

Ensayos
REVENTAR LA MEMORIA: ESTÉTICA DE LA RESISTENCIA Y CONCIENCIA MÍTICA EN SALVADOR MATHEUS
Reventar la memoria: Aesthetics of Resistance and Mythic Consciousness in Salvador Matheus
Cuadernos de Literatura
Universidad Nacional del Nordeste, Argentina
ISSN: 0326-5102
ISSN-e: 2684-0499
Periodicidad: Semestral
núm. 30, e3015, 2026
Recepción: 14/03/2026
Aprobación: 30/07/2026
Resumen: El presente ensayo propone un abordaje crítico de la novela Reventar la memoria (2025) de Salvador Matheus, entendiéndola como una praxis de resistencia estética frente a los discursos de odio y el desarraigo del exilio contemporáneo. A partir de una perspectiva que recupera la “conciencia mítica” y la “vivencia” como ejes de la sensibilidad latinoamericana, se examina el recorrido analítico de la obra desde el exilio que va de Barquisimeto a la Costa del Sol española, donde la polifonía narrativa y la fragmentación del recuerdo operan como una autoridad ética ante la desmemoria institucionalizada. Bajo el amparo teórico de Leonor Arfuch, Carlos Pabón y la noción de la escritura de sí, se explora cómo la novela, al descentrar el relato oficial de la migración mediante el estallido de la memoria y sus voces desterradas, se erige en una insurgencia de la palabra que dignifica la memoria colectiva y la soberanía del sujeto subalterno.
Palabras clave: memoria, identidad, estética, Salvador Matheus, exilio.
Abstract: This essay offers a critical approach to Salvador Matheus’s novel Reventar la memoria (2025), interpreting it as an aesthetic resistance praxis against hate speech and the uprooting of contemporary exile. Drawing on a perspective that recovers “mythic consciousness” and “lived experience” as pillars of Latin American sensitivity, the analytical path of the work is examined from its migratory transit from Barquisimeto to the Spanish Costa del Sol, where narrative polyphony and memory fragmentation function as an ethical authority against institutionalized oblivion. Under the theoretical framework of Leonor Arfuch, Carlos Pabón, and the concept of the writing of the self, we explore how the novel–by decentering the official discourse of migration through the bursting of memory and its exiled voices–stands as a linguistic insurgency that dignifies collective memory and the sovereignty of the subaltern subject.
Keywords: memory, identity, aesthetics, Salvador Matheus, exile.
1. Introducción
Escribir sobre la memoria en Latinoamérica no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto de insurgencia. En un continente donde el olvido suele ser una política de Estado y los discursos de odio intentan clausurar la identidad de los sujetos subalternos –concepto que nos remite a la célebre discusión sobre la subalternidad inaugurada por Antonio Gramsci y continuada por Gayatri Spivak–, la literatura emerge como ese “soberano bien” capaz de restaurar la vivencia ahí donde solo queda el vacío.
La novela Reventar la memoria (2025), de Salvador Matheus, se sitúa precisamente en esa colisión: es un “campo de batalla” donde el recuerdo no se limita a evocar, sino que estalla para denunciar las vicisitudes del exilio y el desarraigo. Como quien rescata un átomo de luz en medio de la penumbra, Matheus recupera la frase de Francisco Massiani: “Y esos latigazos revientan la memoria” (Matheus, 2025, p. 9). Este enunciado no es solo un epígrafe; es la declaración de una estética de la crueldad y la belleza que atraviesa el texto y se erige como una respuesta ética.
Frente a la narrativa que deshumaniza al migrante y lo reduce a una cifra o a una amenaza, la palabra de Matheus devuelve la sensibilidad y la conciencia mítica, permitiendo que el sujeto recupere su derecho a tener una historia, una voz y, sobre todo, una memoria que no sea dócil. Bajo esta premisa, la novela no se limita a narrar el desplazamiento, sino que propone una verdadera “limpieza de la matriz” del recuerdo. Matheus asume la responsabilidad del escritor latinoamericano –esa que ya vislumbrábamos en figuras como Salvador Garmendia– para tallar una prosa que huye del artificio decorativo y se sumerge en las texturas de lo real. Al hacerlo, el autor nos arroja a una experiencia sensorial donde el exilio deja de ser una abstracción política para convertirse en una herida abierta en el lenguaje. Es aquí donde la estética de la crueldad –que dialoga con la tradición transgresora de Antonin Artaud (2002) y la denuncia contemporánea de la violencia patriarcal y social de Rita Segato (2013)– se entrelaza con la ternura de la añoranza, obligando al lector a confrontar las ruinas de una identidad que se resiste a ser borrada por la marea de los discursos de odio contemporáneos.
Asimismo, esta obra debe entenderse como una búsqueda de conciencia mítica en medio de la modernidad fragmentada. Si para los grandes maestros de nuestra América el mito era el fundamento de la realidad, en Reventar la memoria el mito se traslada al ámbito de lo cotidiano y lo privado: el ritual de la partida, el arcano de la palabra que se pierde y se recupera, y la construcción de un imaginario donde lo real y lo irreal confluyen en la psique del migrante. Ante el peso del desarraigo y la precariedad, el narrador lanza una súplica que define su ética frente al mundo: “Déjenme ser libre al menos para escribir” (Matheus, 2025, p. 47).
Para comprender la hondura de esta resistencia, es preciso delimitar el territorio físico y humano en el que se despliega la narrativa de Matheus. Reventar la memoria no es una abstracción del destierro, sino la cartografía de una fractura concreta que se origina en el colapso social de Barquisimeto (Venezuela) y se traslada a la Costa del Sol española, específicamente a localidades como Málaga, Torremolinos, Benalmádena y Arroyo de la Miel. En este escenario de sol y precariedad, la novela articula un juego de espejos a través de una polifonía de voces desgarradas que intentan asir su propia identidad en los márgenes de la migración. El andamiaje del relato se sostiene en la alternancia de dos voces masculinas protagónicas: Andrés, un escritor frustrado atrapado en la parálisis creativa y en la hostilidad de un entorno que le exige mercantilizar su dolor, y Bruno, cuya deriva existencial y búsqueda de sentido reflejan el desarraigo más crudo en suelo extranjero. A ellos se suman las voces y los ecos de Verónica, que encarna el lazo afectivo con la tierra de origen y las pérdidas acumuladas, y de Kate (quien se mimetiza con la mítica “Dorothy” de la novela inserta Mi vecina Dorothy), operando como figuras que catalizan el deseo, la alteridad y el refugio psicológico de los protagonistas ante la hostilidad del exilio.
El vínculo que une a este elenco no es la coincidencia lineal, sino la vecindad del trauma, la búsqueda de una red afectiva en la intemperie y la imperiosa necesidad de rescatar un relato propio frente a la marea del olvido institucionalizado.
A partir de este marco conceptual, el recorrido analítico que adopta este ensayo se estructura en dos grandes ejes explicativos: en primer lugar, se aborda la autoridad ética y estética de la literatura (Pabón, 2015; Weiss, 1981) frente al olvido y la desmemoria institucionalizada, dialogando con las políticas de la memoria (Jelin, 2012) e incorporando las voces subalternas (Gramsci, 1975; Spivak, 1988); en segundo lugar, se examina el espacio biográfico y la polifonía del desarraigo (Arfuch, 2013a; Bitencourt, 2023), analizando cómo la experiencia del exilio transcurre en la Costa del Sol y fija operativamente la metáfora rectora de “reventar la memoria”. Finalmente, se delimitan sintéticamente las coordenadas críticas de la herida y la historia reciente que sustentan la soberanía de la palabra poética.
2. La autoridad ética de la estética frente al olvido
Si la memoria es un campo de batalla, la literatura de Salvador Matheus se erige como una forma de autoridad que no emana de la institución, sino de la propia potencia del lenguaje. Carlos Pabón (2015) plantea que la memoria, cuando se vincula con la violencia, requiere de una “estabilización” que solo la estética puede otorgar sin traicionar la verdad del trauma. Para el autor, existe una dimensión donde la literatura se convierte en el archivo de lo que la historia oficial pretende ignorar, pues la obra de Matheus se vincula con ese registro de la narrativa latinoamericana “que juega a la desestabilización de ritos escriturarios o que realiza un uso desestabilizador de recursos, estéticas y retóricas” (p. 115-116). Esta operación permite que el relato funcione como un “lenguaje, entonces, como actividad, como propuesta de un trabajo que cohesione a estos usuarios primordiales frente a la violencia depredadora” (p. 50), otorgando una coherencia ética al caos del desarraigo.
No obstante, apelar a nociones como “desmemoria institucionalizada” o “historia oficial” exige precisar la política de la memoria que estas categorías presuponen. Como bien advierte Elizabeth Jelin (2021) en sus teorizaciones fundamentales sobre el Cono Sur, la memoria no es un depósito estático, sino un espacio de disputa activa donde intervienen los “emprendedores” o “gestores de la memoria”. Estos agentes sociales y estatales compiten por legitimar, oficializar y administrar un relato único sobre el pasado, excluyendo las vivencias de aquellos sujetos marginados del poder hegemónico. En el contexto del exilio venezolano, esta administración del recuerdo se manifiesta en una doble exclusión: por un lado, la narrativa institucionalizada del Estado de origen que borra activamente la existencia del exilio masivo, y por el otro, la burocracia del país receptor que reduce la complejidad humana del migrante a una mera categoría administrativa o a una amenaza estadística alimentada por discursos de odio contemporáneos.
Es frente a esta doble violencia donde la escritura de Matheus despliega lo que Peter Weiss (1981), en su monumental genealogía, conceptualizó como una estética de la resistencia. Según este autor, la creación artística no es un mero adorno contemplativo, sino un instrumento cognitivo y político que permite al oprimido desmantelar la representación impuesta por sus dominadores. Al “reventar” el silencio, la novela de Matheus asume esta premisa estética, operando como un dispositivo de resistencia donde la fragmentación y la polifonía de los desterrados irrumpen para que el sujeto subalterno –en los términos que Gayatri Spivak (1988) derivara de Antonio Gramsci (1975) para referirse a aquellos desprovistos de una infraestructura discursiva para hacerse escuchar de forma soberana– pueda, finalmente, enunciar su propia historia.
En Reventar la memoria, esta autoridad se manifiesta en la crudeza de su realismo sucio y en la honestidad de sus personajes. Matheus no busca embellecer el exilio, sino reventarlo. Cuando el narrador se enfrenta a la frialdad de la burocracia editorial o al desarraigo cotidiano, la obra nos recuerda que el acto de escribir es, en sí mismo, un derecho humano y una forma de resistencia. Esta tensión alcanza su punto máximo cuando el protagonista confiesa su propia fractura: “Soy un escritor que parece no servir para escribir, a pesar de que es lo único que realmente me apasiona, lo único que amo. Escribir debería ser mi refugio, pero últimamente se ha convertido en un campo de batalla” (Matheus, 2025, p. 29-30). Este conflicto es el que impide que el recuerdo se convierta en una pieza de museo inerte y lo mantiene como una herida viva que exige reconocimiento.
Esta relación entre estética y ética es lo que Pabón define como la capacidad de la obra para “hacer presente la ausencia” (2015, p. 21). En la novela, el personaje de Andrés lidia con los espectros de lo que aún no ha vivido y de lo que dejó atrás, una tensión que refleja la responsabilidad del falsario que mencionábamos anteriormente. Al final de la obra, el cierre del correo y el borrador de la nota “Título: Lo que aún no he vivido” (Matheus, 2025, p. 90) simboliza esa lucha constante por la representación. Por eso Pabón plantea la interrogante: “¿Se puede recordar adecuadamente el acontecimiento traumático de violencia extrema?” (2015, p. 12). Es una insurgencia que, al igual que los personajes de Matheus, prefiere el silencio antes que la claudicación del sentido, pues para el autor, la memoria debe ser un “juicio crítico” (p. 18) que desafíe los discursos de la industria cultural que intentan despojar al sujeto de su propia historia.
3. El espacio biográfico y la polifonía del desarraigo
La arquitectura narrativa de Reventar la memoria no se rinde ante la linealidad cronológica, sino que se organiza como un mapa de afectos, fracturas y desplazamientos geográficos precisos. Esta decisión estética sitúa a la obra de Matheus dentro de lo que Leonor Arfuch (2013a) denomina “el espacio biográfico”, un territorio fronterizo donde la subjetividad se narra a sí misma en constante tensión con la alteridad y el desarraigo.
Para que este análisis adquiera sustento operativo, es indispensable delimitar en primer término la metáfora rectora que da título a la obra y estructura su propuesta estética. ¿Qué significa, en el horizonte de Matheus, “reventar la memoria”? Lejos de constituir una destrucción del recuerdo o una mera apelación nostálgica, “reventar” opera aquí en una doble dimensión dialéctica: por un lado, es la acción de hacer estallar el cerco del silencio y la parálisis burocrática impuesta al migrante; por el otro, es un acto de violencia poética necesario para desarticular (reventar) las estructuras lineales de un relato oficializador que pretende pacificar o mercantilizar el trauma.
Reventar la memoria es, en consecuencia, liberar la vivencia de su captura institucional y editorial, devolviéndole su carácter de herida abierta y fragmentada. Bajo esta perspectiva, la construcción del recuerdo en la obra responde a lo que Arfuch (2013a) define como el “valor memorial, que trae al presente narrativo la rememoración de un pasado, con su carga simbólica y a menudo traumática para la experiencia individual y/o colectiva” (p. 24). De este modo, la memoria en Matheus no es el pasado en sí, sino una elaboración del presente que otorga sentido al exilio. Esta reinvención de la vivencia a través de la ficción encuentra un fecundo asidero teórico en la propuesta de Fagner Bitencourt (2023), quien al analizar los procesos de la escritura de sí y la dimensión autoficcional sostiene que el sujeto que narra no se limita a reproducir de forma documental los hechos de su existencia, sino que opera una “invención de la experiencia”. Esta operación amalgama la crudeza de lo vivido con la necesidad de articular una poética propia que dote de inteligibilidad y soberanía a la memoria del trauma. En Matheus, los personajes no solo recuerdan; inventan y reescriben su experiencia en suelo extranjero como única vía para no ser devorados por la intemperie existencial.
Esta reinvención de la experiencia se produce en una estrecha interdependencia entre el espacio físico y la subjetividad de los personajes. Como bien señala Arfuch (2013b) en su análisis sobre el habitar urbano
pensar la relación entre espacio y subjetividad –la ciudad como autobiografía– también supone esa fluctuación, una temporalidad disyunta de pasados presentes, una trama social y afectiva, configurativa de la propia experiencia, una espacialidad habitada por discontinuidades, tanto físicas como de la memoria (p. 3)
En la novela, esta relación no es un mero decorado de fondo, sino que la geografía de la Costa del Sol española se convierte en la sintaxis misma del conflicto psíquico del desterrado. Localidades como Málaga, Torremolinos, Benalmádena y Arroyo de la Miel dejan de ser destinos turísticos idílicos para erigirse en espacios de la precariedad y el confinamiento existencial. La brisa y el sol andaluz entran en violenta fricción con la oscuridad de las habitaciones de alquiler y la parálisis creativa de Andrés, el escritor cuya subjetividad se mimetiza con la hostilidad del entorno adverso y frío de una industria que lo rechaza. Por su parte, la deriva de Bruno por las calles de Torremolinos y Benalmádena materializa cartográficamente el extravío del migrante que camina sin rumbo, donde cada esquina de la ciudad receptora funciona como un espejo que devuelve, distorsionada, la imagen de la patria perdida en Barquisimeto. El espacio urbano es así una trama de significaciones donde la discontinuidad geográfica se corresponde con la discontinuidad de la psique; la ciudad es el cuerpo material donde el sujeto migrante intenta reconstruirse dolorosamente entre sus ruinas y sus vínculos afectivos.
Al “reventar” la memoria en estos escenarios costeros, Matheus despliega una vivencia del desarraigo que es fundamentalmente lingüística. El uso constante de venezolanismos en persistente fricción con el entorno andaluz refuerza la tesis de Arfuch sobre la importancia del “lugar” en la reconstrucción del yo; aquí, las palabras funcionan como fetiches y marcas territoriales de una patria que sobrevive en la insistencia del decir. Esta “puesta en escena” de la mirada permite que la novela opere como un artefacto de resistencia contra la deshumanización del migrante. Al otorgar entidad biográfica e inserción urbana a personajes que los discursos de odio reducen a una masa informe y deslocalizada, el autor realiza una operación de rescate: la memoria no solo estalla por el dolor del destierro, sino por la fuerza de una verdad subjetiva que reclama su derecho a habitar el espacio y la palabra. Así, la polifonía de voces y espacios se revela como el único camino para dar cuenta de una subjetividad atravesada por la violencia del desplazamiento, pero que, en el acto de narrarse en la Costa del Sol, recupera la soberanía sobre su propia historia.
4. Conclusiones
En virtud de lo analizado, se ha evidenciado que la memoria en la obra de Salvador Matheus no constituye un registro pasivo, sino un acto de insurgencia que habita el exilio desde una conciencia mítica. Mediante el examen del “espacio biográfico” de los personajes y la polifonía de sus voces, se comprende cómo la novela responde a la homogeneización de los discursos de odio contemporáneos. Frente a la deshumanización que reduce la diáspora a una masa informe, la propuesta del autor transforma el trauma del desplazamiento en una interpelación ética donde un coro de fracturas reconstruye una identidad soberana.
La potencia de la prosa de Matheus no solo señala la herida, sino que ilumina las zonas oscuras de nuestra historia reciente. Para evitar las abstracciones de efecto que suelen acechar a los estudios de la memoria es indispensable delimitar estas dos coordenadas críticas. La “herida” a la que apela la novela es de doble naturaleza: la escisión identitaria e íntima del desterrado que se ve fragmentado en su geografía afectiva, y la violencia sistémica de una industria cultural que intenta despojar al migrante de su complejidad para mercantilizar su dolor como un producto exótico y digerible.
Por su parte, la historia reciente que el texto de Matheus desentraña de manera urgente es la del exilio venezolano del siglo XXI –uno de los desplazamientos de población más masivos y complejos de la historia latinoamericana contemporánea– en violenta fricción con el auge de los discursos xenófobos y la precarización laboral y habitacional que reciben al sujeto migrante en la Costa del Sol española. Al situar el análisis en estas tensiones específicas, la propuesta de Matheus trasciende la mera representación pasiva para situarse en una resiliencia creativa. Como señala Mariela Sánchez (2024), “la literatura destaca como medio potente para nombrar, actualizar voces, encarnar una suerte de prosopopeya que presentifique lo perdido y señale ausencias” (p. 102). Así, el texto se erige como el último refugio frente a la deshumanización, restituyéndole al sujeto su lugar en el mundo a través de la palabra artística.
En última instancia, “reventar” la memoria es la única forma de preservarla como un proceso vivo y una responsabilidad compartida. Al violentar el silencio y negarse a la claudicación del sentido, el acto de borrar una nota del manuscrito o de resistir en la intemperie urbana andaluza se vuelve, esencialmente, un ejercicio de dignidad soberana. Este estudio reafirma que, mientras persista la voluntad de narrar la propia ausencia, los discursos que pretenden despojar al individuo de su humanidad habrán fracasado. La literatura de Matheus se consolida como ese territorio inexpugnable donde la escritura es la herramienta definitiva para que el horror del desarraigo no tenga la última palabra, permitiéndonos afirmar, frente al abismo del olvido regulado: todavía estamos aquí.
Referencias bibliográficas
Arfuch, Leonor. (2013a). Memoria y autobiografía: Exploraciones en los límites. Fondo de Cultura Económica.
Arfuch, Leonor. (2013b). La ciudad como autobiografía. Bifurcaciones: Revista de Estudios Culturales Urbanos, (12), 1-14.
Artaud, Antonin. (2002). El teatro y su doble. Editorial Sudamericana.
Bitencourt, Fagner. (2023). A invenção da experiência: a escrita autoficcional de Rubem Fonseca. Editora Dialética.
Gramsci, Antonio. (1975). Cuadernos de la cárcel. Ediciones Era.
Jelin, Elizabeth. (2021). Los trabajos de la memoria. Instituto de Estudios Peruanos / Fondo de Cultura Económica.
Matheus, Salvador. (2025). Reventar la memoria. Arco Secreto Ediciones.
Pabón, Carlos. (2015). De la memoria: Ética, estética y autoridad. En Basile, Teresa (coord.), Literatura y violencia en la narrativa latinoamericana reciente (pp. 11-34). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata.
Sánchez, Mariela. (2024). ¿Poesía al margen? Memoria sobre desplazamientos de españolas hacia la Argentina: El posfacio lírico “Canto a mi madre emigrante”, de María Rosa Iglesias. CELEHIS, 33(47), 97-113. https://tinyurl.com/2atjrum2
Segato, Rita. (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Tinta Limón.
Spivak, Gayatri. (1988). Can the Subaltern Speak? En Nelson, Cary y Grossberg, Lawrence (eds.), Marxism and the Interpretation of Culture (pp. 271-313). University of Illinois Press.
Weiss, Peter. (1981). La estética de la resistencia. Editorial Bruguera.
Notas de autor

