

Reseñas
Ignacio Ellacuría. Fraternidad solidaria, de Marcela Brito
Ignacio Ellacuría. Fraternidad solidaria, by Marcela Brito
Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador
ISSN: 1991-3516
ISSN-e: 2520-0526
Periodicidad: Semestral
núm. 168, 2026
Recepción: 03 febrero 2026
Aprobación: 25 mayo 2026
Publicación: 20 julio 2026
Ignacio Ellacuría. Fraternidad solidaria forma parte de “Rostros de la Filosofía Iberoamericana y del Caribe”, una colección del sello editorial Herder dirigida por el filósofo chileno Ricardo Espinoza Lolas. Se trata de una publicación orientada a mostrar la figura —humanista e intelectual— de Ignacio Ellacuría, esto es, un libro de difusión, pero sin perder la formalidad y exigencia de un trabajo académico lo que se demuestra a lo largo de la obra. En otras palabras, este libro expone y fundamenta —la base de argumentos y de un conocimiento de la obra o corpus ellacuriano— la potencialidad del filósofo vasco-salvadoreño. En esa línea, el libro está escrito con una claridad que, sin duda, representa una puerta de entrada para quienes no han tenido oportunidad de leer y, en consecuencia, conocer las ideas filosóficas del padre Ellacuría.
Desde la introducción, su autora, Marcela Brito, propone atrapar al lector exponiendo la vida y obra del filósofo, no sólo su rostro intelectual, que como se sabe es atrayente y capaz de nublar u oscurecer sus otras dimensiones: la del humanista y la del político. Aunque, ciertamente, como señala Brito, no se puede desvincular filosofía y política y menos en la figura de Ignacio Ellacuría. En palabras de autora: “la politicidad es un elemento intrínseco al filosofar, a lo académico, lo personal, lo social, lo religioso, entre otras dimensiones que configuran nuestro mundo” (Brito, 2022, p. 33) En ese sentido, ya en las primeras páginas Marcela Brito deja claro el itinerario ético, político e intelectual de Ellacuría, expone quiénes fueron sus maestros y cómo fue el vínculo con la realidad injusta que padecía El Salvador. Se presenta cómo el filósofo se dejó impregnar por la compasión y cómo desde esa afectación propuso un proyecto utópico de civilización de la pobreza, no como apología de la miseria o pauperización de la humanidad, sino como el posicionamiento de una alternativa humanista, de ahí que se trate de una civilización de la austeridad, del trabajo, una nueva forma de vida desde modelos comunitarios y justos. Todo ello a partir de los protagonistas de la historia y sujetos de salvación: las mayorías empobrecidas, oprimidas, victimadas por la violencia estructural.
Un elemento para resaltar —de suma relevancia para entender el impacto de Ellacuría en la historia salvadoreña— es cómo el filósofo entendió a los pobres: “todos aquellos individuos y colectivos que padecen la carencia de posibilidades para desarrollar su vida de forma autónoma y plena” (Brito, 2022, p. 25). Y es importante en tanto que es una condición sine qua non para entender su legado, su proyecto utópico de una civilización de la pobreza, que en la actualidad posee una vigencia irrefutable. Es importante para desenmascarar, para contrastar, escudriñar constantemente, esta realidad constituida por muchos males.
Otro elemento adicional del cual también la autora da cuenta en la introducción y, en consecuencia, en esta aproximación a Ellacuría, es que el peso de su figura no se agota en el ámbito académico e intelectual, esto es, lo filosófico, teológico y universitario; sino que también guarda enorme relevancia para El Salvador, su país. Y es que su praxis política propició una propuesta de diálogo para brindar una salida racional a la guerra civil salvadoreña, una propuesta que lejos de albergar a los polos políticos, se orientó a la construcción de la paz (la llamada tercera fuerza: ni un muerto más). Su aporte a la paz fue teórico, ético y martirial: él, junto a Julia Elba, Celina y sus compañeros jesuitas. En síntesis, su vocación, su compasión, su obra, su criticidad, su honestidad y su proyecto de civilización son sin duda un legado para la filosofía, para la universidad y para el país.
El libro está integrado por tres capítulos y un epílogo. Parte de la idea de filosofía de Ignacio Ellacuría; es decir, plantea cuál es su objeto filosófico (la realidad histórica), hasta explicar el proyecto utópico: su apuesta ética para transformar la realidad injusta de El Salvador y de la sociedad contemporánea. A continuación, se señalarán, de manera sucinta, algunos de los aspectos que resultan más interesantes.
En el capítulo uno, “La idea de filosofía de Ignacio Ellacuría”, la autora hace un aporte respecto a cuál es la idea de filosofía de Ellacuría, en esa línea, deja bastante clara esa forma de filosofar, ese saber filosófico. Es indispensable mencionar la triple orientación que posee esa idea de filosofía: se trata de una forma de saber, un modo de vivir y una actividad que orienta al mundo y la vida. De ahí entonces que, tal como lo afirma Marcela Brito, se caracterice por su intrínseca politicidad (Brito, 2022, p. 40). La forma filosófica de saber, según nos expone Brito, para el Padre Ellacuría radica en lo metafísico como forma primaria y fundamental de aproximación a lo real en cuanto real. La metafísica, pues, la entiende “como filosofía primera porque se ocupa de ese objeto omniabarcante, que involucra todas las dimensiones de lo real: naturaleza, historia, ser humano, sociedad, cultura, etcétera, conservando su diversidad y especificidad, comprendiéndolas a la luz de este objeto” (Brito, 2022, p. 44).
La segunda orientación, la filosofía como forma de vida se puede resumir en dos elementos: primero, el conocimiento de la verdad transforma. Es decir, ese enfrentamiento con la totalidad de las cosas, propias del acto de filosofar, es una transformación personal y comunitaria. Segundo, ese conocimiento de la verdad surge de una forma peculiar, surge de la soledad radical, pero no la soledad que impulsa el capitalismo que, parafraseando a Brito, no nace de la aceleración del ritmo de vida actual, sino de una disposición filosófica. No se trata de huir de las cosas; lejos de eso, se trata de una preocupación genuina respecto al mundo que lo rodea. Se trata, pues, de una soledad que recoge el entorno, que escucha, que medita, una soledad que permite apartarse, pero sin desarraigarse de la realidad. De ahí entonces que el saber filosófico no se trate de una falsa pose o postureo, sino de una disposición hacia el encuentro de la verdad, una vida crítica, una forma de ser.
La última orientación está relacionada a la actividad que guía al mundo y a la vida que, para el caso de nuestro filósofo, se trata de una actividad política liberadora cuyo centro son los pobres, los débiles, las víctimas. Resulta pertinente destacar el carácter histórico y ético del ejercicio filosófico: el desde dónde se piensa y el para quién. Según Marcela Brito:
La filosofía nunca puede ser neutral. Aún más, la pretensión de neutralidad es la más peligrosa de las trampas, porque nunca hay un cuestionamiento sobre el desde dónde y el para quién se filosofa y, en consecuencia, tampoco puede haber transformación verdadera de la realidad para que esta dé más de sí. (2022, p. 53)
En el segundo capítulo, “La realidad histórica como objeto filosófico”, se presenta la fundamentación de todo el proyecto filosófico de Ellacuría. En estas páginas la autora expone que la actividad intelectual de Ellacuría nunca estuvo desconectada de lo político, ni de lo teológico ni de lo universitario. En este capítulo se nos exhibe todo el aparato teórico con el que Ellacuría fundamenta su propuesta de civilización de la pobreza. En esa línea, el capítulo da cuenta de los requisitos o condiciones que Ellacuría procuró para su actividad intelectual; asimismo, explica los postulados que explicitan qué es la realidad histórica, así como las dimensiones de dicha realidad: física (materia, espacio, tiempo y vida) y trascendental (transmisión, tradición, posibilitación y praxis histórica).
En el tercer y último capítulo, “Nuestra altura histórica actual: mayorías populares y signo de los tiempos”, se expone una serie de conceptos y categorías. A su vez, la autora dialoga a partir de las luces que ofrece la reflexión ellacuriana para comprender nuestro tiempo. Y es que para interpretar el proyecto de liberación que propone Ellacuría es fundamental entender su definición de “civilización de la pobreza” y la de “signos de los tiempos” (Brito, 2022, p. 119). Es en la realidad de los pobres donde Ellacuría sitúa “la más reveladora, densa y universal” expresión del signo de los tiempos (Brito, 2022, p. 120). Y es así en tanto se caracteriza por “el predominio de la injusticia sobre la justicia, de la opresión sobre la libertad, de la indigencia sobre la abundancia, en definitiva, del mal sobre el bien” (Brito, 2022, p. 120) Otras categorías importantes que se desarrollan en este capítulo son: “mayorías populares” o “pueblo crucificado” (Brito, 2022, p. 123), la estructura dinámica del mal (mal metafísico), civilización del capital, civilización de la pobreza y liberación del pecado, de la muerte y de la ley.
Siguiendo las ideas que nos presenta la autora, es interesante destacar que erradicar esa maldad histórica, producida por el sistema capitalista, supone:
Negar, en un ambiente de diálogo y con espíritu de superación, el germen de esa forma de vida, desde la negatividad que representan los crucificados de este mundo, convirtiéndola en principio positivo desde la acción de las personas y colectivos comprometidos con la intolerancia frente al mal. (Brito, 2022, p. 134)
En otros términos, implica una forma de vida distinta, otro orden histórico, en definitiva, otra civilización cuyo horizonte de realización sea universal.
A modo de conclusión, Ignacio Ellacuría. Fraternidad solidaria da cuenta del proyecto utópico y del carácter abierto y dinámico de la realidad histórica que postuló el filósofo vasco-salvadoreño. Al inicio del texto, en el prólogo, Ricardo Espinoza Lolas nos plantea algunas preguntas que merece la pena su transcripción en tanto que pueden orientar su lectura y, además, invitan a seguir reflexionando más allá del libro: ¿Por qué una fraternidad solidaria para esta época? ¿Es posible ser fraternal y solidario con él cuando nuestra vida es radicalmente egoísta y demandada por mil cosas cotidianas?
Sin lugar a duda, este título responde a esas preguntas y, a su vez, nos plantea un desafío y ahí es donde radica, a mi entender, la relevancia de este libro y, por supuesto, de Ellacuría. Y es que como señala su autora, la crítica a la civilización del capital y la compresión de la realidad histórica no nos conduce a una lectura fatalista, determinista o teleológica, sino que nos abre la puerta para reflexionar sobre los signos de los tiempos, pensar sobre la realidad más reveladora: los pobres, las víctimas. Como lo afirma la autora, la obra de Ellacuría:
Nos ilumina para que en la actualidad podamos leer los signos de los tiempos no para esperar ingenuamente a que la historia llegue a un pretendido final reconciliatorio (como la lectura soviética del materialismo dialéctico), sino para que, ateniéndonos a estos signos, podamos determinar cuáles son las praxis más adecuadas que nos permitan responder al clamor de la realidad a fin de liberarla y realizarla de cara al bien mayor. (Brito, 2022, p. 26)
¿Es posible ser fraternal y solidario en la realidad actual? Sí. Este libro invita a comprender y a considerar un posible camino: el de la honradez con la realidad (que supone estar situado), el compromiso esperanzado para construir colectiva y comunitariamente un futuro distinto. El camino del “discernimiento”, animado por el espíritu de solidaridad y el servicio. Ese ejercicio de discernir permite dilucidar quiénes son las víctimas, quiénes son las personas que sufren y quiénes son sus perpetradores, sus opresores, así sean estructuras (instituciones). A su vez, aclara que no se puede contar con recetas para la construcción de una nueva civilización en tanto que la realidad histórica es abierta. Lo propio del compromiso con la verdad y con la liberación es tener criterios frente a las soluciones fáciles. Se trata, pues, de hacernos cargo, cargar con y encargarnos de la realidad.
Frente a la civilización del capital, Ellacuría propone actuar desde el horizonte de las mayorías populares. De ahí entonces que su filosofía constituya un aporte relevante para analizar de forma crítica, creativa y propositiva la realidad histórica de El Salvador y de la región. Ahora bien, esa forma de actuar frente a la injusticia supone prestar atención a lo comunitario y estructural: “sin el otro y sin los lazos de fraternidad solidaria muy difícilmente podremos realizar cambios suficientes para echar a andar la historia por un rumbo distinto” (Brito, 2022, p. 144). Ciertamente, el cambio individual es menester, pero es insuficiente sin el encuentro colectivo.
Referencias
Brito, M. (2022). Ignacio Ellacuría. Fraternidad solidaria. Herder.
Enlace alternativo
https://revistas.uca.edu.sv/realidad/article/view/12443/13714 (pdf)

