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Tres Aportes A La Teoría De La Dependencia: La Ruta De Una Relectura De Marx
Three Contributions to Dependency Theory: The Path to a Rereading of Marx
Revista Ciencias Sociales, núm. 48, pp. 117-132, 2026
Universidad Central del Ecuador

Temas

Revista Ciencias Sociales
Universidad Central del Ecuador, Ecuador
ISSN: 0252-8681
ISSN-e: 2960-8163
Periodicidad: Anual
núm. 48, 2026

Recepción: 28 septiembre 2025

Aprobación: 02 enero 2026

Los autores conservan todos los derechos de publicación del artículo y conceden a la Revista Ciencias Sociales una licencia no exclusiva, intrasferible y sin regalías por duración ilimitada para su reproducción, distribución y comunicación pública a nivel mundial bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC BY NC 4.0)

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

Resumen: La teoría de la dependencia es un aporte original del pensamiento social latinoamericano que analiza las relaciones de dependencia entre el centro y la periferia en el sistema capitalista mundial. Los autores clave, como Ruy Mauro Marini, Bolívar Echeverría y Agustín Cueva, ofrecen perspectivas sobre la explotación y el subdesarrollo de América Latina. Este artículo revisa y actualiza las teorías de la dependencia para entender los cambios geopolíticos y económicos actuales, incluyendo la cuarta revolución científico-técnica y el surgimiento de un orden multipolar.

Palabras clave: Teoría de la dependencia, América Latina, Explotación, Subdesarrollo, Geopolítica, Capitalismo, Renta tecnológica.

Abstract: The dependency theory is an original contribution of Latin American social thought that analyzes the relationships of dependence between the center and the periphery in the global capitalist system. Key authors, such as Ruy Mauro Marini, Bolívar Echeverría, and Agustín Cueva, offer perspectives on the exploitation and underdevelopment of Latin America. This article reviews and updates the dependency theories to understand the current geopolitical and economic changes, including the fourth scientific-technical revolution and the emergence of a multipolar order.

Keywords: Dependence theory, Latin America, Exploitation, Underdevelopment, Geopolitics, Capitalism, Technological rent.

1. Introducción

La teoría de la dependencia constituye el principal aporte teórico original del pensamiento social latinoamericano.

Surgió en los años 50-60 del siglo pasado, a partir de los trabajos de Hans Singer (1949) y Raúl Prebisch (1949) en torno a la tesis del deterioro de los términos de intercambio. Observaron que los países subdesarrollados podían comprar cada vez menos productos manufacturados, producidos por los países desarrollados, a cambio de montos cada vez mayores de materias primas; exportaban materias primas a precios cada vez más bajos e importaban manufacturas a precios cada vez más altos, lo que terminaba por bloquear el desarrollo.

Surgió y se desarrolla como crítica a las teorías de la modernización que planteaban el subdesarrollo como una fase temprana del desarrollo, y colocaba a los países centrales como el modelo a seguir en un proceso de modernización que supere los límites tradicionalistas en la economía y la política (Rostow, 1960). Singer y Prebisch establecen que las causas del desarrollo están en las relaciones de dependencia entre el centro y la periferia, y plantean una estrategia de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), como la ruta para que los países periféricos superen la dependencia de los productos manufacturados en los países centrales, y poder salir del subdesarrollo.

Sobre esta base, la teoría de la dependencia sigue dos rutas. A partir de los años 60, teóricos marxistas, como Paúl Barán (1975) y André Gunder Frank (2005), parten de la diferenciación de la historia de los países centrales y los países periféricos: los países centrales nunca estuvieron sub-desarrollados, aunque pudieron estar no-desarrollados. Argumentan que la raíz de la dependencia está de la división internacional del trabajo del sistema capitalista y de las relaciones de neocolonialismo impuestas por el imperialismo. El desarrollo del centro se fundamenta en el subdesarrollo de la periferia, forman parte de la estructura y desarrollo del sistema capitalista mundial. El capitalismo marca también la estructura interna de los países periféricos. La salida es la transformación del sistema capitalista, una segunda independencia.

Y una ruta “estructuralista”, con autores como Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto (1973). La dependencia no se debe sólo a factores internos, sino también a la forma de relaciones entre grupos y clases dentro de la sociedad periférica. Plantean el capitalismo dependiente como una variante del desarrollo capitalista, impulsada por la alianza del capital extranjero y las élites locales beneficiarias. No se trata de una diferencia de etapas, sino de funciones dentro de una misma estructura económica internacional de producción y distribución: las condiciones estructurales del subdesarrollo están en la forma cómo las economías periféricas se fueron vinculando al mercado mundial y en la forma en que fueron constituyendo la sociedad interna.

Se desarrolló un intenso debate entre estas dos rutas, marcadas por los efectos políticos de las definiciones: mientras la ruta “marxista” planteaba las luchas anticoloniales y anticapitalistas, la ruta “socialdemócrata” señalaba el camino de las reformas internas y las alianzas a nivel internacional para superar los nudos estructurales del subdesarrollo.

La teoría de la dependencia permite analizar los cambios operados en los 60-70 del siglo pasado, diferenciar variaciones de la dependencia: Cardoso reconoce que la industrialización por sustitución de importaciones no logra superar el fundamento de las relaciones de dependencia.

Los cambios actuales ponen a prueba las teorías de la dependencia. La visión de la estructura y desarrollo del capitalismo mundial como marco de la dependencia desde las concepciones “marxistas”, permite acercarnos a los cambios civilizatorios y geopolíticos actuales, para ubicar la realidad latinoamericana en las nuevas condiciones económico-políticas. En esta perspectiva, en el presente artículo nos vamos a concentrar en los aportes de las teorías de la dependencia de raíz “marxista”.

Vivimos tiempos de reordenamiento geopolítico mundial, marcados por la decadencia de la hegemonía unilateral de Occidente, encabezado por los Estados Unidos-Unión Europea-Japón, y el paso a un nuevo orden multipolar-tripolar, organizado en torno a los Estados-imperio-civilización de Estados Unidos, China y Rusia. ¿Cómo leer los cambios geopolíticos mundiales desde nuestra América? ¿Cuál es la ubicación, el papel de nuestra América en el reordenamiento mundial?

Podemos reconocer los aportes originales desde nuestra América al conocimiento de las dinámicas mundiales; partir de los aportes de las teorías de la dependencia, para ampliarlas a la comprensión del momento presente, aquí-ahora.

Podemos partir de tres aportes claves a la teoría de la dependencia, basadas en una relectura de Marx. Leer nuevamente la Dialéctica de la Dependencia de Ruy Mauro Marini, el paso de la renta de la naturaleza a la renta tecnológica en Bolívar Echeverría, y la sobredeterminación de las dinámicas geopolíticas en los procesos internos de los países en la cadena imperialista desde Agustín Cueva.

Presentamos un proceso que parte de la lectura de la Dialéctica de la Dependencia de Marini (1981) y su proyección a la fase actual, se conecta con el estudio del paso del eje de la renta de la tierra a la renta tecnológica, como la característica principal de la fase actual según Echeverría (2011), y su proyección en la fase actual, para concluir con el análisis del debate de Agustín Cueva (2012) sobre las teorías de la dependencia.

Seguimos la siguiente ruta: un análisis de los aportes epistemológicos de cada uno de los autores mencionados, el relacionamiento entre los autores, complementos y debates, y el estudio de las nuevas condiciones de dependencia en la fase actual de reproducción ampliada del capital financiero-rentista-criminal y de la transición a un orden hegemónico tripolar. El objetivo es plantear las modificaciones a las teorías de la dependencia desde una lectura marxista.

Con este recorrido buscamos fundamentar una actualización de la teoría de la dependencia para analizar la fase actual de transición civilizatoria y geopolítica. La emergencia conflictiva de un orden tripolar complejiza las relaciones de dependencia, al tener que tratar no sólo con un centro, sino con un complejo sistema de relaciones internacionales de Estados-imperio-civilización, y con las relaciones del Sur global.

El patrón de acumulación neoliberal, a partir de los 70-80 del siglo pasado, coloca como eje al capital financiero y desterritorializa la producción industrial hacia zonas que actúan como “semi-periferias”, modificando la base material de la primera teoría de la dependencia, las relaciones entre países centrales industrializados y países periféricos productores de materias primas y productos primarios. Esto obliga a “ampliar” las teorías de la dependencia trazadas en una dialéctica dual centro-periferia, con la presencia de semiperiferias a partir de las modificaciones del sistema capitalista en su conjunto. (Martínez Peinado, 2011)

El retorno de las tesis soberanistas, después del licuamiento de los Estados-nacionales durante la fase de la globalización capitalista, presenta un piso material a la vigencia-actualización de las teorías de la dependencia en la fase actual. El surgimiento de un orden tripolar con zonas de influencia de los Estados-imperio-civilización, reactualiza la necesidad de pensar desde un marco regional, latinoamericano, como el planteado por Marini, Echeverría y Cueva, para poder abrir perspectivas políticas de no-alineamiento y defensa de la paz en los tiempos actuales, marcados por la necropolítica y las guerras inter-imperiales.

2. Ruy Mauro Marini y la Dialéctica de la Dependencia

2.1. Epistemología

La clave de las teorías de la dependencia está en el reconocimiento de la originalidad de nuestra América:

frente al parámetro del modo de producción capitalista puro, la economía latinoamericana presenta peculiaridades, que se dan a veces como insuficiencias y otras – no siempre distinguibles de las primeras – como deformaciones. (…) lo que se tiene es un capitalismo sui generis, que sólo cobra sentido si lo contemplamos en la perspectiva del sistema en su conjunto, tanto a nivel nacional, como, y principalmente, a nivel internacional. (Marini, 1981, p. 23)

La entrada teórica de Ruy Mauro es por la puerta de la ganancia extraordinaria y la sobreexplotación, a partir de una ampliación de las tesis de Marx, una relectura de El Capital, en particular el Tomo III sobre “El proceso de producción capitalista, en su conjunto” (Marx, 1971).

Introduce el tiempo para mirar el sistema a nivel internacional. Ubica la revolución industrial como el momento en que se establecen bases sólidas la división internacional del trabajo.

Da la vuelta a las teorías de la dependencia. No se trata de un problema de circulación de intercambio desigual, ni tampoco del retraso o subdesarrollo de la producción primaria, la producción de plusvalía absoluta, la imposibilidad de la industrialización anhelada; sino de la ubicación de los países periféricos, de América Latina, en el corazón de la reproducción ampliada del capital, el desplazamiento del eje de acumulación desde la plusvalía absoluta a la plusvalía relativa.

Al abaratar de la reproducción de la fuerza de trabajo en los países centrales, con la entrega de las mercancías para la alimentación y el cuidado de la población –y, en particular de los trabajadores, de los países centrales,– y al contribuir con materias primas para la industria, América latina garantiza el funcionamiento de la plusvalía relativa, el desarrollo de las economías capitalistas centrales y la especialización de parte de la sociedad en la actividad específicamente industrial. “Sin embargo, el desarrollo de la producción latinoamericana, que permite a la región a coadyuvar a este cambio cualitativo en los países centrales, se dará fundamentalmente con base a una mayor explotación del trabajador.” Esta es la dialéctica de la dependencia. (Marini, 1981, págs. 21-22)

Con ello el capitalismo mundial afronta un problema estructural, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, señalada por Marx (1971, p. 213 y ss. Capítulo XIII), se refuerza. En la medida que la productividad va acompañada con una mayor plusvalía relativa, hay una pérdida de valor del capital variable en relación al capital constante (dentro del cual están también las materias primas), es decir sube la composición orgánica de capital, por lo cual el aumento de la inversión no logra una tasa ascendente de la ganancia que corresponde al capitalista. (Marini, 1981, p. 28)

Para contrarrestar esta tendencia, el capital impulsa diversos dispositivos:

  • La ganancia extraordinaria mediante el control del monopolio tecnológico que mejora la productividad y asegura temporalmente una ganancia extra en desmedro de los otros capitalistas. Este mecanismo se amplifica en la relación entre países: la nación central puede presentar precios de producción inferiores a las de sus concurrentes, con lo cual la nación favorecida recibe una ganancia extraordinaria. Aquí está el fundamento material del intercambio desigual, no sólo como un tema de circulación, sino como la organización de la producción.

  • La baja de los precios de las materias primas por los países periféricos, mediante relaciones de intercambio desigual, con lo cual se baja la composición orgánica de capital. Y al mismo tiempo la reducción de precios de los alimentos y bienes de cuidado, provistos por los paraísos periféricos, con lo cual se baja el valor del capital variable y se aumenta la plusvalía relativa.

No se trata de un problema mercantil, sino que aquí funcionan mecanismos económicos estructurales referidos a las relaciones de producción, que aseguran la dependencia y debilitamiento de los países periféricos, aunque también pueden emplearse mecanismos de violencia colonial.

La cadena no se agota allí. Las burguesías dependientes emplean mecanismos de compensación ante esta situación: aumentan los volúmenes de alimentos y materias primas para la exportación, pero para ello requieren niveles de sobreexplotación del trabajo, ya sea por el incremento de la intensidad del trabajo como por la ampliación de la jornada laboral.

Así, la contrapartida del proceso mediante el cual América Latina contribuyó a incrementar la cuota de plusvalía y la cuota de ganancia en los países industriales implicó para ella efectos rigurosamente opuestos. Y lo que aparecía como un mecanismo de compensación a nivel del mercado es de hecho un mecanismo que opera a nivel de la producción interna. (Marini, 1981, p. 37)

El secreto de la dialéctica, el teorema de la dependencia está en los dos polos: América Latina se articula a los circuitos más avanzados del capital, a condición de extremar a nivel interno las formas de sobreexplotación de la fuerza de trabajo y, deberíamos añadir, de la madre-naturaleza, que aún no es destacada por Marini.

Llamada a coadyuvar a la acumulación de capital con base en la capacidad productiva del trabajo, en los países centrales, América Latina debió hacerlo mediante una acumulación fundada en la superexplotación del trabajador. En esta contradicción radica la esencia de la dependencia latinoamericana. La base real sobre la cual ésta se desarrolla son los lazos que ligan a la economía latinoamericana con la economía capitalista mundial. (Marini, 1981, p. 49)

La fórmula DMD' de Marx describe el patrón recurrente del capitalismo histórico como sistema-mundo: muestra la alternancia entre fases de expansión material (DM) y fases de expansión financiera (MD'), formando un ciclo completo de acumulación. (Arrighi, 1999, pp. 18-19). La alternancia marca el tiempo, los ciclos de la acumulación de capital.

Marini centra la mirada en la geografía de la acumulación. La fórmula general del capital, DMD´ (Marx, 1959, pp. 103 y ss.), toma una forma especial en el marco de la dependencia, hay un desacoplamiento entre el momento productivo y el momento de la circulación-financierización. La división internacional del trabajo ubica el momento material (DM) de la producción de alimentos y materias primas en los países periféricos, mientras el momento financiero (MD´) corresponde a las economías centrales.

En los países centrales, el capital variable incide en la reproducción ampliada del capital, por lo cual, aunque aparece velado el tiempo de reproducción de la fuerza de trabajo, como tiempo improductivo separado del tiempo de trabajo productivo, el consumo de los trabajadores incide en la realización del capital, el paso de M a D´; por lo cual el capital tiene que tomar en cuenta las condiciones de vida, la capacidad adquisitiva de los trabajadores, como un espacio de disputa en torno a los salarios entre el capitalista y el trabajador. El capital central resuelve esta contradicción mediante la intensificación de la plusvalía relativa.

En el caso de América Latina se da de una forma diferente. Al depender la fase M-D´, la circulación-financierización, del mercado externo, se abre condiciones para la “discrecionalidad”, para la superexplotación de los trabajadores, mientras la herencia colonial garantice condiciones de reposición de la fuerza de trabajo barata, ya sea por la reserva de población indígena o de flujos de migración. Allí está el secreto del funcionamiento de la dependencia. Esta matriz puede guiarnos en la comprensión de los procesos actuales.

2.2.El tiempo actual

A partir de esta visión epistemológica, podemos recorrer el tiempo hacia atrás y hacia adelante. Podemos regresar al punto de origen: la Conquista y el Coloniaje de nuestra América es la condición para la acumulación originaria del capital, para resolver el punto de partida de la acumulación originaria capitalista. Y luego, bajo la persistencia de formas de acumulación originaria y la presencia de nuevas formas de coloniaje, especialmente por dispositivos de “desposesión” (Harvey, 2004-2005) del bien común y de los bienes comunales, los países de la periferia son la condición para la continuación de la acumulación ampliada.

Y desde allí, podemos proyectar la ubicación de nuestra América en los tiempos actuales, en eslabones avanzados del capital especulativo y del capital criminal, como condición material de su reproducción ampliada.

2.2.1. La economía política del narcotráfico

La economía política del tráfico de estupefacientes de origen agrícola, como la cocaína, muestra una división internacional del trabajo, que deja en los países de América Latina la primera fase (D-M) de la cadena económica, el cultivo de la planta de coca, sobre todo en Colombia, Perú y Bolivia, el procesamiento básico de la pasta de cocaína y el tráfico hacia los puertos y aeropuertos de los países centrales, que concentran el mercado consumidor y el momento comercial-financiero del capital (M´-D´). El papel de Ecuador, a partir del 2.000, fecha de la dolarización, se ha modificado de corredor secundario de tráfico a territorio de acopio y tráfico masivo.

Se produce el desacoplamiento que señalaba Marini entre el proceso de producción-tráfico y el proceso de circulación-distribución-financierización de las drogas de origen agrícola, lo que crea condiciones de superexplotación y violencia en nuestra América. En esta primera fase (D-M), se acumulan los problemas de la ilegalidad y la violencia, con ingresos para las mafias locales, que encuentran dificultades en el lavado y la incorporación de las acumulaciones a los circuitos de capital.

Según el Programa de las Naciones Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas, UNDCP, “más del 90% del valor agregado de la cocaína y de la heroína se genera en la fase de distribución de la industria ilegal. Si se incluyen las utilidades debido a la dilución, un promedio de tres cuartos del valor agregado total se genera en el país de destino y se reinvierte ahí mismo.” Es decir, en el país de origen quedaría el 10%. (Rubio Pardo, 2000)

El precio del kilo de cocaína sube en cada nodo de la cadena productiva y de la comercialización-financierización. Un kilo de coca en los territorios de producción costaría en torno a los 2.000 dólares americanos, con el proceso de tráfico puede subir a 10.000-12.000 dólares, que es lo que circula en las economías periféricas. Ese kilo de cocaína, colocado en las Costas de la Florida estaría en torno a los 20 mil de dólares. Y luego, procesado y distribuido en los países centrales, Estados Unidos y Europa, puede llegar a costar hasta 110 mil dólares[1], que entran al circuito de los capitales financieros, ya sea en forma legalizada en el sistema financiero, o mediante los flujos de los paraísos fiscales.

De modo que la producción y exportación de la materia prima de la cocaína en los países sobre todo andinos, garantiza la base material de la reproducción ampliada del capital vinculado al narcotráfico y la acumulación-legalización en los países centrales. Con la paradoja de que el tramo que le corresponde a los países latinoamericanos está marcado por la ilegalidad y la violencia, mientras el tramo que se desarrolla en los países centrales funciona dentro de una legalidad laxa y el encubrimiento, garantizando que la acumulación opere en el centro.

Esta división internacional del trabajo en el campo del narcotráfico va a modificarse con la introducción de drogas sintéticas de laboratorio, como el fentanilo, que no se basa en la producción agrícola, y se mueve más bien en el campo de la renta tecnológica.

La dialéctica de la dependencia opera también en la economía política de las drogas: la posibilidad de la acumulación bajo formas de plusvalía relativa en el centro se activa por las formas de superexplotación que funcionan en la periferia.

2.2.2. La minería metálica

Sobre esta base se puede también ampliar el papel de la minería de metales preciosos en los países periféricos. Las relaciones de coloniaje y dependencia operan la metamorfosis de la división internacional del trabajo: los países del sur, poseedores de los bienes naturales, exportan la materia prima en bruto, los monopolios concesionarios trasladan las tierras que las procesan en el centro, manteniendo el control de la producción y circulación del oro. Nuevamente la paradoja: los países del sur se quedan con algunas regalías, pero afrontan los costos ambientales y los conflictos por la invasión de las tierras comunales o por la destrucción de la biodiversidad. El oro de nuestra América o de África se acumula en los países centrales. No es un tema de circulación, sino un sistema de producción sometido a la dialéctica de la dependencia.

La minería metálica ha pasado a ser una condición básica de la reproducción ampliada del capital, dominado por el capital rentista. También los demás metales, como el cobre o el hierro, y en el momento actual, en el marco de la cuarta revolución científico-técnica, la explotación de las tierras raras juegan un papel similar, y se convierte en nodos del funcionamiento del capital, sobre todo del capital tecnológico.

Los dos puntos polares del ciclo están, de un lado, en la persistencia de formas coloniales y la entrada de estrategias criminales en las áreas de explotación minera en los países periféricos, sobre todo en nuestra América y África. Por ello se han convertido en los territorios de la resistencia y las guerras anticoloniales, con nuevos procesos de liberación nacional, como en el caso de la alianza Burkina Faso-Malí-Níger en El Sahel; y con luchas en defensa de la vida, el agua, los territorios comunales y el bien común en nuestra América.

Y en el otro polo, en la disputa entre Occidente y los BRICS, el refugio en el oro ante la guerra monetaria mundial y el debilitamiento del patrón dólar, instaurado en 1971, opera como base para el reordenamiento sistema monetario internacional.

En la fase actual, no se trata sólo de nuevas formas de rentismo, sino de la articulación con el capital criminal que parte del tráfico de drogas, personas y armas, y se proyecta a circuitos paralegales de flujos del capital financiero en los paraísos fiscales, o en los circuitos opacos del sistema financiero mundial.

3. Bolívar Echeverría: De la Renta de la Tierra a la Renta Tecnológica

3.1.Epistemología

Mientras Ruy Mauro Marini pone el acento en las modificaciones de las relaciones de producción entre el capital y el trabajo, y entre naciones favorecidas y no favorecidas; Bolívar Echeverría centra la atención en las fuerzas productivas, a partir de las transformaciones y el papel de las tecnologías, como territorio de la relación naturaleza-humana/naturaleza, y las líneas de sobredeterminación de la cosmovisión del ethos moderno-instrumental sobre el ethos barroco de nuestra América.

La entrada de Bolívar Echeverría es por la puerta de la diferenciación entre renta de la naturaleza y renta tecnológica, y el reconocimiento de que la característica de la fase actual del capitalismo en el desplazamiento de la explotación y la acumulación de la renta de la naturaleza a la explotación y la acumulación de la renta tecnológica.

Echeverría sigue una línea de demostración teórica y otra histórica. Desarrolla el concepto de "renta tecnológica" para explicar el beneficio excepcional que obtienen los empresarios modernos que dominan la tecnología avanzada, gracias al monopolio que les permite controlar determinadas dimensiones de la naturaleza, inaccesibles para otros sujetos económicos. Esto refleja un cambio histórico en el que los "domini modernos", que se benefician de la renta tecnológica, están desplazando a los "domini antiguos", cuya ganancia se basa en la renta de la tierra. Surge así un nuevo tipo de dominio, basado en la subordinación económica y no física, que se convierte en una figura clave en la historia del capitalismo. (Echeverría, 2011, pp. 679 y 683)

Sigue la línea histórica de la tecnología. A diferencia de las teorías que ubican el surgimiento de la modernidad en torno al siglo XV y XVI con el Renacimiento, como puerta para la razón y la ciencia, el “descubrimiento” y la Conquista de América, como condición de la acumulación originaria (Marx) o del paso de un mundo cerrado hacia las fronteras ilimitadas, la primera globalización (Koié); o la Reforma Protestante y el desencantamiento del mundo (Weber), Bolívar Echeverría ubica la génesis de la modernidad en torno al siglo XI, con el surgimiento de la eotécnica.

Estamos ante una revolución tecnológica que se inició en el siglo X, en la "fase eotécnica" de la técnica moderna, según Mumford. Este cambio radical implica redefinir la productividad laboral, priorizando la capacidad de innovar y transformar los medios de producción, y promover la renovación de la estructura técnica de los instrumentos. (Echeverría, 2011, pp. 123-124)

Hasta allí, la humanidad había dependido de la naturaleza, los instrumentos eran una imitación de la naturaleza, con una reproducción artesanal. La eotécnica parte del cálculo, del manejo del tiempo, y con ello puede entrar en una reproductibilidad multiplicada, creativa.

La primera consecuencia de esta visión, es que la modernidad se presenta ya no sólo como un modo de producción, sino como “un proyecto civilizatorio que aparece muy tempranamente en la historia de Occidente, en el primer siglo del segundo milenio. Este proyecto civilizatorio aparece sobre la base de una transformación radical de los medios de producción y de las fuerzas productivas de esa época que permite el aparecimiento de la posibilidad de un proyecto de vida civilizada diferente a todo el proyecto de vida civilizada que había prevalecido a lo largo de milenios antes de este periodo.” (Echeverría, 2011, p. 121)

Un proyecto civilizatorio con una doble promesa: superar la escasez y abrir una relación de armonía con la naturaleza. Se abría una disyuntiva civilizatoria: el camino de la relación respetuosa con la naturaleza y la compartición de la abundancia relativa. Un envite ambiguo entre la pertenencia a la comunidad y a la naturaleza, y el horizonte de las libertades, a partir de “la “muerte del Dios numinoso”, el posibilitador de la técnica mágica o neolítica; muerte que viene a sumarse a la “agonía” del “Dios religioso”, el protector de la comunidad política ancestral,” que ahora puede encomendarse a la “mano invisible del mercado” para conducir sus asuntos terrenales. (Echeverría, 2011, p. 125)

La modernidad capitalista se fundamenta en la explotación de la naturaleza y del ser humano, priorizando el valor de cambio sobre el valor de uso. Esto genera escasez artificial y desigualdad, en lugar de aprovechar la neotécnica para crear abundancia y emancipación. La modernidad capitalista impone el dominio de la cantidad sobre la calidad, limitando el potencial de la neotécnica y perpetuando la dominación y la explotación. (Echeverría, 2011, pp. 129 - 131)

Las dos caras del capitalismo: revolución permanente de las fuerzas productivas, revoluciones científico-técnicas, y contrarrevolución de las relaciones sociales de producción, la concentración y centralización monopólica de la riqueza; la abundancia convertida en escasez provocada para garantizar ganancias extraordinarias, ganancias parásitas.

Una forma que derrota otras opciones-experiencias civilizatorias que pretenden una combinación diferente, como sucede con el ethos barroco de la América Latina que intenta una relación complementaria entre la comunidad y la libertad, entre la cantidad y la calidad, el símbolo del kipu, la articulación de la revolución de las fuerzas productivas de la neotécnica a una relación más armoniosa con la madre-naturaleza y los otros, la superposición de las visiones civilizatorias originarias y las visiones civilizatorias europeas.

3.2.Diálogo con Marini

Echeverría confluye con el análisis de Ruy Mauro Marini, y lo amplía al proceso actual: “tenemos que reconocer dos hechos de suma relevancia. El primero es la conversión de la ganancia extraordinaria propiamente en una renta, en una renta tecnológica. El segundo es la tendencia de esta renta tecnológica a crecer a costa de la renta de la tierra que apunta a sustituirla como la principal receptora de esa parte de la ganancia capitalista reservada a la propiedad no capitalista.” (Echeverría, 2011, p. 682)

La cuarta revolución científico-técnica vuelve a poner a la humanidad ante la disyuntiva civilizatoria original, la potencialidad de una dimensión ya no sólo universal, sino cósmica, de la “abundancia” compartida, de la relación armoniosa de la naturaleza-humana con la madre-naturaleza. Y otra vez el capitalismo, en su decadencia, toma el camino de la sobreexplotación del trabajo y la naturaleza, bajo nuevas formas. Hay una transformación paralela, la renta está sustituyendo al beneficio. Con ello, en lugar de la abundancia, el mundo termina en formas extremas de desigualdad y de concentración monopólica de la riqueza.

Echeverría vincula los dos tiempos y los dos procesos, que todavía coexisten: “Tierra y tecnología, estos “medios de producción no producidos”, corresponden a la peculiar clase de mercancías que “tienen un precio sin tener ningún valor”, mercancías por las cuales debemos pagar aunque ellas mismas no sean producto del proceso de trabajo.” (Echeverría, 2011, p. 682)

Y a partir de allí saca tres consecuencias sobre la “dialéctica de la dependencia”: aquí está una de las bases por las que no se puede romper el círculo vicioso del subdesarrollo, se da una división internacional del trabajo de economías que dependen de la renta tradicional, y otras que están vinculadas al desarrollo y la renta tecnológica. La depreciación de los productos de la tierra lleva a una devastación de la naturaleza y de los “pueblos naturales”. El triunfo de la renta tecnológica lleva al debilitamiento de los estados nacionales y a “una re-feudalización de la vida económica y el surgimiento de un cuasi-estado transnacional desde la segunda mitad del siglo XX.” (Echeverría, 2011, p. 684)

3.3.El tiempo actual

Pero este paso no ha significado la anulación de la renta de la naturaleza. Cinco dinámicas han vuelto a centrar actualmente la mirada en el rentismo-extractivista:

  • El retorno de Trump ha significado el retorno de los intereses de los monopolios ligados a la energía hidrocarburífera, del petróleo y el carbón, y la contención del relato del capitalismo verde y las nuevas energías. Las batallas geopolíticas pasan por los negocios petroleros. También la economía rusa se sustenta en la explotación de los hidrocarburos.

  • La guerra económica entre Estados Unidos y los BRICS, que tiene como centro el debilitamiento del patrón dólar y el paso a un sistema monetario multipolar, ha convertido a la minería metálica, sobre todo de oro, en un campo estratégico.

  • El control y apropiación violenta, con la intervención de capitales criminales, de tierras comunales y áreas de biodiversidad son el fundamento de procesos de “acumulación originaria” y de la “acumulación por despojo” (Harvey, 2004-2005) que están en la base de la reproducción ampliada de la economía agropecuaria y la expansión de la minería.

  • La disputa geoestratégica se centra en la construcción de rutas y su vínculo al peaje global, como nueva forma de renta entre los países centrales y las periferias. La Ruta de la Seda, el Canal del Estrecho de Bering, y en nuestra América las nuevas versiones del IIRSA

  • La producción de bienes de alta tecnología depende de la explotación y acceso a las tierras raras, que se presentan como el vínculo entre la renta de la naturaleza y la renta tecnológica.

Como señala Bolívar Echeverría, una de las consecuencias del triunfo de la renta tecnológica sobre la renta de la tierra es la “re-feudalización del mundo”. Actualmente este proceso toma la forma del paso a Estados-imperio; el enfrentamiento entre “civilizaciones” se presenta como el enfrentamiento entre imperios. “Si utilizamos el significado territorial, la delimitación del término “civilización”, en parte, coincide con la definición de la palabra “imperio” en el sentido de “poder mundial”. “Imperio” en el sentido de “civilización” no se está refiriendo a una disposición política y administrativa, sino al hecho de una propagación activa e intensa de influencias procedentes de los centros de civilización hacia el territorio circundante, supuestamente poblada por “bárbaros” o “salvajes”. (Dugin, 2009, p. 131)

La pregunta que queda pendiente ante los actuales cambios geopolíticos, marcados por el paso hacia un orden multipolar, organizado en torno a tres Estados-imperio, el proyecto “Make America Great Again”, el proyecto de la Gran Rusia y el proyecto de China en expansión es: ¿vamos a un nuevo orden en torno a la universalidad de la humanidad y el cuidado de la “Casa Común”, o a un orden de polos de influencia con límites porosos, ¿pero con estructura de “feudos” en equilibrio?

América Latina, que es a la vez “extremo Occidente” y originalidad andina-amazónica-afro, puede mostrar un camino alternativo en tiempos de la crisis civilizatoria de Occidente, la posibilidad de un diálogo de saberes entre los aportes de las ciencias y los aportes de la sabiduría de los pueblos originarios, renovar el camino de un “ethos barroco”.

4. Agustín Cueva: La Dialéctica de los Procesos Internos de los Países Latinoamericanos y su Relación-Ubicación dentro de la Cadena Imperialista

4.1.La crítica a las teorías de la dependencia

Cueva propone que, para entender la situación de una formación económico-social, hay que seguir dos rutas complementarias: ubicar a la formación económico-social en la cadena imperialista; y analizar los procesos internos. Establece una relación entre los dos procesos en nuestra América en términos de “complejidad estructural” o “sobrecarga de funciones” para el Estado periférico y, en forma extensiva para las economías periféricas, por cuanto hay una desproporción entre las demandas provenientes tanto desde el poder y el capital internacional, y los procesos de ordenamiento interno. (Cueva, 2012). Esta doble entrada permite establecer de un lado las relaciones entre Estados nacionales, y de otro, las relaciones de clase dentro de los Estados.

Cueva reconoce al aporte de las teorías de la dependencia al establecer “la articulación de nuestras sociedades a la economía mundial”, como uno de los factores del subdesarrollo de los países dependientes. Pero critica diversas versiones de “izquierda”, como las de Gunder Frank o de Rodolfo Stavenhagen, por cuanto “la lucha de clases está simplemente ausente,” lo que “convierte a los países y regiones en unidades últimas e irreductibles del análisis, (y) confiere, además, un tinte marcadamente nacionalista a la teoría de la dependencia.” (Cueva, 2012, pp. 76-77)[2]

Además, según Cueva, quedan atrapadas en las teorías desarrollistas, como un tema del desarrollo indeterminado de las fuerzas productivas, aisladas de la relaciones de producción, de la explotación de clase; una perspectiva que no permite ver la dialéctica de la dependencia. Desembocan en el ideal de la modernización capitalista si se elimina la dependencia, el proyecto del “desarrollo independiente del capitalismo en América Latina,” una especie de “nostalgia del desarrollo capitalista autónomo frustrado, (…) del desarrollo nacional perdido.” (Cueva, 2012, p. 79)

… en general, es el análisis de las clases y su lucha lo que constituye el Talón de Aquiles de la teoría de la dependencia. Para empezar, los grandes y casi únicos protagonistas de la historia que esa teoría presenta son las oligarquías y burguesías, o, en el mejor de los casos, las capas medias; cuando los sectores populares aparecen, es siempre como una masa amorfa y manipulada por algún caudillo o movimiento populista. (Cueva, 2012, p. 82)

La originalidad de América Latina no puede ser entendida como una singularidad, sino que hay que ver las formas propias de articulación de los estados nacionales con el desarrollo del capitalismo mundial, y al mismo tiempo, estudiar al interior de la formación social dependiente “en la articulación específica de varios modos de producción, y de varias fases de un mismo modo.” Es decir, “la dependencia no constituye un modo de producción sui genero (no existe ningún “modo de producción capitalista dependiente”, como en cierto momento llegó a decirse) ni tampoco una fase especifíca de modo de producción alguno (comparable a la fase imperialista del m. p. c., por ejemplo); sino que es la forma de existencia concreta de ciertas sociedades cuya particularidad tiene que ser desde luego estudiada.” (Cueva, 2012, pp. 86-87)

No se trata de desconocer la relación entre países centrales y países dependientes, pero no se trata de una relación “externa”, sino que actúa desde las relaciones de clase internas, “es por lo tanto esa contradicción interna –a cuyo desarrollo desde luego no es ajeno el de la economía capitalista mundial– la que permitirá comprender los aspectos contradictorios y no contradictorios de la relación entre el estado ecuatoriano y el “mercado externo”.” (Cueva, 2012, p. 90) Pero tampoco tendría sentido olvidar la relación con el capitalismo mundial, como factor del ordenamiento interno.

Cueva muestra el camino de la dialéctica de la dependencia, retomando una tesis de Mao: “en oposición a la concepción metafísica del mundo, la concepción dialéctica materialista del mundo sostiene que, a fin de comprender el desarrollo de una cosa, debemos estudiarla por dentro y en sus relaciones con otras cosas; dicho de otro modo, debemos considerar que el desarrollo de las cosas es un automovimiento, interno y necesario, y que, en su movimiento, cada cosa se encuentra en interconexión e interacción con las cosas que lo rodean” (Cueva, 2012, p. 92)

El punto de partida, la base de la dialéctica de la dependencia para Cueva está en el automovimiento, interno y necesario, de cada cosa, a partir del cual se encuentra en relación con las cosas que lo rodean. Allí está la diferencia con las teorías de la dependencia que parten y colocan como factor decisivo la acción del mercado externo. No hay un dentro y fuera, o la dualidad del desarrollo capitalista “clásico” y “dependiente”, hay un desarrollo del capitalismo dentro del cual se construye una “cadena imperialista” con ubicaciones específicas de los diferentes países, a partir de su proceso interno y de las formas y los momentos concretos de articulación con el capitalismo mundial. Alerta sobre el olvido de este dominio del capital mundial, pues se daría otra visión parcial, sin ver la lógica y trayectoria de la acumulación y reproducción del sistema capitalista.

4.2.Epistemología

La dialéctica de la dependencia parte del reconocimiento de la totalidad de la reproducción ampliada del capital, la acumulación capitalista, para ubicar los diversos procesos internos y sus relaciones dentro de la división internacional del trabajo o de la cadena imperialista: “… la esencia de nuestra problemática no puede descubrirse haciendo de la oposición capitalismo clásico/capitalismo dependiente, el rasgo de mayor pertinencia, sino a partir de las leyes que rigen el funcionamiento de todo capitalismo.” (Cueva, 2012). Desde el Sur, ésta es la problemática epistemológica clave en los estudios de la geopolítica.

Esta es la diferencia con la dialéctica hegeliana que parte de la tesis, ve la antítesis y construye la síntesis, una nueva totalidad como punto de llegada, que se convierte nuevamente en tesis. Allí está el problema, y están también los matices de las teorías de la dependencia o más bien de la relación entre el todo y las partes.

Dos tentaciones: la tentación del dualismo centro-periferia, capitalismo clásico-capitalismo dependiente, metrópoli-satélite. Y la reducción del carácter de la totalidad a un sistema cerrado de desarrollo del capitalismo, sin alternativas antisistémicas, por lo cual las teorías de la dependencia se reducen a las añoranzas de los desarrollos nacionalistas perdidos.

Para superarlas se requiere pasar del tratamiento desde modelos, una orientación de la metodología weberiana de los tipos ideales, al estudio de las leyes que rigen el funcionamiento del sistema capitalista, un ordenamiento de las determinaciones dialécticas y entrar en el campo complejo de las sobredeterminaciones, vinculadas a los juegos coyunturales y, sobre todo, estratégicos de las correlaciones de fuerzas.

4.3.El debate con Marini

Cueva aborda un debate diferenciado con Ruy Mauro Marini, parte del reconocimiento de los aportes y la crítica a los límites de la “Dialéctica de la dependencia”.

La primera crítica es que Marini toma una situación particular y la convierte en un modelo general. Marini “describe una situación específica del capitalismo latinoamericano que consistiría en la existencia de una estructura productiva basada en la sobreexplotación del obrero; la que, a su vez, determinaría una estructura de la circulación escindida: por un lado una esfera orientada hacia el consumo suntuario, que sería la verdaderamente dinámica; y, por otro, la del consumo obrero, deprimida y en constante estancamiento. De suerte que, mientras en la,

“economía clásica” es y habría sido el consumo de las masas el motor principal de la industrialización (?); en la “economía dependiente” no ocurriría nada parecido; creándose así, un problema de realización que originaría una tendencia de expansión hacia el exterior, y sería la causa fundamental del subimperialismo. (Cueva, 2012, p. 85)

Cueva se pregunta si hay una diferencia cualitativa entre el capitalismo clásico y el capitalismo dependiente, para formular leyes específicas para cada uno. Reconoce que hay diferencias entre el desarrollo del capitalismo y el estado de las masas en los países “avanzados” y en los países dependientes; pero esto

no implica diferencias cualitativas capaces de constituir un nuevo objeto teórico, regido por leyes propias… No existe un modo de producción capitalista dependiente, ni una fase específica” del modo de producción capitalista, como sucede con la fase imperialista. El propio rasgo más característico señalado por Marini como superexplotación, puede ser entendido como un proceso de pauperización. (Cueva, 2012, p. 86-87)

Señala que el “error de la teoría de la dependencia (…) consiste en tratar de explicar siempre el desarrollo de una formación social a partir de su articulación con otras formaciones.” Ese camino que sigue también Marini le conduce a un callejón sin salida. (Cueva, 2012, p. 92)[3]

Dice Cueva: en la Dialéctica de la Dependencia, Marini argumenta que el desarrollo en los países industriales no se hubiera podido dar si no contaban con los medios de subsistencia agrícolas provistos por los países latinoamericanos. “Esto fue lo que permitió profundizar la división del trabajo y especializar a los países industriales como productores mundiales de manufacturas”. Igualmente el paso a la plusvalía relativa se basa en el abaratamiento de los productos agropecuarios provenientes de los países dependientes, lo que permite el abaratamiento de la fuerza de trabajo en el Viejo Continente. Igual sucede también con las afluencias de materias primas.” (Cueva, 2012, p. 93)

Éste sería el anverso de la medalla llamada dependencia. Su reverso sería su contrario dialéctico.

Esa misma producción exportable, que hace posible la implantación de un modo de producción específicamente capitalista en los países industrializados, tiene como contrapartida, en los países dependientes, el establecimiento de un modo de producción basado en la sobre explotación; es decir, en la remuneración permanente del trabajo por debajo de su valor; sobreexplotación que, a su vez, se convierte en un freno para el desarrollo de nuestros países. (Cueva, 2012, p. 93)

Lo nuevo está en establecer una relación directa entre la articulación países industrializados-países dependientes (causa) y el desarrollo interno de cada una de esas economías que de ahí se derivaría (efecto). Y es en este punto, precisamente, donde el esquema de Marini se torna cuestionable, no por falta de coherencia lógica ni de fuerza ideológica, sino porque la realidad histórica se resiste a encajar en él. (Cueva, 2012, p. 94)

Este es el argumento central de Cueva. Pasa del nivel lógico al nivel histórico. Presenta dos casos. La exportación de café desde Brasil, que, por ser un artículo suntuario que no es consumido preferentemente por la clase obrera, no aporta al abaratamiento de la fuerza de trabajo en los países industrializados. Y el caso de Argentina, en donde si bien la exportación de carne y cereales pudo aportar al abaratamiento de la fuerza de trabajo en los países industriales, no tuvo “como contrapartida la remuneración de la fuerza de trabajo argentina por debajo de su valor, ni impedido la creación de un mercado interno para la industria de este país.” Además fueron precisamente estos territorios los que se poblaron con inmigrantes extranjeros, es decir con mano de obra excedente en Europa. (Cueva, 2012, p. 94)

De modo que la dialéctica establecida por Marini no constituye una ley general de la dependencia, argumenta Cueva, sino la caracterización de algunas condiciones concretas, que no pueden generalizarse sino a costa de presentarla como un modelo forzado, “generalizaciones cuyo estatuto teórico habría que precisar, definiendo, en primer término, los objetos mismos sobre los que recae la investigación; esto es, lo que Marini denomina respectivamente “economía clásica” y “economía dependiente”. (Cueva, 2012, pp. 94-95)

4.4.Crítica teórica e histórica

Cueva aborda un tema epistemológico complejo, la relación entre el momento abstracto-teórico del conocimiento y el momento de reconstrucción del concreto de pensamiento, el nivel lógico y el nivel histórico. Un tema que atraviesa las lecturas de El Capital.

En su intento de mostrar los límites de las teorías de la dependencia, subraya el lado “interno”, el proceso de la lucha de clases en cada formación social, como punto de partida para ver la relación-ubicación en la totalidad, en la cadena imperialista. Y desde allí presenta las condiciones concretas como medidas de la validez de la teoría.

Abre la puerta a una pista: la dependencia no es sólo un tema económico, sino es fundamentalmente un tema político. Como argumenta Cueva, los momentos de auge en la periferia no se debe sólo a los momentos de crisis en el centro que abriría la oportunidad de cierta autonomía en la periferia, sino que allí juega un papel central la lucha política, las luchas de clase dentro de cada formación socio-económica.

Según los teóricos dependentistas, en el caso de Chile, por ejemplo, a principios de los años cuarenta, un desarrollo “inducido” por una crisis en las economías centrales, habría obligado a realizar una “substitución de importaciones” en los países “periféricos. Esto implica que se ignore la existencia de ciertas luchas sociales en Chile; el triunfo del Frente Popular de Aguirre Cerda en el año 38, y la consiguiente implantación de una política planificada que “algo” tuvo que ver con la industrialización del país (en condiciones nacionales e internacionales determinadas, claro está). Como ironiza Cueva, “demuestra los límites a los que puede llegar una “revolución” teórica que, para superar al marxismo “tradicional”, no vacila en remplazar la lucha de clases por la “sustitución de importaciones” como motor de la historia.” (Cueva, 2012, p. 89)

4.5. El tiempo actual

Cueva tiene como referencia la totalidad de la teoría de la cadena imperialista, constituida por eslabones “fuertes” y “débiles”. Y, desde allí, defiende la rigurosidad dialéctica de la relación entre lo “interno” y lo “externo”, la dialéctica de la totalidad, para no convertir análisis de condiciones concretas en tendencias y modelos generalizados, tipos ideales, desde los cuales pensar la realidad, en lugar de definir las articulaciones entre las teorías y la historia.

Las relaciones entre los países “centrales” y el país “dependiente”, tienen que ser ubicadas en el marco de la totalidad de la reproducción ampliada del sistema capitalista, de la acumulación del capital, se presentan como dinámicas marcadas por la división internacional del trabajo, es la pista que sigue Marini, pero tienen su concreción, su desenlace como relaciones de poder, como luchas de clase al interior de cada formación social y en la cadena imperialista.

Las disputas geopolíticas se mueven en varios planos: las disputas económicas, políticas, culturales, bélicas, cognitivas, entre las potencias dominantes, una disputa tripolar; pero también las respuestas, alineamientos, resistencias desde los países y regiones “dominadas”. América Latina es territorio de disputa de los poderes imperiales-imperialistas en medio de un mundo tripolar, pero también es escenario de búsquedas y semillas anti-sistémicas, ante la decadencia civilizatoria de Occidente. Por ello, empiezan a surgir nuevas categorías, multipolaridad, Sur global. Y también regresan categorías que parecían olvidadas, soberanía, unidad latinoamericana, solidaridad de los pueblos.

Se trata de una especie de “ampliación-actualización” de las teorías de la dependencia, recoger sus aportes epistemológicos, pero no convertirlas en un modelo, en un tipo ideal al cual habría que ajustar deductivamente la complejidad de la realidad actual y de los procesos propios de cada formación social. Podemos mirar los cambios geopolíticos actuales desde el Sur. Este artículo trata de mostrar este cauce, que sería necesario profundizar en trabajos posteriores.

5. Conclusiones: Desde las Teorias de la Dependencia a los Estudios de la Geopolítica desde el Sur

El recorrido realizado muestra la originalidad y la riqueza de las teorías de la dependencia para analizar el papel de los estados nacionales periféricos y, en particular, de América Latina, en el sistema capitalista mundial.

Muestra también sus límites y la necesidad de una complementación-actualización en dos direcciones: el estudio de las transformaciones geopolíticas y económicas actuales, con los cambios de la cuarta revolución científico-técnica, y el surgimiento de una complejidad del descentramiento del dominio imperialista norteamericano y la presencia de un orden tripolar de una especie de imperios-imperialistas, una re-feudalización del mundo, como dice Echeverría y mencionan autores como Varoufakis (2024). Un mundo en que los Estados-imperio-civilización no necesariamente acuden a la ocupación territorial del viejo colonialismo, sino que trazan zonas de influencia y dominio híbrido. Un mundo marcado por el dominio de monopolios transnacionales que se han apoderado de la renta tecnológica de la nube y de las neurociencias.

Y abordar el estudio de los procesos internos de las luchas de clase, las formas propias de funcionamiento del Estado y la economía capitalistas dentro de cada formación social, para poder ubicar su papel en el nuevo orden mundial, y reconocer las luchas de resistencia de los pueblos y las búsquedas de alternativas antisistémicas.

Las teorías de la dependencia basadas en una relectura del marxismo, Marini, Echeverría y Cueva, abren este cauce, podemos reconstituir una base epistemológica a partir de la cual se puede abordar el estudio de las modificaciones actuales. Y entonces varios aportes de las teorías clásicas de la dependencia, como “industrialización por sustitución de importaciones” o “semi-periferias”, muestran su encuadre histórico, su validez en las condiciones de los setenta y ochenta del siglo pasado, y la necesidad de elaborar nueva categorías para los cambios actuales.

Se trata de una especie de “ampliación-actualización” de las teorías de la dependencia, recoger sus aportes epistemológicos, pero no convertirlas en un modelo, en un tipo ideal al cual habría que ajustar deductivamente la complejidad de la realidad actual y de los procesos propios de cada formación social. Podemos mirar los cambios geopolíticos actuales desde el Sur. Este artículo trata de mostrar este cauce, que sería necesario profundizar en trabajos posteriores.

Referencias

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Barán, P. (1975). La Economía Política del Crecimiento. Fondo de Cultura Económica.

Cardoso, F., & Faletto, E. (1973). Dependencia y Desarrollo en América Latina. Editorial Siglo XXI.

Cueva, A. (2012). Ensayos sociológicos y políticos. (F. Tinajero, Ed.) Ministerio de Coordinación de la Política.

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Echeverría, B. (2011). Antología. Crítica de la modernidad capitalista. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.

Frank, A. G. (2005). "El desarrollo del subdesarrollo", El nuevo rostro del capitalismo. Monthly Review Selecciones en castellano, (4), 144-157.

Harvey, D. (2004-2005). El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión. Socialist Register, 99-129.

Marini, R. M. (1981). Dialéctica de la dependencia (Quinta ed.). Era.

Martínez Peinado, J. (2011). La estructura teórica Centro/Periferia y el análisis del Sistema Económico Global: ¿obsoleta o necesaria? Revista de Economía Mundial(29), 29-59. Obtenido de https://www.redalyc.org/pdf/866/86622169001.pdf

Marx, C. (1971). El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo III. (W. Roces, Trad.). Fondo de Cultura Económica.

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Prebisch, R. (1949). CEPAL, El desarrollo económico de América Latina y sus principales problemas. (D. d. CEPAL, Ed.). Lake Success.

Rostow, W. W. (1960). Las etapas del crecimiento económico: un manifiesto no comunista. Editorial Universitaria.

Rubio Pardo, C. (2000). Aspectos relevantes de los cultivos ilícitos en el desarrollo rural: el caso de Colombia. Pontificia Universidad Javeriana. Obtenido de https://biblioteca.clacso.edu.ar/Colombia/fear-puj/20190730044636/rubio.pdf

Singer, H. (1949). ONU, Precios relativos de las exportaciones e importaciones de los países subdesarrollados: Un estudio de los términos de intercambio de la posguerra entre países subdesarrollados e industrializados. (D. d. ONU, Ed.) Nueva York: Lake Success.

Varoufakis, Y. (2024). Tecno-feudalismo. El sigiloso sucesor del capitalismo. (M. Valdivieso, Trad.). Planetadelibros. Ediciones Deusto.

Notas

[2] Aclaremos que aquí no involucra a Marini
[3] Parecería que Cueva no vio el alcance de las tesis de Marini, ya que éste coloca como marco de su análisis el proceso de reproducción ampliada y la división internacional del trabajo dentro del sistema capitalista.


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