Dossier

Quienes transitamos las aulas de trabajo social hace ya varias décadas, aprendimos que la profesión sería producto del grado de especialización de las prácticas de ayuda social asociadas a la caridad y la filantropía (Alayón, 1980). También hemos escuchado una versión opuesta a esta tesis, que el trabajo social habría surgido en oposición a tales formas, a partir de los condicionantes sociales y políticos del capitalismo occidental, y a raíz de la necesidad de paliar la conflictividad de la cuestión social y obrera (Iamamotto, 1995; Netto, 1997). En efecto, desde el trabajo social latinoamericano, algunas posiciones enfatizaban el sincretismo que trae aparejado el supuesto rol técnico de las asistentes sociales, impulsadas a actuar bajo los cánones de lecturas parcializadas de la realidad social y, en consecuencia, reforzando las desigualdades de clase. En las versiones locales se acentuaba el perfil anti-moderno de la profesión y la creación de espacios ocupacionales previos que fueron la expresión de intereses y fuerzas antagónicas propias del movimiento contradictorio de las sociedades capitalistas (Parra, 1999; Oliva, 2004).
Otras orientaciones enfatizaron el papel que tuvieron las trabajadoras sociales en la construcción de ciudadanía social y sus aportes a un saber especializado para abordar problemáticas sociales, aunque bajo la hegemonía del positivismo científico y el control estatal (Grassi, 1989; Rozas Pagaza, 2001; Matus, 2003). Más allá de los matices, quedaba claro que la racionalidad científica, la cuestión social y la emergencia de las agencias socio-asistenciales fueron el campo de interlocución de discursos y prácticas que fueron tallando la profesión en sus orígenes, siempre subordinada y a merced de las clases dominantes.
Hace ya varios años que investigadores e investigadoras se han propuesto recuperar los escritos de “las pioneras”, especialmente de la corriente anglosajona, como es el caso de Octavia Hill (1838-1912) y de Jane Addams (1860-1935). A través de sus biografías han mostrado aristas innovadoras en las ideas y las intervenciones de las primeras profesionales (Travi, 2007; Miranda Aranda, 2018). En este sentido, estos trabajos han sido contribuciones de especial valor en el abordaje del tema, polemizan con las tesis expuestas anteriormente intentando deconstruir la sedimentación del trabajo social como práctica tecnológica y conservadora. Al mismo tiempo, al tratarse de investigaciones empíricas, repasan las producciones efectivas de las autoras, muchas veces soslayadas por argumentos valorativos.
Sin ánimos de hacer un repaso exhaustivo de las producciones sobre profesionalización del Trabajo Social, es posible ubicar que la interrogación por el origen, por cómo fue posible la profesión, sus mutaciones y sedimentaciones ligadas a los contextos sociales, siguen siendo dilemas fascinantes para quienes somos trabajadoras y trabajadores sociales. Nos convoca a encontrarnos asiduamente en congresos y jornadas. También, alentamos proyectos interinstitucionales para compartir fuentes y metodologías de trabajo. En este sentido, durante el año 2024 se presentaron numerosas ponencias que abordan el tema, tanto en el IV Foro Latinoamericano de Trabajo Social organizado por la Universidad Nacional de La Plata, como en el XXX Congreso Nacional y el VI Encuentro Argentino y Latinoamericano de Trabajo Social organizado por la Universidad Nacional de Córdoba. En este último evento se llevó adelante el Conversatorio “Trabajo Social en la historia: intercambios sobre la enseñanza de los procesos históricos profesionales y sus tendencias en la formación académica”.
Así, un frondoso campo de investigación sobre la profesionalización del Trabajo Social se encuentra en expansión, lo que pone en agenda nuevas preguntas y enfoques heterogéneos que tienen como denominador común una lectura a contrapelo de las tendencias clásicas sobre el tema. Por un lado, se proponen advertir las tensiones, divergencias y el diálogo constitutivo de la profesión en diferentes territorializaciones, es decir, en las dimensiones regionales, provinciales y locales que le otorgan rasgos singulares. Tal es así que los problemas que se advirtieron y las apuestas de agentes distintos fueron tallando estilos y configuraciones que vale la pena escudriñar. Por otro lado, la incorporación de las perspectivas feministas imprime una mirada novedosa que, si bien posibilita, entre otras cosas, repasar la biografía de nuestras pioneras y las prácticas de asistentes sociales, lo hace atendiendo a un contexto situado entre constricciones, subordinaciones y potencialidades de la lucha por el reconocimiento y la legitimación. Finalmente, el acercamiento exhaustivo a los planes de estudio, la enseñanza del oficio y la interrelación con las agencias públicas y las organizaciones sociales muestran con nitidez un grado de complejidad que impugna cualquier aseveración global y apriorística.
No obstante, es posible encontrar rasgos comunes en estas producciones. Se tratan de resultados de proyectos de investigación que tejen una urdimbre consistente entre búsquedas individuales y colectivas que abonan al campo. Comparten una mirada agonista de la realidad social que pone de manifiesto los vaivenes en la institucionalización de la profesión entre las dimensiones teórico epistemológicas y ético políticas. Proponen argumentaciones no esencializadas de sus objetos conforme al despliegue de las relaciones sociales que le dan visibilidad.
Teniendo en cuenta lo planteado hasta aquí y conmemorando el centenario del Trabajo Social en Latinoamérica, tenemos la gran satisfacción de presentar el tercer Dossier titulado: “Miradas regionales sobre la Historia de Trabajo Social III” en la revista Papeles del Centro de Investigaciones Nº30. El mismo reúne las ponencias revisadas y convertidas en artículos del Encuentro de Investigadores sobre Historia del Trabajo Social en Argentina, Edición 2024, desarrollado en la ciudad de Santa Fe en el mes de junio.
El mismo está organizado en tres apartados que pone en diálogo algunas preocupaciones compartidas. El primero se centra en las indagaciones sobre profesionalización a través de los procesos contextuales y las discusiones científicas que se plasman en las propuestas de formación y los recorridos de sus agentes.
Allí podemos revisar el trabajo de Rosana Basta “Trabajo con material de archivo. Una revisión de documentos acerca de la formación de asistentes sociales entre 1930 y 1932 en la Capital Federal”, quien propone un recorrido sobre los discursos científicos, ideológicos y políticos presentes en la Escuela de Servicio Social del Museo Social Argentino en el año 1930. Así se pondera la relevancia de las ciencias sociales y la existencia de profesiones dedicadas a “lo social” que respondieron a los compromisos de la época.
Asimismo, Indiana Vallejos en el trabajo “De las conferencias a los trabajos prácticos supervisados. Aprender el oficio de asistente social en la Escuela de Servicio Social de Santa Fe en los años ’40 y ’50” nos invita a reconstruir las diversas modalidades previstas en los cinco planes de estudio vigentes desde 1943 hasta 1959, cartografiar las instituciones en las que sucedieron las experiencias de formación práctica y analizar la enseñanza a través de la supervisión en la experiencia santafesina de la ciudad capital. Así, muestra cómo las figuras del supervisor docente como el supervisor profesional contribuyen a delimitar contenidos específicos para ser enseñados en las instancias colectivas como en el “cuerpo a cuerpo con el alumno”.
El artículo de Gustavo Papili, “La formación de asistentes sociales en la década del a partir de la trayectoria del Dr. Emilio Sánchez Rizza” conjuga la vida profesional, la sensibilidad en escritos poéticos y las posiciones políticas de quien fuera un agente clave en la conformación de la Comisión Asesora de la Ley N° 3069 de Asistencia Social, posteriormente, presidente de la Comisión de Acción Social, Director del Instituto de Estadísticas e Investigaciones Económico-Financieras, partícipe de la creación de la Escuela de Asistentes Sociales, docente y director de la misma. El autor sugiere la idea de identificar a académicos y profesionales que dialogan entre sí como un “metacampo en la configuración de la asistencia y formación de profesionales Asistentes Sociales: político, académico, religioso”. Por lo tanto, supone el trasvasamiento teórico y los debates académicos a la formación del Trabajo Social.
Asimismo, José Atía transita “La institucionalización de la profesión en Santiago del Estero: procesos históricos para la reconstrucción de la historia del Trabajo Social” a partir de revisar los trabajos de autores y autoras locales que brindan diversos aportes sobre los procesos políticos, económicos, institucionales y de la profesión de Trabajo Social en esa provincia. Así, da cuenta de diferencias con los procesos centrales, como el de la Capital Federal, en un contexto que denomina como “peronización fallida, sin obreros industriales”. En tal sentido, la creación de la Escuela de Visitadoras Sociales y Enfermeras Beato Martín de Porres es un hito fundamental para analizar la influencia de la religión católica en la formación de agentes especializados en lo social con “fuertes componentes moralizadores, técnicos y formados para intervenir en los barrios, con las familias de los sectores populares desde el ideario de control y disciplinamiento social”.
Finalizando este recorrido, el trabajo colectivo e interinstitucional “Revisitando los estudios sobre el movimiento de Reconceptualización del Trabajo Social en Argentina: mapeo de lo producido a la luz de nuevas indagaciones” de Fiorella Cademartori, Carolina Mamblona y Roberto Zampani compila y sistematiza estudios, tesis y material bibliográfico referido al Movimiento de Reconceptualización acontecido durante las décadas de 1960 y 1970 en Argentina. Este estado del arte en proceso repone las principales hipótesis de esas producciones sobre la incidencia del movimiento en el viraje teórico-metodológico de la formación y en los procesos de intervención profesional. Así, se pueden revisar tanto el impacto en esas dimensiones, como la recuperación de los postulados a través de las producciones del CELATS (Centro Latinoamericano de Trabajo Social) y en la apertura democrática en el país.
El segundo apartado reúne artículos cuyas coordenadas orientan lecturas de la profesionalización desde las perspectivas de los feminismos. En ellos se recorren diferentes temas y temporalidades cuya alianza puede reconocerse en la intención de agudizar la mirada sobre las agencias y constricciones de las mujeres, tanto de aquellas involucradas en las intervenciones sociales de instituciones gubernamentales o sociales como de las destinatarias de tales prácticas.
Así, el artículo de Anna Ortiz Plá titulado: “Visita domiciliaria” y Género. Antecedentes en el proceso de profesionalización del Trabajo Social”, relaciona la historia del Trabajo Social con la cuestión de género. Toma el caso específico de la Sociedad Conferencia de Señoras de San Vicente de Paul entre el período 1866, año de su creación, y 1905, año en que se publica el Libro 5° de Actas pertenecientes a dicha Sociedad. A partir del análisis de documentos, se recuperan las prácticas de las visitas domiciliarias de las mujeres de esta Sociedad y se muestran los mandatos, los deberes y los estereotipos que estaban tanto en tensión como en articulación con el despliegue de la labor caritativa. Como señala la autora se busca “reivindicar a las mujeres” de esta Sociedad al leer en clave histórica el despliegue de sus prácticas y pesquisar que supieron tensionar “la matriz heteronormativa vigente”.
En la propuesta de Clara Weber Suardiaz y Silvina Cavalleri se recuperan los aportes del feminismo para conocer aspectos sobre el proceso de feminización del campo asistencial y la difusión de los preceptos de género vigentes en la época del surgimiento de la carrera en la ciudad de La Plata. Así, se analizan los planes de estudios de 1938 y 1948 de la Carrera de Visitadoras de Higiene identificando cuáles son los aspectos teórico-prácticos que se traducen en la formación. Entonces en “Caracterización de la formación y procesos de feminización en las primeras trabajadoras sociales en la Universidad Nacional de la Plata. Análisis de los Planes de Estudios de 1938 y 1948” se pondera la ampliación de ámbitos de intervención del Estado que impulsa temas en la formación. Además, se pueden reconocer la función de las visitadoras sociales y las exigencias hacia las mujeres sobre sus tareas incluyendo un estricto control de su comportamiento en la vida privada.
Por su parte, el artículo de María Teresa Tempo “Reconstrucción de antecedentes: acercamientos a las primeras mujeres del trabajo social santafesino” introduce en la agenda de investigación la discusión sobre los aportes de las protagonistas de los inicios profesionales del Trabajo Social en Santa Fe (1943-1971) en clave de tensión con el conocimiento reconocido como científico en ese período. Así, se recuperan voces que no fueron escuchadas contraponiendo el “sentido esencial de mujer construido hasta el momento y el sujeto considerado universal por el método científico”.
Asimismo, Fernanda Maiola indaga sobre el concepto de educación sanitaria con relación al servicio social como parte de la atención de la salud, y el accionar de las visitadoras y asistentes sociales en este espacio. Este aporte supone dar visibilidad a la labor de esta profesión que contribuyó, entre otras, a la configuración del campo social y sanitario. En este sentido en “Intervención social del Estado a través de la feminización de las tareas de educación sanitaria y profilaxis social” se analizan las publicaciones en los anales de la Asociación Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social en la década del 30 del siglo pasado, para reparar en las funciones atribuidas a las visitadoras sociales por medio de la organización social y sexual del trabajo.
En una periodización más reciente, Lorena Guerriera nos propone explorar la relación del feminismo y la profesión/disciplina de Trabajo Social entre finales de la década de los `80 y los `90 respectivamente. Por este camino en “Diálogos entre el Feminismo y el Trabajo Social en las décadas de los 80s y 90s en Argentina” reconstruye el estado de debate disciplinar sobre este vínculo. Las trayectorias y experiencias de trabajadores sociales en una primera y segunda generación de los feminismos y finalmente, el proceso en que fueron incorporados en las carreras de Trabajo Social; habiendo múltiples posibilidades de narrar el pasado y revisar el presente.
Finalmente, el tercer apartado reúne los trabajos que articulan los procesos de profesionalización con los de burocratización del Estado. Así, configuran y exploran objetos diversos como los diagnósticos sociales, las concepciones sobre el abandono infantil, las intervenciones de agencias específicas como la Fundación Eva Perón en territorio santiagueño y la ampliación de ámbitos de actuación profesional en el proceso de apertura democrática del país. Por este camino muestran la vinculación entre las estrategias desplegadas en el trabajo cotidiano de trabajadoras sociales y las formas que adquieren algunas burocracias específicas.
En el trabajo de Canela Gavrila “Entre confesiones y consejos: El alcance de los diagnósticos sociales de las visitadoras de higiene. La Plata década del 40”, se rastrea la incidencia del modelo norteamericano del diagnóstico social en la definición de los instrumentos de relevamiento de información y de la concepción de sujeto sobre el que las visitadoras obtendrían las “confesiones”. Para ello se analizan entrevistas realizadas por las visitadoras dedicadas a la atención sanitaria en la Casa Cuna e Instituto de Puericultura de la ciudad de La Plata durante la década de 1940. Así, se sugiere que la utilización de dispositivos técnico instrumentales en boga permitió el desplazamiento hacia el campo médico sanitario y ampliar el espectro de estrategias desplegadas por el Estado en disputa con otras instituciones.
En otra de las propuestas Alejandra Carrizo en “Políticas sociales en el primer gobierno peronista en Santiago del Estero (1946-1952): cambios y continuidades” analiza las políticas sociales implementadas en Santiago del Estero en este período revisando cómo operaron como estrategias de integración, control y consenso al mismo tiempo que garantizaron accesos a derechos básicos y mejoría de indicadores en las condiciones de vida de la población.
Asimismo, en “La protección infantil según las asistentes sociales de la ciudad de Santa Fe, en la década del 60” de Silvina Fernández, se exploran las reflexiones de asistentes sociales involucradas en el estudio y abordaje del “abandono de menores”. En tal sentido, a través del análisis de las tesis elaboradas para alcanzar el título de asistentes sociales, se recorren las conceptualizaciones que articulan racionalidades, emociones y propuestas interventivas. También se examinan ciertas dificultades en las áreas gubernamentales vinculadas a la minoridad de la época, reconocidas por las tesistas, dando cuenta de procesos de trabajo, priorizaciones y recursos disponibles en esos ámbitos públicos estatales.
Llegando al final de este extenso recorrido el artículo colectivo de Silvia de Dios, Marco Antonio Galán, Alberto Taborda M, Daniela del Valle Coseani, Juan Exequiel Torres, Joaquín A. Ahumada, Emilia Bertacin, Rocío Ramb, Sofía Marcio, relaciona la apertura democrática, las políticas sociales del estado Cordobés con la ampliación de campos de intervención profesional. Para los autores y las autoras esta diversificación alentó la fragmentación y particularización de las expresiones de la cuestión social al mismo tiempo que demandó un perfil profesional técnico de carácter fuertemente interventivo. Así en “Aproximaciones teóricas e históricas a los campos de intervención del Trabajo Social” proponen esta dirección para el período 1983-1987, y advierten la necesidad de sostener una vigilancia que evite el riesgo de naturalizar un relato histórico acerca de la profesión centrado en los propios intereses profesionales sin someterse a una rigurosa explicación histórica.
Sin más preámbulos, les invitamos a explorar el dossier con la certeza de que aportará a la inteligibilidad del Trabajo Social, su historia, sus agentes y los ámbitos donde se han desplegado. Además, contribuirá como material de consulta de cátedras y equipos de investigación afines a estos temas.
Referencias
Alayón, N. (1980). Hacia la historia del trabajo social en la Argentina. Lima: CELATS
Grassi, E. (1989). La mujer y la profesión de Asistente Social. El control de la vida cotidiana. Buenos Aires: Hvmanitas.
Iamamotto, M. (1995) Trabajo social y división social del trabajo. Un análisis crítico de sus fundamentos. Sao Paulo: Cortez Editora.
Matus, T. (2003) Cáritas y Ciudadanía. Reflexiones sobre los fundamentos del Trabajo Social. Revista de Trabajo Social (72) 7 – 34. https://repositorio.uc.cl/handle/11534/6066
Miranda Aranda, M. (2018) El pensar y hacer de Jane Addams. Revista Trabajo Social UNSAM (17) 105-119. http://www.revistas.unam.mx/index.php/ents/article/view/69615
Netto, J. P (1997). Capitalismo monopolista y servicio social. São Paulo: Editora Cortez.
Oliva, A. (2007). Trabajo Social y lucha de clases. Análisis histórico de las modalidades de intervención en la Argentina. Buenos Aires: Imago Mundi.
Parra, G. (1999). Antimodernidad y Trabajo Social. Orígenes y expansión del Trabajo Social argentino. Buenos Aires: Espacio Editorial.
Rozas Pagaza, M. (2001) La intervención profesional en relación a la cuestión social: el caso del trabajo Social. Buenos Aires: Espacio Editorial.
Travi, B. (2007) (Dir.) El proceso de profesionalización del Trabajo Social, el movimiento de reforma social y sus principales protagonistas (EEUU 1860-1935). Colección de Cuadernos de Trabajo (27). Luján: Dpto. de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Luján.
Notas de autor

