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Aproximación al discurso epistolar del nicaragüense Mariano Barreto: las cartas privadas dirigidas a Casanovas, Paniagua Prado y Guzmán
An approach to the epistolary discourse of Nicaraguan Mariano Barreto: private letters to Casanovas, Paniagua Prado and Guzmán
Exploration du discours épistolaire du Nicaraguayen Mariano Barreto: les lettres privées adressées a Casanovas, Paniagua Prado et Guzmán
Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, vol. 76, núm. 76, pp. 433-483, 2024
Academia Peruana de la Lengua

Artículos

Boletín de la Academia Peruana de la Lengua
Academia Peruana de la Lengua, Perú
ISSN: 0567-6002
ISSN-e: 2708-2644
Periodicidad: Semestral
vol. 76, núm. 76, 2024

Recepción: 17 junio 2024

Aprobación: 14 septiembre 2024

Publicación: 28 diciembre 2024


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

Resumen: El objetivo principal de la presente investigación es analizar los trata­mientos y las fórmulas de apertura y cierre incorporadas en las cinco epístolas que Mariano Barreto dirige a Casanova, Paniagua Prado y Guzmán, y comparar los resultados obtenidos (cuantitativos y cualitativos) con las cartas ya analizadas entre el nicaragüense y Cuervo. Con ello, se pretende realizar una aproximación al discurso epistolar de Barreto y al estudio histórico y pragmalingüístico del español de Nicaragua en el siglo xix. Tras aplicar una metodología basada en el corpus, se constata, en primer lugar, un empleo exclusivo del pronom­bre usted y, en segundo lugar, la flexibilización progresiva de los saludos y las despedidas al incorporar expresiones de afectividad según avanza la relación epistolar. Así, los resultados obtenidos evidencian el desplazamiento hacia el eje de la solidaridad que experimentaron las prácticas epistolares a lo largo del siglo xix.

Palabras clave: Nicaragua, discurso epistolar, fórmulas de tratamiento, Barreto, estudio histórico y pragmalingüístico.

Abstract: The principal aim of this research is to analyze the treatments and the opening and closing formulas incorporated in the five epistles that Mariano Barreto addressed to Casanova, Paniagua Prado and Guzmán, and to compare the results obtained (quantitative and qualitative) with the letters already analyzed between the Nicaraguan and Cuervo. By doing so, we intend to make an approach to Barreto's epistolary discourse and to the historical and pragmalinguistic study of Nicaraguan Spanish in the 19th century. After applying a corpus-based methodo- logy, we find, firstly, an exclusive use of the pronoun usted and, secondly, the progressive flexibilization of greetings and farewells by incorpora- ting expressions of affection as the epistolary relationship progresses. Thus, the results obtained show the shift towards the axis of solidarity experienced by epistolary practices throughout the nineteenth century.

Keywords: Nicaragua, epistolary discourse, formulas of treatment, Barreto, historical and pragmalinguistic study.

Résumé: Le but principal de la présente recherche est d'analyser les civilités, les formules d'appel et de prise de congé employées dans les cinq lettres que Mariano Barreto envoie a Casanova, Paniagua Prado y Guzmán, et de comparer les résultats obtenus (quantitatifs y qualitatifs) avec les lettres déja analysées entre Barreto et Cuervo. Nous cherchons ainsi a aborder le discours épistolaire de Barreto et l'étude historique et prag- malinguistique de l'espagnol du Nicaragua au xixe Siecle. En appli- quant une méthodologie de recherche s'appuyant sur le corpus, nous constatons, en premier lieu, l'emploi exclusif du pronom usted, et deuxiemement, la flexibilisation progressive des formules d'appel et prises de congés, qui integrent des expressions d'affectivité au fur et a mesure qu'avance la relation épistolaire. Nos résultats montrent le déplacement vers l'axe de la solidarité qu'ont subi les pratiques épisto- laires au long du xixe Siecle.

Mots clés: Nicaragua, discours épistolaire, civilités, Barreto, étude historique et pragmalinguistique.

1. Introducción, objetivos y metodología de análisis

Este estudio se centra en analizar cinco cartas privadas que Mariano Barreto, originario de Nicaragua, envía a varios intelectuales durante los primeros años del siglo xx, entre ellos José Casanova, Francisco Paniagua Prado y Enrique Guzmán. En concreto, se examinan tanto los usos (pro)nominales como las fórmulas epistolares de apertura y cierre de estas misivas.

Además, siguiendo la línea del análisis de la relación epistolar mantenida entre Mariano Barreto y Rufino José Cuervo (Martín Cuadrado y Albitre Lamata, en prensa), se pretende ofrecer una aproximación al discurso epistolar de Mariano Barreto. Precisamente, la incorporación de nuevas cartas al corpus de estudio[2] permite evaluar en qué medida facto­res extralingüísticos, como la relación entre los interlocutores y el conte­nido temático de la carta, influyen en la producción (pragma)lingüística epistolar de Barreto.

Asimismo, este trabajo busca cubrir los siguientes propósitos secundarios: (1) realizar un primer acercamiento al estudio pragmalingüístico del español nicaragüense decimonónico; (2) reconocer el papel de Barreto en la promoción de la cultura y el estudio de la lengua en Nicaragua desde finales del siglo xix, y (3) demostrar que las cartas son una tipología textual totalmente válida y adecuada para el análisis pragmático histórico debido a su capacidad para radiografiar su contexto de producción (sociocultural, histórico, político, ideológico, etc.).

Como modelo metodológico para esta investigación, se sigue una línea de investigación previa de alta calidad, que incluye numerosos trabajos enfocados en objetivos similares, tanto en el género epistolar (Bertolotti, 2015; Bertolotti et al., 2012; Bravo García, 2023a, 2023b, 2024; Brown y Ford, 1961/1974; Brown y Gilman, 1960; García Godoy, 2008, 2010, 2012a; Calderón Campos, 2021; Molina, 2020, 2021; Pons Rodríguez, 2016; Rigatuso, 1992; Sáez Rivera 2015, 2021) como en otras fuentes documentales (Bustos Gisbert e Iglesias Recuero, 2003; Calderón Campos, 2008; Calderón Campos y García Godoy, 2009; García Godoy, 2008, 2010, 2012a, 2019, 2022).

Después de seleccionar las trece cartas[3] privadas que constituyen el microcorpus especializado[4] de estudio, se lleva a cabo un etiquetado de cada una de ellas en función de tres parámetros: (1) relación existente entre remitente y destinatario, (2) temática epistolar y (3) contexto espaciotemporal (data). Tras una revisión exhaustiva de cada misiva, se extraen manualmente las fórmulas epistolares de inicio y cierre, así como los tratamientos (pro)nominales empleados. Una vez finalizada la extracción de todas las unidades de estudio, se registran en una base de datos para su procesamiento y posterior análisis. Para esta investigación, se desarrolla exprofeso una base de datos relacional en el programa Microsoft Access. El empleo de este software especializado ha permitido y facilitado el análisis cuantitativo y cualitativo de cada unidad de estu­dio, previamente extraída del corpus epistolar.

En cuanto a la metodología de análisis empleada, se adopta un enfoque híbrido que combina la precisión cuantitativa con la riqueza interpretativa cualitativa de cada fragmento epistolar. Al tratarse de un estudio de índole diacrónica, se opta por este análisis mixto, ya que proporciona una comprensión más completa y profunda de cada unidad pragmalingüística estudiada (Albitre Lamata, 2021, 2023; Archer, 2007; Cruz Volio, 2017; Gancedo Ruiz, 2021; Iglesias Recuero, 2020, 2022a, 2022b, 2023; Jucker y Taavitsainen, 2010).

En primer lugar, se examina minuciosamente cada uno de los usos (pro)nominales presentes en el corpus epistolar, incluyendo las formas abreviadas como U. o Ud. (usted). Asimismo, se presta especial atención a la aparición, a lo largo de la correspondencia, de otras formas de trata­miento, como don o doctor, las cuales también revelan cómo los remi­tentes percibían su relación con los destinatarios.

En segundo lugar, se analizan las fórmulas de encabezamiento y cierre de las trece cartas, atendiendo al alto nivel de rutinización de la escritura epistolar en general (Albitre Lamata, 2021, 2023; Almeida Cabrejas, 2016, 2023; Castillo Gómez, 2014; Fernández Alcaide, 2003, 2009, 2011, 2016, 2018; Octavio de Toledo y Huerta, 2023; Serrano Sánchez, 2011, 2012), y de estas dos partes en particular (Tabernero, 2019). No obstante, se debe señalar que la gran conven- cionalización presente en los saludos y las despedidas de las cartas no obstaculiza su análisis pragmalingüístico; simplemente se evalúan los aspectos léxicos, semánticos, sintácticos y pragmáticos de las fórmulas epistolares teniendo siempre en consideración esta característica discursivo-estructural.

Por último, como mencionan Martín Cuadrado y Albitre Lamata (en prensa), es importante destacar que, aunque este estudio permite identificar patrones (pragma)lingüísticos en el discurso epistolar de Mariano Barreto, los hallazgos aún no son suficientes para realizar gene­ralizaciones sobre las características del español nicaragüense del siglo xix. Para lograrlo, se requiere llevar a cabo nuevas investigaciones que abarquen otros géneros discursivos dentro de esta misma variedad diatópica y período temporal.

2. Contextualización

Desde la época de las independencias americanas, surge una fuerte tendencia a la disgregación en el mundo hispánico, pues ni los españoles quieren restaurar la unidad ni los hispanoamericanos proyectan actitudes favorables hacia los peninsulares (Fogelquist, 1968, p. 11). Esta situación estaba bastante generalizada en todo el dominio hispanohablante, aunque algunos hombres de letras y políticos aúnan sus esfuerzos para conseguir acercar las posturas entre ambos lados del Atlántico. Una de las herramientas que utilizan es la prensa y se fundan revistas como La Revista Española de Ambos Mundos (1853), La América (1859), La Prensa Moderna («España en América», 1882), etc., que pretenden mejorar las relaciones entre españoles y americanos (Fogelquist, 1968, p. 20). Además, en 1885 se crea la Unión Ibero-Americana, la cual organiza un encuentro que sirve como punto de enlace entre los intelectuales españoles e hispanoamericanos. Sin embargo, algunos americanos como Rubén Darío[5] juzgan negativamente a la Unión, puesto que creen que no vela en verdad por los intereses de las repúblicas americanas. Por esta razón, los españoles convocan en 1900 un segundo congreso, en el que se esfuerzan por evitar toda apariencia de autoritarismo y comienzan a buscar una reconciliación con los hispanoamericanos (Rizzo, 2016).

En relación con el ámbito puramente lingüístico, se manifiesta un debate continuo acerca de la unificación o diversificación de la lengua (Ludwig, 2000-2001). España, para mantener sus privilegios, desea mantener una conciencia comunitaria con las antiguas colonias americanas, de lo cual surge el hispanismo o hispanoamericanismo:

El hispanismo tenía como propósito conformar y promover una comuni­dad cultural entre España y las repúblicas americanas, en la creencia de que las fuerzas unidas no son la suma de todas las fuerzas por separado, sino la proyección sinérgica del conjunto hasta alcanzar una potenciali­dad muy superior. (Sepúlveda, 2005, p. 11)

Además, la Real Academia Española (RAE) promueve el proyecto de crear Academias Correspondientes de la Lengua en los distintos países americanos con el objetivo de mantener el influjo de su normatividad lingüística (Marcos-Marín, 1983). Aunque en Nicaragua la Academia abre sus puertas posteriormente (1928), lo cierto es que se empiezan a inaugurar las Correspondientes americanas en Colombia (1871), Ecuador (1874), México (1875), El Salvador (1876), Perú (1887), etc. (Puente y Apezechea, 1873, p. 281; véanse también Carrión Ordóñez, 1997; Süselbeck, 2014). De hecho, Juan Valera identifica a la Academia como uno de los factores que más contribuyen al estrechamiento de los lazos entre ambos lados del Atlántico:

A restablecer y conservar esta unidad superior de la raza no puede desco­nocerse que ha contribuido como nadie la Academia Española. Las Academias correspondientes, establecidas ya en varias Repúblicas, forman como una confederación literaria, donde el centro académico de Madrid, en nombre de España, ejerce cierta hegemonía, tan natural y suave, que ni engendra sospechas, ni suscita enojos. (1889, pp. 9-10)

Por otro lado, los independentistas americanos miran con recelo a España, pues la norma lingüística peninsular poseía un rasgo más unifi- cador en la política, lo que genera continuos debates lingüísticos sobre la actitud del «cómo se hablaba» (Rivas Zancarrón, 2019, p. 845). Los americanos creen que conseguir la unidad de la lengua en ambos lados del Atlántico produciría una entidad política y económica operativa, es decir, la unión lingüística y cultural configuraría la idea de nación (Valle, 2007, p. 38).

El debate acerca de la unión o la diversificación de la lengua refleja el contraste entre el purismo y el modernismo de la época[6]. En Hispanoamérica, desde el siglo xix hasta comienzos del siglo xx, se 5 distinguen, al menos, tres tendencias ante el idioma: los puristas radica­les (españoles y americanos), esto es, aquellos que responden única­mente al modelo peninsular y perciben el elemento americano como el verdadero culpable de las alteraciones del lenguaje castizo y académico (Rosenblat, 1962, p. 28)[7]; los puristas matizados, entre los que destaca la figura de Andrés Bello, que se posiciona en la corriente purista, pero no con el objetivo de seguir ciegamente los parámetros académicos, sino porque la unión de la lengua significa la unidad de la nación (Sánchez Méndez, 2011, p. 15); y la corriente de corte americanista, partidaria de las distintas variedades y del elemento regional e indígena (Quesada Pacheco, 2020, p. 325).

3. Corpus de estudio

El corpus está formado por cinco cartas privadas que Mariano Barreto dirige a intelectuales coetáneos y que junto con las ocho epístolas que intercambia con Rufino José Cuervo (Martín Cuadrado y Albitre Lamata, en prensa) conforman el discurso epistolar del nicaragüense. Sin embargo y en contraste con las de Cuervo, solo se cuenta con la respuesta de José Casanova, mientras que las dirigidas a Francisco Paniagua Prado y Enrique Guzmán no recibieron contestación. De hecho, aunque utilice la carta como instrumento para exponer sus creencias, no pretende obtener una respuesta, sino desglosar sus ideales acerca de la lengua y atacar las posturas contrarias de los dos intelectuales, tal y como había hecho en otras ocasiones en sus artículos periodísticos contra Cejador, Valbuena, Clarín, etc. (Barreto, 1902, 1904). Las cartas aparecen recogidas en el tomo i y ii de su obra Idioma y Letras (1902, 1904), repertorio en el que el autor recopila la mayoría de sus polémicas 6 lingüísticas que habían acontecido en la prensa nicaragüense del momento o en sus intercambios epistolares. Así pues, la distribución de las cartas es la siguiente:

  1. - Dos cartas de Mariano Barreto a Francisco Paniagua Prado (Barreto, 1902, pp. 1-22, 22-44).

  2. - Una carta de Mariano Barreto a Enrique Guzmán (Barreto, 1902, pp. 45-66).

  3. - Una carta de Mariano Barreto a José Casanova (Barreto, 1904, pp. i-iv).

  4. - Una carta de José Casanova a Mariano Barreto (Barreto, 1904, pp. v-xiii).

3.1. Emisor principal: Mariano Barreto

Como ya se ha planteado en otros estudios (Martín Cuadrado, 2024, en prensa; Martín Cuadrado y Albitre Lamata, en prensa), Mariano Barreto (1856-1927) fue un intelectual nicaragüense preocupado por el progreso de la educación, el idioma y la cultura de su país natal (Fiallos Gil, 1977). De igual manera, también se ha comentado ya (Martín Cuadrado, 2024) el cambio en el pensamiento ideológico del autor, pues, si bien en un primer momento se incorpora a la nómina de autores puristas que preten­den preservar la pureza del idioma español (Arellano, 1992, p. 21), lo cierto es que, progresivamente y fruto de sus intercambios comunicativos con Cuervo, modifica su posición ideológica y llega a afirmar que, en cuestiones del idioma, no se encuentran tan distanciados España y América (Barreto, 1904, Prólogo). Además de sus dos obras de carácter conservador, Vicios de nuestro lenguaje (1893) y Ejercicios ortográficos (1900), es un asiduo colaborador con la prensa nicaragüense y refleja en sus escritos su fuerte tendencia polemista, criticando a numerosos inte­lectuales de la época que habían opinado sobre la situación lingüística en Hispanoamérica (Valbuena[8], Clarín, Cejador y Frauca, etc.) o juzgando los usos lingüísticos de figuras contemporáneas hispánicas como Emilia Pardo Bazán, Marcelino Menéndez Pelayo o Juan Montalvo. A pesar de que la mayoría de estos artículos son publicados en la revista La Patria, se recopilan en un libro colectivo de dos tomos llamado Idioma y letras (1902, 1904).

3.2. Las cartas de Mariano Barreto a Francisco Paniagua Prado

3.2.1. Lugar y fecha

Son dos las cartas que Barreto envía a Francisco Paniagua Prado. En la primera de ellas no aparece la información acerca del lugar ni la fecha; sin embargo, gracias al cuerpo del texto de la epístola, es posible afirmar que se escribe después de mayo de 1899, fecha en la que Paniagua Prado publica en el Ateneo Nicaragüense «La estética de Darío: los nuevos rumbos literarios». La segunda y última[9] data de 1900, en León de Nicaragua, ciudad donde Barreto pasa gran parte de su periplo vital.

3.2.2. Destinatario

Francisco Paniagua Prado[10] (1869-1930-¿?) fue un escritor y abogado nicaragüense de la segunda mitad del siglo xix. Se forma en Jurisprudencia en León de Nicaragua y trabaja como abogado durante la presidencia de J. Santos Zelaya (1893-1909)[11]. Además, se consagra como uno de los siete miembros fundadores de la Academia Nicaragüense (1928­2022), ejerce como secretario perpetuo y se encarga de la redacción de los estatutos de dicha institución.

3.2.3. Relación entre emisor y receptor

A pesar de que las cartas proyectan, como se ve más adelante, las dife­rentes actitudes lingüísticas de los intelectuales, Barreto y Paniagua Prado mantienen una estrecha relación de amistad. De hecho, es posi­ble confirmar esta vinculación a través del propio cuerpo del texto:

Con amigos tan estimados como Ud. quisiera concordar por completo en opiniones, pero desgraciadamente en asuntos literarios tengo la pena de no verle a mi lado, sino por el contrario frente a frente. ¿Será posible que después de una decente, razonada y amistosa discusión formemos ambos en las mismas filas? (Primera carta de Barreto a Paniagua; Barreto, 1902, p. 1)

3.2.4. Temática

El contenido de las cartas refleja las dos posturas ante la lengua anteriormente citadas, el modernismo y el purismo: mientras que Barreto identi­fica a Paniagua[12] como partidario de la innovación y de la incorporación de neologismos injustificados al español, Barreto se define como conservador[13], pues ve en la unidad de la lengua (gramática y léxico) una posi­bilidad plausible para lograr la unificación de la nación:

U. pertenece al gremio de los apóstoles de la moderna escuela literaria que desprecia las reglas, y que aboga por el descoyuntamiento del idioma [...]; y yo por el contrario, sostengo los fueros del idioma, y los fundamentales preceptos de los maestros del buen decir. U. está en brazos del fanatismo con que luchan siempre los innovadores, y yo un tanto apegado a las reglas y a los principios. ¿Sabremos de parte de quién está la razón? Yo lo dudo, pero bien discutamos. (Primera carta de Barreto a Paniagua Prado; Barreto, 1902, p. 2)

3.3. La carta abierta de Barreto a Enrique Guzmán

3.3.1. Lugar y fecha

La carta, escrita en la provincia de Granada (Nicaragua), no aparece fechada. Sin embargo, se sabe que tuvo que ser posterior a 1890, ya que en el cuerpo del texto menciona haber leído y censurado los Ripios académicos, de Antonio de Valbuena, publicados en dicho año.

3.3.2. Destinatario

Enrique Guzmán Selva (1843-1911), hijo del presidente Fernando Guzmán, fue miembro de una familia nicaragüense privilegiada, estu­dioso de latín y amante de las bellas letras. Aunque en primera instancia ejerce cargos en el gobierno y se involucra en cuestiones religiosas, pronto decide entregarse al estudio del idioma castellano (Chamorro, 1933, p. 13). Además, colabora activamente en distintos periódicos, a saber, El Buscapié (1862), El Porvenir (1877), La Prensa (1878), El Diario Nicaragüense (1887), El Día (1892), etc.[14], donde escribe artículos de carác­ter político-religioso. En relación con la lengua, Arellano (1992, p. 15) lo define como un lingüista de carácter purista que censura todo vocablo que se alejara de la norma de Madrid. De hecho, saca a la luz unas «Notas gramaticales» (1907), donde cataloga las voces propias de Nicaragua como «groseros barbarismos nicaraguanos». Además, es socio correspondiente de la Real Academia Española (1892).

3.3.3. Relación entre destinatarios

Aunque no se puede saber con exactitud el grado de afectividad entre los coetáneos nicaragüenses, sí se puede inferir que, por el tono de la carta, mantienen ciertos debates por la disimilitud de sus opiniones lingüísticas.

3.3.4. Temática

Para comprender el interior de la carta, es imprescindible conocer que Barreto publica en La Opinión Nacional un artículo en el que censura los Ripios académicos, de Antonio Valbuena[15], debido a las críticas dispa­ratadas y no argumentadas que el intelectual peninsular emite acerca de la Real Academia Española. Sin embargo, el juicio negativo de Barreto hacia Valbuena no está exento de polémicas, ya que Enrique Guzmán y Selva edita un artículo en el que defiende al crítico español e identifica incorrecciones en el habla de Emilio, pseudónimo con el que Barreto firma su columna en La Opinión Nacional.

Barreto escribe una carta a Enrique Guzmán en la que contraargu­menta los ataques recibidos, censura nuevamente los usos lingüísticos de Valbuena y de Guzmán, y justifica su uso del idioma sirviéndose de fuentes referenciales en el buen hablar (1902, p. 52).

3.4. La relación epistolar de Mariano Barreto con José Casanova

3.4.1. Lugar y fecha

La carta de Barreto está firmada en la provincia de León de Nicaragua, en 1903. Sin embargo, la respuesta de Casanova no contiene la fecha, sino que únicamente aparece el lugar de emisión: León de Nicaragua. Aunque no se conoce con exactitud cuándo se envía, sí se puede afirmar que sucede antes de 1904, momento en el que Barreto da a luz el tomo ii de Idioma y letras, en el cual el intercambio epistolar entre ambos funciona como paratexto.

3.4.2. Destinatario

Los pocos datos biográficos que se conocen sobre Casanova se extraen del tomo ii de Idioma y letras (1904). Casanova, aunque de procedencia española, pasa una parte de su trayectoria vital en Nicaragua, donde abre su propio negocio: «Necesitaba hacer unas compras ayer para surtir mi tienda de Nueva Segovia y al efecto me dirigí a los almacenes de esta ciudad». Además, y gracias a la descripción que ofrece Barreto (1904, pp. 1-2), se confirma que Casanova pertenece a la corriente purista[16], defiende las normas académicas y censura todos los rasgos o variantes dialectales:

Don José es un español de buena cepa: trabajador, bien educado y generoso; pero tiene un defecto bastante grave: es maniático, y la tema consiste en exigir que todos hablen bien el castellano y que los escriban correctamente [...]. No hay que desviarse á presencia de él: no hay que atropellar una palabra ni que hacer uso de un giro incorrecto, porque él a nadie perdona.

3.4.3. Relación entre destinatarios

Tal y como se infiere de la relación epistolar, Barreto y Casanova mantienen una estrecha relación de amistad y confianza, y se reúnen frecuen­temente para conversar acerca del idioma castellano.

3.4.4. Temática

El contenido de las cartas no difiere en gran medida de las epístolas analizadas anteriormente, en las cuales los intelectuales conversan acerca de cuestiones relacionadas con el uso correcto o incorrecto de determinadas voces o giros del idioma. Barreto desglosa sus ideales acerca de la lengua y de las dos corrientes existentes: purismo y modernismo. En este caso, él se posiciona en una postura intermedia entre innovación y casticismo:

Ni lo uno ni lo otro. Ni Don José Casanova, educado á la antigua, ni los modernos reformadores de la lengua en cuanto atañe á la pureza de las costumbres. (Barreto, 1904, Prólogo)

No puede decirse que tal voz es decente ó indecente, ni que tal otra deba proscribirse por completo del lenguaje común [.]. Voces mal recibidas en una visita de etiqueta no lo son en una de confianza y mucho menos en íntima reunión de familia. (Barreto, 1904, Prólogo)

4. Resultados del análisis del corpus

4.1. Análisis de los tratamientos pronominales

A lo largo de toda la correspondencia epistolar privada, Barreto solo emplea una forma pronominal: usted. Estos resultados coinciden con el uso todavía generalizado y no marcado de usted a finales del siglo xix, tal y como recogen numerosas obras de carácter prescriptivo de este mismo período —gramáticas, manuales epistolares y tratados de cortesía— aplicadas al español peninsular[17] (Albitre Lamata, 2023; Bello Hernández, 2020, 2022; Bolufer Peruga, 2019; Brumme, 1997, 2015; García Godoy, 2008; Sáez Rivera, 2015, 2017; Vidal Díez, 2016):

Usted es el tratamiento no marcado en el Secretario español de Pellicer, como epítome de los tratamientos en la época en el español de España, frente a y los tratamientos especiales protocolarios, de modo que aún no se ha producido el avance del eje de la solidaridad al que tienden las sociedades occidentales con el desarrollo de sociedades abiertas con una ideología igualitaria (Brown/Gilman 1960: 367), ni siquiera en el ámbito de las relaciones paterno-filiales, avance que se va a empezar a producir posteriormente, en la época de la Restauración borbónica del último cuarto de siglo. (Sáez Rivera, 2015, p. 142)

En esta época, el pronombre usted[18] no solo denotaba deferencia, respeto o cortesía en las interacciones, sino que también podía evidenciar estrechos vínculos de amistad[19], especialmente entre inter­locutores de nivel culto y en registros formales, como el epistolar[20](Bustos Gisbert e Iglesias Recuero, 2003; Calderón Campos, 2008, 2021; Gancedo Ruiz, 2021; García Godoy, 2008, 2010, 2012a; Molina Martos, 2020, 2021; Rigatuso, 1992; Sáez Rivera, 2014, 2015, 2017, 2021):

En las pautas de uso de este ámbito destaca, en primer lugar, el notable predominio de esquemas de interacción formales en el uso de amigos, conocidos y desconocidos, con la presencia hegemónica del pronombre formal usted en diferentes vínculos. (Rigatuso, 1992, p. 11)

Si bien el empleo de usted a lo largo de la correspondencia de Barreto es constante, se ha hallado variación formal en función de a quién dirige las cartas, como se observa en la siguiente tabla:

Tabla 1
Usos pronominales en el corpus

Mientras que, en las cartas enviadas a Rufino José Cuervo, Barreto usa exclusivamente la forma plena usted, en las que dirige a Francisco Paniagua, Enrique Guzmán y José Casanova recurre a dos abreviaturas convencionales: U. y Ud. Al tratarse de correspondencia privada, en su mayoría manuscrita, no es de extrañar la alta frecuencia de las abrevia­turas, ya que, como recoge la Ortografía de la lengua castellana (RAE, 1840, p. 91), «en los escritos con pluma son mas comunes y voluntarias las abreviaturas»[21].

  1. 1. (1) Con él verá usted también un considerable número de provin­cialismos (Barreto a Cuervo, 1901, carta 1).
  2. 2. (2) Con amigos tan estimados como Ud. quisiera concordar por completo en opiniones (Barreto a Paniagua, sin fecha, carta 9).
  3. 3. (3) Perdóneme, señor Paniagua, la digresión sobre el señor Montalvo; pero a ello me ha obligado el afirmar U., que el correcto escritor ecuatoriano pertenece a la moderna escuela a que está U. afiliado, escuela combatida por él con poderoso empuje (Barreto a Paniagua, 1900, carta 10).
  4. 4. (4) Sé bien lo que Ud. opinaba hace poco más de cuatro años (Barreto a Guzmán, sin fecha, carta 11).
  5. 5. (5) En vista de esta primera que hoy dirijo a U., Sr. Guzmán, le suplico se sirva decirme si todavía cree indebido el uso del adjetivo (Barreto a Guzmán, sin fecha, carta 11).
  6. 6. (6) Al mismo tiempo me permitirá U. que me tome la libertad de hacerle algunas observaciones (Barreto a Casanova, 1903, carta 12).

Se debe mencionar que las 123 muestras de abreviaturas localizadas en el corpus comienzan por mayúscula. De nuevo, estos datos permiten confirmar que los remitentes del corpus eran conocedores de la norma ortográfica del momento, pues el Prontuario de ortografía de la lengua castellana (RAE, 1861, p. 24) ya incluía la siguiente instrucción sobre la escritura de las abreviaturas: «Escríbense tambien con mayúscula los tratamientos, y especialmente si están en abreviaturas, como Sr. D. (Señor Don), V. (Usted), V. S. (Usía) &c. Usted, cuando se escribe con todas sus letras, no suele llevar mayúscula». Actualmente, el Diccionario panhispánico de dudas (Real Academia Española [RAE] y Asociación de Academias de la Lengua Española [ASALE], s. f.) todavía prescribe la escritura de estas abreviaturas con letra inicial mayúscula.

En este punto, es necesario señalar que se han constatado diferen­cias en los dos intercambios epistolares que conforman el corpus. En la relación Barreto-Cuervo, cada emisor opta por emplear formas diferen­ciadas; por ejemplo, Barreto utiliza la forma plena usted y Cuervo, las abreviaturas U. y Ud. Según Molina Martos (2021, p. 176), esta asime­tría en el tratamiento nominal está condicionada por un «menor grado de intimidad de la relación». En consecuencia, este intercambio asimé­trico implica diferencia de estatus desde un nivel intelectual: Barreto se sitúa metafóricamente en una posición inferior respecto a Cuervo, a quien considera un maestro del que aprender (Martín Cuadrado y Albitre Lamata, en prensa).

  1. 1. (7) No le encargo benevolencia, porque sé muy bien que usted cuando se trata de amigos, que como yo le son particular­mente afectuosos, es el padre de ella (Barreto a Cuervo, 1907, carta 4).
  2. 2. (8) Mucho he deseado tener noticias de U. y de sus anhelados trabajos literarios (Cuervo a Barreto, 1901, carta 5).
  3. 3. (9) Las repetidas e inequívocas prendas de cariño que Ud. me da,[22] son para mí motivo de íntima satisfacción y no acierto a corresponder debidamente a ellas (Cuervo a Barreto, 1908, carta 8).

Sin embargo, en la correspondencia Barreto-Casanova, el trata­miento es recíproco. Ambos remitentes optan por emplear la misma forma abreviada: U. Por lo tanto, en este caso, los dos interlocutores sí se sitúan en el mismo plano imaginario, planteando así una relación más simétrica y con mayor intimidad.

  1. 1. (10) Le envio a U. por el correo ordinario las pruebas del libro en que publico nuestras conversaciones (Barreto a Casanova, 1903, carta 12).
  2. 2. (11) He leído con sumo placer la carta de U., y me he impuesto minuciosamente de todos sus conceptos (Casanova a Barreto, sin fecha, carta 13).

Tras contabilizar la aparición en el corpus de las dos abreviaturas de usted, se constata un mayor uso de la forma U. (107 muestras) frente a Ud. (16 muestras). Sin embargo, cabe mencionar una distinta distribución textual de estas variantes en el corpus. Tanto en la carta 8 de Cuervo a Barreto como en la primera carta[23] que Barreto envía a Paniagua (carta 9), la abreviatura más frecuente a lo largo de todo el cuerpo es U. (cinco muestras en carta 8, veintidós muestras en carta 9), mientras que en los encabezamientos y en los cierres epistolares se documenta la variante Ud.[24] (dos muestras en carta 8 [ejemplo 9], dos muestras en carta 9 [ejemplo 2]).

La preferencia por la variante Ud. de estos dos célebres remitentes, intelectuales conocedores de las normas académicas del momento, podría deberse al mayor grado de convencionalización al que estaba sometida la escritura epistolar tanto en saludos como en despedidas. De hecho, estos resultados concuerdan con la información relativa a las restricciones de uso de las abreviaturas de usted recogida en las ortogra­fías académicas[25] de 1741 y 1840, previamente mencionadas.

Al mismo tiempo y en concordancia con la deferencialidad característica del «estilo epistolar» decimonónico, Barreto siempre inicia sus misivas con otra expresión de cortesía (auto)deferencial: don (Bello Hernández, 2020, p. 45; Rigatuso, 2008, p. 375). En los encabeza­mientos de las cartas dirigidas a Cuervo, Paniagua Prado, Guzmán y Casanova, el nicaragüense antepone tanto el título de tratamiento señor como don al nombre propio y al apellido de su destinatario. En las respuestas que recibe, tanto Cuervo como Casanova también introdu­cen estas formas de tratamiento deferencial.

  1. 1. (12) Señor Don Rufino José Cuervo (Barreto a Cuervo, 1901, carta 1).
  2. 2. (13) Señor Don Mariano Barreto (Cuervo a Barreto, 1905, carta 6).
  3. 3. (14) Señor doctor don Francisco Paniagua Prado (Barreto a Paniagua, sin fecha y 1900, cartas 9 y 10 —respectivamente—).
  4. 4. (15) Señor Don Enrique Guzmán (Barreto a Guzmán, sin fecha, carta 11).
  5. 5. (16) Señor Don José Casanova (Barreto a Casanova, 1903, carta 12).
  6. 6. (17) Señor doctor Don Mariano Barreto (Casanova a Barreto, sin fecha, carta 13).

Como ocurre con el uso de usted, el grado de cercanía afectiva entre los interlocutores tampoco alteraba el encabezamiento de las cartas, manteniendo el tono de respeto, aunque el destinatario fuese un buen amigo. Estos resultados coinciden con los obtenidos por Molina Martos (2021, p. 181): «Las cartas muestran una estructura fija, casi siempre con un encabezamiento donde aparece el nombre del destina­tario —aun cuando este sea un buen amigo— precedido de los títulos de tratamiento Sr./Sra.». Así, siguiendo el esquema propuesto por esta autora (2021, p. 176) para clasificar los tratamientos nominales de saludo, los términos empleados en el corpus de esta investigación se situarían en los primeros eslabones de deferencialidad de la secuencia, al emplear Título + Título + Nombre de Pila + Apellido:




De hecho, la única carta del corpus donde no aparece don es en la que Cuervo le comunica a Barreto el deterioro de su estado de salud, por lo que se avanza hacia la solidaridad en la secuencia representada. Precisamente, la temática personal, y no profesional, permite una mayor flexibilidad tanto en la rigidez epistolar (Martín Cuadrado y Albitre Lamata, en prensa) como en la expresión de matices afectivos (Molina Martos, 2021).

(18) Mi querido amigo (Cuervo a Barreto, 1907, carta 7).

En definitiva, tras el análisis de los usos pronominales se ha podido corroborar que tanto el alto grado de deferencialidad como el tono de respeto son constantes a lo largo de todo el discurso epistolar de Barreto. Conocedor de las normas del «estilo cortés» epistolar del momento, recurre a unas estrategias pragmalingüísticas determinadas que eviden­cian tanto la admiración del nicaragüense hacia sus destinatarios como «la amistad y camaradería existentes en cada vínculo» (Rigatuso, 1992, p. 11): el empleo de usted y la presencia de don en las aperturas.

Además, en las dos cartas dirigidas a Paniagua Prado, Barreto agrega un nivel superior a esta complejidad pragmalingüística epistolar al utili­zar no solo don, sino también una segunda forma de cortesía en el enca­bezamiento: doctor (véase ejemplo 14). Aunque solo introduce la forma doctor en las cartas que dirige a Francisco Paniagua, se ha contabilizado otro uso de esta misma cortesía en el corpus, en concreto, en la carta que José Casanova dirige a Barreto (véase ejemplo 17). De nuevo, el empleo combinado en una misma carta del pronombre usted con dos formas de cortesía le permite al emisor remarcar la intimidad, la confianza y la cercanía que le vinculan con su destinatario.

4.2. Análisis de los saludos epistolares (FF. SS.)

A lo largo de la tradición epistolar, los encabezamientos de las cartas se han caracterizado por presentar una estructura reconocible y estable, con la presencia de fórmulas de tratamiento nominales (Fernández Álvarez, 2020, p. 55), tal y como se plantea en el primer acercamiento a la correspondencia privada de Barreto (Martín Cuadrado y Albitre Lamata, en prensa).

Así, las fórmulas de saludo (FF. SS.) epistolares contienen un elemento esencial, un sustantivo nuclear que evidencia la posición social del destinatario (señor/a, amigo/a, etc.) y, además, varios elementos peri­féricos, que ayudan a matizar el tipo de vínculo entre los interlocutores (véase Figura 1): el posesivo mío/a, el cuantificador muy (intensifica el estatus relacional) y los adjetivos calificativos deferenciales (excelente) o apreciativos (nivel 1: estimad(ísim)o, respetado, venerado, predilecto; nivel 2: querid(ísim)o). Si bien la presencia del núcleo en las FF. SS. es casi obli­gatoria a lo largo de la tradición epistolar, la aparición de los elementos periféricos, especialmente de los adjetivos calificativos, varía más.


Figura 1
Estructura de las FF. SS. del corpus, siguiendo el modelo presentado por Albitre Lamata (2023, p. 308)

El estudio de los trece encabezamientos epistolares del corpus confirma la aparición mayoritaria de expresiones de afectividad y cerca­nía, aunque con distintos matices en función del grado de intimidad existente entre los interlocutores. Como se observa en la Tabla 2, si bien se documentan expresiones de distanciamiento como el prototípico saludo epistolar (muy señor mío), los remitentes optan, principalmente, por emplear fórmulas que apelan a la intimidad de la relación.

Tabla 2
Clasificación de los saludos del corpus en función de su grado de deferencialidad

Nota. La numeración en la columna «Fórmulas de saludo epistolar» corresponde al número asignado a cada carta en el desarrollo del presente artículo.

El empleo de ambos tipos de FF. SS. no indica necesariamente la existencia de distintos tipos de relación entre los interlocutores. El uso combinado de fórmulas con un grado variable de formalidad/deferen- cialidad parece deberse al alto nivel sociocultural de los remitentes que configuran el corpus de estudio. Conocedores de las normas exigidas por la retórica epistolar del momento (Rigatuso, 2008), Barreto, Cuervo y Casanova se van ajustando, en mayor o menor medida, al canon este­reotipado: cuanto mayor fuese la formalidad o solemnidad que quisie­ran otorgar a la carta, mayor rigidez estructural (Molina Martos, 2021).

En el siglo xix, la fórmula de apertura prototípica era la estructura deferencial y respetuosa muy señor mío, seguida de la data (fecha y lugar), tal y como recogen diversas obras prescriptivas del momento, como la Ortografía de la lengua castellana (Martín, 1840, p. 40): «En la fórmula epistolar es muy común escribir Muy Señor mío». Esta secuencia de saludo se localiza, en su forma canónica, tan solo en la carta 11 del corpus. Se debe recordar que, en esta carta, Barreto se defiende de los ataques previos de Enrique Guzmán en distintos debates de temática lingüística. En consecuencia, el empleo de esta fórmula de apertura por parte de Barreto parece estar motivado por dos razones: (1) mostrar distancia máxima con su interlocutor por la controversia previa generada y (2) dotar a la misiva de un alto grado de formalidad por el debate lingüístico tratado.

Además, la fórmula muy señor mío aparece en otros cuatro docu­mentos epistolares (cartas 1, 9, 10 y 13), aunque combinada con expre­siones de mayor cercanía y confianza, como amigo, estimado amigo o amigo de mi predilección. Esta coaparición de estimación y afectividad concuerda con las prescripciones epistolares contenidas en el Manual de cortesía, de Carreño (1859, p. 378):

El inferior no dará nunca al superior el título de amigo al principio de una carta, ni se despedirá al final de esta titulándose su amigo, sino cuando exista entre ambos una intima confianza, y añadiendo siempre en este caso alguna palabra que exprese su respeto.

En el caso concreto de la carta 1, el comienzo protocolario muy señor mío y amigo de mi predilección evoluciona hacia la expresión exclusiva de la amistad en las siguientes cartas (2, 3 y 4). Al tratarse de la apertura de la relación epistolar, Barreto pretende mostrar así estima y, a su vez, (auto)devaluarse y ensalzar a Cuervo (Rígano, 2000, 2006; Martín Cuadrado y Albitre Lamata, en prensa). Con el transcurso de la correspondencia con Cuervo, Barreto opta por emplear FF. SS. más flexibles y afectivas, aunque siguen siendo ligeramente más deferencia- les que las empleadas por su destinatario. De esta forma, y en concor­dancia con los resultados de los usos pronominales, se estaría ante una relación asimétrica desde el punto de vista de Barreto[26].

Por último, ocho cartas (2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 12) registran de forma exclusiva FF. SS. que expresan afectivamente el vínculo de amistad exis­tente entre los interlocutores. Siguiendo la clasificación de la Tabla 2, estos saludos se situarían en el polo de la cercanía. A diferencia de las expresiones prototípicas de estima y respeto como muy señor mío, estas fórmulas son más diversas y creativas (Molina Martos, 2021, p. 184): mi muy estimado amigo, amigo mío estimadísimo, muy querido amigo mío, amigo tan querido como venerado o mi siempre queridísimo amigo.

Esta miscelánea de ceremonias deferenciales con expresiones afec­tivas más flexibles confirma, en primer lugar, el conocimiento por parte de los remitentes de las prescripciones epistolares, y, en segundo lugar, el progresivo desplazamiento hacia el eje de la solidaridad acae­cido en el siglo xix (Albitre Lamata, 2021; Bello Hernández, 2020, 2022; Bolufer Peruga, 2019; Brown y Gilman, 1960/1968; Fernández Álvarez, 2020; García Godoy, 2012b; Molina Martos, 2020, 2021; Rigatuso, 1992; Sáez Rivera, 2014; Zielinski, 2020). Además, este trascendental cambio social conllevó una «desritualización» de la escritura epistolar, lo que dio paso a nuevas fórmulas epistolares, tanto en saludos como en despedidas, más afectivas y cercanas, pero también más flexibles, diversas y creativas.

4.3. Análisis de las despedidas epistolares (FF. DD.)

En este apartado se analizan las fórmulas de despedida (FF. DD.) loca­lizadas en las cartas del corpus. Para ello, se siguen las propuestas de clasificación de Cruz Volio (2017) y Zielinski (2019a, 2019b), basadas principalmente en el significado léxico de cada construcción. Así, se diferencian dos grandes grupos de despedidas: el besamanos y los enun­ciados desiderativos (de salud y de reencuentro). Además, se contabili­zan otros recursos, como la expresión de la afectividad o la inclusión de peticiones en los cierres epistolares.


Figura 2
Clasificación de las despedidas en el corpus

El uso de la fórmula del besamanos como despedida epistolar era habitual ya desde finales del siglo xvi (Zielinski, 2019a). Con el trans­curso del tiempo y la instauración de un nuevo orden social más igualita­rio, el empleo de esta cortesía fue disminuyendo al considerarse excesiva­mente deferencial y, por ende, inapropiada: «Entre estas espresiones era antes de uso muy general y precedía inmediatamente á la firma, la de besa su mano espresada con estas iniciales B. S. M.; hoy empieza á ser supri­mida como demasiado servil» (Marqués y Espejo, 1803, pp. 6-7).

De hecho, con la llegada de la Ilustración, no solo se restringió su aparición a contextos formales y/o asimétricos, sino que experimentó una simplificación formal, con variantes abreviadas como «B.L.M.» o «B.L.P.» (Albitre Lamata, 2023; Rigatuso, 2008). Estos profundos cambios discursivos y formales se materializan en el corpus analizado, pues se documentan tres muestras de este enunciado asertivo, a través del cual el remitente declara su posición sumisa hacia el destinatario (Molina Martos, 2021, p. 177). En concreto, Barreto utiliza el besama­nos como cierre epistolar en sus dos primeras cartas a Cuervo y en la carta a Casanova: en dos ocasiones usa la variante abreviada (ejemplos 19 y 21) y en una recurre a la expresión completa (ejemplo 20). Al igual que ocurría con el uso de usted y con las FF. SS., el empleo del besama­nos le permite a Barreto mostrar estima y respeto hacia sus destinatarios y, al mismo tiempo, (auto)devaluarse:

  1. 1. (19) Como deseo escribir un artículo referente a usted y como aquí solo le conocemos por dos o tres tomos de su dicciona­rio, por sus Apuntaciones y por su gramática latina, le suplico se sirva decirme su edad, estado de salud, sus obras publicadas y las que tenga en preparación, si tiene concluido el borrador de su diccionario o no, porque todo le interesa nuevamente a un alto servidor y amigo afectísimo, Q.B.S.M, Mariano Barreto (Barreto a Cuervo, 1901, carta 1).
  2. 2. (20) Quiera Dios, que en completa salud viva larguísimos años y que nunca olvide que en este rincón de América tiene un amigo que le admira siempre y le estima de corazón. Le beso las manos. Su más devoto servidor, Mariano Barreto (Barreto a Cuervo, 1904, carta 2).
  3. 3. (21) Cuente U. siempre con la estimación de su afmo. servidor y amigo, q. b. s. m, Mariano Barreto (Barreto a Casanova, 1903, carta 12).

En cuanto a los ocho enunciados desiderativos documentados en el corpus analizado, cabe señalar que todos se localizan en el intercambio epistolar Barreto-Cuervo[27]. Estos enunciados se han clasificado en dos bloques: deseos de felicidad y buena salud (seis muestras) y deseos de reencuentro «epistolar» (dos muestras, aunque no se trata de reencuentro físico).

Una despedida particular se localiza en la carta 11. En este caso, la fórmula de cierre no contiene ningún saludo epistolar canónico: ni besamanos, ni Dios te guarde, ni enunciados desiderativos, ni expresiones afectivas. Barreto clausura la polémica epístola que dirige a Guzmán con una petición en la que le insta a continuar el debate (véase ejemplo 22), lo que evidencia una relación distante, incluso hostil, con su «oponente». De esta forma, no resulta sorprendente la ausencia del término amigo en esta carta, pues, como recoge Carreño (1859, p. 378), «si entre las personas que se escriben no média una especial amistad, el título de amigo es enteramente impropio y aun ridículo en uno ú otro lugar». Además, tampoco incluye la firma, signo de cortesía epistolar, lo que sugiere una falta de confianza e intimidad en esta relación. En conse­cuencia, a través de las estrategias pragmalingüísticas usadas en las FF. SS. (muy señor mío) y en las FF. DD., Barreto se distancia de Guzmán, mostrando todo lo contrario a un posible vínculo estrecho.

  1. 1. (22) Sin embargo, deseo vivamente oír la opinión de U. (Barreto a Guzmán, sin fecha, carta 11).

Finalmente, es conveniente mencionar la aparición en once cierres epistolares de diferentes expresiones de cariño y cercanía. Si bien estas FF. DD. son más flexibles y diversas que otras canónicas como el besa­manos, todavía siguen incluyendo algunos elementos estereotipados de la «formalidad epistolar», por ejemplo, la expresión de respeto afectísimo (ejemplos 26, 28 y 29):

  1. 1. (23) En la grata esperanza de leer nuevamente letras de usted y en el deseo de que viva largos años más para gloria de usted y [...] provecho de muchas otras, con el gusto de siempre. Su amigo de corazón, Mariano Barreto (Barreto a Cuervo, 1907, carta 3).
  2. 2. (24) Consérvese U. bueno, mándame como a su verdadero amigo que lo estima y respeta corazón. (f) R. J. Cuervo (Cuervo a Cuervo, 1905, carta 6).
  3. 3. (25) Hago fervientes votos al Cielo porque el año que vá á comen­zar sea para U. y todos los suyos de paz y prosperidad cumplida. Créame U. suyo muy de veras. (f) R. J. Cuervo (Cuervo a Barreto, 1907, carta 7).
  4. 4. (26) Su amigo afectísimo [sin firma] (Barreto a Paniagua, sin fecha, carta 9).
  5. 5. (27) Aquí pone punto final á esta carta, ya demasiado larga, su leal servidor y amigo muy afecto [sin firma] (Barreto a Paniagua, 1900, carta 10).
  6. 6. (28) Cuente U. siempre con la estimación de su afmo. servidor y amigo, q. b. s. m, Mariano Barreto (Barreto a Casanova, 1903, carta 12).
  7. 7. (29) Le devuelvo por el mismo correo las pruebas, y mande en lo que guste, con la confianza de siempre, a su afmo. Servidor y amigo, José Casanova (Casanova a Barreto, sin fecha, carta 13).

El uso de estas construcciones evidencia, tal y como afirma Molina Martos (2021, p. 191), que el desplazamiento hacia el eje de la solida­ridad y la intimidad se produjo antes en las FF. SS. y FF. DD. epistola­res que en los usos pronominales, pues el pronombre de respeto usted continuó usándose en las relaciones de amistad hasta los primeros años del siglo xx.

5. Conclusiones

Esta investigación revela varios hallazgos significativos acerca de las prácticas epistolares de Mariano Barreto y, en general, sobre el uso prag- malingüístico en el español nicaragüense del siglo xix. A continuación, se presentan las conclusiones principales derivadas del análisis:

En primer lugar, se observa cómo se produce el desplazamiento hacia el eje de la solidaridad en las prácticas epistolares a lo largo del siglo xix como consecuencia de la evolución del método para establecer y mante­ner relaciones interpersonales. Este cambio se manifiesta inicialmente en los saludos y las despedidas de las cartas, los cuales empiezan a incluir expresiones de afectividad y a adoptar formas más flexibles. A pesar de los cambios en las fórmulas de apertura y cierre, el tratamiento de usted continúa siendo prevalente en las relaciones de amistad, incluso íntimas, tanto en el español del siglo xix en general (Molina Martos, 2021; Sáez Rivera, 2015) como específicamente en el español nicaragüense. Este resultado subraya la formalidad y el respeto intrínseco que caracte­riza las interacciones epistolares de la época, con independencia del grado de cercanía entre los interlocutores.

En segundo lugar, el análisis del corpus demuestra que los remiten­tes emplean estrategias pragmalingüísticas específicas no solo en función del tipo de vínculo existente con el destinatario, sino también de cómo quieren reflejar ese vínculo en las cartas. Así, las decisiones lingüísticas, incluyendo el uso de tratamientos (pro)nominales y las fórmulas episto­lares de saludo y despedida, están cuidadosamente calibradas para trans­mitir matices de respeto, cercanía, afecto e incluso contrariedad, según sea necesario.

En tercer lugar, es indispensable resaltar que, pese a los avances logrados en este estudio, aún queda mucho por explorar en relación con el español de Nicaragua. Las limitaciones del corpus y el enfoque espe­cífico de este análisis indican la necesidad de ampliar la investigación a otros géneros discursivos y contextos históricos para obtener una comprensión más completa de las prácticas pragmalingüísticas en esta variedad diatópica del español.

En resumidas cuentas, este trabajo permite seguir aproximándose al estudio de los intelectuales nicaragüenses, pioneros en el estudio de aspectos lingüísticos, pero que no han recibido la atención merecida en investigaciones previas. En concreto, se han aportado valiosos conoci­mientos sobre las prácticas epistolares de Mariano Barreto y el español nicaragüense del siglo xix, destacando además la complejidad y riqueza del discurso epistolar como objeto de estudio pragmalingüístico e histórico.

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Notas

[1] Asimismo, forma parte del Instituto Universitario «Seminario Menéndez Pidal», Madrid, España.
[2] En total, el corpus epistolar analizado en este trabajo está conformado por trece cartas privadas: ocho escritas por Barreto (cuatro dirigidas a Cuervo, dos a Paniagua Prado, una a Casanova y una a Guzmán), cuatro escritas por Cuervo (dirigidas a Barreto) y una escrita por Casanova (dirigida a Barreto).
[3] En el anexo se desglosa la información relativa a cada una de las cartas que componen el corpus.
[4] El corpus de pequeña escala diseñado para este estudio contiene un total aproximado de 11 000 palabras, pertenecientes a un único género discursivo —carta privada— con un contexto histórico-social común —Nicaragua, primeros años del siglo xx— (Carrera de la Red y Herrán Santiago, 2006; Gancedo Ruiz, 2021; Kohnen, 2000, 2007).
[5] Pueden verse los debates lingüístico-pedagógicos en la prensa de finales del siglo xix y principios del siglo xx a través del trabajo de Rodríguez (2023).
[6] Esta contraposición entre tradición y modernidad cobra fuerza en la literatura. Ante¬riormente, la literatura hispanoamericana solo había interesado a Valera y a Menéndez y Pelayo, mientras que otros como Cejador y Frauca fueron muy críticos con los escri¬tores americanos (1906, p. 103).
[7] Cuando el europeo juzga el elemento americano, parte de la hipótesis de que América únicamente posee la cultura que le ha llegado de España, por lo que se ve cómo hay una actitud negativa hacia el elemento americano y que el hombre blanco educado en España es, por supuesto, superior al que ha estudiado en América (Fogelquist, 1968, p. 37).
[8] También Rubén Darío ataca a Valbuena y lo define como un «chistoso pedante» (Rodríguez, 2023, p. 202).
[9] «Sírvase U. recibir mi segunda y última carta» (Barreto, 1902, p. 23).
[10] La información biográfica se conoce gracias al Archivo de la Real Academia Española. En él, se reflejan los intercambios epistolares que los primeros «académicos nicara­güenses» enviaron al secretario perpetuo de la Real Academia Española (Emilio Cota- relo y Mori) para informarlos sobre la intención de crear una Academia en el país (sig. ES 28079 ARAE 1-F1-2-1-1-8-16-1-6).
[11] Estos datos se conocen debido a que se encargó de revisar el Código de Procedimiento Civil de Nicaragua (1904). El ejemplar se encuentra disponible en la Biblioteca Cen­tral del MAEC (sig. 1995).
[12] A través de la correspondencia que Rubén Darío mantiene con Paniagua Prado, se puede observar cómo Barreto también criticó el modernismo de Darío: «Estas líneas son para ti y los jóvenes intelectuales y personalmente generosos que han salido en mi defensa con motivo de la agresión completamente chorotega del pobre hombre Barreto. [...] La opinión que este buen señor tenga de mí, por contraria que sea, no me sume por completo en la más profunda desolación» (Jirón Terán y Arellano, 2002, pp. 202-203). De hecho, se ha podido acceder al número de El Ateneo Nicaragüense de 1899, en el cual Barreto apunta lo siguiente: «Dije en mi artículo sobre Rubén tres cosas: que éste padece en la actualidad de un desequilibrio intelectual, que aquí le advertimos desde niño; que el estudio que acerca de Stephane Mallarmé publicó en El Mercurio de América, un trabajo ininteligible, que acusa estragamiento de gusto literario [.]»
[13] Se sabe que, hasta después de la publicación de Ejercicios ortográficos (1900), Barreto se posiciona en la corriente purista.
[14] Payne Iglesias (2015) publicó un trabajo en el que enumeró y analizó las principales revistas culturales, históricas y académicas que se publicaron en Centroamérica durante los siglos xix y xxi.
[15] Esta crítica se publicó íntegramente en el tomo ii de Idioma y letras (Barreto, 1902, pp. 161-171).
[16] Además, el propio Casanova en el interior del cuerpo de texto de Idioma y letras (Barreto, 1904, p. 29) refleja sus actitudes lingüísticas: «Ya verá U., señor Barreto, lo que cuesta en su país hablar en castellano; pero como he dicho á U. antes, continuaré hablándolo, cualquiera que sean los sinsabores que me acarree».
[17] Si bien es cierto que estas obras normativas decimonónicas confirman un empleo generalizado del pronombre usted, están centradas en una variedad diatópica diferente a la abordada en este estudio: el español peninsular. Por este motivo, se debe tener en consideración que, muy probablemente, sus prescripciones no coincidan de forma exacta con los usos generalizados localizados en otras regiones americanas
[18] De hecho, el empleo del tuteo llegó a censurarse en varias obras de carácter prescrip- tivo, tal y como recoge García Godoy (2008, p. 47): «En el trato con amigos, Rafael Monroy en su tratado de 1879 recomienda que el tuteo debe escasearse en lo posible, mientras que Pascual de San Juan (1888) defiende que las señoritas deben practicar el tuteo solo con amigas íntimas en cuya edad no haya mucha diferencia». En consecuencia, el uso de tú se restringía y delimitaba en esta época a un vínculo simé­trico muy específico: la amistad fraternal.
[19] Tras estudiar cartas escritas por personas cultas de la burguesía (nacidas entre 1840 y 1880) dirigidas a amigos, colegas y conocidos, Molina Martos (2021, pp. 182-183) confirma que «no emplearon el tuteo y mantuvieron el trato de usted en las relaciones horizontales, incluso dentro de la esfera de la amistad».
[20] Durante este período, el discurso epistolar se caracterizaba por una marcada formali­dad, deferencia y asimetría; debido a ello, varios investigadores lo han denominado «estilo cortés» (Ervin-Tripp, 1972; Rigatuso, 1992; Saéz Rivera, 2015, entre otros).
[21] La primera ortografía académica incluye ya una prescripción similar: «En los escritos con pluma, para facilidad en el escribir, se usan varias abreviaturas: algunas de esas son comunísimas, y conformes a la razon, algunas equivalen a las siglas por menos conformes a racionales reglas» (RAE, 1741, pp. 285-286).
[22] Aunque la coma separa sujeto y predicado, se ha decidido mantener el signo ortográfico, pues es propio del original.
[23] En la segunda carta enviada por Barreto a Paniagua tan solo emplea la abreviatura U. (dieciséis muestras).
[24] Precisamente esta distribución textual se invierte en la correspondencia con Enrique Guzmán, pues Barreto emplea la abreviatura Ud. en el cuerpo de la carta y la abrevia­tura U. en el cierre.
[25] También aparece esta misma prescripción en la de 2010: «Las abreviaturas no pueden aparecer en cualquier punto de un texto en lugar de la palabra que reemplazan. Su uso suele limitarse a contextos muy determinados, como listas, fórmulas de tratamiento, saludo o despedida, y referencias o indicaciones escuetas de muy diversa índole» (RAE y ASALE, 2010, p. 569). Además, el Diccionario de la lengua española (RAE, s. f.) indica que, en la actualidad, Ud. es la abreviatura más frecuente y también la más recomendable, especialmente en escritos formales.
[26] La elección de las FF. SS. por parte de Barreto no se basa tanto en la posición social de su destinatario como en la que él pretende imponerle, aunque lo haga de manera subjetiva (Martín Cuadrado y Albitre Lamata, en prensa).
[27] Para un análisis más detallado de los enunciados desiderativos en la correspondencia privada entre Mariano Barreto y Rufino José Cuervo, consultar Martín Cuadrado y Albitre Lamata (en prensa).


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