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Conferencia. Filosofía, ciencia política y salud mental en el contexto contemporáneo
Contextos de Educación, núm. 38, 2025
Universidad Nacional de Río Cuarto

Dossier

Contextos de Educación
Universidad Nacional de Río Cuarto, Argentina
ISSN-e: 2314-3932
Periodicidad: Semestral
núm. 38, 2025

Tiempo y complejidad1

Hay un reconocimiento explícito en las jornadas sobre el carácter transdisciplinar del objeto en cuestión. El asunto, entonces, es cómo problematizar su complejidad.

Un problema es complejo no por difícil, sino por la cantidad de elementos que constituyen su campo de afecciones. Si hablamos en términos de complejidad y problematización de la salud mental, su vinculación con la temporalidad de la existencia humana y con la temporalidad del poder, ya nos alejamos de las suposiciones más simplificadoras que ponen este campo como cuestión del individuo, que significa lo “indiviso”, pura unidad. Hay corrientes que siguen esa impronta de enfocar la salud mental en la pura vinculación de lo indiviso con el medio. Entonces, tenemos por un lado la simplificación del problema y la complejidad.

En las perspectivas simplificadoras, entran aquellas disciplinas y discursos que toman a la salud mental más como una cuestión de autoayuda, de resiliencia y de aceptación de lo real como una dimensión que afecta tanto como el individuo lo permita. Enfoques conductistas-positivistas, que se apropian de espacios como las neurociencias, el “coaching ontológico”, o las psicologías felicistas. La salud mental deviene aquí en el trabajo sobre la fortaleza del yo, en tanto se asume que habría un fondo sustancial con ese nombre, tapado por las obligaciones y mandatos; una perla cubierta del barro epocal a la cual hay que lavar, sacar brillo y ponerle su mejor cara. Luego de este encuentro con el yo, todo se tornaría cuestión de tomar las decisiones acertadas, tomando la información justa del medio, aprovechando las oportunidades y los momentos que allí están, sólo hay que tener la fuerza y soberanía del yo suficiente como para captar y operar. El mundo, el del yo y el de los demás yoes, se convierte -entonces- en su plena responsabilidad. No ser el yo pleno que se mandata, se convierte en una deuda a ese imperativo del yo, una falta a su potencia posible. Restarle potencia a la producción del yo es, entonces, culpa de la propia resistencia del individuo a su propia maximización. Es la fórmula “Culpa y deuda”, reflexionada tempranamente por Walter Benjamin (1921) y, aún antes, Max Weber (1905) en su célebre "La ética protestante y el espíritu del capitalismo".

No obstante, el carácter insoportable de la totalidad de lo real para los pequeños hombros de cualquier “yo” (es decir, la imposibilidad de que su éxito o su fracaso pueda ser asumido plenamente sin consecuencias destructivas para la psique) lleva a las prácticas de identificación de aquello que ralentizaría lo primero y acelera lo segundo. “¿Qué me retiene y no me deja “ser”? ¿Quiénes son lo que me despotencian?” Los viejos oligarcas de la Grecia clásica sostenían ser los aristós, los mejores, y que la participación de cualquier otro (ni que decir otra) arruinaba lo que podría ser mejor. En la actualidad, aristós, supuestamente no es cuestión de nacimiento, sino de la estrategia individual frente a la oferta de bienes y servicios. De allí a aquí, la agregación de “yoes” que sería lo humano, y su pretendida incompetencia para asumir la resiliencia de la producción en potencia de su propio yo, tiene como deriva la constitución de sociedades fragmentadas en estas unidades, informadas por esos criterios de maximización.

En nuestro tiempo, de esto se trata lo que en filosofía y ciencia política llamamos “neoliberalismo”. No se trata de un problema de monetización, sino de la economía libidinal del sujeto. Les propongo esta definición elaborada por mí a partir de diversas lecturas: “el neoliberalismo es una lógica que instituye un género específico de temporalidad como lo real, disponiendo allí una relación de enajenación particular a la identidad Sujeto-Objeto, basada en una específica economía libidinal orientada a la productividad y la individuación”.

Acá nos acercamos a una idea de visión de complejidad del problema de la salud mental. Involucramos al tiempo, las relaciones, la enajenación, la identidad sujeto-objeto, el deseo y el placer, y el trabajo de individuar.

Muy brevemente, diré alguna cosa del elemento clave de esto: los rasgos de esa temporalidad. El tiempo es la categoría ordenadora de nuestra existencia humana. Todo lo rige, todo lo regula. Lo creemos infinito, y en distintas etapas de nuestra vida así nos creemos nosotros mismos, infinitos. En algún momento, no obstante, nos enfrentamos al dato más terrible, la finitud. Y si el tiempo es el ordenamiento, el contenido, la narrativa del orden, es siempre un exceso al individuo. El yo, dice Judith Butler, es un acto de “desposesión”: no hay yo, hay una disputa inmanente, permanente, por informarle qué ha de ser. Podríamos traducirlo en que mucho antes de decir “yo soy”, se me ha dicho mil veces “vos sos”. Entonces, una cuestión crítica para pensar en complejidad la salud mental sería: ¿qué son estos tiempos que corren? ¿Qué los hace correr en la dirección en la que van? Y, si a esa fuerza que hoy empuja nuestra temporalidad la podemos identificar como “neoliberalismo”, ¿qué rasgos le “imprime” éste, como marca de época, a la salud mental?

Tiempos del yo

Señalaré apenas tres elementos de ese problema que es la apropiación de la salud mental por tiempos neoliberales: 1- el agotamiento de todo otro tiempo que no sea el de la producción; 2- el aceleracionismo sobre el tiempo productivo; 3- la reducción de todo orden de los afectos a la extinción de lo Otro.

1. El agotamiento de todo otro tiempo que no sea el de la producción

En Japón llaman “Karoshi” a la muerte por exceso de trabajo. Fue reconocida como un problema de salud pública operante desde 1987. Algunos cálculos indican unas 10mil muertes por año. Muertes por apoplejías o paro cardíaco, vinculadas a jornadas de trabajo de más de 60hs por semana, llegando a 80hs. Afecta a personas de mediana edad, profesionales, vinculados a una rutina de trabajo empresarial como empleado/a, presionados por el imperativo de la productividad, el cumplimiento de objetivos y la recompensa económica. En China se lo conoce como “guolaosi”, en inglés como “burnout”: su lógica es global. Vidas que giran en torno al trabajo.

No se trata de nada nuevo. La incómoda visibilidad de esos cuerpos muertos en la comunicación global, hizo que se le pusiera un concepto. Ese concepto ya lo empezó a rastrear Karl Marx (1867) en El Capital, su cap. VIII, al describir la muerte de Mary Ann Walkley en junio de 1863, una joven de 20 años, empleada de un taller de modas proveedor de la corte. Mary Ann y sus compañeras trabajaban una media de 16hs/día, pero en temporada hasta 30hs de continuo, con mal descanso, en malas condiciones. Murió, según el médico que la analizó, por las largas horas de trabajo ininterrumpido. El forense oficial lo corrigió, dijo que fue por una apoplejía, tal vez acelerada por el trabajo excesivo. Dice Marx: “trabajar hasta la muerte es la orden del día, no sólo en los talleres de las modistas, sino en otros mil lugares, en todos los sitios en los que florece la industria…” (Marx, 1999, p.199).

Entre nosotros/as hay jactancia de quienes “se levantan a las 5am, no importa quien gobierne…”. Pero sí hay algo gobernando ese despertador, siempre. Es que el asunto, a fin de cuentas, es que el capitalismo se basa en el robo del tiempo humano por encima de su necesidad de reproducción. Eso es el plusvalor. El capitalismo se basa en la búsqueda de ganancias, lo que por definición no tiene techo, como sí lo tienen nuestras fuerzas. Por su propia lógica, entonces, el capitalismo empuja por extender la jornada de trabajo. El trabajo, por su parte, intenta -dice Marx- poner una jornada laboral de magnitud humana, normal. Hay un choque entre derechos: al intercambio mercantil uno, a la vida más allá del trabajo, otros. Y entre derechos iguales, nos dice, “decide la fuerza”. ¿Qué tiene más fuerza entre estos?

Pero Marx no llegaría a vislumbrar la conversión del trabajo en cómplice de la producción. Es decir, el capitalismo, como lógica, aprendió que era mejor convencer lo humano a que empuje en la misma dirección. Gran parte del siglo XX preparó la escena del siglo XXI: el deseo de producción inmanente del individuo, conforme al escenario de la producción capitalista. Es una genialidad de esta lógica, convertir al Sujeto en una relación consigo mismo como objeto de explotación. Se anticipó el protestantismo con la modificación de la relación del sujeto con la trascendencia: del “trabajar y orar”, al “trabajar es orar”. El individuo se convierte en artífice de la compra de su salvación en la trascendencia o, en su versión secular, ser es producir.

Hoy el individuo se presenta, es presentado como un caso de negocios. ¿Qué tenés para ofrecer? ¿Cuánto vale para el mercado tu oferta? ¿No tenés nada más? ¿El mercado pide lo que vos tenés? ¿Qué vas a hacer, entonces? Negocio es neg-otium, negación del ocio. No hay tiempo para otra cosa más que para los imperativos del mercado. Por cierto, Argentina acaba de ser presentada por el presidente Milei como “un caso de negocio”. ¿Nos hemos preguntado qué tiempos quedan aún por extraer? Tenemos, por ley, la jornada de trabajo de 8hs. Sabemos que en millones de casos no ocurre, pero es justamente para provocar una igualación a los caprichos del mercado que el neoliberalismo toma al Estado, para poder dejarlo por escrito y utilizar la represión jurídica y policial ante su incumplimiento. A partir del DNU 70/23 se habilitó una reforma laboral, hoy frenada parcialmente por un amparo, para que se habilite la jornada laboral que sólo respete las 12hs de descanso entre una jornada y la siguiente. Sería una decisión individual, en libertad, claro…

¿Qué más queda allí como “ocio”, como algo que deba ser negado e introducido -otra vez- como relación de mercado? Hay muchos territorios por “cercar”, como los llamados “bienes comunes” (agua, aire, tierra, espacios digitales); hay muchos ámbitos en donde se ha negado -al menos parcialmente- el negocio: cárceles, seguridad pública, educación, salud, circulación, información. Hay otros espacios que el capitalismo va a intentar reconquistar: el tiempo de la jornada de trabajo, las horas de descanso, las vacaciones, las licencias por lo que sea, los individuos que fueron excluidos del radar laboral (infancias, ancianidades). Lograr esto requiere un trabajo muy grande de destitución normativa, extractiva y creativa, de muchas cosas que se lograron instituir como parte de una ética social y humana en nuestra Constitución, Tratados Internacionales y leyes internas. El actual gobierno creó un ministerio específicamente dedicado a esto, algo que había anticipado en la “Ley Bases” (Ley 27742, promulgada el 8 de julio de 2024, entró en vigencia el 9 de julio de 2024).

2. El aceleracionismo sobre el tiempo productivo

Nuestro tiempo vital parece no regirse ya por ninguna cronología biológica vinculada a una sincronía con la naturaleza, sino sólo por los aditamentos artificiales a nuestra evolución vital. Los tiempos son los del trabajo, los de la comunicación, los de la circulación. ¿Pasa más rápido el tiempo, o más lento? ¿Dónde están las horas que nos faltan para mirar el techo, o a nuestras infancias, o visitar amigos/as, leer un libro, juntarse a pensar qué pasa, ir a una marcha, al sindicato, al centro de estudiantes, a un congreso? Estamos acelerados, corremos sin saber existencialmente bien hacia dónde ni para qué, aunque el neoliberalismo impone bien hacia dónde no y hacia dónde sí. Es raro el tiempo y la velocidad a la que circula.

Dice Milan Kundera (1995) en La lentitud:

Voy conduciendo y, por el retrovisor, observo un coche que me sigue (…) El conductor espera la ocasión para adelantarme (…) Vera, mi mujer, me dice: «Cada cincuenta minutos muere un hombre en las carreteras de Francia. Mira todos esos locos que conducen a nuestro alrededor (…) ¿Cómo es que no tienen miedo cuando van al volante?». ¿Qué contestar? Tal vez lo siguiente: el hombre encorvado encima de su moto no puede concentrarse sino en el instante presente de su vuelo; se aferra a un fragmento de tiempo desgajado del pasado y del porvenir; ha sido arrancado a la continuidad del tiempo; está fuera del tiempo; dicho de otra manera, está en estado de éxtasis; en este estado, no sabe nada de su edad, nada de su mujer, nada de sus hijos, nada de sus preocupaciones y, por lo tanto, no tiene miedo, porque la fuente del miedo está en el porvenir, y el que se libera del porvenir no tiene nada que temer. (Kundera, 1995, p. 4)

Necesariamente, el tiempo que le debemos a la lógica neoliberal debe salir de algún lado. Es un dios caprichoso, no admite resistencia ni negativas. La economía libidinal, el deseo, debe permanecer siempre en el mismo ámbito: la producción y el consumo. Que es monetario, pero no sólo. Es importante este punto. Es el consumo de todo otro tiempo que pueda ser desplazado a otros ámbitos. Es una información, una inteligencia circulante en nuestra cotidianidad. Es la regulación directa, pero, mayormente, indirecta sobre la soberanía del sujeto. Nos pican las manos si pasamos más de 5 minutos sin chequear que pasa en el celular: que pasó, si nos escriben, si no nos escriben; si gusta, si no gusta. Ya es vox populi que se trata de una adicción, pero de las funcionales. Y como es funcional a una lógica que se retroalimenta de los datos, de la producción de datos y de su optimización, de la individualización del deseo, es la joya de la corona de nuestro tiempo. Tanto que hoy se convierte en la fuente de intercambio del deseo de ser a los individuos de toda la actual generación.

Lo que se ve, lo que se comparte, es el objeto del sujeto. ¿Quiénes son los héroes de nuestro tiempo? ¿Rosa Parks, Juana Azurduy? ¿O Elon Musk? ¿El estudio crítico o el trader que promete 10 mil dólares por mes sin ningún saber previo? Si se promueve que apenas más que infancias de 13 años ya puedan ingresar como sujetos plenos en la bolsa de valores a intercambiar bonos y acciones, antes que instar la formación humana, podemos tener indicios de la dirección y los rasgos de este aceleracionismo. Trabajar antes, ser parte antes, mientras se recorta lo real a esa única dimensión. Vidas sin miedo de los efectos, porque hemos sido liberados del porvenir. El neoliberalismo no se pregunta por el futuro que no sea el del mercado y su inmediatez. Vende ese futuro y, ojo, gana elecciones con esa oferta, frente a la ausencia de futuros alternativos claros, opacados también por su fagocitación del presente.

Días pasados, el presidente Milei se jactó (siempre se jacta de sí y de su ideario, todo un rasgo) de haber hecho una reforma 8 veces más grande que la de la neoliberal década de 1990 sólo con el DNU 70/23 y la Ley Bases (N° 27742). Diez años acelerados en 10 meses. Lo que está acelerada, se advierte, es la demanda del extractivismo capitalista: el tiempo humano dedicado a la producción no debe tener ninguna distracción que no sean las suyas. Se plantea la constitución de sujetos “24/7”2, cuya totalidad de existencia sea funcional a esta reproducción. El neoliberalismo va cerrando válvulas de escape o barreras de defensa que los pueblos humanos lucharon por instituir en el Estado, en sus leyes, en sus existencias cotidianas y vitales con el medio ambiente. La guerra es total.

3. La reducción de todo orden de los afectos a la extinción de lo Otro

Uno de los efectos necesarios de esta lógica en torno a la primacía de lo indiviso y su choque con lo real es el cercamiento de su psiquis. ¿Qué significa? El convencimiento de la primacía del yo, y la introducción de los imperativos de culpa y deuda como motores libidinales, choca contra las posibilidades concretas de su satisfacción en una realidad que se cifra en las ventajas competitivas y comparativas históricas, antes que en las fantasías austríacas de la competencia perfecta. ¿Cuáles son esas ventajas? Las del género y la identidad sexual, las del color de la piel, las de la riqueza heredada en las clases sociales. Es la historia de occidente. La lucha de los pueblos por su emancipación ha sido contra estos privilegios, contra estas verdaderas castas.

El neoliberalismo introduce, no obstante, una variación extraordinaria para hacer retroceder estas luchas y para hacer de los oprimidos por esas ventajas los defensores de las mismas. Como se evidencia en un análisis crítico-histórico de los privilegios en el capitalismo, la satisfacción equivalente es una imposibilidad y, por tanto, la violencia extractiva es la norma del capitalismo. Pero el humano no puede vivir bajo ese principio de realidad consciente de la insatisfacción, saberse una batería móvil. Para investir esa realidad, el neoliberalismo introduce el deseo de servidumbre en la constitución misma del individuo, pero bajo el supuesto de que es una relación libre. Tener un amo, una ley, es lo propio de la construcción del humano, como pensaron Freud y Lacan. La cuestión, entonces, es ¿cuál es el amo en una lógica que pareciera no tenerlo, que está en todos lados y en ninguno? El amo es uno mismo. Al sujeto se le traslada la obligación de ser su propio jefe, censor, orientador de su economía libidinal: de ahí al ya mencionado Karoshi, nada.

Claro que, como decía Lacan (1964), siempre hay un sujeto de saber. Saber que no es un sujeto, sino un lugar. ¿Dónde está el lugar del saber para el individuo en el neoliberalismo? Es indicado: el mercado. Si somos un caso de negocio, si nuestras vidas son de oferta y demanda, ¿dónde habrá de estar el lugar del saber si no es en el terreno en que se desenvuelve esa existencia?

Pero, ¿y el Otro? ¿Qué hacemos con la intersubjetividad, y los efectos que puede tener el desplazamiento de la economía libidinal al territorio del mercado? ¿No es la intersubjetividad la lógica y principio del humanismo? La solución neoliberal es consecuencia de su lógica: el otro es no-lugar, que maximizado es el lugar del odio. ¿Todo otro? No, lo que es radicalmente otro, es decir, todo otro que antagonice con el lugar del Saber. ¿Qué combate al mercado como el lugar del Saber, como un absoluto principio ordenador? En primer lugar, los derechos humanos, en cualquiera de sus expresiones, porque principian en la vinculación y la demanda de torcer lo real para el desarrollo del ser humano, lo que lleva -indefectiblemente- a la disputa contra lo que privilegia a unos por sobre otros basado en razones que son caprichos ideológicos.

Tenemos, entonces, caprichos ideológicos versus derechos humanos. Los discursos de odio son eso, son caprichos ideológicos. Su crecimiento exponencial se debe a que el neoliberalismo, efecto del aceleracionismo del que hablamos, perdió la paciencia con lo poco de democracia que tenemos. Avanzar contra la democracia y los procesos de democratización basados en los derechos humanos, plasmados en la forma política de un Estado ético, es la constante del capitalismo. El neoliberalismo aprendió de las experiencias de las dictaduras: no es eficiente la dictadura, es muy visible el poder. Otra vez, el giro es hacer que el sujeto desee terminar con la democracia, y sus pactos. Si el escenario que plantea es de guerra, si todo Otro al mercado es un enemigo, la conclusión lógica es su eliminación.

¿Cómo hacer digerible ese concepto de eliminar al enemigo? Haciéndolo tan horrible que su exclusión total sea tenida por un beneficio para el principio de realidad. Entonces, esos enemigos son los corruptores de un orden natural, serían “estética y moralmente inferiores”3, son un virus, la podredumbre, el reducto de pus, que enfrentan a quienes apenas pretenden liberar a los individuos de todo lo que ralentiza el tiempo de la producción. “Somos estudiantes, queremos estudiar”4. Es decir, se lee: “no queremos nada que no sea la individuación de mi elección en el supermercado universitario”. En la fantasía completa de quienes habitan lo público en la universidad bajo la creencia en los supuestos del mercado, su principio de realidad tal vez debería leerse así: “Permitan que satisfaga mi mérito de haber encontrado una universidad gratuita, y docentes que me dan clases gratuitas, y que esa libertad sea ejercida en pleno. Voy a odiar, con ganas, aquello que se me oponga: paros, tomas, clases públicas, que me digan lo pobres que están los docentes o mis compañeros/as, que me muestren un mapa de datos. No quiero nada, sólo mi objetivo. Y rápido”.

La defensa en contra de los derechos humanos es una consecuencia también lógica del neoliberalismo. Las mercancías deben circular de modo más rápido, más eficiente, más efectivo. Todo el tiempo. Pero lo humano, vaya cosa, se resiste. La apropiación de la emocionalidad del odio debe ser bien dirigida. Cuando la propia racionalidad del mercado que se impone por el gobierno del Estado y la ley no alcanza, nos desplazamos hacia donde estamos hoy: en un experimento de neoliberalismo fascista. ¿Por qué fascista? Porque plantea que todo Otro es un enemigo que debe ser extinguido. No hay medias tintas. Y eso hace hoy la lógica en el gobierno. Avanza contra sus enemigos. Lo construye, o se monta sobre lo que la lógica viene instituyendo como lo infecto. Conducir el odio, de eso se trata.

Pero el mercado es muy impersonal para esa conducción, por eso el fascismo aporta un representante, una encarnación del lugar del Saber, y eso es Javier Milei. Milei no es sólo un muñeco. Es clave, porque es la figura de el fánatico. Es el verdadero creyente. Es una figura muy poderosa como arquetipo del poder. Es el Savonarola extremado de nuestro tiempo. Savonarola fue ese Fraile florentino que en el siglo XV se quedó con el poder de la ciudad luego de acusar, no sin razones, a la curia y la aristocracia de todos los males que desviaron la moral y, por lo tanto, la salvación en esta vida como en la otra. Savonarola, excedido de poder, construyó viejos y nuevos enemigos: la curia, la homosexualidad, las vestimentas, el maquillaje, las prostitutas, los que pensaban distinto, los que tenían otro color de piel. Todo y todos terminaron en la “hoguera de las vanidades”.

En un escenario como el de nuestro tiempo, de incertezas, de desconcierto, de falta de futuros, la figura que se muestra como lugar del saber es extraordinariamente poderosa. Por eso Milei fascina, porque es honesto en su fanatismo. Y ese fanatismo es el que empuja a sus verdaderos seguidores, así como a los que aprovechan el momento. Los efectos son prácticas reñidas con todo lo que conocíamos como pactos democráticos, de cuidado, de atención. Son coordenadas nuevas para nosotros/as. Aceleradas en sus intervenciones y en el crecimiento de sus violencias, por las razones mismas de ese aceleracionismo. Las tomas de colegios o universidades nacionales se atacan con gas pimienta por otros ciudadanos, sin que sea necesaria ninguna orden presidencial. Son sus propias milicias parapoliciales las que lo hicieron, y lo harán con esto y con otras prácticas o marchas o espacios de defensa de lo común. Es la emergencia de un fascismo societal amparado por el oficial: en apariencia inorgánico, pero conectado orgánicamente al cuerpo de este experimento. Las declaraciones como “metáforas”, los tweets o retweets, no son leyes de extinción, se ampara nuestro fanático, no son ordenes formales. No obstante, funcionan como mandatos y fundamentación a la construcción de estigmatización y denigración de ese Otro que debe ser extinto. El fanático es absolutamente necesario para el lugar del poder. El personalismo y su culto, la simbología, el carácter fálico, el misticismo, el antiintelectualismo, la propaganda, la jerarquía, el orden absoluto, el victimismo, son sus marcas, no falla. El camino hacia el horror no es una posibilidad, está ya en curso. Es este su tiempo.

Finalmente, ¿qué nos queda? ¿Cómo habrá de estar la salud mental de todo lo que es ese Otro señalado por el neoliberalismo fascista? Esa sensación transversal de “nihilismo domesticado” (Prevé, 2009), esas ganas de nada, ese agotamiento libidinal, no son ni casuales ni espontáneas. Son un programa político. Ojo con eso.

Este tiempo nos acorrala. ¿Qué hacer?, es la pregunta que nos hacemos muchos/as. Walter Benjamin nos decía que:

“Los calendarios no cuentan, pues, el tiempo como los relojes son monumentos de una consciencia de la historia de la que no parece haber en Europa desde hace cien años la más leve huella. Todavía en la Revolución de julio se registró un incidente en el que dicha consciencia consiguió su derecho. Cuando llegó el anochecer del primer día de lucha, ocurrió que, en varios sitios de París, independiente y simultáneamente, se disparó sobre los relojes de las torres”. (Benjamin, 2008, p. 52)

Romper el tiempo neoliberal, antes que nos rompa. La discusión se extrema porque nos empuja al extremo de la lucha por la supervivencia de lo humano, del humanismo, y las posibilidades de su despliegue. En contra de la conversión de nuestra humanidad en meros haces de estímulo-respuesta, en contra de la fagocitación del libre pensamiento crítico a la lógica del fanático, en contra de la sumisión del tiempo humano al tiempo de la producción, todas fuerzas que enferman angustiando, estresando, matando, en contra de todo ello necesitamos poner en valor -y luchar por- la salud mental en esta perspectiva de complejidad, como un derecho humano elemental.

Referencias

Benjamin, W. (2008). Tesis de Filosofía de la historia. En Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos.México: UAM.

Kundera, M. (1995). La lentitud. Madrid: Busquet.

Lacan, J. (1964). Seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

Marx, K. (1999). El Capital. Crítica de la Economía Política, I. México: FCE.

Prevé, C. (2009). Marx lector de Hegel y…Hegel lector de Marx. Consideraciones sobre el idealismo, el materialismo y la dialéctica. https://marxismocritico.com/wp-content/uploads/2019/07/marx-lector-de-hegel....docx.pdf

Notas

1. Advertencia: el texto conserva el tono coloquial de la exposición en las 2da. Jornada Interuniversitaria de Salud Mental: “La emergencia de una Salud Mental con sentido social y comunitario ante los discursos y prácticas de odio en los tiempos que corren”. 24 de octubre de 2024, Campus UNRC.
2. Se utiliza esta reducción (24/7) para hablar del “sujeto neoliberal” como aquél que pasa la totalidad de su tiempo en situación de producción de sí mismo como sujeto productivo para múltiples mercados, desde el laboral al libidinal, desde el corporal hasta el parental, etcétera.
3. La frase es utilizada por oposición a la afirmación que hiciera el actual presidente Javier Milei -antes de serlo- en un programa de televisión en junio de 2021.
4. Frase utilizada por sectores estudiantiles universitarios reaccionarios a los planes de lucha de los gremios docentes, nodocentes y estudiantiles, que instrumentan acciones de paro y concientización respecto al financiamiento educativo y la calidad académica. Bajo ese lema, despolitizante, estudiantes de la universidad pública asumen una visión de supermercado de la institución educativa y sus conflictos, desafectados y despreocupados pero, a la vez, reclamantes de asegurarse individualmente su clase y título.

Notas de autor

* Santiago José Polop es Licenciado en Filosofía y Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Río Cuarto. Doctor en Ciencia Política, por la Universidad Nacional de Córdoba. Es Profesor Efectivo e investigador en los Dptos. de Filosofía y de Ciencias Jurídicas, políticas y sociales, de la FCH, de la UNRC. Universidad, de la que actualmente es: Director del Departamento de Filosofía, coordinador de la Cátedra abierta de derechos humanos, y Director de la Diplomatura Superior en Derechos Humanos. Sus temáticas de estudio giran en torno al pensamiento complejo, los efectos del neoliberalismo en torno a los procesos ético-políticos contemporáneos, su envestida contra la universidad pública, la conflictividad política, la ética y la política en el acto educativo, las prácticas político-culturales y los procesos de subjetivación, la alfabetización política y la promoción del ejercicio de derechos humanos en jóvenes. Es autor, co-autor y compilador de libros, así como autor de artículos en revistas especializadas nacionales e internacionales, sobre las temáticas mencionadas. Ha participado como expositor y conferencista en eventos académicos nacionales e internacionales. Recientemente en el año 2024 ha dictado el taller “El derecho, los derechos: Críticas al derecho en América Latina”, en el Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad de Coimbra, Portugal.


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