Artículo de Investigación
Recepción: 05 agosto 2025
Aprobación: 30 septiembre 2025

Resumen: La investigación filosófica sobre la naturaleza de la humanidad es un tema complejo, ya que su principal punto de interés reside en un ser fluctuante que existe en constante cambio. La humanidad no es un concepto puro que flota en el cielo de las ideas. Es un lenguaje específico (que existe en un tiempo y espacio particulares), ciertos prejuicios (de todo tipo), un puñado de creencias, paisajes que infunden diferentes formas de vida cotidiana (clima; colores de la tierra, las nubes, la ciudad, el desierto, el cielo y las montañas; vientos, lluvia, nieve y diversos tipos de tormentas), costumbres, preferencias políticas y gastronomía local. El pensamiento filosófico sobre la humanidad tiene poca vigencia y necesita una actualización constante según las dinámicas sociales. En este artículo, intentamos una reflexión filosófica sobre el habitante de Juárez, con el propósito de crear nuevos caminos posibles, nunca una vía estrecha hacia la verdad. Ofrecemos a nuestro lector solo unos primeros pasos para comprender una pregunta: ¿Qué, quién, o cómo es el juarense?
Palabras clave: Filosofía mexicana, Filosofía de la actualidad, Antropología filosófica.
Abstract: Philosophical research about Humanity´s nature is a complex topic because its study main point of interest is a fluctuant being who exists through constant changes. The Mankind is not pure concept that floats in ideas´ heaven. It is a specific language (that exists in a particular time and room), some prejudices (all types of them), a few beliefs, landscapes that infuses of different ways of daily life (weather; earth´s, clouds´, city´s, desert´s, sky´s and mountains´ colours; winds, rain, snow and various kinds of storms), customs, political preferences and local cuisines. Philosophical thought about Humanity have a little validity time, it needs constant refreshing according social dynamics. In this article, we try a philosophical reflection on Juarez´ inhabitant, meaning to create new possible paths, never a highway strait to the Truth. We offer to our reader just a first steps to understand a single question: what, who or how is the Juarense?
Keywords: Mexican Philosophy, Actuality´s Philosophy, Philosophical Anthropology.
We were standing at the border
Waiting for the man to come
We didn′t have a problem
Till he invented one
He said take it easy, take it slow
No one moves
Till I say so
Running for the border
Down in Mexico
We made it to Chihuahua
With the setting sun
The fans were going crazy
Everyone had fun
He said take it easy, take it slow
We've got all day
We′ll make the show
Running for the border
Down in Mexico
We met the Federales
They wouldn't go away
So we gave them lots of money
It was all our fuckin' pay
They said take it easy, take it slow
No one moves
Till I say so
Running for the border
Down in Mexico
“Running across the border”
Biff Byford
El silencio de los indolentes…
Los orígenes del filosofar no se encuentran en Grecia. Están en un medio más cercano y tangible que nos pasa desapercibido por tenerlo justo frente a nosotros, en la cotidianidad presente e ineludible; en esas circunstancias a veces sorpresivas, dolorosas, gratas, inverosímiles, rebeldes para ser sometidas a una lógica cómoda. Y, simultáneamente, pueden resultar monótonas, aburridas, irrelevantes y simples. Estamos vivos y pasa frente a nosotros nuestro hábitat sin despertarnos mayor interés para darnos el tiempo para pensarlo y ubicarnos dentro de él. Parecería que preferimos huir del medio donde vivimos abriendo la puerta al reino de las ideas intemporales para subsistir alejados de las condiciones concretas que nos hacen seres temporales y vulnerables. Algunas filosofías se adhieren a otras circunstancias por juzgar las propias insignificantes. Pensar en lo que se tiene frente a los ojos no significa justificarlo o abandonarse en aquello que despreciamos, empero, el presente que nos hace ser lo que somos no es por necesidad desdeñable. En el norte de México hay un silencio casi absoluto en lo referente a la naturaleza de los individuos que habitamos en la región. Ciudad Juárez ofrece tópicos de reflexión que han sido tomados por periodistas, literatos, antropólogos, historiadores e incluso religiosos convencidos de ser el mecías; sin embargo, los filósofos locales –si es que los hay- no se han tomado la molestia de meditar al respecto. Considero urgente entablar diálogo con quienes desde sus áreas de interés han desarrollado parte de una tarea que le corresponde a la filosofía. Pretendo seguir las huellas de algunos de ellos para esbozar sólo algunas consideraciones acerca de la naturaleza del juarense, no busco construir unas ideas definitivas sobre un tema que debe estarse revisando constantemente, y que, por desgracia, nunca se ha siquiera abordado de manera hipotética como tema filosófico.
UN PEQUEÑO MANIFIESTO FILOSÓFICO

La reflexión sobre la naturaleza del hombre es un tema que la filosofía occidental ha tomado como una de sus banderas más valiosas, dándole la estatura de garante de la condición humanista que la distingue de otras maneras de pensar. El dogma dicta que el gran descubrimiento es localizado en los años de madurez de Sócrates, cuando su vocación de partero de almas lo hacía meditar acerca de eso que constituía a los hombres como tales, ya en calidad de seres pensantes, ya como consciencias capaces de discernir lo que es el bien. Sócrates concluyó que el hombre es un ente político perteneciente a estructuras tales como la pólis, el ejército y los actos comunitarios (teatro, procesiones, celebraciones marcadas por el calendario cívico-religioso o participación en conmemoraciones relacionadas con el Estado tales como la guerra, las elecciones o la fundación de edificios públicos). Cuando Sócrates se preguntaba por la esencia del hombre, discriminaba a mujeres, niños y en buena medida “hombre” y “griego” eran sinónimos.[1] Si, los babilonios, los persas y los egipcios podían ser brillantes, no alcanzaban el grado de genialidad que tenían los griegos, condición que los hacía libres y capaces de inventar el mundo en que ellos vivían. Hasta dónde sabemos, una reflexión antropológica tan incluyente (“universal”) para ese tiempo, no sería bien vista del todo. El hombre en abstracto, para ser una idea, era demasiado concreto dentro de las sociedades griegas, no sólo era el resultado de la reflexión de filósofos, sino que constituía también la justificación de unas condiciones políticas. Por tradición, cuando se revisa el pensamiento antropológico de esos siglos, se excluyen otros ámbitos griegos en los que también se hablaba del hombre, sólo que desde otra perspectiva y con propósitos más realistas. Tengamos como muestra algunos discursos como la tragedia y la comedia, cada una con sus reglas, abordaban el papel de las mujeres, los esclavos e incluso los extranjeros. La dramaturgia exhibía vicios y excesos, lamentablemente, buena parte de esas críticas no hemos logrado descifrarlas a plenitud porque carecemos del conocimiento de la cotidianidad de aquellas personas. La historia, como la de Diódoro de Sicilia y Heródoto, así como las crónicas de Pausanias nos llevan observar una sociedad menos xenofóbica y abierta al aprendizaje de lo que hacían y pensaban los no griegos. Por desgracia, la filosofía no suele tener un diálogo pleno con estudios como esos. El mismo tratamiento omiso reciben la medicina, la poesía y la retórica, esferas del saber en el que había un esfuerzo por comprender al hombre a partir de otros esquemas. El caso de la “ginecología” griega es elocuente por sí mismo. En ese tiempo se creía que la mujer era un “hombre defectuoso” y de esa manera era tratada por los médicos; los rezagos en esta materia en relación a otros pueblos como la India, Haty, Persia y Egipto eran grandes. De entrada, pues, quisiera enfatizar el hecho que el estudio del hombre entre los griegos era diseñado a la medida de intereses más que a partir de un pensamiento libre. Lo anterior hace a los habitantes de la Hélade un pueblo igual a los demás de su tiempo, por lo que la excepcionalidad espiritual de los griegos, en tanto que individuos cuasi intemporales, es insostenible.

Los manuales escolares[2] dicen que la investigación filosófica sobre la naturaleza del hombre brinda un estado de consciencia sobre su esencia, a diferencia de otras concepciones míticas o religiosas del tema. La génesis de esas reflexiones se enfocaba en el “hombre” predominantemente ático-jónico; respondiendo a la postura de grupos bien identificados de la sociedad griega de esos siglos, el problema de fondo es que se ha abrazado esa doctrina sin un examen crítico. Es importante apuntar, entonces, que la reflexión filosófica sobre la naturaleza del hombre la hemos reconstruido de tal manera que conserva no sólo los elementos más característicos de una sociedad oligárquica esclavista, arrastra además los vicios más despreciables de la Europa ilustrada del siglo XVIII-XIX. La antropología de Kant no tiene nada de universal, su ensayo sobre el tema abre con el establecimiento de principios:
El hecho de que el hombre pueda tener una representación de su yo le realza infinitamente por encima de los demás seres que viven sobre la tierra. Gracias a ello el hombre es una persona, y por virtud de la unidad de la conciencia en medio de todos los cambios que pueden afectarle es una persona, es decir, un ser totalmente distinto por su rango y dignidad,[3] de las cosas, como son los animales irracionales, con los que se puede hacer y deshacer a capricho.[4] Y es así, incluso cuando no es capaz todavía de expresar el yo, porque, sin embargo, lo piensa; como tienen que pensarlo, en efecto, todas las lenguas,[5] cuando hablan en la primera persona, aunque no expresen este yo por medio de una palabra especial… el niño que ya sabe hablar bastante bien, pero que sólo empieza bastante después (quizá un año más tarde) a decir yo, hable sin tanto tiempo en tercera persona (Carlos quiere comer, andar, etc.), y que parezca como haberse encendido una luz para él cuando empieza a expresarse diciendo yo: pues desde ese día no vuelve nunca a hablar de aquella otra manera. –Antes se sentía meramente a sí mismo, ahora se piensa a sí mismo- (1991, p. 15-16).
Es importante subrayar que buena parte de la filosofía occidental moderna y contemporánea, hija del liberalismo ilustrado, se define en gran cantidad de sus tradiciones más aceptadas, como un pensamiento abierto e incluyente. Su visión de la realidad, entiéndase de la política y de la naturaleza del ser humano, está definida por ideales europeos que con mayor o menor ahínco han sido matizados para mantenerlos vigentes aún hoy en el momento del siglo XXI en el que vivimos. En la academia suele minimizarse la postura racista mantenida por Rousseau, Kant y Hegel, entre muchos otros. Ideas que se conservan todavía no sólo en Europa dentro de cuyos círculos filosóficos más rancios es difícil revisar con seriedad el pensamiento desarrollado fuera del mundo “civilizado”, sino en nuestras comunidades latinoamericanas, no en todas, por supuesto, pero, sí hay una tendencia más o menos generalizada de apego, contemplación, seguimiento, inspiración, estudio, sumisión, dependencia, revisión poco rigurosa, emulación, interpretación, vinculación, sumo respeto, admiración, imitación, reconstrucción, trasplantación, conexión, escucha o de articulación, para referir la imposibilidad de siquiera imaginar la existencia de otra filosofía posible con autonomía de las tradiciones británicas, francesas, italianas y alemanas.

La reflexión filosófica sobre el ser humano no tiene gran apertura. Cuando se pretende investigar sobre nuestra naturaleza, parecería que sólo es posible revisar la condición “ilustrada”, “democrática”, “civilizada”, “progresista” y “tolerante” de cierta clase de europeos, el resto de la humanidad no merece la pena. La antropología filosófica suele construir abstracciones que a veces son más un ideal moral o una justificación política que la meditación efectiva acerca de lo que somos. A excepción de esfuerzos que se han desarrollado en campos como el derecho, el arte o algunas religiones es poco lo que la filosofía particulariza sobre la condición del ser humano como discapacitado o bajo el eufemismo persona con capacidades diferentes; niño, mujer o anciano; incluso hay cierta resistencia para meditar con seriedad sobre la juventud. La pregunta ¿qué es el mexicano? ha sido tratada desde hace mucho tiempo, quizá de los primeros acercamientos de los que se tiene registro es un tratado de fray Bartolomé de las Casas[6] en el que aborda de una manera panorámica la condición de los indios, entendiéndolos desde la base ontológica de seres creados por Dios, provistos de alma racional capaz de reconocer a su creador –siempre y cuando se le alleguen los medios suficientes para hacerlo, es decir, les sea enseñada la doctrina católica y les sean administrados los sacramentos-, pero, también de una personalidad jurídica que hacía de la esclavitud un agravio al que se había llegado por medios ilegales y arbitrarios. Son muy referidos los consabidos escritos de Vasconcelos, Reyes, Ramos, Uranga, Paz y Villoro; otros no tan citados como Salvador Reyes Nevares,[7] José Fuentes Mares,[8] Alberto Saladino[9] y Eduardo Reyes Vásquez.[10] Los tres últimos autores se encargan de bordar fino en sus meditaciones, enfocando con precisión la clase de mexicano sobre la que disertan; a saber, Saladino en el indio, Fuentes Mares en el chihuahuense y Eduardo Reyes en el rarámuri.
En las “antropologías convencionales”, el mexicano es un abstracto etéreo, ya que tiende a ser un citadino de la “provincia” (centro del país), o bien, el habitante de la capital de la república. El mexicano que vive en el medio rural y el indígena –en ese orden de prioridad- cuando llega a ser estudiado también lo es a manera de estereotipos. La filosofía en México, por lo general, se aborda desde la convicción que sólo en el centro de la república se construye la disciplina, ni en el sur ni en el norte es viable cotejar siquiera la hipotética existencia de pensamiento. Es cierto que la filosofía no obedece a cuotas geográficas y que sea lo que sea que se haga fuera de la Ciudad de México debe ser considerado por fuerza en dicha estatura; también es verdad que desde los estados es poco frecuente que se emprenda el esfuerzo por producir pensamiento original, y en los excepcionales casos en los que se hace, sencillamente, no es considerado digno para ser revisado. Como mero botón de muestra, quiero mencionar el artículo de Guillermo Hurtado (2025) “Philosophy in Mexico”[11] en el que se omite hacer estudios más amplios. Se esperaría alguna explicación que justificara la ausencia de filósofos y filosofías no capitalinas, sin embargo, se parte de una realidad dada que no requiere de mayor atención.
Con frecuencia, la reflexión sobre los indígenas tiende más a cubrir cuotas políticas que a emprender investigaciones bien articuladas; no utilizo el eufemismo pueblos originarios por considerarlo más cercano a la demagogia que como parte de un esfuerzo por comprender a etnias cuyo pensamiento es tan válido y trascendente como podría ser el nuestro. El hecho irrefutable de que esos pueblos no tomen en cuenta ciertos temas, que para nosotros son fundamentales, de manera alguna demerita su pensamiento. No pretendo instalarme en el discurso de la otredad, sólo me acojo a una intuición fundamental: la visión que los demás tienen del mundo y de las cosas, es, por lo menos, tan válida como la mía. El pensamiento prefilosófico, la concepción mítica del mundo, la sabiduría ancestral, la filosofía popular, las intuiciones espirituales o la visión religiosa del mundo son también eufemismos usados para sobajar las meditaciones que no siguen las tradiciones y métodos abrazados por “sociedades civilizadas”. Es poco frecuente que las comunidades filosóficas occidentales se abstengan de emitir juicios de valor sobre el pensamiento indígena. Los términos arriba listados son la manera políticamente correcta para socavar maneras diferentes de pensar y sentir el mundo. Aceptar que la filosofía, como nosotros la entendemos –claro, pasando por alto la falta de consenso que existe para definir qué es nuestra disciplina-, es ajena e irrelevante para comunidades diferentes a la nuestra. Ni inferiores, ni superiores, sólo distintas. Parecería que aceptar esta realidad constituye un sacrificio cultural, una alta traición gremial o la inmolación intelectual.

La filosofía, a diferencia de la política y algunas religiones, no tiene como objetivo brindar esperanza. La filosofía no es un instrumento demoledor destinado a echar abajo todo lo que se le cruce a su paso; tampoco es un pincel que cubre de colores hermosos un escenario pálido. Nuestro oficio tiene como misión meditar sobre el mundo que es y no sobre uno ideal, en otras palabras, la realidad no es errónea o correcta. En áreas de investigación como la filosofía de la religión, la ética, la filosofía de la cultura, la filosofía política y la antropología filosófica, este prolegómeno resulta esencial para abordar las cosas de manera adecuada. Entonces, pues, pensar al ser humano exige imbuirnos de subjetividades, de temporalidad, de límites espaciales, costumbres, un idioma que es hablado de manera igualmente aterrizada a circunstancias, a creencias, prejuicios y sentimientos. La niña que juega en el equipo de fútbol de su escuela, la mujer que se rehúsa a tener hijos por convicción propia, el obrero satisfecho con sus circunstancias particulares, los empresarios dueños de grandes centros de trabajo, una persona con síndrome Down o el anciano de clase media que vive en un pueblo del Bajío son el resultado de esa sumatoria de condiciones definitorias, más que entidades suspendidas en el mundo de las ideas.

El esfuerzo de la filosofía para consolidarse como una disciplina con lenguaje, métodos e instrumentos propios se ha desarrollado desde la antigua Hélade. Dicha búsqueda es parte de la historia espiritual del Occidente, llevándose a cabo una y otra vez a lo largo de los siglos en diferentes lugares. Se ha intentado consolidar la autonomía de la filosofía de otras disciplinas como la teología, las ciencias, las religiones, las artes y de la política. El deseo de alcanzar la identidad gremial a veces ha degenerado en una actitud soberbia de cerrazón en la que se cancelan las posibilidades de entablar diálogo abierto con otras áreas del saber. De ahí que cierta clase de filosofía se mantenga dando vueltas en círculo evocando y reinterpretando a celebradas tradiciones. Para el desarrollo de este artículo quiero enfatizar la importancia de la existencia de una filosofía con la capacidad para reconocer sus fallas, no sólo identificadas desde el interior, sino a través de otros cuerpos de conocimiento diferentes. De igual manera, la filosofía debe sostener intercambio entre iguales y no constituirse como la única herramienta crítica capaz de señalar inconsistencias. Este último punto es de especial trascendencia para las ideas que a continuación pondré a consideración del paciente lector.
La realidad no pensada por la filosofía en México
Toda meditación ha de partir de cierta abstracción del entorno y los seres que lo habitan, sin embargo, el tema antropológico es complejo porque el ente estudiado suele fijarse en una etapa específica, concentrándose en los años de vida adulta, el lapso que va entre los 30 y los 65 años. Es decir, las décadas económicamente más productivas, de mayor estabilidad emocional y familiar; es por esas condiciones que se asume cierta plenitud y las circunstancias propicias para pensar con nitidez la naturaleza del ser humano. La infancia y la adolescencia son mencionadas como parte de la retórica vacía de los derechos humanos, ignorándolos como una parte esencial del individuo cuya reflexión merece pensarse en función del acto y no de la posibilidad de convertirse en adulto. En este aspecto, los estudios jurídicos han recorrido caminos inimaginables para la filosofía convencional,[12] a pesar de circunscribirse más al plano formal y teórico que al práctico, al menos se han llevado a cabo ejercicios que nuestro gremio debe asumir como necesarios. En materia pedagógico-didáctica, más que filosófica, se han propuesto algunas iniciativas interesantes sobre filosofía para niños en las que se pretende brindar una iniciación en la disciplina desde la educación básica. El proyecto tiene muchos matices, empero, no está encaminado a reconocer a los niños en una estatura más allá de la formación,[13] dejando de lado las condiciones existenciales que nos deberían guiar a pensar una filosofía sobre la niñez, dueña de identidad, cuya voz es necesario escuchar, y no una filosofía para la niñez a la que es preciso instruir. En el caso de los ancianos con sus correspondientes eufemismos “adultos de la tercera edad”, “adultos en plenitud” o “adultos mayores”, tampoco merecen mayores esfuerzos. Ellos ya produjeron, ya hicieron; ya participaron… ya fueron. Con frecuencia se les “infantiliza” en el sentido de no tomarse en cuenta su forma de pensar y sentir; la ancianidad es una especie de limbo, quizá peor que la niñez porque después de la disminución de capacidades físicas e intelectuales como consecuencia del envejecimiento natural, lo que sigue es la muerte y nada más.[14]
El tema de las mujeres no está menos descuidado, parecería que mencionar nombres de filósofas ilustres, adherirse de manera mecánica a la filosofía de género y valerse del lenguaje inclusivo son acciones suficientes para “sustentar” una “filosofía” políticamente correcta. Sin embargo, todavía subsisten “filosofías” que abordan a las mujeres y a las complejas esferas ontológicas que las constituyen como entes pasivos a los que han de asignárseles roles de maternidad, definiendo su naturaleza a partir de ciclos vitales con una ceguera intelectual que cae en lo ridículo. El tema es muy complejo, por ahora, sólo quiero señalar una carencia de fondo; no polemizaré respecto de si sólo las mujeres pueden hacer filosofía de género, considero que es una discusión que trasciende tanto los propósitos de este trabajo como mis conocimientos sobre el tema.[15] Creo importante que se haga una integración de la antropología filosófica, no tendría problema alguno con englobar la reflexión sobre el ser humano bajo el término ginecología filosófica; si durante siglos la tradición ha marcado una antropología, pasando por alto a más de la mitad de la humanidad, justo sería modificar el término acompañándolo de las necesarias investigaciones. Lo necesario es contemplar todas las facetas que nos constituyen, a saber, las edades, los géneros, las circunstancias, los idiomas y las costumbres. Somos seres efímeros y en esa dinámica hemos de pensarnos.
Si nos tomáramos un momento para observar las circunstancias que hemos vivido en nuestro país sólo en lo que va del siglo xxi, notaremos infinidad de acontecimientos que estamos obligados a pensar desde la filosofía; así como la gran ausencia de meditaciones elaboradas atendiendo a lo que somos y no a partir de ideas pensadas para otras condiciones y momentos. Pongamos por ejemplo las reflexiones sobre el Holocausto que no tienen una condición universal, dado que no se pueden aplicar sin más a las masacres perpetradas en Vietnam, Sierra Leona, Uganda, Gaza, Bosnia, Chechenia, Ucrania, Colombia, Yemen, así como a los incontables baños de sangre que vivimos en México debidos a lo que descuidadamente se clasifica como crimen organizado. La crueldad y la anulación de la dignidad de las personas puede repetirse, empero, no de la misma manera y mucho menos obedeciendo a propósitos iguales. La violencia y el autoritarismo no son el único tópico, también podemos señalar otros como los cambios sustanciales que ha sufrido el castellano coloquial, la necesidad de pensar a fondo la educación en nuestro país, más allá de sexenios y modas pasajeras iniciadas en esta centuria con la ocurrencia de Vicente Fox de masificar la ideología del Tecnológico de Monterrey nombrando como Secretario de Educación a Reyes Tamez Guerra. La consciencia colectiva que se tiene del pasado lejano, mediano y cercano en tanto que comunidades, regiones y país. La estética del cine mexicano contemporáneo interesado en reflejar las condiciones sociales que se viven. La existencia de congregaciones religiosas, tanto las que cuentan con feligreses cuya fe ha sido heredada de generación en generación, como otras con presencia más reciente. De la misma manera, el desarrollo de filosofías en el interior de estas religiones, algunas de las cuales poseen seminarios en los que es enseñada su concepción del mundo. El papel real de la tecnología, de la investigación científica y de la comercialización de los resultados de ambas en nuestro país; meditaciones sinceras que atiendan a lo que sucede, y no a lo que nos gustaría que pasara.
La reflexión acerca de la presencia de caravanas de migrantes en México, y el posterior asentamiento de algunos de sus miembros en nuestras ciudades, una temática que no se reduce a la demarcación política del país, sino a nuestra naturaleza como mexicanos, así como la dinámica que juega México dentro del continente, revisando su condición latinoamericana y también a su ubicación en Norteamérica. Convivimos con miles de personas que viajaban penosamente desde países lejanos, la realidad del mundo contemporáneo vivo nos golpea de frente y, a la fecha, no se ha hecho un planteamiento filosófico sobre un asunto tan importante. ¿Hemos asimilado-olvidado el confinamiento, los espacios internos y comunes creados con la pandemia, así como las dinámicas planetarias que dictaron la vida de miles de millones de seres humanos durante más de un año? La naturaleza del sistema judicial en nuestro país, abordado no sólo desde la perspectiva de la política oficial y la filosofía del derecho, sino como arreglo en el que hay una concepción de lo que es el régimen mexicano, los derechos humanos y la legalidad elaborados no sólo a partir de códigos, sino a través de la atención cotidiana a la ciudadanía. La coexistencia de muchos Méxicos en un solo espacio y momento, la imposibilidad o posibilidad de hacerlos de alguna manera compatibles bajo cierta identidad, o si es necesario aceptar que hay diferentes maneras de ser en México.
El México contemporáneo posee ciertas condiciones que compartimos muchos ciudadanos independientemente de la región, del género o de la edad. Propongo las siguientes,
i) El idioma, en este punto, me parece necesario esbozar un tema de reflexión. Considerar a las etnias indígenas como mexicanas, parecería un acto de reconocimiento de la pluralidad cultural, de reivindicación a los “orígenes” del país, así como un acto de inclusión. Sin embargo, cabría preguntarles a cientos de comunidades, cuyas tradiciones y lenguas no están emparentadas con la “mexicanidad”, dado que algunas de ellas son previas no sólo a la llegada de los españoles, sino al nacimiento de Jesús. Etnias que han sido “mexicanizadas”, censadas, alfabetizadas, reclutadas, evangelizadas, masacradas, explotadas, expulsadas de su territorio, manipuladas y acarreadas a actos políticos desde hace mucho tiempo. Sus lenguas maternas no son el castellano, y la imposición los hace parte de una comunidad lingüística, más no espiritual. Se puede explicar de muchas maneras la adopción de un idioma hegemónico, pero, en casos como este, parte de un acto de sometimiento que entra en discordancia con la política de apertura enarbolada por las socialdemocracias contemporáneas. Recordemos las voces de protesta que se han escuchado en nuestro país cada vez que se ha intentado masificar la enseñanza y el uso del inglés como segunda lengua. Cuando las etnias se han manifestado en contra de la imposición del castellano ¿se han escuchado sus objeciones, han tenido algún impacto real más allá del uso de eufemismos demagógicos?
El castellano mexicano se presta tanto para la precisión en sus expresiones, como en la ambigüedad cuyos alcances son regla no escrita de convivencia, y el juego con el doble sentido cuyo filo agudo ha llegado a herir a uno de los presidentes menos dotados que hemos tenido, quien llegó a alburearse solo en una conferencia de prensa. Los usos y costumbres hacen que decodifiquemos expresiones como “te marco más tarde”, “luego nos vemos para ir a comer”, “tenemos pendiente un café”, “a ver qué sale” o “estaba por llamarte”. Vasconcelos comenta al respecto:
Nuestra psicología como regla es la psicología del apostador; apostamos con nuestra riqueza y con nuestras oportunidades de vida; de hecho, apostamos con nuestra vida. Un decir popular es frecuentemente invocado cada vez que nos enfrentamos a lo desconocido, lo posiblemente inesperado: “A ver qué sale”. Con esto no queremos decir un fatalismo sino una especie de sentimiento de lotería, una decisión de probar el destino y obligarlo que entregue su secreto y su tesoro. “·A ver que sale” significa realmente: “Tengamos fe en el resultado, después de hacer lo mejor de nuestra parte, dejemos que lo incontrolable cumpla su capricho (2010, p. 55-56).
En México nada es lo que parece, en frases tan sencillas e informales vamos aprendiendo desde muy temprana edad que la literalidad no es la única manera de entender las palabras. Aunque nosotros no contemos con medios ortográficos para marcar tonos en el habla, ellos están presentes en muchas de nuestras conversaciones. Son frecuentes también nuestras expresiones de escepticismo, por ejemplo, alguien llama para reportar una fuga de agua, lleva su automóvil a reparar al taller o pide comida a su domicilio; al preguntársele por la respuesta recibida con frecuencia se antepone la expresión “se supone que…” La frase no sólo es una manera de expresar desconfianza, sino también tiene que ver con una noción colectiva del tiempo y de las relaciones interpersonales. Con variantes, existe cierto consenso en todo el país para asumir esta manera de comunicarse.
ii) La esperanza. Independientemente de las creencias religiosas de los mexicanos, que, buena parte de ellos son de filiación cristiana en sus diversas denominaciones, existe cierto apego a confiar en que el día de mañana las cosas mejorarán. La economía, la política, los resultados del equipo de fútbol favorito, las condiciones climáticas adversas o la inseguridad, dejarán de ser nefastas. Aunque confiar en el mañana no es una nota distintiva nuestra, está articulada a la perfección en nuestra vida colectiva. Es uno de los medios para mantener cierta salud mental y ser funcionales en condiciones que pueden ser inciertas. Si bien, el mexicano no es el único que se aferra a la esperanza para vivir, esa actitud articula nuestra existencia compartida. Los discursos políticos se han confeccionado desde hace siglos de esa manera, no siendo exclusivo tampoco de nuestro régimen nacional hacerlo, sin embargo, es interesante la manera en que suelen mezclarse elementos y figuras del ámbito religioso cristiano, personajes de la historia oficial revividos a partir de expresiones y actitudes –con frecuencia anacrónicas-, así como una interpretación, igualmente anacrónica, de las glorias patrias de antaño en las que siempre triunfa el bien sobre el mal. En ocasiones, funcionando como recursos para completar extrañas extrapolaciones como la siguiente: “Y, así como el general Ignacio Zaragoza derrotó al ejército más poderoso del mundo en Puebla, nuestra selección nacional de fútbol se coronará campeona del mundo”.
iii) Disposición para trabajar. Sin pretender participar en la reivindicación patriotera del mexicano, es justo entender algunos aspectos que componen uno de tantos clichés de nuestro pueblo. Un ser siempre alegre, amistoso, dispuesto para la fiesta y holgazán. La observación de la vida cotidiana, en diversas regiones del país, nos muestra que, por lo menos, esta última característica no tiene raigambre cultural. Es regular que muchas personas tengan dos empleos, de ahí la gran importancia de las estancias y guarderías infantiles. Las(os) médicas(os), maestras(os), obreras(os), por mencionar sólo unos ejemplos, que acuden a dos centros de trabajo diferentes en el transcurso del día. Hay personas que además se dedican a vender comida o prestar servicios a título personal. La jornada laboral extendida no es exclusiva de las ciudades más grandes de la república, paulatinamente se ha reproducido a muchas regiones del país, ya como respuesta al encarecimiento de la vida, ya como resultado de las condiciones sociales que imperan en todo el mundo. La gran mayoría de la población tiene por regla trabajar todo el día como medida remedial de los malos sueldos pagados, sin perder de vista las tareas domésticas de limpieza, alimentación y mantenimiento, parte de las ocupaciones atendidas cotidianamente. México es un país de personas activas, una de sus grandes tragedias es la mala remuneración, así como el mal enfoque dado a una fuerza productiva ancestralmente desperdiciada.
Cuando los mexicanos iban a los Estados Unidos o Canadá en busca de trabajo -hoy las circunstancias han cambiado para muchos-, tenían que cumplir horas efectivas de desempeño de calidad, y, no era poco común que consiguieran allá también dos empleos. La diferencia radicaba en los beneficios tangibles obtenidos, era posible contratar una hipoteca inmobiliaria susceptible de liquidarse después de décadas de aportar cuotas; hacerse de un automóvil nuevo, financiado también a crédito; enviar dinero a familiares en México; a veces sus hijos podían ir a la a universidad dependiendo de su desempeño y capacidades, o, recurriendo, también, a diferir pagos de las colegiaturas a largo plazo. Estados Unidos y Canadá nunca han sido un paraíso para los mexicanos, sin embargo, es innegable la diferencia del deleite de la remuneración del trabajo en ambos lados de la frontera. Quiero enfatizar la disposición de muchos mexicanos para trabajar y buscarse la vida al norte del continente, adquiriendo una mejor calidad de vida, entiéndase más digna, en el extranjero que en su propio país. Si el mexicano tuviera una pereza innata, no circularían cada año miles de millones de dólares por concepto de remezas, tampoco se haría de medios de subsistencia adecuados para mantener un mejor nivel de vida.
iv) El cambio. Este rasgo deriva de una mezcla de la visión esperanzadora de las cosas con los usos y costumbres. La mentalidad del mexicano está programada para pensar en el cambio, más como un tópico para rumiar, y, para sacar en conversaciones de toda clase desde las más informales hasta los discursos de “cara a la nación” en voz de los titulares de los poderes de la Unión. “Cambiar” es un verbo que forma parte de un sortilegio que señala los excesos del pasado y del presente, es el reconocimiento –sin consecuencias- de la propia culpa por ser omisos en la transformación de circunstancias nefastas, a la vez de constituir una palabra esperanzadora, el juramento de subvertir las repercusiones de los errores cometidos en un futuro retórico y no preciso. La enunciación del cambio necesario en realidad se nos inculca desde los primeros años de escuela. La historia, si así se le puede llamar, consiste en el devenir constante de un pueblo sacrificado que debe esforzarse por modificar las injusticias impuestas desde las más altas esferas del poder. Es imposible generalizar cuando se habla del mexicano, sin embargo, es preciso hacer notar el deseo de certeza que anhela buena parte de la población y cómo ésta se refleja en el habla. Certeza laboral, económica, política, jurídica y social. El menor asomo que se tenga de algo similar a cierta estabilidad, si logra superar los controles de desconfianza y escepticismo del mexicano, llega a convertirse casi en un artículo de fe. ¿Cómo es que el régimen de partido se volvió la única manera de gobernar al país? Por la necesidad imperante de estabilidad. La clara contradicción entre evocar el “cambio” y, simultáneamente resistirse a tener contacto con lo bueno por conocer que lo malo desconocido, forjan mentalidades, tradiciones y maneras de vivir. Es por ello que fue posible institucionalizar la Revolución (expresión suprema del cambio hace un siglo) en el seno del Estado mexicano, sea lo que sea que signifique ese proceso metafísico. La mención del cambio es una de las figuras del lenguaje franco de los mexicanos salpicado de notas moralizantes, siendo al mismo tiempo una charla sin sustento cuando se llega a sostener en algunos momentos, sustituyendo los comentarios sobre el clima para cubrir esos lapsos en los que no hay nada que decir. La necesidad del cambio en una sociedad en la que todos somos culpables por ser indiferentes ante las grandes tragedias que golpean a la población desde hace siglos es, en los hechos un manotazo al aire, un desperdicio de saliva y energía.
Algunas insinuaciones para pensar al juarense
En consecuencia, con las ideas arriba expuestas, es necesario ubicar al juarense en la atmósfera donde se desenvuelve como ser con características propias. El entorno es moldeado por los habitantes a la vez de ser éste el cincel que los configura. El paisaje, el clima, la distribución urbana, el espacio no sólo en un sentido métrico, sino en la dimensión interior de quien vive en él; el tiempo, de igual manera abordado como una apropiación de las circunstancias que nos rodean, su lento o rápido fluir, su relación con la permanencia o desplazamiento por lugares de Ciudad Juárez, así como la fijación de fechas y circunstancias específicas para construir el calendario local. Juárez frontera, condición ambigua y específica, relación entre países a la vez de repliegue al refugio de cada lado de la línea que separa a los dos países. Parámetro de comparación, espacio en el que la vida para juarenses, texanos y novomexicanos no es del todo norteamericana ni mexicana. Región vista con recelo y considerada decadente para los ciudadanos que están tierra adentro de la frontera y se consideran más apegados a la identidad nacional que los pobladores de la periferia. Juárez es una de tantas zonas vecinas de los Estados Unidos y, al igual que las demás, tiene su propia dinámica, condiciones únicas además de funciones políticas, estratégico-militares,[16] económicas e incluso turísticas.[17]
Al voltear al sur y observar los alrededores de Juárez, existen grandes extensiones de tierras que van de semi desérticas a desérticas habiendo pocas ciudades relativamente cercanas. Villa Ahumada y Casas Grandes son los lugares más cercanos. La imaginación que los marinos desarrollan al cabo de años de navegar por las aguas, enfrentándose a jornadas interminables en las que sólo se percibe el oleaje, a veces tormentas implacables, el horizonte inalcanzable, el cielo repleto de estrellas y el sol incandescente por el día. Historias de monstruos, genios marinos, sirenas, islas perdidas y espíritus de ultramar pintan de colores la monotonía. El desierto no es muy diferente al mar abierto, de pocos colores,[18] lleno de seres vivos, la mayoría de ellos no se pueden ver a simple vista, pero, todos comparten la fortaleza y la astucia para pervivir en un medio no siempre propicio. Los antiguos egipcios divinizaban a los animales del desierto que se paseaban por las arenas incandescentes o surcaban un cielo sin nubes donde el soberano absoluto era Ra a quien nada ni nadie se le podía ocultar. El halcón, el chacal, la serpiente y el escarabajo de las dunas eran considerados como la manifestación material de los dioses porque sólo alguien provisto de fuerza extraordinaria podría permanecer inalterable en ese medio. La poca vegetación, los espacios casi infinitos; aún dentro de la ciudad, los terrenos baldíos se encuentran en la mayoría de los sectores. Sagas de apaches, así como de otros habitantes de la zona, son los ingredientes para inventar relatos de toda clase, desde cuentos de fantasmas, pasando por leyendas urbanas protagonizadas por Juan Gabriel, Tin Tan, Jim Morrison, Al Capone y Marilyn Monroe, por mencionar tan sólo algunos; hasta las narraciones de aberrantes crímenes que, lamentablemente, tienen mucho de verdad. Tradiciones orales que perduran y se transmiten de una generación a otra porque son parte de los juarenses. Sobre las condiciones climáticas propias de Juárez, Ricardo León comenta:
Vivir a orillas del Río Grande y al norte de Samalayuca, en uno de los puntos del gran Desierto Chihuahuense, no significa otra cosa que acostumbrarse a los temporales de viento (algarabía espectacular de las dunas), de sequía (una sed insatisfecha de la tierra), de días de lluvias torrenciales (llanto al parecer incansable de las nubes) que así como llegan se van, cuando llegan, sin avisar, como si se mandaran solas. De igual manera en otras latitudes que han tenido que acostumbrarse a la humedad permanente, a los ciclones cada vez más violentos o a los temblores de tierra… la gente en cualquier parte del mundo, se adapta, muchas veces a costa de sacrificios, a las condiciones habidas y por haber… las temporadas de terregales, tolvaneras, ventarrones, aironazos o como le queramos llamar, son cada vez más prolongadas y lo sacan a uno de quicio… En Juárez y sus alrededores las ventiscas se convierten en colosales tormentas de arena… ojos sudorosos rodeados de finas partículas (de lo que sea) adheridas a la piel por lágrimas que no dejan de correr… ropa permanentemente terregosa… todo cubierto por esa fina capa de fragmentos terrenales que llegan por donde quiera y atraviesan cuanta barrera se nos ocurra ponerles. Abrimos cualquier aparato y encontraremos acumulación de desierto en su interior, las alfombras son repositorios de dunas, al igual que nuestros zapatos o cualquier cajón de este o cualquier mueble… (2007, p. 189-191).[19]
Cuando se narra el entorno de una ciudad como Juárez, es importante tener en cuenta la procedencia de quién la describe porque, a pesar de haber vivido en este lugar por décadas como es el caso de Ricardo León, hay elementos foráneos que sirven como punto de comparación, y, es a partir de ese proceso como se muestran aspectos que pueden pasar desapercibidos. Lo mismo sucede con los textos de Magali Velasco quien hace énfasis en el contraste con Xalapa y la Ciudad de México. Más que empobrecer la visión del medio, considero que enriquece significativamente la perspectiva de las cosas, revelando detalles muchas veces inadvertidos para quienes nacieron aquí o en el estado de Chihuahua. No siendo juarense de nacimiento, la primera vez que escuché del Puente al revés[20] lo primero que me vino a la mente fue un pasaje subterráneo, si los puentes van por encima del suelo o del agua, sin duda, este pasaría por debajo. La lógica del nombre no obedece a ese razonamiento sino atiende al sentido de la circulación del tráfico. El célebre puente no sólo es parte de la infraestructura, está incluido en los afectos que se le tienen a este lugar. Existen otros tantos puentes algunos de ellos desahogan mejor las aglomeraciones que el Puente al revés, hay uno llamado “Justicia por Chihuahua” y otro “Héroes de la salud”. Hasta ahora, no he conocido a un juarense de carne y hueso que se refiera a ellos con esos motes desbordantes de demagogia. Pagamos esos armatostes con nuestros impuestos, pasamos por debajo o sobre de ellos, pero, nada más. Algo similar sucede con la descomunal x colorada, cuya existencia es imposible de ignorar desde una parte de la región norte de Juárez como de una sur de El Paso. Ubicada en la Plaza de la Mexicanidad nombre un poco más usado y familiar para los juarenses talvez porque en ese lugar se instalan juegos mecánicos, puestos de comida, además de organizarse conciertos masivos.[21] Las zonas de Ciudad Juárez no sólo son lugares que satisfacen o insatisfacen las necesidades de los habitantes, también son escenarios que reciben nombres que captan la mentalidad de quienes se los han impuesto.
Los lugares trascienden en la consciencia de los juarenses por diversas razones, en el caso de los establecimientos donde se preparan burros, son de tomarse en cuenta muchas cosas para que un lugar tenga éxito no sólo comercial, sino que se convierta en un referente cultural de Juárez. Por ejemplo, la sazón, la originalidad de los guisados, el sabor de las tortillas de harina, el trato con los clientes, las salsas y demás condimentos, la música ambiental, las instalaciones, la higiene del personal, la ubicación geográfica, el precio, o entre otros muchos factores más, la dinámica social que ahí se produce. Parece que cuidar una larga lista de detalles nunca es suficiente, porque hay otro elemento difícil de crear sin la intuición propia del juarense. Una palabra, una expresión, un juego de sentidos, incluso el nombre del propietario pueden ser el complemento perfecto para que uno de esos lugares quede fijo en la memoria de los juarenses por décadas, aunque ya haya cerrado sus puertas. Me vienen a la mente nombres de burrerías como el Choque, Tin Tan en la 16, el Padrino, Tony, Crisóstomo, Tío Chepe, el Compa, los Metiches y el Chilo, por mencionar sólo unos cuantos de una lista casi infinita de establecimientos.[22] Magali Velasco toca el tema en uno de sus cuentos:
La burrería de junto es de Rolando Castillo Suárez, alias el Veneno. Roli hijo es el Veneno II y cuenta que su padre tenía en el cuello más lágrimas tatuadas que cualquier ordinario cholo. El Veneno I conoció a Dios en la cárcel y también ahí se hizo experto en burros. Nadie hacía el chile pasado como él ni el asado de puerco. Sus rajas con queso eran únicas, por eso cuando cumplió su condena, afuera de la casa de sus suegros comenzó a vender burritos con tanto éxito que compró la vivienda de junto y luego otra y en esa se murió (2009, p. 54).
Las burrerías son otra vía que nos dice qué o quién puede ser el juarense. El arreglo de factores nos muestra a seres de cuerpo entero preocupados por vivir la vida de la manera como se les va presentando; sin complicaciones, que, ya bastantes dificultades tiene incrustadas la cotidianidad como adoptar poses ridículas cuando se comen burros. El humor e ingenio del juarense para bautizar establecimientos no se reduce sólo a las burrerías, me vienen a la mente una cadena de taquerías, ahora ya cerrada, llamada Taco Chando. O el motel precozmente nombrado Rapid Inn. Motivos que hacen de nuestra ciudad campo fértil para el estudio de fijaciones freudianas. Nombres administrativa, social y moralmente imposibles de imponer a los negocios establecidos en la ciudad de Chihuahua, censura también de interés para revisar en el diván.
Otros lugares relevantes son Anapra, la calle Mariscal, el Parque Central, el Chamizal, el Astabanderas, el Parque Borunda, el lugar donde se encuentra la escultura del Papa Francisco,[23] las instalaciones del Canal 44 de televisión, la Chaveña, Teto Car´s,[24] la avenida de las Torres, cuyo tramo sur constituye el origen de la dimensión desconocida para algunos juarenses, incluso, hay quienes dicen que esa región ya no se puede considerar parte de la ciudad.[25] Bares y cantinas “tradicionales” “emblemáticos” o “típicos del centro de la ciudad”, El Valle de Juárez, poblado que tampoco forma parte de la Ciudad, visualizada por algunos más lejana y distante que Villa Ahumada. Los parques industriales que, a pesar de cumplir con la función de albergar grandes naves y tener elementos en común, cada uno constituye un mundo aparte. Entre los rasgos compartidos son de señalarse: el flujo constante de personas y autobuses, camiones de carga; traduciéndose en nudos gordianos para el tráfico local en horas de entrada y salida de cada turno. Según los cálculos de algunos cabalistas, los parques industriales cuentan en sus cercanías con al menos un motel de “estancias cortas”, “para echar la siesta”, “de relajación”, “de desfogue” o “con garaje”, a propósito de los eufemismos. Las plazas comerciales que van desde las Torres en el extremo austral, a penas explorado por expedicionarios aventureros, Sendero, las Américas y Misiones, cada uno dirigido a un sector de la población diferente y asimilado por esa parte como propio.[26] Desde el establecimiento de las maquilas, Ciudad Juárez ha ido desarrollando una gran dependencia económica ya sea como fuentes de trabajo, ya como centro que atrae servicios y diversos empleos y negocios paralelos. En todas esas décadas ha habido movimientos pendulares de disminución y auge de las maquilas. Lo cierto es que algún día tendrán que irse ¿hasta qué grado es parte de la identidad de una parte importante de la población trabajar en las maquilas? La postura actual del gobierno de los Estados Unidos respecto a México puede implicar serias repercusiones y traer consigo cambios drásticos en Juárez. Los antiguos pueblos que se establecían alrededor de los minerales tenían una vida limitada al tiempo que durara la mina. ¿Somos un pueblo minero “postmoderno”? Y ya en plan de comparaciones más o menos arbitrarias, me viene a la mente Las Vegas. Sin conocer esa ciudad, sin haberla caminado y visitado siempre me he preguntado ¿qué hay además de casinos y espectáculos? Pocos visitantes visualizan la ciudad más allá del cliché de la perdición y el vicio. Pienso que Juárez es vista con las mismas limitaciones, sin considerar que más allá de las maquilas, el cruce a El Paso, la vida nocturna y el periodismo de guerra que resulta tan atractivo para algunos reporteros foráneos hay vida como en cualquier otra ciudad del mundo. Magali Velasco señala esos ambientes preconcebidos de Juárez, dentro de sus cuentos son articulados de tal manera que consigue superar la mampostería para conectarlos con las condiciones existenciales de sus personajes:
En Juárez apostaban a los galgos, a los gallos, y cuando había, allá en el Valle, a las carreras de caballos (2009, p. 23).
A los 13 días de que Sol le sonrió a toda Ciudad Juárez desde lo alto de los espectaculares, su cuerpo fue encontrado por accidente. Pese a que muchos la buscaron, alguien sin querer dio con el tambo de cemento. (2009, p. 72)
Fue viernes, lo recuerdo muy bien, porque los vientos arrasaban con furia de tolvanera y caos. Ese día Volga me abandonó y después de que mi esposo me golpeara. Luego arremetió contra el animal, que apenas logró escapar, porque con las prisas de llegar a casa y terminar el pleito, Miguel no cerró la reja. Fue un viernes no santo, el mismo en que tres personas se quitaron la vida: una mujer de un fraccionamiento rico se cortó las venas; un muchacho de 15 se colgó en el patio trasero de su casa y un hombre de 50 y tantos se dio un balazo después de matar con la misma pistola a su esposa… El tercer viernes de abril soplaban esos vientos que filtran la arena por debajo de los remordimientos… (2009, p. 75)
Campos Elíseos, el estadio universitario de fútbol que el siglo pasado albergó a las Cobras, luego a los Indios y hoy a los Bravos; el fenómeno de cambiar el nombre del equipo local que trae consigo el tránsito de una división a otra, me resulta inexplicable, por no decir irrelevante. La zona del consulado de Estados Unidos con las consabidas filas interminables de juarenses nativos y de suplicantes de documentos migratorios de otras ciudades de Chihuahua, así como de estados aledaños. Las instalaciones de la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género y a la Familia (fem) es uno de tantos lugares que exhiben parte de la realidad innegable que se vive en Juárez. Su fachada tiene pintas de color rosa y morado, además, siempre pueden verse mantas colgadas con reclamos de arbitrariedades, abusos de poder y corrupción. Las denuncias públicas se han normalizado a tal grado que cada manifestación de rabia contra la autoridad lo único que consigue es “demostrar”, a los ojos de los inquilinos del inmueble, la apertura de la dependencia para recibir reclamos. En una tesitura similar se encuentran el Memorial del Campo Algodonero,[27] la Cruz de Clavos del Puente Internacional Santa Fe (Ortiz, 2023) y el Memorial de Villas de Salvárcar.[28] Recordatorios materiales de crímenes e injusticias que, lejos de terminar se reproducen de formas cada vez más descaradas. Aunque Ciudad Juárez no se reduce a los peores momentos que han vivido sus habitantes, es importante hacer notar que las autoridades ignoran la memoria de las personas, cabría preguntarnos ¿cuántos memoriales más van a crearse a partir de mandatos de la justicia extranjera?[29] En 2025 han salido a la luz delitos absurdos, tanto por el grado de impunidad, como por el gran número de víctimas y de personas implicadas. ¿Están por erigirse los memoriales de las guarderías, de las víctimas de los “sacerdotes” pederastas y de los cuerpos tirados como basura por los dueños de crematorios?
Los puentes internacionales son otro de los elementos del paisaje juarense, aunque la ciudad no se reduce a ellos sí son un motivo importante para recibir visitas de miles de personas. El puente Córdova, de las Américas, más conocido como “puente libre”; el puente Santa Fe, de la Juárez o “puente del centro”; el puente Zaragoza o puente Waterfill. Existen puntos de cruce fuera de Ciudad Juárez, el Puente Guadalupe-Tornillo y el paso Santa Teresa. Cada uno obedece a necesidades diferentes de ambos lados de la frontera, ya sea tiempos de espera, los establecimientos y servicios que se encuentran del otro lado. A propósito del turismo médico, por ejemplo, pueden encontrarse del lado mexicano consultorios de médicos, oftalmólogos y odontólogos en las cercanías, dispuestos para atender a quienes prefieren pagar precios razonables por consultar a un facultativo.[30] Cada puente tiene su mitología que lo envuelve e identifica. La red de vendedores de comida y bebidas, así como de artesanías mexicanas, muchas de ellas hechas en China. Me vienen a la mente cobertores con imágenes idealizadas de guerreros aztecas, la Virgen de Guadalupe o el escudo de la bandera nacional; cuadros con escenas no menos romantizadas de los próceres de la historia oficial, carteles de viejas películas o imágenes de autos deportivos. Los agentes que venden dólares y pólizas de “aseguranza”[31] por lapsos cortos. Así como limosneros y personas que limpian los parabrisas, anteriormente, algunos de ellos ofrecían el servicio de conseguir lugares VIP a los automovilistas con prisa que necesitaban cruzar con urgencia. Hoy en día, no respetar turno en crucero es una falta de tránsito más grave y con un porcentaje mucho menor de impunidad en comparación con feminicidios, la trata de personas, el manejo ilegal de cadáveres, el tráfico de órganos, la pederastia y el asalto a mano armada entre otros delitos irrelevantes.[32] El puritanismo vial con la respectiva reacción anárquica de algunos juarenses son un termómetro que mide el estado de cosas que se viven en nuestra ciudad. ¿Qué lleva al ciudadano a enfrentar a la autoridad de esa manera? No existe una respuesta única o correcta. Las circunstancias nos llevan a repensar no sólo el desacato, sino la visión del ciudadano que está implícita en las acciones de las corporaciones de seguridad, la actitud inspirada por la policía en el ciudadano que decide desobedecer. Las prioridades en la prevención de conductas sancionadas por la ley, y, la importancia real de los puentes internacionales en la ciudad, muy por encima de los barrios de clase baja, media baja y baja esparcidos por todo Juárez.
Hasta 2009 la calle Juárez, dónde desembocaba el puente Santa Fe en su extremo sur, era una zona franca para visitantes norteamericanos (algunos de ellos militares de Fort Bliss) que venían a divertirse en bares, cantinas, lugares de comida local, así como en los burdeles y establecimientos similares de las cercanías. Era una romería con mucho movimiento que cesó a partir de los operativos de “seguridad” iniciados durante el sexenio de Felipe Calderón. En esos años pasaron cosas que hicieron que Juárez y los juarenses cambiaran para siempre. Desde mucho antes de ese lapso el gobierno de Estados Unidos prevenía a sus ciudadanos de viajar a ciertas ciudades de México, en ese tiempo, las recomendaciones estaban justificadas por la violencia generalizada que no pudo ocultarse más. En ese momento el juarense se convirtió en un migrante o en un sobreviviente.[33] La calle Juárez y sus cercanías no eran propiamente un entorno alegre, considero que había desmadre contenido, podía verse –todavía se les ve- a personas ejerciendo la prostitución en condiciones verdaderamente denigrantes. No pretendo defender la “imagen” de la ciudad y del país, las circunstancias no cambian si se les esconde o se les criminaliza. La sola existencia de personas en esas condiciones, sin clasificar su género, es un manifiesto antropológico grabado en las políticas públicas. La dignidad humana no está en función de las preferencias sexuales. Mientras el movimiento infatigable de visitantes no cesaba, esas personas “sin nombre” permanecían afuera de tugurios, en espera de ser usadas por el nuevo cliente. Al acabarse los turistas, el centro de la ciudad terminó de caerse a pedazos. A pesar de ser remozada la calle Juárez con adoquines y bancas, de haber construido un paso subterráneo para agilizar el tráfico hacia las garitas migratorias y de haber convertido en zona peatonal un fragmento de la 16 de septiembre, es notorio el desinterés de los tres órdenes de gobierno que hay no sólo por los edificios y cada vez menos negocios que “heroicamente” resisten sin quebrar. Se ha comparado ese tramo con Bagdad después de la guerra, me parece más cercana a Sarajevo a mediados de la década de los noventa del siglo pasado.
Además de sus lugares significativos, Juárez cuenta con rasgos que no son exclusivos, pueden encontrarse en otras ciudades grandes del mundo, pero, embonados a los sitios y a la naturaleza de las personas, hacen que el conjunto resulte singular. Algunos de ellos como las columnas de humo que pueden observarse una o dos veces por semana; la combustión que los produce se debe a diferentes causas, desde la hierba seca que arde en terrenos baldíos, combustibles que se consumen en plantas industriales dentro de algún proceso de producción, incendios de automóviles o edificaciones, hasta artefactos explosivos como el que estalló el 15 de julio de 2010 en la zona centro (Rea, 2020).[34] Las colisiones de automóviles y camiones se ven a cualquier hora del día sin importar el rumbo de la ciudad donde se esté. Ya sea por la imprudencia de los conductores, por desperfectos mecánicos de vehículos nacionalizados o ilegales que son traídos por considerarse en Estados Unidos en calidad de chatarra, por el mal estado de las calles y los señalamientos o por transitar en una ciudad grande y compleja en muchos sentidos. Es común ver automóviles de todas clases y modelos con cicatrices de choques, hay personas que adoptan una postura relajada y no reparan los desperfectos, con la esperanza que el magnetismo cósmico atraiga un nuevo impacto que enderece abolladuras anteriores. Juárez es una ciudad que ha crecido sin mucha planeación, para algunos –principalmente para los políticos- es considerada una zona de tránsito, un lugar en el que no se echan raíces y que no es propiamente un lugar para hacer la vida, un trampolín para conseguir un puesto más alto en el régimen, antesala de cruce a Estados Unidos y para hacer cosas que en otras partes del país no se puede. Calles y avenidas son un manifiesto de la filosofía urbana, muchas con baches y cráteres que se rellenan provisionalmente mientras son nuevamente abiertos ya sea por la circulación de vehículos pesados y livianos, ya sea por las excepcionales lluvias que caen al año pero que son suficientes para crear inundaciones cuya atención bien merece el despliegue de efectivos de la Marina Armada a Juárez. La pregunta “estúpida” que muchos juarenses se hacen es ¿por qué no se ha construido un sistema de drenaje pluvial profundo en la ciudad? Las inundaciones traen consigo accidentes, derrumbes, y, entre otras maravillas, enfermedades infecciosas en la población. La gran desventaja del drenaje profundo es que no se ve, como la x colorada o como la torre de Cirith Ungol ubicada entre las calles Abraham González y Pino Suárez. Una obra enterrada no puede recordarle a peatones, conductores y visitantes lo grande que ha sido tal o cual alcalde, gobernador e incluso presidente de la república. En el desierto la lluvia es esporádica, puede ser hasta anecdótica, ergo, para malestares eventuales, nada mejor que medidas remediales que nada solucionan.
Los mercados de segundas están distribuidos por casi toda la ciudad, algunos están fijos toda la semana, otros sólo se instalan en días específicos. En ellos pueden encontrarse diversos productos usados y nuevos como ropa, tenis, herramienta, juguetes, teléfonos móviles, aparatos electrónicos como televisores, computadoras, consolas de videojuegos y electrodomésticos, entre otras cosas. Servicios cosméticos como maquillaje, uñas y estética unisex. Puestos de alimentos, postres y bebidas; consultoría de tarot y quiromancia, expendios de alimento para animales domésticos, reparación de celulares, y consultorios sexológicos que ofrecen gran variedad de substancias y juguetes para adultos. Cada tianguis tiene su propia historia, sus nichos de mercado y, al igual que los puentes internacionales, una mitología única. Ricardo León comenta sobre las segundas:
La venta de artículos usados, “segundas”, como se les conoce en la localidad, es una actividad que se considera muy románticamente como el detonador del Mexican self made man (or woman), como el mejor ejemplo para los cursos de emprendedurismo (sic) que se ofrecen en las escuelas de negocios. La gente que comenzó a vender segundas en la Perimetral lo hizo desde hace más de cincuenta años, y desde la década de 1990 casi se especializó en la oferta de autos traídos de los Estados Unidos, legales o no. Ello es la razón por la que se le marca como un hito cultural de la ciudad, al menos en palabras de mis entrevistados. Suciedad, desorden, peligro y corrupción, son conceptos también relacionados con esta parte de la ciudad (2024, p. 147-148).
Las fuentes de abastecimiento de esos mercadillos son también muy variadas, personas que ofertan sus propios bienes para llegar al fin de mes con cierto decoro, comerciantes que compran pacas de ropa usada en Estados Unidos o lotes adquiridos en ventas de garaje en El Paso y sus cercanías. Pueden encontrarse artículos poco convencionales como palos de golf, esquíes para nieve, manuales de computadoras de principios de la década de los setenta, herramientas para reparar motos acuáticas, o señuelos para cazar patos. Un buen observador puede aprender muchas cosas cuando visita las segundas, siempre y cuando se anime a preguntar por objetos y artefactos desconocidos y tenga la suerte de encontrarse con un marchante que conozca lo que vende. Las segundas son microcosmos donde se ven reflejadas las necesidades de parte de los habitantes de Juárez dispuestos a sacar dinero de las piedras, así como de compradores con la paciencia suficiente para hacer rendir al máximo su presupuesto. Hay también quienes saturan sus camionetas ben –medio de carga muy socorrido por los dueños de puestos de las segundas- de cosas traídas del Chuco, la mayoría de ellas usadas, sucias y desgastadas, inservibles para la mentalidad consumista norteamericana, pero, perfectamente funcionales para la mentalidad consumista juarense. Quizá en esos puestos surja el color gris, pero, no de las arenas del desierto; un gris percudido y desgastado. Muchas personas que no conocen Juárez o que vienen aquí sólo para tomar fila en alguno de los puentes, piensan que todos los ciudadanos tienen facilidad para cruzar la frontera. Una idea por demás falsa e inexacta, hay juarenses a los que no les es posible viajar para allá por múltiples razones, hasta quienes no tienen el menor interés conocer por esos rumbos. Las segundas, son para muchos juarenses, la única manera que tienen de conocer un poco de los estilos de vida de los gringos.
Torpes pinceladas para trazar un bosquejo del juarense
Como toda ciudad grande cuyo principal atractivo es la diversa oferta laboral (que poco a poco ha ido disminuyendo en lo que va de esta década), Juárez recibe a mexicanos de todas partes, sin embargo, hay comunidades que tienen mayor presencia numérica como los torreonenses, los veracruzanos, los chihuahuitas,[35] los oaxaqueños y los chilangos, que son ya juarenses;[36] resultando ocioso distinguir entre juarenses nativos, naturalizados y en proceso de conseguirlo. Lo que sí es un hecho, al margen de toda teorización, es que, en la calle, en las pláticas de los juarenses y en su humor, el chihuahuita es una figura entre ridícula e hipócrita. Se les denomina con este gentilicio a todos los habitantes de la capital del estado, así como a quienes han cambiado su residencia de Chihuahua a Juárez. El chihuahuita es un sabelotodo, el funcionario arbitrario que ve por encima del hombro a todos los municipios, sintiendo especial recelo por Juárez; entrometido y convencido que puede arreglar cualquier problema desde su escritorio, o, mejor aún desde su celular. El chihuahuita cree tener un abolengo cuasi noble, ser descendiente de familias ilustres y destacadas, referente moral –en Chihuahua capital sería inimaginable la existencia de establecimientos como el Rapid Inn o el Taco Chando-, adicto a guardar las apariencias, asiduo usuario de los puentes internacionales para visitar Cielo Vista Mall; perfectamente alineado y perfumado, armado con su iPhone de última generación para documentar dónde se estuvo, qué se compró y qué se comió. Ni todos los juarenses piensan lo mismo, ni todos los chihuahuitas caben en un estereotipo tan dignificante. Empero, la idea, está presente en la consciencia de los juarenses, no hace falta explicarla, por lo general, una frase que contiene la palabra “chihuahuita” no lleva el propósito de referirse en buenos términos a los capitalinos. A pesar de ser parte del lenguaje común de los juarenses, no existe una “chihuahuitofobia”, tampoco hay un rechazo en contra de ese sector. Es parte del humor colectivo, y, considero que es un rastro del sentimiento de repulsión contra las políticas centralistas que se agudizaron desde el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz. El chilango era, según esta mentalidad, el operador, beneficiario y creador del centralismo. Las incontables crisis electorales fueron agudizando la mala opinión sobre los defeños. Con el tiempo, las disputas fueron enfriándose, pero, las tensiones con la capital del estado se hicieron más fuertes, por ello, el chihuahuita ocupó el lugar del chilango en el imaginario juarense con la diferencia que es más despreciable lo que hace alguien que ya ha experimentado ser discriminado con anterioridad. Considero que las nuevas generaciones no tienen presente este antecedente. Insisto, más que un debate conceptual o un problema de xenofobia, se trata de una interpretación de las circunstancias sociales que no es nociva, es sólo un mecanismo dador de identidad dentro del mismo estado de Chihuahua. El juarense hace su vida de manera independiente a la capital porque en su ciudad hay una dinámica de vida compleja, porque todavía hay fuentes de trabajo para que la gente salga adelante y porque ese lugar “maldito” donde vive, aporta recursos económicos no sólo al estado, sino a la federación. Juárez es una ciudad importante por muchas razones y sus habitantes están conscientes de ello.
Los autobuses de transporte público son, en sí mismos un tratado sobre la antropología activa de un sector de la población, ese sector no sólo contempla a los permisionarios y los conductores, sino también a los pasajeros y la estructura burocrática que funciona para que esos arreglos cargados de símbolos transiten por las calles de la ciudad. ¿Cuántas veces hemos leído en los medios que se renovarán las unidades que prestan servicio de transporte colectivo en Ciudad Juárez? ¿Cuántas veces se nos ha asegurado que ahora sí ya no se permitirá ofrecer un servicio inseguro, contaminante, insalubre e indigno a los juarenses? En alguna de tantas campañas electorales para la presidencia municipal alguno de los candidatos prometió que los conductores estarían obligados a llevar camisa y corbata. Aunque se jure sobre la Biblia que ya no se permite la circulación de unidades que contaminan, de modelos viejos y no diseñados para el transporte colectivo, es suficiente con sentarse en las paradas de autobús del centro para ver que la realidad es otra. La “adaptación” de camiones de transporte escolar de Estados Unidos a rutas urbanas, implica no sólo temas relacionados con la más alta ingeniería automotriz, mejor conocida con el tecnicismo “chicanada”. Involucra también procesos paulatinos de cambio, similar a la metamorfosis de las orugas en bellas mariposas; no es excepcional ver camiones que conservan parcialmente la pintura amarilla con franjas negras en partes de la carrocería. Los propietarios colocan colores diferentes, escriben letreros con los nombres de las rutas o los números que los identifican. Y, dado que todas las medidas tomadas están conforme a códigos y reglamentos vigentes, en la parte trasera se aseguran de informarle a los demás conductores “QUEJAS 629 39 39”. Sólo la circulación de estos cacharros con seres vivos a bordo es un poema a la ilegalidad, es importante mencionarlo porque este hecho habla por sí mismo de lo que somos. Al explorar el interior de los camiones, salta a la vista la axiología estética abrazada por el propietario. Por lo general, podemos encontrar imágenes religiosas, santos, la virgen María y Jesús están colocados en lugares visibles. A veces, la palanca de velocidades está rematada en la parte superior con una esfera que en su interior puede tener por igual la imagen del Sagrado Corazón de Jesús como la silueta de una modelo con un bikini que cae de su cuerpo cada vez que el conductor mete reversa. Con frecuencia, el bastón de la palanca de velocidades está recubierto con un delicado tejido ajedrezado de fibras sintéticas. Esa misma reducción pedestre de las mujeres puede encontrarse, simultáneamente con las figuras sagradas, incluso no es raro que al lado de San Judas Tadeo se fije una silueta femenina que a continuación describiré. Piezas elaboradas con metal cromado, representan a féminas voluptuosas sentadas de perfil, con el cabello suelto que cae en su espalda. Menos populares, son las siluetas de mujeres sentadas de frente, para descifrar la figura hay que observarla con atención, dado que, a simple vista, puede parecer una araña, una letra estilizada o un mapa. A la fecha, no logro entender ni el significado ni la causa de dichas piezas, lo digo con toda honestidad, es posible que sea parte de los códigos de un lenguaje cerrado del gremio. Como sea, no le resta animalidad al hecho. Los conductores que escuchan “música” se aseguran que cada pasajero no tenga la menor duda que les gustan los narcocorridos, la banda sinaloense o el reguetón. No todos se deleitan con lo mismo, pero, son los géneros más comunes. El surround ofrecido como una característica que mejora la experiencia de equipos de sonido y salas de cine, en el caso de los camiones es una imposición. Algunos choferes cuentan con una manguera en forma de resorte que expulsa aire a presión, muy útil para retirar los rastros de arena y polvo que se depositan en el tablero, los instrumentos, el volante y la palanca de velocidades. Los altos son la ocasión perfecta para mantener impecable la unidad, sin embargo, la operación de la manguera puede también hacerse como un reflejo de la ansiedad y estrés del conductor. Por último, el exterior de los autobuses no es menos significativo, imágenes religiosas, siluetas femeninas y frases que van desde aforismos filosóficos, pasando por el recuerdo de difuntos, el apodo del propietario, referencia a pasajes de la Biblia o juegos de palabras a veces ingeniosos, a veces vulgares.
Es común observar escapes de tracto camiones discretamente adaptados a los autobuses urbanos salidos del estado de crisálida, bajo las reglas más estrictas de la ingeniería de la chicanada; es evidente que dichos accesorios fueron diseñados para motores, carrocerías y propósitos diferentes a los vehículos escolares de los Estados Unidos, no obstante, la libertad creativa se ejerce sin cortapisas. El mismo espíritu alienta a instalar alerones deportivos en la parte superior trasera de la carrocería, paneles con potentes luces led en la sección superior del parabrisas, muy similares a los utilizados por los vehículos de doble tracción que hacen travesías en las dunas. Focos de colores fuertes, azul, rojo, verde o morado. Esa misma luz morada baña el interior de los camiones en la obscuridad de las noches juarenses. Describo sólo unos cuántos elementos de usos y costumbres que exhiben parte de lo que somos. El discurso de las sociedades democráticas del mundo contemporáneo, exalta la dignidad y singularidad de cada persona. Sin importar sexo, edad, creencias, posición económica, filiación partidista, bla, bla bla. Sin embargo, la experiencia y los hechos que hemos vivido en México, el estado de Chihuahua y en Ciudad Juárez en todo lo que va de este siglo, nos llevan a entender que no somos más que un contribuyente, un votante, un clavo más clavado en la cruz del memorial, un número de derechohabiente, un punto más en las estadísticas que debe ser censurado o exagerado, dependiendo el caso. En un mundo en el que todos tienen voz y son importantes, la realidad es que todos somos nadie. ¿Nihilismo? en absoluto. Los pasajeros de los camiones urbanos, el conductor, los peatones, los automovilistas, no importan. Mientras se mantengan unas condiciones de transporte mínimas, aunque estén sujetadas con alfileres, lo que suceda no importa. Las personas son irrelevantes.
El gran problema es que esas circunstancias ya las hemos normalizado a tal grado que sólo se habla de otro lesionado en una colisión, otra desaparecida, otra mujer golpeada por su concubino/esposo/novio/amante/hermano/padre/vecino, otro ejecutado, otro niño abusado por un “sacerdote”, otro herido, otro secuestrado… Lo cierto es que “otro” es nada; no se trata de la excepcionalidad, sino del pan nuestro de cada día.[37]
Los juarenses pueden dividirse en dos grandes sectores, uno, el que ha enfrentado ya sea directa o indirectamente un crimen, un abuso de poder o la negligencia. El otro, al que afortunadamente no conoce por experiencia propia o cercana los crímenes, sabe de ellos por las noticias, por conversaciones o por escenas vistas a la lejanía en la calle. La actitud de no querer intervenir y no denunciar es perfectamente comprensible. La cultura cívica o el apego a la legalidad con dificultad pueden sostenerse en un medio tan agreste como en el que vivimos en Juárez. Por salud mental los juarenses funcionan, salen a divertirse, a trabajar, a comprar comestibles y visitar a los amigos, sin embargo, quedan guardados en lo más profundo de la memoria hechos como los retenes militares, las ejecuciones a media calle en plena luz del día, los cuerpos colgados en los puentes, las denuncias públicas por la brutalidad de las autoridades. Sin generalizar tampoco, el juarense es solidario y noble, dispuesto a ayudar a alguien en la calle, sin embargo, con los años ha ido adoptando medidas de cuidado y autoprotección que lo llevan a no ver y a no intervenir. En la superficie, parecería que la gente no se entera ni se preocupa de lo que sucede, considero que hay cosas más complejas en su actitud; la incertidumbre y el temor justificado de convertirse en un punto más de las estadísticas o de ser titular de las noticias de mañana.
Marco Antonio López Romero publicó un trabajo que recoge con gran lucidez la realidad de la irrelevancia e inexistencia de las personas en Ciudad Juárez. Sus crónicas periodísticas no dejan lugar a dudas de un entorno violento, de personas cada vez más insensibles, curtidas por el dolor ya por haberlo padecido ya por escuchar tanto de él que han perdido la capacidad de asombro. A la orilla del río, este desierto (López Romero, 2018) nos invita observar la dimensión justa de las desgracias; una noticia da cuenta de las relaciones entre personas. Seres que no se agotan en titulares, en la cárcel o en una fosa del cementerio. Todos tienen historia, familia y proyectos de vida. Ser criminales o víctimas es parte reducida de las muchas que componen sus vidas. López Romero nos ofrece un puñado de historias de invisibilidad, no se trata de un texto más, es una exhortación para pensarnos con mayor claridad en el presente convulso. La imagen festiva, alegre y hospitalaria del juarense ha de complementarse con las verdades cantadas en este libro. Me avergüenza haberlo descubierto hasta años después de su publicación.
Volviendo al tópico del desierto, este entorno es propicio para crear cosas, primero porque algunas de ellas no existen, segundo porque la indiferencia en este aspecto de nuestra vida en común es benéfica la mayoría de las veces. En el desierto Dios le habla a místicos y profetas, en las dunas los expedicionarios inventan caminos donde no los había, los que fracasan se vuelven locos; los que tienen éxito, crean pueblos y ciudades. El desierto es refugio de los bandidos, de las plantas y los animales más fuertes. Puede ser exilio y hogar, castigo y redención; los espacios inmensos del desierto pueden llenarse de introspección y de sueños construidos con bloques de realidad. En esas condiciones, nos encontramos con cientos de exégetas de la Biblia y otros textos sagrados que han escuchado el llamado para fundar “la iglesia verdadera”.[38] ¿Cuántas personas en Juárez se han declarado la segunda venida del Mesías? ¿Cuántos se hacen llamar profetas y apóstoles? Algunos de ellos han convertido sus casas en templos, centros de oración o de profecía. En ciertos casos, el aprovechamiento de sus inmuebles tiene la misma intención monetaria de quien vende menudo los domingos o tortas y hamburguesas los fines de semana. A fin de cuentas, no son los únicos que lucran con la fe de las personas, hay establecimientos mejor puestos, no por ello sus intenciones son menos nefastas. Por el contrario, hay otros casos en los que hay fe real de por medio y el contacto con Dios es real. No es difícil encontrar en barrios de la periferia de Juárez decenas de iglesias domésticas que anuncian los días y horas de culto con cartelones y mantas. ¿Hartazgo de comunidades convencionales? ¿Son una reacción de las muchas posibles ante una realidad que nos aplasta y desgarra? Hay quienes se refugian en los casinos, en el fondo de una botella, en la basura salida de laboratorios; hay quienes lo hacen en santuarios y adoratorios. ¿Respuesta ante circunstancias en las que la esperanza-mercancía ya no satisface apetitos del alma? ¿Mercado de la fe y la credulidad de las personas? ¿Llamados reales, esquizofrenias no diagnosticadas? Las respuestas posibles a estos y otros interrogantes nos darían como resultado tantas versiones del juarense como en realidad existen, todas ellas conviviendo en el mismo espacio y tiempo, obligándonos a pensar lo que somos con mayor compromiso y sinceridad.
Para finalizar…
Tan sencillo y complejo a la vez es plantearse la pregunta pivote de la antropología filosófica ¿qué es el hombre? La manera en que nos pasan desapercibidas muchas cosas es cuando las tenemos justo frente a nosotros, la cercanía es tanta que no auscultamos lo que está tan a la mano. ¿Qué, quién y cómo es el juarense?, una simple pregunta que evitamos responder desde la filosofía por considerarla efímera y desligada de los grandes sistemas occidentales. Parte del trabajo que nos corresponde hacer a nosotros, en el gremio de la filosofía, lo han hecho de manera más eficiente los periodistas, los antropólogos, los sociólogos y los historiadores. Las páginas precedentes, paciente lector, no son una conclusión definitiva ni plenamente documentada con todos los materiales de consulta que deben ser estudiados. Son sólo unas cuántas consideraciones de alguien que ha vivido y reflexionado, con todas sus limitaciones, el presente en el que vive. Juárez es habitado por cientos de miles de personas que son; tautología cuya verdad olvidamos. Mientras Ucrania recibe misiles que ya han sido normalizados por la prensa internacional, Gaza resiste con lo que tiene y como puede, con una población indefensa que está cautiva; Israel e Irán juegan al ajedrez teniendo como piezas la prensa, las armas de destrucción masiva, la población civil y unos aliados fluctuantes que cambian de bando sin el menor cargo de conciencia. España, Inglaterra, Holanda, Suecia, Bélgica, Dinamarca y Alemania enfrentan la ingobernabilidad en áreas más extensas de su territorio; forman parte de su realidad el desempleo, las adicciones a drogas cada vez más nocivas, la inseguridad en la calle cada día más de control, diversificándose los actos de violencia. Paralelamente, Juárez se estremece también, de otras maneras y sin ser el foco de atención de todo el mundo, pero, la gravedad de sus circunstancias no es menor. Juárez no está “colombianizada”, “balcanizada” o “iranizada”, tiene su propio infierno, sus propias miserias y virtudes. Mientras en otros países se derrumban estructuras que parecían inamovibles, en Juárez enfrentamos también nuestros propios terremotos. Una crónica anunciada con más fuerza de maquilas que se van de la ciudad, ser considerada por los Estados Unidos parte de un Estado Terrorista –sea lo que sea que eso quiera decir-, redes de pornografía infantil conviven en el mismo municipio que escándalos de pederastia clerical y encubrimiento episcopal; varios ejecutados cada día, más y más mujeres desaparecen; escándalos de corrupción y malos manejos del presupuesto público… Yo sólo pregunto ¿Qué ha dicho al respecto la filosofía?
In a darkened graveyard glows a light
I see it shine there every night
I know somewhere there's a hidden door
There's an answer here we must explore
No, I'll not submit to reason
I'll sit and watch the seasons change
We watch the children pray
Save us, God today
Come whatever may
We hold our fate and make the choice
But we'll not listen to that still small voice
Are we just crazy, out of our minds?
Wish this were someplace, another time
We watch the children pray
Save us, God today
Come whatever may
And I know we're going
So far away from this wretched life we lead
With open arms meet catastrophe
In the valley of the damned we'll be
And I know we're going
So far away from this wretched life we lead
With open arms meet catastrophe
In the valley of the damned we'll be
We watch the children pray
Save us, God today
Come whatever may
And now to life we say goodbye
I know the when but not the why
Our nation's blood spills on the ground
Our lives go out without a sound
“Watch the children pray”
Kurdt Vanderhoof
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Notas

