Artículo 1

Apuntes sobre técnicas narrativas: Notas al margen para una teoría del cuento y de la novela

Carmen González Huguet
Universidad de El Salvador, El Salvador

La Universidad

Universidad de El Salvador, El Salvador

ISSN-e: 3005-5857

Periodicidad: Trimestral

vol. 7, núm. 1, 2026

revista.launiversidad@ues.edu.sv

Recepción: 02 junio 2025

Aprobación: 25 septiembre 2025



Resumen: El texto ofrece un análisis sistemático de los elementos esenciales que conforman la estructura narrativa del cuento y de la novela, desde una perspectiva teórico-descriptiva. A partir de una revisión de fuentes literarias clásicas y contemporáneas, se reflexiona sobre la naturaleza lingüística del personaje, el papel del narrador, la organización de la trama y la función del tiempo y el contexto en la construcción del relato. Se examina también la recurrencia de los arquetipos y su relación con las tradiciones simbólicas universales, integrando aportes de la psicología analítica y de los estudios formales del discurso narrativo. Con ejemplos tomados de la literatura universal, se ilustran las diversas técnicas narrativas que sostienen la dinámica interna de la ficción. En conjunto, el estudio constituye un aporte a la teoría literaria aplicada, al ofrecer herramientas conceptuales útiles para comprender el arte de narrar y los recursos estructurales que garantizan coherencia y profundidad estética en la obra narrativa.

Palabras clave: arquetipos literarios, estructura narrativa, literatura comparada, narración, personaje literario.

Abstract: This text presents a systematic analysis of the essential elements that shape the narrative structure of the short story and the novel from a theoretical and descriptive perspective. Based on a review of classical and contemporary literary sources, this study reflects on the linguistic nature of the character, the role of the narrator, the organization of the plot, and the function of time and context in the construction of the narrative. It also examines the recurrence of archetypes and their relationship with universal symbolic traditions, integrating insights from analytical psychology and formalist studies of narrative discourse. Using examples from world literature, it illustrates the various narrative techniques that sustain the internal dynamics of fiction. Overall, the study contributes to applied literary theory by offering conceptual tools for understanding the art of storytelling and the structural resources that ensure coherence and aesthetic depth in narrative works.

Keywords: comparative literature, literary archetypes, literary characters, narrative structure, narration.

1. Elementos indispensables para la narración

1.1 Personajes

La palabra personaje proviene del vocablo griego que designaba a las máscaras de los actores en el teatro. Debemos diferenciar entre personas reales y personajes ficticios. Sin embargo, hay obras en las que el autor se basa en personas reales para construir sus personajes mediante la utilización de características, rasgos psicológicos o físicos, tics, usos y costumbres de aquellas. Con todo, debemos tener presente que el personaje de ficción siempre es otro y distinto del personaje real, aunque se base en este. Por ejemplo, en su libro El general en su laberinto, Gabriel García Márquez nos presenta una versión ficticia de Simón Bolívar, un personaje real, un hombre de carne y hueso que ayudó a conformar la historia de varios países latinoamericanos. Sin embargo, el Bolívar del libro del Premio Nobel no es el mismo, ni es igual, al hombre que vivió y combatió en América del Sur en el siglo XIX. Ni tiene por qué serlo.

El hombre histórico pertenece al mundo real, mientras que el personaje es un hecho lingüístico: palabras escritas que nos plantean imágenes mentales. Los lectores convertimos en lenguaje todo lo que percibimos en la lectura, pero seguimos existiendo en «este» lado de la realidad. En cambio, el personaje literario está al otro lado. El personaje es ya lenguaje: es un hecho lingüístico. Existe, pero sólo como palabras. Es «real», pero su realidad es distinta a la de los seres de carne y hueso. Sólo es en la medida en que es dicho por alguien más: el autor.

El psicólogo francés Jacques Lacan afirma que lo real está ahí, pero siempre fuera de nuestro alcance. Para Lacan, el «orden simbólico» es un sistema mediador basado en el lenguaje y la representación simbólica de las cosas: «construimos nuestro mundo a través del lenguaje». Es el lenguaje lo que a la vez nos une con y nos separa de la realidad.

La Wikipedia nos informa que «los críticos distinguen entre “personajes redondos” y “personajes planos”. Los primeros están ideados con muchas características de personalidad. Por eso mismo, tienden a ser complejos, más realistas y creíbles. Los personajes planos sólo poseen unos pocos rasgos de personalidad y son más simples y menos creíbles. El protagonista de una novela (algunas veces el “héroe” o “heroína”) es generalmente un personaje redondo, y los personajes secundarios o menores dentro de la misma obra suelen ser planos. Scarlett O’Hara de Lo que el viento se llevó es un buen ejemplo de personaje redondo, mientras que Prissy, la mucama, ejemplifica al plano. Igualmente, muchos personajes antagónicos (que chocan con los protagonistas. Los antagónicos son algunas veces llamados “villanos”) son personajes redondos. Ejemplo de un personaje antagonista redondo es Rhett Butler».

Sin embargo, también a veces nos topamos con personajes secundarios que están dibujados con tanta riqueza que no son planos en absoluto. En la misma novela encontramos el personaje de Mamie, que es definitivamente un personaje redondo, y con frecuencia antagoniza con la protagonista. En todo caso, planos o redondos, los personajes son fundamentales dentro del relato. Son ellos los que “cargan” con la acción. Sin ellos, y sin sus conductas, no existe conflicto. Y sin conflicto no hay historia. Hay autores que retratan prolijamente a sus personajes, como para que no nos quepa duda de cómo son, tanto en lo moral como en lo físico. Ejemplo de esto es el retrato del padre de Eugenia Grandet en la novela del mismo nombre escrita por el autor francés Honoré de Balzac (1799-1850):

«…En lo físico, Grandet era hombre de cinco pies, rechoncho, cuadrado, con unas pantorrillas de doce pulgadas de circunferencia, grandes rótulas y anchas espaldas; su cara era redonda, curtida y marcada por la viruela; su barba era recta, sus labios no ofrecían ninguna sinuosidad y sus dientes eran blancos; sus ojos tenían la expresión tranquila y devoradora que el pueblo atribuye al basilisco; su frente, llena de arrugas transversales, no carecía de significativas protuberancias; y sus cabellos, rubios y blancos, eran de color plata y oro, al decir de algunas gentes que no conocían la gravedad que podía tener el hecho de gastar una broma al señor Grandet. Su nariz, gorda por la punta, sostenía un lobanillo veteado que, según decía el vulgo, y no sin razón, estaba lleno de malicia. Esta cara anunciaba esa astucia peligrosa, esa fría probidad y ese egoísmo del hombre acostumbrado a concentrar sus sentimientos en el único ser que le fue siempre querido, en su hija Eugenia, en su única heredera. Por otra parte, la actitud, los modales, el paso, todo en él confirmaba esa creencia en sí que da la costumbre de ver que se sale siempre airoso en sus empresas; así, pues, aunque el señor Grandet era, en apariencia, hombre de costumbres sencillas y afeminadas, tenía un carácter de hierro. Vestido siempre del mismo modo, el que le veía hoy, le veía tal cual era en 1791. Llevaba en todo tiempo gruesos borceguíes atados con cordones de cuero, medias de lana, un pantalón corto de grueso paño color marrón con hebillas de plata, un chaleco de terciopelo a rayas amarillas y pardas alternativamente, una ancha levita, una corbata negra y un sombrero de cuáquero. Sus guantes, tan gruesos como los de los gendarmes, le duraban año y medio, y, para conservarlos limpios, los colocaba siempre con gesto metódico sobre el ala de su sombrero. Esto era lo único que los de Saumur sabían acerca de este personaje…» Honoré de Balzac. Eugenia Grandet.1

Otros autores, en cambio, prefieren darnos las líneas principales, muy difusas, para que deduzcamos el carácter moral y la fisonomía del personaje a partir de la lectura de la obra. Ejemplo: «…entre esta juventud brillante y deslumbradora, que los ancianos miraban desfilar con una sonrisa de gozo, sentados en los altos sitiales de alerce que rodeaban el estrado real, llamaba la atención, por su belleza incomparable, una mujer aclamada reina de la hermosura en todos los torneos y las cortes de amor de la época, cuyos colores habían adoptado por emblema los caballeros más valientes; cuyos encantos eran asunto de las coplas de los trovadores más versados en la ciencia del gay saber; a la que se volvían con asombro todas las miradas; por la que suspiraban en secreto todos los corazones; alrededor de la cual se veían agruparse con afán, como vasallos humildes en torno de su señora, los más ilustres vástagos de la nobleza toledana, reunida en el sarao de aquella noche.

Los que asistían de continuo a formar el séquito de presuntos galanes de doña Inés de Tordesillas, que tal era el nombre de esta celebrada hermosura, a pesar de su carácter altivo y desdeñoso, no desmayaban jamás en sus pretensiones; y éste, animado con una sonrisa que había creído adivinar en sus labios; aquél, con una mirada benévola que juzgaba haber sorprendido en sus ojos; el otro, con una palabra lisonjera, un ligerísimo favor o una promesa remota, cada cual esperaba en silencio ser el preferido. Sin embargo, entre todos ellos había dos que más particularmente se distinguían por su asiduidad y rendimiento dos que, al parecer, si no los predilectos de la hermosa, podrían calificarse de los más adelantados en el camino de su corazón. Estos dos caballeros, iguales en cuna, valor y nobles prendas, servidores de un mismo rey y pretendientes de una misma dama, se llamaban Alonso de Carrillo el uno, y el otro Lope de Sandoval.

Ambos habían nacido en Toledo; juntos habían hecho sus primeras armas, y en un mismo día, al encontrarse sus ojos con los de doña Inés, se sintieron poseídos de un secreto y ardiente amor por ella, amor que germinó algún tiempo retraído y silencioso, pero que al cabo comenzaba a descubrirse y a dar involuntarias señales en existencia en sus acciones y discursos…».

Gustavo Adolfo Bécquer. El Cristo de la calavera, en Rimas y leyendas.2

1.1.1 Personajes principales

Son aquellos que llevan el peso de la acción en el relato. Por lo general son los protagonistas y los antagonistas, y muchas veces también tienen una fuerte carga simbólica. Por ejemplo: en la novela Los tres mosqueteros, del escritor francés Alejandro Dumas padre3, los protagonistas son:

En cambio, los antagonistas son:

1.1.2 Personajes secundarios

Son aquellos cuyos roles y acciones, como su nombre lo indica, son menos importantes que las de protagonistas y antagonistas. Por lo general, «ayudan» u «obstaculizan» las acciones de los personajes principales. Se comportan de manera análoga a los peones en el ajedrez. Tienen una participación tangencial en la historia y no aparecen tan a menudo como los otros. Por ejemplo, en el caso de la novela que estamos analizando, personajes secundarios son Monsieur de Tréville (líder de los mosqueteros), el duque de Buckingham; John Felton, que es el carcelero que ayuda a escapar a Milady; Ketty, la doncella de esta, etc.

1.2 El Narrador

Una de las principales decisiones que toma un escritor al empezar a escribir un cuento o novela es quién va a ser el narrador. Después de todo, este es el personaje que nos contará la historia. El narrador puede ser de tres tipos:

1.2.1 Narrador omnisciente: es el más común. Es un ser a quien no conocemos que nos cuenta todo lo que sucede en la historia. Él (o ella) sabe lo que siente y piensa cada personaje, además de todo lo que le pasa, y puede hacernos una descripción detallada de personajes, lugares y acontecimientos. Ejemplo: Ana Karenina, de Lev Tolstoi: capítulo I

«Todas las familias felices se parecen entre sí; pero cada familia desgraciada tiene un motivo especial para sentirse así.

En casa de los Oblonsky andaba todo trastocado. La esposa acababa de enterarse de que su marido mantenía relaciones con la institutriz francesa y se había apresurado a declararle que no podía seguir viviendo con él

Semejante situación duraba ya tres días y era tan dolorosa para los esposos como para los demás miembros de la familia. Todos, incluso los criados, sentían la íntima impresión de que aquella vida en común no tenía ya sentido y que, incluso en una posada, se encuentran más unidos los huéspedes de lo que ahora se sentían ellos entre sí».4

1.2.2 Personaje narrador: uno de los personajes de la historia asume el papel de narrador y da su versión de los hechos. Narra por lo general en tercera persona. Este narrador no puede informarnos qué piensa o siente en su interior cada personaje, a menos que los otros se lo hayan informado. Hay varios tipos de este personaje narrador: el narrador-protagonista y el narrador-testigo, entre ellas. También entran en esta categoría el monólogo interior y la perspectiva múltiple, esto es: cuando hay varios personajes que narran la historia desde distintos puntos de vista. Ejemplo de narrador-testigo: Moby Dick, de Herman Melville: capítulo I

«Llamadme Ismael. Hace años, no importa cuántos exactamente, hallándome con poco o ningún dinero en el bolsillo y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de ahuyentar la melancolía y arreglar la circulación».5

Ejemplo de monólogo interior: El túnel, del escritor argentino Ernesto Sábato:

«Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Aunque ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué…» 6

1.2.3 Narrador en segunda persona: es el menos utilizado. El narrador también es uno de los personajes de la historia y, supuestamente, está contándole los hechos a otro de los personajes. El primero busca la complicidad del lector. Un inconveniente de la segunda persona, que justifica su raro empleo, es que si la obra es larga suele cansar al lector. Ejemplo: Un baile de máscaras, de Sergio Ramírez Mercado:

«Como todas las tardes, salvo los domingos que no hay periódico ni llega el tren, viene tu abuelo Teófilo leyendo La Noticia por la mediacalle, de regreso de la estación del ferrocarril que queda ahora atrás envuelta en el humo de la locomotora, aunque la estela de vapor se extiende rastrera más allá de las barandas y parece perseguirlo con bocanadas hambrientas. Sin esperar a que Inocencio Nada le lleve a su casa el periódico, va él personalmente a traerlo a la estación. Ya viene, ya me tengo que ir, dice cuando su oído bueno oye pitar el lejano silbato de la máquina que apenas estará saliendo de Niquinohomo; y aunque es difícil entenderle porque el huevo de mármol que pone dentro de la boca para abultar la mejilla enjabonada le dificulta el habla, tu abuela Luisa sí le entiende a las mil maravillas…»7

1.3 Personajes arquetípicos

Vamos a referirnos ahora a dos listas de personajes arquetípicos que aparecen con frecuencia en las obras narrativas. Comencemos primero con la lista de «los nueve frecuentes». Estos son: el Héroe, el Mentor, el Villano aparente, el Villano verdadero, el Amigo fiel, la Dama hermosa, el Amigo peludo, la Criatura extraña y el Par de tontos. Ahora, analicemos en detalle cada uno:

Ahora bien, en la otra lista, la de los doce personajes arquetípicos, encontramos varias figuras simbólicas que nos recuerdan a algunos personajes del Tarot. Aquí cabe hacer la salvedad de que en el Tarot no todo es superchería. El psicólogo argentino Fausto Ribadeneira10 sostiene que el psicólogo suizo Carl Gustav Jung, también interesado en la alquimia, encontró que en las figuras de los arcanos mayores del Tarot hay contenidos altamente simbólicos relacionados con los arquetipos jungianos.

2. Trama

La trama es el ordenamiento, por lo general en forma cronológica, es decir, en el orden en que sucedieron, de diversos hechos presentados por un autor o un narrador a un lector. En este sentido, es un concepto referido al conjunto de acontecimientos de un relato según el orden causal y temporal en el que ocurre cada evento.

La trama fue objeto de estudio por parte de los formalistas rusos. Este grupo de científicos que estudiaron diferentes campos relacionados con la lengua estuvo formado por Víktor Shklovski, considerado el padre del formalismo, Boris Tomashevski, Yuri Tyniánov, Borís Eichenbaum, Vladímir Propp y Román Jakobson. Conformaron el llamado Círculo Lingüístico de Moscú, el cual influyó decisivamente en el Círculo de Praga y en importantes pensadores como Mijail Bajtin y Yuri Lotman.

La trama se diferencia del argumento en que la primera busca establecer conexiones entre los distintos elementos de la narración, y no solamente describir la secuencia de los hechos, que es lo que el argumento hace. El filósofo griego Aristóteles definía la trama como «el principio fundamental de la tragedia» y «la imitación de la acción». Fue él quien formuló la teoría de la «trama unificada»: esto es, una trama con planteamiento, nudo y desenlace, cuyas partes tienen funciones independientes, pero también contribuyen al tono narrativo. Los elementos señalados por Aristóteles son:

Tipos de trama:

Las tramas pueden ser narrativas, descriptivas, argumentativas, dialogadas y explicativas-expositivas, entre otras. El tipo de trama está, por lo general, en función del género de narración de que se trate. En el caso del relato o de la novela rosa, la trama suele consistir en el proceso por el cual la pareja se conoce, se enamora, supera los obstáculos que les impiden estar juntos y se unen al final. En el caso de la novela «negra» o policial, estamos en realidad ante dos relatos que se van presentando o desarrollando de manera simultánea ante los ojos del lector: cómo el criminal perpetró su delito y cómo el o los investigadores establecen la culpabilidad del individuo mediante la recolección e interpretación de las pruebas o de los indicios.

Hay también «tramas de revelación», esto es, historias a través de las cuales el héroe sufre el fenómeno llamado “anagnórisis”, el cual Aristóteles expuso en su Poética, es decir: el momento cuando el personaje comprende por fin quién es él mismo, qué relación guarda con otros personajes de la historia y cuál es su situación real dentro del contexto donde el relato se está desarrollando. En dicho sentido, un buen ejemplo es el momento cuando Edipo comprende finalmente que ha asesinado a Layo, su padre, y se ha casado con Yocasta, su madre. Este es un ejemplo clásico de anagnórisis. Para Aristóteles, el momento ideal para la anagnórisis trágica es la peripecia (cambio de fortuna). La peripecia es el momento crucial cuando todo se revela y se hace claro al protagonista: cuando ocurre la anagnórisis. Por lo general, los efectos de dicha revelación son demoledores.

Varios momentos de anagnórisis ocurren en El conde de Montecristo. Uno de los primeros es cuando el abate Faria le explica a Edmundo Dantés cómo sus amigos han fraguado la intriga que lo ha hundido en la cárcel. Descubre así que ellos no son sus amigos, sino que lo odian y lo envidian, y son, en última instancia, los culpables de su desgracia. Otro importante momento de anagnórisis ocurre cuando el banquero Danglars comprende finalmente que el conde no es otro que Edmundo Dantés, el amigo de juventud al que él y los demás antagonistas hundieron en prisión mediante una acusación falsa. Danglars, quien en la misma peripecia pierde su fortuna, encanece repentinamente. Otro tanto les sucede a los personajes malvados de la novela: Villefort enloquece, Fernando Mondego se suicida y el sastre Gaspar Caderousse, al que en un principio Dantés había perdonado y beneficiado, al final es muerto por el cómplice de aquel villano, el infame Benedetto, que no es otro que el hijo bastardo de Villefort con Herminia Danglars, antes de que esta señora se casara con el banquero.

Por otra parte, existen también tramas que ya son ejemplos clarísimos, verdaderos paradigmas, de la anagnórisis. Algunas de estas tramas aparecen en la Biblia, como es el caso de José, en el libro del Génesis, cuando al final de la historia, y luego de muchas peripecias, descubre su verdadera identidad ante los hermanos que lo vendieron como esclavo cuando solo era un muchacho.

3. Contexto

El contexto nos indica en qué situación espacio-temporal suceden los hechos. Salvo casos muy, muy especiales, las novelas desarrollan las acciones en un país, ciudad o territorio muy concreto, y en una época también delimitada con mayor o menor claridad. Dichos elementos: lugar y tiempo, son objeto de descripciones por lo general bastante pormenorizadas, a fin de que el lector se ubique y comprenda mejor la acción. En esto, como en otros aspectos, el autor le sirve de ojos y oídos al lector.

Sin embargo, conviene recordar que, aun en los casos en que la novela está basada, supuestamente, en una ciudad o lugar reales, estos no son equivalentes exactos, o copia fiel, de su versión ficticia. La Barcelona de La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, aunque guarde semejanzas con la ciudad verdadera, no es la misma urbe. La del libro es una creación del autor, y siempre lo será. En este sentido, es un hecho lingüístico. Una creación más del autor. Precisamente, el primer capítulo de esa novela alude a dicha ciudad imaginaria:

«Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados. Desgranaban los primeros días del verano de 1945 y caminábamos por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derramaba sobre la Rambla de Santa Mónica en una guirnalda de cobre líquido… …Poco después de la guerra civil, un brote de cólera se había llevado a mi madre. La enterramos en Montjuïc el día de mi cuarto cumpleaños. Sólo recuerdo que llovió todo el día y toda la noche, y que cuando le pregunté a mi padre si el cielo lloraba le faltó la voz para responderme. Seis años después, la ausencia de mi madre era para mí todavía un espejismo, un silencio a gritos que aún no había aprendido a acallar con palabras. Mi padre y yo vivíamos en un pequeño piso de la calle Santa Ana, junto a la plaza de la iglesia. El piso estaba situado justo encima de la librería especializada en ediciones de coleccionista y libros usados heredada de mi abuelo, un bazar encantado que mi padre confiaba en que algún día pasaría a mis manos…»11

El contexto es también muy importante por otra razón: porque nos entrega el mundo en el que se desarrolla la trama, y con ello nos pone en sintonía con el tono emocional de la obra. Algunos escritores evidencian una enorme capacidad para construir y transmitir dichas atmósferas. Por ejemplo, el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer en su leyenda El miserere nos entrega esta descripción del paraje donde sucede la acción:

«…Es el caso que, en lo más fragoso de esas cordilleras, de montañas que limitan el horizonte del valle, en el fondo del cual se halla la abadía, hubo hace ya muchos años, ¡qué digo muchos años!, muchos siglos, un monasterio famoso; monasterio que, a lo que parece, edificó a sus expensas un señor con los bienes que había de legar a su hijo, al cual desheredó al morir, en pena de sus maldades. Hasta aquí todo fue bueno; pero es el caso que este hijo, que, por lo que se verá más adelante, debió de ser de la piel del diablo, si no era el mismo diablo en persona, sabedor de que sus bienes estaban en poder de los religiosos, y de que su castillo se había transformado en iglesia, reunió a unos cuantos bandoleros, camaradas suyos en la vida de perdición que emprendiera al abandonar la casa de sus padres, y una noche de Jueves Santo, en que los monjes se hallaban en el coro, y en el punto y hora en que iban a comenzar o habían comenzado el Miserere, pusieron fuego al monasterio, saquearon la iglesia, y a éste quiero, a aquél no, se dice que no dejaron fraile con vida. Después de esta atrocidad, se marcharon los bandidos y su instigador con ellos, adonde no se sabe, a los profundos tal vez. Las llamas redujeron el monasterio a escombros; de la iglesia aún quedan en pie las ruinas sobre el cóncavo peñón, de donde nace la cascada, que, después de estrellarse de peña en peña, forma el riachuelo que viene a bañar los muros de esta abadía…»12

4. Disposición de la información:

La forma en que se entrega la información al lector determina qué idea se hace este de lo que está ocurriendo en el cuento o en la novela que tiene en las manos en aquel momento.

4.1 Como ya dijimos, la forma usual es la idea lineal: planteamiento-nudo-desenlace. En esta forma de disponer la información, llamada también Ad ovo (desde el inicio) por el poeta Horacio, nos encontramos primero con una introducción en la que usualmente conocemos a los personajes y se nos dan los primeros atisbos de la historia. El ejemplo más claro de idea lineal es El túnel, de Ernesto Sábato, que ya mencionamos arriba. En el primer párrafo el autor nos presenta al protagonista (narrador protagonista, en este caso) y, de entrada, nos hace saber que es el asesino de otro personaje. De esta manera sabemos que ha ocurrido un asesinato en la obra, lo que no sabemos es cómo ni, sobre todo, por qué. Es sobre estas ignorancias que el autor construye un tipo especial de suspenso.

4.2 In media res: es como llegar al cine con la película a medias. A veces el autor puede escoger contarnos una historia comenzando por algún punto en mitad de la historia. Los lugares, personajes y trama de lo ya ocurrido son descritos retrospectivamente. La Ilíada es un ejemplo de esta forma de contar una historia. Después de nueve años de guerra entre aqueos y troyanos, una peste se desata sobre el campamento aqueo. El adivino Calcante, consultado sobre ello, vaticina que la peste no cesará hasta que Criseida, esclava de Agamenón, sea devuelta a su padre Crises. La cólera de Aquiles se origina por la afrenta que le inflige Agamenón, quien al ceder a Criseida, arrebata a Aquiles su parte del botín: la joven sacerdotisa Briseida. Al haberse producido todo esto, Aquiles se retira de la batalla, y asegura que sólo volverá a ella cuando el fuego troyano alcance sus propias naves. Le pide a su madre Tetis que convenza a Zeus para que ayude a los troyanos. Este acepta, ya que Tetis lo había ayudado cuando sus hermanos divinos se le rebelaron.13

Otro tanto sucede en La Odisea. En el Canto I, Homero comienza invocando a la Musa para que cuente lo sucedido a Odiseo después de destruir Troya. En una asamblea de los dioses griegos, Atenea aboga por la vuelta del héroe a su hogar. Odiseo lleva muchos años en la isla de la ninfa Calipso. La misma Atenea, tomando la figura de Mentes, rey de los Tafios, aconseja a Telémaco que viaje en busca de noticias de su padre.

Más recientemente, encontramos este recurso en la película La Leyenda del Pianista del Océano, también llamada La Leyenda de 1900, del cineasta italiano Giuseppe Tornatore, estrenada en 1998 y basada en la novela Novecento del dramaturgo, escritor y novelista italiano Alessandro Baricco.14

4.3 In extrema res: aquí se plantea primero el desenlace, luego el planteamiento y por último el nudo. Uno de los ejemplos más claros de esta forma de disponer la información es la novela corta Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez: «El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo…»15

De esta manera, de entrada, ya sabemos que a uno de los principales personajes lo van a matar. De ahí en adelante la interrogante que arrastramos es por qué van a matar a Santiago. Y a medida que avanza el relato comprendemos que Santiago es asesinado debido a una acusación falsa. La otra interrogante que nos persigue es a quién protege la mujer que acusó falsamente a Santiago y que, con ello, causó la desgracia de este.

4. 4 Tablero de dirección: este es un caso sumamente raro. Es una forma narrativa inventada por Julio Cortázar y usada en su novela Rayuela. Nos propone dos formas de leer la novela: «La primera se deja leer en la forma corriente, y termina en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin. Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue. La segunda se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo. En caso de confusión u olvido, bastará consultar una lista de capítulos que el autor proporciona en el libro».16

5. Manejo del tiempo

5.1 Racconto y analepsis

En la narrativa moderna el manejo del tiempo es fundamental. Se ha hablado mucho y mencionado innumerables veces que la narrativa actual echa mano de recursos cinematográficos, como el llamado «flashback». En realidad, este recurso ha sido utilizado desde los tiempos más antiguos (basta leer con atención La Odisea para darse cuenta de lo que digo).

El flashback era denominado analepsis en la retórica tradicional. La analepsis es una técnica utilizada tanto en el cine y la televisión como en la literatura que altera la secuencia cronológica de la historia, conectando momentos distintos y trasladando la acción al pasado.

Conviene no confundir la analepsis con el racconto. Esta última es una técnica que consiste en que uno de los personajes «recuerde» lo que sucedió antes y nos haga un relato de dichos acontecimientos en forma retrospectiva para clarificar algún aspecto de la historia o dibujar mejor las motivaciones de determinado personaje. La analepsis, en cambio, es una vuelta repentina y rápida al pasado del personaje y no implica ningún «recuerdo».

En la primera parte de la película El señor de los anillos (La comunidad del anillo), adaptación de Peter Jackson de la obra de J. J. R. Tolkien, tenemos un ejemplo de racconto, cuando Gandalf le cuenta a Frodo lo que ha averiguado sobre el anillo en el viaje que realiza para obtener información. Así sabemos cómo Isildur se apoderó del anillo cortándole la mano a Sauron y cómo el anillo causó la desgracia de Isildur. Sabemos así, además, cómo la joya fue a parar a manos de Gollum y cómo Bilbo se quedó con este objeto mágico.

Ejemplos del uso de la analepsis y del racconto los encontramos, así mismo, en la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, así como en Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Tenemos aquí, en el caso de la segunda novela, un ejemplo de racconto: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y caña brava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo…»17

5.2 Flash forward o prolepsis

Aquí, el personaje, en lugar de viajar al pasado, se mueve hacia el futuro, bien sea con todo su ser o con su imaginación, para después retornar al momento presente de la narración, actuando como recurso de anticipación más allá de los límites del relato. Ejemplos de esta técnica se encuentran igualmente en Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Al final de la obra, el escritor colombiano dice: «Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano saltó once páginas para no perder el tiempo en hechos demasiado conocidos, y empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra». 18

Estos dos recursos, la analepsis y la prolepsis, forman parte de una categoría de recursos narrativos denominada anacronía, que se define como alteración del orden cronológico de los sucesos del relato. De ella depende la forma en que se maneja el tiempo dentro de la narración. Y, como vimos, esto es muy importante en el arte de tejer historias.

5.3 Contrapunto

Una técnica muy hábil de manejo del tiempo consiste en traslapar, o trenzar, dos o más líneas argumentales, como hizo Homero en La Odisea al combinar el relato de los viajes de Ulises con lo que ocurría en Ítaca a Telémaco y a su madre. E, inclusive, dividiendo esta línea en lo que sigue sucediendo en Ítaca mientras Telémaco emprende el viaje para buscar noticias sobre su padre.

Un ejemplo moderno de tal técnica lo encontramos en la novela La tía Julia y el escribidor, del Nobel peruano Mario Vargas Llosa, donde los capítulos impares nos trasladan al interior de las tramas de las novelas de Pedro Camacho y los pares nos cuentan la historia de Varguitas (un alter ego del propio autor en su juventud) y de cómo este personaje conoce a su primera esposa, Julia Urquidi, quien era su tía política. Viajamos, así, de la ficción dentro de la ficción, a la realidad dentro de la ficción, en un ingeniosísimo y muy cuidadoso juego de espejos.

6. Giros argumentales o estructuras narrativas tipo

Los giros argumentales son cambios en la cadena de hechos que suceden en una trama, no importa si se trata de una obra literaria narrativa, una obra de teatro o el guion de una película cinematográfica o de una serie de televisión. Pueden ocurrir con frecuencia al final de la obra, pero también suceden al principio o hacia el medio. Los giros están diseñados para cambiar de modo dramático tanto a los personajes como el rumbo de los sucesos

Se le conoce también como giro argumental, giro de guion, punto de giro, revés dramático o final sorpresa, así como con el término en inglés beat o twist ending. En la estructura clásica, se conocen tres puntos:

La mayor parte de los finales sorpresa pueden encuadrarse en una de las siguientes cinco estructuras:

La existencia de estas cinco estructuras no significa que no haya otros elementos que en una obra constituyan por sí mismos la trama en la que se basa el giro argumental final y que en otras sirvan de soporte a otra construcción o la complementen. Hay muchos ejemplos de giros argumentales. En Psicosis, la obra maestra de Alfred Hitchcock, al principio la historia se centra sobre una mujer que ha robado a su jefe una cantidad de dinero y que huye. Pero poco después llega al hotel administrado por Norman Bates y la trama da un cambio imprevisto.19 Vamos ahora a hablar del primer caso de giro argumental:

Agradecimientos

Agradecimiento a los revisores

La Revista «La Universidad» agradece a los siguientes revisores por su evaluación y sugerencias en este artículo:

M.Ed. Idalia Beatriz Marroquín Menéndez

Facultad Multidisciplinaria de Occidente, Universidad de El Salvador

idalia.marroquin@ues.edu.sv

Lcdo. Mario Noel Rodríguez

Poeta, escritor, gestor cultural, promotor de lectura, publicista salvadoreño

poetasinoficio@yahoo.com.mx

Sus aportes fueron fundamentales para mejorar la calidad y rigor de esta investigación.

7. Bibliografía

Alighieri, Dante (1999). Divina comedia. Colombia, Panamericana. ISBN: 583000760.

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Recursos de Internet

«Harry Potter: Personajes secundarios.» Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Personajes_secundarios_de_Harry_Potter#Vincent_Crabbe_y_Gregory_Goyle.

«Hibris.» Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Hibris

Jung, Carl Gustav. «Los arquetipos y el tarot en el psicoanálisis.» PDF, acceso local: 153274551-Carl-Jung-Los-Arquetipos-y-el-Tarot-en-el-psicoanalisis-pdf.pdf.

Notas

1 Balzac, Honoré de (1977). Eugenia Grandet. La piel de zapa. México, Porrúa. Sin ISBN.
2 Bécquer, Gustavo Adolfo (1984). Rimas y leyendas. Santiago de Chile, Ercilla. Sin ISBN.
3 Dumas, Alejandro (1990). Los tres mosqueteros. México, Harla. ISBN: 686199985.
4 Tolstoi, León (1978). Ana Karenina. México, Porrúa. Sin ISBN.
5 Melville. Herman (1996). Moby Dick. México, Editores Mexicanos Unidos. ISBN: 9681507312
6 Sábato, Ernesto (1979). El túnel. Madrid, Cátedra. ISBN: 8437600898.
7 Ramírez Mercado, Sergio (1995). Un baile de máscaras. México, Alfaguara. ISBN: 9681902351.
8 Ver: Hibris. https://es.wikipedia.org/wiki/Hibris, consultada el 4 de agosto de 2020
9 «Tanto Crabbe como Goyle tienen más músculos que cerebro; carecen por completo de introspección o curiosidad. Parecen incapaces de tomar sus propias decisiones o de ver las cosas a su manera».

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Personajes_secundarios_de_Harry_Potter#Vincent_Crabbe_y_Gregory_Goyle, consultado el 4 de agosto de 2020.

10 Fuente: 153274551-Carl-Jung-Los-Arquetipos-y-el-Tarot-en-el-psicoanalisis-pdf.pdf, encontrado en Scribe, el 4 de agosto de 2020.
11 Ruiz Zafón, Carlos (2009). La sombra del viento. Nueva York, Vintage Español. ISBN: 9780307472595.
12 Bécquer, Gustavo Adolfo (1984). Rimas y leyendas. Santiago de Chile, Ercilla. Sin ISBN.
13 Homero (2004). La Ilíada. San Salvador, Dirección de Publicaciones e Impresos. Sin ISBN.
14 Baricco, Alessandro (2010). Novecento. Barcelona, Anagrama. ISBN. 978-84-339-6622-3.
15 García Márquez, Gabriel (1991). Crónica de una muerte anunciada. Buenos Aires, Sudamericana. ISBN 9500704285.
16 Cortázar, Julio (1981). Rayuela. Barcelona, Edhasa. ISBN: 84-350-0145-8.
17 García Márquez, Gabriel (2015). Cien años de soledad. México, Diana. ISBN: 978-607-07-2879-2
18 García Márquez, Gabriel (2015). Cien años de soledad. México, Diana. ISBN: 978-607-07-2879-2.
19 Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Giro_argumental, consultada el 4 de agosto de 2020.
20 Christie, Agatha (2007). El asesinato de Roger Ackroyd. Madrid, RBA Ediciones. ISBN 9788479015435.
21 Fuentes: https://es.wikipedia.org/wiki/Cliffhanger, y https://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Zeigarnik, consultados el 1 de agosto de 2020.
22 James, Henry (1979). Otra vuelta de tuerca. Barcelona, Bruguera. ISBN: 8402062199.
23 Lindsay, Jeff (2008). Dexter: el oscuro pasajero. 9788496829763.
24 Christie, Agatha (2015). Diez negritos. Barcelona, S. L. U. Espasa Libros. ISBN 9788467045390
25 Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Macguffin#:~:text=Un%20Macguffin%20(tambi%C3%A9n%20MacGuffin%2C%20McGuffin,en%20la%20trama%20en%20s%C3%AD., consultada el 4 de agosto de 2020.
26 Bousoño, Carlos (1976). Teoría de la expresión poética. Madrid, Gredos. Sexta edición. ISBN 84-249-0113-4. Pág. 168 y ss.
27 Bousoño (1976). O. C. Pág. 169.
28 Menéndez Leal, Álvaro (1963). Cuentos breves y maravillosos. San Salvador, Dirección de Publicaciones.
29 Menéndez Leal, Álvaro (1963).
30 Borges, Jorge Luis (1972). El hacedor. Madrid, Alianza. ISBN 8420614076.

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