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Juventud, trabajo y narcotráfico. Inserción laboral de los jóvenes en organizaciones delincuenciales1
Tla-Melaua. Revista de Ciencias Sociales, núm. 49, 2020
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Reseñas

Tla-Melaua. Revista de Ciencias Sociales
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México
ISSN-e: 2594-0716
Periodicidad: Semestral
núm. 49, 2020


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Los fenómenos del narcotráfico, la delincuencia, los procesos de inserción en los mercados laborales y la juventud no son fáciles de comprender. Mucho más complejo es comprender, sin realizar juicios y sentencias morales, a los actores juveniles que enfrentan en el día a día distintos escenarios. La complejidad aumenta cuando intentamos acercarnos a ellos en conjunto.

El esfuerzo que realizan los participantes en la obra que nos ocupa es precisamente dar cuenta de dichos fenómenos, sus relaciones, prácticas, pases e impases que se van formando en relación con los actores concretos que los viven. Las actividades ilegales han cobrado especial relevancia en el contexto latinoamericano, especialmente en las relaciones que se establecen entre los grupos de la delincuencia organizada y el orden estatal. Así, es complejo no solo teorizar la problemática, sino también hacer visibles los espacios y las formas concretas que han venido creciendo en la realidad Latinoamericana.

El tema de la juventud es de gran importancia, debido a dos razones principales. Por un lado, el actor concreto que vive y realiza las prácticas del narcotráfico, la delincuencia y demás consecuencias de la falta de oportunidades es la juventud, en toda su diversidad y complejidad. Por otro lado, las prácticas que surgen de estos actores juveniles se ven reflejadas en distintas relaciones sociales y nadie puede alejarse y observar desde su sitio los problemas sociales. Un apunte más que debe hacerse respecto a esto es que la cultura juvenil no puede asimilarse de una sola forma. Precisamente, el tema de este libro sirve a los especialistas para problematizar la conceptualización de lo juvenil y mostrarnos que no existe una sola forma de ser joven.

Así pues, el libro está compuesto por trece capítulos en los que los especialistas en el tema argumentan sobre la compleja relación entre la delincuencia y la juventud, mostrando por qué se ha convertido en una opción de vida para muchos jóvenes. Uno de los puntos más fuertes de la obra es que muestra el trabajo de campo que los especialistas han realizado en distintos contextos de la realidad mexicana y latinoamericana. No solo es importante por las narrativas de los jóvenes o como simple ejemplo; el trabajo sirve como base para problematizar.

En el capítulo uno, dos conocidos especialistas en los temas juveniles de México, Hugo César Moreno y Maritza Urtega, nos introducen en las temáticas y problemas que trata el libro. Pero, además, nos muestran una visión original para comprender los procesos en los cuales se construyen los sujetos juveniles; los contextos en los que se enmarcan las acciones, las situaciones de ingreso en los circuitos del crimen organizado. Asimismo, nos permiten observar las trayectorias de los jóvenes como uno de los ejes de apoyo, para comprender la relación de la juventud con el narcotráfico como opción de vida. De esa forma, los autores analizan la situación actual de los jóvenes en clave de la violencia.

La propuesta de los compiladores del libro es analizar los ejes mencionados, observando cómo es que los jóvenes articulan sus acciones en los marcos de la violencia posestructural. Así pues, usar como marco de referencia esta conceptualización de la violencia es no solo acertado, sino necesario. Dado que las acciones de los jóvenes no pueden comprenderse en términos binarios, de bueno o malo, de víctima o victimario; es necesario introducir elementos que permitan acercarse de mejor forma al complejo fenómeno de los jóvenes en relación con la falta de oportunidades.

Otro punto importante del primer apartado es que los autores proponen comprender la violencia en clave Luhmanniana, es decir, como un medio de comunicación simbólicamente generalizado, capaz de impulsar preferencias e inducir selecciones; un medio usado en la operación de acoplamiento entre sistemas. Este planteamiento nos lleva a problematizar más sobre el lugar que tiene la violencia en las relaciones sociales actuales, en especial el tema de la violencia, más que dar una solución concreta.

En el capítulo dos, “Bocadín”, escrito por Javier Valdez, se ejemplifica etnográficamente el problema de los jóvenes insertos en los circuitos del crimen organizado. Este nos permite observar los procesos de interiorización y normalización de la violencia en los jóvenes que encontraron una oportunidad de vida en el narcotráfico. El lector encontrará en este capítulo una experiencia de vida valiosa, de la cual se puede sacar mucho para comprender el fenómeno de los jóvenes en los circuitos del narcotráfico.

El capítulo “Adolescentes que cometen delitos violentos en México”, de Elena Azaola, se inscribe en el ámbito de la adolescencia, para problematizar las causas y consecuencias del delito desde este periodo de vida cuyas características son la maleabilidad y vulnerabilidad. Así pues, el despliegue metodológico realizado por una de las investigadoras con más renombre en estos temas permite ver las acciones de los adolescentes de forma individual y grupal. Una de las aportaciones más importantes es que muestra las condiciones de vulnerabilidad de los adolecentes y las áreas en que México debe ofrecer mejores condiciones estructurales para los adolecentes.

En el capítulo “Estado ausente: jóvenes vinculados al crimen organizado en Zihuatanejo, Guerrero”, los autores José Luis Estrada Rodríguez y Fredyd Torres Oregón intentan problematizar la relación de los jóvenes con el crimen organizado a partir del eje del miedo. Los autores intentan relacionar las prácticas y actividades socioculturales de los jóvenes y el miedo en dos fases: como vulnerabilidad entre la población y como ausencia del Estado. Así pues, los jóvenes como principales protagonistas de las relaciones de violencia se presentan como productores, pero también como receptores. Los fenómenos en los que se organiza el trabajo de campo son: secuestro, extorción, negocios de lavado de dinero y cobro de plaza. Así, se muestra que la violencia y la delincuencia representan una fuente de ingresos y sobrevivencia frente a las deficiencias, así como la propia promoción de la violencia dentro de los marcos del Estado.

En el capítulo “¿En qué trabajas muchacho? Los guaches en el narco”, Perla Sonia Medina Aguilar muestra cómo es que la migración y el narcotráfico han ganado legitimidad entre los jóvenes, al punto de convertirse en una fuente de empleo importante para ellos en Guerrero. El capítulo intenta profundizar en el desdibujamiento del carácter ilegal de dichas prácticas, y en el hecho de que se hayan convertido en una fuente de empleo viable, pero sobre todo deseable para muchos de los jóvenes en la región. Por otra parte, podemos ver que esto tiene un papel fundamental, tanto en las expectativas que genera en la población juvenil, como en los procesos de funcionamiento en los circuitos del crimen organizado.

En el capítulo seis, “Los morenos de la Costa Chica: cuerpo, corporalidad y performance en contextos de violencia”, Alejandra A. Ramírez López pone sobre la mesa el cuerpo de los jóvenes como una categoría analítica que nos ayuda a observar el complejo que caracteriza el performance, los procesos y prácticas que constituyen la corporalidad de los jóvenes en la Costa Chica de Oaxaca. De esa forma, se muestra que los procesos de afirmación e invisibilización están marcados por una clara distinción, bajo la cual los jóvenes construyen su cuerpo, pese a la estigmatización y la criminalidad.

El posicionamiento del crimen organizado en la región de Veracruz y sus procesos de articulación son el objeto de estudio del capítulo siguiente: “El crimen organizado, articulador de trabajo: jóvenes e infracción sancionada”, de María del Carmen Reyes Maza. El capítulo nos mueve a reflexionar sobre los procesos de legitimación y articulación del trabajo del crimen organizado. Así, vemos que la opción del trabajo por esta vía es una realidad para miles de jóvenes desinstitucionalizados. El texto intenta mostrar las características del contexto veracruzano en torno a la criminalidad, las acciones del Estado y las estrategias de acción que practican los jóvenes.

Por otra parte, los capítulos ocho y nueve abordan el difícil tema del narcomenudeo y el consumo de drogas. Mario J. Domínguez García y Eduardo Zafra Mora nos entregan el capítulo “Narcomenudeo en el barrio y los ayudantes del dealer: historia de mostros, halcones y dieciochos”. El capítulo se basa en el trabajo de campo que realizaron los autores en la Ciudad de México, y profundiza en las prácticas de consumo y venta de drogas, haciendo inmersiones en los territorios de humo y piedra. Los territorios de difícil acceso nos muestran un panorama en el que los jóvenes en situación de vulnerabilidad sobreviven y actúan en el día a día. El apartado nos muestra claramente a los actores que participan en los procesos de consumo y venta de droga, las difíciles relaciones que se establecen, la vida en las calles y su precariedad, material y simbólica.

En el apartado nueve, “Monas, charcos y mamilas: de la inhalación a la venta de activo en ‘niños de la calle’”, Mario J. Domínguez García, Arturo Ortiz Castro, Isaac Ramírez Orta y Gabriela Palomares Calderón nos muestran cómo la venta y consumo de activo es concretamente un acto de sobrevivencia en las calles. Las distintas modalidades de venta y consumo de activo descritas en el apartado pretenden hacer reflexionar al lector sobre un problema social. No se busca la condescendencia, sino mostrar una realidad que rebasa a las instancias gubernamentales, pero sobre todo a la visión social para comprender la vida en las calles, lejos de una perspectiva criminalizante.

Los apartados diez y once tienen como objetivo central a los jóvenes en los contextos de narcotráfico. En el apartado que ofrece Salvador Cruz Sierra, “Jóvenes y narcotráfico en Ciudad Juárez: narcomenudeo y exterminio de la juventud lumpenizada”, se trata el difícil tema de la violencia alrededor del exterminio de jóvenes ligados al narcotráfico. La asimilación de los actores juveniles a la criminalidad nos muestra un constante ataque al sector que provoca sospecha en un contexto, donde la violencia ha cobrado distintas manifestaciones, desde la que viene de las instituciones estatales, hasta la que experimentan los jóvenes cuando el crimen organizado pretende integrarlos en sus filas. Se resalta de forma importante que los jóvenes son vulnerables y susceptibles de ser captados por las redes del crimen organizado, abriéndose camino este último y convirtiéndose en una alternativa real que trae consigo ingresos, pero, sobre todo, sentido de pertenencia e identidad.

El capítulo once, “De Deimos y Fobos: usos del miedo en pandillas, combos y cárteles en México y Colombia”, de Alexandra Agudelo López, explora los procesos de gubernamentalidad vinculada con el crecimiento de las redes formadas por el crimen organizado. Se observan las manifestaciones paralegales que adquieren una representación más compleja y siniestra en la paragubernamentalidad. Así pues, se intenta reconocer cómo es que los jóvenes son reclutados por las nuevas estructuras del crimen organizado, acopladas a las del orden estatal. La paragubernamentalidad es el resultado de distintos factores que intentan hacerse notar en la comparación de dos países que han sido fuertemente afectados por la inserción del crimen organizado, formando nuevas prácticas en donde los jóvenes son uno de los ejes más importantes por abordar.

Los actores juveniles, en su modalidad de pandillas, son el centro de análisis del capítulo “Homeboys, banderos, piedras y rentas: la relación de los jóvenes pandilleros en El Salvador”, de Hugo César Moreno Hernández. El autor profundiza en las relaciones de violencia, desterritorialización y desciudadanización vividos por las pandillas (maras) en El Salvador. El apartado escrito por un especialista en la materia nos muestra el incremento de la violencia y el intento constante de los gobiernos por asimilar a las pandillas como formas de organización provenientes del crimen organizado. El apartado muestra que los procesos de asimilación al crimen organizado de las pandillas traen consigo un constructo impulsado por los gobiernos y difundido por diversos canales, desde los informes especializados de distintas organizaciones, hasta los medios de comunicación.

El capítulo muestra con datos que las pandillas no pertenecen al crimen organizado, pese a que no puede negarse la práctica delictiva de las mismas. Así pues, las pandillas constituyen agrupaciones en las cuales la pertenencia es total y la interacción con las agrupaciones de civiles o bandas y banderos no implica la adhesión de los pandilleros a las mismas. La pandilla desarrolla procesos cerrados de lealtad, permanencia y penas, por tal motivo, es necesario resaltar las diferencias que existen en las dos formas de agrupación. Por último, en este punto, el reto para la sociedad y los gobiernos es precisamente comprender a las agrupaciones, más allá del halo criminalizante, para ofrecer otras opciones a los jóvenes que las conforman.

El último apartado de la obra tiene como objetivo principal hacer un análisis con datos empíricos sobre la exposición de los jóvenes a los mercados ilegales en la región de América Latina y el Caribe. A diferencia de los apartados anteriores, “Drogas y juventud: exposición de la juventud a la venta de drogas en América Latina y el Caribe”, de Daniel Zizumbo-Colunga, muestra relaciones estadísticas sobre qué tan expuestos están los actores juveniles a la venta de drogas y los mercados ilegales. Por medio de distintos factores de análisis cuantitativo, el autor entrega un panorama sobre un problema que viven todos los países de la región, en mayor o menor medida, y al que se debe poner atención con sus respetivas peculiaridades y problemáticas.

La relevancia que tiene la obra se encuentra en que aborda el fenómeno de la juventud y la inserción en los mercados delincuenciales desde diferentes contextos, perspectivas y con un sustento teórico original. La propuesta, entonces, es ver al fenómeno de frente y abrir nuevos espacios de diálogo para las distintas disciplinas sociales, sobre todo con el fin de formular nuevas vetas de análisis y propuestas de acción para los distintos actores juveniles.

Notas

1 Moreno Hernández, Hugo César y Urteaga, Maritza (comp.), Juventud, trabajo y narcotráfico. Inserción laboral de los jóvenes en organizaciones delincuenciales, México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.


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