allí que se ha dado una ruptura en la solidaridad entre las generaciones, separándolas a causa de un egoísmo que deriva en una egolatría que encierra a una generación (y también cultura) en sí misma. De esta forma se pierde la dimensión de conjunto, la visión y la importancia de aprender a caminar juntos, para reconocer conflictos compartidos y vías de posibles soluciones. En palabras de Francisco en nel mencionado discurso a la Delegación de la FIUC de enero 2024:
«Frente a una asamblea tan cualificada, formada por grandes cancilleres, rectores y otras autoridades académicas quisiera agradecerles lo que ya están haciendo las universidades católicas. Cuanto esfuerzo e innovación, cuanta inteligencia y estudio ponen en aquella que es la triple misión de la universidad, ¡enseñar, investigar y retribuir a la comunidad! Sí, quiero agradecerles de verdad. Pero, además, quisiera pedirles su ayuda. Sí, les pido que ayuden a la Iglesia, en este momento histórico, a iluminar las más profundas aspiraciones humanas con las razones de la inteligencia y las “razones de la esperanza” (cf. 1 P 3,15), que ayuden a la Iglesia a dialogar sin miedo sobre los grandes planteamientos contemporáneos. Ayúdennos a traducir culturalmente, con un lenguaje abierto a las nuevas generaciones y a los nuevos tiempos, la riqueza de la inspiración cristiana, a identificar las nuevas fronteras del pensamiento, de la ciencia y de la técnica y a asumirlas con equilibrio y sabiduría. Ayúdennos a construir alianzas intergeneracionales e interculturales en favor del cuidado de la casa común, de una visión de ecología integral que de una efectiva respuesta al grito de la tierra y al grito de los pobres».[10]
Podemos constatar que uno de los temas recurrentes en el magisterio de Francisco es el diálogo intergeneracional. Aparece permanentemente en sus discursos, intervenciones y documentos. Aquí aparece reflejado como pedido explícito a las autoridades universitarias en orden a un espacio específico: el cuidado de la casa común, la ecología integral, el grito de la tierra y de los pobres. También menciona el diálogo intercultural, pero a ello le dedicaremos un subtítulo más adelante.
Aquí reparamos en el intergeneracional en particular. Por su propia dinámica, las universidades nuclean jóvenes estudiantes con docentes, investigadores, personal no docente, etc., de todas las edades, hasta muy ancianos inclusive. En su labor diaria el entrecruzamiento intergeneracional está dado de hecho. Esto puede ser utilizado como una oportunidad a aprovechar, creando o mejorando espacios de escucha y discernimiento para el desarrollo de investigaciones, actividades y proyectos que promuevan la riqueza y el valor del encuentro intergeneracional.
El séptimo compromiso del Pacto Educativo Global es “Cuidar la Casa Común” y es justamente en ese contexto que puede convertirse en un espacio propicio para fomentar el trabajo mancomunado de las distintas generaciones.
3. Las universidades a nivel Institucional y regional
3.1. Las universidades en Latinoamérica
La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, reunida en Aparecida en 2007, pensando la cultura universitaria en la región, realizó esta invitación:
«Invitamos a valorar la rica reflexión postconciliar de la Iglesia presente en América Latina y El Caribe, así como la reflexión filosófica, teológica y pastoral de nuestras Iglesias y de sus centros de formación e investigación, a fin de fortalecer nuestra propia identidad, desarrollar la creatividad pastoral y potenciar lo nuestro».[11]
Se da por entendido aquí que la Iglesia en América Latina tiene una propia identidad, una creatividad pastoral particular, un rostro particular, un aporte a la Iglesia “poliedro”. Dice el mismo Documento: «la opción preferencial por los pobres es uno de los rasgos que marca la fisonomía de la Iglesia latinoamericana y caribeña».[12]
Basada en el misterio de la Encarnación, mediante el cual el Dios trascendente y trinitario se hace prójimo, ser humano, se comunica a la Creación y la renueva, la opción preferencial por y con los pobres se vivenció en América Latina desde la realidad concreta, pensando en particular en los más pobres, sufrientes, descartados y excluidos. Las teologías latinoamericanas, especialmente las diversas ramas de la teología de la liberación han sabido dar cuenta de este compromiso.
Que la opción sea “preferencial” refiere al llamado a transformar todas las estructuras eclesiales en clave de su atención. La opción por y con los pobres se convierte en principio hermenéutico para la reflexión que guía la permanente renovación de las estructuras eclesiales. Volviendo al texto citado al comienzo del subtítulo, el camino comenzado por la reflexión postconciliar se encarna en nuestros territorios como una “Iglesia en salida” que atiende y se repiensa desde las periferias de la pobreza.
Las universidades confesionales en América Latina aportan a la cultura universitaria global, y están llamadas a renovarse permanentemente desde allí, un rostro pobre con los pobres, periférico con las periferias, de compromiso con la justicia social y la construcción del Reino, que pone en el centro a la persona, la sociedad y el cuidado de la Casa Común.
En esta misma línea, Francisco exhortaba a las universidades de la región, en el discurso pronunciado en mayo de 2023 a los participantes del Congreso ODUCAL:
«Estoy convencido de que la catolicidad de la mente, del corazón y de las manos, promovida por sus universidades y su asociación, puede contribuir de manera decisiva a la sanación de las heridas tan dolorosas que ofenden hoy a nuestra amada América Latina, donde los ricos se vuelven cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres. Alimenten el fuego encendido por Dios en América Latina, aliméntenlo así».[13]
3.2. Las culturas enriquecen la pluralidad y la catolicidad
En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el papa Francisco propone una imagen poliédrica de la sociedad y de la Iglesia, que sabe reconocerse desde la pluralidad de rostros, todos equidistantes al centro. Esos rostros diversos muestran, manifiestan, la belleza y la verdad, no única ni uniforme, sino todas y plural.
Al entrar en relación con una cultura nueva o diversa, la Iglesia, por el diálogo y la evangelización toma también esos rostros y va adquiriendo, no sin tensiones, una armonía que hace crecer al Pueblo de Dios, en comprensión, extensión y pluriculturalidad. El corazón del Evangelio permanece, pero se manifiesta de muchas formas, se incultura.
Estas tensiones que mencionamos se refieren a lo que sucede entre las notas teológicas de la Iglesia “una” y “católica”. La unidad refiere a la Iglesia “una” instaurada por Cristo en el Espíritu Santo, que existe hoy ramificada y diversificada en tanto todas éstas buscan retornar a aquella unidad primigenia, pero también a la unidad que encontramos en una misma fe, bautismo y Espíritu. La “catolicidad”, por su parte, refiere a “según la totalidad”, lo “universal”, y se orienta a la misión: llevar al mensaje de Cristo a todas las naciones, todas las personas, todos los tiempos, toda la creación.
Tengamos presente que la tensión entre “unidad” y “catolicidad” en la Iglesia no se contrapone a “pluralidad” sino a “uniformidad”. El desafío de la “catolicidad” es sostener la pluralidad en la “unidad”: pluralidad de carismas, dones, culturas, lenguas, creencias, rostros, entre otros, todos armonizados por la acción del Espíritu Santo.
Entonces, así como sucede en la Iglesia, también en las universidades confesionales se reciben y vivencian culturas plurales que van aportando plurales rostros y pluriculturalidad. La “cultura universitaria”, de esta forma, es “culturas universitarias” en encuentro, diálogo y fraternidad. El desafío de la identidad universitaria es reconocer la riqueza de la tensión entre pluralidad y unidad.
En este sentido, resulta central el aporte de Francisco en la Carta Encíclica Fratelli Tutti donde sostiene que:
«En una sociedad pluralista, el diálogo es el camino más adecuado para llegar a reconocer aquello que debe ser siempre afirmado y respetado, y que está más allá del consenso circunstancial. Hablamos de un diálogo que necesita ser enriquecido e iluminado por razones, por argumentos racionales, por variedad de perspectivas, por aportes de diversos saberes y puntos de vista, y que no excluye la convicción de que es posible llegar a algunas verdades elementales que deben y deberán ser siempre sostenidas. Aceptar que hay algunos valores permanentes, aunque no siempre sea fácil reconocerlos, otorga solidez y estabilidad a una ética social».[14]
4. Articulación y trabajo colaborativo e interinstitucional en redes
4.1. La universidad como diálogo interdisciplinar
El nombre mismo de la institución como “universidad” nos refleja no sólo pluralidad de personas, sino también pluralidad de disciplinas y estudios científicos y académicos. Los ambientes universitarios, por su misma constitución están integradas por diversos saberes, ciencias, métodos, discursos, aproximaciones, acercamientos, etc. Y si bien es cierto que puede ser un riesgo una exacerbación de las especializaciones, individualizando o parcializando demasiado el objeto de estudio, también es cierto que todos ellos cohabitan en el mismo universo, la misma Creación, y todos ellos pueden acercarnos a la verdad, humanizando y construyendo algo mejor. Juan Pablo II en Ex Corde Ecclesiae sostiene que en las investigaciones de las universidades confesionales se incluirá:
«el estudio de los graves problemas contemporáneos, tales como, la dignidad de la vida humana, la promoción de la justicia para todos, la calidad de vida personal y familiar, la protección de la naturaleza, la búsqueda de la paz y de la estabilidad política, una distribución más equitativa de los recursos del mundo y un nuevo ordenamiento económico y político que sirva mejor a la comunidad humana a nivel nacional e internacional. La investigación universitaria se deberá orientar a estudiar en profundidad las raíces y las causas de los graves problemas de nuestro tiempo, prestando especial atención a sus dimensiones éticas y religiosas».[15]
Recuerda también el documento que es tarea de las universidades, especialmente confesionales, ser voz profética frente a los grandes problemas del mundo, anunciando inclusive verdades que incomoden, y denunciando aquellas que no permiten el crecimiento del Reino de Dios.
Aquí será menester, aclara Juan Pablo II -y se puede agregar también que es tarea fundamental de la pastoral universitaria-, recordar permanentemente cuáles son los valores y principios éticos y religiosos que sostiene la universidad, acompañados de una clara convicción de promoción de la justicia social, con base en la Doctrina Social de la Iglesia. Retomando, el diálogo interdisciplinar será clave aquí pensar una universidad al servicio de la evangelización, para que la Iglesia pueda ser una interlocutora válida y profética que dé respuesta a los problemas del mundo.
4.2. Articulación y trabajo colaborativo en redes
Así como hemos mencionado que la primera característica de ser cristianos es ser Hijos de Dios y la segunda, concomitante con ella, ser hermanos entre nosotros (por eso oramos al “Padre-nuestro”), y así como “nadie se salva solo”, tampoco las instituciones son individualizables hasta poder quedar totalmente aisladas. Las universidades crecen también en los procesos de articulación y trabajo en redes.
Desde la Red de Pastoral ODUCAL, y el trabajo recorrido en los años 2022 y 2023, hemos experimentado la alegría del encuentro y las grandes posibilidades que se nos dan por estas articulaciones. No se trata solamente de corresponder con estándares universitarios de internacionalización, sino de enriquecernos con los vínculos, las diferencias y las similitudes que nos unen al compartir, en este caso, la vida universitaria, la pertenencia a la Iglesia, y la pastoral universitaria en particular.
Por otro lado, la vinculación y el trabajo en redes permiten salir del peligro de la autorreferencialidad académica para orientarla hacia un lugar más misionero. Francisco, en el mensaje a las autoridades de ODUCAL en 2023 lo resumía con estas palabas:
«Es muy triste encontrar intelectuales, hombres y mujeres de grande inteligencia, pero con la inteligencia mutilada. Que sus ateneos, como instituciones académicas particulares y como redes de universidades católicas, puedan convertirse en centros de investigación valorados en todo el mundo. También así formarán mentes misioneras».[16]
5. Propuestas de aplicaciones prácticas para la pastoral universitaria
En base a lo expuesto hasta aquí, a saber: la pastoral universitaria y su lugar en las universidades confesionales y en la Iglesia, la impronta propiamente latinoamericana y la riqueza de la pluralidad, y el crecimiento que posibilitan el diálogo interdisciplinar y el trabajo en redes, compartimos tres propuestas que, a manera de aplicación práctica, pueden servir como ejemplos de actividades pastorales desde el Pacto Educativo Global: construir la fraternidad, la conversión ecológica y la conversión sinodal.
5.1. Construir la fraternidad
En la encíclica Fratelli Tutti, Francisco retoma la conocida expresión de la Revolución Francesa de “libertad, igualdad y fraternidad” y analiza de qué forma la libertad se concretizó allí para algunos, la igualdad, para muy pocos y la fraternidad, para nadie. La fraternidad no es el resultado de iniciativas individuales, sino una condición misma de posibilidad de realización comunitaria.
Desde allí que el individualismo contemporáneo se basa, por un lado, en la falsa idea de que la libertad es individual (“termina cuando empieza la del otro”) y solo capaz de ser llenada con meritocracia y, por otro lado, la igualdad comprendida como igualdad ante la ley sin considerar la igualdad de oportunidades primigenia de difícil constatación en la realidad.
Por otra parte, mala herencia de la modernidad, yendo al plano de la vida eclesial, tanto la piedad, como la liturgia y los sacramentos, también hoy todavía son considerados de forma individualista (“salva tu alma”, “voy a comulgar”, “me confieso”, “confirmo mi fe”, “hago ayuno”, etc).
Recuperar la fraternidad es tarea urgente de la pastoral, cuánto más de la pastoral universitaria, que se desarrolla esencialmente en una comunidad que es, en simultáneo, local, global y plural. Con razón Francisco insistió con este tema en el video mensaje para el Pacto Educativo en 2020:
«Necesitamos valentía para generar procesos que asuman conscientemente la fragmentación existente y los contrastes que de hecho llevamos con nosotros; la audacia para recrear el tejido de las relaciones a favor de una humanidad capaz de hablar el lenguaje de la fraternidad».[17]
En este contexto de fraternidad podemos entonces pensar los primeros cinco puntos del Pacto: poner a la persona en el centro, escuchar a los jóvenes, promover a las mujeres, responsabilizar a las familias, abrirse a la acogida. Poner a la persona en el centro no en su individualidad sino en su dignidad que brota del ser hermana/hermano con todas y todos. Escuchar a los niños y a los jóvenes para construir un diálogo intergeneracional que permita transicionar y resolver los problemas más acuciantes para el presente y el futuro. Promover a las mujeres para que su lugar en la convivencia social sea pleno y justo, no solamente accesorio o de moda. Responsabilizar a las familias para empoderarlas en su lugar fundamental, ayudándolas a que ellas sean de verdad primer espacio de amor y educación. Abrirse a la acogida, para recibir a todas y todos sin exclusión, porque somos hermanos y hermanas en camino.
Jorge M. Bergoglio, en 1995, mucho antes de ser el obispo de Roma, a la comunidad universitaria de la Universidad del Salvador, les decía que el objetivo de la educación y la investigación de esa casa de estudios era claro:
«Cuando encuentren en la calle a deambulantes y abandonados, a chicos que piden o roban en su miseria, a jóvenes que se hunden en la droga y el alcohol, a gente de trabajo que sufre por el peso y la inseguridad de cada día... cuando vean colas en los hospitales para lo mismo hacer mañana... entonces no tengan dudas: allí está Dios; es Cristo que, desde la Cruz, desde el límite, nos llama a dar un paso más cada día».[18]
«Cuando encuentren en la calle a deambulantes y abandonados, a chicos que piden o roban en su miseria, a jóvenes que se hunden en la droga y el alcohol, a gente de trabajo que sufre por el peso y la inseguridad de cada día... cuando vean colas en los hospitales para lo mismo hacer mañana... entonces no tengan dudas: allí está Dios; es Cristo que, desde la Cruz, desde el límite, nos llama a dar un paso más cada día».[18]
Como se aprecia, estos puntos del Pacto Educativo se pueden encontrar en una pastoral universitaria, que reconstruya y eduque en la fraternidad originaria, creyente o no creyente, pero que saca del individualismo, devela a los falsos profetas liberales y restituye la dignidad de hermanas y hermanos.
5.2. La conversión ecológica
Desde su publicación en 2015, Laudato Si’ se ha convertido en un hito central del pontificado de Francisco. El documento llevó dentro de la Iglesia y, a su vez, sacó hacia el mundo, la denuncia por la crisis global social y ambiental como una parte y compromiso fundamental de la fe cristiana. Esa crisis es, en adelante, un atentado a la Creación, una destrucción de la casa común, un pecado social. Todo católico y también toda institución católica, luego de 2015, deben convertirse en clave de espiritualidad ecológica integral. Esta espiritualidad, a su vez, nos pone en diálogo con otras religiones, concepciones, ideologías, políticas, sociedades, organizaciones, etc. Es una espiritualidad que hace salir al encuentro de quienes habitan también la casa en común.
La superación de la crisis socioambiental es un problema que atañe a todas y todos quienes habitamos y vivimos en este mundo, aunque es menester mencionar que esta crisis no afecta a todos por igual: a menudo suelen ser los más pobres, descartados y excluidos (¡personas, pueblos, regiones y hasta países!) quienes más padecen las consecuencias de las inequidades e injusticias sociales, marginaciones, migraciones forzadas e inclemencias del clima.
La pastoral universitaria y el Pacto Educativo se encuentran aquí en un punto clave: la conversión ecológica, a saber: caminar en la transición socioambiental desde los últimos dos objetivos del Pacto: renovar la economía y la política desde la cultura del encuentro y la plena inclusión, privilegiando a los más descartados y reconstruyendo desde y con ellos; y cuidar la casa común, elaborando actividades que defiendan el medio ambiente, fomentando la investigación en materia ambiental y social, y desarrollando una espiritualidad que eduque a los corazones en la contemplación de la belleza ante las maravillas de la creación.[19]
5.3. La conversión sinodal de la universidad
Durante el pontificado de Francisco ha crecido la conciencia de que la reforma de la Iglesia consiste en el paso de la conversión pastoral y misionera, a la conversión sinodal. Etimológicamente, “sinodalidad” remite a “recorrer el camino juntos”, nos recuerda la dimensión viadora de la Iglesia, el Pueblo de Dios que camina en el mundo. Caminamos juntos para anunciar la alegría de la Buena Nueva, caminamos juntos para construir el Reino de Dios. El protagonista de la sinodalidad es el Espíritu Santo, el paso de Dios por nuestro tiempo.
Por todo esto, la sinodalidad es una dimensión constitutiva de la Iglesia, que atañe a toda la Iglesia y, por tanto, a todos sus miembros y sus estructuras. La reforma permanente consiste en dejarse guiar sinodalmente por la escucha, el diálogo y el discernimiento, en todos los niveles del ser y hacer la Iglesia. En este sentido, el Informe de síntesis de la primera sesión del Sínodo sobre la sinodalidad de 2023 hace una interesante propuesta que relaciona directamente el discernimiento frente a los carismas y las actividades pastorales:
«Es importante que la práctica del discernimiento se implemente también en el ámbito pastoral, de manera adecuada a los contextos, para iluminar la concreción de la vida eclesial. Permitirá reconocer mejor los carismas presentes en la comunidad, confiar sabiamente tareas y ministerios, y planificar los caminos pastorales a la luz del Espíritu, yendo más allá de la mera programación de actividades».[20]
En la actualidad, muchas estructuras eclesiales han comenzado caminos de reforma en clave sinodal (diócesis, parroquias, movimientos, órdenes religiosas, seminarios). Las universidades confesionales tendrán también que hacer este proceso a su tiempo: repensar su misión, organización, funcionamiento, educación y administración desde la sinodalidad. Por lo pronto, desde la pastoral universitaria se puede ya comenzar a sinodalizar las prácticas cotidianas. En este caso, se propone en particular desde la articulación con el PEG, encontrando criterios y acciones de aplicación, no tiene por qué ser solamente de forma unidireccional, vertical, jerárquica, puede ser, antes bien, un camino a recorrer de forma horizontal, mancomunada, a la par, entre estudiantes, docentes, directivos y no docentes, con la comunidad y con las familias. ¿Quién mejor conoce las fortalezas y las debilidades de cada contexto que los propios que lo vivencian? ¿Quién mejor puede encontrar más y mejores caminos a recorrer que las comunidades interrelacionadas y trabajando juntas?
Habilitar espacios de escucha y de debate, de reconocimiento y de conocimiento, de compartir comunitario y búsqueda de un discernimiento en común, todo esto guiados bajo el Espíritu Santo que armoniza esas diferencias, encuentra consensos y disensos, une la diversidad. Resumiendo, se puede imaginar una pastoral universitaria que piense comunitariamente los pasos a dar, la identidad y la misión, su ser y hacer esa Iglesia local universitaria.
A modo de conclusión
La pastoral universitaria que, por su propia esencia, se desarrolla en un espacio plural, universal (en la universitas), puede encontrar en el Pacto Educativo Global un lugar propicio para “recorrer el camino juntos” (ser sinodal), armonizando diversidades, pensando en una educación más humanizada, dialogal, vincular y corresponsable.
Para finalizar, nos hacemos eco de las palabras del papa Francisco, pronunciadas en el mensaje de llamamiento a este Pacto, que, de forma más simple y profunda, dice: «Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación»[21].
Se tratará entonces de afrontar estos desafíos con valentía, confiando en el Espíritu, pensando una pastoral universitaria que sea, al estilo del Pacto Educativo, más humana, más plural, más fraternal, más integral y más incluyente.
Bibliografía
Bergoglio, Jorge M. S.J, «20 años después. Una memoriosa relectura del documento “Historia y Cambio”. Palabras pronunciadas por S.E.R. Monseñor Jorge M. Bergoglio S.J., con motivo de los 20 años del documento “Historia y Cambio”». En “Historia y Cambio”. Una relectura a la luz del magisterio del Papa Francisco, ed Vicerrectorado de Formación, Universidad del Salvador. Ciudad de Buenos Aires: Ediciones Universidad del Salvador, 2023.
Casafus, María de los Ángeles y García, Nicolás (eds), «Pastoral Universitaria en América Latina y el Caribe». Documento de trabajo, Red de Pastoral Universitaria Intercontinental ODUCAL, marzo 2023.
Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 2013.
Francisco, Carta Encíclica Fratelli Tutti, 2020.
Francisco, Videomensaje del santo padre con ocasión del encuentro promovido y organizado por la congregación para la educación católica: "Global compact on education. together to look beyond", 2020.
Francisco, Discurso del Santo Padre Francisco a los participantes en el Congreso de la Organización de Universidades Católicas de América Latina y el Caribe (ODUCAL), 4 de Mayo de 2023.
Juan Pablo II, Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae, 1990.
O'Malley, John W. SJ. Historia, Iglesia y Teología. Cómo nuestro pasado ilumina nuestro presente. Madrid: SalTerrae, 2018.
V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Documento de Aparecida. 2007.
XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Primera Sesión, Una Iglesia Sinodal en Misión. Informe de Síntesis, 4 al 29 de Octubre de 2023, Parte I, 2, L.
Notas
Notas de autor

