Dossier
Recepción: 04 febrero 2025
Aprobación: 12 mayo 2025

Resumen:
En este trabajo sintetizo algunos resultados de mi tesis de Maestría en Trabajo Social de la UNER denominada “Diálogos e intersecciones entre el feminismo y el trabajo social en las décadas de los 80 y 90 en Argentina”.
El objetivo es explorar la relación entre el campo del feminismo y la profesión/disciplina de Trabajo Social y se focaliza en los encuentros dialógicos y debates cruzados entre ambos campos en el contexto argentino. El estudio abarca el periodo comprendido desde fines de los años ochenta hasta los noventa. La investigación se propone recuperar la historia de estos diálogos a partir de las voces de las trabajadoras sociales que agrupamos en las de primera y segunda generación.
El desarrollo del trabajo se estructura en 3 ejes o tópicos: 1) El estado de debate disciplinar acerca de los vínculos entre el feminismo y el trabajo social. 2) Las experiencias y trayectorias profesionales de las trabajadoras sociales de primera y segunda generación y los diálogos con los feminismos de los 80s y 90s. 3) las aproximaciones al proceso y a los modos en que los feminismos se incorporaron a las carreras de Trabajo Social en el contexto argentino durante el periodo.
Palabras clave: Historia, trabajo social, Feminismos.
Abstract:
In this paper I summarize some of the results of my Master's thesis in Social Work at UNER called "Dialogues and intersections between feminism and social work in the 80s and 90s in Argentina.
The objective is to explore the relationship between the field of Feminism and the profession/discipline of Social Work and focuses on the dialogical encounters and cross-debates between both fields in the Argentine context. The study covers the period from the late 1980s to the 1990s. The research aims to recover the history of these dialogues from the voices of social workers that we group into first and second generation.
The development of the work is structured into 3 axes or topics: 1) The state of disciplinary debate about the links between feminism and social work. 2) The experiences and professional trajectories of first and second generation social workers and the dialogues with the feminisms of the 80s and 90s. 3) approaches to the process and the ways in which Feminisms were incorporated into Social Work courses in the Argentine context during the period.
Keywords: History, social work, Feminisms.
1. El estado de debate disciplinar acerca de los vínculos entre el feminismo y el trabajo social
En los últimos años se ha producido un encuentro fructífero entre los feminismos y la disciplina/profesión del Trabajo Social. Esta relación se refleja en numerosas investigaciones y producciones teóricas centradas en los estudios de las mujeres, los géneros, las diversidades y los feminismos, las cuales comenzaron a expandirse desde los años ochenta en nuestro país y se han consolidado en tiempos recientes.
Los eventos de Trabajo Social, organizados tanto por universidades como por colegios y asociaciones profesionales, evidencian una creciente preocupación por la formación en temas relacionados con los feminismos, las teorías de género y las diversidades.
Asimismo, ha aumentado la producción de textos, artículos y reflexiones teóricas de diversos/os autoras/es que destacan la potencia de los enfoques feministas y/o anti-opresivos para el Trabajo Social (Healy, 2001; Dominelli, 1980; Matus, 2014; Rivero, 2019).
Los feminismos constituyen perspectivas contemporáneas sumamente fértiles para pensar la disciplina/profesión robusta teóricamente e incisiva en la búsqueda de transformaciones sociales necesarias en los actuales contextos de profundización de las desigualdades y pobreza persistente.
Un estudio pionero e innovador que aborda la condición femenina o feminizada de la profesión dentro de los relatos históricos es el de Estela Grassi (1989), titulado “La mujer y la Profesión de Asistente Social. El control de la vida cotidiana”. Partiendo de las primeras décadas de surgimiento del Trabajo Social en Argentina, la autora realiza una historización de los diferentes procesos políticos, económicos y culturales en los cuales se insertan las dinámicas que articulan la profesión con la dimensión del control de la vida cotidiana de los pobres. Este estudio puede definirse como uno de los pioneros en nuestro país en proponer una lectura de género acerca de la feminización de la profesión.
Más recientemente, el carácter feminizado del Trabajo Social ha sido problematizado por un conjunto de estudios latinoamericanos que abordan la relación del perfil profesional con los roles asignados a las mujeres (Genolet, Lera y otras, 2005), con el lugar subordinado entre las disciplinas de lo social (Bañez Tello, 2005, Lorente Molina, 2000 y 2004) o proponen una interpretación acerca del carácter femenino de la profesión que discute con los relatos androcéntricos acerca de la historia del Trabajo Social (Matus, 2004).
Por otra parte, Travi (2004, 2008) describe la complicidad de Trabajo Social con los feminismos a partir de las propuestas de las pioneras trabajadoras sociales de Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX. Estas investigaciones en torno a los fundamentos teóricos, epistemológicos y metodológicos del Trabajo Social elaborados en el proceso de profesionalización a fines del siglo XIX y principios del XX en Inglaterra y en Estados Unidos, han sido centrales para la reconstrucción de las trayectorias profesionales, académicas y políticas de las principales referentes y pioneras del campo profesional/disciplinar. Estos estudios interpelan los relatos sobre el surgimiento y desarrollo de la profesión de Trabajo Social en los países anglosajones y cuestionan el olvido y la invisibilización del legado de las pioneras, quienes han sido sistemáticamente omitidas en las producciones históricas más difundidas de la disciplina.
Es preciso reconocer que en las últimas décadas aumentaron el número de investigaciones enfocadas en los procesos de profesionalización del trabajo social en Argentina. Entre las producciones más difundidas se destacan los trabajos de Parra (2001), Rozas Pagaza (2001), Oliva (2005), Basta (2018), Becerra (2009).
Otros estudios relativamente recientes proponen narrar el pasado de la profesión en Argentina y reconocer las contribuciones de las trabajadoras sociales en estas primeras décadas de surgimiento y consolidación disciplinar, desde los aportes que brindan las teorías de género. Genolet, Lera y otras (2005), Gavrila (2014), Genolet (2017).
Por otra parte, investigaciones históricas de los últimos años comienzan a recuperar las experiencias de institucionalización y formación en el campo del Trabajo Social en los diferentes ámbitos subnacionales de la Argentina. Estas investigaciones en su mayoría ponen el foco en las primeras décadas del siglo XX y dan cuenta de relatos renovados y situados en distintas experiencias locales. En definitiva, se releva en el campo disciplinar una creciente inquietud por indagar en los procesos subnacionales vinculados al surgimiento del Trabajo Social o en expresiones locales alejadas de los centros de producción teórica más difundidos.[1]
Es interesante señalar el surgimiento de los primeros estudios de Trabajo Social alrededor de los años noventa que, si bien no están vinculados a investigaciones históricas, se enfocan en experiencias de organización, participación femenina, la sobrevivencia o supervivencia en contextos de pobreza urbana o la feminización de la pobreza, como los estudios de Moljo (1999), Genolet, Lera y otras (1997), Rotondi (1995).
Algunas de estas producciones de la disciplina, serán los comienzos de la conformación de grupos o equipos que se concentrarán en estudios o líneas de investigación vinculadas a los Feminismos y teorías de género, que aún están vigentes en las carreras de Trabajo Social en distintas universidades argentinas.
Respecto del periodo propuesto para el estudio entendemos que aún son insuficientes las investigaciones que se ocupan del período de la historia disciplinar que comprende el periodo entre las décadas de los ochenta y noventa.
Podemos mencionar entre estas producciones, la tesis de Cruz (2017) que aborda la historia profesional en el periodo entre 1930 y 2010. La autora analiza las tensiones, disputas e intereses que fueron configurando el campo del Trabajo Social en Argentina, proponiendo una periodización compuesta por cuatro momentos: inicio, expansión, renovación y, finalmente, diversificación. Cruz denomina al periodo que comprende desde los inicios de los años ochenta y durante los años noventa el “momento de renovación del Trabajo Social”. Luego del retorno de la democracia en el país, señala que son importantes los debates respecto de la formación y la relevancia puesta en la dimensión de la producción de conocimientos.
Por otro lado, resulta interesante mencionar aquellas investigaciones que se han estudiado el tema de las matrices o perspectivas ideológicas, políticas y/o teóricas que han recorrido el desarrollo histórico del Trabajo Social. Entre ellas, son conocidos los estudios de Parra (1999) y Rozas (2001) que se enfocan en las matrices influyentes en el momento de institucionalización de la profesión en Argentina. Asimismo, son destacables en este tema los estudios de autoras como Siede (2015) y Moljo (2005) que exploran la relación entre el Trabajo Social y la militancia social y política en la década de los setenta.
Es uno de los temas de interés en este trabajo identificar los vínculos entre las corrientes político-ideológicas vinculadas a la militancia feminista y el Trabajo Social.
La investigación de Siede (2015) se propone indagar en las relaciones entre diversas matrices ideológico-políticas y las particularidades asumidas por las discusiones profesionales en la década de los setenta. Coincidimos en que las reflexiones profesionales del período estuvieron fuertemente influenciadas por el tono de las discusiones que se daban en la sociedad. Sus desarrollos son sumamente pertinentes para analizar las posiciones políticas e ideológicas de las trabajadoras sociales entrevistadas. Siede señala que “La conjunción de categorías marxistas con el ideario peronista y a su línea interna vinculada al Cristianismo de Liberación fue una matriz analítica marcante del período en Argentina” (2015:10). A pesar de la relación estrecha entre las matrices e idearios, recalca que no existe prácticamente mención a dichas bases conceptuales en los análisis sobre el período de los setenta.
Las conexiones entre el Trabajo Social y la militancia política han sido consignadas en estudios como los de Melano (1994) en el que se propone construir un perfil de profesionales de Trabajo Social desaparecidos y desaparecidas en el periodo de la dictadura cívico militar y conocer sus visiones y las mutuas influencias entre formación/perfil profesional y militancia pastoral, social, gremial, estudiantil y/o política. La autora apunta interesantes debates referidos a la militancia política de estas trabajadoras sociales y a desigualdades de poder vinculadas a lo genérico al interior de las organizaciones en las que se desempeñaban.
Por otra parte, la relación entre las militancias y el Trabajo Social argentino, desde la mitad de la década de los 60 hasta el fin de la dictadura militar, es estudiado por Moljo (2005) en su tesis doctoral denominada “Trabajadores sociales en la historia: la militancia de los 60 y los 70 en Argentina”. La autora señala cómo la militancia centrada fundamentalmente en la revolución socialista estuvo vinculada de alguna manera al Trabajo Social y menciona cómo esta perspectiva militante, así como los idearios vinculados a la teología de la liberación, influenciaron a las trabajadoras sociales que ingresaron a estudiar la carrera en la década de los setenta. Sin duda, la lucha contra las injusticias y la transformación social se imprime como sustento ideológico ético-político de la profesión y el movimiento de reconceptualización da cuenta de estos aires e impulsos.
A partir de los estudios de Moljo, nos preguntamos en esta tesis si las perspectivas e idearios de transformación social impulsaron a algunas trabajadoras sociales a vincularse también con la lucha por las desigualdades y los derechos de las mujeres y/o disidencias. En nuestro paísdurante los años setenta, las corrientes feministas no lograron tener una presencia contundente ni ser visibles en los debates hegemónicos del campo, los cuales estaban más influenciados por las corrientes marxistas, como señala Siede (2015).
En definitiva, una de las conclusiones a la que podemos arribar a partir del recorrido realizado en este apartado es que las narrativas difundidas acerca de la historia del Trabajo Social argentino no mencionan o no profundizan en el papel de los Feminismos entre esas corrientes políticas e ideológicas. Aunque estas bases e influencias del movimiento de mujeres y el Feminismo aún no contaban con una amplia adhesión dentro del colectivo de Trabajo Social, formaron parte de los fundamentos ideológico-políticos que sustentaron a una porción de trabajadores sociales que estudiaron durante los años sesenta y setenta y ejercieron profesionalmente en distintas provincias del país durante el período de estudio.
2.Los vínculos de las TS de primera y segunda generación con el ejercicio profesional, sus experiencias y cruces con los feminismos de los 80s y 90s.
Estas mujeres viven, o más bien parten de escenarios históricos y por lo tanto experiencias disímiles. Las entrevistadas son trabajadoras sociales que nacieron entre los años 1945 y 1965. Sus relatos asumen diversas particularidades según sus edades y lugares de residencia. Residen o residieron en las provincias y ciudades de Córdoba, San Luis, Santa Fe, Rosario, Tucumán, Rio Negro, Tierra del Fuego, Buenos Aires y Entre Ríos.
Las trabajadoras sociales de la primera generación, al momento de la entrevista tenían entre 70 y 76 años. Estudiaron Asistencia Social o Trabajo Social entre las décadas del 60 y/o 70s. Las entrevistadas que llamamos de segunda generación, tienen al momento de realizar esta investigación entre 58 y 69 años, estudiaron Trabajo Social transitando la recuperación democrática o ya en democracia. Son las que se forman y empapan de un feminismo incipiente.
Las trabajadoras sociales de la primera generación transitan su formación, graduación y parte de su ejercicio profesional durante la dictadura cívico – militar y sus experiencias de vida dan cuenta de las disputas o batallas en carne viva por otros proyectos ético políticos profesionales y sociales. Ellas relatan que “se hicieron feministas” a partir de sus militancias políticas en agrupaciones peronistas, de izquierda o a partir de sus activismos sociales influenciados por la educación popular y la teología de la liberación.
Estas mujeres que provienen de estos espacios aparentemente tan disímiles se incorporan a las carreras de servicio social o asistencia social durante el periodo de la dictadura cívico militar de los setenta. Al interior de esas agrupaciones políticas, ellas advierten desigualdades de poder y encaran el desafío de transformar estos espacios de militancia, inaugurando debates que resultan centrales para el campo del Feminismo.
Por otro lado, advierten que sus actividades y militancias en territorio se enriquecerán con las técnicas que le ofrecía el Trabajo Social y el sentido de la profesión estaba en sintonía con sus perspectivas político-ideológicas.
Tal como mencionan numerosas producciones sobre la historia del Feminismo argentino, las organizaciones políticas feministas emergieron durante las luchas contra los regímenes dictatoriales (Barrancos, 2008; Chejter, 2002; Grammatico, 2005; Trebisacce, 2013; Tarducci, 2019).
Las asistentes sociales de la primera generación asumen un rol protagónico en diversos espacios de militancia por los derechos humanos.
Cristina Melano (1994) señala que en este periodo histórico el sentido de la profesión estaba orientado a cuestionar el orden político y social, y no solo a modificar o intervenir en las manifestaciones de la cuestión social. El denominado movimiento de reconceptualización en el Trabajo Social gira en torno a dichos principios. Este se trata de uno de los momentos más valiosos y reconocidos de la historia del Trabajo Social en América latina que se caracterizó fundamentalmente por politizar la acción profesional.
Las entrevistadas del primer grupo de trabajadoras sociales, en palabras recogidas en las entrevistas realizadas para la investigación, se presentan como “yo soy de esa generación de la reconceptualización”.
Por otra parte, durante las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX la población femenina comienza a tener mayor acceso al trabajo remunerado en el mercado y, aquellas que se encuentran en mejores posiciones, también acceden a la educación superior.
Las mujeres entrevistadas relatan el proceso de conquista de mayores libertades de género, y narran historias de coraje y fuertes convicciones ideológicas que ejercen en sus actividades militantes y sociales en tiempos de dictadura. Asimismo, el compromiso con estas luchas asumidas desde la militancia social y política fue una de las motivaciones que las acercó a la profesión de Trabajo Social y/o a cuestionar las injusticias o desigualdades de género.
Los debates del Trabajo Social durante los setenta en Argentina se encuentran fuertemente influenciados por las diversas corrientes políticas e ideológicas que estaban presentes en el contexto nacional. Siede (2015) señala: “La conjunción de categorías marxistas con el ideario peronista y a su línea interna vinculada al Cristianismo de Liberación fue una matriz analítica marcante del período en Argentina” (Siede, 2015:10). Sin embargo, recalca que no existe prácticamente mención a estas bases conceptuales en los análisis disciplinares sobre el período.
En este contexto una importante cantidad de jóvenes se fueron acercando al peronismo con lecturas de izquierda, utilizando categorías marxistas de análisis de la realidad y se inclinaron a la acción armada y /o al trabajo socio político y cultural en barrios populares.
La disconformidad de estas mujeres de la primera generación con los discursos y la división de tareas que reproducen estereotipos tradicionales de género dentro de las agrupaciones en las que ejercen sus militancias políticas y sociales, fue clave para su incursión en el activismo feminista.
Otras trabajadoras sociales conocen por primera vez las propuestas feministas en las etapas dolorosas del exilio durante la dictadura cívico militar. A partir de sus trabajos en las carreras de Trabajo Social en otros países latinoamericanos entran en contacto con las ideas del Feminismo o con grupos de mujeres.
Las trabajadoras sociales feministas de la segunda generación que estudiaron o se graduaron en democracia, experimentaron durante los ochenta y noventa el periodo de recuperación de los debates del movimiento de reconceptualización suspendidos durante la dictadura. Esta renovación de las discusiones impulsó un clima de movilización social y crecimiento del activismo político en las carreras de Trabajo Social.
Por otra parte, el Feminismo y el movimiento de mujeres durante los ochenta comienzan a inaugurar espacios en el Estado y se hacen visibles públicamente las experiencias políticas de las mujeres, las feministas y las disidencias.
Numerosos grupos vinculados a espacios u organizaciones de derechos humanos se habían empezado a conformar a partir de las prácticas de resistencia en plena dictadura y los encuentros nacionales de mujeres iniciados en 1986 fueron lugares de encuentro y articulación entre algunos grupos dispersos.
El retorno al país de aquellas mujeres académicas, pertenecientes a distintas disciplinas, entre ellas trabajadoras sociales, que se encontraban en el exilio, y la libertad de aquellas que se encontraban encarceladas en la dictadura, dio impulso a la conformación de nuevos grupos. Los grupos de trabajo, las revistas y seminarios sobre todo con el foco puesto en “el tema de género” (tal como mencionan las entrevistadas) se fueron creando en distintos lugares del país a partir de la articulación entre activismos feministas, de disidencias sexuales y los espacios académicos.
Varias trabajadoras sociales de la segunda generación entran en contacto con las teorías de género a partir del ejercicio profesional en áreas o secretarías de la mujer provinciales o áreas vinculadas a la prevención de la violencia. Es decir, el retorno a la democracia da impulso a los procesos de formación y capacitación en cuestiones de género y las trabajadoras sociales de la segunda generación comienzan a incursionar en las teorías de género y los debates de los feminismos.
Algunas trabajadoras sociales de la primera generación en los ochenta se habían incorporado como docentes en las carreras de Trabajo Social. Las prácticas académicas en territorios con mujeres populares o en organizaciones de derechos humanos, que logran introducir como parte de las currículas y la formación académica, serán el impulso para que más jóvenes trabajadoras sociales se influencien de las concepciones y propuestas políticas del Feminismo.
3.La introducción de los feminismos en las carreras de trabajo social. El Feminismo con un cincel
En este trabajo utilizamos una figura metafórica que surge de la conversación con las trabajadoras sociales: la del cincel o el tallado.[2]
La introducción de los feminismos en las carreras de Trabajo Social según lo expresan las entrevistadas fue un trabajo realizado a cincel Nos parece interesante esta metáfora del cincel. Un cincel según el diccionario es una herramienta utilizada por artesanos que sirve para tallar, labrar, ranurar o desbastar materiales como piedras y metales a golpe de martillo.
Las trabajadoras sociales mencionan su dedicación “artesanal'‘, el esfuerzo continuado, y algunas de las estrategias utilizadas para convencer, presionar e instalar los debates del Feminismo en los movimientos u organizaciones de derechos humanos y en los ámbitos de formación de las/los trabajadoras/es sociales. Tallar con cincel el Trabajo Social supone darle forma, moldear con esfuerzo, tesón, pasión y a golpes de martillo.
El Feminismo tal como señalan Tarducci, Trebisacce y Grammático (2019) es una práctica contestataria. Por un lado, los Feminismos y las disidencias interrumpen y cuestionan ciertos acuerdos y discursos de sentido común dominantes o hegemónicos y las acciones con las que nos orientamos en nuestras vidas cotidianas.
Tal como señalan las autoras, hubo un tiempo en que el feminismo era mala palabra. Eran pocas las que se animaban a identificarse con ese movimiento. Si bien los aires democráticos favorecieron cierta apertura para la expresión, comprometerse con esta práctica contestataria y nombrarse públicamente como feminista no era habitual. De todos modos, en los setenta y ochenta hubo muchas mujeres, algunas trabajadoras sociales, que se animaron a involucrarse y comprometerse con los debates que planteaba la segunda ola feminista en el país.
Chejter, (1996); Tarducci, (2019); Masson, (2007) entre otras, mencionan que en la década de los setenta los feminismos comienzan a ser visibles en nuestro país. Sin embargo, transcurrieron algunos años más para que los feminismos se hicieran presentes en los debates académicos en general y del Trabajo Social en particular.
Las entrevistadas aluden a esta sospecha y polémica que generaba el término y por lo tanto requería de un cierto coraje nombrarse feminista. Expresan que solo en ciertos espacios de debate, como los talleres en las organizaciones o en los barrios con otras mujeres, se animaban a autodenominarse feministas.
El término feminismo o feministas en general y en los ámbitos cotidianos aparece en el periodo, según las entrevistadas, reproduciendo estas ideas de sospecha y peligrosidad.
En los espacios académicos circulaban otros argumentos no mucho más permeables, amables o receptivos. Los feminismos interpelan las teorías consagradas o hegemónicas en las academias de las ciencias sociales de la época, los modos de producir conocimiento e irrumpen en las academias cuestionando estereotipos sexistas que permean las instituciones y a la ciencia en particular.
Las entrevistadas señalan algunos argumentos de tipo teóricos/políticos de objeción u oposición al Feminismo, entre los que señalan los que provenían de los espacios de militancias en agrupaciones de izquierda y de ciertas ideas marxistas muy difundidas en las academias de ciencias sociales en el período en estudio.
La impugnación al feminismo básicamente estaba vinculada a calificarlo como una práctica burguesa asociada con el imperialismo y que operaba como efecto distractor de la lucha principal en contra del capitalismo. Según los relatos de las entrevistadas, estos argumentos obturaban la incorporación del feminismo en los debates académicos en el periodo. Sin embargo, para el movimiento feminista estaba claro que la universidad era un actor fundamental en la lucha por transformar las desigualdades e injusticias de género.
Si bien no todas las entrevistadas se han desempeñado laboralmente en el espacio académico, casi todas tuvieron un vínculo más o menos directo con espacios de docencia, extensión o investigación. Expresan las dificultades que han encontrado para vincular sus prácticas y la formación adquirida a partir de la militancia feminista con sus trabajos en las escuelas o facultades de Trabajo Social.
Por otro lado, las dificultades de incorporación del feminismo se relacionaban con algunas colisiones entre las lógicas feministas y los parámetros académicos de producción, circulación, evaluación y acreditación del conocimiento científico. Ciertos criterios académicos descalifican las lógicas de circulación y apropiación de saberes de los grupos feministas y del movimiento de mujeres, imbuidos de la educación popular y la militancia política.
Por otra parte, el entusiasmo y la militancia feminista, que había eclosionado a partir de los ochenta, se expresó en la conformación de grupos de estudio, talleres de formación, seminarios, revistas y publicaciones que difundieron los debates de época, discutieron y tradujeron obras de autoras extranjeras. Sin embargo, estas producciones en un primer momento circulaban por fuera de los circuitos académicos. En síntesis, la incorporación de los Feminismos a las universidades no se da sino exenta de dificultades. El reto principal era colocar las ideas del feminismo con criterios rígidos de validación de la producción científica. Estas perspectivas solían ser descalificadas por ser poco científicas.
Por otra parte, es preciso atender al hecho que con la recuperación democrática no solo se abrió paso un renovado movimiento feminista, sino que las sexualidades disidentes fueron ocupando la escena pública. Sin embargo, las mismas no fueron objeto de mayor teorización académica durante el periodo en estudio (Giribuela,2020). Años después esta temática comenzará a ser objeto de preocupación en determinados espacios académicos.
En síntesis, la introducción de los estudios de género en las academias del país fue posible en el clima generado por la restauración democrática.
La reconstrucción de las heterogéneas experiencias feministas en las carreras de Trabajo Social del país durante los ochenta y noventa se trata de un trabajo extenso y complejo que supone recuperar prácticas sumamente diversas territorialmente que atraviesan experiencias múltiples de docencia, extensión, investigación.
Varias de las entrevistadas habían comenzado sus carreras docentes en las carreras de Trabajo Social durante la dictadura cívico militar. Algunas de ellas retornan a las escuelas y facultades luego de estar exiliadas en algunos países de Latinoamérica (como Costa Rica, Perú o Guatemala).
La experiencia dolorosa en el exilio reúne a las y los profesionales y facilita la participación en redes y la conformación de espacios vinculados al Trabajo Social que serán fundamentales para el fortalecimiento y la consolidación disciplinar, como es el Centro Latinoamericano de Trabajo Social (CELATS). Algunas trabajadoras sociales que regresaban del exilio traían improntas de trabajo con mujeres y/o con las teorías de género, y al reincorporarse en las carreras, proponen incluir estas teorías en la bibliografía de las asignaturas de Trabajo Social.
En las carreras de Trabajo Social en el periodo son fuertes las sinergias entre las prácticas de investigación, activismo en espacios de derechos humanos, docencia y las prácticas preprofesionales. A partir del activismo de las entrevistadas en organizaciones de derechos humanos y grupos de mujeres, estos espacios se convierten en lugares de inserción de las prácticas académicas de estudiantes de la carrera de Trabajo Social. Estas experiencias son importantes en el caso de la carrera de trabajo social en Córdoba y Entre Ríos.
Muchas estudiantes que comienzan a formarse en la problemática o temas vinculados a la mujer popular o los estudios de mujeres (como se denominaba inicialmente) comienzan a asistir a los Encuentros Nacionales de Mujeres a partir del 86. Era habitual que se organizaran desde las carreras de Trabajo Social específicamente desde las asignaturas de prácticas los viajes a estos Encuentros, en los que además de estudiantes y docentes, se sumaban las mujeres organizadas en los barrios.
Las docentes de las carreras de Trabajo Social que entrevistamos, en el marco de las prácticas pre profesionales, inician a fines de los ochenta junto a sus estudiantes, trabajos con grupos de mujeres en territorios desde la impronta de la educación popular.
Tal como lo manifiestan, las instituciones del Estado no quedan al margen de este circuito virtuoso porque estudiantes formadas se incorporan a las instituciones y diferentes áreas de políticas públicas.
4.Conclusiones
En este trabajo nos propusimos relevar algunas afinidades y cruces entre el Feminismo y el campo del Trabajo Social en las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX en Argentina.
Debido a la complejidad que supuso realizar el análisis de dichas afinidades y cruces, optamos por situar algunas coordenadas identificadas en los relatos de las entrevistadas.
Esta tesis se sitúa en un periodo histórico particular. Luego de la experiencia de instauración de las dictaduras militares en Argentina y en varios países de Latinoamérica, comienza un periodo de profunda reconfiguración social. Sin duda alguna el análisis de ciertas dimensiones relevantes vinculadas al contexto nos permitió comprender las condiciones de posibilidad de los encuentros y cruces entre el Feminismo y el Trabajo Social en tiempos de consolidación del neoliberalismo. Sin embargo, excedió las posibilidades de esta producción particular poder ahondar en ellos.
Construir nuevos relatos de la historia de Trabajo Social abre múltiples posibilidades de narrar el pasado, pero también de construir pistas para revisar el presente, señalar o esclarecer cuales son las batallas por continuar y hacia dónde dirigir nuestros futuros esfuerzos, luchas y reflexiones teóricas. Este trabajo tuvo como propósito contribuir en este desafío.
Asimismo, procuramos en este trabajo hacer visibles las voces y experiencias de las trabajadoras sociales pioneras en los cruces entre el Trabajo Social y el Feminismo, disputando ciertas narrativas o relatos en el campo que ubican estos cruces y diálogos dotados de un cierto carácter inaugural en la contemporaneidad. De este modo, buscamos reafirmar que lo acontecido durante los 80 y 90 estableció las condiciones de posibilidad para los procesos de amplificación, resignificación y también de cuestionamientos que definen las coordenadas de los debates en torno a lo que entendemos hoy por un Trabajo Social feminista.
Referencias
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Notas
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