

Editorial
Elecciones y continuidad del cambio
Elections and the Continuation of Change
Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador
ISSN: 1991-3516
ISSN-e: 2520-0526
Periodicidad: Semestral
núm. 139, 2014

En 2009, la elección presidencial representó la disyuntiva entre continuidad o cambio. En contraste, la de este año ha sido la reafirmación del cambio iniciado con la administración de Mauricio Funes. Es decir, significa una síntesis dialéctica: la continuidad del cambio.
Se anunciaba ya en el programa de gobierno y se ha visto confirmado con los anuncios del presidente efecto sobre el futuro gabinete, donde varios altos funcionarios del actual gobierno se mantendrán en ministerios clave. Revisemos, antes de valorar tal escenario y las tendencias previsibles, lo que ha sido esta coyuntura en perspectiva histórica.
1. Significado del momento histórico
Es un recorrido decisivo el que ha realizado el país desde 1994, las primeras elecciones propiamente democráticas de su historia, es decir, con participación de todo el espectro de fuerzas políticas y en condiciones igualitarias. Por quinta vez desde el final de la guerra civil, la ciudadanía era convocada a las urnas para ejercer su soberanía, en el marco del consensuado régimen de democracia representativa, para elegir las máximas autoridades del Ejecutivo. Son veinte años que nos han llevado más allá de la etapa de transición democrática, a la normalización política, en la medida que pudo concretarse la alternancia, y esta recién acaba de confirmarse con el resultado electoral de 2014.
Mientras siguieran ganando las fuerzas políticas de derecha que han venido funcionando como instrumentos de la clase dominante, la democracia era solo hipótesis. Por eso fue determinante el resultado eleccionario de 2009, pues por primera vez la izquierda ganaba la Presidencia. Su victoria electoral fue respetada por sus adversarios políticos y por las instancias de poder real que no están bajo control democrático de la ciudadanía (poder económico, poder mediático, poder eclesiástico, poder académico, poder militar, poder imperial). La transición quedaba concluida. Quedaba pendiente de ser ratificado en 2014.
La voluntad popular se expresó con claridad: aunque por escaso margen, dio un ganador, el mismo que casi se proclama en la primera vuelta. La victoria de la izquierda es decisiva para el proceso, y por ello no es de extrañar el crujido de estructuras, el tono apocalíptico de algunos discursos y la amenazante actitud de ciertos personeros del poder real. Eso envalentonó a la cúpula del partido perdedor, que intentó revertir el dictamen de las urnas. Tras casi dos semanas de discursos incendiarios, insinuaciones golpistas, movilizaciones de calle, exabruptos y recursos legales, por fin la racionalidad y el realismo se impusieron. Se necesita respeto a las reglas de juego, diálogo y concertación para poder enfrentar en conjunto los graves retos que enfrenta la nación. Nadie quiere regresar a un pasado de autoritarismo, imposiciones e inestabilidad. Los extremistas se fueron quedando solos.
De modo que, a la hora del balance, los conatos de rebeldía e insumisión del perdedor no le han restado legitimidad al resultado eleccionario. Por el contrario, ha quedado resaltada la capacidad de imposición de la realidad histórica, marcada por la voluntad democrática y pacífica del pueblo salvadoreño. Su sabiduría se evidenció, no tanto por la distribución de sus preferencias —como se ha dicho—, sino por no haberse hecho eco de los llamados a la desestabilización que —a nombre de su millón y medio de electores— en forma insensata hizo la fórmula perdedora. El pueblo se distanció de tal postura irresponsable y la aisló.
2. Avances democráticos
El padrón electoral ha ido creciendo con el paso del tiempo, siendo mayor en cada evento eleccionario. En el aspecto cuantitativo, esto ha posibilitado que el nuevo presidente electo haya ganado con la mayor cantidad de votos registrada históricamente, lo que sin duda es un elemento de legitimación a consignar. En lo cualitativo, significa incorporar a nuevos segmentos de población juvenil al universo con derecho a participar en la escogitación de las máximas autoridades de la nación. Dada nuestra particular pirámide demográfica, esa renovación generacional que mantiene una inyección de energía juvenil al desempeño de la institucionalidad democrática es muy saludable. Su influencia se ha de hacer sentir y nos debe alejar mentalmente cada vez más del conflicto armado y de la posguerra.
Por el momento aún no ha sido decisiva, y posiblemente la elección de 2014 sea la última marcada todavía por el peso del reciente pasado: las candidaturas principales provenían de carreras políticas desarrolladas en la década del conflicto, Eas cúpulas de los partidos siguen dominadas por elementos provenientes de la guerra, y jóvenes en organizaciones partidarias o en nuevos movimientos de la sociedad civil aparecen aún muy ideologizados y en sintonía con la vieja militancia. En contraste, gran parte de la juventud se ha mostrado pasiva y distante, ajena a la cosa política. Ha venido a engrosar, con su escepticismo, a la masa ausentista. Interesar en la política a los jóvenes y ganarlos para el activismo y el compromiso será tarea y desafío de los partidos políticos, tarea que han de asumir desde ya.
No obstante, la participación en la segunda vuelta ha sido muy alta: ascendió a casi los dos tercios. Importante por haber facilitado a la ciudadanía el ejercicio de sus derechos ha sido el voto residencial, extendido a todo el país. Acercar las urnas al electorado es más que un asunto de simple comodidad; en las áreas rurales puede ser una cuestión de igualdad de condiciones y elemental justicia. De hecho, los datos en alza de participación electoral en la zona rural reflejan el impacto positivo que ha tenido la medida. Se justifica, por tanto, la inversión de recursos, materiales y humanos, que hizo el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para posibilitar la implementación del voto domiciliar, incrementando a 10 mil 545 las juntas receptoras de votos. Le acompañaron los partidos en tal esfuerzo con la movilización, mucho más masiva que en ocasiones anteriores, de integrantes de mesas, vigilantes y colaboradores. El desarrollo de la democracia exige, cada vez más, una auténtica maquinaria partidaria para atender las exigencias que los procesos electorales demandan. Se desprende que sea difícil para nuevas formaciones políticas competir, ya que no es un problema solo de fondos, es sobre todo cuestión de contar con suficientes personas dispuestas a actuar como voluntariado. En eso, el FMLN lleva ventaja.
Otro avance significativo cualitativamente ha sido la implementación del voto en el exterior, aunque su impacto cuantitativo ha sido, en esta primera ocasión, muy bajo. Es de esperar que desde esa experiencia en próximos eventos eleccionarios se faciliten los mecanismos para lograr que un significativo número de compatriotas radicados en el exterior ejerzan el derecho al sufragio. Asimismo ha sido avance democrático la discriminación positiva hacia la comunidad LGTBI, tradicionalmente acosada y marginada de su derecho ciudadano por el machismo y homofobia imperantes en la sociedad. Regular el que antes de abrir los centros electorales ejerzan el voto ha sido eficaz para hacer efectivo su derecho. Igual les han permitido votar antes de la apertura al público a los agentes de la PNC destacados en funciones de seguridad. Los efectivos de la Fuerza Armada han podido acceder en turnos a los centros de votación. Son pasos concretos para democratizar la democracia.
3. Papel del TSE y campaña electoral
Instancias internacionales como la ONU y la OEA, asimismo observadores extranjeros, han coincidido en evaluar muy positivamente la labor del Tribunal Supremo Electoral, que en las dos vueltas electorales demostró un alto grado de profesionalismo y nivel técnico. Es lo que permitió entregar prontamente datos preliminares fiables y ejercer su función de administrar adecuadamente el proceso. Esta positiva valoración se ha visto empeñada por los repetidos reclamos de la derecha, más insistentes en la segunda vuelta, pero que ya se venían expresando desde meses atrás. Se centraron en las funciones jurisdiccionales, en cuanto al TSE le compete actuar como juez, más que en las administrativas. Sobre lo mismo se viene insistiendo en la conveniencia de separar ambas funciones, a manera de “despartidizar” la composición del tribunal para evitar que actúe “como juez y parte”. Sin duda, es algo a discutir. Por ahora, lo que rige es lo dispuesto en los Acuerdos de Paz y lo establecido en el Código Electoral, basado en la vigilancia que mutuamente puedan hacer los partidos políticos. Si la composición fuera por figuras “independientes”, habría que ver Eas garantías de que la presunta independencia de los magistrados sea verídica.
Los señalamientos de parcialidad se centraron en la figura del presidente del TSE, cargo que por haber ganado las elecciones le correspondía ocupar al magistrado propuesto por el FMLN, así como antes lo había tenido el designado por ARENA. Tampoco fue atendida su petición, sin sustento legal, de sustituir al magistrado Walter Araujo por su creciente distanciamiento respecto a su partido. ARENA se quejaba de haber sido repetidamente sancionada por spots considerados de “campaña sucia”, pero lo cierto es que —lejos de ser propositiva como lo era la de su adversario— la suya se centraba en criticar al Gobierno actual y atacar la figura del contrincante. EE presidente Funes arremetió contra el partido opositor, usando el argumento de que él tenía derecho a defenderse y a defender lo hecho por su Gobierno, dado que la oposición había centrado su campaña en criticarlo.
Los reclamos areneros porque el partido de gobierno se apoyaba en la publicidad oficial para complementar su propia propaganda política, es algo que la derecha practicó cuando fue Gobierno y que difícilmente puede ser comprobado legalmente. La derecha se quejaba de tener que enfrentar varias campañas a la vez, pues a la del FMLN se sumaba la de la empresa ALBA, la de ciertos movimientos sociales y la del Gobierno, en especial, la del presidente. Pero ARENA hacía lo propio con campañas paralelas a cargo de ANEP, Cámara de Comercio, FUSADES y movimientos sociales como “los 300” y “medio lleno”.
Diversos personeros de la derecha reconocieron que la campaña efemelenista había sido más profesional y efectiva, más optimista y propositiva. La izquierda hizo derroche de recursos, incluso con más medios que los que tuvo a disposición la derecha. No obstante, ARENA siempre ha puesto trabas a los intentos por regular y limitar el financiamiento de los partidos. Hoy que se vio desbordada por la abundancia de recursos del adversario es que sacó la crítica al despilfarro. La actitud de víctima, truco de perdedores, no procede.
Para la segunda vuelta ha sido la derecha arenera la que recibió ingentes fondos, de desconocida procedencia, con los que sobrepasó al Frente. El desorbitado presupuesto publicitario es antiético y también poco eficaz. Las fuerzas políticas fácilmente rebasan el punto óptimo y sobresaturan, volviendo inefectivas las campañas, que incluso resultan contraproducentes. Es algo a valorar, que podría suscitar consenso para limitar por ley los tiempos y los montos de la publicidad electoral. Fuera muy saludable.
4. Derecha dividida
Era el dato de la realidad más relevante a la hora de intentar predecir las posibilidades del escenario que se presentaba en el proceso eleccionario del presente año: era la derecha la que esta vez llegaba dividida, a raíz de la expulsión a fines de 2009 del ex-presidente Saca de ARENA, la fundación de GANA y la conformación de la coalición Unidad, mientras la izquierda aparecía unida y sin controversias internas de importancia.
En segundo lugar, otro hecho de la realidad a tomar en cuenta era la valoración positiva del gobierno “del cambio” y la alta puntuación obtenida por el presidente Mauricio Funes en las encuestas. Podía favorecer mucho al FMLN en sus aspiraciones de reeditar el triunfo electoral de 2009, sobre todo en la medida que el distanciamiento y los roces entre el mandatario y el partido se superasen en el marco de la contienda electoral. Es lo que ocurrió una vez los amigos de Funes —por potenciar una formación política propia— no despegaron y la campaña arenera comenzó a centrarse en atacar el presunto “desastre del primer Gobierno del FMLN”. Esto terminó por decantar al presidente, que inspirándose en la máxima de que “la mejor defensa es el ataque”, se lanzó a una eficaz y contundente campaña contra el partido opositor, desvelando casos de corrupción de los ex-funcionarios areneros. El más impactante fue el de Francisco Flores, ex-presidente de la República y principal asesor de la campaña del candidato Norman Quijano.
El asesor resultó ser el mayor punto débil de la campaña arenera, la cual de entrada ya tenía otro: la mediocridad del candidato. Falto de carisma y de trayectoria, este no gozaba de aceptación plena entre las bases del partido ni entre los distintos grupos de poder que disputan a su interior el rumbo y la conducción. Todo esto se reflejó en la tibieza de los apoyos y en el resultado de la primera vuelta, que estuvo cerca de dar directamente el gane a los candidatos del Frente. No obstante, factor principal de la coyuntura del 2 de febrero fue la división de la derecha. Contrario a lo que opina Joaquín Villalobos, el país sigue siendo conservador. Al sumar los sufragios obtenidos por ARENA a los de Unidad (coalición de tres partidos conservadores), más los de dos partidos derechistas formados para la ocasión, se mira que el bloque de derecha aglutinaba más sufragios que el FMLN. El voto conservador aventajaba al progresista. Pero, por primera vez, aparecía dividido.
Por ello, lo ajustado del resultado en la segunda vuelta no debiera haber sido sorpresa, pues la nación aparece escindida ideológicamente en dos mitades. Pero las encuestas tras la primera ronda mostraron que la brecha se ensanchaba, y esto dio pie al triunfalismo de la izquierda y a la posterior lectura de “remontada épica” que ha hecho la derecha. Los medios conservadores subrayaron la sorprendente recuperación y se preguntaron: ¿cómo hizo ARENA para agregar más de 400 mil votos a su resultado de febrero?
Debe recordarse: meses antes de la elección, todos los sondeos de opinión daban como ganador al doctor Norman Quijano en una eventual segunda vuelta contra el profesor Sánchez Cerén. Por eso, la pregunta debería ser otra: ¿cómo hizo el FMLN para invalidar este pronóstico desfavorable, desmentir que hubiese alcanzado su techo electoral el 2 de febrero y atraer cerca de 200 mil votantes extra para la segunda vuelta del 9 de marzo? ¿Cómo fue posible, a pesar de la ofensiva propagandística de la derecha con el tema Venezuela y la débil respuesta efemelenista durante marzo? Es señal de que el FMLN ha logrado atraer sectores desencantados con la derecha, los que hicieron la diferencia.
5. Izquierda ampliada
No solamente hay que valorar los errores y debilidades de la derecha para analizar su “no gane”. Entre las claves para comprender la derrota arenera están las cosas que hizo bien el FMLN. Su estrategia de diálogo amplio y de atracción de sectores logró fuerte impacto en la opinión pública. Por ejemplo, el Pacto Nacional por el Café, donde el anfitrión fue Antonio SaEaverría, ex-presidente del COENA, cuya iniciativa fue ahora boicoteada por su propio partido; también haber sabido atraer empresarios y ex-directivos de gremiales del sector privado, aliados fieles a lo largo de la campaña; asimismo, intelectuales y sectores de clase media que despuntaron en movimientos sociales de apoyo.
Son realidades que venían a desmentir el discurso de la derecha que quisiera presentar a una izquierda dura, dogmática y sectaria que apenas habría cambiado desde los tiempos de la guerra. Así lo hace el analista Joaquín Villalobos, ex-comandante guerrillero, ahora vinculado a la democracia cristiana y a la candidatura de Tony Saca. La verdad es que quien apenas evolucionó es la derecha. Tampoco lo hizo la derecha cristianodemócrata, que mantiene el mismo discurso “contra la polarización” y pretende ser alternativa “ante las extremas”, casi igual como lo viene formulando desde los tiempos de Duarte, hace 30 años. La eterna debilidad del centro político no es fruto de una maquiavélica estrategia de ARENA para polarizar a fin de ganar fácilmente a un extremista FMLN; es más bien resultado de los propios errores de la dirigencia política que se define centrista y de la estructurar exclusión social que objetivamente agudiza las contradicciones de clase.
Clave en la actual coyuntura ha sido la estrategia efemelenista de atracción de las masas campesinas. Ahí tenía ARENA su fortaleza electoral principal, su base social más amplia. Le había sido leal desde 1989, cuando Alfredo Cristiani ganó la Presidencia. Este empezó a parcelar y a repartir tierras de Eas cooperativas de la reforma agraria entre sus socios, a fin de desmontarla desde su base. La derecha supo explotar las debilidades ideológicas del campesinado, las malas experiencias de ciertas cooperativas agrarias, el generalizado deseo del campesino de ser propietario de su parcela y su desconfianza hacia las formas de propiedad social: “Comunitarismo y comunismo es lo mismo”, afirmaba en su época d´Aubuissson… “Los demócrata cristianos son como las sandías —decía el mayor—, verdes por fuera pero rojos por dentro”. Atacando a la democracia cristiana y sus reformas, ARENA atacaba, simultáneamente, a la izquierda. Eso caló hondo durante un cuarto de siglo.
De ahí la magnitud del éxito de la política agraria del FMLN, que utilizó su primer período de gobierno para socavar el predominio histórico de la derecha en el área rural y lograr el apoyo de los sectores vinculados al agro. Es un triunfo estratégico, difícilmente reversible. Fue consecuencia del abandono en que ARENA dejó a la agricultura por veinte años y del accionar gubernamental junto a las empresas ALBA, que apoyan decisivamente al sector agropecuario. En los últimos cinco años, el campesinado ha sentido un alivio a su precaria situación, el país ha dejado de ser importador neto de alimentos, hoy exportamos granos básicos y vamos camino de alcanzar la seguridad alimentaria.
Lo ejemplar de estos logros es que el FMLN los ha obtenido en buena lid. No gobernó en función de sus votantes (mayoritariamente de capas medias urbanas), sino a favor de “los más pobres entre los pobres”. Es decir, honró sus promesas de campaña. Contrario a lo teorizado por Maquiavelo, el FMLN ha demostrado que no necesariamente la ética está reñida con la política. Por el contrario, la ética puede dar buenos réditos políticos.
6. Escenario pos-electoral
El costo de esta exitosa transformación del FMLN (que en solo un quinquenio ha logrado cambiar su anterior perfil de partido urbano de clase media, obteniendo la preponderancia rural sobre su adversario político, tal como acabamos de describir) es el debilitamiento de la influencia efemelenista sobre las capas medias. Traducido en geografía electoral: gane decisivo en el departamento de San Miguel y regiones rurales del interior del país, pérdida significativa en la ciudad capital y varios municipios del área metropolitana. Consecuencia de la definición de prioridades —y en eso consiste en buena medida el quehacer político, en fijar prioridades—, era algo prácticamente inevitable. Ha sido el costo a pagar.
La decisión se aprecia correcta, no únicamente por razones éticas y de justicia social —es decir, priorizar a los más pobres y necesitados al momento de desarrollar políticas desde el Gobierno—, sino también desde el punto de vista político. Mientras el daño causado a los intereses de la derecha arenera puede ser definitivo, en cambio, los perjuicios derivados para la izquierda efemelenista son subsanables. Arrebatándole el control político del agro, privándole a ARENA este carácter paradójico de ser el partido de los pobres al tiempo que es el partido de los ricos, anulando la base clasista del proyecto seudo-fascista de lanzar las clases trabajadoras del campo contra las clases trabajadoras de la ciudad, rompiendo la oposición campesinado versus clase obrera (la contradicción campo-ciudad) se le ha quebrado el espinazo a esta derecha con señas de identidad fascistas, por nacimiento, por vocación y prácticas neoliberales. Con la columna vertebral rota, se le descontrolan sus extremidades sociales separadas de la cabeza. Entra así a una fatal crisis de identidad.
De las tres preguntas clásicas, en estos momentos ARENA solo tiene claro de dónde viene. No tiene respuesta unificada al cuestionamiento sobre quién es y adónde quiere ir. Por esto, el recurso extraordinario a un congreso —figura que ni siquiera está contemplada en sus estatutos, órganos de mando y normas de funcionamiento— difícilmente puede solucionar el problema de fondo. Este va mucho más allá que pasar factura por la derrota, reestructurar el COENA o dotarse de una táctica ganadora para las elecciones legislativas y municipales del año entrante. El problema es que su tiempo ya pasó, la crisis que había al ser fundada ARENA ya no existe, el país ya no es el mismo y la izquierda que enfrenta también ha cambiado. Por ello, luce confusa y desorientada, falta de coordenadas para ubicar su propia posición. En este contexto, pudieran surgir nuevas identidades de derecha.
Es un momento histórico que bien puede aprovechar la izquierda. En primer lugar, si traza metas claras para el 2015, tal como acaba de hacer, fijándose la recuperación de las alcaldías de San Salvador y municipios aledaños como prioridad inmediata. En segundo, una política de atracción de las capas medias, afectadas por la crisis económica actual, necesitadas de medidas de alivio y de confianza en que no va a seguir deteriorándose su poder adquisitivo. En tercer término, diálogo y concertación con el movimiento social y organizaciones de la sociedad civil para empoderar a las mayorías populares. Por último, abrir canales de diálogo y negociación con los empresarios, las gremiales tradicionales y otras instancias. El Gobierno debe diversificar su relación con la iniciativa privada para no caer rehén de unos dirigentes empresariales atornillados en sus puestos, de dudosa representatividad, con filiación partidaria y claramente ideologizados. Las condiciones de confianza y apertura son exigibles para ambas partes. Pasada la tormenta electoral, el cielo luce hoy despejado y se avizora un mejor tiempo para la travesía que aguarda. Pese a los escollos y desafíos, la nave ha enderezado el rumbo y avanza serena.
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