

Reseñas
Filosofía de la Inteligencia Artificial, de Carlos Madrid Casado
Filosofía de la Inteligencia Artificial, by Carlos Madrid Casado
Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador
ISSN: 1991-3516
ISSN-e: 2520-0526
Periodicidad: Semestral
núm. 168, 2026
Recepción: 03 febrero 2026
Aprobación: 25 mayo 2026
Publicación: 20 julio 2026
Todo el mundo tiene una opinión sobre la inteligencia artificial (a partir de ahora, IA). Contamos con la de los profesionales involucrados en su desarrollo y comercialización: científicos, ingenieros, programadores y diseñadores; a veces, gozan de mayor visibilidad las posturas expresadas por magnates de la talla de Sam Altman (OpenAI) o Elon Musk (xAI). El impacto previsto (real o imaginado) para los desarrollos de la IA también provoca reacciones por parte de expertos (y oportunistas) de ámbitos ajenos al tecnológico (Yuval Noah Harari, autor e historiador; el fallecido Stephen Hawking, físico y autor; docenas y docenas de youtubers, tiktokers, etc., etc.); ONG como Humanity+, así como gobiernos y organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Unión Europea o la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Cultura y la Educación (UNESCO, por sus siglas en inglés) han lanzado normativas sobre “la ética de la IA”.
La diversidad de opiniones converge en una especie de escatología tecno-futurista. Muchos aseguran que, sin perjuicio de las aplicaciones limitadas de la IA, circunscritas a tareas específicas con las que llevamos conviviendo por algún tiempo, aún no hemos visto nada: la Revelación caerá sobre nosotros cuando por fin alcancemos el desarrollo de la Inteligencia Artificial General (AGI, por sus siglas en inglés). La llegada de la AGI suele ser planteada como la solución a todos los problemas históricos de la humanidad o como el problema de todos los problemas, con el potencial de ser el fin de la raza humana. Ante un maremoto tan confuso de informaciones, opiniones y premoniciones, la perplejidad del lector es más que comprensible.
En este contexto saturado de publicaciones en torno a la IA, Carlos Madrid Casado, licenciado en Matemáticas y doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, ofrece, en su opúsculo Filosofía de la Inteligencia Artificial, publicado en Oviedo por Pentalfa Ediciones, una crítica filosófica de lo que denomina “el mito de la IA”. La plataforma que sostiene la crítica de Madrid Casado es el sistema del Materialismo Filosófico elaborado principalmente por el filósofo español Gustavo Bueno. Madrid Casado toma la IA como una especie del género de las instituciones (donde encontramos también a las ciencias, las artes, los clubes, regímenes políticos, etc.), con lo le reconoce su naturaleza procesual, cultural e histórica. De ahí que el complejo de sujetos operatorios, técnicas y aplicaciones constitutivos de la IA esté envuelto en una nebulosa de ideas, mitos y conceptos. El análisis de Madrid Casado parte de la disociación analítica de aquel momento tecnológico de este momento nematológico. La nematología que envuelve (consciente o inconscientemente) a los mismos agentes que desarrollan la IA, y a toda persona u organización que reacciona a ella, puede llegar a enturbiar el escrutinio de sus alcances reales. Para desenredar el embrollo de un fenómeno multidimensional como la IA es necesario que ambos momentos, nematológico y tecnológico, se rectifiquen mutuamente (por no decir, dialécticamente). Siguiendo el método “académico” (de estripe platónica) de Gustavo Bueno, Madrid Casado divide su presentación en tres grandes partes: Gnoseología, Ontología y Ética de la IA.
A propósito de la definición de la IA que nos proporciona la RAE (que la incluye entre las disciplinas científicas), la sección gnoseológica de nuestra obra arroja luz sobre los múltiples saberes que encontramos en torno al origen y la estructura de la IA, planteando la cuestión de si ésta es una ciencia, una técnica o una tecnología. Madrid Casado parte de una reconstrucción del curso histórico de la IA, pasando revista a las sucesivas definiciones que se desprenden de las reflexiones y los enunciados de los agentes que la han desarrollado. El recorrido arranca desde la Conferencia de Dartmouth de 1956, donde acontece la presentación en sociedad de la etiqueta “inteligencia artificial” (acreditada al prominente informático estadounidense John McCarthy), hasta pasar llegar a los desarrollos más recientes, como el aprendizaje automático (machine learning) y el aprendizaje a través de la implementación de redes neuronales profundas (deep learning). A lo largo de este repaso abundan las referencias a las contribuciones de Alan Turing. A pesar de las décadas de desarrollo tecnológico e institucional que nos separan de la época del matemático y lógico británico, su método para determinar si una máquina es capaz de “demostrar inteligencia humana” (la célebre prueba o test de Turing) sigue siendo clave en las definiciones de la IA. Más allá de que autores contemporáneos como Stuart Russell o Peter Norvig (autores de Artificial Intelligence: A Modern Aproach[1]) la definan como una ciencia cuyo campo sería universal, Madrid Casado encuentra que el fin que hace posible el cierre de las operaciones de los profesionales de la IA es la construcción de máquinas capaces de superar la prueba de Turing. Este reconocimiento sería suficiente para concluir que la IA no es una ciencia (ya que, para el materialismo gnoseológico, estas se caracterizan por la construcción de verdades a partir de la neutralización o segregación de las operaciones de los sujetos). Desde las coordenadas materialistas de Madrid Casado, la IA no puede rebasar el estatuto de una tecnología. Más precisamente: “La IA determina un dominio tecnológico en el que (...) se solapan diversas categorías (matemáticas, estadística, física, biología y así sucesivamente). Y si la IA no es una ciencia (episteme) sino una tecnología, esto es, un arte o técnica (ars o tekhné) pasada por las ciencias, su guía a la hora de intervenir en el mundo (...) no es tanto la verdad como la prudencia (phrónesis)” (Madrid Casado, 2024, p. 37).
Madrid Casado se desplaza al análisis ontológico del sintagma “inteligencia artificial”. Las consecuencias serán críticas para las dimensiones apocalípticas del mito que envuelve a la IA, pues este análisis apunta a la trituración de la idea de la Inteligencia Artificial General. La AGI es una variedad hipotética de inteligencia artificial definida por la superación del nivel humano de inteligencia y que rebasaría la circunscripción a tareas específicas que caracteriza a la IA realmente existente de nuestros días. Para el análisis crítico materialista de Madrid Casado, la hipótesis de la AGI adolece de problemas genéticos ya que, como nos dice nuestro autor: “La IA no es, en puridad, inteligencia ni artificial” (Madrid Casado, 2024, p. 151).
El concepto de inteligencia ejercitado en la filosofía espontánea de los profesionales de la IA es un concepto algorítmico y puramente formal (es decir, construido a partir de la marginación de sus materiales, cuando estos son, en rigor, disociables, pero nunca separables de toda inteligencia). Al ser algorítmica, la IA puede obtener resultados sorprendentes en las modalidades deductiva (como la antigua IA simbólica) e inductiva (como en el caso de los modelos extensos de lenguaje (LLM, en inglés), encabezados por ChatGPT) del razonamiento, pero se topan irremediablemente contra el muro de la modulación abductiva. La abducción es un procedimiento contextual, situacional, dependiente del canon marcado por la morfología elemental de la individualidad corpórea humana (que el materialismo filosófico indica con el término de sujeto corpóreo operatorio). Esto entrelaza directamente con el rechazo de la partícula “artificial”. Esta ha sido construida a partir de su contraposición a la inteligencia humana, que se postula como “natural”. Sin embargo, el rol esencial, canónico, de la corporeidad humana en la inteligencia implica la externalización necesaria de la racionalidad del sujeto en ingenios objetivos que trascienden a los individuos. Hablamos de la externalización de la inteligencia en artefactos y, sobre todo, en instituciones:
Entonces, resulta que la inteligencia humana, que suele calificarse de natural (como si estuviera en los genes), es ella misma artificial, dependiente del contexto social, cultural e histórico, habiendo tanta “inteligencia artificial” en una mesa, un teorema matemático, en una sonata... como en ChatGPT (Madrid Casado, 2024, pp. 151-152).
La tercera parte, rotulada “Ética de la Inteligencia Artificial”, establece que el uso de frases como esta encubre la intersección confusionista de tres planos que el sistema del Materialismo Filosófico prescribe tratar por separado, a saber: más que de “ética de la IA”, conviene distinguir entre ética, moral y política de la IA. La confusión de estos planos no es exclusiva de la filosofía espontánea de la IA. Madrid Casado también la rastrea en la normativa para una “IA ética” de la Unión Europea, así como en propuestas similares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la UNESCO y el Instituto del Futuro de la Vida (FLI, por sus siglas en inglés)[2] . El análisis de estas guías éticas constata que, aunque sea común la mención de principios como transparencia, justicia, equidad, no maleficencia, responsabilidad y privacidad, es patente la falta de una visión integrada, unívoca y compartida por todos. Es más, aunque la mayoría de las normativas adopte la retórica de la Declaración de Derechos Humanos, la concatenación de las partículas “ética” e “IA” es análoga a la concatenación de “verde” y “minería”.
La fraseología eticista es esperable si tenemos en cuenta que todas estas normativas están determinadas por las circunstancias sociales, económicas e históricas de cada sociedad política: “Con otras palabras: no se puede hablar de ‘ética de la IA’ sin hablar de (geo)política de la IA o, por mejor decir, sin hablar de la dialéctica de Estados e Imperios con relación a esta tecnología” (Madrid Casado, 2024, p. 142). Uno de los resultados principales de la exposición de la tecnoética (sumada a las de la tecnomoral y la tecnopolítica) materialista con la que nuestro autor abre esta tercera parte es la recomendación de no concebir a los sistemas con IA como sujetos políticos (ni siquiera es apropiado ver en ellos sujetos éticos ni morales). Esto pone de relieve que siempre encontraremos, detrás de los momentos tecnológico y nematológico de la IA, grupos respaldados (por no decir, financiados) por compañías empresariales y/o Estados (a quienes hay que reconocer como los verdaderos sujetos éticos, morales y políticos). Frente al mito de la IA como una tecnología meramente formal o como “tecnología limpia”, hay que mantener presente su pronunciada dependencia de infraestructuras físicas que promueven, por ejemplo, el enfrentamiento de China y Estados Unidos por el dominio de la explotación de recursos materiales como la energía o el litio necesario para las baterías de los dispositivos. La rama política del materialismo filosófico insiste, a contrapelo de la armonía preestablecida en el desarrollo del capitalismo que presuponen las élites globalistas y tecno-futuristas, en que: “no existe el sistema capitalista, un único sistema capitalista, sino múltiples sistemas capitalistas en symploké, formando una pluralidad discontinua. Por la dialéctica de Estados, los diferentes sistemas capitalistas no están acompasados, en sintonía, sino en lucha unos con otros” (Madrid Casado, p. 145).
La obra cierra con un análisis del entronque de la nematología de la IA con la del transhumanismo. Destacan las apelaciones de ambas al fundamentalismo científico que encubren, con consciencia o sin ella, proyectos de calado político que merecen nuestra atención. .
Referencias
Madrid Casado, C. (2024). Filosofía de la Inteligencia Artificial. Pentalfa
Notas
Enlace alternativo
https://revistas.uca.edu.sv/realidad/article/view/12435/13710 (pdf)

