

Dossier
Libertarianismo anarcocapitalista: la destrucción del Estado como principio de negación de lo común
Anarcho-capitalist libertarianism: the destruction of the State as a principle of the negation of the common good
Revista Ciencias Sociales
Universidad Central del Ecuador, Ecuador
ISSN: 0252-8681
ISSN-e: 2960-8163
Periodicidad: Anual
núm. 48, 2026
Recepción: 18 agosto 2025
Aprobación: 28 noviembre 2025

Resumen:
El artículo de investigación pretende realizar un estudio crítico sobre la relación entre el libertarianismo y el Estado. El libertarianismo se constituye como un proyecto de organización de la vida que busca radicalizar la posición del mercado en la sociedad. Para ello, uno de los supuestos fundacionales de la doctrina teórico-ideológica libertariana es la abolición absoluta del Estado. El principio anarcocapitalista del libertarianismo pretende la trasformación radical de la sociedad a través de una forma de organización de la vida donde prevalece la libertad individual –violentada por el Estado según sus principales teóricos-. Las preguntas, ¿cuáles son los fundamentos del libertarianismo?, ¿en qué consiste el principio anarcocapitalista libertariano? y, ¿es posible proyectar una forma de vida donde no exista el Estado? son las que guían la discusión. El trabajo se constituye a partir de una reflexión crítica sobre los alcances y dimensiones del libertarianismo. El objetivo del trabajo es describir los fundamentos teóricos que constituyen al libertarianismo. Por su parte, los objetivos específicos son: a) conocer los supuestos que dan forma a la alianza estratégica entre libertarios y extrema derecha; b) identificar la estrategia de acción política que estos sectores impulsan; c) analizar la estructura orgánica de este programa; y, d) presentar algunos elementos de la experiencia de gobierno libertariana representada por Javier Milei. La descripción de los supuestos fundacionales del libertarianismo permitirá problematizar la relación entre esta corriente teórico-ideológica de extrema derecha y el Estado. Los hallazgos de la investigación mostrarán que el principio anarcocapitalista -abolición absoluta del Estado- que se encuentra en la razón libertariana, radicaliza un proyecto de organización de la vida sostenido en la negación de lo social.
Palabras clave: Libertarianismo, Estado, Anarcocapitalismo, Extrema derecha, Negación de lo social.
Abstract:
The following research paper aims to conduct a critical study of the relationship between libertarianism and State. Libertarianism is constituted like a life organizational project that seeks to radicalize the market position into society. In order to achieve this objective one of the foundational assumptions of the libertarian theoretical-ideological doctrine is the State total abolition. The anarcho-capitalist principle of libertarianism aspires to a radical transformation of society through a way of life where individual freedom prevails – freedom that, according to their principal theorist is violated by the State. The guiding questions of the discussion are: What are the theoretical foundations of libertarianism? What does the libertarian anarcho-capitalist principle consist of? And if it is possible to project a way of life in which State doesn’t exist? The study is structured around a critical reflection of the scope and dimensions of libertarianism. The article’s main objective it’s to describe the theoretical foundations that constitute the libertarian project. The specific objectives are: a) to examine the assumptions underpinning the strategic alliance between libertarians and the far right; b) to identify the political action strategies promoted by these sectors; c) to analyze the organizational/organic structure of the project; and d) to present key elements of Javier Milei’s libertarian government experience. Describing the foundational assumptions of libertarianism will allow to problematize the relationship between the far-right theoretical-ideological approach and the State. The findings of the research will show that the anarcho-capitalist principle -absolute abolition of the State- embedded in the libertarian reasoning radicalizes a life organization project grounded in the negation of the common good.
Keywords: Libertarianism, State, Anarcho-capitalism, Far-right, Social life negation.
Introducción
El crepúsculo del siglo XX estuvo acompañado de una retórica profundamente Estado-fóbica. La consolidación del neoliberalismo como racionalidad hegemónica de la razón gubernamental, trajo consigo el debilitamiento del Estado, sus instituciones y capacidades. La narrativa anti-Estado y anti-sociedad que tuvo como precursores a Margaret Thatcher y Ronald Reagan, se difundió y extendió con éxito por el mundo entero. A partir de la década de 1980 los distintos países de América Latina adoptaron el neoliberalismo y lo consolidaron como la razón de gobierno predominante. Esto se produjo en un contexto histórico sujeto a un doble proceso: a) el paso de regímenes dictatoriales a sociedades democráticas; y, b) la transición de Estados fuertes –autoritarios- a Estados débiles –marcados por el ciclo político neoliberal– (Roberts, 2013). El doble proceso implicó un estado de coyuntura crítica (Collier & Collier, 1991) que modificó por completó la relación entre el Estado y la sociedad.
Por su parte, las primeras décadas del siglo XXI trajeron consigo el retorno de la centralidad del Estado. El 11-S implicó la consolidación de un paradigma securitista global (Wilkinson, 2002; Byman, 2008; Nacos, 2016) donde el papel del Estado es determinante; la crisis económica de 2008 evidenció que el sistema financiero necesita del Estado para sostenerse y sobrevivir[1]; finalmente, la pandemia del COVID-19 demostró que el Estado, sus instituciones y la red de capacidades estatales, son centrales para ordenar, organizar y garantizar la vida en una sociedad globalizada, interrelacionada y compleja. En el caso concreto de América Latina, las primeras décadas del presente siglo estuvieron atravesadas por una reconfiguración en la relación entre el Estado y la sociedad. El auge de gobiernos progresistas significó la implementación de un ciclo político postneoliberal caracterizado por la ampliación de las capacidades del Estado, la defensa e impulso de las instituciones estatales, y la inversión sostenida en el sector público -extendiendo el alcance del Estado-.
La serie de acontecimientos anteriormente presentada demuestra la existencia de una profunda discontinuidad cuando se trata de analizar empíricamente al Estado. Pensar las esquirlas de la máquina que ordena, regula y organiza la posibilidad del vivir-común, se constituye entonces en una emergencia intelectual que necesita ser atendida con rigurosidad, motivo por el cual, la teorización sobre el Estado sostiene su vigencia y relevancia.
El 10 de diciembre de 2023 Javier Milei fue posicionado como presidente de Argentina. El candidato presidencial del partido político La Libertad Avanza (LLA) asumió el cargo de jefe del Poder Ejecutivo tras un ballotage donde se impuso al candidato del oficialismo (Sergio Massa). Durante la campaña electoral, Milei se presentó como el “topo” que busca destruir el Estado, demoler la burocracia estatal, terminar con la casta política argentina, entre otras. Tras asumir el cargo presidencial, Javier Milei decretó la eliminación de 13 ministerios, el despido del 30% de funcionarios públicos y la aplicación de un recorte presupuestario al sector público que osciló el 30% (Perfil, 2024). La asunción de Milei implica una transformación paradigmática en la concepción sobre el Estado en América Latina. A diferencia de los otros gobiernos de la derecha conservadora de la región (donde existe una forma de gobierno neoliberal), el actual presidente de Argentina promueve un programa político que no se limita a la reducción del tamaño del Estado, sino que proyecta la abolición absoluta del mismo.
Javier Milei es uno de los principales representantes y rostros de la nueva derecha global. Milei ha declarado públicamente ser un fiel seguidor y practicante del libertarianismo –corriente teórico-ideológica que pretende llevar hasta las últimas instancias los postulados del liberalismo clásico (Huerta de Soto, 2013)–. El libertarianismo implica un proceso de evangelización radical del mercado que se sostiene bajo los principios de la libertad, la propiedad privada y la defensa del individuo (Jarquín Ramírez, 2025). Los principios fundacionales del libertarianismo, apuntan hacia un enemigo, el Estado. Para la corriente libertariana, el Estado se constituye como la “fuente institucional que engendra el mal en la sociedad” (Rockwell, 2016), afectando la libertad, la individualidad, la competencia y los valores tradicionales de Occidente (Land, 2019).
El presente artículo de investigación propone un estudio crítico sobre la relación entre el libertarianismo y el Estado. La posibilidad anarcocapitalista que profesa la doctrina libertariana implica: a) cuestionar la forma histórica que adopta el poder político -sumiso al poder económico-; b) explicar los distintos modos en los que se despliegan las relaciones humanas en la sociedad de la información (Berardi, 2019); y, c) repensar las formas en las que se produce la representación política. El objetivo del trabajo es describir los principios y fundamentos del libertarianismo, advirtiendo los peligros que implica este proyecto teórico-ideológico para el Estado -institución moderna encargada de organizar la vida en comunidad.
Las preguntas que guían la reflexión son, ¿cuáles son los fundamentos del libertarianismo?, ¿en qué consiste el principio anarcocapitalista libertariano?, ¿es posible proyectar una forma de vida en sociedad donde no exista el Estado? En este sentido, el artículo realiza un análisis crítico sobre el libertarianismo. Para ello, se busca identificar los giros y rupturas epistemológica y ontológica que sostiene el libertarianismo con el liberalismo clásico y el neoliberalismo. El reconocimiento de los principios y supuestos fundacionales del libertarianismo permitirá comprenderlo como un proyecto histórico-social que pretende una profunda reconfiguración en la relación entre el poder económico y el poder político -transformando por completo las formas del devenir de la vida– (Hui, 2020). La evangelización radical del mercado que promueve el libertarianismo, adquiere factibilidad en lo real-concreto a través de un discurso que defiende y promueve la individualidad, la competencia y una forma particular de vida donde el rendimiento económico se alza sobre cualquier forma-posibilidad de vida comunitaria –radicalizando los postulados de la doctrina neoliberal–.
El trabajo se encuentra estructurado de la siguiente manera. Inicialmente, se lleva adelante una revisión de la literatura que aborda el libertarianismo. En este apartado, se pretende mostrar las rupturas y tensiones con el liberalismo clásico y el neoliberalismo; además de conocer los principios teórico-ideológicos de su racionalidad y caracterizar la puesta en práctica de su acción política real –paleolibertarismo–. Posteriormente, se reflexiona sobre la relación entre libertarianismo y Estado, advirtiendo la centralidad de la batalla cultural como el estandarte de la lucha libertariana contra el Estado. Después, se enfoca el análisis en la experiencia de gobierno libertariana representada el gobierno de Javier Milei en Argentina. Aquí se muestran las principales acciones del gobierno de Milei, donde se reconoce que el ataque hacia el Estado trasciende el plano discursivo. Finalmente, se presentan las conclusiones del trabajo.
Libertarianismo: la evangelización radical del mercado
Durante el último lustro, el término «libertario» ha adquirido una singular relevancia dentro de la cotidianidad del lenguaje político. La adscripción actual del término refiere a una postura cuyo eje fundamental es la reproducción de la lógica del capital bajo la radicalización de la posición del mercado en la sociedad. A pesar de aquello, las raíces del término se encuentran vinculadas a distintos sectores de izquierda de principios del siglo XX -organizaciones obreras, sindicalistas o anarquistas- (Guerín, 1964). La transformación radical en el sentido del término «libertario», demuestra que es un concepto histórico-social cuyas modificaciones responden al contexto histórico y al grupo social que lo emplea (Guerín, 1964).
La defensa del capital –y del mercado- por sobre el Estado, es una característica central de los libertarios contemporáneos. Para los seguidores de esta corriente teórico-ideológica es necesaria una superación y transformación del actual orden histórico que se caracteriza por: a) la supra-presencia del Estado -que ataca a la libertad– en todos los ámbitos de la vida; b) la hegemonía de la cultura woke o progresista que violenta los valores tradicionales de la sociedad occidental (Land, 2019); c) la existencia de élites políticas que utilizan al Estado como una herramienta para concentrar poder social y económico (Huerta de Soto, 2013), entre otras. El radicalismo del libertario contemporáneo se advierte en aquella postura reaccionaria que legitima la utilización de medidas y prácticas violentas y agresivas para transformar el actual orden social (Baykal, 2017). Para ello se postula una guerra abierta contra todas esas formas de organización y colectividades que –según su perspectiva- ponen en riesgo el orden económico y moral de Occidente[2] (Land, 2019).
Pero ¿qué es el libertarianismo? El libertarianismo es una corriente teórico-ideológica que busca radicalizar y llevar hasta las últimas instancias las ideas del liberalismo clásico (Rothbard, 1992), (Huerta de Soto, 2013). Si bien el libertarianismo tiene su base en los principios liberales clásicos del siglo XVIII; su realización teórica se produce en Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX. El pensamiento clásico de representantes de la Escuela Austriaca de Economía como Ludwing von Mises o Friedrich Hayek, marca la línea de pensamiento que posteriormente siguieron autores libertarianos como Murray Rothbard, Ayn Rand, Robert Nozick, Hans-Hermann Hoppe, Jesús Huerta de Soto, entre otros. La postura de los pensadores contemporáneos de la corriente libertariana busca el establecimiento de un sistema disruptivo que se ocupa tanto de lo económico, como de lo político y lo cultural, advirtiendo que es un proyecto ideado y construido orgánicamente para moldear la totalidad de la sociedad.
Zwolinski (2008) advierte que no existe una teoría libertariana única y que varios de sus principios se encuentran en constante transformación. Sin embargo, el mismo autor reconoce que existen ciertos fundamentos que recogen la centralidad de la doctrina libertariana: a) los individuos se constituyen como los elementos primarios de la sociedad, quitando relevancia al carácter social de los mismos; b) la propiedad privada es un principio fundamental para la organización social; c) el Estado se constituye como el mayor problema para los individuos dado que saquea la riqueza social mediante procesos coercitivos, que afectan la libertad y el principio de competencia natural entre individuos; y d) se comprende a la libertad como el valor fundamental[3] (Zwolinski, 2008).
Cabe preguntarse ¿qué es lo que distingue al libertarianismo del liberalismo clásico y del neoliberalismo? Más allá de pretender radicalizar los postulados de los mismos, la principal diferencia se encuentre en el carácter anarcocapitalista que difunde el libertarianismo. En el liberalismo, el Estado es fundamental para sostener el derecho; mientras que, en el neoliberalismo, el Estado es central para garantizar el orden y la seguridad, a la par de ser la institución que impulsa las políticas que benefician al sector privado. Por su parte, el libertarianismo ve en el Estado el “mayor problema para el progreso de los individuos” (Land, 2019) dado que oprime la libertad, reproduciendo un sistema de valores moralmente cuestionables (Rothbard, 1992). El principio anarcocapitalista implica una ruptura ontológica entre el libertarianismo con el liberalismo y el neoliberalismo; presentando una episteme donde se desmantela la función instituyente de lo social inherente al Estado.
a) Anarcocapitalismo: vivir bajo el mercado, (sobre)vivir sin Estado
En Por una nueva libertad: El manifiesto libertario (1973) de Murray Rothbard encontramos el fundamento anarcocapitalista del libertarianismo. La obra de Rothbard sostiene que el Estado es “el agresor supremo, el eterno, el mejor organizado, contra las personas y las propiedades del público” (Huerta de Soto, 2013, pág. 64). Esta tesis plantea al Estado como una organización criminal que no depende del régimen político (democrático, autoritario, dictatorial o monárquico) para reproducir las dinámicas opresoras y trasgresoras contra la libertad de los individuos (Rothbard, 1992). Según el autor, la posibilidad anarcocapitalista implica la continuidad natural y evolutiva de las revoluciones liberales del siglo XVIII.
En Rothbard (1973) y Huerta de Soto (2022) se sostiene que el liberalismo clásico mantiene una deuda histórica con los individuos -y con la misma libertad- dado que es incapaz de limitar el poder del Estado. Para estos autores, el problema del Estado radica en su “imposibilidad teórica ideal”, la cual busca ampliar y reproducir su poder hasta las cuestiones más íntimas de los individuos, ampliando el mismo “carácter letal que lo engendra” (Rothbard, 1973). De este modo, el anarcocapitalismo se presenta como la alternativa donde se produce “la representación pura del orden espontáneo del mercado, donde los servicios son provistos por un orden voluntario de cooperación social [logrando] eliminar los incentivos corruptos creados por el Estado” (Huerta de Soto, 2022).
Reconociendo el carácter disruptivo de su postura intelectual, Rothbard no se limita en la confrontación con los distintos “círculos intelectuales” liberales. El autor libertariano sostiene que la existencia de élites culturales y políticas dentro del liberalismo provoca el “entorpecimiento del destino natural” de las ideas vinculadas con la libertad. La principal crítica del autor de For a New Liberty en contra de los intelectuales liberales está en la incapacidad de los mismos para superar el plano economicista (Rothbard, 1992). Esta crítica lleva al autor a pensar una estrategia de acción política que pueda ser aplicada por los programas libertarianos, y que trasciende el plano economicista o intelectual, el paleolibertarianismo.
b) Paleolibertarianismo: la aplicación política libertariana
El paleolibertarianismo es una estrategia (Jarquín-Ramírez, 2025) que pone en práctica y transforma en acción política todos aquellos principios de comprensión sobre el mundo que radicalizan la defensa del mercado (Rothbard, 1992). El paleolibertarismo permite comprender los modos de despliegue y funcionamiento real de los supuestos libertarianos en la sociedad. Rothbard (1973) sostiene que el paleolibertarianismo es la estrategia de acción política que busca acercar los principios e ideales del libertarianismo al ciudadano común. Esta estrategia política -cuya primera aplicación se produce en la década de 1990 en Estados Unidos y tuvo como objetivo los sectores desclasados de trabajadores estadounidenses (Jarquín-Ramírez, 2025) – pretende romper la relación de dependencia existente con las élites políticas y culturales (de principio liberal). Bebnowski & Slobodian (2024) advierten que la relevancia de la propuesta de Rothbard se encuentra en la búsqueda de las masas. El autor reconoce que en los sectores de trabajadores desclasados existe un electorado-consumidor que puede ser capitalizado políticamente por la propuesta libertariana
La postura libertariana de ir por las masas implica una ruptura directa con el pensamiento liberal clásico. A diferencia de lo señalado por Von Mises o Hayek, quienes compartían la crítica liberal que denunciaba a las masas como una tentación colectivista que puede desencadenar en una tiranía de las mayorías (Jarquín-Ramírez, 2025); los pensadores contemporáneos del libertarianismo ven en las masas el vehículo que posibilita la concreción real del programa libertariano. Para los autores libertarianos contemporáneos que advierten un momento histórico-concreto caracterizado por: a) individuos que se encuentran cada vez más vinculados -a través de las redes sociales- y cuyas relaciones son aún más complejas; b) por la coexistencia de culturas, religiones, lenguas, costumbres; c) variedad de formas de habitar un mundo globalizado; entre otras; existe la necesidad de indagar en el devenir social y capitalizar políticamente a esos individuos que permitan concretar el proyecto libertariano. Jarquín-Ramírez (2025) advierte que, sin principio de agresión, no existe orden libertariano. Esta condición obliga al libertarianismo a crear antagonismos (como pueblo contra élite o individuos de bien contra burocracia) para legitimar su acción reaccionaria, agresora y violenta.
En el texto En defensa del paleolibertarismo (2016) de Llewellyn Rockwell (discípulo de Rothbard) encontramos los principios de esta estrategia de acción política. Tal como señala Rockwell (2016), los 10 “mandamientos” que guían la aplicación real del programa libertariano son:
Los principios fundamentales o «mandamientos» del paleolibertarismo que presenta Rockwell, demuestran el carácter reaccionario y violento de esta estrategia de acción política. Reconocemos que, para los libertarios, la libertad no implica la negación automática de toda autoridad, más bien, implica un valor fundamental para la sociedad construido en la reproducción de un sistema de valores y creencias plenamente conservadoras (lo que los obliga a abrir distintos campos de disputa en contra de aquellas colectividades wokes o «progres» encargadas de difundir el marxismo cultural (Land, 2019).
Libertad contra adoctrinamiento: la batalla cultural libertariana contra el Estado
La tesis libertariana que denuncia al Estado como una institución fallida de la Ilustración que “engendra el mal” (Rockwell, 2016) y produce el declive “moral de Occidente” (Land, 2019); obliga a comprender que la disputa que presentan los teóricos libertarianos busca reconfigurar la psicoesfera social (Berardi, 2019). Es fundamental destacar que, a diferencia de la propuesta neoliberal, el libertarianismo ve en el Estado su principal enemigo, motivo por el cual, busca su abolición tanto en el mundo material -radicalizando el recetario neoliberal- como en el mundo de las ideas –desplegando una batalla ideológica en defensa de la libertad–.
La batalla cultural se ha configurado como el estandarte de presentación de aquellos liderazgos políticos que promueven una agenda libertariana –Javier Milei, Santiago Abascal, Giorgia Meloni, Donald Trump y otros–. La batalla cultural libertariana tiene su fundamento teórico en los trabajos de Curtis Yarvin y Nick Land -Agustín Laje en América Latina-. Estos filósofos neorreaccionarios sostienen que el Estado promueve una agenda que, a través de la difusión de la igualdad -principio de la Ilustración-, se establece una forma de dominación y control que se opone a la libertad individual (Land, 2019). La determinación del Estado señalada por Yarvin y Land, produce una universalización –sincronización- en el sistema de valores, preferencias y sentidos -sentido común progresista- que atenta contra los valores tradicionales que permitieron el progreso de Occidente, convirtiéndose en una “tradición parasítica” (Yarvin, s.f. citado en Land, 2019). En este sentido, los distintos liderazgos políticos libertarianos buscan combatir aquellas desviaciones morales (re)producidas por el Estado.
Esta batalla que se produce en el campo de las ideas, en la constante disputa por la (re)significación de valores, sentidos y representaciones culturales, busca reconstituir el orden moral en Occidente, defendiendo los valores tradicionales que las distintas formas de colectivismo y progresismo -feminismo, ecologismo, movimiento LGBTQ+, entre otras- violentan al difundir ideológicamente el marxismo cultural y reproducir la agenda woke. La recuperación de valores tradicionales como el respeto a la autoridad, la familia tradicional, los valores judeo-cristianos, entre otros; permitirá –según los libertarios- reestablecer el orden e impulsar el progreso en Occidente.
Si bien Yarvin y Land promueven la batalla cultural, es necesario reconocer que cada uno de ellos tiene una postura diferente sobre la posibilidad anarcocapitalista que promueve el libertarianismo. En Yarvin advertimos un proyecto que piensa una sociedad post-democrática en la que el Estado se corporativiza, ergo, se privatiza, haciendo a los ciudadanos, clientes -el Estado sigue existiendo bajo la forma de «La Catedral». Por su parte, el trans-humanismo que propone Land, recoge la posibilidad de un anarcocapitalismo puro, en la que el Estado deja de existir y las formas de organización de la vida se mueven por las dinámicas propias del mercado y del desarrollo tecnológico (Hui, 2020).
El compromiso de los distintos liderazgos políticos libertarianos para desplegar la batalla cultural, responde a la defensa y extensión del paleolibertarianismo de Rothbard. La relevancia de la batalla cultural para los programas libertarianos demuestra la preocupación de los mismos para traspasar la etapa economicista. La atención por el mundo de las ideas y la cultura hace del libertarianismo una propuesta radical de extrema derecha que busca construir una nueva forma de vida donde se radicalizan principios como el individualismo, la competencia y la autoexplotación.
El Estado contra la pared: la estatalidad bajo el paradigma libertariano
El declive de Occidente denunciado por los teóricos reaccionarios de la derecha internacional –Yarvin o Land– trae consigo una serie de transformaciones en la concepción que sostiene el libertarianismo y la extrema derecha en relación al Estado. Autores como García-Linera (2025) sostienen la existencia de un neoliberalismo soberanista que se funda en un proteccionismo híbrido que busca contener la acumulación de capital y legitimación global por parte de los Estados occidentales. Esta caracterización del Estado abre una serie de problemáticas que deben ser indagadas cuando lo que se pone en discusión es la existencia misma del Estado.
Sobre el Estado existe una vasta bibliografía. Estudios sobre la formación del Estado contemporáneo (Corrigan & Sayer, 1985; Elias, 1989;); los imaginarios y representaciones que produce el Estado (Skinner, 2014); las acciones autónomas del Estado (Skocpol, 1984); las territorialidades (Brenner, y Delaney,); los discursos de soberanía (Dardot & Laval, 2021); el debilitamiento de la forma-Estado (Negri y Hardt; 2002); la gestión de la población (Foucault, 1975; Foucault, 2007); la arquitectura de los Estados durante el neoliberalismo (Streeck, 2024); o el declive de la representación política (Turchin, 2023; Przeworsky, 2022), entre otros; demuestran la relevancia en la investigación sobre el Estado y la red propia de su estatalidad. En este contexto, el estudio sobre la relación entre el libertarianismo y el Estado necesita una profunda reflexión.
En particular, se considera al Estado como aquella institución formal que reúne y organiza todas aquellas “creencias compartidas por toda una sociedad territorializada cuyo efecto es involucrarlas obligatoriamente en acciones prácticas emergentes de esas creencias” (García-Linera, 2025, p. 11). Es decir, el Estado se funda en la producción y expropiación de lo común. Esto se produce a través de un mecanismo de la monopolización que centraliza y universaliza el poder. El monopolio de lo común es la capacidad distintiva del Estado (García-Linera, 2025).
En este sentido, el libertarianismo impulsa un proyecto político-social que busca transformar sustancialmente los comunes centralizados que han sostenido históricamente al Estado como razón de organización de la vida social. El proceso de disolución de los comunes, en aras de un orden de vida sostenido en los valores de la individualidad neoliberal como la competencia y la resiliencia, hacen que el libertarianismo ataque y busque la abolición del Estado.
El sueño libertariano: la propuesta anarcocapitalista de Javier Milei
Javier Milei llegó al poder ejecutivo argentino tras una contienda electoral que lo enfrentó en la segunda vuelta comicial con Sergio Massa, candidato del movimiento popular más grande del país, el peronismo. En la primera vuelta electoral, Milei se consolidó como la alternativa de derecha más votada por los argentinos, superando a Patricia Bullrich (candidata por el PRO). Javier Milei llegó a la contienda como el representante del partido político La Libertad Avanza (fundado en 2021), cuyo programa ideológico sostiene la necesidad de implementar un régimen libertarianista, ergo, anarcocapitalista.
El actual presidente de Argentina es un fiel seguidor de la doctrina de la Escuela Austriaca de Economía, promulgando y defendiendo los valores que dan forma a la razón libertariana. Antes de consolidarse como un verdadero candidato al cargo presidencial, Milei logró posicionarse a través de los medios de comunicación y las redes sociales, criticando violentamente las prácticas y medidas adoptadas tanto por los gobiernos de izquierda (de Alberto Fernández) como de derecha (de Mauricio Macri). La vehemencia verbal y gestual que utilizó Milei para referirse en contra del Estado y la burocracia, fue acompañado de un lenguaje técnico que lo transformó en un personaje mediático sumamente atractivo para la audiencia-electorado argentino (Vommaro, 2023, pág. 7).
En el campo de lo político, el crecimiento exponencial de la figura de Javier Milei está ligado al apoyo estratégico de sectores conservadores de la derecha argentina tradicional (Ubilluz, 2024). Varios de estos sectores que ahora sostienen a Milei, fueron parte de la coalición que llevó a Mauricio Macri a la presidencia en 2015 (bajo la coalición llamada Cambiemos). El apoyo de estos grupos a Javier Milei se produce por un descontento con la toma de decisiones durante el gobierno de Mauricio Macri, advirtiendo la intención de estos sectores para buscar una propuesta que se ajuste al cambio que atravesaba el mundo, tal como lo representaban Donald Trump o Jair Bolsonaro (Morresi y Vicente, 2023).
En la práctica real, es imposible no referirse a la pandemia para comprender el fenómeno Milei. La pandemia del Covid-19 “se transformó en una oportunidad política favorable para [la] postura ideológica de Milei” (Vommaro, 2023, pág. 8). Este momento crítico fungió como plataforma para el despliegue de lo que actualmente se constituye como la “batalla cultural” que lleva adelante Javier Milei. El rechazo de las restricciones impuestas por el gobierno de Alberto Fernández, sirvieron para la reproducción ideológica antiestatista que tanto defiende Milei. Referencias hacia el “control total de la población” y el “sueño zurdo por excelencia” de tener en cuarentena a la población, entre otros; lo transformaron en un líder popular dentro de la sociedad argentina.
Utilizando el contexto, Milei logró construir una narrativa populista para presentarse como el representante de “la gente de bien” contra “la casta política”. La “casta” fue el concepto que utilizó Milei para referirse a la élite política argentina que, para él, es la culpable de la profunda crisis económica que atravesaba el país. Desde su discurso, el actual presidente de la Argentina ha tachado tanto al kirchnerismo como al macrismo, de ser la casta corrupta que ha utilizado al Estado para enriquecerse y empobrecer al país. La narrativa construida sobre la corrupción le ha servido para sostener su proyecto de reducir hasta el mínimo posible el tamaño del Estado. La alianza estratégica que logró construir el liderazgo de Milei se evidencia en el giro conservador que tuvo este a partir de 2022 (cuando forma parte por primera vez de la CPAC[4]). A diferencia de Bolsonaro, que partió de un proceso conservador para llegar a un neoliberalismo crudo y violento; Milei partió de su libertarianismo teórico-ideológico para arribar a la agenda conservadora del país (Ubilluz, 2024). El giro se evidencia en la reproducción constante del discurso negacionista sobre los 30.000 desaparecidos durante la dictadura militar, mostrando la intención de establecer un pacto con el sector militar.
La experiencia de Javier Milei permite apreciar que los proyectos libertarianos buscan el apoyo de las masas. Más allá del uso de los medios tradicionales de comunicación para difundir las ideas libertarianas, el permanente uso de las redes sociales demuestra el intento para “saltar líneas” entre el líder y el público-elector, llevando un discurso orgánico que se ajuste a las reacciones y retroalimentaciones de la opinión en redes (Da Empoli, 2019).
Tras 18 meses de gobierno, podemos reconocer que la propuesta anti-Estado de Milei ha superado el plano discursivo. La promesa de reducir el tamaño del Estado ha provocado un estremecimiento en la administración pública argentina. Según cifras oficiales publicadas por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado (2025) bajo el gobierno de Milei se han despedido alrededor de 50.000 empleados públicos, aplicando un recorte del 14,4% en la administración pública y del 17,1% en las distintas empresas estatales (Times, 2025). Instituciones como Correo Argentino, Trenes Argentinos, Télam y la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) que fue reemplazada por el ARCA (Agencia de Recaudación y Control Aduanero) son varias de las instituciones públicas y estatales que sufrieron el recorte de la famosa motosierra de Milei (Times, 2025).
La experiencia argentina bajo el programa libertariano de Milei ha logrado plasmar en la realidad varios de los enunciados que dictan el funcionamiento del libertarianismo. En el caso específico argentino, vemos como el gobierno busca profundizar en medidas que favorecen al mercado y que atentan directamente contra el Estado, sus instituciones, sus capacidades y, ante todo, lo social. El principio de agresión (que sostiene al libertarianismo) es clave para el gobierno de Milei. Declaraciones públicas como las emitidas por Milei en el Foro de Davos donde señaló, “no sólo no les tenemos miedo. Sino que los vamos a ir a buscar hasta el último rincón del planeta en defensa de la libertad. Zurdos hijos de puta tiemblen. La libertad avanza. ¡Viva la libertad carajo!” (Pittaro, 2025); además, de referirse a las personas homosexuales como “pedófilos” que se enarbolan en la bandera de la diversidad sexual para llevar consigo abusos, manifestando que “en sus versiones más extremas la ideología de género constituye lisa y llanamente abuso infantil” (Pittaro, 2025); ejemplifican la puesta real de este programa reaccionario y violento. La necesaria referencia a la violencia y pública confrontación con aquellos “enemigos” de los “argentinos de bien”, muestra la estrategia política populista de Milei.
Reflexiones finales
A lo largo del trabajo de investigación se describieron los principios y fundamentos del libertarianismo. La presentación de los supuestos fundacionales de esta racionalidad, permiten apreciar la lógica de funcionamiento que expresa esta doctrina de extrema derecha. Tras cumplir con el objetivo de investigación, se reconoció que el libertarianismo implica un proyecto de organización social que busca la evangelización radical del mercado. Del mismo modo, se logró apreciar que la postura radical del libertarianismo se reconoce en su condición anarcocapitalista -abolición del Estado–.
En el primer apartado se presentaron las tensiones y rupturas que trae el libertarianismo con el liberalismo clásico y el neoliberalismo. La reconfiguración en las formas de vida que plantea esta doctrina, demuestra que es un proyecto orgánico pensado para transformar la episteme hegemónica y la totalidad de la vida social. El objetivo de “llevar hasta las últimas consecuencias” los principios del liberalismo clásico, significan una ruptura epistemológica y ontológica con el liberalismo y el neoliberalismo. La premisa que impulsa este quiebre se encuentra en el principio anarcocapitalista –donde se niega la función del Estado como constituyente de lo social–. La delimitación del Estado como el enemigo a combatir, se inscribe en el principio de “defensa de la libertad”. Bajo el estandarte de la libertad, el libertarianismo propone un sistema social que agudiza la negación de lo social. En este mismo acápite reconocimos la estrategia de acción política que permite la difusión y reproducción de los principios libertarianos al “hombre común”, el paleolibertarianismo. El paleolibertarianismo es aquella estrategia propuesta por Rothbard (1973) donde se intensifica la batalla contra el Estado.
En el segundo apartado desplegamos el análisis sobre la batalla cultural, el estandarte de lucha del libertarianismo contra el Estado. La batalla cultural recoge todas aquellas posturas reaccionarias que atentan contra esas formas de colectividad consideradas “progres” o que difunden el “marxismo cultural”. Para los libertarianos, el Estado es el principal responsable de promover esta agenda que atenta contra los valores tradicionales de Occidente (respeto a la autoridad, la familia tradicional, los valores judeo-cristianos, entre otros). La relevancia de la batalla cultural radica (Stefanoni, 2025) en la búsqueda por transformar la psicoesfera social a través de la resignificación de valores, sentidos y representaciones.
Finalmente, indagamos en el caso emblemático de gobierno cuya racionalidad se rige por la doctrina libertariano, el gobierno de Javier Milei en Argentina. En el análisis del caso argentino, apreciamos la relevancia que tiene para esta propuesta el principio de la agresión contra el Estado. El ataque contra el Estado se produce tanto en el plano discursivo como en el ámbito de la materialidad. Al reconocer la alianza estratégica que apoyó la propuesta de Milei, advertimos que la disputa busca reorganizar un sentido de valores en la sociedad argentina. A través de la experiencia argentina, donde se advierte un gobierno que construye una agenda política sostenida en la disputa y agresión contra la oposición –a través de discursos donde existe una retórica verbal violenta y de políticas que atacan abiertamente a lo público, se demuestra que el libertarianismo, en su praxis real, busca antagonizar todo campo social para radicalizar la posición del mercado en la sociedad y profundizar en aquella propuesta de organización de la vida donde lo social es completamente negado.
La lectura crítica sobre el libertarianismo que se realizó a lo largo del trabajo permite identificar la relevancia del tema de investigación. El presente trabajo sirve como preámbulo para futuras investigaciones que indaguen sobre la relación del libertarianismo con otras dimensiones como la democracia o la estrategia política utilizada por el mismo a través de una narrativa populista de derecha. La reflexión sobre el principio anarcocapitalista que se encuentra en la razón libertariana, advierte la existencia de una forma de organización de la vida que busca abolir la condición constituyente de lo social que se encuentra en el Estado. La búsqueda por disolver los comunes que funden al Estado, en aras de un orden de vida sostenido en los valores de la individualidad neoliberal como la competencia y la resiliencia, hacen que el objetivo de abolir el Estado que promueve el libertarianismo pretenda la negación de toda forma de vida sujeta a la condición social.
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Notas

