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Colección “Casanova-Gatto”: contribución al estudio de la historia de las investigaciones de la quebrada de La Cueva (Humahuaca, Jujuy) y la reconstrucción de su pasado
"Casanova-Gatto" Collection: contribution to the study of the history of research in the La Cuevagorge (Humahuaca, Jujuy) and the reconstruction of its past
“Casanova-Gatto”: contribuição ao estudo da história das pesquisas da quebrada de La Cueva (Humahuaca, Jujuy) e a reconstrução de seu passado
Revista del Museo de La Plata, vol. 5, núm. 1, pp. 246-267, 2020
Universidad Nacional de La Plata

Dossier

Revista del Museo de La Plata
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
ISSN: 2545-6377
Periodicidad: Semestral
vol. 5, núm. 1, 2020

Recepción: 01 Mayo 2019

Aprobación: 01 Febrero 2020

Publicación: 01 Junio 2020


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Resumen: Prácticamente –hasta finales del siglo XX–, la historia de las investigaciones de la quebrada de La Cueva (departamento de Humahuaca, provincia de Jujuy) se construyó a partir de la conformación de una colección, fruto de las exploraciones realizadas en 1931 por Eduardo Casanova y Santiago Gatto –comisionados por el Museo Nacional de Historia Natural “Bernardino Rivadavia”–. El presente trabajo tiene por objetivo analizar la trayectoria de formación de la colección “Casanova-Gatto”, actualmente dividida al estar depositada en el Museo Etnográfico de Buenos Aires “Juan B. Ambrosetti” y en el Instituto Interdisciplinario Tilcara (instituciones dependientes de la Universidad de Buenos Aires). Además, abordaremos los alcances y límites del soporte material (cerámico, lítico, óseo, metálico, etc.), y el escaso registro documental sobre dicha colección, para reconstruir la historia de su formación y evaluar el lugar que ocupó y ocupa en la construcción de narraciones y/o interpretaciones sobre el pasado de la quebrada de La Cueva. Algunas de esas narraciones tomaron como base la interpretación original de Casanova de los años treinta, a pesar de la distancia temporal y teórica que separaba dichas instancias de investigación. Otras narraciones interpretaron e interpretan el pasado de la quebrada de La Cueva desde perspectivas diferentes. Esto se debe a cambios en los enfoques teórico-metodológicos y los nuevos datos que surgen del estudio de los sitios arqueológicos y de otras colecciones previamente conformadas, pero recientemente estudiadas (como la colección que sobre la misma zona armó Benjamín Muniz Barreto, a partir de los trabajos realizados por Karl Schuel en 1919). El trabajo muestra cómo la historia de estas investigaciones y el contexto socio-histórico disciplinar en el que se insertan, incide en el desarrollo y en los resultados de los estudios de éste sector del Noroeste Argentino.

Palabras clave: Arqueología, Historiografía, Coleccionismo, Noroeste Argentino.

Abstract: The history of the research carried out in the La Cueva gorge (Humahuaca department, Jujuy province) until the end of the 20th century, started with the conformation of a collection that resulted from explorations done in 1931 by Eduardo Casanova and Santiago Gatto, commissioners of the National Museum of Natural History “Bernardino Rivadavia”. The following article proposes an analysis of the history of the conformation of the “Casanova-Gatto” collection, currently deposited in the Ethnographic Museum of Buenos Aires “Juan B. Ambrosetti” and the Interdisciplinary Institute of Tilcara (both institutions dependent on the University of Buenos Aires). We will also assess the scope and limits of the supporting material (pottery, lithic, bones, metal) and the scarce documentary record regarding this collection, in order to reconstruct how it was formed, and assess its past and present role in the construction of narratives and/or interpretations about the past of the La Cueva gorge. Some of these narratives were based on Casanova´s original interpretation from the 1930s, despite the temporal and theoretical distance between those research instances. Other narratives interpreted, and still do, the past of the area from alternative perspectives. The latter stem both from changes in theoretical and methodological approaches and from new data gathered from the study of related archaeological sites and other collections assembled in the past, but only recently studied (for example, the collection prepared by Benjamín Muniz Barreto with archaeological material from the same area, using as basis the works of Karl Schuel in 1919). This article shows how the history of these investigations and their socio-historical disciplinary context influence the development and results of studies in the part of the Argentinian Northwest.

Keywords: Archaeology, Historiography, Collecting, Northwestern Argentina.

Resumo: Praticamente – até o final do século XX –, a história das pesquisas da quebrada de La Cueva (departamento de Humahuaca, província de Jujuy) foi construída a partir da conformação de uma coleção, fruto das explorações realizadas em 1931 por Eduardo Casanova e Santiago Gatto – comissionados pelo Museo Nacional de Historia Natural “Bernardino Rivadavia” –. O objetivo deste trabalho é analisar a trajetória de formação da coleção "Casanova-Gatto", atualmente dividida ao estar depositada no Museo Etnográfico de Buenos Aires "Juan B. Ambrosetti" e no Instituto Interdisciplinario Tilcara (instituições dependentes da Universidade de Buenos Aires). Além disso, abordaremos o escopo e os limites do suporte material (cerâmico, lítico, ósseo, metálico, etc.), e o escasso registro documental sobre a referida coleção, para reconstruir a história de sua formação e avaliar o local que ela ocupou e ocupa na construção de narrativas e/ou interpretações sobre o passado da quebrada de La Cueva. Algumas dessas narrativas foram baseadas na interpretação original de Casanova da década de 1930, apesar da distância temporal e teórica que separava essas instâncias de pesquisa. Outras narrativas interpretaram e interpretam o passado da quebrada de La Cueva sob diferentes perspectivas. Isto se deve a mudanças nos enfoques teórico-metodológicos e aos novos dados resultantes do estudo de sítios arqueológicos e de outras coleções conformadas anteriormente, mas estudadas recentemente (como a coleção sobre a mesma área que Benjamín Muniz Barreto compôs, a partir dos trabalhos realizados por Karl Schuel em 1919). O trabalho mostra como a história destas pesquisas e o contexto sócio-histórico disciplinar em que estão inseridas afetam o desenvolvimento e os resultados dos estudos deste setor do noroeste argentino.

Palavras-chave: Arqueologia, Historiografia, Colecionismo, Noroeste Argentino.

Introducción

La quebrada de La Cueva se encuentra localizada en el sector norte de la Quebrada de Humahuaca, dentro del Departamento de Humahuaca (provincia de Jujuy), y recorre en dirección general norte-sur unos 46km, desde los 4500msnm en sus nacientes hasta los 3300msnm en su confluencia con el río Grande. Nace en la sierra de Santa Victoria a 22°35’26.54” Sur - 65°20’07.55” Oeste, y desemboca en el río Grande a 22°57’55.90” Sur - 65°21’44.42” Oeste, cerca de la localidad de Hipólito Yrigoyen, distante 5km al noreste de la ruta nacional N° 9.

Dentro de la quebrada –de sur a norte–, se localizan varios sitios arqueológicos que, con distintos objetivos e intensidad de estudio, fueron investigados desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Estos sitios son el Angosto de La Cueva (HUM.05), Pukara de La Cueva (HUM.06 o Picacho), Posta de La Cueva o Antigal de La Cueva (ANT-C), Pueblo Viejo del Morado (HUM.07b o Rodeo de El Chorro), Pukara Morado (HUM.07a o El Chorro/La Vizcachera), Chayamayoc (HUM.10), Pueblo Viejo de La Cueva (HUM.08), Antigüito u Ojo de Agua (ANT) y Casillas (Fig. 1)


Figura 1.
Mapa de la quebrada de La Cueva y sus sitios arqueológicos

Dichos sitios fueron estudiados por distintos protagonistas. Así, por ejemplo, el Angosto de La Cueva fue relevado originalmente por Fernández Distel (1977), y posteriormente por nosotros (Ramundo 2015a). El Pukara de La Cueva (HUM.06 o Picacho) fue excavado por K. Schuel en 1919 –encomendado por Benjamín Muniz Barreto–, luego por E. Casanova en 1931 y, desde el año 2009, por nosotros (Ramundo 2012, 2014, 2015a y b, 2016a, 2017a y b; Ramundo & Cremonte 2016, entre otros). El Antigal o Posta de La Cueva (ANT-C) fue estudiado por nosotros mediante excavaciones y desde distintas fuentes documentales (Ramundo 2017b). Pueblo Viejo del Morado o Rodeo de El Chorro (HUM.07b) fue excavado por Casanova (1933), mencionado por Fernández Distel (1983a) y, en el presente milenio, excavado nuevamente por nosotros (Ramundo et al. 2019). Del mismo modo que el anterior, el Pukara Morado (HUM.07a o El Chorro/La Vizcachera) fue relevado por Casanova (1933), mencionado por Fernández Distel (1983a) y reinterpretado por nosotros (Ramundo 2016b). El sitio con arte rupestre denominado Chayamayoc (HUM.10), fue estudiado por Fernández Distel (1983b). Pueblo Viejo de La Cueva (HUM.08) fue excavado por K. Schuel en 1919 y por E. Casanova en 1931; también ha sido mencionado por Tarragó (1977) y González & Baldini (1992), y luego excavado por Basílico (1992). Antigüito u Ojo de Agua (ANT) fue trabajado por nosotros (Ramundo & Sanz 2012). Finalmente, Casillas fue relevado como un sitio de superficie por Basílico (2008).

En el presente trabajo, considerando las investigaciones precedentes y entendiendo la relevancia que encierra el estudio de colecciones arqueológicas –pormenorizado y contextualizado socio-históricamente–, nos proponemos analizar la trayectoria de la constitución y/o conformación de la colección “Casanova-Gatto”, abordar los alcances y límites del registro material y documental de la colección para reconstruir la historia de su formación y, finalmente, evaluar el lugar que ocupó y ocupa en la construcción de narraciones y/o interpretaciones sobre el pasado de la quebrada de La Cueva, narraciones que fueron cambiando merced a los distintos enfoques teórico-metodológicos que tuvieron lugar en el desarrollo disciplinar de nuestro país, así como por el surgimiento de nuevos datos (fruto de más estudios de los sitios que integran la quebrada), y el incremento de las colecciones arqueológicas que se fueron conformando a lo largo del tiempo.

La colección fue el resultado de las exploraciones realizadas en 1931 por E. Casanova y S. Gatto –enviados por el Museo Nacional de Historia Natural “Bernardino Rivadavia”–, y actualmente se encuentra depositada en el Museo Etnográfico de Buenos Aires “Juan B. Ambrosetti” y en el Instituto Interdisciplinario Tilcara (instituciones dependientes de la Universidad de Buenos Aires).

Materiales y métodos

La materialidad que será objeto de estudio en el presente artículo se compone de todos los trabajos publicados por distintos investigadores que, tanto en el pasado como en el presente, hemos estudiado la colección desde distintas perspectivas y con variados objetivos. Por lo tanto, tomaremos como fuente primaria los trabajos de Casanova (1933), Tarragó (1977), Fernández Distel (1983a), Basílico (1992), González & Baldini (1992), Ramundo (2012, 2014, 2015a y b, 2016a y b, 2017a y b, 2018a) y Ramundo et al. (2019), quienes a lo largo de la historia de investigación de la quebrada de La Cueva analizamos los restos cerámicos, líticos, metalúrgicos, óseos, entre otros, que actualmente conforman la colección “Casanova-Gatto”.

Los textos serán –metodológicamente hablando–, analizados de manera crítico-reflexiva y considerando el contexto socio-histórico disciplinar donde se insertan las investigaciones. También se analizarán, con la misma metodología, los inventarios originales del Museo de Historia Natural de Buenos Aires (hacemos referencia el Catálogo de 1930-1933. MACN-5). Con respecto a la materialidad arqueológica, se procedió a su estudio macroscópico, lo que nos permitió determinar la integridad y conformación actual de la colección.

Resultados

Los resultados responden a distintas preguntas que han guiado la investigación: a) las causas por las que se genera la colección y su procedencia, b) los protagonistas involucrados en la conformación de la misma, c) los espacios elegidos para el resguardo de la colección y las razones de su elección, d) la conformación o elementos que integran la colección y, finalmente, e) los investigadores que la estudiaron y los temas que abordaron. Los resultados se detallan a continuación.

Causas de la generación de la colección “Casanova-Gatto” y su procedencia

Hacia finales de 1930, la dirección del Museo de Historia Natural de Buenos Aires (actualmente Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernandino Rivadavia”) organizó una excursión de estudios arqueológicos a la Quebrada de Humahuaca y regiones vecinas. La iniciativa contó con el apoyo del director del museo, el Prof. Martín Doello Jurado, así como también con el aval del Ministro de Justicia e Instrucción Pública, del interventor de la provincia de Jujuy, del presidente del Consejo de Educación de Jujuy, del Juez Federal de Jujuy y de un conocedor de la región, el Sr. Milano Medenica. El objetivo de la expedición fue realizar una inspección de ruinas conocidas y localizar otras nuevas, estudiando las condiciones en que podrían ser explotadas en futuros viajes. Esto se realizó con premura, por el escaso tiempo disponible, ya que Casanova (1933) aclara que fueron solo diez días de trabajo.

La colección aquí estudiada está integrada por materiales procedentes de tres sitios arqueológicos de la quebrada de La Cueva donde E. Casanova y S. Gatto realizaron excavaciones: el Pukara de La Cueva (HUM.06), el sitio Pueblo Viejo del Morado (HUM.07b), y finalmente Pueblo Viejo de La Cueva (HUM.08). Acordamos con Casanova que la quebrada de La Cueva “es parte integrante de la de Humahuaca de la cual es el escalón más elevado” (1933, p. 258) aunque, como veremos, no compartimos plenamente la idea de que la misma “participa de todos los caracteres de la de Humahuaca” (Casanova 1933, p. 258).

El sitio HUM.06 es un pukara con residencia de tipo permanente y no esporádica, que presenta una alta concentración edilicia con posibles áreas funcionales específicas, sectores de descarte fuera del área doméstica, donde los espacios –conectados con vías de circulación–, se articulan con viviendas (Ramundo 2016a). Fue directamente fechado entre el Período de los Desarrollos Regionales II[1][540 ± 60AP (LP-2268); 670± 25 AP (UGAM#8561); 549 ± 30 AP (MTC-15600); 561 ± 32 AP (MTC-15601); 520 ± 40 AP (LP- 2258)] y el Período Incaico [450 ± 40 AP (LP-2531); 460 ± 40 AP (LP-2420)] (Ramundo 2012 y 2016a).

HUM.07b posee un sector habitacional –actualmente destruido y previamente estudiado por Casanova (1933)– con estructuras que en su interior presentaban restos humanos y ajuares con material cerámico, lítico, óseo y minero-metalúrgico. Separado de ese sector, hemos podido determinar la existencia de un área de necrópolis con tumbas en falsa bóveda. En estas estructuras se han encontrado restos humanos con deformación craneana de tipo tabular erecta, y su modalidad de construcción, la falsa bóveda, también se había registrado en Antigüito, sitio septentrional de la quebrada de La Cueva (Ramundo et al. 2019).

HUM.08, de acuerdo a Basílico (1992, 2008), sería un semi conglomerado localizado sobre piedemonte (con estructuras de planta rectangular y circular, paredes de pirca sin argamasa y silos circulares con falsa bóveda), con acceso a recursos hídricos, y rodeado por andenes y cuadros de cultivo. El sitio se encuentra muy intervenido por la acción de saqueos, la remoción continua y la reutilización del espacio del antiguo poblado.

Protagonistas involucrados en la conformación de la colección y espacios elegidos para su resguardo

Los responsables de la generación de la colección fueron Eduardo Casanova –quien se desempeñó como director de la excursión, y era en ese momento Jefe de la Sección Arqueología del Museo de Historia Natural–, y Santiago Gatto como asistente, dado que también era miembro del museo. También encontramos a Milano Medenica, un “conocedor de la región”, que le revela a Casanova la existencia de los sitios de la quebrada de La Cueva y actúa como “guía y compañero” (Casanova 1933). Como ya hemos expresado (Ramundo 2018a), resulta al menos curioso que E. Casanova no hiciera mención alguna de la colección Benjamín Muniz Barreto, la cual desde 1919 tenía materiales procedentes del Pukara de La Cueva y Pueblo Viejo de La Cueva. Especialmente porque “El Dr. Casanova en nuestro país, en una serie de conferencias dadas en la Facultad de Ingeniería de Buenos Aires, resaltó la importancia del conjunto arqueológico” (Sempé 1987, p. 4), refiriéndose a la colección Barreto. Sin embargo, en su publicación de 1933, el investigador no menciona la existencia de esa colección, y esto podría deberse a un espíritu propio de la disciplina en la época, donde los investigadores querían mostrar lo hallado como algo prístino y descubierto solo por ellos; o bien podría ser consecuencia de cierto recelo a la labor previamente realizada porque no eran profesionales, sino aficionados de la arqueología, como el caso de K. Schuel –enviado por Benjamín Muniz Barreto a Jujuy–.

La colección “Casanova-Gatto” tuvo tres destinos diferentes a lo largo de su historia. En primer lugar, el depósito donde los materiales se resguardaron fue el Museo Nacional de Historia Natural “Bernardino Rivadavia”, dado que esa entidad concretó la excursión. Sin embargo, debido a que en el año 1947 el Poder Ejecutivo Nacional dispuso la transferencia de las secciones “Arqueología”, “Etnografía” y “Antropología” desde el Museo de Historia Natural al Museo Etnográfico de Buenos Aires “Juan B. Ambrosetti” (dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires), la colección fue trasladada a su nuevo destino.

Solo 20 años después –en 1967–, el Museo Arqueológico y Antropológico “Dr. Eduardo Casanova” de Tilcara[2], como se había establecido desde su gestación, recibió una parte de las colecciones del Museo Etnográfico. Fueron cerca de unas 3000 piezas procedentes fundamentalmente de la provincia de Jujuy, y entre ellas se trasladó una parte de la colección “Casanova-Gatto”, quedando lo restante en el museo de Buenos Aires (Casanova 1971).

Lamentablemente, como consecuencia de estos cambios, se produjo la pérdida de algunos materiales que formaron parte del conjunto arqueológico. Entre ellos destacamos dos vasijas zoomorfas (Fig. 2a), donde la pieza N° 31-259, corresponde a un “vaso ornitomorfo” sensu Casanova (1933). Fue descrito como pintado rojo con una decoración en negro sobre blanco. También presentaba un orificio que simulaba un “pico […] que es el principio de un conducto cilíndrico que atravesando todo el cuello, va a terminar en la cavidad que presenta el cuerpo del animal” (Casanova 1933, p. 269). El investigador destacó que “parece como si el ave hubiera estado echada” (Casanova 1933, p. 269). A la segunda pieza (N° 31-258) se la describió con una decoración semejante a la anterior (Casanova 1933).


Figura 2.
Ilustraciones de Casanova (1933) de piezas de la colección: a. Vasos zoomorfos (N° 31-259 y 31-258); b. Vasija (N° 31-283); c. Cuentas (N° 31-289); d. Ocre (N° 31-265); e. Cuentas (N° 31-310); f. Brazalete (N° 31-320); g. Restos de textiles (N° 31-268); h. Valva (N° 31-266)

También se ha extraviado la vasija N° 31-283, más tres cuentas de plata (N° 31-289) de HUM.07b (Figs. 2b y c), las cuales en algún momento estuvieron en la caja fuerte del Museo Etnográfico, de acuerdo a las anotaciones dentro del catálogo/inventario. Tampoco se localizó un trozo de ocre (N° 31-265) de HUM.06 (Fig. 2d), las 130 cuentas de malaquita y lapislázuli (N° 31-310) (Fig. 2e) y un brazalete de oro (N° 31-320; Fig. 2f) que originalmente estaba guardado en la caja fuerte del mencionado museo; se trata de piezas procedentes de HUM.08. Por otra parte, tampoco se han encontrado las piezas N° 31-292 y 31-294 de HUM.07b, que no se ilustran en el texto, porque el autor las considera semejantes a la pieza N° 31-293 (Fig.11a) que muestra en la publicación.

Además, se extraviaron restos de textiles o tejidos (considerados dentro de un conjunto como pieza N° 31-268). Se trataba de un “manojo de fibras vegetales, posiblemente de alguna especie de juncos” (Casanova 1933, p. 281), a lo que se suma un “fragmento de fleco de poncho” y un “fragmento de tejido de poncho” (Casanova 1933, p. 281). Estos dos últimos fueron estudiados por María Delia Millán, quien los describió como “Tejido de lana (parece de llama) de tipo de poncho, urdimbre y trama de hilos, torcido” (Casanova 1933, p. 281)(Fig. 2g).

Finalmente, entre los objetos perdidos, se destaca una valva de molusco (N° 31-266), estudiada por el propio director del museo, M. Doello Jurado, y determinada como la especie “… Concholepas concholepas (Brug.), cuyo hábitat es la costa de Chile y Perú” (Casanova 1933, p. 280)(Fig. 2h).

Con respecto a la pérdida de las dos piezas cerámicas zoomorfas, podemos plantear de manera hipotética tres posibles destinos: a) que las piezas se hayan perdido en el Museo de Historia Natural, dado que al registrarlas en el catálogo original se aclara: “Ubicación: Exposición”. Por lo tanto, al momento del traslado en 1947 al Museo Etnográfico, podrían no haberse retirado de la exposición, aunque en el presente no se encuentran expuestas en la primera institución; b) que las piezas se encuentren actualmente extraviadas en los depósitos del Museo Etnográfico o del Instituto Interdisciplinario Tilcara, considerando que previamente se las había separado para exhibición en el Museo de Historia Natural, y quizás pudieron haber migrado separadas del resto de la materialidad; c) que las piezas hayan sido intercambiadas por otras de museos extranjeros y, hoy en día, no exista registro de este intercambio (como ejemplo de museo que actualmente posee algunas piezas de nuestro territorio puede señalarse el caso del Museo de Antropología y Etnografía de Rusia [Dmitrenko 2017]).

Sobre la desaparición del molusco y los fragmentos de textiles, quizás la explicación más plausible es que al haber sido estudiados por otros especialistas dentro del Museo de Historia Natural (M. Doello Jurado y M. D. Millán, respectivamente), posiblemente integren, en el primer caso, las colecciones malacológicas del actual Museo de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, porque podría haberse destinado a esa sección con posterioridad al estudio realizado por M. Doello Jurado. En el segundo caso, podrían formar parte de las colecciones etnográficas que también se trasladaron al Museo Etnográfico en 1947 (hacemos referencia a los textiles que hoy integran la “Colección Etnográfica”).

Respecto a las 130 cuentas de malaquita y lapislázuli que se obtuvieron de HUM.08 (pieza N° 31-310), en el inventario o catálogo hay una anotación en lápiz que dice “Ubicación: Exposición”, motivo por el cual es posible que en el traslado se hayan perdido, dado que en la exposición actual del Museo Etnográfico no están exhibidas. En referencia a la pérdida de las demás piezas enumeradas, la causa puede ser el resultado del traslado hacia alguna de las instituciones depositarias.

La segunda consecuencia de la movilidad sufrida por la colección, se visualiza en que actualmente se exhibe dentro del Museo Etnográfico de Buenos Aires una pieza (N° 31-297) procedente de Pueblo Viejo de La Cueva (Fig. 3). Sin embargo, por un criterio museográfico que desconocemos, no se menciona su lugar de procedencia, con lo cual la quebrada de La Cueva y su materialidad queda invisibilizada.


Figura 3.
Pieza N° 31-297 (Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina), procedente de Pueblo Viejo de La Cueva, actualmente exhibida en la muestra “De la Puna al Chaco. Una historia precolombina. 4000 años de historia del noroeste argentino”

Conformación o elementos que integran la colección “Casanova-Gatto”

La colección se conforma por materialidad diversa, predominan las piezas cerámicas de distinto porte y estilo, y se observa una baja representatividad de fragmentos del mismo material, dado que su recolección no era el foco de las investigaciones a principio del siglo XX. Entre las piezas del Pukara de La Cueva se menciona una “Parte de un puco, sin decoración […] Dos vasitos ornitomorfos, con decoración pintada […] Varios fragmentos de alfarería decorada” (Casanova 1933, pp. 265-266) (Figs. 4 y 2a).

En Pueblo Viejo del Morado se recuperaron “Tres vasos de alfarería [y] Un vaso con decoración en relieve” (Casanova 1933, p.287) (Figs. 5 y 2b). Finalmente, en Pueblo Viejo de La Cueva, se extrajeron “Cinco vasos de barro cocido, con decoración geométrica. Tres vasos de barro cocido calceiformes o asimétricos (uno fue abandonado). Dos vasos de barro cocido, sin decoración” (Casanova 1933, p. 297)(Fig. 6).


Figura 4.
a. Ilustración de pieza N° 31-260 de Casanova (1933), junto a la misma pieza donde se observa la decoración; b. Pieza N° 31-261, Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina


Figura 5.
a. Pieza N° 31-282, Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina; b y c. Piezas N° 31-280 y 31-281, Instituto Interdisciplinario Tilcara, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina

También se recuperó material lítico, dado que en el Pukara de La Cueva se menciona “Una conana de piedra […] Una pala de piedra […] Un tortero de piedra […] Tres manos de morteros, de piedra (una zoomorfa). Dos instrumentos de piedra. Una maza circular, de piedra. Una conana, de piedra” (Casanova 1933, pp. 265-267). Mientras en Pueblo Viejo del Morado se encontraron “Numerosas cuentas de malaquita, pertenecientes a un collar. Fragmentos del mineral empleado para hacer las cuentas de collar […] Un pequeño mortero de piedra” (Casanova 1933, p. 287). Por último, en Pueblo Viejo de La Cueva se hallaron “Ocho torteros de piedra. Dos manos de mortero de piedra. Un hacha de piedra. Un raspador de obsidiana. Cuentas de malaquita de un collar” (Casanova 1933, p. 299) (Figs. 7, 8 y 9).

Se suman piezas de metalurgia procedentes de Pueblo Viejo del Morado, tales como “Un brazalete de bronce. Un adorno de oro […] Tres cuentas de plata” (Casanova 1933, p. 287); así como también los siguientes objetos recuperados de Pueblo Viejo de La Cueva: “Cuatro brazaletes de oro (dos fragmentados). Dos anillos de oro (uno roto). Un adorno ornitomorfo de oro” (Casanova 1933, p. 299) (Fig. 10).


Figura 6.
a. Pieza N° 31-299, b. Pieza N° 31-301, c. Pieza N° 31-300, d. Pieza N° 31-298, e. Pieza N° 31-305, f. Pieza N° 31-296, g. Pieza N° 31-304, h. Pieza N° 31-303, i. Pieza N° 31-302; j. Pieza N° 31-309. Las piezas a, f, y h pertenecen al Instituto Interdisciplinario Tilcara, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Las piezas b, c, d, e, g, i, y j pertenecen al Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina


Figura 7.
a. Pieza N° 31-270; b. Pieza N° 31-271, c. Pieza N° 31-274, d. Pieza N° 31-273; e. Pieza N° 31-275; f. Pieza N° 31-276, g. Pieza N° 31-278, h. Pieza N° 31-277, i. Pieza N°31-279. Las piezas e, f y g pertenecen al Instituto Interdisciplinario Tilcara, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina; Las piezas a, b, c, d, h, e i pertenecen al Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina


Figura 8.
a. Pieza N° 31-284; b. Pieza N° 31-286, c. Pieza N° 31-287. Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina


Figura 9.
a. Pieza N° 31-306; b. Pieza N° 31-308, c. Pieza N° 31-307, d. Pieza N° 31-309; e. Pieza N° 31-318; f. Pieza N° 31-313. Las piezas a y b pertenecen al Instituto Interdisciplinario Tilcara, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Las piezas c, d, e y f pertenecen al Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina


Figura 10.
a. Pieza N° 31-290; b. Pieza N° 31-291, c. Pieza N° 31-323, d. Pieza N° 31-324; e. Pieza N° 31-325; f. Pieza N° 31-326. La pieza a, pertenece al Instituto Interdisciplinario Tilcara, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Las piezas b, c, d, e y f pertenecen al Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina

También se registran objetos confeccionados en material óseo, procedentes del Pueblo Viejo del Morado, donde se menciona la recuperación de “Cuatro objetos de hueso” (Casanova 1933, p. 287) (alguno de los cuales se ilustran en la Fig. 11). De este conjunto, las piezas N° 31-292 y 31-294 no se muestran en el texto porque el autor las considera semejantes a la aquí ilustrada (N° 31-293), sin embargo, tampoco esos dos objetos fueron recuperados en las instituciones depositarias de la colección.

Existían originalmente elementos malacológicos y textiles que se extraviaron, y su descripción puede verse líneas arriba. Finalmente, debemos destacar que también se trabajó con el inventario donde se volcaron todas las piezas. El mismo pertenecía al Museo de Historia Natural de Buenos Aires, y hoy se encuentra en el Museo Etnográfico. Este documento, denominado “Catálogo original procedente del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, de 1930-1933. MACN-5”, contiene la siguiente información (aunque algunos de estos campos no están completos): Numeración original; Designación del material; Ejemplares; Localidad; Procedencia; Fecha de procedencia; Ubicación; Antecedentes; Publicación; Observaciones. Los campos donde no se registra ninguna información son: Fecha de procedencia; Antecedentes y Publicación.

La utilidad de este inventario reside no solo en su valor como fuente documental, para observar cómo se denominaron en principio las piezas, sino también para analizar y postular –mediante el estudio de las anotaciones extra u observaciones–, el posible destino de las piezas perdidas.


Figura 11.
a. Pieza N° 31-293. Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina; b. Pieza N° 31-295. Instituto Interdisciplinario Tilcara, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina

Los investigadores que estudiaron la colección y los temas que abordaron

Quienes accedimos al estudio de la colección hemos sido varios arqueólogos a través del tiempo, y los temas que se abordaron en cada una de nuestras investigaciones fueron diversos. En primer lugar, Casanova (1933), publica el detalle y estudio de toda la materialidad lítica, cerámica, ósea, metálica, mineral, textil y malacológica que recuperó en los tres sitios (HUM.06, HUM.07b y HUM.08) en el año 1931. Posteriormente, Tarragó (1977) analiza –dentro de un extenso estudio cerámico– dos piezas procedentes de HUM.08 (Figs. 3 y 6b), para compararlas con el material estudiado en San Pedro de Atacama (Chile) y establecer posibles relaciones.

Fernández Distel (1983a) recopila lo estudiado por Casanova (1933) en HUM.06, HUM.07b y HUM.08, y lo sintetiza mediante fichas, cuyos números se corresponden con los sitios ubicados dentro de un mapa del Departamento de Humahuaca, que es el tema central de su texto.

Basílico (1992), en su análisis integral de HUM.08, menciona las mismas piezas (Figs. 3 y 6b) que estudió Tarragó (1977), para establecer –del mismo modo– relaciones con la zona de San Pedro de Atacama.

González & Baldini (1992) abordan muy sucintamente la materialidad de la colección, para hablar de los vínculos posibles entre el Noroeste Argentino y el área Andina en general, utilizando varias piezas metalúrgicas, aunque de esta colección solo eligen una pieza procedente de HUM.08 (Fig. 10f).

Nosotros hemos retomado el estudio integral de toda la materialidad de la colección “Casanova-Gatto”, para analizarla en su contexto micro y macro-regional y evaluar temas como: interacción/circulación, producción y consumo, entre otros (Ramundo 2012, 2014, 2015a y b, 2016a y b, 2017a y b; Ramundo & Cremonte 2016; Ramundo et al. 2019).

Discusión

Como el objetivo del presente estudio es evaluar de qué forma las investigaciones realizadas sobre la colección “Casanova-Gatto” aportan a la construcción de narraciones sobre el pasado prehispánico de la quebrada de La Cueva, analizaremos los trabajos de los arqueólogos que estudiaron la totalidad o una parte de la misma a través del tiempo; entendiendo que estas narraciones o interpretaciones responden a un marco teórico-metodológico, inserto en un contexto socio-histórico disciplinar particular a nivel local y mundial.

Narración sobre el pasado de la quebrada de La Cueva desde la perspectiva de Eduardo Casanova

En su trabajo de 1933, Casanova destaca al comienzo (y reafirma al final), que la quebrada de La Cueva es parte de la Quebrada de Humahuaca, dado que la considera su continuación natural y, por lo tanto, participa de los mismos caracteres. Partiendo de esa premisa, es lógico que la materialidad que conforma la colección resulte una herramienta útil para sostener esa postura y brindarnos su narración o lectura sobre el pasado de la quebrada de La Cueva. Así, por ejemplo, cuando describe los vasos “ornitomorfos” de HUM.06 (Fig. 2a), aclara que son semejantes a otros recuperados en la Isla de Tilcara (sitio ubicado en el sector medio de la Quebrada de Humahuaca), y que estas piezas representan patos, los cuales –según Casanova–, abundan en la región. Dentro del mismo sitio recupera un molusco, cuyo estudio permitió determinar que procedía del Océano Pacífico, al igual que otros restos muy semejantes recuperados en el Pukara de Tilcara (sitio ubicado en el sector medio de la Quebrada de Humahuaca). Esta información le permite decir que la evidencia “afirma el intercambio comercial a través de la cordillera, con pueblos de la costa del Pacífico” (Casanova 1933, p.280).

Su narración del pasado también se construye cuando aclara que el material lítico de HUM.06 corresponde a armas e instrumentos de uso diario. Entre esas piezas describe mazas y palas. Sobre las primeras (Fig. 7a) aclara que funcionalmente serviría como arma (siguiendo lo dicho por Boman [1908]), aunque no descarta múltiples usos. Sobre los instrumentos líticos registrados como N° 31-279; 31-276; 31-277; 31-275 y 31-278 (Figs. 7e-i), elabora una extensa discusión. En ella destaca que las piezas de formas redondeadas N° 31-275, 31-278 y 31-279 (Figs. 7e, g, i), sensuCasanova (1933, p. 276):

“recuerdan a las palas actuales llamadas «en forma de corazón» […] Fueron usadas enmangadas en un cabo de madera […] En cuanto a su utilidad debió ser múltiple y si es de suponer que tratándose de pueblos agrícolas su principal fin sería rotular los campos y construir acequias, también su encuentro, a menudo fracturadas, en las sepulturas nos prueba que estas palas sirvieron para preparar al indígena en su última morada”.

Mientras las piezas N° 31-276 y 31-277, con mayor filo y formas rectangulares serían, siguiendo a Casanova (1933, p. 276):

“un instrumento, dado que la misma naturaleza de la roca esquistosa la hace poco apta para arma de combate […] y debieron ser empleadas preferentemente en la agricultura; sean como hoces, según sostiene Rosen, o como azadones, para lo cual se prestan admirablemente por su enmangamiento en cabos curvos”.

Luego menciona manos de mortero (N° 31-271 y 31-269; Fig. 7b), a lo que suma conanas (N° 31-273 y 31-274; Figs. 7c y d), que describe como semejantes a las del Pukara de Tilcara, reafirmando su idea de que La Cueva es continuación natural de la Quebrada de Humahuaca. Es muy importante destacar que para el estudio de todo el material lítico apeló a las determinaciones sobre el tipo de rocas, que fueron realizadas por el Dr. Franco Pastore (geólogo). Detalla además la existencia de un trozo de ocre dentro de HUM.06, que “fue empleado por los indígenas para preparar pintura con que ornamentaban sus vasos” (Casanova 1933, p. 279).

Finalmente, dentro del mismo sitio, encuentra restos de tejidos (N° 31-268; Fig. 2g), que fueron analizados y determinados por M. D. Millán, como una parte de un poncho tejido de lana de llama, un manojo de fibras vegetales, “posiblemente de alguna especie de junco” (Casanova 1933, p. 281) que formaría parte de “una bolsita” (Casanova 1933, pp. 280-281), y un fragmento de fleco de un poncho. Sobre la bolsita con el manojo de fibras, se aclara que eventualmente “sirviera para preservar a su poseedor de alguna enfermedad o desgracia” (Casanova 1933, p. 281). El investigador acota, incluyendo una apreciación etnográfica que “Hoy todavía, en esa región, los paisanos dan mucho crédito a los bolivianos que traen productos del valle de Yungas y que venden remedios y amuletos contra todos los males físicos y morales” (Casanova 1933, p. 281).

Cuando se explaya en la descripción del sitio HUM.07b, realiza una generalización sobre la alfarería diciendo que “Las pocas piezas que poseemos presentan todas una manufactura similar: son vasos toscos, de paredes rugosas, y regularmente cocidos; técnicamente muy inferiores a los preciosos vasos zoomorfos procedentes del pucará de La Cueva” (Casanova 1933, pp. 287-288). De todas formas, más adelante dentro de este conjunto de cuatro piezas, Casanova (1933, pp. 290-292) describe un:

“Vaso […] incompleto […] que está bien cocido […] y parecería que se hubiera querido representar algún animal o fruto. En la parte posterior hay una protuberancia maciza que pudiera indicar una cola. En la parte opuesta sobresale una punta cuya extremidad se encuentra rota y donde terminan dos relieves simétricos que vienen desde el centro del vaso.”

Si observamos la pieza N° 31-281 (Fig. 5c), se trata de otro vaso zoomorfo, que aunque está incompleto, es semejante a los encontrados en HUM.06.

Otra interpretación sobre el registro material analizado, que remite a su narración sobre el pasado, es que los instrumentos óseos que encuentra en este sitio (N° 31-292,31-293 y 31-294; Figs. 11a y b), fueron “hechos con huesos de llama, […] abundantes en todo el noroeste argentino y en especial en la puna de Jujuy” (Casanova 1933, p. 292). Allí destaca que R. Lehmann-Nitsche describió otros idénticos para San Juan Mayo, aunque estos tenían tapas de cuero en sus extremidades, “lo que permite establecer que se trata de estuches” (Casanova 1933, p. 292). Por último, nos brinda la descripción de una pieza de metal (N° 31-290; Fig. 10a), que define como un brazalete de bronce, que debió “servir para proteger la muñeca” (Casanova 1933, p. 293), iguales –de acuerdo al investigador–, a los encontrados por Ambrosetti en la región calchaquí.

Dentro del mismo sitio se recuperaron tres cuentas de plata (N° 31-289; Fig. 2c). Casanova (1933) describe su técnica de manufactura –enrollamiento– y medidas, y las interpreta como cuentas de collar cilíndricas. También entre los objetos metálicos destaca el hallazgo de un pequeño objeto de oro (N° 31-291; Fig. 10b), al que califica como “adorno” para usar suspendido a las “vestiduras o colgadas del cuello, con ayuda de un cordoncito” (Casanova 1933, p. 294).

Por último, y reafirmando lo expresado respecto a que la quebrada de La Cueva es parte de la de Humahuaca, cuando aborda el sitio HUM.08 menciona que las piezas cerámicas “están bien cocidas y presentan paredes alisadas y no muy gruesas; como técnica son muy superiores a las del pucará Morado, ofreciendo semejanzas […] con las piezas extraídas de las ruinas de la quebrada de Humahuaca” (Casanova 1933, p. 300). Por ejemplo, en el caso de “los grandes cántaros que han sido encontrados en los ángulos de las viviendas, tapados con trozos de piedra de laja [y que] debieron ser destinados a guardar líquidos, bien sea agua o chicha” (Casanova 1933, p. 300) –deducción que realiza a partir de una observación etnográfica, dado que destaca que “los paisanos guardan esta bebida en grandes vasijas de barro cocido” (Casanova 1933, p. 300)–, se aclara que piezas “exactamente iguales” fueron encontradas en Coctaca (sitio de la Quebrada de Humahuaca), y muy semejantes a otras de la quebrada troncal, especialmente en el pucará de Tilcara (aunque aclara que estas últimas difieren en la disposición de las asas y en que presentan generalmente decoración, a diferencia de las encontradas en HUM.08 [pieza N° 31-319; Fig. 6j]).

Cuando analiza las tres piezas calceiformes o asimétricas (N° 31-302; 31-303; 31-204, Figs. 6g, h, i), tomando como base los estudios de Bregante (1926), que las consideró piezas típicamente calchaquíes, afirma que el hallazgo de estas vasijas en la quebrada de La Cueva, revelan “el jalón más septentrional de la dispersión de estos vasos asimétricos” (Casanova 1933, p. 302). A la pieza N° 31-305 (Fig. 6e) la describe como única en la quebrada de La Cueva, perteneciente “al grupo de los llamados «vasos pseudo-ápodos», de los que se han encontrado varios ejemplares en el pucará de Tilcara” (Casanova 1933, p. 303). Por último, con respecto a la alfarería, sobre las piezas N° 31-296, 31-298, 31-300; 31-299; 31-297; 31-301 (Figs. 6a, b, c, d, f; Fig. 3), destaca que son semejantes a los vasos encontrados y descriptos por Debenedetti en la Isla de Tilcara (sector medio de la Quebrada de Humahuaca), que “están estrechamente vinculados a los llamados timbales […] tipo abundantísimo en Tiahuanaco” (Casanova 1933,p. 305), y son abundantes en la Quebrada de Humahuaca, especialmente en La Isla de Tilcara y Pueblo Viejo de La Cueva.

Con respecto al material lítico, aclara que no es abundante ni original. Dentro del mismo, detalla la presencia de dos manos de mortero (N° 31-307 y 31-308; Figs. 9b y c), así como un hacha plana (N° 31-306; Fig. 9a), sobre la cual aclara que “a pesar de su fragilidad aparente que la hace más apta para insignia que para la lucha, pudo ser en manos vigorosas un arma terrible por el tajante filo” (Casanova 1933, p. 312). A estos objetos se suman: a) unas 130 cuentas de malaquita y lapislázuli (N° 31-310; Fig. 2e) que “debieron formar parte de un collar […] de mucho mayor tamaño que el que hemos formado con los ejemplares reunidos” (Casanova 1933, p. 312), b) ocho morteros o muyunas de piedra (N° 31-311;31-312;31-313;31-314 y 31-318; de los cuales se eligieron para ilustrar los que aparecen en la Figs. 9e y f), sobre los que no brinda mayores detalles que dimensiones y material de confección y c) un raspador de obsidiana (N° 31-309; Fig. 9d) y varios fragmentos del mismo material, sobre el que destaca que “a pesar de ser escaso y a menudo traído de muy lejos, era el material preferido para hacer instrumentos pequeños y puntas de flechas, indudablemente por su gran dureza” (Casanova 1933, p. 314).

Finalmente, con respecto a los objetos de metal, el investigador interpreta que fueron adornos personales y, gracias a la determinación que efectuó el Dr. Erwin Kittl (miembro de la Sección de Geología y Mineralogía del museo), informa que fueron realizados con un “elevado por ciento de oro al cual se mezclaba, en menor proporción, la plata” (Casanova 1933, p. 314). Entre ellos se encuentran: un brazalete ovalado con abertura (N° 31-320; Fig. 2f) y dos brazaletes más, idénticos entre sí (N°31-323; Fig. 10c), aunque uno está completo y el otro no. Se interpreta que “debieron pertenecer a una misma persona” (Casanova 1933, p. 315). Además se encontraron dos anillos (N° 31-324 y 31-325; Figs. 10d y e), el segundo fragmentado e incompleto. Por último, se presenta un adorno representando un pájaro (N° 31-326; Fig. 10f), cuya técnica de confección “es usual en la quebrada de Humahuaca” (Casanova 1933, p. 316), como por ejemplo en La Isla de Tilcara.

El investigador termina el trabajo destacando su narración sobre el pasado, al decir que:

“Las industrias de la cerámica, de la piedra, del hueso, del tejido y del metal estaban grandemente desarrolladas y ofrecían las mismas técnicas que en toda la quebrada de Humahuaca. Como ejemplos recordaremos: los grandes cántaros, los vasos zoomorfos, los vasos asimétricos o calceiformes, los vasos «tipo Isla», etc. En metalurgia el laminado de oro, para recortar en las planchuelas adornos personales (Casanova 1933, p. 318)”.

De todos modos, es importante resaltar un dato relevante sobre su interpretación final, cuando dice: “Como ejemplo de elementos extraños a la quebrada de Humahuaca propiamente dicha, podemos citar a los instrumentos de piedra, palas y azadones, que mostrarían el aporte de los pueblos situados al oeste y norte de los humahuacas” (Casanova 1933, p. 318). Por lo tanto, la quebrada de La Cueva es, según Casanova (1933, p. 318), la:

“continuación geográfica de la de Humahuaca y los pueblos prehistóricos que la poblaron tuvieron el mismo patrimonio cultural; pero la situación de estos yacimientos de La Cueva, en el límite extremo de esta civilización, aparecen algunos elementos, cuya importancia y significado aún no es posible precisar, que pueden ser de gran valor para estudiar las relaciones de los humahuacas con otras tribus contemporáneas tuyas.”

Narración sobre el pasado de la quebrada de La Cueva desde la perspectiva de Myriam Tarragó

Sobre este otro caso, es relevante aclarar que la publicación de Tarragó (1977) no tenía por objeto el estudio de la quebrada de La Cueva y su materialidad, sino que toma dos ejemplos cerámicos de la colección “Casanova-Gatto” procedentes de HUM.08, para compararlos con piezas de contextos funerarios de San Pedro de Atacama (Chile), a las que considera excepcionales. Consecuentemente, su narración sobre el pasado de La Cueva es indirecta y deducida por nosotros, a partir de su interpretación sobre este registro material puntual.

Las piezas que menciona corresponden a las N° 31-301 y 31-297. En el primer caso (Fig. 6b), la disposición de la decoración del cuello y su forma es idéntica a la pieza Quitor 6, parte Sur, tumba N° 2569 a 2573, estudiada por la investigadora en San Pedro de Atacama, al mismo tiempo que es asignada al estilo “Isla Polícromo”. La segunda pieza N° 31-297 (Fig. 3), también de estilo “Isla”, presenta una guarda decorativa del sector inferior que consta de tres líneas quebradas paralelas, semejante a la pieza de Tchear, túmulo sur, tumba N° 695 de San Pedro de Atacama.

Además, se aclara que Pueblo Viejo de la Cueva (HUM.08) es parte de la Quebrada de Humahuaca, como afirmó Casanova previamente, al mismo tiempo que Tarragó (1977, p. 61) postula que:

“Las piezas Isla [de San Pedro de Atacama] deben haber sido obtenidas por comercio con el área quebradeña de Argentina […] resultado de intercambios mutuos entre dos puntos terminales de la red de comercio implementada por el estado de Tiahuanaco en el Área Andina Meridional con toda una serie de connotaciones socioeconómicas y de complementación entre áreas ecológicas diferentes”.

De este modo, la narración sobre el pasado de la quebrada de La Cueva se complejiza al incluirla dentro de la problemática de la esfera estatal Tiahuanaco, y consecuentemente le otorga mayor profundidad temporal a su ocupación, algo sobre lo que Casanova no había discutido o planteado. En este sentido, Tarragó (1977, p. 62) aclara que:

“creemos de valor para la caracterización de un período Medio o Formativo Superior dentro de la quebrada de Humahuaca los datos de asentamiento y la asociación de elementos aportados por Casanova [1933: 297-316] en el recinto rectangular de piedra excavado en el sitio Pueblo Viejo de La Cueva”.

Narración sobre el pasado de la quebrada de La Cueva desde la perspectiva de Alicia Fernández Distel

En una investigación donde releva la información arqueológica publicada sobre el Departamento de Humahuaca, Fernández Distel (1983a) reitera los mismos datos sobre la materialidad de la colección, que fueran publicados cincuenta años antes por Casanova (1933). Lo que hace es reducir la enumeración de estos objetos, disminuyendo la variabilidad encontrada y acentuando el vínculo entre la quebrada de La Cueva y la Quebrada de Humahuaca, como lo hiciera su predecesor. De este modo, cuando describe los materiales de HUM.06 menciona sólo la existencia de “hojas de azadones, conanas y piedras de moler; vasos ornitomorfos de cerámica modelada, pintados en negro, blanco y rojo, pertenecientes al estilo “Isla Polícromo” (Fernández Distel 1983a, p. 10), repitiendo la misma narración sobre este espacio: una quebrada que en tiempos prehispánicos (durante el desarrollo de la “Cultura Humahuaca, períodos Medio o Tardío” [Fernández Distel 1983a, p. 10]), presentaba semejanzas estilísticas con la quebrada troncal, dado que el estilo “Isla Polícromo” fue definido para el sitio La Isla de Tilcara, en el sector medio de la Quebrada de Humahuaca. De todo el conjunto material del sitio, elige ilustrar solamente uno de los vasos “ornitomorfos” mencionados por Casanova.

Cuando Fernández Distel (1983a, p. 11) detalla los materiales de HUM.07b, nuevamente reduce la cantidad recuperada, al hacer mención solamente de:

“tres vasos de alfarería, un brazalete de bronce, y un adorno de oro […] un vaso de cerámica con decoración en relieve, tres cuentas de plata y un pequeño mortero de piedra […] varios cántaros grandes muy similares a los hallados en el Pueblo Viejo de La Cueva”.

En este caso, también vuelve a ubicar cronológicamente este otro sitio, durante el desarrollo de la “Cultura Humahuaca en el período Medio o Tardío” [Fernández Distel 1983a, p. 11]. Finalmente, para HUM.08, resume nuevamente la variabilidad encontrada previamente, y lo vincula a la Quebrada de Humahuaca durante el desarrollo de la “Cultura Humahuaca, Período Medio o Tardío” [Fernández Distel 1983a, p. 12]. Así menciona que se encontró: “un hacha lítica tallada; cerámica lisa conformando escudillas asimétricas y cántaros grandes; cerámica pintada en negro y blanco sobre rojo, perteneciente, posiblemente al estilo Isla Polícromo” (Fernández Distel 1983a, p. 11). Resulta llamativo que en su enumeración no aluda a las piezas de oro y plata ornitomorfas, que, en cambio, ilustra.

Narración sobre el pasado de la quebrada de La Cueva desde la perspectiva de Alberto Rex González y Marta Baldini

Del mismo modo que el trabajo de Tarragó (1977), la publicación de González & Baldini (1992) no tenía por objeto el estudio específico de la quebrada de La Cueva y su materialidad, sino que utilizan una pieza de oro y plata de HUM.08 (N° 31-326; Fig. 10f) para hablar de una amplia dispersión en el Período Temprano (refiriendo a ocupaciones previas al 900 d.C.) del uso de adornos de metal –aunque los autores jamás mencionan la procedencia exacta de la pieza, y sólo destacan que es de la Quebrada de Humahuaca–. Según las narraciones que surgen sobre el pasado de la quebrada de La Cueva, Pueblo Viejo de La Cueva sería parte de la Quebrada de Humahuaca, tal como afirmaron los investigadores precedentes; el sitio pertenecería al Período Temprano y, finalmente, a partir de los adornos de metal –especialmente los que tienen forma “de aves con las alas desplegadas, recortadas en láminas de oro u cobre”(González & Baldini 1992, p. 9)–, se pueden platear relaciones entre sectores del Noroeste Argentino y otras regiones del Área Andina en general, dado que los autores postulan la presencia de este tipo de objetos en diferentes espacios como Hualfín, Quebrada de Humahuaca, Valle de Huasco –Chile–, y Titicaca –Bolivia– (González & Baldini 1992).

Narración sobre el pasado de la quebrada de La Cueva desde la perspectiva de Susana Basílico

El trabajo de Basílico (1992), centrado específicamente en el estudio del sitio Pueblo Viejo de La Cueva, analiza, de igual forma que Tarragó (1977), las mismas piezas cerámicas con las que esta última investigadora encuentra semejanzas entre HUM.08 y San Pedro de Atacama (piezas N° 31-301 y 31-297; Figs. 3 y 6b). Basílico se detiene en el análisis de su morfología y diseño, para poder compararlas con las formas que ella encuentra en el sitio durante sus excavaciones, a finales de los años ochenta y comienzos de los noventa. Al respecto, considera estos objetos como pertenecientes al estilo “Isla” –como plantearon Tarragó (1977) y Fernández Distel (1983a)–. El estudio de las piezas completas también le sirve a Basílico (1992) para postular que los múltiples fragmentos que encuentra en HUM.08 corresponden a recipientes de estilo “Isla”, debido a sus semejanzas estilísticas en forma y diseño. Al respecto destaca que la existencia de ese estilo en HUM.08 se debió a “contactos” inter-sitios que tuvieron estos pueblos.

Con el fechado del sitio en 1180+/–50 AP (LP-142), la investigadora puede “asegurar la ubicación cronología de esta sociedad en el Período Medio y como consecuencia también de estilo Isla” (Basílico 1992, p. 126). Así, reafirma la ubicación temporal que se desprendía del trabajo de Tarragó (1977) y la que planteó Fernández Distel (1983a).

Narración sobre el pasado de la quebrada de La Cueva desde nuestra perspectiva

Nuestra narración sobre el pasado de la quebrada de La Cueva se remite a las conclusiones que hemos ido elaborando sobre dos de los tres sitios que brindaron los materiales para conformar la colección “Casanova-Gatto”: el Pukara de la Cueva (HUM.06) y Pueblo Viejo del Morado (HUM.07b). Dado que en Pueblo Viejo de La Cueva (HUM.08) la comunidad local no permite el trabajo de arqueólogos por el momento (Ramundo 2018b), se modifican las narraciones y/o interpretaciones sobre el pasado, como retomaremos al final del texto.

Estas conclusiones también han sido fruto de un enfoque que partió de la premisa de que la quebrada de La Cueva ha sido un lugar de ocupación permanente –y en algunos casos muy prolongada– y, al mismo tiempo, un lugar de circulación y conexión con sectores cercanos y lejanos dentro y fuera del Noroeste Argentino. Por ese motivo, no sólo nos hemos centrado en los elementos que la vinculan con otros sectores (tales como la Quebrada de Humahuaca, la Puna Jujeña, las Selvas Occidentales, el sur de Bolivia o el norte de Chile), sino que también nos ocupamos de aquello que la distingue o diferencia, brindándole una identidad propia.

Con respeto a HUM.06, los análisis comparativos sobre el material cerámico nos han permitido determinar que aquellas piezas que actualmente están extraviadas, los dos “vasos ornitomorfos” (Casanova 1933), en realidad son semejantes a las vasijas asimétricas zoomorfas de la Puna Jujeña, que representan camélidos. Esto marca un vínculo/relación/interacción entre el sector norte de la Quebrada de Humahuaca (puntualmente la quebrada de La Cueva), con sectores más septentrionales de la provincia de Jujuy (Ramundo 2015a), que Casanova u otros investigadores precedentes no consideraron.

Por otra parte, el estudio en detalle de aquello que se definió como “una vasija sin decoración (Casanova 1933, p. 267), en realidad es un puco que presenta, pintada en morado, una cruz en el centro y fondo de la pieza (Fig. 4a). Este tipo de diseños está presente en conjuntos asignados al estilo “Humahuaca Negro sobre Rojo”, encontrados en pucos del Período de los Desarrollos Regionales, tanto en el sector norte como central de la Quebrada de Humahuaca (Ramundo 2017a). De este modo, ampliamos la variabilidad cerámica encontrada en el sitio, y la hemos podido relacionar a una cronología relativa, así como a sectores específicos de la quebrada troncal.

Por otra parte, para el mismo sitio, Casanova menciona la existencia de fragmentos decorados, aunque no los estudia en detalle, dado que no era el objetivo de la arqueología de principios del siglo XX analizar fragmentos, sino básicamente piezas enteras y de preferencia exhibibles (Ramundo 2008). El análisis macroscópico de estos fragmentos nos permitió determinar que se trata de cerámica perteneciente a los estilos “Humahuaca Negro sobre Rojo” y “Humahuaca-Inca” (Ramundo 2017a) (Fig. 4b), información que amplía el panorama de la variabilidad cerámica del sitio y lo relaciona con una cronología relativa que se vio reafirmada por los fechados radiocarbónicos del sitio.

El estudio comparativo de la colección “Casanova-Gato” con la colección Benjamín Muniz Barreto y nuestras excavaciones y prospecciones (Ramundo 2018a) permitió observar la presencia de palas líticas en gran cantidad, y por lo tanto confirmar la importancia que la agricultura tenía en este sector de la quebrada. A la abundancia de palas se le suman las mazas de la colección Benjamín Muniz Barreto –similares a las encontradas por Casanova (Ramundo 2018a)–, y una gran cantidad de tubos de hueso idénticos a los de la colección “Casanova-Gatto”, dentro de HUM.06. Por otra parte, una vasija zoomorfa como las encontradas en la Puna Jujeña, a la que K. Schuel denominó “llama” (Ramundo 2018a), revela la importancia de estas piezas en el sitio, debido a que Casanova había encontrado dos ejemplares, y de este modo se ratifica el vínculo entre la quebrada y ese sector, donde este tipo de vasijas son abundantes.

Por otra parte, los fechados radiocarbónicos de HUM.06 cambian la narración sobre el pasado de la quebrada porque, a diferencia de quienes nos precedieron, la información nos permite ubicar el sitio en el Período de los Desarrollos Regionales II y el Período Incaico, y se demuestra que la ocupación de la quebrada no solo se remitió a momentos más tempranos.

Los estudios realizados sobre materiales de la colección que procedía de HUM.07b, también nos permitieron cambiar algunas conclusiones de Casanova (1933). Por ejemplo, describe una ollita subglobular sin decoración y con hollín (N° 31-283; Fig. 2b), pero el análisis del propio texto de Casanova determinó que el autor se contradice y menciona que la vasija presenta decoración. Esta pieza pudo ser atribuida al estilo “Humahuaca Negro sobre Rojo” (Ramundo 2017a) ampliando, de este modo, el panorama de la variabilidad cerámica de HUM.07b. Por otra parte, la pieza N° 31-282, descripta por Casanova como un vaso sin decoración, la hemos definido como un cántaro que externamente presenta pintura “Morado La Cueva” (Ramundo 2017a), y que predomina en el sitio (Ramundo et al. 2019). Otra pieza que se recuperó allí (N° 31-280) –de acuerdo a Casanova–, es un vaso sin decoración. En el análisis determinamos que se trata de una vasija restringida independiente, con decoración pintada “Morado La Cueva” en ambas superficies (Ramundo et al. 2019). De este modo, también se abre el espectro de la diversidad cerámica del sitio.

Además, Casanova (1933) describió otra pieza zoomorfa o fitomorfa, sobre la cual ni siquiera se detiene. Sin embargo, pudimos determinar que dicho objeto sería semejante a las vasijas asimétricas zoomorfas de la Puna Jujeña (Albeck & Ruiz 2003; Zaburlin 2016), como las que hemos analizado para HUM.06, y sobre la cual planteamos hipotéticamente, y en función de otros estudios realizados sobre este tipo de piezas (Zaburlin 2016), que eventualmente podrían tener alguna relación con representaciones de la carga o la soga con la cual se ata dicha carga al animal (Ramundo et al. 2019). Esto marca nuevamente alguna clase de vínculo o interacción con ese sector del Noroeste Argentino. A ello se suma el hecho de que esa pieza se encuentra decorada con el estilo “Brochadas Moradas La Cueva”, estilo propio de la quebrada (Ramundo 2017a); el cual es predominante en la cerámica recuperada recientemente en HUM.07b (Ramundo et al. 2019).

Nuestros análisis sobre el material minero-metalúrgico encontrado en HUM.07b por Casanova, especialmente el brazalete de bronce, determinaron que este tipo de objetos resultan ser escasos en el Noroeste Argentino, a pesar su amplia distribución en el área Surandina. También planteamos que su función ha sido la de adorno para los brazos, posiblemente con un fuerte contenido simbólico (González & Goretti 2012). La existencia de esta pieza, y las otras de este tipo que forman parte de la colección “Casanova-Gatto”, nos habla de ciertas actividades mineras realizadas en el área y permite plantear la pregunta sobre el posible origen de los minerales presentes en el registro. En este sentido, se sabe que los bienes metálicos y los minerales metalíferos formaron parte de las redes de circulación de distintos elementos y la Quebrada de Humahuaca participó de esas redes. Sin embargo, la procedencia de los cuatro principales minerales metalíferos explotados en el Noroeste Argentino (Au, Ag, Cu y Sn) en tiempos prehispánicos, posee una distribución muy amplia dentro y fuera de la Quebrada de Humahuaca. Por ello, no es posible precisar por el momento, el origen de los minerales utilizados para la elaboración, por ejemplo, de las cuentas recuperadas en excavación de Casanova (Ramundo et al. 2019).

Finalmente, en lo que respecta a los estudios realizados sobre los materiales óseos recuperados en el sitio por Casanova, se puede aclarar que los tubos de hueso (N° 31-293; Fig. 11a) podrían ser considerados partes de instrumentos musicales, aunque no es posible descartar su uso como tubos para inhalar alucinógenos, debido a que para afirmarlo sería necesario un estudio del contenido (Ramundo et al. 2019). Este estudio se dificulta por tratarse de objetos de colecciones a los que difícilmente se les pueda realizar este tipo de análisis, y sobre los que no sabemos si han sido lavados en algún momento de su almacenamiento (porque se trata de objetos depositados a comienzos del siglo XX, cuando las normativas de conservación preventiva no eran las actuales). Igualmente, ambas funcionalidades potenciales remiten a un uso ritual, que condice con el espacio donde fueron hallados estos objetos, contextos funerarios (Ramundo et al. 2019).

Conclusiones

Como expresamos desde la introducción del presente trabajo, las narraciones del pasado responden básicamente al enfoque o posicionamiento teórico-metodológico de cada investigador, entre otros factores. En este sentido, Casanova podría considerarse cercano a la escuela Histórico-Cultural europea, a pesar de que la impronta de dicha corriente en Argentina se visibiliza de forma clara desde mediados de la década del cuarenta del siglo XX en adelante (Ramundo 2008, 2010). Sostenemos esta idea, dado que el autor constantemente se plantea discutir la inclusión de la quebrada de La Cueva dentro de la Quebrada de Humahuaca a nivel cultural, destacando conceptualmente que la primera participa de todos los “caracteres” de la segunda, y postulando la existencia de semejanzas entre los restos culturales (tipos de materiales y abundancia, etc.) de la quebrada con los de otros sitios de la quebrada troncal (p. ej. la Isla de Tilcara y el Pukara de Tilcara), así como –en menor medida– con sectores más lejanos, como el área Calchaquí. Es importante resaltar que la presencia de vasos asimétricos del sector Calchaquí hace de esta área de estudio el jalón más septentrional de su “dispersión” (Casanova 1933). De este modo, el uso del concepto “dispersión”, nos permitiría ubicar al investigador dentro de la corriente Histórico-Cultural.

A lo largo de este trabajo hemos podido observar que la colección “Casanova-Gatto” era la única de la zona que se conocía hasta finales de los años ochenta del siglo XX, y por lo tanto, era aquella desde la que se construían narraciones sobre el pasado de la quebrada de La Cueva. Sin embargo, esta situación cambia por tres factores:

a) por los cambios teórico-metodológicos que se produjeron a nivel disciplinar;

b) por las excavaciones que se realizan en los ochenta dentro del Pueblo Viejo de La Cueva y, luego, por las que nosotros hemos realizado en HUM.06 y HUM.07b entre la primera y segunda década del presente milenio;

c) por el descubrimiento (realizado hace poco tiempo) de que Benjamín Muniz Barreto obtuvo –gracias al trabajo de K. Schuel en 1919 dentro de la quebrada– otra colección de materiales procedentes de HUM.06 y HUM.08, los cuales hemos estudiado y reinterpretado (Ramundo 2018a).

Como expresamos, las narraciones sobre el pasado se ampliaron cuando fueron interpretadas por otros investigadores, fruto del cambio de los objetivos de estudio que surgen de nuevas perspectivas teórico-metodológicas. Así por ejemplo, y siguiendo el orden cronológico de publicaciones sobre la quebrada, cuando Tarragó (1977) presenta su texto, incluye algo totalmente novedoso para este sector de estudio, la consideración de estilos cerámicos que oportunamente fueran planteados por Bennett, Bleiler & Sommer (1948), y que en otros sectores de la Quebrada de Humahuaca ya se habían incluido y trabajado desde hacía tiempo (la investigación de estos tres autores, junto con los aportes realizados por Alberto Rex González a mediados de los años cincuenta del siglo XX, cambiaron la forma teórico-metodológica de trabajar en la arqueología argentina [Ramundo 2008, 2010]). La determinación de la presencia de estilo “Isla” en Pueblo Viejo de La Cueva le permite a Tarragó (1977) brindar una ubicación temporal al sitio (“Período Medio o Formativo Superior”), y la narración del pasado cambia. De igual modo que cambia al incluir a la quebrada de La Cueva dentro de una problemática mayor: la esfera estatal Tiahuanaco, fruto de un salto teórico –que en nuestro país se produjo entre los sesenta y setenta del siglo XX–, que consideró la importancia de la complementariedad e interacción entre distintas zonas ecológicas del Área Andina Meridional.

Posteriormente, Fernández Distel (1983a), se ocupa del análisis de la quebrada de forma integral, sin embargo, no reestudia la colección, y sus interpretaciones o narraciones fueron cuasi idénticas a las realizadas por su primer investigador. Aunque, tal como Tarragó (1977) hiciera oportunamente, ella también incluye el estudio de estilos cerámicos, producto del cambio teórico-metodológico que traen los investigadores norteamericanos (hacemos referencia a Bennett, Bleiler & Sommer [1948]). En su texto se observa que la quebrada de La Cueva comparte caracteres con la Quebrada de Humahuaca (esto lo destaca al referirse a la materialidad, el tipo de viviendas, la localización de los hallazgos y los tipos cerámicos propios de sitios de la quebrada troncal). Pero el empleo de ciertos conceptos denota en este trabajo una multiplicidad de marcos teórico-metodológicos, uno posiblemente cercano a la corriente Histórico-Cultural –al igual que Casanova (1933)–, al hablar de “Cultura Humahuaca”, así como también a conceptos estilísticos (puntualmente el estilo “Isla”) y cronológicos (como Período Medio o Tardío), utilizados en los enfoques de corrientes norteamericanas de los años cincuenta y sesenta.

Lógicamente, el trabajo de González & Baldini (1992) también se elaborará desde los marcos teóricos de las recién mencionadas escuelas norteamericanas, dado que González fue el mayor impulsor de ese cambio teórico-metodológico dentro de nuestro país (Ramundo 2008, 2010). El texto ubicará indirectamente al sitio Pueblo Viejo dentro del Período Temprano (que como ya expresamos, hace referencia a ocupaciones previas al 900 d.C.), y de la misma forma que lo hiciera Tarragó (1977), aunque usando una materialidad diferente (en este caso la metalúrgica), introduce a la quebrada de La Cueva en la esfera de interacción y circulación del Área Andina Meridional.

Las narraciones o interpretaciones sobre el pasado también se modifican cuando la materialidad de la quebrada de La Cueva se amplía y compara con la obtenida en la colección original. Ese es el caso del trabajo de Basílico (1992), cuyo enfoque apuntó a comparar metodológicamente el material que extrajo de HUM.08, con la misma cerámica de estilo “Isla” que estudió Tarragó (1977) para establecer relaciones con sitios de la Quebrada de Humahuaca, y aclara que los elementos y estructuras de diseño de este sitio tienen correspondencia con dicho estilo, y por lo tanto son “Isla” también. Destaca que la existencia de ese estilo en HUM.08 se debió a “contactos” inter-sitios que tuvieron estos pueblos. El uso del concepto “contactos” nos permitiría mostrar una vez más la mezcla de corrientes teórico-metodológicas que planteamos para esa etapa de la arqueología argentina que inicia en los años noventa del siglo XX (Ramundo 2008, 2010), dado que, si bien se lo podría vincular a una postura cercana a la escuela Histórico-Cultural, el trabajo además utiliza una concepción de estilo cerámico muy amplia, diferente a la de Bennett, Bleiler & Sommer (1948). En Basílico (1992), el estilo involucra la producción, morfología, elementos y estructura del diseño, así como el análisis de pastas; visión que se podría relacionar metodológicamente con enfoques de corte procesual (corriente con fuerte impronta en nuestro país en los años ochenta del siglo XX, a pesar de que su introducción se puede rastrear desde los setenta en adelante [Ramundo 2008, 2010]).

Como hemos podido observar a partir del texto, nuestros estudios sobre la materialidad de la colección, y su comparación con el registro material que recuperamos y con la evidencia de la colección Benjamín Muniz Barreto (Ramundo 2018a), nos han permitido cambiar algunas interpretaciones previas. Nuestra preocupación dejó de estar solamente focalizada en aquella materialidad que permitía aseverar que la quebrada de La Cueva poseía idéntico patrimonio que la Quebrada de Humahuaca, y nos ocupamos además de estudiar aquello que la vinculaba con otros sectores del Noroeste Argentino, así como en eso que la diferenciaba y le brindaba una identidad propia. Nuestra premisa es que la quebrada fue parte de la quebrada troncal, pero además desarrolló elementos propios, y también se nutrió del aporte de otros sectores cercanos y lejanos (Puna Jujeña, sur de Bolivia y norte de Chile, entre otros).

La narración cambia, al encontrar –por ejemplo–, elementos de diseño cerámico ignorados o simplemente no vistos, así como al analizar nuevamente diseños previamente estudiados, pero desde otra perspectiva. De este modo se logró determinar algunos procesos sociales prehispánicos dentro de la quebrada de La Cueva, tales como circulación/interacción, producción local o no local y consumo, entre otros.

Al analizar de forma comparativa el registro de la colección (encontrada por Casanova y sus interpretaciones) con el material que recuperamos en los mismos sitios, se pudo observar formas completas que sólo logramos encontrar fragmentadas, para acercarnos a temas como funcionalidad, estilo, producción, etc.

También fue posible reafirmar que en la quebrada de La Cueva acontecieron ciertos procesos sociales y, simultáneamente sopesar su importancia. Hacemos referencia, por ejemplo, al planteo de Casanova (1933) sobre la interacción con la zona del Pacífico, a partir del estudio del molusco encontrado; algo que confirmamos por el hallazgo de un molusco fósil del Jurásico dentro del sitio HUM.06, cuya procedencia fue la zona de San Pedro de Atacama en Chile (Ramundo & Damborenea 2011). Otro proceso socio-productivo marcado sutilmente por Casanova fue la actividad agrícola en HUM.06, algo que reafirmamos al encontrar varias palas líticas (Pérez 2008), así como a través del relevamiento de múltiples campos de cultivo en el sector inferior y medio de la quebrada de La Cueva (Ramundo 2016a).

Además, debemos destacar que nuestra relectura del material nos ha permitido brindar potencial función a cierta materialidad antes solo descripta y no interpretada, como el caso de los tubos de hueso y el brazalete de bronce de HUM.07b.

Por otra parte, debemos retomar una idea que presentamos al comenzar la explicación de nuestra narración sobre el pasado de la quebrada. Allí expresamos que en HUM.08 la comunidad local no permite el trabajo de arqueólogos por el momento, y postulamos que esto también modifica las narraciones sobre el pasado. Fundamentalmente, porque invisibiliza dicho pasado, y de alguna forma es negado por parte de las comunidades locales actuales frente a la construcción que tiene el ámbito científico arqueológico sobre este espacio. Esta situación impide el desarrollo de nuestra perspectiva de investigación, propia de enfoques más recientes de la disciplina, en el que consideramos que la arqueología debe trabajar de forma multivocal (Ramundo 2015c, 2018b), haciendo que nuestra práctica profesional se oriente a la integración de todas las voces interesadas en el patrimonio arqueológico de este espacio: población local, entidades educativas del sector, arqueólogos, historiadores y otros actores sociales. Este enfoque, y la práctica que llevamos a cabo, se insertan en un contexto socio-histórico y disciplinar diferente al vivido por quienes nos precedieron en la investigación de la quebrada, dado que la existencia de movimientos de reivindicación de los pueblos originarios ha reconfigurado la relación arqueólogos-comunidades, enriqueciendo y al mismo tiempo complejizando los estudios, desencadenando consecuentemente un rumbo diferente en el camino del conocimiento del pasado.

Para finalizar queremos destacar que, a lo largo de estas páginas y a través del recorrido sobre el derrotero de la colección “Casanova-Gatto”, hemos demostrado cómo la historia de las investigaciones en la quebrada de La Cueva incide en el desarrollo y en los resultados de los estudios de este sector del Noroeste Argentino.

Agradecimientos

Agradezco a la Lic. Luciana Sosa por la traducción del resumen al inglés, al Lic. Fernando Cabrera por la lectura del manuscrito, a los evaluadores y editores del texto por sus aportes, y a los responsables del Depósito del Instituto Interdisciplinario Tilcara y del Depósito de Arqueología del Museo Etnográfico de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, por su amabilidad durante el estudio de la colección en ambas instituciones.

Notas

[1]El Período de los Desarrollos Regionales II o Tardío se extiende entre 1250 d.C. y 1430 d.C.; está precedido por el Período de los Desarrollos Regionales I o Temprano (entre el 900 d.C. y el 1250 d.C.) y le sigue el Período Incaico o Inka entre 1430 d.C. y 1536 d.C., de acuerdo a Nielsen (2007).

[2]Museo que actualmente forma parte del Instituto Interdisciplinario Tilcara y, junto con otros espacios, integran el Centro Universitario Tilcara (CUT) de la Universidad de Buenos Aires.

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Notas

[1] El Período de los Desarrollos Regionales II o Tardío se extiende entre 1250 d.C. y 1430 d.C.; está precedido por el Período de los Desarrollos Regionales I o Temprano (entre el 900 d.C. y el 1250 d.C.) y le sigue el Período Incaico o Inka entre 1430 d.C. y 1536 d.C., de acuerdo a Nielsen (2007)
[2] Museo que actualmente forma parte del Instituto Interdisciplinario Tilcara y, junto con otros espacios, integran el Centro Universitario Tilcara (CUT) de la Universidad de Buenos Aires


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