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TRANSCULTURACIÓN POLÍTICA Y LITERARIA EN LA OBRA DE PATRICIA GABANCHO
Gramma, núm. Esp.10, 2020
Universidad del Salvador

Artículos

Gramma
Universidad del Salvador, Argentina
ISSN: 1850-0153
ISSN-e: 1850-0161
Periodicidad: Bianual
núm. Esp.10, 2020

Recepción: 17 Abril 2020

Aprobación: 25 Mayo 2020

Resumen: A la luz de las teorías de Anderson, Ortiz y Kymlicka este corto ensayo explora el proceso de transculturación de la periodista argentina Patricia Gabancho, analizando los motivos de su completa asimilación a la cultura catalana hasta el punto de convertirse en una de las más importantes voces del periodismo en catalán, historiadora del pasado de Cataluña y reivindicadora del pasado y de los derechos a la independencia de Cataluña ante el centralismo del gobierno español.

Palabras clave: Transculturación, Patricia Gabancho, Cataluña, Nacionalismo, Periodismo.

Abstract: In the light of Anderson, Ortiz and Kymlicka on transculturation and nationalism, this short essay explores the outstanding transculturation process of the Argentine journalist Patricia Gabancho. It analyzes the reasons for her complete assimilation to Catalan culture to the point of becoming one of the most important voices of journalism in Catalan, a remarkable historian of Catalonia’s past and an advocate for the rights of Catalonia and its independence from Spain.

Keywords: Transculturation, Patricia Gabancho, Catalonia, Nationalism, Journalism.

No creo arriesgado afirmar que la argentina Patricia Gabancho (1952-2017) es la única escritora hispanoamericana que ha desarrollado toda su actividad profesional (literaria y periodística) en catalán. Gabancho llegó a Barcelona en 1974 cuando apenas tenía veintidós años y, aunque ciertas fuentes sostengan que estudió catalán en Buenos Aires, ella misma me dijo que no fue así y que, por el contrario, lo aprendió en la Ciudad Condal. Lo cierto es que, con solo seis años de vivir en Barcelona, aparecía su primer libro en catalán y sobre cultura catalana: Cultura rima amb confitura (1980).

Fallecida en 2017, puede decirse que Gabancho vivió la mayor parte de su vida en Cataluña, hizo del catalán su lengua de creación y se convirtió en defensora de la cultura e, incluso, de la independencia de Cataluña. Con todo, nunca dejó de sentirse y de considerarse argentina: «Soy una argentina que vive en Cataluña; no una catalana más. Mi identidad es argentina, mi cultura, universal. Sin embargo, como me dedico básicamente a asuntos culturales y me muevo en el terreno de las ideas y de las palabras y, sobre todo, me gusta la historia, me resultó inevitable sumergirme en la cultura catalana», declaraba Gabancho en El preu de ser catalans (2007, p. 30).

Naturalmente, no es el suyo el único caso de autor extranjero que adopta el catalán como lengua literaria y que defiende la cultura catalana en sus escritos, pero sí es posible afirmar que no hay otro autor o autora que, siendo extranjero/a, escriba en catalán sin haber asistido a la escuela en Cataluña —como es el caso de las escritoras magrebíes Najat El Hachmi o Laila Karrouch— o que no use el catalán en alternancia con otros idiomas, como sucede con la eslovena Simona Skrabec, el británico Matthew Tree o la beninesa Agnès Agoboton. Por otro lado, estos autores no centran todos sus escritos en la realidad catalana. Por ejemplo, Najat El Hachmi y Laila Karrouch hablan en sus novelas de su proceso de integración a la sociedad catalana, pero mucho más de la cultura y la sociedad marroquí, Agoboton escribe cuentos para niños que tienen como marco Benín. Por último, los relatos de Tree y Skrabec, aunque frecuentemente introduzcan reflexiones sobre la realidad catalana, no tratan específicamente sobre Cataluña.

Por el contrario, Gabancho no solo escribió siempre en catalán sino que siempre lo hizo sobre la cultura, la literatura o la sociedad catalana. Incluso su novela más argentina y más intimista, La neta d’Adam (2012), relato semiautobiográfico de un penoso retorno a las raíces, no lo escribió en castellano, como hubiera sido de esperar, sino en catalán, recibiendo por esta novela el prestigioso premio Prudenci Bertrana. Reconocimiento que puede considerarse su entrada oficial a la literatura en catalán. Por todo ello, considero que la obra de Patricia Gabancho nos ofrece un interesante caso de lo que es la producción literaria trasatlántica y nos permite analizar cómo la transculturación, entendida en términos de Fernando Ortiz (1987), afecta el desarrollo profesional de un autor.

Para Ortiz, la transculturación es un proceso de tránsito de una cultura a otra, un abrazo de culturas del que emerge una nueva realidad, compuesta y compleja sin que por ello se pierdan elementos originarios. De este modo, la realidad de la persona que vive este proceso se caracteriza por la adopción de una cultura ajena en la que se mantiene viva la realidad cultural originaria. Indudablemente, un fenómeno semejante tiene que afectar el desarrollo cultural y profesional de un autor, pero no necesariamente en la medida que ha marcado la obra de Gabancho.

La totalidad de la obra de Gabancho comprende unos veinte títulos que comprenden textos en los que se dan a conocer lugares emblemáticos de Barcelona, proponiéndonos paseos y resaltando lugares de interés, investigaciones culturales, como Caminar Barcelona (2016) o Barcelona, tercera pàtria del Tango (1990); relatos históricos como Les dones de 1714 (2014) y Amàlia i els esperits (2017). De todos ellos, creo que El preu de ser catalans. Una cultura mil.lenaria en vies d’extinció (2008) es el que mejor refleja su concepto de identidad y de cultura por lo que es el que mejor nos permite un análisis del transculturalismo de su obra, pero antes es necesario reflexionar las particulares características de la compleja realidad catalana.

Siguiendo el concepto del filósofo canadiense Will Kymlicka (1996) o del politólogo irlandés Benedict Anderson, Cataluña es una nación puesto que es una comunidad histórica, más o menos completa institucionalmente, que ocupa un territorio natal determinado y que comparte una lengua y una cultura diferenciadas (1983, p. 26). Ahora bien, cuando recientemente Cataluña pretendió ser reconocida como una nación con derechos históricos y jurídicos, el Estado español le negó tal característica insistiendo que en España hay una sola nación jurídica e histórica, la española. Consecuentemente, el término nación (no así nacionalidad) desapareció del Estatuto de autogobierno de Cataluña, sustituido por el de pueblo o país; se insistía, al mismo tiempo, en que Cataluña es una comunidad de personas libres en la que todos pueden expresar libremente modos de vivir e identidades distintas. Algo que, en la actualidad, puede considerarse un rasgo propio de toda sociedad democrática, pero que, sin embargo, es un concepto que no contempla explícitamente la Constitución española al definir lo que es España.

Nos encontramos pues ante una identidad cultural no solo cuestionada sino conflictiva porque Cataluña insiste en que sus derechos históricos y jurídicos son los que tenía cuando formaba parte de la Corona de Aragón y que le fueron arrebatados tras la guerra de Sucesión (1701-1715), al ser convertido el Condado de Cataluña en provincia de España, pero el gobierno español se niega a reconocer estos derechos y, asimismo, insiste en que Cataluña ha de tener la identidad que cada persona quiera darle. Es decir, una especie de puerto internacional, como el Tánger de la primera mitad del siglo xx, en el que toda identidad cabe sin que deba de imponerse la nativa. Lógicamente, recuperar los derechos y libertades perdidos ha sido un reclamo constante de los catalanes, al mismo tiempo que, ante las presencia de España, ha mantenido viva una cultura y una lengua diferenciadas que, obviamente, el gobierno español ha intentado hacer desaparecer mediante prohibiciones y persecuciones, pero, sobre todo, con la potencialización de sucesivas migraciones que, contrariamente a lo que sucede con las emigraciones en otros países, no se plantean ninguna integración pues, por un lado, al considerarse Cataluña parte de España, no se ve necesario el asimilarse a su cultura e identidad y, por otro, al dársele un estatuto de puerto franco, hace que incluso las emigraciones extranjeras no se sientan forzadas a asimilarse a la sociedad y a la cultura catalanas. Como afirma Gabancho, el resultado es que en Cataluña coexisten en estos momentos dos culturas diferenciadas y, en cierta medida, antagónicas: la catalana y la española. Asimismo, la llegada de migrantes de otras partes del mundo desde las últimas décadas del siglo xx, cuando el concepto de multiculturalismo se ha impuesto en la política social de los países de Occidente, ha hecho que no sean dos sino múltiples las culturas en Cataluña. Lógicamente, ese carácter de nación multicultural dificulta toda integración porque no hay manera de integrarse a nada cuando todo vale como identidad nacional y mucho menos cuando la identidad a la que se deberían de integrar uno es constantemente cuestionado por el Estado del que forma parte, puesto que se ve forzada a replegarse en sí misma para sobrevivir.

Ante lo expuesto, resulta excepcional la aculturación que observamos en la figura y en la obra de Patricia Gabancho. ¿Para qué catalanizarse, para qué escribir en catalán si en su lengua nativa hubiera podido colaborar en más periódicos y hubiera gozado de un público mucho más amplio y, consiguientemente, habría logrado mucho más éxito de ventas? De hecho, no son pocos los escritores y cantantes que se han pasado al castellano para tener mejor proyección y hacer más ventas. El caso de todos ustedes más conocido es el de Joan Manuel Serrat, quien se dio a conocer en España gracias a las discográficas catalanas que lanzaron la Nova Cançó, se negó a ir a Eurovisión porque no le dejaban cantar en catalán ni unas frases, pero terminó aparcando el catalán y, gradualmente, fue desarrollando su obra en de espaldas a la realidad catalana. Negando a la cultura catalana la proyección que hubiera tenido, especialmente en Hispanoamérica, de la mano de un cantante tan popular. Gabancho hizo todo lo contrario.

Sería posible sostener que su actitud responde a su faceta de periodista, pero no es Gabancho la única periodista que nos ha traído a Cataluña la diáspora argentina. Ernesto Ekaizer llegó huyendo de las amenazas de Alianza Apostólica Anticomunista y, a pesar de los años ejerciendo como periodista, de participar en múltiples programas televisivos catalanes y de ser el corresponsal en cuestiones jurídicas de TV3 Catalunya en Madrid, no habla catalán. El catalanismo de Gabancho tampoco se debe a su labor política, pues dos jóvenes políticos, Gerardo Pisarello Prados, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona o Albano Dante Fachín artífice del reciente grupo independentista, Front Republicà, han terminado hablando catalán, pero nunca han llegado a tener el nivel de lengua ni la aculturación que revela la obra de Gabancho. Por último, la mujer que encabezaba la lista por Cataluña para el PP, la franco-argentina-española, Cayetana Álvarez de Toledo, periodista y política, no habla catalán. De hecho, si por ella fuera, el catalán desaparecería del ámbito público y, si fuera posible, también del privado. En su anticatalanismo, Cayetana Álvarez de Toledo desearía la total erradicación del idioma autóctono para dar así el paso definitivo a la españolización de Cataluña, pues como muy acertadamente afirma Gabancho, la identidad es un idioma, ese idioma de nuestra infancia con el que nos sentiremos cómodos siempre, aunque perdamos la destreza al hablarlo (Gabancho, 2007, p. 22).

Creo que la portentosa transculturación de Gabancho responde a dos factores que son fundamentales en todo acto de penetrante trasculturación: la admiración que Gabancho sentía por el nacionalismo catalán y la acogida, es decir, la manera en que Cataluña la abrazó y supo hacerla suya.

En un acto conmemorativo en memoria de la fallecida escritora, Matthew Tree recordaba que Gabancho le contó en una ocasión cómo se inició su interés por Cataluña. Viviendo todavía en Buenos Aires, Gabancho fue un día al Casal Catalán porque quería saber qué era aquello de Cataluña; allí le prestaron un libro con la recomendación de que lo cuidara porque era un libro raro, costoso y apreciado. En ese momento, Gabancho se dijo a sí misma que una gente que tenía tanto interés en dar a conocer su cultura que llegaba a prestar a una desconocida de dieciocho años un libro caro, difícil de reponer, debía de tener, forzosamente, una causa justa que dar a conocer y que defender. El convencimiento y la apropiación de esa causa fue tal que, a poco de vivir en Barcelona, Gabancho formaba ya parte del grupo fundador de Esquerra Nacional, un efímero partido político independentista y radical. Como dice Gabancho, la sociedad catalana era, a su llegada a Barcelona, «muy permeable en la que era posible abrirse camino hasta la primera fila, en el terreno profesional como en cualquier otro y yo no dejaba de ser un elemento vagamente exótico, además, de ser una jovencita de bien ver» (Gabancho, 2011, p. 12). En el libro que narra estos inicios a la catalanidad, A la intempèrie. Una memòria cruel de la Transició catalana (1976-1978), la autora nos relata el desencanto de aquellos que fueron lo suficientemente lúcidos para comprender que la particular transición española a la democracia ahogaba los anhelos de los que querían una república catalana. No es pues de extrañar que, en 2007, cuando estos anhelos se reavivaron, el periodista y director de la editorial Grup 62 le pidiera a ella, y no a otro/a autor/a, que escribiera un ensayo-ficción, Crónica de la Independència (2008). Este libro imagina la independencia de Cataluña en el año 2010 y, a excepción de una independencia exigida por el pueblo y no por los políticos, todo lo demás (proclamación unilateral de la independencia por clamor popular, posterior referéndum a pedido de Bruselas, salvaguarda de la paz y la no violencia del Estado por la UE) se ha demostrado equivocado. Sin embargo, Crónica de la Independència es un texto que supone un testimonio de la ingenua confianza que el pueblo catalán tenía en el sistema democrático español y en el poder de la Unión Europea y los organismos internacionales para imponer un diálogo democrático a los pueblos que se habían comprometido en aceptar las directrices y las leyes acordadas. La realidad ha demostrado que, contrariamente a lo que creía Gabancho (y tantos otros), un sistema democrático europeo puede acudir a la fuerza para imposibilitar un referéndum pacífico de autodeterminación, puede encarcelar a civiles por el mero hecho de manifestarse, a políticos mediante la acusación de cargos que en Europa se desestiman o por malversación no probada mantenerlos en la cárcel, pendientes de sentencia, desoyendo los dictámenes de las Naciones Unidas que exigen su libertad y finalmente condenarlos sin tener en cuenta la inmunidad que les presta el haber sido nombrados parlamentarios europeos. La realidad de los hechos ha puesto en evidencia la cuestionable democracia a la que llegó España al no haber roto del todo con el legado franquista y no haber pedido responsabilidades por las injusticias que los años de dictadura infligieron a la población española, sino incluso haber mantenido un culto a la figura del dictador, con libertad para los torturadores y pidiendo a las víctimas olvido, premiando así a los victimarios.

Lamentablemente, Gabancho no ha podido ver confirmado ese desencanto que le despertó ya en su momento la Transición española, pero tampoco ha podido desengañarse ante la confianza en la democracia europea de la que da prueba en su imaginada crónica de la independencia catalana. Sería interesante conocer que opinaría del convulso momento en que se encuentra ahora el independentismo catalán, ella que desde su argentinidad supo comprendernos tan bien. Desgraciadamente, envueltos en los acontecimientos que se suceden día a día en nuestro país, los catalanes todavía no hemos entendido la pérdida tan grande que ha sido, para nuestra cultura, la muerte de esta argentina que supo asimilar y hacer suyos los anhelos de un pueblo que todavía no ha sabido encontrar el camino hacia la libertad.

Referencias Bibliográficas

Anderson, B. (1983). Imagined Communities. Londres, Nueva York: Verso.

Gabancho, P. (1980). Cultura rima amb confitura. Bases per un debat sobre la cultura catalana. Barcelona: L’escorpí.

Gabancho, P. (1990). Barcelona, tercera pàtria del Tango. Barcelona: Quaderns Crema.

Gabancho, P. (2007). El preu de ser catalans. Una cultura mil.lenària en vies d’extinció. Barcelona: La butxaca.

Gabancho, P. (2008). Crónica de la Independència. Barcelona: La butxaca.

Gabancho, P. (2011). A la intempèrie. Una memòria cruel de la Transició catalana (1976-1978). Barcelona: L’arquer.

Gabancho, P. (2012). La neta d’Adam. Barcelona: Columna.

Gabancho, P. (2014). Les dones de 1714. Barcelona: Columna.

Gabancho, P. (2016). Caminar Barcelona. Barcelona: La butxaca.

Gabancho, P. (2017). Amàlia i els esperits. Barcelona: Arpa.

Kymlicka, W. (1996). Multicultura; Citizenship. Oxford: Clarendon.

Ortiz, F. (1987). Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. Caracas: Ayacucho.

Notas

* Catedrático de literatura española e hispanoamericana en la Florida International University, Estados Unidos. Correo electrónico: pouj@fiu.edu


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