Dos, Paseos por los bosques narrativos (un lugar para la ficción)
Recepción: 29 septiembre 2025
Aprobación: 29 octubre 2025

Resumen: En el siglo XVII en Francia, mujeres de la élite articulan un espacio de poder y se constituyen como mujeres poderosas, resquebrajando así los límites de la subordinación impuestos por la cultura de la época. Para comprobarlo, acudiremos a la escritora y moralista Madeleine de Scudéry, quien, siguiendo la estela de Christine de Pisan en su Ciudad de las Damas, describe a mujeres heroicas y fuertes en Clélie, histoire romaine. Asimismo, inserta la ‘Carte de Tendre’, un mapa alegórico de la amistad, no exento de críticas, pero que supone un nuevo juego simbólico que explica, desde su visión como mujer, las diferentes etapas que los varones deben superar, en la ficción y en la realidad, para ser reconocidos dignos miembros de su «reino» y convertirse, de esta manera, en el ansiado ‘honnête homme’.
Palabras clave: Literatura francesa, Scudéry, Clélie, Tendre, soberanía, mujeres.
Abstract: In 17th-century France, women of the elite class asserted their power and established themselves as influential figures, thus challenging the limitations of subordination imposed by the culture of the time. To illustrate this, we will examine the work of the writer and moralist Madeleine de Scudéry, who, following in the footsteps of Christine de Pizan's The Book of the City of Ladies, describes heroic and strong women in her novel Clélie, histoire romaine. Furthermore, she included ‘The Map of Tendre’, an allegorical map of friendship, which, not without criticism, introduced a new symbolic framework that, from a woman's perspective, explained the various stages men had to overcome, both in fiction and in reality, to be recognized as worthy members of her ‘kingdom’ and, thus, become the ideal «honorable man».
Keywords: French literature, Scudéry, Clélie, Tendre, sovereignty, women.
Introducción
Los diez volúmenes originales que abarcan las cinco partes de las que está compuesta Clélie, histoire romaine, fueron un éxito editorial de la época. Publicada entre los años 1654 y 1660, esta extensa novela de Madeleine de Scudéry continúa la tradición de «Las Mujeres Ilustres» (Pascal, 2002:169-170) sobre las que la propia Scudéry había escrito dos volúmenes unos años antes en Les Femmes Illustres ou Harangues Héroïques (1642-1644), en cuya introducción la autora se dirigía «a las damas» y presentaba toda la serie como «el arco del triunfo que he alzado para la gloria de vuestro sexo»[1] (Scudéry, 1642:s/p). Ambas novelas contribuyen a unificar la acción en la intriga sentimental. Intriga a la que los personajes otorgan su grandeza heroica y un discurso de la gloria femenina tomado desde la perspectiva de Madeleine de Scudéry, referente clave del movimiento literario del Preciosismo,[2] por lo tanto, desde lo que podríamos denominar actualmente una perspectiva de género.
En la Clélie, además de los personajes, también se describen ciudades, casas y situaciones reales en una mezcla entre ficción y realidad que atraerá el interés de los lectores de su tiempo por los códigos encriptados. La inclusión en la ficción literaria de acontecimientos y conversaciones que se están dando en el entorno de Madeleine de Scudéry proporcionan las claves necesarias para interpretar la posición que ocupan las mujeres, representadas por sus personajes femeninos, en la realidad de las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres.
1. Soberanía y potestad femeninas en el reino de ‘Tendre’
En la búsqueda de una nueva concepción del amor que no elimine libertades a las mujeres, y teniendo siempre en el corazón la novela L’Astrée, de Honoré d’Urfé, y los ritos del amor cortés medieval, Madeleine de Scudéry crea la ‘Carte de Tendre’. La aparición de este mapa de la amistad termina de aclarar a los contemporáneos como Ménage (1715:11) o Tallemant des Réaux (1834-1835:277) la identidad de la verdadera y única autora de la Clélie, como también señala Rathery y Boutron (1873:59).
Madeleine decide insertar la ‘Carte’ en la primera parte de la novela, lo que la lleva en 1654 a un combate literario contra el abad D’Aubignac (quien había publicado ese mismo año su Relation véritable du royaume de coquetterie), acusándolo de haberse inspirado en ella.[3] No obstante, como sostiene Verna Haize (2002:257) la idea de tal universo alegórico descendía directamente de la creación medieval de Christine de Pizan en su Ciudad de las Damas (1405) y su inspiración sobre el Roman de la Rose y los poetas que lo compusieron, Jean de Meung y Guillaume de Loris, unos siglos antes.
El mapa scudériano supone, como aborda ampliamente Aronson (1986) y describe posteriormente Morlet-Chantalat (1994), la materialización en su salón de un reino imaginario donde, mediante la consecución de pruebas galantes previamente explicadas por la anfitriona, los asistentes varones podían alcanzar la gloria heroica representada en las diferentes formas de amistad hacia las mujeres y otorgada por ellas.[4] Eran Madeleine de Scudéry y las otras mujeres asiduas a su salón quienes decidían si el viajero iniciado, tras superar todas las pruebas, era o no consagrado como fiel miembro del ‘royaume de Tendre’, o reino de la Ternura. A modo de odisea, pero sustituyendo el ingenio físico por el intelectual, la mejor manera de superarlas era participando en conversaciones, naturales en las mujeres y organizadas en este célebre salón –conocido como los ‘Samedis’, por celebrarse las reuniones en sábado- en torno a temas concretos, y que posteriormente se recogían en la Gazette de Tendre y en las Chroniques du Samedi.[5]
De este modo, se crea entre los que frecuentan el salón de Madeleine de Scudéry un ambiente simbólico de poder en el que la anfitriona era el ideal a imitar en las maneras y las conversaciones y cuya potestad ejercía en su reino por medio de actos discursivos donde destacaba la retórica concertada. Asimismo, conocedora de la historia antigua, Scudéry traslada a la Antigüedad a las más célebres personalidades de su época, sus familias y sus casas, y les otorga rasgos y nombres de personajes históricos, insertándolos en las diferentes hazañas e intrigas que se intercalan en sus novelas. Mediante versos, madrigales, charadas, retratos e improvisaciones sobre temas poéticos o sociológicos, se crea un lenguaje iniciático con el que los asiduos a sus reuniones fueron adquiriendo pseudónimos novelescos: Madeleine era Sapho, Paul Pellisson era Acante, Valentin Conrart era Théodomas, Samuel Isarn era Trasile, Mlle Perricquet era Alphise… [6]
Además, la anfitriona tiene potestad a la hora de discutir las obras del momento. Su prosa es oída y admirada por los asistentes, que la siguen e imitan en las formas y en las ideas. A este respecto, cuando Maître (2002) examina las imágenes de potestad de este reino y el sentido de esta figuración político-jurídica de soberana, concluye que la figura de reina del reino de ‘Tendre’se articula entre el mundo y las Bellas Letras, en el corazón de la galantería. Mademoiselle de Scudéry se sabía bien informada de los asuntos y debates contemporáneos sobre el absolutismo, por lo que su reino constituiría, según la investigadora, una imagen de la soberanía moderna, cuyos rasgos de poder en el universo alegórico de ‘Tendre’ provendrían del conocimiento literario, como afirma cuando asegura que Madeleine-Sapho habla como «una reina que ha leído a Tito Livio, pero también a Bodin, Guez de Balsac, incluso Naudé, y resulta fácil suponer el papel que desempeñaban en la redacción de estos textos los abogados, los parlamentarios y los funcionarios del Estado que rodeaban a Madeleine de Scudéry, en particular Pellisson y Conrart» (Maître, 2002:179-180).
Estos tres últimos autores citados por Maître (2002)[7] sostenían que no se puede obviar que la soberanía moderna estaba fundada en la razón, y que esta imponía, en primer lugar, una definición jurídica del Estado. Por ejemplo, en Les six livres de la République (1576), el jurista Jean Bodin exponía que la soberanía debía estar encarnada en un soberano absoluto, creador del derecho, quien debe mantener con sus súbditos y oficiales una relación fundada ya no sobre la fidelidad de vasallaje, sino sobre la obediencia y el amor, y que coloca en el corazón de esta obediencia el respeto de los misterios del Estado. De esta manera, la soberanía se diferencia de la fuerza tiránica, ante todo, por el reconocimiento y la legitimidad. En esta dirección, en la Relation de ce qui s’est depuis peu passé à Tendre, recogida posteriormente por Pellisson en las Chroniques, Mlle de Scudéry defiende su imperio, recordando sus orígenes recientes, como recoge Niderst (1976:251):

Por lo tanto, Madeleine-Sapho no actúa con autoridad absoluta, sino que otorga a su Estado, según Maître (2002), un origen histórico y profano (no natural ni divino), que nace de la voluntad y la razón humanas, y cuyo acto fundador otorga legitimidad para reinar y para legislar. Ella es soberana porque es la creadora y fundadora de ese reino, su reino. Y la primera marca de soberanía en ‘Tendre’, de la que emanarán las demás, es infundir ley a todos en general, y a cada uno en particular, sin el consentimiento de nadie. El soberano −en este caso, la soberana−, ‘lex animata’, es creadora de derecho. Encontramos un ejemplo de ello cuando Scudéry concede a su gran amigo Pellisson un plazo de seis meses para superar las diferentes etapas con el fin de que este alcance el nivel superior de amistad −donde el ‘tendre ami’ (tierno amigo) ocuparía el último y más exclusivo nivel−. Así lo reconocía Pellisson-Acante en sus Chroniques,[8] como indica Maître (2002):

Tras los seis meses de plazo, en febrero de 1654, Madeleine-Sapho acordó que el ingenioso Pellisson-Acante ya era digno de una amistad ‘tendre’ y que estaba preparado para sortear −como él los llamaba− «los funestos lugares que conducen al Lago de la Indiferencia o a la Mar de Enemistad» (Belmont, 1902:672). Por su parte, Aronson (1986:209) asegura que lo que deseaba Madeleine de Scudéry dándole este plazo a Pellisson era asegurarse de que él poseía sentimientos sólidos hacia ella[9] y una amistad «para toda la vida».
Otra marca de soberanía que Maître (2002) extrae de las reflexiones de Balzac, Naudé y Bodin es la capacidad de instituir y destituir a los grandes cargos, cuyos puestos saben utilizar para marcar las diferencias necesarias entre sus súbditos, de las que ni las repúblicas ideales pueden escapar. De esta manera, Madeleine-Sapho designa a los miembros del Consejo Supremo en ‘Tendre’ en función de su antigüedad. Por otra parte, la soberanía también es la capacidad de declarar la guerra o tratar la paz, uno de los grandes pilares de la majestad. Lo vemos en el caso de su amigo Isarn-Trasile, quien recibe la autorización para preparar navíos y embarcar tanta munición de guerra como le fuera necesaria para la expedición secreta más allá del reino imaginario de ‘Tendre’, en «Tierras desconocidas».
Se trata, por lo tanto, de un poder simbólico que la autora ejerce a través de un juego cartográfico cuyo lenguaje alegórico deben saber manejar bien los participantes-súbditos que quieren superarlo. Esta imagen femenina de poder se entrelaza y complementa con la imagen femenina del amor. Todo un universo alegórico en el que realidad y ficción se fusionan para dar visibilidad a la concepción de los sentimientos entre hombres y mujeres desde una perspectiva femenina, como a continuación tratamos.
1.1. La ‘Carte de Tendre’: la perspectiva scudériana de la amistad y el amor
Este mapa aparece –a modo de desplegable- en la primera parte de la Clélie (Scudéry, 2001:175-187) como un infalible código de conducta para las mujeres que pretenden encontrar la libertad y la habilidad en las relaciones aparentemente amistosas. La propia Clélie lo presenta como una agradable moral de amistad, de la que Aronce propondrá rápidamente una interpretación propiamente amorosa, ofreciendo de esta manera una doble lectura. El mapa se presenta como una descripción cartográfica alegórica de los diferentes estadios por los que pueden pasar los sentimientos de amistad en las relaciones entre hombres y mujeres, ejemplificado en la narración de la «Histoire d’Herminius et de Valérie» (Scudéry, 2003:67-214), en la que el código lingüístico permite a los enamorados balancearse a voluntad entre el amor y la amistad, como reflejan las palabras codificadas de Herminius-Pellisson en una de sus cartas dirigidas a Valérie-Madeleine:[10]

La ‘Carte de Tendre’ es el preludio que enuncia la continuación de la obra en tanto que tratado de amistad entre hombres y mujeres.
Recordemos que, en pleno siglo XVII, la razón cartesiana se manifiesta en un clasicismo cultural y se impone ante las turbulencias que pueden conllevar las pasiones del ser humano reflejadas en el reciente pasado barroco. En este contexto de moral social, este mapa viene a ser un pasatiempo de salón que supone, como subraya Marín (2002:159), «la expresión de una melancólica búsqueda de las relaciones personales basadas en el respeto a la mujer», una de las máximas del Preciosismo de Madeleine de Scudéry. En este sentido, la desconfianza ante los peligros de la pasión conduce al anhelado amor ideal en el que la prudencia controlaría la inclinación, es decir, el deseo: «la relación amorosa –puntualiza Marín (2002:159)− debe entenderse como una feliz ascesis y no como una tiranía del ansiado poder».
Madeleine de Scudéry presenta en su salón, y mediante el personaje de Clélie en la novela homónima, la geografía de la ‘Carte de Tendre’, que le sirve de guía para presentar los diferentes grados de amistad con el fin de que los nuevos amigos progresen. La evolución de estos grados de la amistad bascula desde lo que ella denomina los ‘demi-amis’ (medio amigos), los ‘amis d’habitudes’ (amigos de costumbres), los ‘solides amis’ (amigos sólidos), los ‘amis particuliers’ (amigos particulares), hasta finalmente alcanzar el grado de los ‘amis tendres’ (amigos tiernos) de toda mujer. Lo comprobamos en la siguiente descripción:

Al igual que hace en su salón Madeleine-Sapho, en la ficción Clélie explica a sus amigos presentes que este grado supremo de amistad (Scudéry, 2001:116-118)[12] −que ella llama ‘tendresse’ (ternura)[13]−se puede conseguir a través de tres formas diferentes: por una gran estima, por inclinación o por agradecimiento (Scudéry, 2001:182). De esta manera, el mapa está compuesto por tres grandes ciudades: ‘Tendre sur Inclination’, ‘Tendre sur Estime’ y ‘Tendre sur Reconnaissance’ (Scudéry, 2001:182), las cuales se emplazan sobre tres ríos que portan sus nombres respectivamente. El hombre iniciado, que comienza en ‘Nouvelle Amitié’ (ubicada en el sur del mapa) y tiene que llegar a ‘Tendre’ (en la parte norte), debe recorrer una serie de pueblos, flanqueados por ríos, montañas y lagos, en donde superar unas pruebas hasta llegar a una de estas tres ciudades. Para este fin, se le proponen tres rutas diferentes (Scudéry, 2001:181-182).
En la primera, que va desde ‘Nouvelle Amitié’ hasta ‘Tendre sur Inclination’ (ubicada en la parte superior central del mapa), no aparece ningún pueblo porque, como indica Clélie, la ‘tendresse’ que nace por inclinación no necesita nada más para conseguir llegar a ‘Tendre’ (Scudéry, 2001:183), la meta. Precisamente el ‘Fleuve d’Inclination’ (Río de Inclinación), con sus respectivos afluentes y meandros, corta el reino en dos. A cada lado de este río encontramos varios pueblos. De esta forma, como la ‘tendresse’ también puede conseguirse por un sentimiento de estima, existe una segunda ruta: el iniciado puede llegar desde ‘Nouvelle Amitié’ hasta ‘Tendre sur Estime’ (ubicada en la parte superior derecha de este río). Para alcanzarla, debe comenzar por ‘Grand Esprit’ y atravesar los pueblos llamados ‘Jolis Vers’ (Bonitos Versos), ‘Billet galant’ (Billete galante) y ‘Billet doux’ (Billete dulce), que representan las características más básicas de una persona de «gran espíritu». A continuación, para realizar un gran progreso en esta ruta, es imperativamente necesario pasar por ‘Sincérité’ (Sinceridad), ‘Grand cœur’ (Gran corazón), ‘Probité’ (Honradez), ‘Genérosité’ (Generosidad), ‘Respect’ (Respeto) y ‘Exactitude’ (Exactitud), cualidades necesarias para llegar a ‘Bonté’ (Bondad) (Scudéry, 2001:183), que es, según Maître (1999:588): «una de las cualidades más importantes de todo el universo moral de Mlle de Scudéry».
Asimismo, el iniciado puede elegir una tercera ruta, que comienza desde ‘Nouvelle Amitié’ hasta ‘Tendre sur Reconnaissnce’ (ubicada en el noroeste del mapa). En esta ruta el inciado debe comenzar por ‘Complaisance’ (Gentileza) y atravesar los pueblos de ‘Soumission’ (Sumisión), ‘Petits Soins’ (Pequeñas atenciones), ‘Assiduité’ (Asiduidad), ‘Empressement’ (Esmero), ‘Grands Services’ (Grandes Favores), ‘Sensibilité’ (Sensibilidad), ‘Tendresse’ (Ternura), ‘Obéissance’ (Obediencia) y ‘Constante Amitié’ (Amistad Constante), que conforman el camino más seguro para llegar a ‘Tendre sur Reconnaissance’ (Scudéry, 2001:183-184). Quienes, comenzando desde ‘Nouvelle Amitié’, se desvíen demasiado hacia el este pasarán por otros pueblos como ‘Tiédeur’ (Tibieza), ‘Légèrete’ (Levedad) o ‘Oubli’ (Olvido), que desembocan en el ‘Lac d’Indifférence’, de aguas tranquilas; y quienes se desvíen demasiado hacia el oeste pasarán por ‘Indiscrétion’ (Indiscreción), ‘Perfidie’ (Perfidia), ‘Orgueil’ (Orgullo), ‘Médisance’ (Maledicencia) o ‘Méchanceté’ (Maldad), desembocando en la ‘Mer d’Inimitié’ (Mar de Enemistad), donde todos los navíos naufragan a causa de la agitación de las olas (Scudéry, 2001:184).
De esta forma, Clélie hace comprender a sus amigos que para llegar a convertirse en amigos ‘tendres’ hay que demostrar poseer mil buenas cualidades, y que quienes no las posean solo pueden aspirar a su indiferencia. De esta manera, la joven les asegura que ella nunca ha sentido amor en su corazón, solo amistad suprema, por eso hace desembocar el ‘Fleuve d’Inclination’ en la ‘Mer Dangereuse’ (Mar Peligroso), puesto que, según ella, es peligroso para toda mujer exceder los límites de la amistad. Y más allá de este peligroso mar se encuentran las ‘Terres Inconnues’, que simbolizan las tierras que nadie conoce (Scudéry, 2001:184). Los viajeros deben superar estas etapas, permanecer en ellas, distinguirse, continuar el camino y evitar caer tanto en el ‘Lac d’Indifférence’, que protegía los accesos a la ciudad de ‘Tendre’, como en la turbulenta ‘Mer Dangereuse’, que les podía hacer naufragar. De esta forma, los asiduos al salón se sumergen en la fantasía literaria y en la galantería, y ponen todo su empeño para superar los obstáculos con el fin de conseguir ser reconocidos por todos y, sobre todo, por Madeleine de Scudéry, como miembros fieles al imperio de su reino.
A modo de competición cuya meta es la amistad amorosa de Clélie, tanto Aronce como Horace, y sus amigos Herminius y Célère, le piden que les enseñe ese mapa. Herminius-Pellisson se entusiasma con las pruebas que tiene que realizar para conseguir su amistad más íntima como se muestra en el siguiente pasaje:

No obstante, tras la explicación cartográfica, el enamorado Horace se queja a Clélie por no saber qué camino escoger para alcanzar ‘Tendre’:

La conversación continúa con la prohibición de la joven al enamorado Horace de acercarse a ella, pues esta le asegura que nunca alcanzará el lugar que ocupa su amado Aronce en ‘Tendre’. Así lo expresa la joven:

El poder simbólico que ejerce el mapa sobre los dos enamorados, Aronce y Horace, provoca en cada uno de ellos querer ser el primero en alcanzar la meta, ‘Tendre’, y los enfrenta como rivales a pesar de su amistad. Así se expresa:

En esta dirección, cabe señalar que la vida y la carrera de Madeleine de Scudéry gira en torno a las amistades mantenidas en los encuentros en el barrio parisino del Marais y a las de protección y clientelismo en los entornos de la familia de Rambouillet, de los Clermont d’Entragues, y del superintendente de finanzas Nicolas Fouquet. A partir de estas relaciones de amistad, Scudéry fija el buen uso de las palabras y de las maneras en su novela, codificando las diferentes formas de conducta que se ha de tener entre un inferior y un superior, o entre personas en la misma posición social. Esta analogía entre el aspecto social y el aspecto sentimental de la amistad se refleja en el empleo de las nociones de obligación y, en especial, de estima y agradecimiento que constituyen los términos alegóricos principales del mapa. De esta manera, en «L’Histoire d’Hésiode» narrada en la cuarta parte (Scudéry, 2004:286-421) se describe la dualidad del deber de fidelidad del favorito hacia su señor y del deber, al mismo tiempo, de fidelidad del amante a su amada, delimitando en este doble ámbito el terreno de la obligación y el de la libertad. Así se expresa cuando el ambicioso Lysicrate no valora el amor de Clymène, quien comienza a sentirse atraída por Hésiode (Scudéry, 2004:379), que se ha enamorado de ella a pesar de que él mismo sirve a Lysicrate:

De esta manera, como subraya Morlet-Chantalat (2002:21), la novela puede entenderse como un tratado de fidelidad en el amor y en la amistad entre los casados, los amantes y los amigos, pero también como una presentación de derechos y deberes de los individuos en el interior del pacto de la vida en sociedad. Un pacto social útil para ambos individuos, a saber, el que está en posición superior, pero también el que ocupa la posición inferior. Todo ello a través del intercambio de voces que implica la conversación entre el discurso masculino y el discurso femenino, y la lectura que la ficción amorosa pueda dar de la reflexión sobre el heroísmo y los cambios que el héroe −o heroína− pueda sufrir a lo largo de su labor en el mundo. La conversación sobre la gloria establece un lazo metafórico entre la gloria militar ensalzada por la hazaña y la gloria interior, que nace tras la conquista amorosa y la estima que de ella se deriva.
Este paralelismo de formas entre la guerra y el amor se entiende, de acuerdo con Rougemont (1972:264-265), como la conjunción de significados tanto de la noción de pasión como de la de amor, que envuelve a la mujer. Ambas nociones están ligadas al sufrimiento, que legitima el gusto secreto de la consciencia occidental por la guerra. Una relación singular de cierta idea de la mujer y de la guerra que, desde la Antigüedad hasta nuestros días, entraña profundas consecuencias para la moral, la educación y la política, y que, a partir de las investigaciones en psicología emprendidas desde el siglo XIX –especialmente las de Freud− relacionan con el instinto combativo en su relación con el instinto sexual. En cuanto al lenguaje guerrero del amor, si bien los poetas antiguos usaban metáforas guerreras para describir sus efectos (el dios del amor era un «arquero» que lanza «flechas mortales») con los que la mujer se rendía al hombre que la conquistaba, porque era el mejor guerrero (incluso recordemos que la finalidad de la guerra de Troya era la posesión de una mujer); a partir de los siglos XII y XIII el lenguaje amoroso se enriquece de giros que no solo designan gestos fundamentales del guerrero, sino que también se toman prestados de forma más precisa del arte de las batallas y de la táctica militar de la época, en un paralelismo más minucioso (el amante es «prisionero» de la amada a la vez que «vencedor»; o un «vasallo», como si hubiese sufrido una derrota) y que los escritores y la retórica cortés han explotado desde entonces.
De este modo, Rougemont (1972:266-268) recuerda que la cortesía −cuyos valores se oponían a los de la Iglesia− era propia de la aristocracia y que, si bien en la época medieval esta era especialmente ruda, gustaba desempeñar un papel ideal creador de bellas apariencias que triunfaba en la literatura, imponiéndose a la realidad más violenta de aquellos tiempos: la guerra (el ‘ars amandi’ dio lugar al ‘ars bellandi’). Un ideal caballeresco cuyas necesidades de estrategias guerreras se sacrificaban a las de la estética o el honor cortés. En este sentido, para Rougemont (1972:279), en el siglo XVII la caballería representa un esfuerzo para dar un estilo al instinto, y la guerra se concibe como un juego, como una partida de ajedrez. La sociedad y la cultura de la época de Madeleine de Scudéry hacen un esfuerzo por recrear el mito de la pasión, que se expresará mediante expresiones rituales, como se mostraba en L’Astrée, en un intento de ordenar la Naturaleza, la materia y sus fatalidades, siguiendo las leyes de la razón humana y del interés personal. La guerra y la pasión se conciben ahora como males inevitables, pero, por otra parte, secretamente deseados.
A tenor de lo anterior, el mapa scudériano puede considerarse una especie de manual de reflexión moral a modo de enseñanza preparatoria para convertir al hombre en un ‘honnête homme’, o lo que es lo mismo, un manual de comportamiento cortés, sea amoroso o de amistad, como herramienta para el buen funcionamiento de las relaciones en sociedad.[14] De acuerdo con Maître (2002), la figuración del reino de ‘Tendre’ proporciona muchas de las concepciones políticas y morales de su soberana, en tanto en cuanto el texto y otros escritos que se crean en este reino circulan entre públicos diversos que participan de su sentido. Este tratado de moral de la amistad convierte a las mujeres en heroínas, como se muestran en las historias intercaladas de la Clélie, pues deben resolver solas, como apunta Morlet-Chantalat (1994:321), la difícil cuestión del amor y el matrimonio que abordaba Aronson (1979). Para Madeleine de Scudéry, las mujeres deben estar más enamoradas de su libertad que de los hombres. Así lo mostraban algunas de sus heroínas como Cynésie cuando se narran las historias intercaladas de sus vidas:

Y, sobre todo, Plotine, prototipo femenino del Preciosismo, es decir, mujer que rechaza el matrimonio y la maternidad impuestos:

En este sentido, el conjunto de la obra Clélie, histoire romaine enseña a las mujeres que el matrimonio debe significar únicamente constancia y compromiso recíprocos. Morlet-Chantalat (1994:322) entiende este compromiso del hombre como única garantía para la libertad y la autoridad de la mujer.
2. Conclusiones
El reino de ‘Tendre’ creado y situado simbólicamente en el salón de Madeleine de Scudéry es propicio para el surgimiento y puesta en escena, en la realidad y en la ficción, de la ‘Carte de Tendre’. Este mapa alegórico es la expresión de una manifestación de la rebelión de la condición femenina que desemboca en el ejercicio de poder de las mujeres sobre los hombres. Para alcanzar este grado superior e íntimo de la amistad, el hombre enamorado debe responder a las órdenes de su amiga o amada, respetar las reglas del decoro y manifestar una fidelidad tan íntegra que la mujer nunca dude de su virtud. De esta manera, con las mismas intenciones que tuvieran Leonor de Aquitania y María de Francia en el siglo XII a través de la difusión del «amor cortés», Madeleine de Scudéry promulga en el siglo XVII el ideal del ‘honnête homme’, hombre galante que busca la gloria amorosa mediante actos y conversaciones a la altura de la dama de la que está enamorado.
El matrimonio solo es aceptado si es por amor, pero un amor platónico a través de una amistad ‘tendre’ cuya consecución supone la superación de una serie de pruebas planteadas en el mapa. Por lo tanto, la cuestión del amor es el primer tema de conversación de estas mujeres, así lo refleja la escritora y moralista, puesto que el amor les compete de primera mano. Se trata de una característica femenina que Maître (1999:571-633) estudia como gesto lingüístico. Son las mujeres en general, y Madeleine de Scudéry en particular a lo largo de las conversaciones que entablan los personajes femeninos de la Clélie, quienes instruyen a los hombres que las acompañan en las cuestiones del amor, enfocado este, por lo tanto, desde una perspectiva femenina que serpentea por las lindes de la ‘Carte de Tendre’ hasta las voces que lo manifiestan.
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Scudéry, Madeleine de (2005): Clélie, Histoire romaine. Cinquième et dernière partie 1660. Éd. critique par Chantal Morlet-Chantalat. Paris: Honoré Champion.
Scudéry, Madeleine; Pellisson, Paul, et leurs amis (2002). Chroniques du samedi suivies de pièces diverses (1653-1654). Edition établie et commentée par Alain Niderst, Delphine Denis et Myriam Maître. Paris: Honoré Champion.
Tallemant des Réaux, Gédéon (1834-1835). Les Historiettes de Tallemant de Réaux. Mémoires pour servir à l'histoire du XVIIe siècle. Sur le Manuscrit inédit et autographe, avec des éclaircissements et des notes de Messieurs Monmerqué, 6 vol. Paris: Alphonse Levavasseur, Libraire.
Verna Haize, Christine (2002). La volupté des mots dans Clélie de Mademoiselle de Scudéry. Tesis doctoral dirigida por Mª Ángeles Sirvent Ramos. Alicante: Universidad de Alicante. [En línea]. URI: http://hdl.handle.net/10045/10061
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