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De las caricias femeninas como un arte: la homosexualidad femenina en Occidente: reseña de Historia de la Homosexualidad Femenina en Occidente (2023) de Francisco Vázquez García (ed.)
Sociedades precapitalistas, vol. 15, e094, 2025
Universidad Nacional de La Plata

Reseñas

Sociedades precapitalistas
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
ISSN-e: 2250-5121
Periodicidad: Frecuencia continua
vol. 15, e094, 2025

Recepción: 09 octubre 2025

Aprobación: 25 noviembre 2025

Publicación: 19 diciembre 2025


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Resumen: Esta reseña explora la labor historiográfica realizada en Historia de la Homosexualidad Femenina en Occidente (2023). A partir del abordaje sucinto de cada uno de los capítulos que integran la obra, con sus respectivos ejes temáticos, se pretende trazar un mapa teórico que dé precisiones sobre esta forma de acercarse a la lesbohistoria e identificar sus principales aportes. Para ello, se examina la problemática metodológica sobre la aplicabilidad de categorías contemporáneas de identidad de género y sexualidad para hablar sobre la historia de la afectividad entre mujeres en distintos periodos de la historia de Occidente. En ese sentido, se procura entender cómo las mujeres han percibido los vínculos entre ellas a lo largo de la historia, produciendo rituales, íconos, imágenes, representaciones y expresiones de género que dan cuenta de la multiplicidad de experiencias y resistencias desarrolladas. Finalmente, se esbozan consideraciones finales sobre los aportes y la relevancia de esta obra en su conjunto para el campo de la lesbohistoria.

Palabras clave: Lesbohistoria, Occidente, Sexualidad, Vínculos afectivos, Homosexualidad femenina.

Abstract: This review explores the historiographical work carried out in Historia de la Homosexualidad Femenina en Occidente (History of Female Homosexuality in the West) (2023). Based on a succinct approach to each of the chapters that make up the work, with their respective thematic areas, the aim is to draw up a theoretical map that provides details on this way of approaching lesbian history and to identify its main contributions. To this end, it examines the methodological problem of the applicability of contemporary categories of gender identity and sexuality to discuss the history of affection between women in different periods of Western history. In this sense, this work seeks to understand how women have perceived the bonds between them throughout history, producing rituals, icons, images, representations, and expressions of gender that reflect the variety of experiences and forms of resistance that were developed. Finally, the review outlines concluding considerations on the contributions and relevance of this work as a whole to the field of lesbian history.

Keywords: Lesbian History, Western World, Sexuality, Emotional Bonds, Female Homosexuality.

Francisco Vázquez García, catedrático de la Universidad de Cádiz, es un reconocido estudioso que se cuenta actualmente entre los principales referentes en los estudios de género y sexualidad en el Antiguo Régimen y, de modo más específico, en el ámbito hispánico. A lo largo de su trayectoria ha realizado importantes contribuciones a este campo, entre las que - sin ánimos de exhaustividad - se pueden mencionar: Sexo y Razón. Una genealogía de la moral sexual en España (en coautoría con Andrés Moreno Mengíbar, 1997), Sexo, identidad y hermafroditas en el mundo ibérico, 1500-1800 (en coautoría con Richard Cleminson, 2018) y Pater Infamis. Genealogía del cura pederasta en España (1880-1912) (2020), por mencionar sólo algunas vinculadas al tema que aquí nos concierne. Recientemente ha coordinado importantes proyectos editoriales tales como Historia de la Homosexualidad Masculina en Occidente (2022) e Historia de la homosexualidad masculina en España (2025). Es entre estas últimas contribuciones que podemos situar la obra colectiva que aquí nos proponemos comentar.

En efecto, el libro Historia de la homosexualidad femenina en Occidente (2023) constituye una obra colectiva en la que se expresan múltiples voces de historiadoras y cuyo foco de atención se centra en la afectividad homoerótica entre mujeres en distintas temporalidades. Así pues, este trabajo contribuye a sacar este asunto de las penumbras a las que había sido relegado por la historiografía durante mucho tiempo. Pues, como afirma Vázquez García en su introducción, “En el conjunto del mundo ibérico y en Latinoamérica [...] los estudios sobre lesbohistoria siguen siendo excepcionales” (2023, p.6).

En este sentido, la obra se propone indagar en la factibilidad de trazar una línea de continuidad que esboce la manera en la que las mujeres se han relacionado entre sí en el amor y la intimidad a lo largo de la historia. Con ese propósito se plantea una discusión acerca de la pertinencia y la aplicabilidad de las categorías contemporáneas de orientación sexual e identidad de género para pensarlas retrospectivamente en el pasado. Este libro juega así de manera constante con la tensión entre lo pertinente y lo anacrónico, lo transhistórico y lo contextual, y en ella ofrece a el/la lectorx la ocasión para desprenderse de las acepciones modernas y problematizarlas mediante preguntas nuevas. Este ejercicio analítico permite incorporar en nuestro presente la perspectiva de aquellas experiencias que han sido sistemáticamente excluidas de los relatos históricos. A través de una mirada crítica, con una marcada impronta foucaultiana, en esta obra se articulan diferentes investigaciones, que parten de una amplia variedad de fuentes, cuyo objetivo consiste en estudiar prácticas, representaciones, discursos y testimonios de experiencias históricas ligadas a los vínculos sexuales y afectivos entre féminas. Otra de sus valiosas contribuciones radica en la identificación de las diferencias históricas que surgen de la comparación con la homosexualidad masculina, abriendo así un espacio de reflexión acerca de la opacidad que ha caracterizado a las relaciones entre mujeres, síntoma del sistema patriarcal.

El libro se organiza en torno a cinco capítulos realizados respectivamente por cinco investigadoras especializadas en diferentes períodos históricos de Occidente, lo cual imprime a la obra una valorable vocación interdisciplinaria.

En el primer capítulo, Victoria González Berdús –licenciada en Filología Clásica y doctora en Estudios Filológicos por la Universidad de Sevilla– inicia su estudio en el período arcaico valiéndose de los testimonios de poetas (Alcman, Anacreonte y Safo de Lesbos). La autora advierte que en la Antigüedad romana las prácticas homoeróticas no constituían un elemento central y permanente de la identidad de las personas. Aquí se plantea, entonces, una primera problemática, y es que de las evidencias sobre homoerotismos femeninos no se conservan más que vestigios. A pesar de ello, la autora se propone realizar un recorrido por las lecturas e interpretaciones sobre este fenómeno que se han elaborado desde el siglo XIX, basadas en la figura de Safo de Lesbos y sus preferencias sexuales.

A partir del siglo I d.C., la autora observa un aumento de referencias a los homoerotismos femeninos. Durante la época clásica, las obras de Platón, tales como El Banquete y las Leyes, mencionan el concepto de hetairistriai, que alude a un grupo de mujeres que manifiestan un desinterés hacia los hombres y, en su lugar, una atracción sexual hacia otras mujeres. Durante la época helenística se atestigua el concepto de tribades en los testimonios del período, a través del cual se identificaba como enfermas a las mujeres que se agrupaban bajo esa noción, pues eran consideradas seres hipermasculinizados que tenían aspecto y gustos propios de los hombres y un apetito sexual desenfrenado. Poetas como Horacio y Ovidio serán los principales autores en vincular a Safo con la figura de la mujer que experimenta una atracción sexual hacia otras de su mismo género: esto resulta interesante, pues permite entrever la ambivalencia que la figura de la poetisa supuso en las tentativas de dar explicación al homoerotismo femenino desde distintos paradigmas –astrológico, fisiológico y mitológico–. A pesar de que las interpretaciones sobre Safo fueron –y continúan siendo– diversas y controvertidas, y los usos de las terminologías mencionadas se revistieron de distintas connotaciones, en este momento prevaleció la tendencia a condenar a la figura de la tríbada y las prácticas homoeróticas femeninas en general, como atestiguan los escritos de literatos como Petronio, Marcial y Fedro, entre otros. Por último, González menciona los testimonios en primera persona expresados a través de epigrafías, manuscritos, hechizos de amor volcados en papiros y pinturas murales eróticas, que proporcionan una perspectiva radicalmente distinta sobre aquel conocimiento acotado que tenemos de la cotidianidad del homoerotismo femenino en la Antigüedad clásica. Este aporte resulta particularmente valioso considerando que los textos que tocan estos tópicos fueron elaborados por autores masculinos, cuyas opiniones determinaron lo que era considerado socialmente aceptable y lo que no. Sin embargo, esa visión masculina no tuvo por qué ser universal, y aquí es donde los escasos testimonios en primera persona que se preservan hasta nuestros días cobran una especial importancia.

En el segundo capítulo, Paloma Moral de Calatrava –doctora en Historia Medieval y diplomada en Enfermería, profesora titular en la Universidad de Murcia– inaugura su trabajo advirtiendo sobre la importancia de desprendernos de las categorías modernas para entender de forma más aproximada la ideología medieval respecto a las sexualidades disidentes y los arquetipos subversivos de las conductas, deseos y emociones eróticas. El concepto de sodomía, en palabras de Moral, resulta más aproximado a nuestra idea actual de homosexualidad, aunque advierte que de ninguna manera son sinónimos. Es por esto que, valiéndose de fuentes teológicas, médicas, judiciales y jurídicas, la autora se propone esclarecer de qué manera se reconoció y sancionó la sodomía entre mujeres.

En primer lugar, la historiadora problematiza que la herencia estoica de la naturaleza como axioma de lo sexual influyó de manera crucial en la concepción de la sodomía y su grado de transgresión en la sociedad, pues, según este marco conceptual de referencia, existen prácticas sexuales naturales y antinaturales. La sodomía –aunque mayoritariamente resultó ser una categoría vaga– fue concebida como una práctica fundamentalmente masculina y, por ende, presentó una clara visión falocéntrica de las prácticas sexuales, de modo que las relaciones entre mujeres fueron desatendidas y los casos conocidos de féminas acusadas de este pecado-delito resultaron escasos. En segundo lugar, la investigadora problematiza el hecho de que la utilización de artefactos en el acto sexual resultaba un agravante en la resolución de estos casos, pero la ambigüedad de la sodomía femenina condujo a distintas valoraciones del grado de transgresión y por ello recibió respuestas y sanciones de lo más variadas. Con todo, Moral sitúa entre los siglos XI y XIII la escalada de posiciones de la sodomía femenina en el grado de condena, justamente porque el uso de machinas –instrumentos que hacían las veces de falo– se exacerba durante este período, convirtiéndose en un pecado sexual superlativo; el uso de artefactos permitía constatar una premeditación, entonces cabía pensar que las relaciones homoeróticas entre mujeres iban más allá de la lujuria desenfrenada y, por lo tanto, contaban con un grado de raciocinio y determinación.

Por último, este capítulo arroja luz sobre una cuestión central de la ideología medieval que resulta importante no sólo para el estudio que se propone esta obra, sino por su relevancia en los estudios de género y sexualidad en general: la idea del cuerpo sexuado como un potencial elemento disruptivo que resulta necesario explicar y controlar –desde la medicina, la teología y el derecho–, para mantener el orden social. De hecho, muchos de los preceptos de la ideología medieval ofrecieron firmes cimientos para los discursos ginecológicos y freudianos del siglo XX con respecto al lesbianismo –la histeria y la envidia del pene, por ejemplo–. El nuevo “falo” (el clítoris) y su subversión, el desconocimiento sobre la anatomía femenina y la preocupación de diferentes centros de poder por mantener el binarismo de género –una transgresión de este binarismo jerárquico era la práctica del travestismo, relativamente común entre las mujeres del Medioevo– llegan a nuestro presente como problemáticas de la ideología medieval que requieren de un estudio perspicaz para trazar continuidades y plantear interrogantes que permitan repensar la historia de los homoerotismos femeninos en la Edad Media.

El tercer capítulo, a cargo de Fernanda Molina –doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires, especializada en estudios de género e historia de la sexualidad en el período moderno colonial– explora la interpretación de las prácticas sexuales entre mujeres durante la Edad Moderna. En esos tiempos, el escenario de las discusiones doctrinales, signado por los debates en torno a la definición de sodomía y los actos contra el orden natural, dio lugar a la emergencia de interrogantes que buscaban ensayar una respuesta a una cuestión central: a saber, si las mujeres podían o no ser sujetos activos del pecado y crimen de sodomía. Lo controversial e intrincado de este asunto tuvo como consecuencia que las respuestas no fueran unánimes ni tampoco claras, como expone Molina con precisión a lo largo del ensayo valiéndose de documentos judiciales, discursos eruditos y fuentes testimoniales. En este tiempo se desarrolló una nueva etapa del conocimiento médico que dio lugar a estudios anatómicos basados en la exploración y la observación detenida de los cuerpos. Pronto los saberes médicos intentaron determinar la capacidad de los genitales de las mujeres para penetrar durante el coito y la existencia –o no– de un semen femenino. Empero, Molina repara en que muchas de las conceptualizaciones sobre la genitalidad femenina realizadas por los anatomistas no se alejaron del modelo de mujer-como-hombre heredado de los clásicos –como Galeno y Aristóteles, entre otras figuras–. De este modo, según el paradigma de sexo único, los genitales femeninos eran percibidos como una variante degradada e inferior de los genitales masculinos, y aquello condicionó de forma decisiva el conocimiento médico y popular de la época sobre el cuerpo de las mujeres.

La autora realiza, en primer lugar, un análisis de los discursos de teología moral elaborados por la Segunda Escolástica –un movimiento intelectual cuya actividad se sitúa entre los siglos XVI y XVII– en los que se plasman las diferentes posturas que adoptaron los teólogos respecto de si las mujeres podían o no incurrir en uno de los pecados más graves contra natura: la sodomía. En segundo lugar, revisa los discursos jurídicos de la época, en los que las categorías morales y legales presentan más similitudes que diferencias. Por último, se visibilizan algunas experiencias individuales recogidas en expedientes criminales del período que permiten aproximarse a las vivencias de mujeres que desearon y amaron a otras congéneres. El uso de testimonios vivenciales –atribuibles a personas identificables históricamente, cosa que no resulta menor– hace significativamente más amplio, complejo y diverso el panorama de los vínculos homoeróticos femeninos. Sin dudas, estas experiencias recuperadas por Molina fueron más allá de aquellas definiciones jurídico-teológicas, puesto que –a juzgar desde nuestro presente– resultaron inapropiadas para dar cuenta de la pluralidad de formas y sentidos que revistieron los homoerotismos femeninos en la Edad Moderna.

El cuarto capítulo, elaborado por Isabel Clúa Ginés –doctora en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universitat Autònoma de Barcelona– aborda la emergencia de la sexualidad medicalizada y la introducción de la categoría lesbiana en el amplio repertorio de perversiones formulado entre los siglos XVIII y XIX. Durante este tiempo histórico, emerge una nueva tecnología del sexo, en la que el dominio médico-psicológico releva las categorías morales de antaño. Junto a esta tecnología, aparecen innovadoras formas de regulación de las sexualidades que catalogaron distintas experiencias como anómalas o enfermas, a la par que buscaron reforzar el modelo heterosexual. Hacia el último tramo del siglo XIX, se produce, según la autora, una paradoja en la que la noción de lesbiana posibilitó identificar y nombrar, pero también patologizar y desviar (esto es, habilitó la posibilidad de asumirse como parte de una desviación e integrarse en aquel catálogo de perversiones).

Las experiencias homoeróticas femeninas fueron moldeándose hasta alcanzar su conceptualización y visibilidad –más aproximada a nuestra acepción moderna– hacia el siglo XX: las expresiones decimonónicas fueron plurales y diversas, abriendo paso a un amplio abanico de formas de expresión del género –como la figura de la butch, la femme, entre otras–, y de la sexualidad –la práctica de matrimonios bostonianos, amistades románticas, entre otras–. El redescubrimiento de la figura de Safo suscitó el desarrollo de una iconografía y lenguaje artístico sobre la poetisa que perfilaron una primigenia subcultura lésbica –estrechamente relacionada con el surgimiento de la nueva mujer y los avances del feminismo– que tensionó con los discursos médicos-sociales que operaban por entonces como resultado de la ansiedad cultural de la época. El resurgimiento de la figura de Safo resulta interesante para pensar la metamorfosis experimentada en el siglo XIX por la homosexualidad femenina y la figura de la poetisa, que se erigió como emblema del amor féminas y como mujer aberrante que contrariaba los preceptos sexuales de la medicina y la psicología.

En el quinto y último capítulo, María Inmaculada Naranjo Ruiz –investigadora predoctoral en la Universidad de Sevilla, graduada en Filología Hispánica, con un máster en Estudios Lingüísticos, Literarios y Culturales– esgrime arduamente una síntesis que repasa la evolución de la cuestión que nos convoca desde el siglo XX hasta nuestros días. La autora inaugura su ensayo afirmando que el siglo pasado supuso un punto de inflexión en la historia de la homosexualidad y el homoerotismo femeninos: la identidad lésbica contemporánea se vio atravesada por momentos de recesión y también importantes progresos ideológicos, fruto de transformaciones paradigmáticas. En principio, la autora sitúa el estallido de la ciencia sexual y la modernización de las ciencias médicas como experiencias que convirtieron a la sexualidad en un fenómeno discursivo e ideológico destinado a instruir las conductas individuales, dando paso al surgimiento de lo que Foucault denominó dispositivo de sexualidad. De este modo, las categorías de género –hombre/mujer– se vieron supeditadas a las categorías sexuales –normal/perverso, heterosexual/homosexual–, transformando al género y a la sexualidad en expresiones patologizables –por caso, la demonización de los matrimonios bostonianos, las amistades románticas, etcétera–. Con todo, Naranjo Ruiz repara en el entramado compuesto por el desarrollo de asociaciones de gays y lesbianas, el despertar del feminismo y la construcción de lazos de cooperación marcadamente homosexuales y modernos que acabarían configurando una identidad globalizada, como efecto del impacto de las guerras mundiales y otros acontecimientos relevantes que atravesaron la historia de la homosexualidad femenina, lo que implicó tanto retrocesos como avances. Deteniéndose en los hitos más influyentes de la historia lésbica reciente, este capítulo arroja luz sobre los debates contemporáneos acaecidos por el desarrollo mismo de los movimientos emancipatorios feministas y de liberación sexual: las cuestiones de clase y etnia englobadas en el lesbianismo, el sadismo como marco político específico –el feminismo lesbiano–, las demandas feministas y las del colectivo LGBTQ+, los binarismos y las políticas identitarias, por hacer mención sólo de algunos.

Historia de la homosexualidad femenina en Occidente es un trabajo colectivo con vocación interdisciplinaria, como ya se ha dicho. Desde Safo y sus poemas hasta las experiencias de las lesbianas durante la crisis del sida, pasando por la Edad Media y Eleno de Céspedes en el siglo XVI; aquellos retazos de vida nos invitan a recorrer un camino sinuoso colmado de interrogantes, problemáticas y reinterpretaciones, donde nos desplazamos por medio de saltos espaciales y temporales. Este libro nos invita a conocer y analizar la riqueza de las fuentes, representaciones, discursos y testimonios y observarlos desde distintos prismas –histórico, literario y lingüístico– para dar cuenta tanto de las continuidades y similitudes históricas como de sus diferencias. Tanto el editor como las autoras comprenden esto y se hacen eco de esas concepciones historiográficas en sus enfoques y su modo de hacer historia, cristalizando de este modo en un proyecto complejo, sutil, pero arduo y muy abarcador que sin duda realiza un aporte cardinal para el estudio de la lesbohistoria.

Para finalizar, esta obra nos invita a apreciar la alteridad histórica de las distintas subjetividades y también a construir puentes entre las experiencias pasadas y las presentes; arrojar luz sobre la penumbra, desprendernos de ciertas ideas y pensar otras nuevas, reconfigurar la lesbohistoria –y la historia de las disidencias en general– a fin de construir un futuro emancipador. Un futuro cuyo sentido se construya desde experiencias y resistencias compartidas. Uno que nombre, que comprenda, que discuta, que incluya y cree lazos; las interpretaciones siguen abiertas y en continua disputa histórica y política. No obstante, este campo historiográfico es tan reciente como potente y necesario, por lo que resulta de vital importancia llenarlo de sentidos históricos y presentes. Este libro es, sin duda, una contribución importante en ese camino. Queda mucho por hacer, y debemos hacerlo.



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