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Islas cotidianas. Nuevos espacios para el turismo comunitario en áreas marginales de la Sudamérica fluvial
Everyday islands. New spaces for community tourism in peripheral areas of riverine South America
A&P continuidad, vol. 11, núm. 20, pp. 56-69, 2024
Universidad Nacional de Rosario

Dossier temático

A&P continuidad
Universidad Nacional de Rosario, Argentina
ISSN: 2362-6089
ISSN-e: 2362-6097
Periodicidad: Semestral
vol. 11, núm. 20, 2024

Recepción: 29 Febrero 2024

Aprobación: 24 Junio 2024

CÓMO CITAR: Mines, P. B. (2024). Islas cotidianas. Nuevos espacios para el turismo comunitario en áreas marginales de la Sudamérica fluvial. A&P Continuidad, 11(20), doi: https://doi.org/10.35305/23626097v11i20.461

Resumen: En la Sudamérica fluvial, las tierras bajas son escenario de superposición de procesos naturales y procesos urbanos; la falta de proyecto que integre tierra y agua y oriente transformaciones sustentables en el territorio, aumenta vulnerabilidades y desigualdades, alejando oportunidades, especialmente en las áreas marginales. A pesar de los numerosos aspectos críticos, estas periferias suelen presentar importantes recursos patrimoniales, naturales y culturales de capacidad representativa. El turismo cultural, y especialmente patrimonial, puede desempeñar un papel notable, al renovar estos valores y transformarlos en oportunidades de desarrollo sustentable desde abajo. Se propone una reflexión proyectual del tipo investigación-servicio que postula lo insular como clave de lectura e interpretación cultural territorial. El paisaje cultural de islas, interpretado a escala sudamericana, regional y local, sirve para caracterizar los espacios del turismo comunitario en territorios fluviales. La investigación identifica una posible proyectualidad insular que el proyecto de turismo patrimonial puede promover de manera comunitaria. Se discute el rol activista del proyecto y el valor de lo colectivo en la organización de islas posibles, propicias para el turismo y la vida cotidiana en tiempos de cambio climático.

Palabras clave: paisaje insular, proyecto, turismo comunitario.

Abstract: In the riverine South America, lowland areas shape the setting where both natural and urbanistic processes overlap. The lack of a project with an orientation towards sustainable transformations of the terrain integrating land and water increases vulnerability and inequality, which in turn, pushes away opportunities, especially in peripheral areas. Despite numerous critical aspects, these areas usually present important heritage, natural and cultural resources that have notable representative capability. Cultural and especially heritage tourism can play a fundamental role in renewing these values and transforming them into opportunities for a sustainable bottom-up development. A reflection grounded on service-design research postulating the island as a key element of a territory's reading and cultural analysis is proposed. The cultural landscape of the islands -which is interpreted from a South American, regional, and local perspective- becomes useful to characterize the tourism community space in the peripheral areas. This research identifies the possibility of an islands-centered project which can be promoted at a communal level by the heritage tourism project. The project’s activistic role and the value of the collective in the construction of possible islands suitable for tourism and everyday life in times of climate change are discussed.

Keywords: island landscape, project, community tourism.

Introducción

El contexto de cambio climático, la globalización y la pérdida de singularidades locales son en América Latina y el Caribe, aspectos de un desafío mayúsculo. La aceleración del proceso de urbanización indiferenciada sobre ecosistemas naturales aumenta desigualdades ambientales, sociales y económicas (ONU, 2011).

Los proyectos de escala local constituyen los sistemas de planificación y gestión (desde abajo) con capacidad de poner en marcha procesos de desarrollo sustentable (Zagare y Manotas Romero, 2014;Mihura, Imhof y Mines, 2021). ). El turismo tiene un rol clave al integrar crecimiento económico, reducción de la pobreza, preservación de los valores culturales y recursos ambientales (UNESCO, 2017). Sin embargo, como motor de desarrollo, el turismo (en relación con el patrimonio) deja al descubierto su “doble capacidad: el poder de desarrollo en procesos de regeneración territorial y, al mismo tiempo, el riesgo que representa para el sentido mismo de los lugares” (Marzo, 2020, p. 7). La reciente pandemia ofreció una oportunidad para “reconfigurar y hacer más sustentable el sector”(UNWTO, 2023). La nueva demanda busca experiencias auténticas e innovadoras, reorientando las motivaciones del turista hacia los “destinos de cercanía” (experiencias y emociones, lugares cercanos desconocidos, conexión con las comunidades y sus culturas) (Agencia de Noticias Científicas de la Universidad de Quilmes, 2022), y dando surgimiento a nuevas modalidades como el “turismo de aldeas” (aquel que valora pueblos que preservan culturas y tradiciones, tienen diversidad, brindan oportunidades y salvaguarda la biodiversidad) (UNWTO, s.f.). Este contexto internacional abre al turismo comunitario o de base comunitaria nuevas perspectivas no exentas de resultados diversos (Milano y Gascón, 2017). Según la Declaración de San José (2003, p. 1), “el turismo comunitario sostenible es aquel que promueve un adecuado equilibrio de valores éticos, sociales y culturales; complementa y potencia la economía familiar y comunitaria; mejora las condiciones de vida y trabajo de sus miembros; revitaliza las expresiones de la cultura autóctona y preserva los ecosistemas locales” (Cit. en Maldonado, 2006).

Para Mata Olmo (2013), el paisaje entendido como carácter del territorio, es lo que mejor transmite el cambio de lugar, contribuyendo así –más que como atributo– a la verdadera esencia del turismo. El paisaje expresa, como ningún otro concepto, el carácter del territorio socialmente percibido (Nogué, 2007). Para el turismo comunitario, el paisaje es esencial, es identidad y marca, que se expresa en el modo de relación cultura-ecosistema local.

En la región Litoral, la ciudad de Santa Fe exhibe un predominio hídrico que distingue el aglomerado dentro del sistema fluvial del río Paraná. El Programa Ambiente y Sociedad (PAS) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) define el área que involucra el distrito La Costa (Santa Fe) y las localidades contiguas de San José del Rincón y Arroyo Leyes como Micro Región Insular (MRI). Esta iniciativa ha permitido abrir la “reflexión sobre la interpretación e incorporación de los cuerpos de agua y espacios insulares como posibles componentes de un territorio integrado a partir del concepto de espacio público, en un marco de desarrollo sostenible y conservación de valores asociados a la identidad territorial” (Reinheimer y Mines, 2021, p. 141). Durante más de una década, hemos tomado parte en la caracterización del área desde “un enfoque territorial ambiental que considera la multidimensionalidad del desarrollo sustentable, con énfasis en las particularidades que aporta la cultura, y que hoy, está convergiendo en el paisaje” (Mines e Imhof, 2022, p. 77), precisamente, en el paisaje insular[1]. En esta línea, en un texto de 2021 (Mines y Galarza, 2021) hemos recuperado las contribuciones locales sobre el corredor de La Costa (Collado, 2011) y los estudios de Bertuzzi (2006, 2010, 2012, 2015) sobre el albardón costero a lo largo de la Ruta Provincial Nº1 (Bertuzzi, 2010, p.154). Estos trabajos dejan sin considerar la parte sur del sistema fluvial. La definición del área de estudio como insular, en medio del valle de inundación, es abordada desde el paisaje cultural como estrategia de identidad, desarrollo, y acuerdos (Mines e Imhof,2023). Diversos dispositivos universitarios (proyectos de investigación, extensión y prácticas de enseñanza experiencial) han servido para identificar demandas de conocimiento y ensayar estrategias de intervención. El desarrollo del proyecto de turismo comunitario en el paraje La Boca constituye un caso demostrativo, tema generador de un proceso de desarrollo alternativo que busca atender de manera interdisciplinaria las dimensiones del desarrollo en áreas vulnerables y periféricas.

La convocatoria de la Revista A&P Continuidad invita a pensar el proyecto atravesado por el turismo, el paisaje y el patrimonio, y es oportunidad para indagar la proyectualidad en paisajes insulares y espacios del turismo comunitario. ¿Cómo son los espacios del turismo comunitario en islas de la Sudamérica fluvial? ¿Qué rol desempeña el proyecto del turismo en el paisaje insular? La reflexión proyectual se inscribe en el tipo de investigación-servicio porque busca generación de conocimiento y empoderamiento de la comunidad (Fernández, 2013). Indirectamente, la investigación se pregunta por el rol del proyecto, su función cognitiva y las estrategias de apropiación. Se recurre a fuentes primarias (obtenidas en el trabajo de campo), fuentes secundarias (trabajos académicos, difusión en sitios web y redes sociales). Experiencias personales, entrevistas, casuística y recopilación bibliográfica apelan a herramientas de descripción textual y gráfica (Silvestri, 2013) y a la capacidad de relación multiescalar de la investigación proyectual (Scheps, 2021).

Considerando que las formas de intervención y de apropiación del paisaje están condicionadas por la manera de entender la naturaleza (Gómez Alzate, 2010) se postula lo insular como interpretación cultural de un territorio. La condición geográfica y cultural del continente-isla sudamericano y de tres sistemas insulares fluviales de escala metropolitana –los casos del Delta do Jacuí (Porto Alegre) en Brasil, islas del delta (partido de Tigre) y MRI en el río Paraná en Argentina– contextualizan los casos locales del Museo da Ilhas, Aldea Itekoa y La boca: isla a puertas abiertas, caracterizados con las claves propuestas por Sara Cipolletti (2020) para los espacios del turismo. Se discute sobre el rol del proyecto en las tierras fluviales como dispositivo de activismo multiescala, en la configuración de islas cotidianas como hábitats posibles en tiempos de cambio climático.

La isla, condición geográfica-cultural

Según el Diccionario AKAL de Geografía citado por Lois (2013) una isla es “tierra aislada por el agua por todas partes”. Desde el Renacimiento, las investigaciones geográficas han encontrado suficiente consenso en considerar las islas como una de las cuatro categorías en que se clasifican las tierras emergidas: continente, isla, península e istmo. Este sistema taxonómico de formas caracteriza una espacialidad restringida y discontinua y permite diferenciar islas de continentes, componentes de tierra y de agua, imprimiendo además un sello particular (carácter específico) en los grupos humanos que las habitan.

Godfrey Baldacchino (2022), sociólogo y especialista en estudios insulares, enfatiza la dimensión histórica de las islas. A la geografía categorizando el territorio aislado rodeado de agua, suma la historia estudiando el necesario movimiento hacia y desde ese espacio: aislamiento y relación continente-isla (contacto, conexión) describen igualmente la condición insular.

Stefania Staniscia (2013) ha orientado sus investigaciones sobre las islas, especialmente las mediterráneas, como poderoso dispositivo cognitivo y herramienta de diseño en el abordaje de temáticas especiales como la movilidad y turismo. Propone tomar las islas como las células de los biólogos: unidades elementales dotadas de propiedades comunes que pueden analizarse para identificar causas, modos y resultados de procesos de cambio.

La biogeografía extiende el concepto de isla a todo hábitat propicio para cualquier especie rodeado de un entorno que no lo es (Garrido-Pérez, 2020, p. 84). La utilidad de este enfoque radica en la posibilidad de investigar a diversas escalas (desde lo microscópico hasta lo universal) al aislar entidades de diferente tamaño y complejidad (un charco, una ciudad, una isla propiamente dicha o un continente).

La vulnerabilidad insular es la característica que hace de los denominados pequeños estadosinsulares objeto de preocupación en las agendas internacionales del desarrollo sustentable (ONU, 1999, 2014). Son especialmente sensibles al cambio climático, la variabilidad del clima y al aumento del nivel del mar, con efectos profundos sobre la economía, las condiciones de vida y la supervivencia.

El valor de las islas como utopías ambientales ha sido planteado por Eduardo Prieto (2023) en la conferencia “Islas inauditas. Breve historia de las utopías medioambientales”. La relación entre isla y utopía es una relación esencial, por momentos significan lo mismo: representan lo lejano, aquello a lo que cuesta llegar; son figuras cerradas y definidas en sí mismas; y ambas refieren a la autosuficiencia y autonomía.

En turismo, la riqueza cultural asociada a las islas ha dado lugar al estudio de las imágenes visuales que anticipan la experiencia turística (Troncoso, 2013), y que sirven para que los visitantes se hagan una imagen de lo que encontrarán en el destino aun cuando nunca lo hayan visto (Lois, 2013).

En síntesis, la isla, las islas[2], consideradas tierras emergidas rodeadas de agua, son una de las taxonomías isla-continente, tierra-agua. Se caracterizan por la relación aislamiento y conexión, establecida a lo largo de la historia y factor determinante de la vida. Son unidades vulnerables con carácter representativo, imágenes textuales y visuales, condición geocultural, laboratorios donde imaginar comunidades y utopías.

Islas, paisaje cultural de las tierras bajas

A escala planetaria, Sudamérica es una gran isla. Así lo interpreta Graciela Silvestri en “Las tierras desubicadas. Paisajes y culturas en la Sudamérica fluvial” (2021). La investigadora recuerda que la fragmentación del continente Godwana implicó la conversión de Sudamérica en una isla (Fig. 1). La extensión de tierra rodeada de agua y separada, por el norte, por el canal de Panamá y, por el sur, por el pasaje de Drake, ofrece las condiciones para definir de esta manera el objeto de estudio. Este carácter insular sudamericano resulta atractivo para los estudios contemporáneos. “La baja densidad histórica de la ocupación humana de las tierras bajas; el tardío interés occidental en penetrar en estos desolados parajes, cuando el oro y los metales se encontraban en la espina de los Andes; las dificultades de acceso y habitación en el corazón amazónico, donde aún viven unos sesenta pueblos aislados, refuerzan hoy este interés” (Silvestri, 2021, p. 32). Para Silvestri, la percepción de la escasez histórica encuentra sentido en la idea de Bachelard de imaginación material, imaginación seca, y por lo tanto terrestre, que deja sin considerar “nuestros paisajes, conformados por las violentas y sublimes dimensiones de ríos que de tan anchos hacen horizonte” (2021, p. 34)[3]. A Silvestri le preocupa la idea de la mirada cercana al ideal europeo, y el consecuente distanciamiento de las concepciones de territorio de los pueblos de las tierras bajas, más nómades que sedentarios.

Las débiles marcas y los vestigios poco evidentes en el ámbito fluvial litoral, contrastan con la vasta producción literaria de los paisajes fluviales y del gran río Paraná[4]. La narrativa fluvial se ve renovada en la actualidad con trabajos como las de Gabriela Cabezón Cámara (en la literatura) y Lucrecia Martel (en el cine) que encuentran en las islas nuevas utopías ambientales, en donde “imaginar otras organizaciones de la vida y del habitar juntos” (Gutiérrez, 2023). “Las islas son territorios físicos y a la vez imaginarios” (Moscovich y Reyes, 2016, p. 15), son los tesoros públicos ocultos en las geografías llenas de peligros, reflejos y murmullos que dan forma al territorio fluvial del Paraná en el “Bestiario de las islas”.

Y “si bien existen diferentes discursos sobre el paisaje, en realidad el paisaje que nos interesa tiene más valor de metáfora. Identifica una imagen cultural compartida respecto de un territorio. Constituye una interpretación cultural del territorio” (Ortega Valcárcel, 2012, p. 46). Así considerado, el paisaje cultural es un concepto holístico y transversal que permite abordar la complejidad de los sistemas fluviales compuestos por tierra y agua (y sus gradientes de barrosas humedades y humedales); que asume el conflicto de la superposición de procesos naturales y procesos urbanos[5]; con capacidad de configurar estructuras de relación entre patrimonios naturales y culturales dispersos en torno a una idea fuerza territorial insular que oriente el proyecto.

En el litoral fluvial santafesino, César Carli ha encontrado en el paisaje isleño fundamentos para un activismo profundo y una práctica singularizada a partir de una genealogía de espacios domésticos. “Los hábitos y comportamientos de las gentes están condicionados al medio en la que se desenvuelven; aunque el medio está inevitablemente penetrado por formas culturales exógenas, cierta región de la personalidad colectiva permanece apegada a los antecedentes lugareños” (Carli, 1980, p. 13).

Existe suficiente consenso respecto de que las geografías deltaicas e insulares resultan altamente vulnerables a las dinámicas hídricas particulares, la pérdida de biodiversidad que suelen albergar y la alta demanda antrópica a la que están sometidas (Zagare y Manotas Romero, 2014; Astelarra, 2020; Galimberti, 2020).

Sin embargo, en Santa Fe las islas “que propiamente dichas comienzan a una distancia no mayor de 500 metros del despacho del gobernador de la provincia” (Carli, 1980, p. 29), no habían sido abordadas como categoría geográfica-cultural condicionante del proyecto. Lo insular como metáfora continúa siendo poco explorado en el ámbito disciplinar local[6].

Frente a las limitaciones de la planificación tradicional y la necesaria redefinición de modelos de urbanización que integren cultura y naturaleza en el área metropolitana de Santa Fe, la MRI (Mihura, et. al, 2017; Mihura, 2013), la categorización de territorios urbanos insulares (Reinheimer y Mines, 2021), el paisaje insular (Mines, et. al., 2021), la formulación de la idea fuerza territorial insular (Mines y Galarza, 2021) y el paisaje de islas (Mines e Imhof, 2022), emergen como conceptos de posible desarrollo y que requieren necesaria dilucidación.

De esta manera, la isla como unidad terrestre, se propone como espacio mínimo de nominación y operación, físico y metafórico a interpretar desde el proyecto en sus diferentes escalas. Como idea-fuerza territorial, extendiendo el concepto de Sabaté Bel (2004) al paisaje insular, puede ser hilo conductor que cohesiona diversidad de recursos (barriales, locales, territoriales) para el proyecto de desarrollo sustentable desde abajo.

Islas, paisajes turísticos patrimoniales

La UNESCO, Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) reconocen el enorme papel del turismo en el aporte de soluciones sustentables a escala humana y planetaria, dado por su capacidad de motor de desarrollo. Para Sabaté Bel (2004) “una de las claves para el desarrollo es el turismo que resulta de una gestión inteligente de los recursos patrimoniales, ya que atrae inversiones y genera actividades y puestos de trabajo, pero fundamentalmente refuerza la autoestima de la comunidad” (p. 12).

El turismo representa una oportunidad para áreas periféricas o marginales. La red internacional Designing Heritage Tourism Landscape (DHTL) abordó específicamente esta temática[7] y define las áreas marginales como “zonas en las cuales están presentes condiciones económicas y sociales desfavorables, que generan una situación de retardo en el desarrollo respecto al contexto externo” (Rocha y Bertini, 2020, p. 11). El grupo de expertos subraya el valor de estos espacios para la innovación, la gestión patrimonial y el estratégico rol del proyecto en el aporte de claves interpretativas que orienten la potencia económica del turismo hacia la regeneración territorial a través de formas de turismo lento y sustentable.

Dado que el paisaje “expresa como ningún otro concepto el carácter del territorio socialmente percibido, así concebido es un activo económico que el turismo puede motorizar como oportunidad de desarrollo endógeno. El turismo de base comunitaria puede ser un eje clave activable de políticas territoriales” (Mines y Imhof, 2022, p. 77).

A pesar de su escepticismo respecto al turismo, Augé (1998) invita a aprender de nuevo a viajar, en las inmediaciones vecinas, para aprender a mirar de nuevo, a descubrir paisajes y encontrar otros seres humanos. Este modo de hacer turismo, distinto al turismo de masas, denominado turismo de cercanía, es una oportunidad para las experiencias comunitarias en áreas próximas, muchas veces periféricas a las áreas centrales, que requieren identificar los valores que configuran la identidad colectiva para singularizar su desarrollo. Retomando la Declaración de San José (2003) más arriba citada, el turismo comunitario puede aportar aspectos positivos en las dimensiones cultural, social, económica y cultural. O generar efectos totalmente contrarios. Con el nombre de “Dilema de la dualidad”, Milano y Gascón (2017) llaman la atención sobre las luces y sombras de los impactos del turismo en las comunidades anfitrionas y sus territorios.

Reconociendo las múltiples aristas que presenta el fenómeno, y alertados sobre aspectos de necesario estudio, este trabajo se aboca a la lectura inicial de los espacios del turismo comunitario, a través de las categorías propuestas por Cipolletti (2020), que funcionan como ejes con polaridades que caracterizan el espacio: 1) organizando el tiempo libre de manera opuesta (monofuncional y separada) o integrada (superpuesta a la vida cotidiana); 2) considerando el espacio turístico como escenografía-fachada o como lugar auténtico; 3) construyendo el espacio para o con los turistas, destinatario único o compartido.


Figura 1
La isla latinoamericana.
Fuente: Google.com.ar/maps.


Figura 2
Tres sistemas fluviales sudamericanos.
Fuente: elaboración de Maximiliano Mingo.

Con estas orientaciones, la acción investigativa analiza tres experiencias de turismo comunitario en sistemas fluviales sudamericanos (Fig. 2). A fin de contextualizar el estudio, primero se presentan los tres escenarios fluviales, dos de ellos pertenecientes a la gran Cuenca del Plata.

Islas del Delta del río Jacuí

El Parque Estadual do Delta[8] do Jacuí (PEDJ) Porto Alegre, capital de Rio Grande do Sul, localizada en el extremo sur de Brasil, es una Unidad de Conservación de protección integral, creada en 1976, actualmente con una superficie de 14.242 ha abarca áreas de 6 municipios preocupados por mantener un área verde cercana a la parte más urbanizada de la capital en donde las aguas del delta actúan como filtro natural, contribuyendo a la potabilidad de las aguas del Guaíba y a los buenos niveles de productividad piscícola. El complejo sistema hídrico incluye ríos, canales, bahías poco profundas, 16 islas fluviales y zonas continentales con marismas, bosques, llanuras aluviales y campos, y resulta importante para la conservación de esta enorme extensión de humedales y para proteger la dinámica hídrica del sistema deltaico. Además, los ambientes del parque son relevantes para asegurar la continuidad de los beneficios para la población de la región, ya sea desde el punto de vista histórico, cultural o de servicios ambientales, representando oportunidades de ocio, recreación, educación, turismo e investigación científica (Estado do Rio Grande do Sul, s.f.).

La gestión sustentable de los recursos naturales y la planificación territorial en la zona de amortiguamiento no ha logrado revertir aún la condición periférica de las islas habitadas por 14.500 personas, entre las que se encuentra la isla basural (documentada en el cortometraje Ilha das Flores[9]). La invisibilización de estas poblaciones motivó el proyecto Museo das llhas de Porto Alegre en la Ilha de Pintada, que en etapas posteriores pretende extenderse a las islas Grande dos Marinheiros, Pavão y Flores (Dalla Zen y Gelmini de Faria, 2021)

Islas del delta del Paraná

La primera sección de islas del delta del río Paraná (Municipio de Tigre, Argentina)[10]está integrada por islas que representan el 60% del ejido municipal. Tiene una superficie de 22.000 ha y aprox. 16 mil habitantes (datos provisorios del Censo 2022)[11]. La complejidad del área está dada, en términos naturales, por la transformación que sufre por los procesos aluvionales; en términos urbanos, por las presiones asociadas a la rápida urbanización del Área Metropolitana de Buenos Aires y en términos sociales, por las funciones diversas del territorio y los conflictos entre actores antiguos y nuevos (Zagare y Manotas Romero, 2014). El área está regulada por el Plan de Manejo Integral del Delta de Tigre de 2013, aprobado por ordenanza 3343/13, que tiene el objetivo general de equilibrar el proceso de ocupación territorial, la preservación de los procesos naturales que actualmente se desarrollan en dicho territorio, y mejorar la calidad de vida; su “función es la de fijar los criterios y estrategias centrales de ordenamiento ambiental del territorio, constituyéndose en el instrumento indispensable para gestionar el desarrollo sustentable del área insular a través de sus programas y proyectos” (art. 1).

En los últimos años, cooperativas de isleños y organizaciones socioambientales vienen denunciando el extractivismo urbano que destruye modos de vida (humedales para vivir, cultivar y trabajar)[12]. La habilitación de grandes emprendimientos inmobiliarios sobre las islas afecta a familias dedicadas a la pesca, a la mimbrería, a las huertas, a la construcción de muelles y a la carpintería, originando un proceso de reconfiguración territorial, estudiado por Astelarra (2020) como des-reterritorialización del urbanismo neoliberal en el territorio insular bajo la modalidad de urbanizaciones cerradas, barrios náuticos o countries. Frente a estos conflictos, colectivos ambientalistas están buscando alternativas como las ecoaldeas que recuperen los modos de habitar de las islas protegiendo los procesos naturales.

Islas de la Micro Región

La MRI en el valle del río Paraná, Argentina, es un área proyecto definida originalmente por el PAS de la UNL. Este espacio territorial ha sido propuesto como laboratorio a cielo abierto para avanzar en la gestión del desarrollo y la reconfiguración de las relaciones naturaleza-sociedad integrando las funciones universitarias de investigación, extensión y docencia[13]. Tiene 70.000 ha y una población de 60.000 habitantes (Censo 2010), de los cuales aprox. 4800 familias fueron relevadas en el Registro Nacional de Barrios Populares (ReNaBap, 2022). Se trata de un sistema fluvial modificado que incluye humedales, ríos e islas que presentan un sector de notable riqueza, con un patrimonio natural y cultural singular en donde se han desarrollado formas de habitar históricas ligadas a las condiciones geográficas del lugar y en estrecha vinculación con el río. El crecimiento poblacional en los últimos años, está poniendo en riesgo el humedal y los servicios que presta, provocando la pérdida de identidad local (a favor de imaginarios de tierra firme). En los barrios fluviales santafecinos del Distrito La Costa, entre los que se encuentran Alto Verde y Paraje la Boca, son evidentes estas problemáticas, en donde la vulnerabilidad hídrica y social restringen derechos ambientales, sociales y económicos (Programa Ambiente y Sociedad, 2023). Las islas son un territorio estratégico y de conflicto, en las cuales actores globales y políticas estatales entran en tensión con la producción y reproducción de la vida en el lugar (Acebal, 2023). En 2019 el PAS presentó la propuesta para declarar el área como Reserva hídrica Islas del Litoral ante el Ministerio de Ambiente de la Provincia de Santa Fe (que aún no se ha considerado), a partir de lo cual se vienen reuniendo argumentos sobre la importancia y representatividad de la fauna y la flora local, y los valores naturales y culturales a conservar. Actualmente el Proyecto de Extensión de Interés Institucional (PEII) “Paisajes de islas: Patrimonio y turismo comunitario como estrategia de desarrollo solidario” (2021-2023) es uno de los dispositivos interdisciplinarios que busca promover el fortalecimiento de la identidad local y el desarrollo de las microeconomías solidarias y el turismo comunitario con un enfoque de sustentabilidad.


Figura 3
Áreas comparadas Porto Alegre, Tigre (AMBA), Santa Fe (AMSFE). Información gráfica: agua (blanco), tierra (transparencia), urbanización (trama).
Fuente: elaboración de Maximiliano Mingo y Nicolas Badaracco.

Los tres sistemas fluviales (con 14.242, 22.000 y 70.000 ha cada uno, y poblaciones de 14.500, 16.000 y 60.000 habitantes, respectivamente) son sistemas hídricos deltaicos y fluviales con islas, que prestan servicios ecosistémicos, en los que se ejerce una fuerte presión urbana; con surgimiento de zonas periféricas a áreas centrales de Porto Alegre, Tigre (AMBA), Santa Fe (AMSFE) y procesos sociales de exclusión e vulnerabilidad. Los planes de manejo comparten objetivos referidos a la protección de los sistemas hídricos y los humedales, el patrimonio cultural material e inmaterial. A pesar de los marcos de protección, en los dos primeros casos, los instrumentos normativos no lograron revertir los conflictos naturaleza-cultura propios de las áreas metropolitanas fluviales. En los tres casos se han identificado procesos de invisibilización y re-territorialización[14].


Figura 4
Taxonomía de tierras y aguas en las áreas de Porto Alegre, Tigre (AMBA), Santa Fe (AMSFE) con localización de proyectos de turismo comunitario.
Fuente: elaboración Maximiliano Mingo y Nicolás Badaracco.

Espacios de turismo comunitario: isla museo, isla aldea, isla a puertas abiertas

Museu das Ilhas

El Museu das Ilhas, ubicado en la Ilha da Pintada, es un museo comunitario, entidad sin fines de lucro, fundado en 2016. Su creación y funcionamiento surgen de una red de colaboraciones público-privada (Universidad Federal de Rio Grande do Sul, Carrera de Museología entre otros actores). Se trata de un itinerario turístico de 3 km que visita el museo de calle[15], compuesto por 27 paneles, un mapa y maqueta táctil dispuestos de manera permanente. Reúne elementos representativos de la historia, la cultura y el territorio de Ilha da Pintada, en un inventario participativo de “la herencia de las relaciones en la vida cotidiana, la dinámica misma de la vida humana en interacción con otras vidas, diversidad cultural, biodiversidad, es decir, el patrimonio de la biosfera que alberga todas estas relaciones” (Priosti y Varina, 2007, p. 65, citado por Dalla Zein y Gelmini de Faria, 2021). Celebraciones, formas de expresión, artesanías y formas de hacer, y lugares forman este patrimonio museístico. Al museo se puede llegar en el barco Porto Alegre en un recorrido por las islas que incluye una parada en la Colonia de Pescadores Ernesto Alves Z5, donde se sirve el famoso pescado Taquara, así como la visita a pequeños comercios locales que ofrecen gastronomía y artesanías elaboradas por los residentes.

Itekoa, aldea de agua

La aldea, ubicada en el arroyo Espera (primera sección de islas de Tigre), es una asociación civil fundada 2012 que articula distintos programas como la radio comunitaria FM El Ceibal, el Grupo de Teatro y Música Comunitaria, el Centro de Formación en Oficios, entre otras, para lo cual han obtenido financiamientos puntuales[16]. La aldea está enfocada en promover la sustentabilidad en el territorio, entendiéndose como el cuidado y la convivencia armónica con el ambiente. Sus objetivos son habitar el delta de forma integrada con el humedal, revalorizar el ecosistema deltaico, promover el asociativismo y el cooperativismo, y abastecerse en colaboración con la soberanía alimentaria de la región. La ecoaldea se divide en cuatro zonas: área de conservación, centro integral, área de producción, áreas de viviendas, que alienta el uso de técnicas con materiales autóctonos entre la población local, y la participación de vecinos y vecinas en experiencias de construcción colectiva. Para sus habitantes “es un espacio de militancia y resistencia ante los avances neoliberales en territorio insular” (T. Giuliani, comunicación personal, 6 de febrero de 2023). Ite-visita es un recorrido de turismo comunitario que surge como alternativa económica para la comunidad, y que invita a conocer los espacios isleños y a experimentar actividades tradicionales del delta. Se comparte desayuno, almuerzo y merienda con productos locales del delta y se conversa sobre el valor y la situación actual de los humedales. Se aprende a identificar algunas plantas nativas medicinales y fibras vegetales para realizar artesanías y elaborar dulce casero artesanal. La jornada incluye un recorrido por los arroyos Espera y Carapachay.


Figura 5
Imágenes de difusión recopiladas de redes sociales.
Fuente: https://instagram.com museu_das_ilhas; https://www.instagram.com/itekoa_aldea_del_agua/; https://www.instagram.com/turismocomunitario.sf/

La boca: isla a puertas abiertas

Enmarcado en el PEII Paisaje de islas: patrimonio y turismo comunitario como estrategia de desarrollo solidario, UNL (2021-2023)[17] lo insular es la idea que orienta el proceso de codiseño (Manzini, 2015) de la experiencia de turismo comunitario “La Boca: isla a puertas abiertas” que llevan adelante vecinas y vecinos y el equipo interdisciplinario de UNL. La patrimonialización de lo cotidiano[18] es la estrategia de valoración colectiva que busca generar consensos sobre la conservación del humedal, la conciencia de un territorio atravesado por ríos, el reconocimiento del paisaje cotidiano, las buenas prácticas de manejo de alimentos y residuos, la solidaridad, el trabajo digno y justo, son valores acordados comunitariamente. Durante los 3 km de recorrido los vecinos anfitriones conversan con los visitantes acerca de las tensiones propias de habitar un territorio aislado y las opciones de desarrollo. La experiencia de turismo comunitario fue declarada de interés por el Consejo Municipal de la ciudad de Santa Fe, lleva 12 ediciones y un total de 210 visitantes entre locales y extranjeros.

Los casos del turismo comunitario analizados se inscriben en el tipo de turismo de cercanía, oferta próxima a las áreas centrales de aglomerados de Porto Alegre, Tigre (AMBA) y Santa Fe (AMSFE). El atractivo turístico es la singularidad local: el modo particular en que una comunidad se ha relacionado (y entiende) la naturaleza fluvial, el paisaje. El desplazamiento a través o al lado del agua es parte constitutiva de la experiencia. El paisaje insular se experimenta en el recorrido, es la marca (evidenciada en las redes), la imagen del territorio (diferente del continental). En los casos del Museu das ilhas y de La Boca, se trata de iniciativas universitarias (UFRGdS y UNL, respectivamente). En todos los ejemplos, se reconocen procesos de empoderamiento de la población local, articulados en red de actores estatales y organizaciones intermedias. Experiencias de desarrollo desde abajo, con concientización respecto de bienes comunes que configuran la identidad colectiva, valoración de los ecosistemas de fluviales insulares en el marco de la mejora de las economías familiares y comunitarias.

El desplazamiento mismo es una experiencia de contacto con tradiciones, lenguajes, estilos de vida propios de los lugares atravesados (Coccia, 2012). Los lugares atravesados en los recorridos de turismo comunitario están integrados a la vida cotidiana: se trata de los mismos espacios de los desplazamientos cotidianos. Es el sistema de movilidad barrial de ríos, canales, calles, senderos, pasillos, puentes y muelles por los que se mueven turistas y habitantes, con las mismas condiciones de accesibilidad e infraestructura de la vida insular.

Son espacios únicos y originales, representativos de la relación naturaleza-cultura, en un tiempo y espacio particular, por eso constituyen espacios de experiencias auténticas. Pero requieren materiales interpretativos que hagan visible la red multiescalar de relaciones entre patrimonio natural y cultural, recursos productivos y culturales, los conflictos y las lógicas propias de lo fluvial.

En el turismo comunitario, los espacios son producidos comunitariamente. El espacio no se crea para el turismo. En las tres propuestas analizadas, la producción del espacio (Lefebvre, 1974) es resultado de prácticas, tensiones, conflictos y acuerdos cotidianos. El mantenimiento del espacio público y el acceso al río evidencian conflictos, vulnerabilidades y luchas. En el caso de Itekoa, las mingas (práctica comunitaria de construcción originaria de los pueblos guaraníes) suman a la experiencia turística la vivencia de prácticas ancestrales en desaparición y la manipulación de materiales (mimbre o barro).

Islas cotidianas: laboratorios de proyecto nómade

En las tierras bajas sudamericanas, los conflictos entre procesos hídricos y procesos urbanos continúan demandando nuevas soluciones. Considerando la singularidad geocultural, las islas pueden ser laboratorios para ensayar utopías ambientales, que atiendan al riesgo hídrico, la accesibilidad y conexión propias de territorios aislados, a los estilos de vida, y a las oportunidades de desarrollo. El paisaje insular se presentó como clave de lectura, metáfora, imagen cultural compartida respecto del territorio fluvial, que el turismo cultural, y especialmente patrimonial, puede movilizar como recurso endógeno. Tres sistemas fluviales sirvieron de contexto a la revisión de propuestas de turismo comunitario permitiendo caracterizar el espacio. Los ámbitos del turismo comunitario en islas son los espacios de desplazamiento cotidiano, espacios de experiencias auténticas y producidos comunitariamente. Estas prácticas itinerantes permiten el encuentro y son recursos culturales de estas islas, que se activan a través de estrategias diversas en museos a cielo abierto, prácticas de resistencia aldeana y patrimonialización de lo cotidiano, no exentas de luchas.

Las experiencias analizadas abren líneas de indagación futura (gentrificación de islas, conflictos por uso del espacio, sobreexplotación de recursos naturales, rol de la mujer en las decisiones comunitarias, etc.) que aporten un marco de referencia para valorar los impactos del desarrollo en territorios insulares.

Más allá de estas consideraciones, en un contexto de globalización y pérdida de singularidades locales, la identidad como alternativa vale aún ser activada con el proyecto del espacio de turismo comunitario como estrategia de integración y desarrollo. Su codiseño supone procesos de aprendizaje y enseñanza reflexivos y horizontales, de diálogo de saberes, de toma de conciencia y dilucidación crítica de lo cotidiano, que vayan más allá de relaciones unidireccionales y simplistas entre anfitriones y visitantes, productores y consumidores (Sherlock, 2001, citado por Milano y Gascón, 2017).

La necesaria generación de contenidos específicos y estrategias de circulación y apropiación requieren modalidades lentas y plazos largos. La experiencia del río parece seguir siendo insustituible por cualquier representación (Silvestri, 2013). Si este paisaje se contempla en la itinerancia, la experiencia del cambio de lugar (el viaje, el desplazamiento a través o sobre el agua) resulta parte esencial de la actividad turística insular, y también, el modo de practicar vínculos y acuerdos sobre territorios conflictivos. En estas tierras insulares del sur se halla una proyectualidad nómade, más ocupada en moverse y dejar marcas leves, que en erigir edificios. El andar sería aquí una práctica de intervención urbana[19]; el atravesamiento, una forma simbólica y colectiva de transformación del espacio y sus significados.

El liderazgo de la idea fuerza insular, como hilo conductor del proyecto se expresa como una fuerza inicial, necesaria para articular recursos, ofrecer una dirección, una marca territorial. Como dispositivo de convencimiento y concientización territorial sirve, sobre todo, para imaginar nuevas utopías, para imaginar modos de habitar juntos en la Sudamérica fluvial.

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Notas

[1] El nombre de paisaje insular se comenzó a utilizar en las actividades desarrolladas en los barrios Alto Verde, La Boca y la localidad de Arroyo Leyes (dentro del área de la MRI) por los equipos de extensión de la UNL vinculados al PAS entre 2014 y 2022, como un tipo especial de paisajes del agua. En 2021, Mines y Galarza explicitaron concepto como tipo de paisaje cultural en el artículo “Un río muy ancho lleno de islas en el medio. La fuerza territorial del paisaje insular”.
[2] En las ciudades litorales, la isla, las islas refieren al lugar común, al arquetipo, (en singular o plural) que representa el lugar de descanso y huida respecto de la vida urbana “No es claramente selva ni claramente monte; el paisaje isleño se desplaza en sí mismo diferente, cercano a una ciudad que lo toma como descanso” (Cófreces y Muñoz, 2010).
[3] Las redes fluviales y su funcionamiento territorial se vienen estudiando en diferentes espacios. Se mencionan a modo de ejemplo el programa Sudamérica Fluvial de la Universidad Nacional de La Plata (Silvestri y Williams, 2016) que identificó como actor principal el agua, “un territorio en el que no parece aventurado separar tierra de agua, río de suelo firme” (p. 6) y la “Red Eclesial del Gran Chaco y Acuífero Guaraní” que se constituye en el espacio del principal reservorio de agua subterránea en Sudamérica (https://regchag.com/).
[4] El Paraná y su expresión literaria de Adolfo Prieto (2022); Ciudades, campos, pueblos, islas. Relatos santafecinos de Diego Oxley, Abel Rodríguez, Juan José Saer (2015), por citar solo los autores más representativos.
[5] Zagare (2014, 2018, 2019) propone abordar el caso del Delta del Paraná medio correspondiente al sector del Area Metropolitana de Rosario como “un sistema adaptativo complejo en el cual tiene lugar la convergencia dinámica de los subsistemas delta y área metropolitana en una constante transformación” (Zagare, 2018, p. 49) recuperando aportes del urbanismo deltaico propuesto por Meyer (2014). La situación rosarina presenta diferencias respecto a la santafesina, forma parte del Delta del Paraná y es un territorio predominantemente rural, con escasa población residente.
[6] Buscando marcos adecuados para abordar la dimensión metropolitana se encuentran en proceso de estudio y desarrollo el Parque Agrario Santa Fe (https://www.unl.edu.ar/comunicaciondelaciencia/2021/10/20/parque-agrario-santa-fe-metropolitana-una-propuesta-de-gobernanza-territorial-para-la-agricultura-periurbana/) y las propuestas de Ciudad Humedal (https://www.unl.edu.ar/noticias/news/view/el_iea_litoral_convoca_a_investigadores_extranjeros)
[7] Red DHTL compuesta por Escuelas y Facultades de Arquitectura de Italia, Francia, Portugal y Argentina, se ha propuesto abordar las relaciones binarias difícilmente equilibradas –patrimonio/turismo, preservación/accesibilidad, conservación/uso, residentes/turistas– a través de seminarios de investigación dirigidos a profesores, investigadores, estudiantes de doctorado, becarios de investigación. y estudiantes universitarios; Talleres y viajes de estudio. (Consultar: https://www.iuav.it/Didattica1/workshop-e/2016/HERITAGE-T/NETWORK/aims/)
[8] Al momento de cerrar este artículo se produjo la gran inundación en áreas insulares que desbordó áreas continentales de la ciudad de Porto Alegre “resultado del cambio climático + administraciones publicas negligentes + negativismo ambiental. Todo junto” (L. Duran, entrevista personal 9 de mayo de 2024)
[9] El documental Ilha das Flores está disponible en https://vimeo.com/60508367
[10] El Plan de Manejo Integral del Delta del Tigre aprobado por Ordenanza 3343/13 se encuentra disponible en https://www.tigre.gob.ar/tigre/delta
[11] En el Documento Base Plan de Manejo de la Primera Sección del Delta, se estimaba una población residente de 9000 habitantes para 2011 (https://studylib.es/doc/7712821/plan-de-manejo-del-delta-tigre, p.51) “Según los Censos Nacionales, la población pasó de 3.168 habitantes en 1991 a 5.034 en 2001 y, según las estimaciones municipales, aproximadamente 10 mil o 15 mil en la actualidad” (Astelarra, 2020, p. 5). El trabajo del doctorando G. Fermepin “El Delta de Tigre. ¿Qué tipo de urbanización? Lo posible dada la evolución antrópica de los últimos 50 años” (2012) UNSal, señala que en las Normas Generales de Ocupación: “se fija los máximos de población que para la 1ra Sección del Delta de 58.000 habitantes en una superficie de 22.000 Ha”.
[12] Uno de los artículos periodísticos que muestra las tensiones actuales en el Delta del Tigre: https://agenciatierraviva.com.ar/extractivismo-urbano-en-el-delta-de-tigre-destruir-los-humedales-es-destruir-modos-de-vida/
[13] En la página https://www.unl.edu.ar/extension/microregion-insular-2/ se pueden encontrar materiales diversos construidos sobre la idea del paisaje insular, la identidad y la estrategia de desarrollo en base al turismo sustentable.
[14] Re-territorialización refiere a los procesos de poder multiescalar y multidimensional, material e inmaterial de dominación y apropiación por parte de grupos o individuos que suceden al mismo tiempo en un espacio dado (Haesbaert, 2008), al respecto ver Astelarra (2020)
[15] El sitio Tripadvisor es un espacio virtual en donde se ofrecen atractivos turísticos como el Museo de islas Consultar: https://www.tripadvisor.com.ar/Attraction_Review-g303546-d605064-Reviews-Delta_do_Jacui_Jacui_Delta_State_Park-Porto_Alegre_State_of_Rio_Grande_do_Sul.html
[16] Consultar https://www.itekoa.com.ar/
[17] El PEII fue aprobado por resolución Nº 96/21, integra PAS y Economía Social y Solidaria, y las Áreas de Programas de Extensión, Territorio Sociocultural de la Secretaría de Extensión y Cultura de la UNL y entrelaza acciones y grupos de trabajo con docentes, graduados y estudiantes de las facultades de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, Humanidades y Ciencias, Ingeniería y Ciencias Hídricas, Ciencias Jurídicas y Sociales, Ciencias Económicas. A su vez, cuenta con el aval de organizaciones sociales locales, la Red interinstitucional y Social Alto Verde, el Gobierno de la Provincia y de la Municipalidad de la ciudad de Santa Fe.
[18] Los procesos de patrimonialización de lo cotidiano son los que animan la intervención en el territorio insular (Ver: https://flowpaper.com/flipbook/Paraninfo_185_web/?wp-hosted=1#page=8)
[19] El andar como práctica estética es propuesta por Francesco Careri (2007) y citada por Mines en los relatos sobre los ciclos de proyectos de extensión en territorio fluvial Guardianes del río.

Notas de autor

(*) Patricia Beatriz Mines. Arquitecta por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Magíster en Desarrollo Sustentable por la Universidad Nacional de Lanús. Investigadora Extensionista. Profesora Adjunta Ordinaria Taller de Proyecto Arquitectónico II. Coordinadora del Programa de Extensión Ambiente y Sociedad, UNL. Directora de Proyectos de Investigación y Extensión en UNL. Directora de becas de iniciación a la investigación, tesis de grado y postgrado. Autora de varias publicaciones en revistas. Premiada por trabajos de extensión universitaria y desarrollo profesional. Miembro de Centro Interdisciplinario de Estudios Urbanos (CINDEU) FADU, UNL. Representante académica de FADU en la Red internacional Designing Heritage Tourism Landscape.

Roles de autoría: Administración del proyecto; Adquisición de fondos; Análisis formal; Conceptualización; Curaduría de datos; Escritura - revisión y edición; Investigación; Metodología; Recursos; Redacción - borrador original; Software; Supervisión; Validación; Visualización

ORCID: 0000-0001-5220-4185

pmines@fadu.unl.edu.ar

Información adicional

CÓMO CITAR: Mines, P. B. (2024). Islas cotidianas. Nuevos espacios para el turismo comunitario en áreas marginales de la Sudamérica fluvial. A&P Continuidad, 11(20), doi: https://doi.org/10.35305/23626097v11i20.461

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