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El ejercicio de la dýnamis dialéctica de Teeteto en el Sofista de Platón. El paradigma del pescador y la división dicotómica
Theaetetus' exercise of dialectical dynamis in Plato's Sophist. The paradigm of the angler and dichotomous division
Revista de Filosofía (La Plata)
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
ISSN: 2953-3392
Periodicidad: Anual
vol. 55, núm. 2, e132, 2025
Recepción: 07 julio 2025
Aprobación: 02 septiembre 2025
Publicación: 01 diciembre 2025

Resumen: El propósito de este artículo es analizar las primeras secciones del diálogo Sofista (219a4-231b) a partir de las respuestas e intervenciones del joven interlocutor Teeteto. En primer lugar, examinaremos el rol propedéutico del paradigma del pescador (219a4–221c4), que efectivamente enseña a Teeteto la manera correcta de dividir dicotómicamente. En un segundo momento nos centraremos en las primeras seis divisiones de “sofista”, en las que el Extranjero de Elea aumenta el nivel de complejidad del método y le exige a Teeteto continuar con el mismo a pesar de su insuficiencia. A partir de este recorrido, argumentaremos que ambas secciones funcionan como un ejercicio gradual de la capacidad (dýnamis) dialéctica del aprendiz que lo prepara no solo para aplicar el método de división, sino también para ver similitudes entre los Géneros que lo conforman. El Extranjero de Elea, como dialéctico, se encarga de elegir y medir ciertos ejercicios para hacer más competente a Teeteto en la filosofía y, a su vez, para dar cuenta de los rasgos principales del sofista.
Palabras clave: Dialéctica, Diálogo, Dýnamis, Sofista, Teeteto.
Abstract: The purpose of this paper is to analyse the first sections of the Sophist dialogue (219a4-231b) on the basis of the responses and interventions of the young interlocutor Theaetetus. First, we will examine the propaedeutic role of the angler’s paradigm (219a4-221c4), which effectively teaches Theaetetus the correct way to divide dichotomously. We will then focus on the first six divisions of the sophist, in which the Eleatic Stranger raises the level of complexity of the method and requires Theaetetus to continue with it despite its inadequacy. From this overview, we will argue that both sections function as a gradual exercise of the apprentice's dialectical capacity (dynamis) that prepares him not only to apply the method of division, but also to see similarities between the Genus that constitute it. The Eleatic Stranger, as a dialectician, undertakes the choice and measurement of certain exercises to make Theaetetus more proficient in philosophy and, in turn, to account for the main features of the sophist.
Keywords: Dialectic, Dialogue, Dynamis, Sophist, Theaetetus.
I. Introducción
El presente trabajo conforma un proyecto más amplio que busca aportar a la lectura “dramática” del Sofista de Platón. Esta implicaría un recorrido integral del diálogo que revele la importancia de ciertos elementos escenográficos –el rol, acciones y reacciones de cada personaje y el momento histórico en el que se sitúa el encuentro– que contribuyen al “contenido” –las explicaciones y argumentaciones específicas–. Para esta tarea, considero necesario también una sistematización de las diversas dinámicas dialógicas que presenta Platón, posible gracias a nuevas perspectivas acerca de la “dialéctica” en su obra. En el Sofista, Platón introduce el modelo o paradigma del pescador (219a4-221c4) antes de comenzar debidamente con la investigación propuesta acerca del sofista. Esta sección, según argumentaré, funciona tanto como una propedéutica para el método de división1 como para ejercitar la dýnamis dialéctica del joven Teeteto. Además, los seis posteriores intentos de definición del sofista, en los que opera el mismo método de división, exigen dicha capacidad en un grado mayor que el uso del ejemplo. En rigor, expondré este aumento de exigencia gradual a partir de las respuestas de Teeteto y de los cambios de ritmo que introduce el Extranjero. Para ello, partiré de un breve resumen acerca de las nuevas aproximaciones en torno a la noción de dialéctica; seguidamente, daré cuenta de la importancia y alcance del uso del parádeigma y de los primeros seis intentos de definición en el Sofista. Luego, indicaré los aportes de Teeteto a las divisiones dicotómicas, para finalmente dar cuenta del beneficio que produce esta primera sección del diálogo para el alma del aprendiz.
II.
Una de las aporías centrales de la obra platónica gira en torno al significado de “dialéctica”. Por lo general, Platón describe a la dialéctica como una ciencia (ἐπιστήμη) (cf. R. 511c5; Sph. 253b9-e5, entre otros), pero en otras ocasiones como un método o procedimiento (cf. R. 510b-c, 533c-d). Por ello, toda interpretación de la obra platónica centralizada en una concepción de dialéctica debe procurar una manera de integrar ambos significados. Sin embargo, Platón caracteriza también a la dialéctica como una dýnamis2, es decir, como la capacidad o facultad del alma de poner en práctica el método adecuado (cf. Calvo, 2013; cf. Politis, 20223). Sobre esta base se ha generado una tensión: si la dialéctica es una ciencia que incluye, a partir de cierta facultad del alma, una amplia variedad de métodos, es necesario explicar cuáles son y en qué contextos se utiliza cada uno (cf. Mesch, 2022). Un paradigma de interpretación que actualmente se discute sobre esta problemática es el de Robinson (1953). Este autor advierte que el término “dialéctico” en Platón tiende a significar “el método ideal, cualquiera que sea” (p. 70, mi énfasis). Por ello ofrece una explicación de carácter evolucionista4: este método ideal ha variado a lo largo de la obra y se identifica, en los diálogos tempranos, con la refutación, mientras que en los de madurez con el uso de hipótesis y, en los tardíos, con el procedimiento de división y reunión. Esta interpretación ha sido discutida por varios autores que señalan cómo algunos de los métodos que Robinson considera dialécticos figuran en más de una etapa de los diálogos. Así pues, podemos observar el uso de la refutación en diálogos tardíos5 o bien el método de división en obras tempranas como Gorgias (Bluck, 1975, p. 39; Patterson, 2010, pp. 81-83). De hecho, es evidente que en un diálogo tardío como Sofista opera tanto el método de división (219a-236d, 264b ss.) como el de hipótesis (cf. Dixsaut, 2000, p. 226 n. 1) e incluso el élenkhos (Spangenberg, 2020).6
Otros cuestionamientos más recientes de la perspectiva evolucionista han resaltado que Platón demuestra el uso de uno u otro método dialéctico de acuerdo con el contexto del diálogo –es decir, según el tema de investigación propuesto y quién sea el interlocutor–, pero que no por ello la dialéctica se reduce a un solo método en cada etapa (Mesch, 2022; Larsen, 2022). La amplia gama de recursos que el dialéctico tiene a disposición indica que este debe elegir uno u otro según su “justa medida” o teniendo en cuenta la técnica de la medición (μετρητική) (Álvarez, 2024). De esta manera, podemos entender la dialéctica como una “caja” que contiene distintas “herramientas”, es decir, como un conjunto de recursos que no terminan por identificarse ni por agotarse en este “método ideal” (id.). Además, hay momentos en los que el protagonista utiliza dos recursos dialécticos a la vez: en República y en Fedón, el método hipotético se combina con la división y con el élenkhos (Mesch, 2022), y estos tres procedimientos operan a lo largo del Filebo (Patterson, 2010). Desde una perspectiva dramática –a la que deseamos aportar– es posible observar que un mismo interlocutor del dialéctico, como Teeteto, presencia y sufre el élenkhos de Sócrates y, al día siguiente, aprende y ejercita el método de división que propone el Extranjero. De hecho, pareciera que el Eleata utiliza la refutación en el diálogo imaginario con los antepasados (Sph. 243d-249d) y que la combina con el método de división en un ámbito inteligible y de mayor complejidad (cf. 251e-255c3; cf. Ionescu, 2022).
Dado que hablamos de una dýnamis, cobra sentido la observación de Larsen (2022) según la cual hay “grados de ser dialéctico” (p. 144). En otras palabras, la dialéctica es una ciencia en la cual cada uno –como el caso de los interlocutores bien dispuestos– puede hacerse más competente, gracias a una correcta y medida dosis de ejercitación que propone el filósofo. Estas consideraciones podrían explicar, en definitiva, la discontinuidad metodológica: dado que la dialéctica debe ejercitarse, la elección de uno u otro recurso para avanzar en la indagación conjunta supone un rol pedagógico del dialéctico7. El propósito del filósofo es, en definitiva, reorientar y liberar el alma de su interlocutor y acompañarlo en la búsqueda de saber, tarea posible gracias a la facultad dialéctica (Politis, 2022). Restaría, entonces, que el filósofo ejercite de manera medida aquellos grados de ser dialéctico en su interlocutor, tarea que es posible divisar en el Sofista.
A partir de estas interpretaciones recientes, el rango metodológico de la ciencia dialéctica es sorprendentemente amplio, incluso en un mismo diálogo. En el Sofista y en el Político, el Extranjero de Elea avanza mediante la división y la reunión8, pero también describe, elogia y utiliza el élenkhos (Sph. 226a6-231b9). En el Sofista en particular, el dialéctico elige a Teeteto9 como interlocutor activo, dado que afirma haber dialogado con él en “otras ocasiones”, sumado a que Sócrates le recomienda indagar con aquel joven. Cabe recordar, para este punto, que este aprendiz de matemáticas ha mostrado una disposición ejemplar para el diálogo –ameno y sincero– el día anterior con Sócrates y que, gracias a su formación, se espera que sea hábil en lo que respecta a divisiones y reuniones –al menos en el ámbito matemático. Consciente de los rasgos de Teeteto, el Eleata comienza la búsqueda de la definición de “sofista” mediante un recurso que hace uso de la división, pero que no se reduce a él, a saber: el parádeigma10. Esta sección, a modo de ejercicio introductorio, demuestra el uso correcto de la división dicotómica. El Extranjero argumenta que para dar un lógos de una especie “difícil y dura de capturar” como el sofista, es necesario practicar “en un objeto más fácil” de conocer, por lo que propone un modelo, cuyos rasgos sea posible rastrear más adelante. Este modelo, afirma, servirá en especial para practicar su método predilecto, que es la división dicotómica, y que opera mediante la fijación de un género inicial que contiene un rasgo relevante del objeto a definir. Luego, se debe dividir a este mismo en partes o especies –preferentemente en dos11– a fin de desechar una y continuar la división con aquella que contenga la propiedad que está en el objeto buscado. Sin embargo, el Extranjero no explica dicho método y procede directamente a demostrarlo mediante aquel “ejemplo” fácil y pequeño (218b-e). En otros términos, a partir de este punto el dialéctico anónimo se encargará de discernir las articulaciones inteligibles y en dividirlas, lo que indica un saber previo acerca de la estructura eidética misma y, en específico, de las posibilidades de combinación entre las Formas. Tal capacidad conforma una asimetría entre el Extranjero y Teeteto, ya que este último no conoce dicha estructura ni tampoco la manera óptima de dividirla, por lo que el joven debe mejorar dicha habilidad o competencia dialéctica mediante un modelo.
En este caso, el Eleata elige como paradigma una especie de cazador: el pescador con caña. Parte, con el aval de Teeteto, del género de las “técnicas”, ya que asume que la pesca –como la sofística– refiere a una capacidad de adquisición. A su vez, el pescador debería conformar el género de la adquisición “por acciones” y “a escondidas”, por lo que es un cazador cuyo dominio es el de los “seres animados”. En específico, sus presas son de la raza acuática, ya que su técnica consiste en la pesca, pero de manera “contundente” y con anzuelos, mediante cierto movimiento vertical. En este punto, Teeteto admite que la búsqueda del pescador con caña ha sido un éxito. El hecho de que el joven determine, quizás adelantándose, el término de la división, demuestra que ha comprendido tanto el método como la definición del modelo del pescador. Por ello es que el Extranjero propondrá partir en la búsqueda del sofista sobre esta base semántica y teórica: dado que habían dejado sin dividir la “caza terrestre”, las divisiones previas a dicho género sirven como punto de partida, ya que el sofista, según se proyecta, es también una especie de cazador. En otras palabras, desde la división entre técnicas productivas y adquisitivas hasta el corte entre las razas de animales “el sofista y el pescador han marchado juntos” (219a4-222a2)12.
No hay en esta sección una explicación previa del método de división ni tampoco acerca de los beneficios del recurso del paradigma, por más que sean “demostrados” (Notomi, 1999, pp. 77, 87). En vez de adelantar la utilidad del método de división, el Eleata procede a utilizarlo y, una vez terminada la práctica con el ejemplo del pescador, los beneficios se hacen evidentes: Teeteto comprendió su tarea como aprendiz y ambos revelaron una similitud entre el pescador y el sofista. Es en el Político donde, dialogando con el Joven Sócrates, el Eleata da cuenta de la importancia y alcance de este tipo de operación (cf. Lane, 1998, pp. 19-20)13. Después de diversas interrupciones y bifurcaciones en la búsqueda del género político, los indagadores admiten que solo han esbozado el objeto y que los rasgos que han identificado mediante la división son insuficientes para diferenciar al político de otros poseedores de técnicas. El político es, como el sofista, un “objeto difícil”, por lo que se requiere nuevamente un paradigma (277d1-2): el tejedor. Antes de ello, el Extranjero ofrece otro ejemplo: cuando los niños aprenden gramática, pueden distinguir sílabas cortas y simples, pero al avanzar en sus estudios, se confunden y cometen errores cuando las mismas letras que figuraban en dichas sílabas aparecen en otras palabras más largas14 (Plt. 277d1-278e2). Por ello, los maestros de gramática los hacen comparar distintos casos en los que se encuentra la misma sílaba. El recurso del ejemplo sirve, pues, para trasladar al aprendiz hacia aquello que (aún) no conoce mediante aquello que (ya) conoce. Para ello, los dos objetos deben poseer algún rasgo común. Así como los niños se relacionan con las letras, nuestra alma se relaciona con todo. Nosotros, como dialécticos en potencia, deberíamos ejercitar la capacidad de identificar similitudes y diferencias. Ya que tenemos alguna especie de noción previa de ciertos objetos –como el pescador–, podemos partir de ello para identificar dichas similitudes y diferencias en objetos grandes15.
Otro pasaje que aporta validez a nuestra hipótesis es la famosa y discutida afirmación de Plt. 285c8-d3, a saber, que la indagación de la que participan los niños aprendices de gramática tiene por objetivo capacitarlos para resolver “todo posible problema”. De la misma manera, la indagación acerca del político tiene el propósito de “hacernos más hábiles dialécticos en todo tipo de cuestiones” (Plt. 285d5-7, trad. Santa Cruz)16. Tal proposición esconde la premisa de que la capacidad o dýnamis dialéctica tiene grados de perfección. La búsqueda del sofista o del político son entonces ejercicios dialécticos que facilitarían la búsqueda de otros géneros (cf. Larsen, 2022, pp. 142-148)17. El recurso del paradigma sería así un ejercicio para otro ejercicio de mayor dificultad, es decir, un paso más en el ascenso dialéctico. Sin embargo, tales prácticas son medidas por el Extranjero, quien ya posee una epistḗmē: la elección de imágenes o de representaciones sensibles requiere un saber previo. Qué sea el sofista y el político es algo que el Eleata sabe de antemano (cf. Bluck, 1975, pp. 33-40), pero elegir qué objetos perceptibles utilizar para dar cuenta de ciertos rasgos fundamentales requiere tacto o habilidad. Después de todo, la dialéctica es una especie de competencia: gracias a que ya sabemos algo “como en sueños” (cf. R. 533b-c), es necesario ejercitar y mejorar mediante el uso de ejemplos. En otras palabras, en caso de que un individuo posea ya una capacidad dialéctica, esta debe ser entrenada y pulida por un filósofo. Al percibir al pescador o al tejedor es como si soñáramos con el sofista o con el político y, al definir exitosamente a estos, podemos distinguir Formas como las llamadas “mayores”. El dialéctico, en resumen, dirige (ἐπάγειν) a su aprendiz hacia aquello que aún no conoce haciéndolo regresar (ἀνάγειν) a lo que ya conocen ambos (Plt. 278a5-8).
En el Sofista, entonces, el joven Teeteto logra dilucidar un rasgo común entre el pescador y el sofista. Teniendo en cuenta que el primerizo ya había pasado por otro recurso dialéctico el día anterior –el élenkhos socrático, que lo dejó “lleno de cosas mejores” (Tht. 210b11-c4)–, cabe considerar que su capacidad dialéctica ha sido ejercitada más de lo que parece. El estudiante de matemáticas, que responde de manera “brevilocuente”, es un aprendiz que será ejercitado paso a paso. El Eleata, quien toma el rol de maestro, se esfuerza entonces por guiar a su interlocutor en la indagación de una manera progresiva, comenzando por lo más fácil (cf. Szlezák, 2004, pp. 143-146). El hecho de que el Extranjero, según cuenta Teodoro, ya había dialogado con el joven en otras ocasiones (218a1-3) y que en este caso demuestra –eventualmente– ser “todo un filósofo” (216a4), apoya esta observación acerca de su capacidad creciente. La práctica con el paradigma, así como el élenkhos previo, mejoró a Teeteto en tanto refinó su dýnamis dialéctica. Tal consecuencia se demostrará en las siete divisiones restantes, en las que el Extranjero adaptará el nivel de exigencia que requiere del joven. Hasta entonces, la tarea del Eleata consiste, por un lado, en demostrarle a Teeteto que la dialéctica es una “marcha” (R. 532a1, 533c2) a través de los lógoi; y por otro, en elegir la manera de avanzar conjuntamente sobre la base de su conocimiento efectivo acerca de la estructura inteligible.
La elección y operación del paradigma funciona como una demostración de las condiciones de un diálogo exitoso. En otro diálogo referente a la sofística, el Protágoras, Sócrates dialoga con Hipócrates antes de ingresar a la casa de Calias, donde transcurrirá el encuentro como tal. Este breve intercambio, según narra el filósofo, no termina sino hasta que “acordamos el uno con el otro” (314c3-7)18. En lo que resta del diálogo, como es evidente, Protágoras no cumple dicha condición por su falta de franqueza y por su necesidad de complacer a la audiencia, es decir, resulta ser un interlocutor mal dispuesto que lleva el intento de dialogar a un fracaso y, con ello, inhabilita la práctica filosófica. Las condiciones para el diálogo en el Sofista son las mismas: el protagonista buscará una cierta homología –priorizando el asentimiento sincero de Teeteto ante cada tesis– y perseguirá el tema de indagación hasta su final –momento que el joven mismo identifica al practicar con un ejemplo. En ambos casos, hay una preparación que a su vez indica las condiciones del diálogo propuesto. El joven Teeteto, quien Teodoro había presentado como un joven “dócil” por su propia experiencia (cf. Tht. 144a-c), resulta un interlocutor “brevilocuente”, pero no por ello conformista. A su vez, su característica mansedumbre se ve acrecentada por la vergüenza –por supuesto, beneficiosa– que le provocó el élenkhos socrático (cf. Boeri, 2016, pp. 358-363). Por ello es que, ante cada corte dicotómico que puede comprender, asiente con sinceridad; caso contrario, es explícito con su aporía.
Por otro lado, el paradigma, mediante divisiones de un alcance pequeño, prepara al interlocutor para operaciones posteriores que serán más importantes y difíciles para la búsqueda del sofista. Si bien al comienzo la división opera con géneros como la técnica adquisitiva o productiva, más adelante tratará con Formas Mayores (255c ss.). En otras palabras, la identificación de rasgos comunes entre objetos perceptibles nos prepara para encontrar similitudes y diferencias en objetos no perceptibles. Como explica Ackrill (1997), “hacer galletas nos prepara para hacer tortas y otras recetas más elaboradas” (p. 99). El Extranjero, en este caso, es un experto en ambas operaciones, por lo que puede “mostrar lado a lado” los géneros en virtud de sus rasgos compartidos y disímiles (Ambuel, 2007, p. 8). Tal habilidad, aunque suponga el uso de objetos particulares y sensibles, permite y facilita la búsqueda de las Formas inteligibles, por lo que podemos considerar que la dialéctica opera con todo tipo de objetos, sean perceptibles o no (Mesch, 2022, p. 179). Incluso se podría sostener, como lo hace Álvarez (2016), que el pescador con caña funciona como una representación de una Forma más difícil de percibir –el sofista–, que a su vez es un paradigma del no ser. De la misma manera, el tejedor cumpliría la función de ejemplo con el político: destaca “símiles sensibles fáciles de comprender” (Plt. 285d11-e1, trad. Santa Cruz), ya que entrelaza telas, mientras que el político posee la misma técnica para unir y separar ciertas virtudes de los hombres (308d ss.).
III.
Como mencionamos anteriormente, el hecho de que haya “grados” de ser dialéctico implicaría que el filósofo, que asume un rol pedagógico mediante el diálogo, debe entrenar o mejorar la dýnamis de su interlocutor mediante diversos métodos. En otros términos, el dialéctico debería ser atento ante la disposición, las respuestas, preguntas y repreguntas del filósofo en potencia, a fin de medir su grado de ignorancia19 y, a la vez, su capacidad dialéctica. Según el modelo del pescador, Teeteto acepta comenzar con la búsqueda del sofista a través del mismo método. El Extranjero le recuerda que el pescador poseía cierta técnica y, dado que ya sabe qué es el sofista, le explica que está emparentado con el género modelo por su técnica adquisitiva de “caza”. Teeteto no comprende la relación hasta que el Eleata la hace explícita y propone partir de aquella caza “terrestre” que habían dejado sin dividir. El joven comprende entonces que el ejercicio del parádeigma había sido elegido con cuidado, ya que una división que allí se mostraba fútil es ahora necesaria para definir al sofista, como cazador de hombres –no de otros animales acuáticos. Sin embargo, el joven comienza a realizar más preguntas que respuestas afirmativas a medida que avanza la indagación. A partir de esta aclaración en 222a, le pide al Extranjero que continúe sus razonamientos (a8), que los aclare (b1, b4), que exprese la división siguiente (c4, d4) o que explique el contenido propio de uno de los géneros (b6). Cuando el Eleata expresa que toda caza en privado20 se hace a cambio de algo –sean regalos o agrados–, el joven inexperimentado afirma: “no entiendo” (d9), ya que se trata del tipo de caza de los amantes. El Eleata explica que hay aduladores que solo tienen por fin el placer del agrado, y que el sofista haría algo similar con sus clientes mediante discursos, por lo que a Teeteto le parece evidente haber encontrado al sofista (cf. 221c5-223b8). Si bien las divisiones que operan en esta sección refieren a opiniones comunes en las que los interlocutores concuerdan, Teeteto se encuentra exigido cuando se le exhibe un género con el que no está familiarizado.
Pareciera, entonces, que Teeteto está atento a la necesidad de dividir de a pares y que logra percibir que algunos géneros participan de varios otros, pero que le es difícil comprender algunos cortes sin una intuición o captación previa de ciertas Formas. A pesar de sus dificultades, Teeteto –para este punto– es capaz de realizar divisiones. El joven identifica el término de la división que conforma la primera definición (223a9-11) y así también con la segunda (224c6-8) y la quinta (225e3-5). Si bien el Eleata se encarga de enunciar la concatenación de géneros que conforman a cada uno de ellos cuando lo considera necesario, es Teeteto quien reconoce y expresa el género buscado que debemos llamar, en estos casos, “sofista”. Esta operación le es natural al joven gracias a la práctica previa con el paradigma, porque gracias a ella comprendió que el término de una división puede preceder a otra que, a su vez, puede retomarse en una de las divisiones que la conforman. Aun así, el Extranjero insiste con que la búsqueda es “muy difícil” (223c1-3) y, tras la segunda definición, propone una recapitulación. Sin embargo, a diferencia del caso del pescador, el Eleata enumera aquí la cantidad de definiciones logradas hasta el momento (224c9-e4), lo que indicaría la insuficiencia o incoherencia del método para concluir, mediante Formas, con una única definición de sofista.
La quinta definición ubica al sofista como una especie de erístico (224e6-226a5). En resumen, los interlocutores descubren que un sofista, si bien busca una remuneración por sus servicios, se caracteriza por una técnica de la discusión que le permite contradecir ciertas cuestiones en privado. Teeteto termina por calificar al sofista de “asombroso” (θαυμαστόν; 226a3) por su capacidad para huir de las divisiones hasta este punto, y concuerdan en que deberán capturarlo con las dos manos. El Extranjero entonces propone un nuevo punto de partida –a saber, la técnica separativa– para ubicar al escurridizo sofista. Para ello, comienza a nombrar tareas domésticas específicas, como “filtrar, colar, cribar [...]” (226b5-6) y le pide a Teeteto que nombre qué denominador común comparten. Sin embargo, el joven pregunta explícitamente qué pretende mostrar con estos ejemplos, y a pesar de la respuesta –que en todas ellas está presente la técnica separativa–, admite que, para él, el examen avanza demasiado rápido. Durante este sexto intento, el Extranjero aumenta la complejidad de las divisiones y, por tanto, la exigencia del joven. Para empezar, el Eleata aplica tanto la división como la reunión –en este caso, de diversas tareas domésticas–, como había hecho al comienzo del ejercicio del pescador (219a-b). La diferencia es que, en esta ocasión, el arte que reúne aquellos ejemplos indica desde ya una división posterior que cabe aclarar: algunas separan lo semejante de lo desemejante, mientras que otras separan lo mejor de lo peor. Al Extranjero le interesa recalcar estas últimas, ya que suponen una purificación (καθαρμός; 226d10). Tal proceso figura en todo tipo de tareas y técnicas, tanto en el interior como en el exterior de los cuerpos, desde la “limpieza con esponja” hasta el uso de medicamentos. Las técnicas separativas “dividen” lo mejor de lo peor. Sin embargo, el método de división hasta aquí aplicado es incapaz de separar según ese criterio, ya que consiste en un análisis de qué géneros están unidos y qué géneros están separados, pero no distingue el valor de cada uno.
Desde la perspectiva de Teeteto, el Extranjero ha introducido un nuevo paradigma de división que pareciera estar desconectado de los anteriores. Este cambio sucede tan rápido que el Eleata debe dividir por su propia cuenta el género de las técnicas separativas (226d1-3) y el de la purificación (e1-2). Teeteto no puede inteligir las articulaciones presentes en las técnicas de purificación aplicadas al cuerpo y al alma. El Extranjero, ante esta situación, se encarga de dar ejemplos mediante reuniones y de dividir estas realidades rápidamente para llegar a una sección más concreta de la indagación –respecto de las maneras de purificar el alma. Esta serie de pasos conforman la explicación continua del Extranjero más extensa hasta el momento (226e-227c). Tal estrategia, que consiste en pausar la brevilocuencia y en explicar detallada y directamente los razonamientos necesarios, tiene un efecto positivo en Teeteto: conforme a su costumbre, concuerda con que hay dos géneros para dividir –purificación del alma y del cuerpo–, pero advierte que seguirá la “guía” del Extranjero en las divisiones que sigan (227d2-3), es decir, sus preguntas y sugerencias. Considero que esta actitud de Teeteto no se debe simplemente a su mansedumbre ni tampoco a un conformismo, sino a la aceptación de que no puede incorporar las reuniones y los cortes necesarios para la sexta definición según el ritmo que le exige el Extranjero. Por ello, al joven le resta comprender y aceptar cada razonamiento necesario y priorizar el corte dicotómico. Mientras tanto, Teeteto pareciera indagar a su propio ritmo. De hecho, respecto del género de las enfermedades del alma, el joven aporta por su propia cuenta una serie de ejemplos: “la cobardía, la intemperancia y la injusticia” –afirma– son tipos de perversión que debemos separar de la ignorancia21 (228e1-5).
El sexto intento de definición del sofista indica, finalmente, la insuficiencia del método diairético. Mediante la indagación de las técnicas separativas, el Extranjero introduce una reflexión acerca de los límites del método aplicado. Para empezar, si el sofista se dedica a purificar el alma de su interlocutor mediante la educación (παιδεία), y en especial a través de la refutación, podemos asumir que su técnica es de alta estima. La actividad sofística se identificaría, de este modo, con la práctica socrática de purificación y liberación del alma, que Teeteto conoce por propia experiencia. Por este motivo, el joven asiente ante la valoración que hace el Eleata de esta técnica, y llama a su resultado “la mejor y la más sensata de las disposiciones [ἕξεων]” (230d5-6). Se refiere, por supuesto, a la consciencia de la propia ignorancia, de que uno solo conoce lo que sabe. El Extranjero aclara que teme adjudicarles un “honor tan grande” a los sofistas y que, a lo sumo, este intento lograría definir al sofista de “noble estirpe”. Esta serie de juicios de valor parecieran escapar al método diairético como tal. La división dicotómica, por sí sola, no permite valorar una técnica sobre otra, lo que lleva a los indagadores a equiparar la purificación que logra el sofista con la que logra el filósofo. Teeteto, para este punto, encarna y aplica aquella consciencia de que uno sabe solo lo que sabe, porque su propia alma ha sido purificada respecto de la epistḗmē el día anterior22. Tiene sentido, entonces, que el joven acepte sin reservas su propia aporía y que admita estar “muy confundido” por la multiplicidad de definiciones logradas (231b9-c2)23. Dado que Teeteto conoce la importancia de aceptar la propia ignorancia, resulta honesto ante la situación. Esta sinceridad significa, en otros términos, que Teeteto reconoce la insuficiencia e incoherencia de las seis definiciones y que, a diferencia del pescador, el sofista pareciera participar de diversos géneros a la vez. La marcada aporía del joven se debe, también, a que no sabe (aún) que hay otros métodos complementarios al de división que pueden aplicar para cazar al sofista con las “dos manos”. Hasta este momento, la disposición epistémica de Teeteto es ideal, ya que le permite atender al nuevo comienzo que, a partir de 232a, ubicará al sofista como un contradictor con un conocimiento aparente y en rigor como un productor de imitaciones.
El Extranjero realiza oportunamente la misma operación de antes, a saber: una recapitulación detallada de las definiciones logradas en las que exige a Teeteto que utilice su prodigiosa memoria24 (231b9-232a1), seguido de la recuperación de un rasgo que considera esencial. En este caso, se trata de la técnica del sofista para contradecir todo lo referente a lo justo e injusto (225b), pero aquí se destaca su capacidad para cuestionar “todas las cosas” (232e2-3). Esta estrategia es similar a la que aplica el Eleata al culminar el ejercicio del paradigma: partiendo de rasgos de un género tratado previamente, comienza una nueva indagación. Este proceso, basado en la memoria, funciona como un nuevo aliento para Teeteto, ya que le permite ver al unísono los intentos de captación del sofista a pesar de su estado de aporía momentáneo. En rigor, el joven ha visto al menos seis apariciones del sofista, y esto mismo le muestra la necesidad de partir de un rasgo esencial que determine aquel “prodigio” (θαῦμα) del productor de imágenes. Hasta ahora, el sofista se ha mostrado de maneras diferentes e incluso contrarias y, a su vez, como un profesional capaz de expresar tales contrariedades –dado que es un antilogikós. Es por ello que la “confusión” de Teeteto, según el Eleata, es “normal” (231c3)25. El Extranjero pareciera aprobar la reacción de aporía del joven, dado que la considera un estímulo necesario para emprender la búsqueda de la séptima definición, que requerirá nuevos métodos dialécticos complementarios.
El prodigio del sofista, según la guía del Extranjero, consiste en aparentar o dar la impresión de ser sabio “sin serlo” (οὐκ ὤν; 233c8)”. Esta capacidad de engaño mediante falsedades, que funciona solo ante una audiencia ignorante, es una especie de producción que podemos llamar “imitación” o mímesis26. En otros términos, los indagadores han descubierto mediante divisiones que el sofista puede adquirir dinero, pero de ciertos jóvenes que ignoran lo que realmente es; a su vez, han visto que es capaz de producir ciertos “conocimientos” y, en especial, de utilizarlos en contra de las opiniones acerca de lo justo y de lo injusto. Por esta razón el filósofo tiene un rol protector: es posible que los jóvenes, ignorantes de las consecuencias, vendan o entreguen su alma a un mero comerciante y que reciban a cambio “enseñanzas” nocivas (cf. Prt. 312b-313d). Después de todo, el prodigio del sofista radica en una especie de reunión de los géneros más relevantes de las definiciones brindadas, a saber: su capacidad de contradicción de cualquier cuestión mediante la imitación de la sophía real.
Desde una perspectiva pedagógica, el Extranjero ha guiado a Teeteto hacia una serie de definiciones insuficientes, pero relevantes para captar la Forma que le permite al sofista aparecer de tantas maneras. En otros términos, el dialéctico ha llevado a su aprendiz a la aporía de manera deliberada. Como bien observa Álvarez (2022), Teeteto ha realizado hasta aquí un “áspero y empinado sendero ascendente” (cf. R. 515e7, trad. Eggers Lan) equivalente al del liberado de la caverna (R. 506d-507a), guiado por lo “necesario”27 de los argumentos del Eleata, es decir, por el verdadero saber que expresa el dialéctico a través de la división de los géneros. Esta etapa del ascenso se caracteriza por la capacidad para superar ciertos obstáculos, como sucede al abandonar una oscura caverna, representado por el esfuerzo del joven ante cada nuevo intento de definición (pp. 55-59). Nos interesa observar que, siguiendo esta analogía, el momento en el que Teeteto logra dilucidar el prodigio del sofista se encuentra en esta misma etapa, dentro de la caverna. Sin embargo, el hecho de que los indagadores hayan superado la aporía producida por la multiplicidad de divisiones no indica que hayan salido del campo fenoménico de las opiniones. A pesar de ello, la identificación del sofista con la imitación del saber supone el último paso hacia la esfera o región eidética28, lo que indica cómo el Extranjero guía a Teeteto hacia su liberación de manera gradual.
IV. Consideraciones finales
A modo de consideración final, los seis intentos de definición, así como el esbozo de la séptima, suponen una prueba de la dýnamis dialéctica de Teeteto. El joven atraviesa hasta aquí una serie de dificultades tanto intelectuales –por el hecho de que aprende a dividir y a definir al sofista– como emocionales –dado que cada nuevo comienzo supone una confusión inherente29. En otros términos, Teeteto avanza poco a poco hacia la región luminosa de las Formas (cf. 253e-254b), que le permitirá descender nuevamente para definir una parte del ámbito sensible, oscuro y cambiante, en donde anida el sofista (en la séptima definición, cf. 264b6 ss.). Según hemos observado, cada uno de los indagadores marcha con sus propias dificultades. El Extranjero, que asume su rol pedagógico, prioriza el diálogo y debe deliberar acerca de qué métodos aplicar para orientar gradualmente el alma de su aprendiz hacia el verdadero saber. Teeteto, por su parte, se esfuerza para liberarse de su propia ignorancia, que asume abiertamente en cada intento fallido de definición. La elección de un paradigma a modo de ejercicio, así como los cambios de ritmo y de exigencia a lo largo de estas secciones indican que el Extranjero realiza un verdadero cuidado del alma de Teeteto, con la intención de que el joven se vuelva más hábil en lo que respecta a la dialéctica. Esta última es, según parece, una ciencia cuyos métodos comportan una amplia variedad no reductible a los tres recursos más utilizados y que es, a su vez, una dýnamis del alma. Si bien queda pendiente analizar la aplicación de otros métodos, podemos considerar que en esta primera sección del Sofista el joven interlocutor se hace más competente en prácticas dialécticas como la división y la reunión. Este mejoramiento gradual le permitirá al joven volverse “todo un filósofo” (cf. 216a4) como su maestro, siempre y cuando se oriente su alma hacia las realidades inteligibles.
Referencias
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Notas

