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Propósitos y usos de la biografía en la revista de la Universidad Nacional del Litoral (1935-1943)
Purposes and uses of biography in the journal of the Universidad Nacional del Litoral (1935-1943)
El hilo de la fábula, núm. 30, e0074, 2025
Universidad Nacional del Litoral

Cuatro, Saberes migrantes (circulación del saber, disciplinas, sujetos, bibliotecas e instituciones)

El hilo de la fábula
Universidad Nacional del Litoral, Argentina
ISSN: 1667-7900
ISSN-e: 2362-5651
Periodicidad: Semestral
núm. 30, e0074, 2025

Recepción: 17 septiembre 2025

Aprobación: 30 octubre 2025


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Resumen: El artículo se propone analizar los usos del género biográfico en la revista Universidad, publicación de divulgación académica de la Universidad Nacional del Litoral (Argentina),cuya creación se inscribe en la etapa fundacional que se extendió entre 1919 hasta la intervención producida por el golpe de Estado de 1943. Entre 1935 –año de aparición de la revista- y 1943 se publicaron quince ediciones y, excepto la edición número 4 de 1938, todas contienen relatos biográficos escritos por autores que provenían de distintos campos: derecho, historia, pedagogía, historia de la ciencia, literatura, bibliotecología y filosofía. Sobre un corpus de treinta y cuatro relatos biográficos, se analizará la relación entre los mismos y la estrategia de divulgación de la revista, los modos en que los textos articulan la singularidad de una trayectoria vital con las variaciones de las tendencias colectivas en orden a transmitir representaciones del pasado, los procedimientos narrativos, las semejanzas y las diferencias en el tratamiento de las trayectorias en función de las especialidades de los autores, la incidencia de las coyunturas políticas y de las conmemoraciones en la elección de los biografiados.

Palabras clave: relatos biográficos, universidad, divulgación, pedagogía cívica.

Abstract: This article aims to analyze the uses of the biographical genre in the journal Universidad, an academic publication from the Universidad Nacional del Litoral (Argentina). Its creation is part of the founding stage, extended from 1919 until the intervention produced by the coup d’état in 1943. Fifteen editions were published from 1935 –when the magazine appeared- to 1943; except for issue number 4 (1938), all of them contain biographical stories written by authors from different fields: law, history, pedagogy, history of science, literature, library science and philosophy. The corpus consists of 34 biographical stories. We propose to inquire into the following: the relationship between biographical stories and the magazine’s transmission strategy in order to offer representations about the past; the ways in which the singularity of a life trajectory is articulated with variations in collective trends; the narrative procedures, similarities and differences in the trajectories’ treatment based on the authors’ specialties; political situations and the impact of commemorations on the choice of biographies.

Keywords: biographical stories, university, academic dissemination, civic education.

Introducción

El presente artículo se propone analizar los usos del género biográfico en la revista Universidad,que comenzó a editarse en 1935 por ordenanza del Consejo Superior de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Su creación corresponde a la etapa fundacional -desde 1919 hasta la intervención producida por el golpe de Estado de 1943-, lapso en el que se verifica una voluntad editora por parte de la institución (Kippes y Cescut,2023).[1] La revista Universidad se inscribe en la década que Miranda Lida (2014) ha denominado “dorados años treinta”, cuando a la par de un crecimiento editorial notorio, con epicentro en Buenos Aires y con ramificaciones en algunas áreas del interior del país, entre ellas la región litoral, se produjo una intensificación de la vida cultural. En ese marco, universidades del interior, como las de Tucumán y del Litoral, iniciaron emprendimientos editoriales en los que tuvieron un lugar destacado las revistas de divulgación académica.

En su análisis de las revistas culturales latinoamericanas, Horacio Tarcus (2021) señala que las mismas han sido, más que los diarios y los libros, los vehículos privilegiados por los grupos intelectuales para disputar posiciones dentro del campo intelectual e intervenir en la esfera pública. En ese sentido, la revista Universidad da cuenta de los intereses que cohesionaban al grupo dirigente, identificado con el reformismo liberal que, desde la década de 1920, en la UNL se expresó en los rectorados de Pedro Martínez, Rafael Araya, Horacio Damianovich y Augusto Morisot, aunque con interrupciones debido a varias intervenciones. A partir de 1934, con los rectorados de Josué Gollan, la UNL transitó un período de estabilidad institucional en el que la dirigencia universitaria se mantuvo cohesionada hasta la intervención de 1943. Por tratarse de una universidad regional, con facultades en las ciudades de Santa Fe, Rosario, Paraná y Corrientes, la revista podía llegar por suscripción a un público amplio, no sólo universitario.[2]

En su primera edición Universidad se presentaba como una publicación de orientación humanística, “prescindiendo de los estudios especializados en las distintas ramas del conocimiento, las que por ser tales, encuentran su natural cabida en las publicaciones que editan las diversas facultades e institutos que constituyen la universidad”; se proponía difundir “la labor especulativa de la Universidad Nacional del Litoral en materia de humanidades y ciencias” y proyectar “su pensamiento sobre el movimiento cultural, científico y universitario” (Universidad: 1935,7). Pero, de hecho, los estudios especializados del derecho, las ciencias físico-naturales y los temas tecnológicos estuvieron presentes en la revista por medio de una estrategia de divulgación, y tuvieron similar relevancia que la otorgada a los artículos que se ocupaban de temáticas educativas, históricas, filosóficas y literarias. Del mismo modo, las reseñas registraban las novedades editoriales en las distintas ramas de la producción científica y humanística.

La revista funcionó bajo la órbita del rectorado (sito en la ciudad de Santa Fe); su primer director fue el rector Gollan y Ángel Caballero Martín fue el secretario general, a quienes acompañaban un consejo consultivo constituido por los decanos. Tras la muerte de Caballero Martín en 1939, el secretario pasó a ser Domingo Bounocore y, más tarde, se desempeñó como director.[3] Hasta 1940 se editó una revista por año y a partir de entonces pasó a tener una periodicidad trimestral. Con escasas variantes mantuvo la siguiente estructura: artículos, crónica universitaria, temas bibliotecarios y reseñas.

Acerca del relato biográfico

Asociada inevitablemente al nombre propio, la biografía afirma la singularidad de las experiencias de un individuo en interacción con su sociedad. Leonor Arfuch (2010) señala que el relato biográfico se mueve entre el testimonio, la novela y el discurso histórico y, al respecto, plantea algunos interrogantes: cómo evitar el riesgo de convertirlo en una hagiografía y de qué modo el laberinto de la existencia individual adquiere una forma y una significación posibles. La biografía puede representar la experiencia individual con una dirección predeterminada, sin contemplar suficientemente los condicionamientos y las contingencias. Pero también puede esclarecer la gama de posibilidades y las elecciones por las que se optó, siempre condicionadas y socialmente construidas (Bourdieu, 1999; Revel, 2005). Con ese propósito justificaba Lucien Febvre su estudio sobre Lutero, cuya primera edición en francés es de 1927:

(…) situar con precisión los pocos puntos verdaderamente importantes por los que pasó; mostrar cómo, bajo la presión de qué circunstancias, su impulso primero tuvo que amortiguarse y su trazo primitivo desviarse; plantear así a propósito de un hombre de una singular vitalidad, el problema de las relaciones del individuo con la colectividad, de la iniciativa personal con la necesidad social, que es, tal vez, el problema capital de la historia (…)” (Febvre,1956:9)

José Luis Romero (1945) advirtió que la biografía era frecuentemente considerada una forma popular o subsidiaria de la historia por el hecho de tener una mayor recepción en el lector culto, pero no especialista. Señalaba que el escritor de biografías, por lo general, no explicitaba el arduo camino de la compulsa documental, ahorrándole al lector el peso de los detalles eruditos. Habría así un matiz que distinguiría a la biografía de otros tipos historiográficos, sin que la diferencia supusiera relaciones de superioridad o inferioridad. Romero postulaba que, por su eficacia en combinar los rasgos específicos de una existencia individual con las variaciones de la vida histórica, la biografía podía considerarse una vía legítima para el conocimiento del pasado. Delineaba una historia del género e identificaba etapas en el marco de la cultura occidental. Establecía diferencias entre la biografía tradicional (cuyos arquetipos definen la epopeya, la hagiografía medieval y la biografía renacentista –el sabio humanista, el artista creador, etc.-) y la moderna, en la que se daba el predominio de una concepción arquetípica fundada en los rasgos nacionales. Por último, señalaba que luego de la primera guerra mundial se había dado el auge de la biografía novelada, con un giro hacia la forma individualista y un esfuerzo deliberado por superar toda coacción arquetípica.

En la Argentina de mediados del siglo XIX las apelaciones al pasado fueron clave para fundar un orden republicano y una nueva ciudadanía; junto con la tribuna política, la prensa periódica y la literatura, las biografías de hombres notables fueron uno de los recursos para lograrlo (Devoto y Pagano, 2009). Por esa época se publicó en Buenos Aires la colección Galería de celebridades argentinas: biografías de los personajes más notables del Río de la Plata. En dicha colección, Mitre publicó una biografía de Belgrano, Juan María Gutiérrez la de Rivadavia y Sarmiento la de San Martín. En 1860, Gutiérrez publicó Apuntes biográficos de escritores, oradores y hombres de Estado de la República Argentina. Con la perspectiva de la historiografía erudita, Bartolomé Mitre escribió Historia de Belgrano y de la independencia argentina e Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana, en la que la biografía del prócer adquiría proyección continental.

Durante una conferencia sobre bibliotecas populares que Sarmiento pronunció en Buenos Aires en 1883, señaló que, según cifras de las bibliotecas de San Francisco (EEUU), por detrás de las obras literarias, las biografías y los libros de historia se ubicaban entre los más solicitados por los lectores. También citó un informe de las bibliotecas municipales de París, según el cual a medida que el público se iba formando en el hábito de la lectura, sus preferencias se dirigían de las lecturas triviales a las serias, como la biografía, la historia y las obras populares de ciencia.

Respecto de las primeras décadas del siglo XX, y sobre todo en los años treinta, Alejandro Cattaruzza (2001) advierte que los intelectuales argentinos parecían entender que el análisis del pasado podía tener alguna eficacia en el presente. Justamente, por el carácter que le atribuye Romero, la biografía ocupaba un lugar de importancia entre las diversas representaciones del pasado que circulaban en la sociedad argentina de la época y era cultivada tanto por historiadores como por escritores.[4] Se puede traer como ejemplo las colecciones que se publicaban acorde con las demandas de un público lector en expansión. Entre ellas, la del El Ateneo entre fines de la década del veinte y comienzos de la del treinta que, además del libro de conferencias de Sarmiento al que hicimos referencia, contenía relatos biográficos de Lucio V. Mansilla, una biografía de Echeverría escrita por Juan María Gutiérrez y prólogos en los que se relataba la trayectoria vital e intelectual de los autores, como el escrito por el historiador Emilio Ravignani a Evocaciones históricas de Vicente Fidel López. Esta colección, denominada “Grandes escritores argentinos”, estaba dirigida por el historiador Alberto Palcos e incluía escritos políticos, autobiografías (como la de Alberdi), narrativa, ensayos y biografías. En la década del treinta, el escritor Agustín Rivero Astengo publicó Hombres de la organización nacional. Retratos literarios (1936). Además, aparecieron dos biografías de San Martín: Historia del Libertador General Don José de San Martín (1932), publicada en Bruselas por José Pacífico Otero, y El Santo de la Espada (1933)de Ricardo Rojas. Éste último transformaba en santo laico la imagen de libertador del sur construida por Mitre (Hourcade, 1998).

Las biografías publicadas en la revista Universidad

Entre 1935 y 1943 se publicaron quince ediciones de la revista Universidad y, excepto la edición número 4 de 1938, todas contienen relatos biográficos escritos por autores que provenían de distintos campos: derecho, historia, pedagogía, historia de la ciencia, filosofía, literatura y bibliotecología. Esto configura un corpus de treinta y cuatro relatos biográficos, que se detallan en el siguiente cuadro.




De los veintinueve autores, once estaban directamente involucrados con el estudio del pasado por ser miembros de instituciones como la Academia Nacional de la Historia, la Junta de Estudios Históricos de la provincia de Santa Fe o profesores en cátedras de historia del derecho y de historia institucional argentina en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UNL. En otro caso, por tratarse de matemáticos que cultivaban la historia de la ciencia. El resto de los autores –dieciocho- provenían del derecho, la pedagogía, la literatura, la bibliotecología y la filosofía. A su vez, si se realiza un agrupamiento por temas, se observa que las biografías de protagonistas del siglo XIX argentino superan en número al resto de los relatos biográficos, como se puede observar en el cuadro siguiente.




Según este orden temático, consideramos en primer lugar tres artículos en los que la biografía se vincula con la historia de la ciencia. El artículo de Babini sobre Zenón de Eleas (siglo V a.C.) y el obispo Berkeley (siglo XVIII) traza un arco temporal desde el testimonio más antiguo del cálculo infinitesimal hasta la época moderna. Por su parte, Rey Pastor indaga la obra de un matemático contemporáneo –José Levi- para plantear el desarrollo de la geometría en el siglo XX y su impacto en la enseñanza universitaria y escolar.[5] En ambos casos, el criterio de selección del individuo está supeditado el desarrollo de la matemática. Los individuos adquieren valor en la medida en que hayan aportado al avance de la ciencia. En su segundo artículo, dedicado a Descartes, Babini lee su obra cumbre, Discurso del método (1637), como un texto en el que se pueden hallar ciertas marcas autobiográficas en algunos temas capitales de su obra filosófica: “un espíritu disconforme con el saber de su época” (Babini,1937:81); alguien que “voluntariamente se alejó de las contiendas civiles y religiosas de su patria [y] prefiere vivir aislado y apartado como en los más lejanos desiertos” (ídem:83). En este caso, se trata de un relato que armoniza vida y obra.

Los dos artículos de Celia Ortiz de Montoya y el de Antonino Salvadores comparten la temática sobre pedagogía e historia de la educación. Ortiz de Montoya traza las biografías intelectuales de Dante Alighieri (1265-1321) y de Juan Luis Vives (1492-1540) como precursores de la pedagogía humanista que ha perfilado el pensamiento pedagógico moderno. Si bien Petrarca es considerado el primero en trazar el programa pedagógico del humanismo, para la autora ya está presente en la obra de Dante. En su caso, el fin de la educación es “el logro de la perfección humana plena, libre y armónica” (Ortiz de Montoya,1942:251); en Vives, se trata de un humanismo “sediento de saber de ciencias” (Ortiz de Montoya,1941:133).

Por su parte, Salvadores describe la trayectoria vital del educador uruguayo (y argentino por adopción) Marcos Sastre (1808-1887), ligado a la generación romántica de 1837 y fundador del Salón Literario. Apela a fuentes oficiales y a correspondencia para acreditar el relato de su derrotero en Buenos Aires durante los gobiernos de Rosas, su actuación en Santa Fe durante el gobierno de Pascual Echagüe, en Entre Ríos durante el gobierno de Urquiza y su regreso a Buenos Aires en 1852, donde ocupó diversos cargos. El relato de Salvadores se mueve entre la biografía intelectual y la trayectoria de hombre público. Su actuación tendiente a modernizar la educación en sus distintas facetas -administrativas, publicación de libros para la enseñanza,[6] gratuidad de la enseñanza para los pobres, prohibición de castigos corporales- lo sitúan, según Salvadores, como predecesor de Sarmiento, de quien fue colaborador.

Los textos sobre historia colonial corresponden a Agustín Zapata Gollan -quien exhumó los restos del primer asentamiento de la ciudad de Santa Fe- y a Jorge Blanco Villalta. Uno de los artículos de Zapata Gollan aborda las vidas de los españoles (y de algunos portugueses) que llegaron al Río de la Plata y al extremo sur de América; el otro refiere a los primeros cronistas que dejaron testimonio de sus observaciones del río Paraná. La ilación de los relatos no está dada por los individuos en sí mismos sino por la conquista del territorio. A su vez, los indios –querandíes, timbúes, guaraníes, quiloazas, etc.- son referenciados en la medida en que entran en contacto con los navegantes y con los cronistas. Por su parte, Blanco Villalta se centra en la vida de Francisco de Villalta (siglo XVI), uno de los primeros cronistas del Río de la Plata.

Los tres textos hacen uso de procedimientos literarios –diálogos, descripción de la psicología de los individuos, sensaciones y rasgos de personalidad-, y esto no se debe a la ausencia de documentación –abundantemente citada por los autores- sino a una opción estética que habilita el género biográfico. Al referirse a los miembros de la expedición en la que vino su biografiado, Blanco Villalta escribe: “los ojos de muchos quedaron absortos, por largos momentos, en visiones lejanas, de imperios, fortuna, mujeres de exótica belleza” (Blanco Villalta,1941:189). Zapata Gollan recrea bajo la forma de diálogo una discusión entre Gaboto y uno de sus subordinados, en la que el uso del castellano antiguo otorga verosimilitud al relato: “Entonces Caboto, que no aguanta tutores, le contesta altanero: ‘Siempre sois de voto contrario!’ y luego agrega con jactancia y suficiencia: ‘Su Magestad e yo nos entendemos muy bien, e se en lo que tengo de servir!’” (Zapata Gollan,1941:53)

Los tres textos combinan estilo literario e intención referencial; esto último logrado por medio de fragmentos de fuentes y notas al pie que acreditan la veracidad. Incluso, Blanco Villalta enfatiza el valor histórico de la crónica analizada al señalar que “Grandes historiadores argentinos han aprovechado los preciosos datos que ofrece esta carta” (Blanco Villalta,1941:205), entre ellos, Enrique de Gandía, Ricardo Levene y Manuel Cervera.

Los cuatro textos dedicados a escritores tienen como propósito destacar el lugar central de la creación literaria en trayectorias vitales condicionadas por el origen social, por el género y por los contextos intelectuales y políticos. Finó se detiene en la vida y en la obra del duque de La Rochefoucauld, a quien define como uno de los moralistas de la Francia del siglo XVII. La biografía de Juana Manuela Gorriti –una de las primeras novelistas de América del Sur- escrita por María Delia Gatica describe la vida de esta escritora del siglo XIX, con los retos que suponía su condición de mujer, entrelazándola con su obra y con la vocación artística por el pasado. Las biografías de José Martí y de Rubén Darío –escritas por Campoamor y Onetti respectivamente- combinan obra literaria y opciones políticas. En estos textos se busca hacer aflorar aspectos y sentidos de la sociedad a través de la vida de individuos excepcionales. Similar orientación presenta la biografía que Enrique de Gandía escribe sobre la vida de san Benito de Nursia (480-543), contemporáneo de la crisis del imperio romano e iniciador de la orden benedictina. Aunque algunos fragmentos adquieren dimensión hagiográfica, el autor logra componer un relato que da cuenta de una trayectoria vital representativa de los primeros intentos de reforma de la vida monacal.

Diecisiete relatos biográficos corresponden a protagonistas del siglo XIX; varios de los cuales forman parte del panteón de fundadores de la nación establecido por Mitre. Tres de ellos recuperan trayectorias de vida para trazar, en cada caso, un legado. Nicanor Molinas se centra en la vida de Bernardino Rivadavia para identificar la impronta de su gobierno en las instituciones liberales argentinas. Para argumentar en favor de las autonomías provinciales como aspecto constitutivo de la organización constitucional, Juan R. Martínez recupera la vida política del gobernador sanjuanino Antonio Aberastain, asesinado en 1861 al resistir una intervención a su provincia. Barranco Mármol escribe una biografía intelectual del sacerdote peruano Francisco de Paula González Vigil (1792-1875) para señalar las influencias de la Ilustración en su pensamiento y la recepción de sus obras en favor de la libertad de cultos por parte de Sarmiento, de Alberdi y de gobernantes de Santa Fe y de Entre Ríos que en la década de 1860 impulsaron leyes laicas e, inclusive, por parte de la masonería. La idea que subyace a estas biografías es que cada época histórica tiene sus hombres representativos.

Otro conjunto de biografías se escribe en función de determinadas conmemoraciones. Cinco de ellas, a propósito de la conmemoración del cincuentenario de la muerte de Sarmiento en 1938. La provincia de Santa Fe dedicó una semana al aniversario en el que también participó la UNL.[7] Identificados con la tradición liberal, para quienes hacían la revista Universidad resultaba clave la defensa de la secularización y del laicismo, amenazados por la creciente influencia de la iglesia católica en la esfera pública. En la inauguración de los cursos del año 1938, ante la presencia en el acto del arzobispo Nicolás Fasolino, el rector Gollan realizó una encendida defensa del laicismo al plantear que no era antirreligioso, sino que, de la mano de la libertad de cultos, garantizaba la neutralidad con el convencimiento de que la misma contribuía a evitar conflictos religiosos. Discutir la validez de la enseñanza laica era para Gollan un anacronismo, que le recordaba la lucha, en siglos pasados, entre ciencia y religión (Gollan, 1938).

No es de extrañar, entonces, que en 1939 la revista publicara cinco artículos sobre Sarmiento. El de Rafael Bielsa enfatiza la política jurídica de Sarmiento, en clave liberal e inspirada en el funcionamiento del régimen político estadounidense. El de Juan Mantovani, por entonces ministro de Instrucción Pública de Santa Fe, hace un repaso de sus libros para centrarse en la labor educativa y señalar que el laicismo de Sarmiento debía entenderse en el marco de su postura a favor de la tolerancia de ideas. Con un dejo de ironía, hace referencia a su polémica con Avellaneda:

Discutió serenamente con Avellaneda. Éste publicó su folleto ‘La escuela sin religión’, al que Sarmiento respondió con el suyo ‘La escuela sin la religión de mi mujer’. Fue respetuoso de las creencias religiosas y no combatía, sino fomentaba, esos sentimientos. Entendía por escuela laica, no a la escuela sin religión, sino a la que ofrece un ambiente de respeto a todos los credos y de igualdad en cuanto a su enseñanza.” (Mantovani,1939:70)

El artículo de Alberto Palcos se centra en la actualidad del pensamiento de Sarmiento y señala que parece ser “a ratos, más contemporáneo de nosotros y de nuestra posteridad que de su época” (Palcos,1939:89). Recupera la intimidad de Sarmiento por medio de una lectura de las cartas a su hija Faustina para desentrañar las claves de su consagración al servicio público. La dimensión americana de la vida de Sarmiento queda planteada con la inclusión de los artículos del mexicano Pedro de Alba y del dominicano Fabio Mota, quienes se centran en su carácter de reformador educativo.

Otro momento conmemorativo que llevó a rescatar una personalidad del siglo XIX, en este caso provincial, fue el vigésimo aniversario de la creación de la UNL en 1940. El biografiado en esta oportunidad será el exgobernador José Gálvez, fundador de la Universidad de Santa Fe, de carácter provincial, y considerado impulsor de los estudios superiores.[8] Para la dirigencia de la UNL, Gálvez había sido el prototipo de gobernante liberal y la revista Universidad publicó tres relatos biográficos en la edición especial de 1940. El artículo de Alcides Greca otorga a Gálvez los atributos de un agente modernizador. La creación de la universidad provincial debía entenderse como parte de su obra modernizadora en términos de administración y organización del estado provincial, colonización agrícola, transformación del sistema productivo y trazado de vías férreas y puertos. La misma orientación tiene el escrito de Rivero Astengo, quien para hacer más vívido su relato incorpora un juicio de Roca en favor de Gálvez –de invención del autor-, recreando un diálogo entre el entonces presidente y un grupo de invitados en su casa de campo.

Por su parte, Rodolfo Reyna escribe la biografía política de Gálvez en un tono laudatorio, como una vida predestinada ya desde su nacimiento –“Nacido en la ciudad de Santa Fe el 8 de junio de 1851, en una hora decisiva para las instituciones argentinas” (Reyna,1940:138)-, que se traduce luego en su actuación pública –“Se inicia con él una era de progreso que coloca nuevamente a la provincia sobre la ruta de sus grandes destinos” (ídem:139). El mismo recurso del destino está presente en la biografía de Julio A. Roca escrita por Pedro Murúa. El texto comienza con este enunciado: “Roca era un predestinado. Lo intuyó claramente desde la niñez” (Murúa,1936:137). El camino trazado desde la infancia hasta la presidencia es una marcha ascendente por la que van pasando otros –Sarmiento, Avellaneda, etc.- y distintas circunstancias que hicieron al militar y al político. Distinto es el tono con que Eduardo Mántaras encara la biografía de Vélez Sarsfield porque, en este caso, no se trata de restarle importancia a quien, en palabras del autor, “sobresale en primer plano en el difícil proceso de la organización jurídica del país” (Mántaras,1940:173), sino de poner en diálogo una trayectoria intelectual con el orden jurídico moderno –“abstracto, racionalista, sistemático” (ídem:175)- que en el siglo XVIII encontró en Francia su forma más lograda.

En 1940 Rómulo Carbia publica un trabajo sobre San Martín, adelanto del prólogo al libro San Martín y Bolívar en la entrevista de Guayaquil del embajador argentino Eduardo Colombres Mármol. Comienza haciendo una revisión de las obras de Mitre y de Rojas sobre San Martín; mientras que el primero demuestra una erudición meticulosa, el segundo realiza una evocación lírica del héroe, lo que constituye “dos extremos historiográficos” (Carbia:1940:27). Después pone en juego los procedimientos heurísticos de crítica documental de la Nueva Escuela Histórica para examinar el uso que Colombres hace de las fuentes, lo que le lleva a afirmar que el libro contribuye “a la mejor comprensión del significado histórico del general San Martín en la obra de la independencia americana” (ídem: 45). En este caso no se trata de un relato biográfico convencional sino del análisis de la documentación que permitiría esclarecer un momento de la vida política de San Martín.

La biografía de Carlos Beck Bernard, escrita por Juan Jorge Gschwind –especialista en historia de la colonización- tiene como propósito dar cuenta de la vida de un individuo al que no se le atribuyen “hechos gloriosos de algún prócer militar, sino modestas pero fecundas acciones” (Gschwind,1940:79). Aborda su participación en la fundación de la colonia San Carlos, en la denominada pampa gringa, pero lo que más le interesa es la labor de difusión que realiza en Europa y la publicación en Suiza de dos libros sobre la Argentina. A esa cuestión dedica la mayor parte del artículo, entrelazando la trayectoria vital de Beck Bernard con el rasgo que lo singulariza, el de haber sido un agente modernizador en la Argentina de mediados del siglo XIX.

Completan los relatos biográficos de protagonistas del siglo XIX los dedicados a José Manuel Estrada en 1942 a propósito del centenario de su nacimiento. Estrada (1842-1892) era un hombre público desde que, a sus 25 años, habiendo incursionado en el periodismo, publicó Lecciones de historia argentina. Casi veinte años después fue protagonista del debate por la ley 1420, en el que se opuso a la enseñanza laica. Alcides Greca y Pedro Murúa escriben dos biografías de Estrada en las que abordan su trayectoria en la enseñanza y en la vida pública. Mientras Murúa lo caracteriza como un cristiano liberal, Greca identifica dos tendencias en su trayectoria; la primera, marcada por un catolicismo liberal y la segunda, por un catolicismo más ortodoxo. Ambos autores, profesores de la UNL y adherentes al radicalismo, enfatizan al final de sus artículos la participación de Estrada en la manifestación de la Unión Cívica el 13 de abril de 1890 en el Frontón.

Otros tres textos abordan la vida de hombres de entresiglos. Alcides Greca escribe sobre Jorge Raúl Rodríguez (1891-1929), diputado radical santafesino que presentó y defendió el proyecto de creación de la UNL en 1917 y en 1919. Enfatiza su origen social humilde y su formación autodidacta para señalar que “sin ser universitario, supo responder a los llamados de la juventud de su provincia” (Greca,1940:116). Delfina V. D. de Ghioldi escribe sobre Alejandro Korn (1860-1936) –médico dedicado a la psiquiatría y fundador de la cátedra de Historia de la filosofía en la UBA, con una extensa trayectoria en el reformismo universitario, la UCR, el Partido Socialista y la masonería. La autora, discípula de Korn, esboza una biografía intelectual y rescata su pensamiento filosófico. Por último, Domingo Buonocore traza una biografía intelectual del jurista y profesor Carlos Melo (1872-1931) a propósito de la donación de su biblioteca personal a la biblioteca de la Facultad de Ciencias Jurídicas.

Biografías y representaciones del pasado

La revista de divulgación académica de la UNL utilizó los relatos biográficos para poner al alcance del público la actuación de individuos en contextos particulares y, por medio de distintas operaciones de erudición, de inducción y de la utilización de recursos narrativos hacer más vívido el pasado con el convencimiento de que las trayectorias vitales podían revelar aspectos claves de una época. Al personalizar la historia por medio de la biografía se dinamiza la narración (Jablonka, 2016) y esto es clave para una estrategia de divulgación. Para ello se ponen en escena los individuos, se elabora una intriga –cómo una mujer logra ser escritora en el siglo XIX en un clima cultural adverso; por qué alguien que no había pasado por la universidad defiende en el Congreso de la nación, en dos oportunidades, el proyecto de creación de una universidad regional en la segunda década del siglo XX, etc.-, se organiza un material documental y se relacionan acontecimientos para ajustar una trayectoria vital a un orden social determinado. Algunos relatos lo logran mejor que otros, sobre todo los que contemplan momentos claves de la vida de un individuo sopesando el peso del azar, las dudas y el porqué de ciertas decisiones. Otros adoptan un estilo laudatorio, propio de la hagiografía, en tanto que el derrotero individual es representado como un destino pre-trazado.

La procedencia disciplinar no es menor a la hora de componer el relato biográfico. Mientras que las biografías escritas por historiadores cuentan con un aparato erudito -documentación oficial, correspondencia, etc.- y desarrollan juicios críticos acerca del modo en que las vidas de sus biografiados habían sido abordadas previamente, el estilo ensayístico –menos sujeto a reglas disciplinares y haciendo uso de recursos literarios- es más común en los escritores, pedagogos, periodistas, diplomáticos y en quienes tienen una formación en filosofía. Por su parte, los autores que provienen del derecho son más proclives a ajustar las trayectorias vitales a los contextos normativos y jurídicos, mostrando cómo la actuación individual resulta transformadora de esos mismos contextos. Similar orientación es la que adquieren los relatos biográficos escritos por historiadores de la ciencia. En estos casos predomina el lenguaje de la matemática, que no soporta redundancia ni ambigüedad. Pero al intentar poner esos avances al alcance de un público no especialista, la trayectoria individual es el recurso apropiado para hacer inteligible un conocimiento de por sí abstracto, al mostrar en qué medida una trayectoria científica puede informar sobre los avances del conocimiento.

Como hemos señalado, los relatos biográficos de protagonistas del siglo XIX superan en número al resto y esta preponderancia merece una consideración especial. En algunos casos se trata de biografías en ocasión de conmemoraciones como el cincuentenario de la muerte de Sarmiento, el homenaje a Gálvez y el centenario del nacimiento de Martínez Estrada. También hay que considerar que las biografías se refieren en su mayoría a quienes fueron centrales en las transformaciones por las que atravesó la Argentina en el siglo XIX. En este sentido, se trata de transmitir ideas y representaciones sobre el progreso, sobre la modernización jurídica y sobre los logros de la Argentina liberal. Hay que reparar en ciertos títulos –“La política jurídica de Sarmiento” de Rafael Bielsa, “La pasión civilizadora de Sarmiento” de Juan Mantovani, “Gálvez arquetipo de gobernante” de Alcides Greca, “Carlos Beck Bernard. Su contribución al progreso de la colonización agrícola argentina” de Juan J. Gschwind- para notar que se busca poner de relieve la actuación clave de ciertos agentes históricos para la puesta en marcha de la Argentina moderna.[9]

Ese énfasis adquiere mayor relevancia en los años treinta, por haberse dado el quiebre del orden constitucional y por los efectos de la crisis económica mundial, que había mostrado los límites de un progreso material entendido como indefinido. Volver la vista atrás, hacia la segunda mitad del siglo XIX, fue una operación ideológica sostenida por la revista Universidad, como vehículo no sólo de divulgación académica sino, además, de difusión de las ideas y valores del reformismo liberal que ostentaba la dirigencia de la UNL. A diferencia de los cultores del nacionalismo antidemocrático que, entre 1932 y 1943, encontraron en el impacto de la crisis económica mundial la oportunidad para denostar el orden liberal en su totalidad, Universidad lo reivindicaba como el legado de los fundadores de la Argentina moderna.[10] Las biografías contribuían, entonces, a una narrativa nacional y formaban parte de una pedagogía cívica que buscaba poner al alcance del público las que se consideraban vidas ejemplares.

Referencias

AAVV. (1938). Sarmiento. Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral.

Arfuch, Leonor (2010). El espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea. Buenos Aires: FCE.

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Notas

[1] Un conjunto de revistas especializadas corresponden a la etapa fundacional de la UNL: Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (1922), Anales de la Facultad de Ciencias de la Educación (1923), Revista de la Facultad de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas (1926), Trabajos del Seminario (Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, 1928), Revista de la Facultad de Química Industrial y Agrícola (1930) y Anales del Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (1932).
[2] Si bien para 1938 el 18% del padrón electoral era analfabeto, en las ciudades la formación de nuevos públicos lectores era un fenómeno visible desde los años de la primera guerra mundial (Cattaruzza,2001).
[3] Gollan era químico de profesión. Fue rector, electo por la asamblea universitaria, en los períodos 1934-1936, 1936-1940, 1940-1943, 1945-1946 y 1957-1962. Su carrera académica se vio interrumpida, primero, por el golpe de Estado de 1943 y, luego, en los años de gobierno del peronismo (1946-1955). Caballero Martín era médico; se desempeñó como profesor de medicina legal en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UNL y fue consejero directivo. Estuvo entre los miembros fundadores de la Junta de Estudios Históricos de la provincia de Santa Fe. Buonocore era profesor en Letras y abogado. Se desempeñó como profesor en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la UNL y como director de su biblioteca. Se especializó en bibliotecología e introdujo la temática en la revista Universidad.
[4] Por esos años, sobre todo en Buenos Aires y en La Plata y por impulso de la Nueva Escuela Histórica, la disciplina histórica estaba abocada a la profesionalización, a la institucionalización (Rodríguez, 2022) y, por lo tanto, a la autonomía respecto de la literatura. Sin embargo, todavía no estaban claramente establecidos los criterios que definieran la carrera de historiador (Freijomil, 2023).
[5] La enciclopedia de la UNESCO sobre desarrollo cultural y científico, publicada en 1966, subraya que desde comienzos del siglo XX la ciencia matemática registró progresos en sus diferentes ramas –álgebra, teoría de los números, geometría, análisis y lógica-; la brecha entre la enseñanza universitaria y la escolar hizo que los matemáticos se interesaran en la didáctica de la matemática moderna.
[6] El libro más leído de Sastre -El tempe argentino, publicado por primera vez en 1858, y con numerosas reediciones hasta fines de los años sesenta- fue utilizado durante varias décadas como texto escolar. El libro es una descripción del delta del Paraná y cubre aspectos geográficos, hidrográficos, de la flora, de la fauna, de los pobladores originarios y de los habitantes de las islas.
[7] La UNL publicó un volumen especial de homenaje que compiló los escritos y discursos del rector Gollan y de los profesores que participaron en los actos de cada facultad y escuela. Algunos de ellos también lo hicieron en otros ámbitos como sindicatos, bibliotecas y localidades del interior de la provincia. La radio universitaria transmitió algunas disertaciones y el rector Gollan presidió los actos que se realizaron en el paraninfo de la universidad, en la ciudad de Santa Fe, y en la Biblioteca Argentina de Rosario. El Litoral, Santa Fe, 8 y 9/09/ 1938.
[8] Gálvez fue gobernador entre 1886 y 1890, además de senador nacional. Encabezó una facción política conocida como “galvismo”, desprendimiento del Club del Pueblo de Simón de Iriondo, y llegó al gobierno provincial gracias al apoyo del presidente Julio A. Roca. En 1889 creó la universidad provincial y fue su primer rector.
[9] Para la época, el término “civilización” expresaba la autoconciencia de occidente, aquello que daba cuenta de su peculiaridad –técnica, modales, ciencia y concepción del mundo-; su uso se había generalizado en Europa occidental entre mediados y fines del siglo XVIII, para referirse a un estado de orden y refinamiento sociales, en un contraste social e histórico con “barbarie”. Por la misma época se volvió de uso común el término “progreso”, entendido como una marcha hacia adelante cuya secuencia se puede descubrir (Williams,2008; Elias,2011).
[10] Esa es una razón de que el naciente revisionismo histórico no haya tenido cabida en la revista. En 1938 se creó en Santa Fe el Instituto Argentino de Estudios Federalistas, de orientación revisionista, como el Instituto de Investigaciones Juan Manuel de Rosas de Buenos Aires, desde donde se llevará adelante la crítica a la denominada “historia oficial” y a los historiadores de la Nueva Escuela. Del instituto santafesino fueron parte algunos miembros de la Junta de Estudios Históricos, como Félix Barreto y José María Funes, quienes nunca publicaron en Universidad. Otro miembro fundador fue José María Rosa, por entonces profesor de la Facultad de Ciencias Jurídicas. El primer número de Universidad (1935) contiene un breve artículo suyo en el que realiza un abordaje filosófico de la historia. Se puede conjeturar que Rosa no volvió a publicar en la revista de la UNL debido a su pertenencia a dicho instituto y a su pública adhesión al revisionismo histórico.

Notas de autor

* Profesora adjunta del Departamento de Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias (UNL) y profesora asociada de la Licenciatura en Historia en la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales (UADER). Directora del Programa Historia & Memoria de la UNL.


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