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Universidad, política y violencia: tácticas y demandas de grupos estudiantiles y docentes, en un ciclo de protesta (La Plata, 1968-1974)
University, politics, and violence: student and faculty activism in a cycle of protest (La Plata, 1968–1974)
Contenciosa, vol. 1, núm. 16, e0068, 2025
Universidad Nacional del Litoral

Artículos

Contenciosa
Universidad Nacional del Litoral, Argentina
ISSN-e: 2347-0011
Periodicidad: Anual
vol. 1, núm. 16, e0068, 2025

Recepción: 08 octubre 2025

Aprobación: 13 noviembre 2025

Resumen: Este artículo busca elaborar una mirada integral sobre un período de gran densidad en la historia reciente argentina a partir de la reconstrucción empírica de la protesta universitaria y social que marcó a la ciudad de La Plata entre 1968 y 1974. A este período lo definimos como «ciclo de protesta», con cuatro fases: inicial, de intensificación, de institucionalización y de cierre. Presentamos dos líneas de investigación: primero, los episodios contenciosos, en los que identificamos repertorios tácticos (contenidos o transgresivos), ritmos y resoluciones, así como también el tipo de demanda presentada (o cuánto había de «política» en ellas y cuánto de «universitario» o gremial, académico o corporativo). En segundo lugar, observamos a los actores y sus organizaciones, focalizando en el movimiento estudiantil y en las organizaciones de docentes e investigadores platenses.

Palabras clave: ciclo de protesta, universidad, Argentina, tácticas, violencia.

Abstract: This paper seeks to develop a comprehensive analysis of a period of high political and social intensity in Argentina’s recent history, based on an empirical reconstruction of the protests that shaped in the city of La Plata between 1968 and 1974. Conceptualized as a «cycle of protest» with four phases —emergence, intensification, institutionalization, and closure— the study explores two main dimensions. First, it examines contentious episodes, identifying tactical repertoires (contained or transgressive) and types of demands, ranging from political to university-related, union, or academic. Second, it analyzes the actors and their organizations, focusing on the student movement and faculty activism.

Keywords: cycle of protest, tactics, violence, university, Argentina .

Introducción

Este artículo analiza el ciclo de protesta que marcó a la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) entre 1968 y 1974, observando tanto a su movimiento estudiantil como a los grupos de docentes e investigadores/as que en ese marco protagonizaron acciones colectivas contenciosas de todo tipo. Dicho objetivo se enmarca en el intento de articular elementos e hipótesis de un campo historiográfico y otro analítico. Primero, el que agrupa las investigaciones referidas a la historia reciente de las universidades de Argentina, sus actores y su vínculo con la política. Los trabajos pioneros y testimoniales (Alzogaray y Crespo, 1994; Sigal, 1991; Sarlo, 2001) encuentran que a partir de 1966/1969 se manifestó una crisis o «agotamiento histórico» de las ideas y espacios reformistas. Esa crisis estaría definida por el surgir de fuertes críticas y una nueva concepción de la militancia universitaria dada por la subordinación a la lógica político–partidaria donde esas temáticas habrían primado, por sobre las estrictamente universitarias, académicas o gremiales. Con la consolidación del campo entrado el siglo XXI, diversas investigaciones empíricas han matizado las afirmaciones de agotamiento del movimiento de 1918, al encontrar, por ejemplo, el protagonismo de Centros y Federaciones como un dato de esos años (Bonavena, Califa y Millán, 2018; Millán y Califa, 2023). Otras obras han debatido una parte de aquellas lecturas, al reconstruir la «revalorización de la cuestión universitaria» en los grupos estudiantiles y docentes peronistas de Buenos Aires (Friedemann, 2017) y La Plata (Pis Diez, 2021).

Con estas cuestiones de fondo, el abordaje histórico se realizará desde la óptica de la teoría de los movimientos sociales, identificando dentro de su vasta producción, enfoques y herramientas analíticas con utilidad para nuestro objeto. El primer concepto clave es el de «ciclo de protesta», pues nos permite describir integralmente aquellos años, al tiempo que distinguir tres fases que en breve detallaremos.[1] Debemos decir que, a comienzos del siglo XXI, ese y otros conceptos fueron repensados por referentes europeos y norteamericanos. Particularmente, fue criticada la excesiva «separación» entre los movimientos sociales y la política institucional y en concreto, se trabajó para observar de forma relacional los aspectos contenidos (o institucionales) y los transgresivos de la acción colectiva contenciosa (Goldstone, 2003; Taylor y Van Dyke, 2004; McAdam et al., 2005).[2] Se evidenció así que esas dos formas de acción colectiva habían sido estudiadas de forma compartimentada, pasando por alto lo permeable de sus fronteras teóricas, sus interacciones, sus paralelismos e incluso el hecho de que, muchas veces, grandes movimientos de cambio tuvieron sus raíces en episodios «menos visibles de contienda institucional»(McAdam et al., 2005, p. 7). La utilidad de esta propuesta analítica es alta si pensamos en nuestro desafío historiográfico señalado: esto es, el tratamiento dicotómico de las cuestiones gremiales/universitarias y las políticas/partidarias en el campo de estudios sobre universidades y movimientos sociales en la Argentina de los años sesenta y setentas. Tal como sostienen quienes estudian los movimientos estudiantiles de la región latinoamericana,[3] es clave analizar el aspecto institucional de la política y la protesta estudiantil que, en concreto, se traduce en la participación en el cogobierno universitario y en las elecciones periódicas de Centros de Estudiantes y representantes. Toda una trama de espacios para la participación e interacción (Tejerina, 2010), demandada y defendida desde la Reforma Universitaria de 1918, y contra el que muchos gobiernos autoritarios se lanzaron, tal como el instalado en 1966 en Argentina.[4]

Como veremos, el trabajo sobre los conflictos universitarios platenses de 1968–1974 nos muestra el despliegue de repertorios, entendidos como constelaciones de estrategias y tácticas de protesta que se distinguen en dos tipos: i) contenidas o no confrontativas, como son los comunicados, petitorios o diálogos con las autoridades; ii) transgresivas o disruptivas, esto es, innovadoras, prohibidas o por fuera de los marcos de la cooperación. Estas a su vez, pueden darse dentro de las instituciones en cuestión (la ocupación de un edificio universitario) o proyectarse al exterior (mediante la movilización, los bloqueos de calles o la ocupación de edificios gubernamentales) tal como definen González Vaillant y Schwartz (2019).

Nuestro período está marcado, por un lado, por episodios de contiendas donde el primer ejercicio táctico fue de tipo contenido (en la medida en que se buscaba un diálogo institucional). Estas acciones mayormente, pero no necesariamente, estuvieron vinculadas a demandas de tipo académicas o gremiales que las autoridades lograron contener. Su temporalidad fue, en general, breve, con excepciones que estuvieron dadas por imposibilidad o la no apertura de las autoridades a resolverlas. Así, encontramos situaciones en las que demandas gremiales puestas en escena mediante tácticas contenidas, no se resolvieron o se articularon con demandas generales, para estallar en tácticas de acción más dramáticas y transgresivas. Dicho esto, decimos a modo de síntesis que proponemos reconstruir las acciones contenciosas del ciclo a partir de una suerte de doble entrada analítica: dilucidando cuánto había de «política» en ellas y cuánto de «universitario» o gremial/académico/corporativo (en términos de contenido);[5] y cuánto de tácticas institucional–contenidas o transgresivas (en sus formas).

Pensar en la pluralidad de la acción colectiva contenciosa supone abordar también a la violencia, concepto definido y operacionalizado de varias formas (González Calleja, 2017) que, entendemos, aquí debe ajustarse a nuestro problema empírico (Della Porta, 1995). Así es preciso calibrar la diferencia entre los episodios contenciosos del movimiento estudiantil o docente que incluyeron tácticas transgresivas con algún grado de violencia, generalmente de bajo nivel y más o menos organizadas: disturbios callejeros, choques con las fuerzas represivas y tomas de lugares y personas (aunque no armadas), según definiciones clásicas (Della Porta, 1995, p. 4). Ninguna de esas formas de violencia era nueva para el movimiento universitario platense, contrariamente, integraban su repertorio desde 1919.

Desde el punto de vista de la relación con el Estado (Della Porta, 1999), entre 1966 y 1973 nos encontramos con un régimen dictatorial que ejercía duramente la represión de la protesta (llegando en varios episodios al asesinato de manifestantes). A partir de 1973–1974, en el marco de un régimen democrático, creció la violencia política paraestatal, esto es, el ejercicio de la represión clandestina ejecutada por la Concentración Nacional Universitaria (CNU), organización civil que actuaba al amparo del Estado y en un complejo entramado de actores políticos y sindicales, instituciones gubernamentales y de inteligencia, tal como ha sido estudiado (Carnagui, 2020; Mereles, 2016; Besoky, 2020).

Este trabajo toma como fase inicial del ciclo al momento 1968–1970, delimitado por un conflicto de contenido gremial y corporativo (pero, en ese contexto, necesariamente antidictatorial) y atravesado por la ruptura que supuso 1969 a nivel nacional, largamente estudiada. Luego de tres años de leve ascenso del ciclo, pasamos a la fase de intensificación (1971 y 1972) a partir de la combinación de banderas antirrepresivas y gremiales. La centralidad la tendrán las protestas contra el restrictivo sistema de ingreso que se repetían año a año, creciendo en radicalidad. La persistencia de las luchas gremiales se comprende mejor cuando recordamos que la Ley n.º 17.245 de 1967 quitaba el voto estudiantil en los órganos de cogobierno, establecía los exámenes de ingreso y restringía la gratuidad. Hay dos datos sobresalientes para estos años: por un lado, la escalada de acciones transgresivas y contenidas (aunque las más de las veces, las acciones transcurrieron entre las dos formas); por otro, la densificación de la trama organizativa, tanto del actor estudiantil como de los docentes e investigadores/as de la UNLP. Lo que observamos es la proliferación de formas organizativas: cuerpos de delegados estudiantiles, asociaciones de graduados, docentes e investigadores por Facultades, y grupos y federaciones de docentes regionales.

La tercera etapa comienza con el cambio de régimen político tras las elecciones democráticas de marzo de 1973. Así, hablaremos de una nueva fase de la protesta dada por su institucionalización en 1973 y por la expansión y tendencia a la unificación de las organizaciones.[6] En mayo comenzó la gestión universitaria encabezada por Rodolfo Agoglia y grupos estudiantiles, docentes y no docentes. Aquí lo definimos como un proyecto de gestión que contuvo y resolvió una buena parte de las demandas en agenda (las relativas al sistema de ingreso son el ejemplo más claro). Al mismo tiempo, aparecieron nuevas que, cuando no lograron canalizarse institucionalmente, se instalaron mediante tácticas transgresivas que iban desde tomas de lugares hasta «juicios populares» a docentes y autoridades. Todo ello, sin embargo, en sintonía con el proyecto de gestión encabezado por Agoglia.

A partir de septiembre de 1973, el contexto local y nacional comienza a modificarse, entremezclándose la tercera y última fase del ciclo. Esta tiene tres características paradójicas: primero, un leve ascenso de la protesta, con acciones contenidas, centralmente; segundo, una tendencia estudiantil y docente a la unificación de sus organizaciones gremiales, que en las fases previas habían actuado por separado; y, tercero, el aumento de la ofensiva represiva y el accionar de los grupos paraestatales. La densa cronología nacional tuvo en La Plata matices propios: en esta introducción solo diremos que si en septiembre de 1973, una bomba detonó en las instalaciones del Comedor Universitario, en octubre de 1974 fueron asesinados Rodolfo Achem y Carlos Miguel por la CNU. Ambos eran reconocidos militantes peronistas, protagonistas y autoridades de la UNLP en 1973, por lo que luego de estos hechos, la institución fue cerrada e intervenida.

En síntesis, presentamos un trabajo de reconstrucción empírica y analítica, para el período 1968–1974, observando dos elementos: por un lado, las distintas modalidades, tiempos y ritmos de acción colectiva, así como también la convivencia de demandas gremiales/académicas y de tipo político, en lo que denominamos «ciclo de protesta universitario platense». Por otro lado, en una segunda línea de reconstrucción, reparamos en los actores. Esto es, tanto el movimiento estudiantil (y la Federación Universitaria de La Plata —FULP— su conducción gremial y reformista), quizás más estudiado, como las organizaciones de docentes e investigadores platenses y trabajadores no docentes. Debemos decir que sobre las primeras hay poco y nada escrito, mientras que sobre la Asociación de Trabajadores de la UNLP (ATULP) se ha realizado un trabajo testimonial de gran aporte (Godoy, 1995). Asimismo, el ciclo ha sido estudiado de forma fragmentada y desde varias perspectivas entre las que sobresale el análisis cuantitativo de Califa y Millán (2021). Coincidiendo con su lectura general, aquí proponemos observar la forma como se articularon aquellas acciones. Al registro cuantitativo, queremos agregarle un estudio más procesual de cada una para observar sus formas tácticas y contenidos (cuánto había de «política» en ellas y cuánto de «gremialismo» o ejes universitarios). La estructura del trabajo sigue la cronología arriba descripta y presenta las cuatro fases que, aunque desbalanceadas en su duración, creemos que reflejan los cambios más importantes en la dinámica y en el ritmo de aquel ciclo. Las fuentes que nos permiten la reconstrucción empírica son escritas y refieren a la consulta del diario local (El Día) y al trabajo con los informes de inteligencia de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) alojados en la Comisión Provincial por la Memoria (CPM).

1968–1970: los años del ascenso

El año 1968 es para la dinámica de protesta platense un punto de partida clave, adelantado en un año a los sucesos nacionales. Como ha sido estudiado (Cappannini et al., 2012; Pis Diez, 2019), los meses de junio a octubre estuvieron marcados por acciones de protesta estudiantil que se iniciaron con tácticas contenidas que derivaron transgresivas, luego de la brutal represión aplicada. Mediando junio, la chispa la encendió la prohibición del acto homenaje al cincuentenario de la Reforma Universitaria que iba a realizarse en Derecho. Entre el 12 y el 14 de junio, se sucedieron comunicados críticos hacia las autoridades de Derecho que habían prohibido el acto; con conflictos y detenidos en Agronomía, en Naturales, el mismo 14 de junio, en el transcurso de un paro estudiantil con masivo acatamiento, el tránsito en la transitada Avenida 7 (de 45 a 54) fue cerrado por las fuerzas policiales. Los accesos a la ciudad quedaron controlados y la manzana del Rectorado y tres Facultades, contó con un espectacular operativo de vigilancia.[7] Durante este mes y el siguiente, la FULP y el movimiento en general, le otorgaron al aniversario reformista un contenido concreto: el repudio a la Ley Universitaria de 1967 y reclamos gremiales por Facultades que tomaron la forma de petitorios presentados a las autoridades. Esto se evidenció en el caso de Ingeniería, Facultad tomada el 24 de junio frente a la demora de las autoridades en dar respuesta a un documento de nueve puntos gremiales que iban de los turnos de exámenes, los aranceles, la regularidad y la prohibición de presencia policial en los ámbitos académicos. Dado el contexto, estas demandas no podrían ser resueltas en las unidades, tal como reconoció el CEILP cuando definió pasar a la táctica transgresiva: «como medida de lucha positiva ante la insensibilidad evidenciada por las autoridades de la casa acerca del petitorio presentado y como una necesidad del estudiantado de proseguir la lucha contra la ley universitaria».[8] En otras Facultades se siguió la misma modalidad pero en Arquitectura, las autoridades definieron el cierre de la Facultad, que finalmente fue ocupada por sus estudiantes el 2 de julio. Esta cuestión hizo escalar el conflicto, trasladándolo al Rectorado (a quien también la FULP le presentó un petitorio) en un episodio que terminó en su ocupación con rehenes, 425 estudiantes detenidos (494 según la FULP), el cierre y paralización de la UNLP por más de una semana.[9] En septiembre y octubre hubo una escalada similar, esta vez con protagonismo de Arquitectura y Humanidades, donde una serie de medidas definidas por sus autoridades habían suscitado la oposición de graduados, docentes y estudiantes (entre ellas, un examen de ingreso y la renuncia de los jefes departamentales). Debemos reparar además, en la débil articulación con los conflictos obreros del año, como el que protagonizó el Sindicato de Petroleros del Estado (SUPE) desde mayo, y en las actividades compartidas con la CGT de los Argentinos local, conformada como tal el 11 de julio de 1968 (Cappannini et al., 2012, p. 120).

A mediados de 1969, una sumatoria de descontentos en el mundo del trabajo y en las universidades derivaron en fuertes movilizaciones y enfrentamientos con las Fuerzas Armadas en ciudades como Corrientes, Rosario, Tucumán o Córdoba. Estas, entre las que sobresale el Cordobazo, cuestionaron públicamente al régimen, resaltando su incapacidad para canalizar los conflictos y demandas que se tramaban en la escena nacional. Dicho hito se ha definido como el «acontecimiento inaugural» de un ciclo de protesta (Gordillo, 2019) que incluyó también el surgir de una «nueva oposición social», esto es, un movimiento antidictatorial con variados actores, métodos (entre ellas, la lucha armada), que también ha sido definida como «nueva izquierda» (Tortti, 2021).

En La Plata, no tuvo lugar un «–azo», sin embargo, mediando mayo, el impacto del asesinato de tres estudiantes de Rosario y Corrientes inauguró un período de masivas protestas, acciones de todo tipo y violentos enfrentamientos con las fuerzas represivas, que se mantuvo hasta octubre tal como mostramos en estudios previos (Pis Diez, 2019). Los primeros meses de 1970 estuvieron marcados por la demanda en torno al ingreso no restrictivo, con especial fuerza en la Facultad de Medicina, donde menos del tercio de los aspirantes había aprobado los exámenes. En mayo, en la Facultad de Arquitectura una serie de asambleas y reuniones con el Decano tuvieron como centro dos temas internos: la realización de concursos docentes y la posibilidad de que los estudiantes sumariados de 1968 puedan terminar sus estudios. Mezclándose con variadas acciones en torno a los aniversarios del Cordobazo en mayo y de la Reforma Universitaria en junio, las aulas y calles platenses seguirán marcadas por el resto del año por acciones disruptivas pero conocidas, huelgas, movilizaciones, ocupaciones de edificios.

En cuanto a la trama organizativa, debemos decir que la conducción de esos conflictos quedó en manos del Frente de Agrupaciones Universitarias de Izquierda (FAUDI), brazo estudiantil del Partido Comunista Revolucionario (PCR), con importante protagonismo de Franja Morada (que, salvo excepciones, condujo la FULP). Le seguían en fuerza el Movimiento de Orientación Reformista (MOR, brazo del comunismo) y la peronista Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN). En 1970, se realizaron elecciones en Centros de Estudiantes (que no se realizaban desde 1967) siendo mayoritaria Franja Morada, seguida de FAUDI que además tenía influencia en Ciencias Naturales y Arquitectura, donde no funcionaban los Centros sino Cuerpos de Delegados. La FURN era una fuerza en crecimiento, mucho más pequeña que las otras. Mientras Franja Morada, MOR y FAUDI realizaban tácticas de protesta clásicas de los repertorios estudiantiles como huelgas, actos en el Comedor y las Facultades o movilizaciones callejeras; la FURN, además de participar en ellas (sea con una simple adhesión o con oradores propios que le permitían visibilizarse críticamente), sobresalió por realizar misas religiosas. La más importante de ellas fue en la Catedral de La Plata, en memoria de los estudiantes asesinados y un día antes del Cordobazo.

1971–1972: intensificación de la protesta y expansión de las organizaciones

Los años 1971–1972 muestran una escalada de episodios con acciones contenidas (generalmente radicadas en unidades académicas y puntuales) y transgresivas (masivas e innovadoras) en las calles platenses. Coincidimos con Califa y Millán (2021) en caracterizar 1971 como el año del pico de protestas universitarias. Esto sucedió en el marco de un ascenso de conflictos laborales en la región de La Plata, Berisso y Ensenada, lo que permite marcar una nota distintiva para esta fase dada por su dinamismo sindical que fue menor en 1968/1969/1970. Este fue protagonizado por los gremios judiciales, docentes, no docentes, estatales, y en particular, por una de las huelgas más prolongadas del periodo, que sucedió en la fábrica textil Petroquímica Sudamericana (Bretal, 2008). Dos líneas de conflictos convivieron en este año, interactuando en ellas acciones contenidas y transgresivas: las gremiales universitarias, de alcance nacional y local; y las acciones de solidaridad con las fábricas en huelga, en particular con la Petroquímica y su Huelga Larga.

Nuevamente, el año comenzó con protestas contrarias al restrictivo sistema de ingreso con un saldo de tres meses de conflictos y siete facultades ocupadas. 1971 continuó su curso y las acciones se radicalizaron. A comienzos de junio, unos 200 estudiantes ocuparon la Facultad de Veterinaria exigiendo la reforma del plan de estudios y tomando como rehén al Decano Guillermo Gallo. Al mes siguiente, estudiantes del curso de ingreso de Medicina ocuparon por una hora el edificio, tomando como rehenes a las autoridades de la unidad y a cuatro docentes, en repudio al carácter limitativo del curso. Entonces, el ingreso restrictivo, la reforma del Plan de Estudios de la carrera de Ciencias Veterinarias y el rechazo al curso de ingreso propio de la Facultad de Medicina fueron tres contiendas que, aunque institucionales y gremiales (o incluso por eso mismo), se masificaron rápidamente, no fueron contenidas y acabaron convertidas en desafíos radicales a las autoridades mediante tácticas novedosas para este ámbito (la toma de rehenes). El contexto, nuevamente, era uno propicio para este deslizamiento.

Este clima no logra entenderse si no hacemos mención a la segunda línea de conflicto que atravesó a la ciudad: la huelga en la Petroquímica, que duró dos meses (de mayo a julio) y tuvo una gran solidaridad por parte de la comunidad universitaria (Bretal, 2008). En general, las asambleas y actos estudiantiles no bajaron de las 500 personas, llegando a las 1500 a fines de junio. Esto se explica por el hecho de que los Centros de Estudiantes se involucraron casi en su totalidad, lo mismo las fuerzas políticas principales de la ciudad. Tanto los Centros conducidos por Franja Morada (en Económicas y Exactas), por el FAUDI (en Medicina, Humanidades) como las Comisiones o los Cuerpos de Delegados (de Arquitectura, Naturales e Ingeniería), participaron de forma activa. El amplio movimiento de protesta tuvo como contrapartida, la fuerte intervención del Ejército y la policía para intervenir la ciudad en los días álgidos.

Hay una tercera cuestión que precisamos puntualizar, se trata de los cambios en las redes organizativas. Identificamos aquí tres procesos concretos: las divergencias y fracturas en los órganos gremiales clásicos y en algunas de las fuerzas principales del mapa estudiantil; el surgir de los Cuerpos de Delegados estudiantiles, como correlato de esa crisis; y la expansión de redes organizativas de docentes e investigadores. Por un lado, tres fueron los espacios estudiantiles que entraron en crisis en 1971, los Centros de Estudiantes de Ingeniería, Arquitectura y Humanidades. El Centro de Ingeniería fue el más llamativo, pues se trataba de un órgano con cooperativa y un local propios, y una conducción más o menos estable desde comienzos de la década de 1960. El punto de conflicto radicó en la acusación hacia ALU, la agrupación mayoritaria, por mal manejo de fondos y otras supuestas irregularidades. Luego de la salida de ALU del Centro, y de asambleas que llegaron a 700 estudiantes, el saldo fue el armado de un Cuerpo de Delegados que funcionó hasta octubre, cuando se realizaron las elecciones.[10]En ellas, con una asistencia de 15 % del alumnado, triunfó el FAUDI, la misma fuerza que había conducido el conflicto. En Humanidades y Arquitectura se sucedieron debates en torno al formato de esos espacios, con un resultado más claro en la primera: se realizaron elecciones y FAUDI pasó a dirigir la comisión directiva del Centro.[11]

Estas crisis institucionales también eran políticas. En septiembre se fracturó la sección platense de Franja Morada por debates en torno al contexto nacional y la apertura democrática convocada por el presidente de facto Agustín Lanusse mediante el Gran Acuerdo Nacional (GAN). Dos de los tres grupos que conformaban la regional abandonaron el espacio (los anarquistas de Humanidades y Derecho y los socialistas de Derecho) que quedará en manos de los grupos afines al radicalismo balbinista. Tanto Franja como la FULP que conducía quedaron debilitadas tras esta fractura.[12] Un segundo impacto del GAN y del llamado a elecciones que parecía abrirse tuvo lugar en la FURN. En el marco de un plenario para debatir esa cuestión, una fracción se retiró para un tiempo después presentarse oficialmente como Federación de Agrupaciones Eva Perón (FAEP) (González Canosa y Pis Diez, 2022).

Para la segunda parte de 1971, cuatro Facultades se encontraban movilizadas por cuestiones estrictas de índole académica y otras tantas lo estaban en repudio del accionar represivo contra su comunidad. En agosto, Económicas fue brevemente ocupada en repudio a un docente, cuestión que resolvió el diálogo con las autoridades; asimismo, la comunidad de Bellas Artes se encontró movilizada por la detención de un docente de Cinematografía. Mediando octubre, una jornada de protesta contra las detenciones de estudiantes de Humanidades y Ciencias Naturales arrojó casi doscientos detenidos. La crónica muestra un mes marcado por conflictos callejeros cotidianos. En este marco, actuaron públicamente asambleas y asociaciones de docentes e investigadores/as de Exactas, Naturales y Museo, Arquitectura, Agronomía y Humanidades. Alrededor de mayo, fue creada la Asociación de Docentes e Investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas (ADIFCE) con Carlos Mosquera, Jorge Cardelli y Adriana Calvo como referentes, a la que se sumó al poco tiempo, la Asociación de Docentes e Investigadores de Museo y Naturales (ADIM).[13]

Continuando con la cronología, 1972 fue otro año marcado por demandas gremiales y antidictatoriales. Los meses de enero a marzo estuvieron atravesados por los reclamos contra el sistema restrictivo de ingreso, menos masivos que años anteriores, aunque con los mismos niveles de radicalidad. En abril, fue detenido ilegamente Carlos Mosquera, profesor de la Facultad de Exactas e integrante de ADIFCE. El caso tuvo gran repercusión en la comunidad académica nacional y platense. El 13 de abril, una asamblea en Exactas reunió a estudiantes y auxiliares docentes derivó en una manifestación que acabó en enfrentamientos con la policía durante dos horas.[14] Durante mayo y junio los actos y asambleas por la libertad de Mosquera continuaron, encabezados por ADIFCE y el movimiento estudiantil. El caso se volvió una bandera en las protestas contra la represión y las detenciones ilegales, dos elementos que eran moneda corriente.

El mes de junio representó un auge en todos los aspectos, pues un continuo de protestas gremiales, a las que se sumó el reclamo por la libertad de Mosquera (con un Contrajuicio al que asistieron 2000 personas), derivó en episodios de feroz represión, el adelanto del receso invernal en la UNLP y la renuncia de su presidente. El conflicto comenzó en Medicina, donde una asamblea de más de mil estudiantes, que proponía debatir cuestiones presupuestarias y académicas, acabó en una toma del edificio. En solidaridad, fueron ocupadas también Veterinarias (cuyo edificio es continuo al de Medicina) y Exactas, conformando una suerte de eje antidictatorial en la zona del Bosque platense. El mismo día, la policía rodeó los edificios, dentro de los cuales permanecían unos 2500 estudiantes. La jornada fue realmente violenta: las fuerzas policiales arrojaron alrededor de 2000 bombas de gas lacrimógeno, los grupos de estudiantes respondieron con piedras y bombas estilo molotov desde los edificios, para luego dispersarse y atacar a la policía por sorpresa. Para la tarde, estudiantes de Humanidades ocuparon el Rectorado, solicitando el fin del «cerco policial» en el Bosque. Un comunicado emitido desde la asamblea de Veterinarias denunciaba más de 500 estudiantes presos. Finalmente, la FULP convocó a una movilización en repudio a la «violencia policial», con asambleas en todas las Facultades y un acto en Plaza Italia. Todos los grupos estudiantiles participaron de la convocatoria: Franja Morada, MOR, FURN y FAUDI acordaron en exigir la libertad de los presos políticos y la finalización de la escalada represiva. A las cuatro tendencias y al gremio estudiantil se sumó la firma Grupo Pro Frente Estudiantil Docente en un marco en que el crecido acercamiento concreto entre los actores no escapó a los informes policiales.[15]

La reconstrucción de la fase 1971–1972 nos permitió ver en detalle el contenido de las protestas estudiantiles, dilucidando cuánto había de «política» en ellas y cuánto de «gremialismo» o ejes universitarios (en términos de contenido) y cuánto de institucional–contenida o transgresiva (en sus tácticas empleadas). Como se observa, no fueron abandonados los reclamos gremial–universitarios en esos años: las luchas en torno al ingreso, al presupuesto nacional o a la organización interna de la Facultades son centrales para comprender la intensificación de la protesta de estos años. Una buena parte de esas tácticas que se ordenaban por demandas gremiales tuvieron un carácter transgresivo, en un contexto institucional en que sucedían dos cosas: se masificaban rápidamente y difícilmente podían resolverse en las facultades.

Respecto del mapa de organizaciones gremiales y políticas, cabe indicar que la intensificación de la protesta hizo de este mapa uno cambiante. En 1971 y 1972 se repitieron las elecciones, con resultados muy variables, aunque un dato se mantuvo: el escaso número de estudiantes que acudían a las votaciones. El porcentaje de participación en los episodios electorales era realmente bajo en las Facultades más politizadas, pero más alto en las conducidas por Centros más bien tradicionales. Recordemos además que las organizaciones peronistas no participaban de ninguno de estos espacios gremiales ni de sus contiendas electorales, sosteniendo además un discurso crítico del «gremialismo». 1972 fue un año importante para el peronismo universitario pues creció su inserción, así como sus intervenciones específicas en la UNLP. Ese crecimiento combinado con un clima nacional de próximas elecciones que tenían al movimiento y a Perón como protagonistas (esto es, la posibilidad inminente de ocupar el gobierno) hizo que comenzara a plasmarse en un proyecto de gestión propio para la UNLP. Elaborado en la segunda parte de 1972, incluyó docentes y no docentes peronistas de izquierda y otras tendencias políticas y llevó el nombre de Bases para una Nueva Universidad.

La institucionalización y un breve momento de «éxito» (1973)

El 11 de marzo de 1973 y tras dos décadas de proscripción, el peronismo regresó al poder, con Héctor Cámpora en la figura presidencial. Los grupos juveniles vinculados a Montoneros y a la «Tendencia Revolucionaria», ocuparon diversos cargos, sobre todo, en el campo de la educación y en algunas gobernaciones provinciales. Luego de asumir la presidencia, Cámpora nombró como Ministro de Educación a Jorge Taiana quien dispuso la intervención de todas las universidades nacionales. En la UNLP asumió el cargo de Rector–Interventor Rodolfo Agoglia, profesor de la carrera de Filosofía, Jefe del Departamento en varias ocasiones y Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (en 1953–1955). Al mismo tiempo, asumían en otras universidades personalidades peronistas fuertemente apoyadas por el movimiento estudiantil y docente, Rodolfo Puiggrós en la UBA, Víctor Benamo en la Universidad Nacional del Sur y en la Universidad de Cuyo, Roberto Carretero.

Agoglia estuvo al frente de la UNLP entre mayo de 1973 y marzo de 1974, apoyado por diversos grupos de docentes, no docentes y estudiantes peronistas sobre todo, pero no exclusivamente. Otrora integrantes de FURN y en menor medida de FAEP, docentes cercanos a ambas y agrupados en la Agrupación Peronista de Trabajadores Docentes de la Universidad de La Plata (APTDULP) y trabajadores no docentes nucleados en ATULP, ocuparon cargos, en la Universidad y en las distintas unidades académicas en una gestión que se ordenó mayormente alrededor del documento Bases para una Nueva Universidad. No fue, sin embargo, un contexto estable el de su asunción pues el año había comenzado marcado por una contienda que no encontraba solución. Desde abril, la Universidad arrastraba una situación de acefalía debido a un conflicto con el gremio ATULP suscitado por la cesantía de un delegado de la Facultad de Exactas. Por ello, habían renunciado el Rector, Roque Gatti, y cinco decanos (de Ciencias Jurídicas, Veterinarias, Exactas, Ingeniería y Arquitectura). La situación se mantuvo durante dos meses, acompañada de asambleas estudiantiles, eventuales tomas de Facultades y acciones del gremio no docente. En este contexto, de movilización universitaria local y efervescencia nacional, se convocó a una mesa coordinadora con el objeto de conformar la Federación de Asociaciones de Docentes e Investigadores de la UNLP, en la Facultad de Naturales y Museo la que, junto a Exactas, tenía el núcleo más dinámico de docentes e investigadores agrupados. En sintonía con el intento de superar la fragmentación gremial del mundo docente, la mesa emitió una declaración donde proponía adherir al Acuerdo Nacional de Nucleamientos Docentes (AND).[16] El mismo día, 24 de abril, la peronista APTDULP publicó una declaración en la prensa local donde propiciaba la sindicalización masiva de los docentes y su incorporación a la CGT, señalando además la necesidad de, en sus palabras, «romper con el aislamiento elitista del docente universitario para recobrar sus derechos como asalariados».[17]

Así estaban las cosas cuando, el 28 de mayo, una autodenominada Comisión Política «ocupó» el gobierno de la Universidad platense hasta que fueran designadas las autoridades interventoras por el Ejecutivo.[18] El 31 asumió Agoglia y la comisión «hizo entrega» del gobierno de la UNLP, declarando la intención de «mantener un estrecho contacto con las nuevas autoridades, para coparticipar de las decisiones» y de sostener «un estado de movilización permanente, como apoyo de las medidas de fondo que se adopten (…)».[19]

Las transformaciones institucionales realizadas durante la breve gestión de Agoglia fueron tan vertiginosas como los sucesos políticos de ese 1973. Los estudios destacan, tanto la complejidad de ese escenario como la importancia de Bases, documento mencionado que hizo de plataforma programática para la gestión (Barletta, 2018; Lanteri y Meschiany, 2021). Entre las medidas más importantes, Lanteri y Meschiany (2021, pp. 172–173) destacan la creación del Departamento Central de Planificación, que buscaba articular y organizar el trabajo docente y de investigación; la organización del Curso Introductorio a la Realidad Nacional, una suerte de curso de ingreso no restrictivo pero obligatorio. Estas fueron acompañadas por el dictado de medidas que derogaron todo tipo de arancel, cursos y exámenes de ingreso, y por la amnistía y/o reincorporación de trabajadores/as y docentes cesanteados/as o sancionados/as por realizar huelgas.

Como se dijo un poco más arriba, 1973 es un año difícil de reconstruir, entre otras cosas, porque la aceleración y la yuxtaposición marcó a las varias dinámicas y cronologías que convivieron. Sostenemos como tesis de lectura que la dinámica local de la protesta y la contienda estudiantil transgresiva se desaceleró, en un marco en que la mayor parte de las demandas gremiales del período 1968–1972 se resolvieron o se canalizaron institucionalmente. En primer lugar, recordemos que las acciones contrarias al ingreso restrictivo habían marcado los últimos tres inicios de año y que justamente esas restricciones, así como todo tipo de arancel, fueron derogados rápidamente.

Luego, las demandas específicas y/o propias de cada unidad se resolvieron, por lo menos, mediante tres vías distintas. Primero, a través de la intervención de las nuevas autoridades, en general, profesionales jóvenes que compartían visiones con Agoglia y mantenían lazos más o menos estrechos con las organizaciones estudiantiles y docentes. Por ejemplo, mediando agosto, el diario local informó que en Ciencias Jurídicas, su decano Hugo Dolgopol, había iniciado una encuesta para conocer los problemas de los estudiantes a fin de buscar soluciones a los mismos; en Humanidades, estudiantes y docentes de Ciencias de la Educación, fueron convocados por las autoridades para debatir en conjunto los objetivos de la carrera y las formas de participación. Los canales de diálogo entre las autoridades y el movimiento estudiantil habían cambiado, lógicamente, con el régimen político. También en Arquitectura, su decano Tulio Fornari suspendió las clases de una cátedra que había generado gran revuelo durante 1972, acusada de «reaccionaria» por los estudiantes y tratado el caso en el Consejo Superior.

En segundo lugar, observamos que otro conjunto de situaciones se resolvió a través de tácticas transgresivas. Los llamados «Juicios Populares» fueron las más utilizadas para cuestionar públicamente o demandar la removida de autoridades y docentes, por motivos de índole pedagógico o político. Asambleas estudiantiles, donde los diversos grupos coincidían y «Juicios Populares» tuvieron lugar en las Facultades de Ciencias Jurídicas, Veterinarias, en las carreras de Educación Física de Humanidades, y en dos colegios universitarios. Por ejemplo, en la Facultad de Ciencias Jurídicas durante junio se solicitaron las renuncias de docentes, mediante acciones y declaraciones que firmaban tanto su Centro de Estudiantes, en manos de Franja Morada, como la FURN, FAEP y MOR. A comienzos de agosto, agrupaciones estudiantiles de Veterinarias y el gremio ATULP iban a realizar el «Juicio Popular» a quien fuera Decano de la Facultad entre 1965 y 1971, Guillermo Gallo. El mismo fue pospuesto para fines de mes, pues los testigos no habían podido asistir, invitando los oradores a «estrechar filas para seguir echando y expulsando de ella a todos los que sintetizan una política de dependencia al servicio de los privilegiados».[20]

Finalmente, un tercer canal para las demandas académicas e institucionales fueron las Mesas de Trabajo o Mesas de Reconstrucción, que funcionaban en cada Facultad, reuniendo a representantes de todos los claustros, a veces a autoridades de la UNLP o del gobierno provincial. Y aunque eran parte fundamental del discurso del peronismo universitario a nivel nacional, en general, funcionaron de forma amplia fomentando cambios en los planes de estudio y convenios entre las facultades y organismos de gobierno, así como la articulación con la comunidad platense. Tenemos registro que se realizaron en Ingeniería, Agronomía, Derecho, Arquitectura, Exactas, Artes y Medios Audiovisuales y en la Escuela Superior de Periodismo; que se trabajó con agricultores, habitantes de villas, estudiantes de escuelas primarias y secundarias de la ciudad y con el Ministerio de Bienestar Social y el de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires.[21]

Decimos que la dinámica de protesta se desaceleró, aunque no estuvo exenta de momentos disruptivos: uno de ellos fue la toma del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA) el día 11 de junio, a menos de dos semanas de la asunción de Agoglia. La ocupación fue realizada por estudiantes y docentes peronistas (de FURN, FAEP y APTDULP), declarando como razones centrales «las reiteradas denuncias de que el mencionado Instituto había contraído convenios lesivos y atentatorios de la soberanía nacional» y conformando una comisión que se hizo cargo de la dirección hasta que el delegado interventor de la Facultad resolviese sobre el tema.[22] La continuidad de las actividades no se suspendieron pero sí se declaró cesante su Director, el alemán Hans Joachim Schumacher. Por su parte, la ADIFCE mostró cierta independencia anunciando la realización de una asamblea donde iría a fijar posición sobre la intervención, así como también, sobre lo que parecía ser el núcleo controversial, «la participación que les cupo a la NASA y la USAF en los convenios contraídos». También, se manifestó una asamblea del personal administrativo, técnico y docente del INIFTA, resaltando el rol de Schumacher en el desarrollo de la disciplina y solicitando, finalmente, que la dirección sea ocupada por su personal e «integrantes más idóneos». Finalmente, a los tres días, el interventor de la Facultad de Exactas, Luis María Álvarez, se hizo cargo de la dirección del INIFTA y la comisión ocupante se disolvió. No sin antes, reiterar la importancia de acceder a los documentos y al detalle de los convenios.[23]

Es que, por fuera de la acción puntual, sucedida en un Instituto de renombre de la UNLP, los motivos aludidos no eran algo aislado. Los grupos de docentes e investigadores de la UNLP y CONICET se encontraban debatiendo públicamente al respecto. Así como también, unos pocos días después, Agoglia y su equipo emitieron una declaración específica sobre el tema, con varios puntos que anunciaban dos conjuntos de medidas. Por un lado, el mantenimiento de todo su personal y el aseguro de las condiciones óptimas para el trabajo científico. Por otro, que la política científica del Instituto (y la de todos los que componen la UNLP) «será fijada por el Presidente de la Universidad y en este caso el Decano de la Facultad de Ciencias Exactas, a través del Departamento de Planificación» así como también que «cualquier vínculo del INIFTA con entidades extranjeras, que comprometa o pueda comprometer la total independencia de las investigaciones científicas, será anulado y desconocido por la UNLP».[24] Finalizando el mes, las autoridades hicieron pública la resolución de incompatibilidad entre el trabajo docente y académico en la UNLP y el desplegado en entidades y empresas multinacionales o extranjeras radicadas en el país.

El episodio del INIFTA nos ilustra sobre dos procesos que lo envolvieron: por un lado, los debates en torno a la organización de la actividad científica, académica y docente en el nuevo escenario; por otro, el hecho de que, en estos primeros meses de gestión, la trama organizativa de docentes e investigadores de UNLP y CONICET ganó en difusión y densidad. Por ejemplo, en junio se realizó una reunión entre 64 investigadores, técnicos y becarios del CONICET (de Exactas, Ingeniería, Medicina, Naturales, Observatorio) que retomaba lo resuelto en una anterior asamblea de investigadores del área del Gran La Plata. El espíritu general era de marcar el repudio a la política científica de la Revolución Argentina, solicitar las renuncias de las autoridades y conformar un gobierno provisional para asumir el control administrativo de la institución.[25]

Es preciso recordar que el año 1973 fue uno sumamente vertiginoso. Particularmente, en el ámbito universitario donde las variadas dinámicas que allí conviven se aceleraron. En los párrafos anteriores, quisimos mostrar lo que ocurrió tanto con la protesta (sus formas y sus canales), como con la difusión de las tramas organizativas. Cabe agregar el nivel de análisis que nos remite a la política nacional pues para agosto el clima político que se vivía en el país era ya distinto al de comienzo de año. El 20 de junio tuvo lugar la masacre de Ezeiza, episodio que (en el marco de la llegada al país de Juan D. Perón) evidenció el enfrentamiento entre los sectores sindicales y de derecha del peronismo con la Tendencia Revolucionaria. En julio renunció Cámpora y comenzó el gobierno interino de Raúl Lastiri que convocó a elecciones para que asumiera uno presidido por Perón.

El 17 de septiembre, en el marco de las reacciones hacia el golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende en Chile, explotó un artefacto en el Comedor Universitario. Este era el epicentro de la vida política y social, de recordadas fiestas, además de que era el servicio que garantizaba miles de porciones de comida entre almuerzos y cenas. Al día siguiente, el atentado fue repudiado con una movilización de tres mil personas y en las jornadas que siguieron, estudiantes y trabajadores del espacio organizaron «brigadas de reconstrucción» que lograron poner en funcionamiento las instalaciones del Comedor en unos diez días (Alessandro, 2011, p. 151).

El 25 de septiembre fue asesinado José I. Rucci, secretario general de la CGT, una de las instituciones clave del llamado Pacto Social, una suerte de acuerdo tripartito (entre organizaciones de trabajadores, empresariales y el Estado) para ordenar la economía. Dicho asesinato tuvo hondas repercusiones al interior del movimiento peronista, como veremos. Octubre abría definitivamente un escenario nuevo, tras las elecciones que consagraron a Perón como presidente, con casi el 62 % de los votos. Finalizando noviembre, la CNU realizó un ataque en Arquitectura, en el transcurso de las elecciones estudiantiles. Quince miembros de la organización ingresaron al patio de la Facultad y comenzaron un tiroteo con armas de fuego al grito de «Ni yanquis ni marxistas, peronistas». Enseguida se organizó una asamblea, y una toma de la Facultad que dispuso el control de la entrada por parte de la JUP, con apoyo logístico de Montoneros, y del PRT de los patios traseros. Este ataque fue la primera acción armada de la CNU en los ambientes universitarios platenses, inaugurando así la escalada de violencia de derecha y paraestatal, como observan Cecchini y Elizalde (2013, p. 166).[26]

Demandas universitarias y violencia paraestatal en la última fase del ciclo (1974)

Si el asesinato de Rucci había precipitado la decisión de Perón de eliminar la «infiltración» al interior del movimiento, un segundo punto de inflexión hacia ese objetivo se produjo en enero de 1974, con el ataque del Ejército Revolucionario del Pueblo a la guarnición militar de Azul. La «depuración» desde entonces tuvo varios aspectos (Franco, 2012, pp. 57–58), uno partidario; otro político, público y legal, representado en las intervenciones a los gobiernos provinciales «montoneros», entre otros. La sanción de una nueva Ley Universitaria (en marzo de 1974), la renuncia de Agoglia y otras autoridades que respondían a la Tendencia, delinearon ese panorama en el ámbito universitario.

Por otra parte, este proceso tuvo una fuerte marca ilegal y paraestatal, que adquirió niveles de violencia inéditos. Se observa así que esta última fase se encuentra marcada por el debate en torno a la legislación universitaria y por la orientación de las gestiones locales; así como por el avance de la violencia política y paraestatal en la ciudad. Entre ambas dinámicas, no obstante, el mapa de las organizaciones estudiantiles trazó un camino hacia la unificación, en sintonía con procesos nacionales que incluyeron a la FUA, dividida en dos corrientes y de la cual, el peronismo universitario no participaba.

Entre enero y marzo de ese año, la agenda universitaria estuvo ocupada por el debate en torno a la sanción de la Ley Universitaria n.º 20.654, más conocida como Ley Taiana (debido al Ministro de Educación que la promovió, Jorge A. Taiana). La normativa fue controversial porque algunos de sus artículos estaban anclados en demandas estudiantiles de larga data, mientras otros iban en su contra (Buchbinder, 2014). Además de su contenido, las oposiciones más claras de Franja Morada, FAUDI y el MOR, las corrientes nacionales que tenían mayor peso en las dos FUA, se centraron en el momento de su tratamiento en el Congreso: este sucedió entre enero y marzo, antes del comienzo del ciclo lectivo y sin tomar en cuenta las posiciones de la comunidad universitaria. La recientemente conformada Juventud Universitaria Peronista (JUP)[27] coincidía con esta cuestión, aunque, críticas mediante, la apoyó públicamente.

El día 10 de enero, la FUA Córdoba proponía realizar mesas redondas, debates regionales y conferencias, en un marcado contraste con el nivel de movilización de los tres años anteriores. A los días, CTERA, FULNBA y esa misma FUA emitieron una declaración donde consideraban «ineludible la postergación de los plazos de discusión del proyecto (…) hasta que comience la actividad regular». El mismo día, la FULP se posicionó en igual sentido: «La nueva ley no puede ser el producto de comisiones especiales ni acuerdos partidarios; debe ser el fruto de un debate serio, profundo y maduro» agregando que la sanción debía aplazarse y asegurarse el debate democrático.[28] El contraste que arriba señalamos no escapó a los analistas locales: el 4 de marzo, una nota de El Día llevó el título de «El silencio estudiantil», para afirmar la ausencia de reacciones «agresivas» por parte de un estudiantado que en 1956, 1958 y 1966 había realizado grandes movilizaciones ante el tratamiento de normativas de ese calibre.[29]

Finalmente, mediando marzo, la Ley Taiana fue aprobada. Unos días antes, el 11 de marzo, Rodolfo Agoglia había presentado su renuncia. Aunque ya se encontraba de licencia, su declaración pública fue clara respecto de que no acordaba con las modificaciones introducidas al proyecto y que «debería ser otra la persona encargada de asumir la responsabilidad de aplicar la nueva Ley».[30] Pero además del recambio de autoridades que trajo la nueva normativa, estaban comenzando los Cursos de Introducción a la Realidad Nacional, obligatorios para los ingresantes de todas las carreras.[31] Su inauguración se realizó en el Comedor, en un acto con 5000 asistentes, en un contexto en que eran abiertamente cuestionados por su contenido y por «apresurados». El lunes 18 de marzo iban a comenzar pero, a primera hora, la CNU ocupó el edificio central de la UNLP (que se compartía con las Facultades de Derecho y Humanidades) para impedir su realización y manifestar públicamente calumnias hacia las autoridades, que luego fueron desmentidas. A este hecho le siguieron acciones importantes, actos y un paro no docente en repudio, asambleas y la toma simbólica de todas las Facultades por parte de JUP y MOR, para garantizar la realización de los Cursos.

Entre los últimos días de marzo y los primeros de abril, se sucedieron actos por el recambio de autoridades, realizadas en el marco de la nueva legislación. En el Rectorado se reunieron 1600 personas, para escuchar autoridades, representantes de grupos estudiantiles, de ATULP y APTDULP y un orador de JUP que se manifestó en «estado de movilización y alerta».[32] Por esos días circuló un petitorio con diez puntos que las agrupaciones peronistas de estudiantes, docentes y no docentes le exigirían a Francisco Camperchioli, futuro rector. Esos puntos, que buscaban asegurar estabilidad laboral, variados cambios gremiales y la continuidad con la gestión de Agoglia, fueron presentadas en un acto con 2500 personas en que el mismo Camperchioli fue orador.[33]

Siguieron, durante abril, los cambios de autoridades por Facultades cuyas asunciones repitieron un método: en un acto de «bienvenida», compartido con ATULP, APTDULP, JUP, MOR y otros grupos se presentaban petitorios programáticos que eran de tipo gremial, académico y exclusivamente relativos a cada facultad. Así sucedió en Medicina, Ingeniería, Arquitectura y Humanidades con actos que reunieron entre 300 y 350 personas, iniciando gestiones que esos grupos consideraban «compañeras».[34] Los grupos docentes por estos días se dividían en tres líneas, con gran actividad las tres e importantes diferencias entre ellas: la peronista APTDULP, la Asociación de Trabajadores Universitarios Docentes e Investigadores (ATUDI) formada entre marzo y abril de 1974, con representantes de Naturales y Museo, Arquitectura, Ingeniería y Humanidades,[35] y la Unión de Docentes e Investigadores Reformistas (UDIR), conformada en mayo bajo las banderas de la Reforma de 1918 y con una posición crítica hacia la gestión peronista.[36]

En julio y agosto comenzaron a repetirse concentraciones conjuntas, entre JUP, MOR y Franja Morada, siendo las más importantes las que siguieron a la renuncia del ministro Taiana: la FULP y los Centros no Federados de Arquitectura y Odontología (alineados con JUP) convocaron a asambleas por facultades y una movilización que terminó en una concentración de 700 personas, con aquellas tres y por la «defensa de la actual intervención y del proceso iniciado el 25 de mayo de 1973».[37] Aquí las cronologías se bifurcan en tres.

Por un lado, en septiembre comenzó el proceso electoral en los Centros de Estudiantes, siendo la primera vez que JUP se presentaba.[38] Los resultados sirvieron para organizar en diciembre el Congreso de FULP, en el cual JUP ocupó su presidencia, conformando una dirección junto a Franja, MOR y el MEI de Ingeniería,[39]que se expidió en favor de una «central única estudiantil nacional», una suerte de llamado a la Reunión Nacional de Federaciones y Centros que finalmente se realizó en diciembre. Por otro lado, tras la renuncia de Taiana en agosto, asumió Oscar Ivanissevich, con una gestión que apuntó a «reestablecer el orden» y desarmar las medidas académicas e institucionales de la anterior. Tercero, la represión, la violencia política y paraestatal comenzaron a delinear su propia y trágica cronología: en septiembre fue allanado el local de ATULP, medida similar a los allanamientos a los locales de JUP en mayo. Luego, la violencia paraestatal tomó dinámica propia, con la CNU como protagonista.

Desde su origen en 1965, aquella tuvo como objetivo atacar y desmovilizar a la militancia universitaria de izquierdas, pero en 1974 su accionar tuvo un cambio sustancial (Carnagui, 2021). El asesinato de dos de sus máximos dirigentes (Félix Navazo y Martín Salas) en julio y agosto de 1974 llevó a un recambio generacional y a una radicalización de sus métodos, coincidiendo el primero con la muerte del General Perón (el 1 de julio de 1974).

La segunda parte de 1974 comenzó con el asesinato de cuatro militantes peronistas con «colaboración» de la Triple A (Cecchini y Elizalde, 2013, p. 178): Luis Macor de la JUP, Horacio I. Chaves y Rolando Chaves, padre e hijo, y el sindicalista Carlos Pierini. En octubre de 1974, el asesinato de Achem y Miguel[40] inauguró la modalidad de secuestro y asesinato para una CNU ya inserta en el gobierno y en el entramado represivo estatal y paraestatal: en vínculo con la Secretaría de Inteligencia del Estado y la Triple A; como trabajadores en dependencias del gobierno bonaerense de Victorio Calabró (quien asumió tras la renuncia de Bidegain); y/o actuando como custodios de dirigentes del sindicalismo peronista (Besoky, 2020; Carnagui, 2021). El accionar de la CNU continuó ese 1974, repitiendo la modalidad (y acentuándose en 1975): en noviembre, intentó secuestrar al decano de Arquitectura, Tulio Fornari y, al no encontrarlo, acabaron asesinando al docente de la misma unidad, Carlos A. de la Riva; en diciembre, fue asesinado en su casa Enrique Rusconi, destacado dirigente del FAUDI y Humanidades.

Luego de los asesinatos de Achem y Miguel, renunció Camperchioli asumiendo en su lugar Pedro Arrighi. Este fue nombrado por Ivanissevich y contó con la colaboración de sectores de la derecha peronista para instalar un modelo de gestión autoritario y represivo. En octubre, una UNLP ya atravesada por la violencia, cerró sus puertas y clausuró su ciclo lectivo, quedando el mes de diciembre para la realización de mesas de exámenes finales y recambios de autoridades.

Conclusiones

Con este artículo nos hemos propuesto elaborar una mirada integral sobre un período de gran densidad en la historia reciente argentina. De modo más concreto, se trabajó sobre la reconstrucción empírica de la protesta universitaria y social que marcó a la ciudad de La Plata en el período 1968–1974, que aquí definimos como «ciclo de protesta» con cuatro fases, inicial, de intensificación, de institucionalización y de cierre. Dos fueron nuestros objetos de análisis: primero, los episodios contenciosos, en los que identificamos distintas modalidades tácticas, ritmos y resoluciones, así como también el tipo de demanda presentada. En segundo lugar, observamos los actores y sus organizaciones focalizando en el movimiento estudiantil, las organizaciones de docentes e investigadores platenses y las de no docentes. La reconstrucción de las organizaciones docentes de la UNLP representa una novedad en sí misma para un campo enfocado en el sujeto estudiantil.

El mayor desafío radicó en constituir una trama analítica que condensara aportes y actualizaciones de quienes estudian los movimientos sociales, y que nos permita superar los análisis dicotómicos sobre la protesta universitaria y social en la historia reciente argentina, tarea que tiene sus antecedentes pero cuyos resultados es preciso sistematizar. Con esta búsqueda observamos las acciones contenciosas del ciclo a partir de una suerte de doble entrada analítica: i) dilucidando cuánto había de «política» en ellas y cuánto de «universitario» o gremial/académico/corporativo (en términos de contenido); ii) cuánto de contienda institucional–contenida o transgresiva–disruptiva (en sus tácticas). La mirada integral sobre el ciclo nos dice que las demandas gremiales primaron en todas las fases, mientras los repertorios tácticos fueron cambiantes. No obstante, la mayor parte de las veces comenzaron contenidos/institucionales para pasar a transgresivos, pasaje que en parte se explica por la respuesta de las autoridades (las posibilidades de obtener esa demanda) y por la represión aplicada.

El año 1968 inicia nuestro trabajo. Es este un año donde el aniversario de la Reforma Universitaria y el repudio a la nueva Ley fueron sintetizados por el movimiento estudiantil en tácticas contenidas, inicialmente. Las presentaciones de petitorios (con puntos difíciles de obtener, contrarios a la legislación) fallidas derivaron en el empleo de tácticas disruptivas, tomas y movilizaciones callejeras que llegaron a 425 detenidos, en un contexto de dura represión. Los años 1969 y 1970 se vieron ya más marcados por una escena nacional que había cambiado, con el Cordobazo y las varias insurrecciones urbanas. 1971/1972 constituye nuestro momento claro de ascenso y auge del ciclo: por la radicalidad de las tácticas, por la masividad de las acciones, por la difusión de las redes organizativas y por la alianza en 1971 con el conflicto obrero de Petroquímica Sudamericana. Si las acciones contra el restrictivo sistema de ingreso marcaron ambos años, luego aparecieron demandas académicas puntuales así como una gran actividad en torno a la detención del militante docente de ADIFCE, Mosquera.

En 1973, la dinámica de la protesta y la contienda transgresiva se desaceleró, en un marco en que la mayor parte de las demandas gremiales del período 1968–1972 se resolvieron institucionalmente. La toma del INIFTA y los «Juicios» a docentes fueron tácticas que se emplearon en casos en que la resolución no se obtuvo rápidamente. En los términos de este trabajo, el año finaliza con el ataque al Comedor y al acto electoral de Arquitectura, ambos realizados por grupos de derecha y contestados por la comunidad universitaria. Nuestra última fase comienza en 1974 con la sanción de una nueva Ley Universitaria, criticada por varios sectores del movimiento estudiantil pero «en silencio» (tal como enunciara peyorativamente la prensa local), es decir, mediante tácticas contenidas que buscaban el diálogo en torno al proyecto legislativo. Entre marzo y abril renunciaron y asumieron nuevas autoridades y el comienzo de los Cursos de Introducción a la Realidad Nacional, se dio en el marco de ataques por parte de la CNU y respuesta de grupos peronistas, reformistas y de izquierdas. Mediando 1974, las cronologías se bifurcan en tres: comienza el proceso electoral en los Centros de Estudiantes, siendo la primera vez que el peronismo se presentaba y en un marco local y nacional en que los gremios estudiantiles ensayaban intentos de unificación; segundo, el cambio regresivo de autoridades ministeriales (renuncia Taiana y asume Ivanissevich) se replica en las universidades; tercero, en agosto de 1974 la CNU consolida su modalidad de secuestro y asesinato de militantes y funcionarios universitarios. En octubre de 1974, a raíz del asesinato de Achem y Miguel, la UNLP cierra su ciclo lectivo en el marco de una institución que había cambiado sus condiciones para cualquier modalidad de acción colectiva.

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Notas

1. Tomamos la clásica definición de Tarrow (1997, pp. 263–264). Encontramos, sin embargo, importantes alertas sobre el hecho de que el concepto podría dar lugar a una imagen de secuencias lineales de contienda, con «principio/mitad/final bien delimitados» (McAdam et. al., 2005, p. 80). Con estos recaudos, la idea de «ciclo» nos resulta útil, como veremos.
2. La contienda política nos habla de la interacción episódica (no programada regularmente, excluyendo así elecciones, por ejemplo), pública, entre quienes reivindican y otros, con efectos sobre los intereses de los actores y con la intervención del gobierno (como mediador, objetivo o reivindicador) (McAdam et. al., 2005, pp. 5–6). Esta se divide en contenida y transgresiva. Aunque los autores utilizan los sinónimos «institucional» y «no convencional», quizás más gráficos, la cuestión clave es que, en la primera, todas las partes en el conflicto estaban previamente establecidas; la transgresiva incluye actores y/o acciones colectivas innovadoras, sin precedentes o prohibidas por el régimen (p. 8). El punto clave de esa distinción es el intento de observarlas juntas superando «la frontera entre la política oficial, prescrita, y la política por otros medios» (p. 7).
4. No es posible hablar en nuestro país de movimiento estudiantil sin aludir al movimiento de la Reforma de 1918, entendida como «estructura de interacción», tal como propone Tejerina (2010, p. 20), al iluminar los mecanismos y canales concretos que posibilitan la acción y la continuidad de los movimientos.
5. La «cuestión universitaria» incluye demandas relativas a: i) el funcionamiento interno de las universidades (autonomía y cogobierno), ii) académicas y pedagógicas (relativas a los planes de estudio, los contenidos de las clases, también el cuestionamiento contra funcionarios y/o profesores), iii) gremiales (de bienestar estudiantil, presupuesto o ingreso irrestricto), y iv) crítica de la política universitaria gubernamental. La «cuestión política» incluye demandas contra medidas y acciones políticas en el escenario nacional y/o internacional, solidaridad con otras luchas, memoria/homenaje a mártires y demandas «antirrepresivas». Retomamos en esto a Sarlo (2001), Millán y Califa (2021) y a Pis Diez (2021) donde realizamos un análisis de los discursos estudiantiles al respecto.
6. Nos situamos aquí en el problema de los resultados y los saldos del ciclo, para sostener que el proyecto de gestión universitario de 1973 fue resultado de la protesta radical, intensificada y expandida de la fase previa del ciclo (y esto vale, para el contexto nacional también). Ahora bien, dice Tarrow: «Los movimientos no producen sus principales efectos directamente, sino a través de su interacción con fuerzas más convencionales y con la élite, cuando las oportunidades se desplazan al sistema político (…) Al desplazarse el centro de gravedad de las calles a la escena política y alejarse la amenaza de desorden, la capacidad de maniobra de los reformistas quedó reducida». (Tarrow, 1997, p. 301).
7. «Una intensa jornada se vivió en la ciudad a raíz de los acontecimientos universitarios», El Día, 15 de junio de 1968, p. 1; «Los acontecimientos universitarios centraron la atención de la jornada», El Día, 15 de junio de 1968, p. 2.
8. «Durante una hora estuvo ocupada ayer por los estudiantes la Facultad de Ingeniería», El Día, 25 de junio de 1968, p. 3.
9. «A raíz de la ocupación estudiantil de la universidad hubo serios disturbios», El Día, 5 de julio de 1968, p. 1; «La FULP y otras agrupaciones acusan en enérgicos términos a la policía», El Día, 5 de julio de 1968, p. 5.
10. «Crisis en la dirección del Centro de Estudiantes de Ingeniería local», El Día, 15
11. En Humanidades esto coincidió con un conflicto académico: en Filosofía, una asamblea docente–estudiantil cuestionó una cátedra sobre cultura medieval; unos días más tarde, estudiantes y auxiliares de Ciencias de la Educación solicitaron la separación de dos profesores por el contenido impartido en sus cátedras. «Reclaman en Humanidades el alejamiento de dos docentes de la Facultad», El Día, 7 de septiembre de 1971, p. 5. El día anterior, los estudiantes de Naturales y Museo levantaron un paro que estaban realizando desde la semana previa por la reestructuración del plan de estudios y en protesta por la detención de dos estudiantes. «Levantan una medida de fuerza», El Día, 7 de septiembre de 1971, p. 5. Durante junio y agosto, en Veterinarias hubo una toma por el plan de estudios, y en Agronomía y en Exactas se registraron protestas por cuestiones relativas al nivel pedagógico de algunas cátedras. «Docentes y alumnos tratarán el lunes el problema suscitado en Veterinarias» e «Impugnan los alumnos el nivel académico de una cátedra de Exactas», El Día, 21 de agosto de 1971, p. 5; «Fue ocupada por los estudiantes la Facultad de Cs. Veterinarias», El Día, 20 de agosto de 1971, p. 5; «Fue ocupada por los estudiantes la Fac. de Agronomía local», El Día, 10 de junio de 1971, p. 5.
12. «Inténtase reestructurar la FULP para superar la crisis actual en dicho organismo», El Día, 29 de agosto de 1971, p. 3. Desde noviembre de 1970, la Federación Universitaria Argentina (FUA) se había fracturado al romper el MOR y conformar la FUA–La Plata. FUA–Córdoba nombraría al espacio nacional que reunía a Franja Morada, el FAUDI y otros.
13. Dice Mosquera sobre ADIFCE: «Esa asociación tuvo una actividad muy destacada. Surge en plena dictadura lanussista como consecuencia de ese gran fervor revolucionario que había en el pueblo (…) En ese momento no había ninguna otra organización docente, por lo menos en La Plata, con esas características, o siquiera con la intención de agrupar gremialmente para la lucha determinada de los docentes universitarios. Éramos los únicos, éramos la avanzada (…)» (AAVV, 2011, pp. 12–13).
14. «Debió intervenir la policía para disolver una manifestación estudiantil», El Día, 14 de abril de 1972, 5.
15. «Acto por la educación, convocado por FULP», El Día, 5 de julio de 1972, p. 3. En mayo de 1972, un informe de la DIPPBA daba cuenta de la «tendencia más generalizada de constituir comisiones mixtas universitarias de docentes y alumnos (…) esta nueva táctica creara la impresión de que existiría un acercamiento concreto entre ambos sectores o, por lo menos, entendimientos que no eran muy comunes». En otro informe del mismo mes, agrega que los docentes eran, en general, ayudantes diplomados y activistas. En «Información relacionada con las comisiones mixtas universitarias de docentes y alumnos», CPM – Fondo DIPPBA, División Central de Documentación, Registro y Archivo, Mesa A, Factor Estudiantil (CPM–DIPPBA de aquí en más), Legajo n.º 207 «ADIFCE».
16. «Pro Federación de Asociación Docentes», El Día, 24 de abril de 1973, p. 5; «De una entidad», El Día, 26 de abril, p. 5. Guldelevicius (2011) afirma que la tendencia del gremialismo docente hacia 1968–1970 fue la de, progresivamente, superar la fragmentación a través del AND, organización docente de alcance nacional. En septiembre de 1973, se fundó la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA). Sobre el sindicalismo docente de escuelas primarias y secundarias platenses ver Nava (2020) y Labourdette (2023).
17. «Docentes peronistas dieron a conocer una publicación», El Día, 24 de abril de 1973, p. 5.
18. La misma estaba compuesta por Ernesto Ramírez por ATULP, Carlos Negri por FURN, Jorge Aluato por FAEP y Francisco Carnese por APTDULP. En «A los docentes, estudiantes y no docentes», (DIPPBA–CPM), Legajo N° 199, FAEP. Para una reconstrucción más detallada de las ocupaciones realizadas a nivel local, ver Ramírez y Abbattista, 2021.
19. La declaración comenzaba afirmando que la comisión «se siente en la obligación de dejar aclarado que han de seguir siendo sus objetivos combatir la colonización cultural en todos sus aspectos, considerando a las nuevas autoridades como representantes del gobierno que asumió el 25 de mayo». En «Declaración», El Día, 31 de mayo de 1973, p. 4.
20. «Juicio popular en Veterinaria», El Día, 10 de agosto de 1973, p. 5. Fueron los Juicios una de las tácticas más innovadoras de esta segunda etapa. Junto con las tomas como la del INIFTA, fueron ejemplos de contienda transgresiva, tal como lo describen Tarrow, Tilly y Mc Adam. Debemos agregar que agrupaciones de docentes de Facultades como Veterinarias y Medicina se manifestaron en contra de estos Juicios, así como también lo hizo la editorial del diario El Día del 20 de agosto, vinculándolos al vacío de poder y a la negación de la tarea de enseñanza.
21. «Acto en el Anfiteatro de Física» (CPM–DIPPBA), Legajo N.º 223, JUP.
22. «Fue ocupado un instituto de la universidad local», El Día, 12 de junio de 1973, p. 5.
23. «Personal de un instituto ocupado difundió una declaración», El Día, 13 de junio de 1973, 5; «El interventor de Ciencias Exactas se hizo cargo de un instituto», El Día, 14 de junio, 3.
24. «A la situación de un instituto refirióse el interventor de la Universidad», El Día, 16 de junio de 1973, p. 5.
25. «Investigadores del Museo difundieron una declaración», El Día, 15 de junio de 1973, p. 5.
26. En esa asamblea se organizó un Comité de Autodefensa y se exigió expulsar a los miembros de la CNU de la UNLP, cuestión que después se le exigió a Agoglia también. En «Acto de estudiantes de Arquitectura en Comedor» y «Petitorio a Agoglia» (CPM–DIPPBA), Legajo n.º 15, «Centro de Estudiantes de Arquitectura».
27. En agosto de 1973 se anunció la fusión de FURN y FAEP en la JUP–La Plata, en un proceso de fusión nacional que se correspondía con el que definieron Montoneros y las FAR. En La Plata tuvo sus bemoles dada la identidad de cada una de las organizaciones universitarias, tal como reconstruimos en González Canosa y Pis Diez (2022). Ver también Califa, 2025.
28. «La FUA fijó su posición sobre la Ley Universitaria», El Día, 10 de enero de 1974, p. 5; «Anunció la FUA acciones para postergar el debate de la Ley Universitaria», El Día, 13 de enero de 1974, p. 5; «Declaración conjunta», El Día, 17 de enero de 1974, p. 3; «Refiérense dos entidades a las pautas elaboradas para la Ley Universitaria», El Día, 17 de enero de 1974, p. 5. Los hechos de Azul ya mencionados, y sus derivas posteriores (la renuncia del gobernador bonaerense, entre otras) modificaron radicalmente la agenda, y el debate universitario volvió a tener presencia en marzo.
29. «El silencio estudiantil», El Día, 4 de marzo de 1974, p. 3. Afirma la nota que, para Franja Morada y el peronismo, una agitación de magnitud «haría peligrar la estabilidad de los interventores a los que se han ligado» en un marco en que los asuntos universitarios parecen «haber salido de la órbita estudiantil para instalarse en la esfera de los partidos políticos». Al otro día, la editorial del mismo diario se tituló «Los planes apresurados y la ley universitaria» para referir críticamente a la normativa, pero más aún a una serie de cambios institucionales en la UNLP que incluían la definición de tres ciclos de enseñanza para todas las carreras y al curso de ingreso que estaba por comenzar, el Curso de Introducción a la Realidad Nacional.
30. «Renunció ayer el interventor de la Universidad de La Plata», El Día, 12 de marzo de 1974, p. 3.
31. Contaban con 240 comisiones a funcionar en un 1974 en que hubo 13.951 inscriptos. En «Inscriptos en las distintas Facultades de la UNLP, año 1974» (CPM–DIPPBA), Legajo n.º 20, Rubro 5, UNLP.
32. «Acto en los jardines de la universidad» (CPM–DIPPBA), Legajo n.º 20, Rubro 5, UNLP.
33. Algo parecido hizo el MOR, en un volante donde caracterizaba que «la reacción en nuestro país viene conspirando abiertamente» y que «el plan de la derecha se estrellará en la UNLP contra un movimiento estudiantil, docente y no docente que hará de la UNLP una herramienta para la liberación». En «La derecha no pasará–MOR» y «Las agrupaciones políticas peronistas ante la asunción del Dr. Camperchioli» (CPM–DIPPBA), Legajo n.º 20, Rubro 5, UNLP.
34. El trabajo con esos programas no nos cabe en este artículo, pero es para remarcar la importancia otorgada a los aspectos gremiales, académicos y disciplinares en cada unidad académica. En «Asume el decano. Hemos ganado una batalla», «Acto realizado en los jardines de Ingeniería», «La JUP a los compañeros del Curso y de Ingeniería», «Acto Facultad de Arquitectura organizado por JUP» y «Asunción al Decanato de la Sra. Wilson de Diez» (CPM–DIPPBA), Legajo n.º 223, JUP.
35. Finalizando agosto, se reunió su primera comisión ejecutiva. Durante ese mes se habían sumado delegados de Económicas, Periodismo, Odontología y Medicina. «Reunión de docentes de la universidad», El Día, 31 de agosto de 1974, p. 5.
36. «Reúnese en asamblea general la Unión de Docentes Reformistas», El Día, 7 de mayo de 1974, p. 5. En esta nota el diario la emparentaba con la UCR balbinista. A fines de mayo, UDIR publicó una solicitada, firmada por muchísimos docentes, explicitando los objetivos que la fundaban: «Solicitada. A los docentes e investigadores de la Universidad Nacional de La Plata», El Día, 31 de mayo de 1974, p. 5. En junio, una asamblea de UDIR que iba a realizarse en Ingeniería fue interrumpida y suspendida por la intervención de personal administrativo de la Facultad. Este hecho generó una suerte de «ida y vuelta» de publicaciones y acusaciones entre agrupaciones de ATULP y UDIR en las páginas del diario local.
37. En «A los compañeros estudiantes – FULP» (CPM–DIPPBA), Legajo n.º 1, tomo 3, FULP. Aquí caracterizan la situación como de «ofensiva pro–imperialista», convocan a la movilización permanente y a mantener abierta la universidad. También «Actividad Estudiantil en la UNLP» (CPM–DIPPBA), Legajo n.º 223, JUP. El 5 de julio había sucedido otro acto convocado por las tres fuerzas, en Derecho. A pesar de la actividad conjunta, las crónicas realizadas recogen afirmaciones críticas de los oradores hacia alguna de las tres, respondidas con cánticos.
38. Franja Morada y MOR obtuvieron importantes triunfos (por ejemplo, en Derecho la primera, en Medicina y Exactas la segunda), en Ingeniería triunfó un grupo independiente y JUP lo hizo en Humanidades, Naturales y Museo, y ya dirigía Odontología y Arquitectura (que firmaban como Centros no Federados y para la Liberación Nacional), quedando en segundo lugar en facultades masivas e importantes como Ingeniería, Medicina y Exactas.
39. «Finalizó el congreso que organizó la FULP», El Día, 4 de diciembre de 1974, p. 5.
40. La crónica de sus velatorios describe una columna que partió desde la sede de ATULP al Cementerio, con cinco autos portacoronas que precedían los féretros y una columna estudiantil que acompañaba. Hubo mucho control policial y solo un grupo reducido pudo entrar al Cementerio. Varios grupos de estudiantes intentaron ingresar por las entradas de los costados, pero se contestó con represión. «Hubo incidentes durante la ceremonia de inhumación de los restos de Achem y Miguel», El Día, 11 de octubre de 1974, p. 3.

Notas de autor

* Nayla Pis Diez es Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Sociología por la Universidad Nacional de La Plata. También es Especialista en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Federal de Juiz de Fora (MG–Brasil). Actualmente, es Investigadora Asistente del CONICET, con sede en el Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNLP. Sus temas de trabajo giran en torno a la sociología histórica, la historia reciente latinoamericana y los estudios sobre los Global Sixties, investigando concretamente, las experiencias de politización de juventudes, movimientos estudiantiles y de mujeres.


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