Resumen: En este ensayo el autor examina aspectos liminales en el acontecer contemporáneo. En primer lugar, da cuenta de las ´entidades´ sagradas en ambientes ciudadanos. La experiencia popular religiosa encuentra en las altas urbanizaciones un ambiente de peculiar riqueza y desarrollo. A continuación, aborda un ´encantamiento´ que rompe con la uniformidad tranquilizadora, irrumpiendo y transformando a fin de progresar. Concluye sugiriendo la liminal adhesión al Espíritu de Dios como trazos para una teología de la historia.
Palabras clave: Liminalidad,Creencias consoladoras,Esfuerzos benefactores,Espíritu de Dios.
Abstract:
Brief presentation during the V Encuentro Latinoamericano sobre Religión Popular. In this essay the author examines liminal aspects of contemporary events. Firstly, he gives an account of sacred ‘entities’ in civic environments. The popular religious experience finds an environment of peculiar richness and development in high-rise housing estates. He then discusses an ‘enchantment’ that breaks with reassuring uniformity, bursting in and transforming in order to progress. He concludes by suggesting liminal adherence to the Spirit of God as outlines for a theology of history.
Keywords: Limiminality, Belief in Spirits, Dedication to Secular Progress, Spirit of God.
Artículos
Una trascendencia liminal. Alivio con ´espíritus´, y esfuerzo con ´beneficios´
Transcendent Liminality, through Spiritual Entities and Human Endeavors
Recepción: 11 agosto 2024
Aprobación: 13 octubre 2024

Estar en umbrales, transitar por encrucijadas, moverse de un ámbito a otro, conlleva elementos socio-culturales y trascendentes. Mi ensayo se refiere a alivios, a esfuerzos, a manifestaciones flexibles que tienen un carácter liminal.[1] Por un lado, vale entender la generalizada y aliviadora ritualidad con espíritus, y por otro lado, cabe examinar cotidianos esfuerzos para tener beneficios y progreso.
En varios espacios americanos me ha tocado ser acogido y poder acompañar experiencias liminales. De modo especial constato y asumo (a mi modo) contactos con entidades sagradas. En áreas mestizas tomo en cuenta la muy común adhesión a entidades espirituales que atraen y que atemorizan. Por otro lado, la gente común intensamente trabaja para mejorar sus condiciones básicas, se ilusiona con el consumo privado, exige beneficios sociales, y asume rituales seculares para ser feliz aquí y ahora.
Lo liminal es mayormente ordinario (y diferente a lo esotérico). Hay sorprendentes energías tanto en encuentros como en desencuentros entre humanos, o bien hay liminalidad al asociarnos y al distanciarnos ante la muerte, ante inesperadas dolencias y sanaciones, al estar urgidos por lograr la paz y también a veces al ser cómplices de agresiones, y al sensibilizarnos tanto con lo rutinario como con lo festivo; en cada una de estas experiencias se juegan incontables factores. Mi propuesta es acercarnos a facetas liminales, y también a ciertas actividades simbióticas. ¿Cómo calificar las sensaciones que conllevan liminalidad, y las energías que son logros simbióticos? ¿Se trata de senderos espirituales? En circunstancias ordinarias del pueblo ¿en qué sentido se humaniza con comportamientos simbióticos?[2] En cada acontecer ¿son reconocidas huellas del Espíritu de Cristo? Esto presupone una pausada y dialogada escucha de itinerarios creyentes.
Conviene sopesar vivencias cuando se sienten carencias y maldades, y también cuando hay pánico ante algo que nos trastorna. Según regiones y trayectorias personales se constatan sagradas fuerzas de vida, con bien diferentes características. Son dinamismos de vida en medio de insoportables aplastamientos. En cada metrópoli, según S. Stavrides, «las personas desarrollan el arte de la negociación en sus encuentros cotidianos con la alteridad, cuya base se encuentra en los espacios intermedios, en los umbrales (…) el ciudadano consumidor está mas que dispuesto a cruzar las fronteras que lo conduzcan hasta la alteridad».[3] Junto a otras personas, en umbrales, hay recursos para compartir.
Sin embargo, las tensiones internas son inocultables. En Bolivia, Silvia Rivera describe «la mezcla rara que somos» y la irreal síntesis del «mestizaje colonizado», y propone estar «dentro de la contradicción, haciendo de su polaridad el espacio de creación de un tejido intermedio, una trama que no es ni lo uno ni lo otro, es ambos a la vez».[4] En nuestro continente las identidades están mezcladas; esto se manifiesta en instancias sagradas, y en el acontecer secular (aunque no sea descrito de esa manera).
Daniel Cabrera examina el «fenómeno de creencias [tecnológicas] que funciona porque se confía y se cree en ellas», y advierte la «matriz mágica y escatológica que las hacen posibles», y además anota que «la salvación se realiza en el “aquí y ahora” del consumo».[5] Cabe pues una mirada crítica a estas peculiares entidades seculares que difunden sensaciones de ´salvación´, y proveen redes de asociación y trascendencia. Lo transcendente es vivenciado por individuos empoderados mediante mercancías que resuelven ciertas necesidades (y que no apagan deseos de poseer más).
Al respecto, la cuestión no es simplemente tener objetos; lo importante son deseos de una “mejor” existencia. La felicidad utilitaria tiene «un discurso pseudocientífico amparado en la psicología positiva y la industria editorial (…) para creer en uno mismo (…) y direccionar la vida de los individuos y gestionar problemas cotidianos».[6] No se trata de materialismo ni de egoísmo patológico. Más bien, se trata de creencias seculares al interior del mundo contemporáneo.
Por eso vale continuar examinando los ´nuevos espíritus´ terrenales que se van instalando en el llamado sentido común. Hay indicios de que la insatisfecha muchedumbre está acostumbrada a consumir ilusiones y que intuye que eso ni llena el corazón ni es sustentable en un planeta tan maltratado. Personas sufridas y vulnerables se dan cuenta que estamos en los límites de lo posible, y que valen unas medidas de responsabilidad colectiva. Proliferan modos liminales con impacto ciudadano, y la capacidad simbiótica resalta en umbrales culturales, en pequeñas asociaciones, en espacios semi-públicos.
El día a día tiene rutinas y sorpresas, hondos deseos, y múltiples bienes. Aspiramos y luchamos por beneficios. En lo individual y en lo común se siente “más” de lo que se ve y se piensa. También se interactúa con energías y entidades relativamente autónomas. Nos atraen incontables y cambiantes bienes, frutos de esfuerzos creativos, que asimilamos y que producen bienestar, aunque también a veces nos deshumanizan casi sin darnos cuenta.
Hay energías semi mágicas en el acontecer socio-económico. Se consumen cosas, imágenes virtuales, e ilusiones de bienestar. En lo calificado como profano abundan creencias y logros similares a lo que por siglos eran asuntos “religiosos”. La mercancía altera los ámbitos espirituales y éstos van siendo mercantilizados, «la religiosidad contemporánea esta permeada por la circulación de mercancías religiosas … la mercantilización de los rituales [y en especial de los populares] (…) y celebración de rituales de sacralización del dinero o del éxito».[7] Además, las personas interactuamos con realidades virtuales (mediante tecno-comunicaciones); y «el encuentro con lo sagrado en mundos virtuales va a continuar en la búsqueda por autenticidad humana».[8] Se dice: todo está cambiando, y lo profano y lo sagrado se entrecruzan.
Lo que deslumbra y apasiona no es una mera emoción pasajera. Al sobrepasar lo ordinario, afloran experiencias cualitativas que uno no olvida. El escenario contemporáneo está lleno de rastros espirituales. Recopilando sabidurías populares (de ayer y de hoy) Carlos Alberto Steil señala:
«O sagrado irrompe no mundo de muitas formas e por muitas mediaçôes, assumindo expressoes múltiplas e diversificadas, para além das fronteiras das religiôes institucionalizadas. Cabe ao praticante beber de todas as fontes, de modo que o sincretismo é a propria condiçâo de acceso à plenitude e multiplicidade do sagrado … pois é justamente nas fronteras que a multiplicidade do sagrado se manifesta e se torna acessível (…)».[9]
Al presenciar y participar (en Perú y Chile) en ritos mestizos de bendición, y en especial en ceremonias terapéuticas, uno se asombra con lo que C.A. Steil denomina «otras expresiones de lo sagrado». Lo crucial es que existen contactos con espíritus activos en ámbitos discriminados. A mi parecer sobresale que sea algo masivo, con sus propias lógicas, y con sean señales relevantes y contestarias en el mundo de hoy.
Para quienes estamos acostumbrados a esquemas uniformes, es saludable examinar el incesante re-encantamiento del acontecer común y corriente. Vivencias ciudadanas de cada día, como son las enfermedades y sanaciones, la explicación del dolor, las honduras en festejos y ceremonias locales, etc., constituyen más que fenómenos, ya que expresan lo humano adolorido, y evocan un universo “encantado”. Soy deudor de tanto aprendido con sanadoras andinas, cuyos testimonios no son solucionar problemas; esas personas sabias indican que lo bueno viene de Dios y que la fe milagrosa brota de quien sufre y hace el bien.
Las vivencias liminales tienen un rasgo común de asumir el ´entre-medio´ y lo polivalente, lo a veces oscuro y lo a veces luminoso. El acontecer contemporáneo es paradojal, es polisémico, y tiene vertientes potentes en espacios públicos abiertos a la trascendencia.
Como las categorías de liminalidad, de umbral, de intercultural, pueden parecer ajenas al cristianismo, o tal vez poco relevantes en la pneumatologia, conviene retomar sus implicancias. La adhesión al Espíritu tiene dimensiones individuales, comunitarias, sociopolíticas, teologales, eclesiales. Ella es relevante en la planetaria crisis medio ambiental, en tareas reconstructoras de vida en las periferias de la humanidad empobrecida, en transiciones donde nacen preguntas dónde está Dios, en cada “entre-medio” mestizo, y al cruzar fronteras. El conmovedor acontecer mundial, y los procesos sociales e identitarios están reconfigurando vínculos con espíritus, con difuntos, y con modelos sociales Es un pasar de una estructura identitaria/social a otra, un asumir rupturas y nuevas formas de acción, un estar en espacios y tiempos intermedios.[10]
En estas circunstancias, cabe el discernimiento inter-cultural e inter-religioso que conduzca hacia un cómo está presente (o ausente) el Espíritu de Vida. Vale apreciar la interacción sapiencial a cargo de la humanidad que se desenvuelve en la liminalidad. Sectores humanos sopesamos el estar-entre. Hay dinámicas de salir y entrar, de oír, callar y hablar, en que uno sintoniza con espíritus locales y trascendentes. Son cuestiones importantes en el caminar del pueblo de Dios, en sus incesantes elaboraciones culturales. Intuitivamente es reconocido el Espíritu renovador del universo. En espacios andinos teológicamente resaltan obras de María José Caram y de Simón Pedro Arnold.[11]
La convivencia ordinaria se desenvuelve entre un enjambre de creencias, ya sea en poderes amigables y también amenazantes, ya sea en antepasados difuntos que acompañan a los vivos, o bien en diversos protectores que consuelan y reaniman a tanta gente desencantada. Hace décadas el Concilio nos propuso lo siguiente: «guarden y promuevan los bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales, que existen en adeptos de otras religiones».[12] Son propuestas que han sido y continúan siendo como cálidas luces verdes en el tránsito ciudadano.
Este acompañamiento también es constatado en fenómenos devocionales, y en ritualidades con Santos y Santas que provienen de varias matrices culturales. (Ello confronta cualquier ´yo´, o cualquier instancia de ´iglesia´ y ´religión, que se adueña de la salvación). Además, hay testimonios de consuelo y protección brindada por Ángeles y otros seres invisibles (que son bien potentes, al parecer de sus creyentes). Éstas y otras prácticas merecen ser examinadas en sus peculiaridades, y en su menor o mayor contacto con factores cristianos que recalcan la salvación desde Dios y con responsabilidad humana.
La comunidad es convocada a moverse con el Espíritu y a ser portadora de sus frutos en el mundo de hoy. En los bordes y en los umbrales, y en incesantes crisis, la población americana está «apretada pero no aplastada» (Ernestina Lopez en Guatemala). Por eso es sobrepasado el maltrato y la maldad, con comportamientos éticos, y bellas celebraciones. En la liminalidad y en la simbiosis son reconocidas huella del Espíritu. A veces son contactos difusos y plurales con lo sagrado, que conllevan regalos trascendentes.

