

Apéndice
Discurso de la Vicedecana Colación de Grados en la Facultad de Teología Pontificia Universidad Católica Argentina 20 de octubre de 2025
Revista Teología
Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, Argentina
ISSN: 0328-1396
ISSN-e: 2683-7307
Periodicidad: Cuatrimestral
vol. 62, núm. 148, 2025

Estimadas autoridades de la Universidad Católica Argentina, estimado señor Decano de la Facultad de Teología, estimados superiores de seminarios y comunidades de vida consagrada, estimados colegas, estimados alumnos, estimados egresados y egresadas,
¡Qué linda fiesta la que hoy nos reúne! Este acto tiene una importante significación personal para cada uno de los y las egresadas y sus familias, pero también comporta una relevancia académica y eclesial: la colación de grados marca un acontecimiento de nuestra comunidad educativa, que no se limita a clausurar un ciclo de estudios; sino que, además expresa la continuidad de la misión teológica en la vida de la Iglesia y su compromiso con la cultura contemporánea.
Así es: cada diploma entregado es, en realidad, una forma de envío: un signo de que la inteligencia de la fe puede hacerse servicio, comunión y esperanza y nos configura para una misión.
La pregunta que subyace a lo que hoy estamos haciendo, es la siguiente: ¿Qué sentido tiene nuestra vocación de teólogas y teólogos para la Iglesia y para el mundo? La constitución apostólica Veritatis Gaudium ofrece una buena pautapara comprender la tarea de nuestras facultades eclesiásticas. El Papa Francisco comienza ese texto afirmando que: «La alegría de la verdad es la alegría de quien, siendo alcanzado por ella, la comparte, la comunica, la da».[1]
Esta expresión define nuestra misión como teólogos: La verdad no se posee ni se defiende como un sistema cerrado; se recibe, se habita y se comunica como don, como un regalo: al decir de la primera carta de Juan, «hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1Jn 4, 16), ahora además, con herramientas profesionales, queremos compartirlo.
La formación teológica que recibimos no busca solo transmitir contenidos doctrinales, sino formar discípulos-misioneros, sujetos capaces de discernir, dialogar y testimoniar la fe en contextos plurales.
Esa alegría de la verdad es, en definitiva, la alegría del Evangelio, que abre la inteligencia al misterio de Dios y la compromete con la historia de los hombres y mujeres de hoy.
En continuidad con la tradición de la Iglesia, la teología contemporánea está llamada a dialogar con las ciencias, las culturas y las nuevas formas de racionalidad, para iluminar los desafíos éticos y sociales del presente. Como subrayó también el Papa Francisco, la teología debe ser “en salida”, es decir, crítica, dialogante y compasiva, abierta a los contextos reales donde la fe busca sentido y donde la Iglesia quiere servir a la humanidad.
En este año, dedicado al jubileo de la esperanza, recordamos especialmente al beato Eduardo Pironio (1920-1998), obispo y cardenal de la Iglesia, quien fuera también decano de nuestra facultad. En su pensamiento, la teología aparece como una pedagogía de la esperanza.[2]¡Cuánto bien nos hace pensar la docencia y la investigación teológica de esta manera! El Card. Pironio presentó la esperanza como una virtud pascual que se encarna en la historia y se traduce en compromiso. Esta visión sitúa la esperanza en el centro mismo del quehacer teológico: pensar desde la cruz y hacia la resurrección.
Pironio insistía en que el teólogo es un servidor de la esperanza, alguien que mantiene viva la certeza de que la historia está habitada por el Dios fiel. Su teología, enraizada en la experiencia del Concilio Vaticano II y en la espiritualidad latinoamericana, unió contemplación y compromiso, oración y acción. En sus escritos afirmaba que la esperanza no se impone ni se enseña; se contagia. Y se contagia por la presencia de quienes confían en el Señor y siembran el bien aún en medio de la noche.
La teología se convierte así en un espacio de discernimiento espiritual y cultural, capaz de acompañar los procesos de transformación social sin perder la fidelidad al Evangelio. Esta esperanza eclesial es la que sostiene la misión de la teología: creer en el futuro de Dios para el mundo, incluso cuando la realidad parece fragmentada o incierta. La teología se hace así acto de confianza, hermenéutica pascual, ejercicio de lucidez y de consuelo, mediación entre la fe y la cultura.
Queridos egresados y egresadas: El título que hoy reciben no clausura su tarea, sino que la inaugura. La Facultad de Teología los envía a continuar —como decía Pironio— pensando de rodillas y actuando de pie, uniendo la precisión académica con la humildad del servicio, la contemplación con el compromiso pastoral. Sean testigos de una teología que ilumina sin imponer, que dialoga sin diluirse, que acompaña sin dominar. Una labor teológica que sea servicio alegre y esperanzado para la Iglesia y para el mundo. Que la misión que oficialmente hoy comienzan a ejercer sea la alegría de la verdad que se hace esperanza compartida.
Felicitaciones a los nuevos graduados y graduadas en Teología. Sepan que esta es su casa. Siempre. Vengan a buscar lo que necesiten. Vengan a compartir búsquedas, dolores y alegrías: aquí estaremos para ustedes.
Y que María, Nuestra Señora de Luján, Sede de la Sabiduría y Madre de la Esperanza, los acompañe siempre en el camino.
Muchas gracias
[1] Francisco, Constitución Apostólica Veritatis Gaudium sobre las universidades y facultades eclesiásticas, 29 de enero de 2018, Proemio.
[2] Cf. Pablo M. Etchepareborda: «Un pastor que anima la esperanza del pueblo: El Cardenal Pironio y la esperanza», Pastores 22 (2001): 7-12.
[3] Francisco, Veritatis Gaudium, 3.
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