Ensayos
Recepción: 03 febrero 2026
Aprobación: 25 mayo 2026
Publicación: 20 julio 2026
Resumen: El artículo analiza la trayectoria de la revista Tendencias (1991–2000), proyecto editorial impulsado por el Programa Regional de Investigación sobre El Salvador (PREIS) durante la posguerra salvadoreña. Se examina su evolución como espacio de reflexión sobre historia, política, cultura y transición democrática en El Salvador. A través de un enfoque histórico-cultural, se destaca su papel como plataforma plural de pensamiento crítico, creación literaria y difusión de las artes visuales. Asimismo, se discuten las razones de su cierre, las limitaciones estructurales del campo cultural en los años noventa y los aportes de investigaciones previas. El artículo sostiene que Tendencias constituyó un espacio de sociabilidad intelectual y un laboratorio crítico y estético que documentó y contribuyó activamente al debate público en un contexto de reconstrucción institucional y búsqueda de una cultura política democrática. El análisis se basa en un estudio sistemático del corpus de la revista y en entrevistas realizadas a actores clave vinculados al proyecto editorial.
Palabras clave: Publicación periódica, Campo intelectual, Cultura, Guerra civil, Democratización.
Abstract: This article analyzes the trajectory of the magazine Tendencias (1991–2000), an editorial project promoted by the Regional Research Program on El Salvador (PREIS) during the Salvadoran postwar period. It examines the magazine’s evolution as a space for reflection on history, politics, culture, and democratic transition in El Salvador. Through a historical-cultural approach, the article highlights Tendencias’ role as a plural platform for critical thought, literary creation, and the dissemination of visual arts. It also discusses the reasons for its closure, the structural limitations of the cultural field in the 1990s, and the contributions of previous research. The article argues that Tendencias constituted a space of intellectual sociability and a critical and aesthetic laboratory that documented and actively contributed to public debate in a context of institutional reconstruction and the search for a democratic political culture. This article is the result of the research project “Main Debates among Intellectuals in 1990s El Salvador through Tendencias magazine”, developed in fulfillment of the requirements for the master’s degree in Cultural Studies. The analysis is based on a systematic study of the magazine’s corpus and interviews with key actors involved in the editorial project
Keywords: Periodicals, Intellectual field, Culture, Civil war, Democratization.
1. Introducción
Con la firma de los Acuerdos de Paz en 1992, El Salvador experimentó una profunda reconfiguración de su estructura política, institucional y cultural. El fin del conflicto armado abrió paso a una etapa de transición democrática que, si bien estuvo marcada por avances formales en términos de institucionalidad, también evidenció limitaciones estructurales persistentes. En este escenario, los espacios de producción intelectual y debate crítico jugaron un papel relevante en la reinterpretación del pasado, la problematización del presente y la imaginación de futuros posibles.
La posguerra no solo fue un tiempo de reconstrucción material, sino también un momento de redefinición simbólica del país, en el que los discursos sobre nación, ciudadanía, cultura y democracia fueron activamente discutidos entre ideas, tensiones y apuestas estéticas que acompañó los años fundacionales del periodo democrático salvadoreño (Turcios, 2019).
En este contexto surgió la revista Tendencias, impulsada por el Programa Regional de Investigaciones sobre El Salvador (PREIS), como un proyecto editorial orientado a contribuir con la reflexión crítica y plural sobre la transición democrática y los procesos socioculturales del país. Lejos de limitarse a una plataforma académica, Tendencias se constituyó en un espacio de sociabilidad intelectual que integró voces diversas —académicas, literarias, artísticas y periodísticas— para pensar colectivamente el país desde el arte, la historia, la política y la cultura. Su existencia documenta una década clave en la posguerra salvadoreña, marcada por el esfuerzo de proponer una cultura política democrática desde la palabra escrita.
Para comprender las condiciones que hicieron posible la emergencia de la revista, así como los objetivos que orientaron su propuesta editorial, es necesario situarse en el entramado institucional y político-intelectual desde el cual fue concebida. En ese sentido, resulta pertinente abordar el origen, estructura y dinámicas del PREIS, espacio desde el cual se impulsó la creación de Tendencias, que operó como núcleo inicial y articulador de una red de producción de conocimiento en el contexto de la posguerra salvadoreña.
2. El Programa Regional de Investigación sobre El Salvador (PREIS)
Después de varios años de exilio en México, motivados por el fin del conflicto armado y la firma de los Acuerdos de Paz en El Salvador, cinco intelectuales con interés en los procesos sociales del país identificaron una coyuntura propicia para contribuir a la construcción democrática mediante un proyecto de carácter académico-cultural. El grupo fundador estuvo conformado por la académica Breny Cuenca y el historiador Roberto Turcios, ambos salvadoreños; el economista paraguayo Roberto Coda; la académica irlandesa Pauline Martin; y la antropóloga estadounidense Deborah Barry.
El PREIS fue fundado en 1989 con el respaldo de agencias de cooperación de países como Holanda, Suecia y Dinamarca interesadas en apoyar la investigación social en Centroamérica y de dos importantes redes de investigación regional: una, bajo la coordinación de la Universidad de Texas (Austin) y otra, impulsada por la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES).
En este marco, el grupo concibió el PREIS como una plataforma multidisciplinaria orientada a analizar el proceso de transición democrática, recoger las experiencias de los intelectuales salvadoreños en el exilio y fomentar debates que permitieran articular las dimensiones culturales, sociales y políticas del nuevo escenario nacional. El PREIS fue, desde su origen, una apuesta por la investigación y el diálogo como fundamentos para comprender la etapa de posguerra que vivía la sociedad salvadoreña a inicios de 1990.
La iniciativa se gestó en un contexto de transición política marcado por el retorno de figuras clave del pensamiento crítico salvadoreño y por la apertura de nuevos espacios para la reflexión y la producción intelectual2. En uno de los primeros números de la revista Tendencias se presenta una descripción del enfoque de trabajo adoptado por el programa, el cual da cuenta de su orientación metodológica y del perfil interdisciplinario de su equipo. Esta caracterización brinda elementos importantes para comprender el sentido inicial del proyecto y su forma de intervenir en el contexto salvadoreño de posguerra:
El equipo de investigación se constituyó por un grupo interdisciplinario de profesionales nacionales y extranjeros que trabajaron coordinadamente las temáticas priorizadas, con el propósito de obtener resultados de investigación y formación relevantes para la reconstrucción y el desarrollo de El Salvador (Tendencias, 1991, p. 11)3
Esta declaración sintetiza el espíritu fundacional del programa y su apuesta por la producción de conocimiento colectivo y orientado al desarrollo.
Durante su primer año de funcionamiento, el PREIS publicó seis cuadernos de trabajo que recogían avances en las áreas de cooperación externa, economía e historia. Asimismo, en 1990 elaboró seis notas de coyuntura que funcionaban como herramientas analíticas para interpretar la dinámica internacional y su impacto en la realidad nacional.
Uno de los principios rectores del programa fue la articulación entre los contextos locales y los procesos regionales e internacionales. Para 1991, esta perspectiva se tradujo en la definición de tres áreas prioritarias de investigación: Historia, con el proyecto “Crisis histórica en los ochenta”; Cooperación Externa, a través de los estudios “Políticas de promoción de exportaciones no tradicionales” e “Impacto institucional de la cooperación externa”; y Sociedad Civil, mediante el proyecto “Sociedad civil, protagonista de la reconstrucción de El Salvador”.
A través de estos ejes temáticos, el PREIS se propuso constituirse como una plataforma académica desde la cual se pudieran debatir las principales problemáticas del país. Para ello, desarrolló un centro de estudios y una unidad editorial bajo el nombre de Tendencias, que funcionó como su principal vehículo de divulgación. La dirección de esta editorial estuvo a cargo del historiador Roberto Turcios, desde sus primeras publicaciones hasta el cierre del proyecto.
Para Turcios, la existencia de un espacio como el PREIS era indispensable en un país que, en ese momento, carecía de instancias adecuadas para el desarrollo de la reflexión intelectual: “No había coexistencia de ideas, creíamos que estábamos en otra etapa; teníamos inquietud por publicar nuestras investigaciones y no había espacios para el debate político y cultural” (R. Turcios, comunicación personal, 15 de septiembre de 2020).
En los primeros días de funcionamiento, los integrantes del PREIS comenzaron a establecer vínculos con colegas y amigos con el objetivo de intercambiar ideas y experiencias en torno al cambiante contexto salvadoreño. Según el mismo Turcios, “sabíamos que el conocimiento de una realidad tan dinámica y cambiante como la nuestra, solo podría lograrse colectivamente”.
La idea de crear una publicación propia no fue inmediata, sino que emergió del intercambio con colaboradores cercanos al proyecto. En uno de esos encuentros, surgió la propuesta de crear una publicación periódica. Tal como se registra en el editorial del número 7 de la revista Tendencias:
En una de aquellas ocasiones, quedamos desconcertados cuando uno de nuestros invitados nos propuso que hiciéramos una publicación propia. David Browning fue quien nos dejó la inquietud; aunque la desechamos al principio, aquella idea siempre volvía a flotar en nuestras discusiones. Pero fue hasta en los primeros días de 1991 que decidimos emprender esta aventura (“Editorial”, 1992, p. 3).
En 1993, el PREIS amplió sus actividades y líneas de acción con un plan de trabajo que integraba la dimensión académica, literaria, artística y cultural en su propuesta institucional. El documento4 establecía tres componentes centrales: primero, los Coloquios Tendencias, concebidos como espacios regionales de discusión sobre paradigmas culturales y académicos contemporáneos; segundo, la presentación de libros editados o coeditados con el objetivo de fomentar la circulación de conocimiento a nivel nacional y regional; y tercero, la organización de seminarios especializados para la formación de académicos y artistas jóvenes centroamericanos.
Como resultado de estas iniciativas, se llevaron a cabo dos coloquios internacionales, un seminario especializado de carácter regional, y se publicó una serie de obras bajo el sello editorial Tendencias. Entre ellas destacan: Recuento de incertidumbres (1993) y Con la congoja de la pasada tormenta (1995), ambos de Horacio Castellanos Moya; El poder intangible: la AID y el Estado salvadoreño en los años ochenta (1992), de Breny Cuenca; Autoritarismo y modernización (1993), de Roberto Turcios; Un nuevo mapa para El Salvador (1996), de Carlos Umaña; y El tercer ejército (1997), de Miguel Huezo Mixco.
Durante sus años de existencia, el PREIS promovió una red activa de seminarios, talleres e intercambios con instituciones académicas, empresariales y organizaciones no gubernamentales. Estas acciones encontraron en la revista Tendencias un espacio sistemático para su documentación, análisis y difusión. Esta publicación periódica no sólo permitió organizar y compartir los avances del programa, sino también integrar diversas perspectivas sobre los procesos en curso en el país durante la posguerra.
3. La revista Tendencias
La revista Tendencias fue la principal publicación periódica del PREIS. Inició su circulación en julio de 1991 como un boletín de 12 páginas, pero pronto evolucionó hasta convertirse en una revista de 36 páginas, con un tiraje que oscilaba entre 500 y 2,000 ejemplares hacia 19935. Desde sus inicios, la publicación asumió tres grandes campos de reflexión: historia, coyuntura y cultura. De acuerdo con sus primeros lineamientos editoriales, Tendencias surgió con la intención de aportar a la configuración de una nueva cultura y educación democrática, apostando por el despliegue de los potenciales creativos del país, según se consigna en su editorial número 7:
El propósito de Tendencias es participar en este proceso de construcción o reconstrucción del país que estamos viviendo. No es que pretendamos contar con ideas geniales, sino que consideramos que las que tenemos, por ser un proceso de estudio, discusión e intercambio, deben ser abordadas públicamente. En el fondo, la razón principal es que quienes estamos en PREIS compartimos el sueño de un país democrático y sin pobreza y la convicción en la apasionada capacidad creativa de los salvadoreños (“Editorial”, 1992, p. 3).
Durante sus nueve años de existencia, la revista publicó un total de 80 números, con la participación de más de 100 colaboradores, entre periodistas, poetas, profesores, intelectuales, religiosos, políticos, empresarios y luchadores sociales. La publicación se convirtió, además, en una plataforma para artistas plásticos, escritores y creadores escénicos de El Salvador y de Centroamérica, con contribuciones esporádicas desde Estados Unidos, Sudamérica y Europa. En este sentido, Tendencias documenta una década completa del período de posguerra, registrando las principales reflexiones y debates de actores sociales e intelectuales en un país en tránsito hacia la democracia.
El proyecto editorial concluyó su ciclo de publicaciones en el primer semestre del año 2000, debido principalmente a problemas de financiamiento y a la falta de sostenibilidad frente a las condiciones del nuevo siglo. Desde 1998, la publicación empezó a interrumpirse por periodos de dos o tres meses, afectando su regularidad y modificando la estructura de sus contenidos. Un ejemplo de ello es la sección Entremés, dedicada originalmente a reportajes, crónicas y entrevistas sobre la coyuntura nacional, que se redujo notablemente y fue reemplazada por fragmentos o comentarios sobre materiales de publicaciones extranjeras, ajenos a la realidad salvadoreña.
En la edición número N° 73, publicada en diciembre de 1998, el director de la revista, Roberto Turcios, advertía sobre las dificultades financieras que enfrentaba el equipo editorial, al tiempo que reiteraba el compromiso de continuar publicando regularmente:
Haremos cuanto esté a nuestro alcance para regularizar la revista desde el inicio del próximo año. En el tiempo que vive El Salvador los debates son necesarios para enriquecer la vida pública. Nuestra aspiración es que sea uno de los mejores testimonios de la incursión vacilante del país en el sendero de la libertad, la tolerancia y el pluralismo. (Turcios, 1998, p. 9)
A pesar de estos esfuerzos, el deterioro financiero fue insalvable. En 1998 se publicaron únicamente seis ediciones; en 1999, cinco; y en el año 2000, apenas dos. Guillermo Mejía, jefe de redacción de la revista, declaró que el cierre se debió a que “no existía la confianza política” para que el proyecto continuara, en un entorno donde pequeños grupos de poder concentraban los medios y limitaban la viabilidad de espacios alternativos de pensamiento (G. Mejía, comunicación personal, 13 de agosto de 2021)
El contexto institucional también influyó: la falta de políticas públicas orientadas a fortalecer la cultura independiente en los años noventa, junto a la disminución del financiamiento internacional hacia finales de la década, desplazaron las prioridades hacia otros sectores y alejaron el apoyo a proyectos de investigación y difusión cultural (R. Turcios, comunicación personal, 15 de septiembre de 2020).
A pesar de estas condiciones adversas, en su penúltima edición, correspondiente al año 2000, Roberto Turcios en la sección Carta de los editores, reafirmó su compromiso con el pensamiento plural y el diálogo cultural:
Tendencias quiere celebrar el comienzo del año 2000 con un homenaje al pluralismo. Por eso publicamos diversas opiniones sobre el siglo salvadoreño, sus personalidades y transformaciones destacadas. También ofrecemos los puntos de vista de jóvenes que, muy pronto, serán protagonistas centrales de la vida cultural del siglo XXI. [...] Al comenzar el 2000, Tendencias reafirma su propósito de ser un medio relevante que siempre ofrezca una muestra de las mejores ideas sobre el país y la región, pues de esa manera contribuiría a forjar una cultura política nueva, tolerante y pluralista. (Turcios, 2000, p. 6)
Sin embargo, la edición N° 80, publicada en febrero del 2000, fue la última. No contenía ningún aviso sobre el cierre definitivo de la revista, lo que sugiere un desenlace inesperado o no asumido públicamente por el equipo editorial. Posteriormente, algunos de sus miembros impulsaron un nuevo proyecto: la revista Búho, dirigida por Breny Cuenca y auspiciada por La Prensa Gráfica, esta vez con un enfoque exclusivamente artístico-literario, que recuperaba solo una parte del espíritu de Tendencias.
La clausura de Tendencias marcó el cierre de una etapa en la producción cultural vinculada al PREIS. No obstante, su trayectoria ha sido objeto de interés en investigaciones posteriores que buscan comprender su papel dentro del proceso de transición democrática en El Salvador. A continuación, se presentan algunos de los principales aportes analíticos desarrollados en torno a la revista, centrados en su propuesta editorial, sus contenidos y su articulación con los debates políticos y culturales del periodo.
4. Lecturas críticas sobre la revista Tendencias
Una de las primeras investigaciones sistemáticas sobre la revista ha sido la tesis de maestría de Thirza Ruballo Ramos, La revista Tendencias en la transición democrática de El Salvador, presentada en 2003 en la Universidad de Barcelona. Su principal interrogante fue: ¿cuál fue la contribución de Tendencias a la difusión de una cultura de paz durante la transición democrática salvadoreña entre mayo de 1991 y febrero de 2000?
La autora identificó los valores de una cultura de paz a través del análisis de editoriales y artículos de opinión, estableciendo vínculos entre estos discursos y el contexto político de transición. Su análisis cubrió 35 ejemplares, es decir, el 43.5% del total de ediciones, y dividió el corpus en seis etapas editoriales, caracterizadas por cambios de contenido, estructura y orientación política (Ruballo, 2003) de la de la siguiente manera:
Entre sus hallazgos, (Ruballo 2003) concluye que, aunque de manera no siempre consciente, los editoriales de la revista promovieron valores como la reducción de desigualdades, el rechazo a la violencia y la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos. Su estudio proporciona un mapa descriptivo valioso del proceso editorial de la revista como producto cultural.
No obstante, la afirmación en su investigación de tesis, de que Tendencias “abogó por la construcción de un sistema de valores que correspondían a reducir las desigualdades sociales” requiere de mayor análisis y de matices en su interpretación. Medir esa contribución exige metodologías más rigurosas y herramientas que permitan identificar relaciones más complejas entre cultura y transformación estructural.
A este panorama debe añadirse el estudio de Buiza (2018), quien analiza el papel de Tendencias dentro de la transición política salvadoreña, subrayando su función como espacio cultural y político que contribuyó a salvaguardar el proceso de paz. La autora examina las narrativas de la revista durante toda la década, identificando cómo articuló debates sobre ciudadanía, memoria y democratización. Su trabajo complementa la lectura de Ruballo al situar a Tendencias no solo como un proyecto editorial sino como un actor intelectual dentro del ecosistema de reconstrucción posbélica.
Además, Buiza (2018) argumenta que Tendencias no solo funcionó como un espacio de reflexión cultural, sino que actuó como un contrapeso intelectual frente a la “cultura de endurecimiento ideológico” que persistía en la posguerra salvadoreña. Según su análisis, la revista abordó problemas estructurales esenciales para la consolidación democrática: la ausencia de reformas económicas profundas, el papel restrictivo de las élites político-económicas y las dificultades del FMLN para adaptarse al nuevo orden institucional.
Para la autora, Tendencias contribuyó a la configuración de una esfera pública democrática al promover discusiones racional-críticas que otorgaron visibilidad a una cultura intelectual plural, frecuentemente relegada a otros medios. Asimismo, señala que la continuidad del proyecto editorial fue precaria —por las limitaciones financieras, un público lector reducido y una infraestructura editorial frágil—, pero sus miembros persistieron porque entendían la revista como un instrumento necesario para resguardar el proceso de paz.
5. El escaparate intelectual: producción crítica y sociabilidad letrada
La revista Tendencias, como se mencionó anteriormente, fue un espacio de sociabilidad intelectual plural y dinámica que cobijó a escritores, artistas, académicos, periodistas y políticos, en el contexto de la posguerra salvadoreña. En sus ochenta números publicados se desplegaron debates y reflexiones que evidencian el tránsito social e institucional de un régimen autoritario hacia una democracia aún en construcción. Lejos de ser una revista militante o programática, Tendencias apostó por una interlocución crítica en la que se cruzaron distintos lenguajes, agendas e intereses, estructurando un campo intelectual desde la heterogeneidad.
El análisis del corpus de Tendencias permitió identificar tres formas de articulación del pensamiento, los cuales planteamos de la siguiente manera: el primero es el movimiento o debate de ideas; el segundo corresponde a las reflexiones críticas o el pensamiento detenido y un tercer formato que se presenta como la gestión editorial de discusiones públicas o la “gestión del debate intelectual intencionado”.
Estos tres formatos de pensamiento revelan el rol activo de la revista como mediadora de una conversación nacional aún pendiente en otros espacios institucionales. Desde la espontaneidad del intercambio hasta la planificación editorial, Tendencias construyó una plataforma de visibilidad para el pensamiento en medio de una cultura política aún marcada por la polarización y la transición democrática.
El primer formato, el debate de ideas, se dio de forma orgánica entre los colaboradores. La discusión sobre el rol del intelectual en la sociedad posbélica fue una de las más persistentes (Ver Figura 1). Horacio Castellanos Moya, Miguel Huezo Mixco, Mario Castrillo, David Escobar Galindo, Rafael Francisco Góchez, Guayo Molina, Ricardo Lindo y otros sostuvieron, a través de sucesivas ediciones, posiciones encontradas en torno al papel público del intelectual, su relación con la ideología, la cultura de masas y el canon cultural.
Estas disputas, si bien cargadas de ironía y confrontación, evidencian un ethos de argumentación crítica que tensionó las nociones de erudición, compromiso político y elitismo cultural. El intercambio entre Góchez y Molina, por ejemplo, escenificó una crítica al intelectualismo como práctica distanciada de las mayorías, mientras que figuras como Escobar Galindo o Rafael Lara Martínez buscaron rescatar el valor de la alta cultura sin renunciar a su democratización. En todos los casos, se trató de posicionamientos que intentaban redefinir la figura del intelectual más allá de la dicotomía entre militancia partidaria y neutralidad tecnocrática.
Otro eje de debate dentro de este mismo formato fue el papel del Estado en la política cultural. Las críticas a CONCULTURA (Consejo Nacional para la Cultura y el Arte) por parte de escritores como Carlos Castro y Ricardo Bracamonte, así como las respuestas institucionales de sus representantes, revelan una disputa por el sentido y la legitimidad de las políticas culturales en el nuevo contexto democrático. Del mismo modo, el tratamiento del tema de la represión en la posguerra —en el marco de los gobiernos del partido ARENA (Alianza Republicana Nacionalista)— generó un intercambio particularmente significativo entre Roberto Turcios, Fabio Castillo y Rubén Zamora. La discusión no solo giró en torno a la caracterización del régimen político (¿dictadura o democracia?), sino que puso en evidencia las diferentes nociones de legitimidad democrática, institucionalidad y violencia estructural.
Uno de los debates más agudos surgió a propósito de la identidad salvadoreña. A partir de la publicación de la novela El asco de Castellanos Moya, se produjo un torrente de reacciones que sacaron a la luz tensiones profundas sobre el sentido de pertenencia, la cultura nacional, el exilio y la diáspora. Escritores como Rafael Menjívar Ochoa, Paolo Lüers, Miguel Huezo Mixco y Raymond McLaren confrontaron visiones encontradas sobre lo que significa ser salvadoreño, sobre los efectos del desplazamiento forzado y sobre la validez de una narrativa identitaria nacional. Este debate, lejos de cerrarse en una respuesta definitiva, dejó abierto un campo de reflexión sobre la “salvadoreñidad” como construcción problemática y plural.

En un segundo plano, o el segundo formato que se propone desde este artículo se refiere a que Tendencias desarrolló una línea sostenida de pensamiento crítico orientado a proyectar horizontes de largo plazo. Esta forma de reflexión —a la que podemos llamar “pensamiento detenido” (Benjamin, 2008)— se manifestó en artículos que analizan la transición democrática, el papel de los partidos políticos, la reconfiguración de la sociedad civil y los desafíos estructurales del país. El tratamiento de las elecciones de 1994, por ejemplo, dio lugar a intervenciones significativas de figuras como Gerson Martínez, Breny Cuenca, Héctor Silva y Salvador Samayoa, quienes exploraron los límites del sistema político, la crisis de representación y las dificultades para consolidar una democracia real (ver Figura 2 como ejemplo).
Retomando una perspectiva teórica más amplia, puede leerse la labor intelectual de Tendencias a la luz de la idea benjaminiana de que el pensamiento no se define únicamente por el movimiento, sino también por su interrupción significativa. Como señala Benjamin (2008), lo “propio del pensar no es sólo el movimiento de las ideas, sino igualmente su detención” (p. 8). Esta noción de “detención” permite comprender cómo la revista funcionó como un espacio de pausa crítica en un contexto saturado de discursos teleológicos sobre la paz, el progreso y la transición democrática. En ese sentido, Tendencias no solo acompañó el proceso político, sino que lo interpeló, suspendiendo los automatismos narrativos de la posguerra para examinar, desde la reflexión, sus contradicciones y silencios estructurales.
Esta producción crítica no fue homogénea ni monolítica, pero sí compartía una vocación por pensar el país más allá del corto plazo, buscando articular una pedagogía política en clave ciudadana, es decir, buscar una apuesta educativa conscientemente.

Asimismo, la revista documentó la emergencia de nuevas formas de violencia, especialmente vinculadas a las pandillas, la criminalidad organizada y el fracaso del Estado en su función social. Artículos de Guillermo Mejía, Raúl Gutiérrez y otros contribuyeron a establecer un diagnóstico temprano sobre el vínculo entre exclusión social, juventud y violencia, abriendo un campo de análisis que hoy sigue vigente. A ello se sumaron reflexiones sobre el movimiento popular, el papel de las mujeres en la política, las luchas sindicales, el rol de la iglesia y la relación entre cultura y desarrollo, con voces como las de Sonia Cansino, Morena Herrera, Rosa Chávez o David Escobar Galindo aportando distintas perspectivas.
Finalmente, en el tercer formato, Tendencias desarrolló una estrategia editorial consciente de su papel como generadora de conversación pública, o lo que denominamos en este artículo: “gestión del debate intelectual intencionado”. A través de separatas especiales, dossiers temáticos y entrevistas, la revista gestionó debates clave sobre gobernabilidad, ética política, cultura de paz y modernización del Estado. Esta “gestión intencionada” convirtió a la revista en un espacio de interpelación no sólo a los actores políticos, sino también a sus propios lectores, configurando una comunidad de interpretación crítica en un país atravesado por el trauma y la transformación (ver ejemplo en la Figura 3).

En conjunto, Tendencias no solo fue un vehículo de pensamiento, sino un campo de disputa simbólica, un laboratorio discursivo donde se ensayaron lenguajes, visiones y horizontes de país. Su archivo constituye hoy una fuente ineludible para comprender los modos en que la intelectualidad salvadoreña interpretó, denunció y narró la transición democrática.
El carácter polifónico de la revista, su apertura a la pluralidad y su esfuerzo por reflexionar sobre el país en un contexto de transición, con propuestas orientadas al largo plazo y a los procesos de democratización, la posicionan como un referente importante dentro de la historia reciente de la producción intelectual en El Salvador.
6. El escaparate artístico: la dimensión estética de Tendencias
Desde sus primeras ediciones, Tendencias otorgó un lugar destacado a la creación artística. Cada número incluía poesía, cuentos y reproducciones visuales de artistas plásticos, privilegiando aquellos que ya contaban con trayectoria en galerías o estudios en el extranjero y a quien Tendencias consideraba los “principales” expositores de la época, como se consideró en las páginas iniciales y descriptivas sin autor en el N° 61 (1997): “Tendencias ha promovido y difundido a los principales artistas plásticos del país. Tomando esa experiencia acumulada, en estos momentos nos proponemos avanzar en la promoción y difusión de la pintura salvadoreña” (p. 2).
A partir de 1996 Tendencias mantuvo apoyo de la empresa privada como Kismet y Diplomat para promover a los artistas plásticos, pero también contó con el apoyo del gobierno a través de CONCULTURA. En la plástica se reproducían ilustraciones y dibujos, en blanco y negro, en una primera fase y luego, a partir de la edición Nº14 de octubre de 1992, al convertirse en una revista como tal, se presentaron reproducciones a todo color y el soporte fue el papel couché (véase la Figura 4).

En los ejemplares analizados entre 1991 y 1993, se encuentran obras de artistas como Óscar Soles, Carlos Cañas, Jesús Romeo Galdámez, Antonio Bonilla, Julio Reyes, Mayra Barraza y César Menéndez, entre otros. Desde la edición N.º 60, la revista incorporó una sección con notas biográficas y críticas sobre cada artista, redactadas por escritores como Ricardo Lindo, Mariam Sicna Fernández, Toño Lue y Julio Reyes.
Desde la edición N.º 14 hasta la N.º 80 cada portada se dedicó a la obra de un artista plástico salvadoreño. Sus páginas interiores, además, fueron ilustradas siempre con obras de otros artistas plásticos. A partir de la edición N.º 60, Tendencias no sólo mostró las imágenes de los artistas, sino que agregó una sección donde se presentaba la biografía de cada pintor (ver Figura 5).

En esta sección se invitó a otros escritores a participar y opinar sobre la propuesta estética de cada uno de los artistas. Por ejemplo, Ricardo Lindo escribe sobre Nicole Schwartz en la edición N.º 61; sobre Rosa Mena Valenzuela en la edición Nº 62 y sobre Julia Díaz en la edición N.º 63; Mariam Sicna Fernández escribe sobre Mayra Barraza en la edición Nº 67; Toño Lúe escribe sobre Tito Hasbún en la edición Nº 72 y Julio Reyes escribe sobre Camilo Minero en la edición Nº 75.
En 1997 la revista aumentó su compromiso con la difusión plástica, imprimiendo ilustraciones en doble hoja (formato tabloide, 17 x11 pulgadas) y reforzando su apuesta por una transformación cultural desde el arte (véase la Figura 6). Para el equipo editorial, este esfuerzo respondía a una necesidad social urgente:
La etapa que vive el país amerita de todos los salvadoreños un esfuerzo especial, y específicamente en la importancia de la difusión de la obra plástica. Damos pues, el primer paso de un proyecto que esperamos sea una contribución a la transformación cultural de la sociedad salvadoreña. (Tendencias, 1997, p. 2)

En este sentido, la apuesta estética de Tendencias no fue marginal ni decorativa, sino un elemento constitutivo de su proyecto cultural y artístico. Este énfasis en artistas consolidados evidencia cómo la revista no sólo difundió arte, sino que también participó en la construcción de capital cultural, en línea con la conceptualización de Bourdieu (2000) sobre el buen gusto y la legitimación social de ciertos saberes y prácticas estéticas.
Sin embargo, aunque la inclusión del arte visual en Tendencias representó un esfuerzo por integrar la dimensión estética al debate cultural de posguerra, también es posible advertir ciertos rasgos de selectividad que reflejan vínculos con sectores formados o reconocidos en circuitos académicos, galerísticos o internacionales.
La recurrencia de artistas con trayectoria consolidada y la colaboración de escritores e intelectuales con visibilidad pública sugieren que la revista funcionó, en parte, desde una lógica de representación afín a sectores ilustrados y urbanos. Este componente no invalida su aporte, pero esta selección de artistas y enfoques refleja, además, cómo la revista actuó como mediadora del capital cultural y simbólico dentro del país, reforzando normas de valor estético en un contexto de democratización cultural.
La dimensión estética de Tendencias complementa y enriquece su labor intelectual, mostrando que la revista no solo fue un espacio de debate crítico y sociabilidad intelectual, sino también un escaparate de legitimación y difusión cultural (ver Figura 7).

7. Conclusión
La revista Tendencias constituye un testimonio intelectual y cultural singular del proceso de transición democrática en El Salvador. A lo largo de sus nueve años de circulación, Tendencias documentó los procesos de transformación política, social y cultural de posguerra6, constituyéndose en un medio de articulación de debates.
Además, se logra identificar diferentes formatos de debate en el campo intelectual promovidos por la revista que generaron espacios de interlocución entre diversos sectores sociales, incluidos artistas, funcionarios públicos y representantes de organizaciones sociales. Estas contribuciones se vinculan también con debates internacionales sobre cultura y democracia, como lo evidencian las participaciones de los editores en encuentros regionales.
Además de su función como espacio de debate, otro elemento necesario para comprender la revista fue la red de intelectuales con los cuales sostuvo relación a nivel nacional e internacional, para el caso, es fundamental repasar la conformación de su consejo internacional: David Browning, Xabier Gorostiaga, Pauline Martin, Edelberto Torres Rivas. Y los directores de las columnas: Horacio Castellanos Moya, David Escobar Galindo, Geovani Galeas, Miguel Huezo Mixco, entre otros.
Tendencias no pudo existir sin una sólida red de intelectuales que se estableció alrededor de la revista y de los distintos proyectos artístico, culturales que se gestaron al inicio de 1990. Además, incluyó a una diáspora de escritores constantes como Brunilda Funes en Canadá, Roger Lindo en EE. UU., Carlos Ramos en México y luego en Bonn, Alemania; Fernando Harto de Vera en España y Linda Garret en Estados Unidos. Esta red internacional contribuyó al intercambio de ideas y debates culturales, consolidando a Tendencias como un mediador cultural.
Por otro lado, Tendencias contribuyó a configurar un canon estético en el campo artístico salvadoreño. Su política editorial dio un lugar prominente a la literatura y las artes plásticas, privilegiando a un grupo selecto de creadores que se convirtieron en referentes de la alta cultura nacional. A través de sus páginas, la revista promovió una noción de “buen gusto” (Bourdieu, 1979) ligada al capital cultural y al capital simbólico, y asumió una función orientadora en la transformación cultural del país. Esta visión fue compartida por autores como Ricardo Lindo, quien reconocía a Tendencias como un espacio para una élite cultural con capital simbólico y crítico (ver Figuras 2 y 3)
Un elemento notable es la participación de David Escobar Galindo, intelectual asociado a la derecha política. Su presencia confirma que la revista fue, en parte, un espacio abierto a la pluralidad ideológica. En sus escritos, Escobar Galindo propuso una idea renovadora de la derecha, en consonancia con los desafíos del momento. La apuesta de Tendencias por el diálogo entre las principales fuerzas políticas del país contribuyó así a imaginar una transición democrática no exclusivamente determinada por la lógica partidaria, sino también por un horizonte cultural y ético más amplio.
En síntesis, Tendencias funcionó como un nodo fundamental en el campo intelectual salvadoreño de la posguerra. Fue al mismo tiempo archivo, plataforma crítica y espacio de mediación cultural. Si bien no logró representar plenamente la diversidad social del país, su legado en la construcción de una esfera pública plural y en la promoción de una cultura democrática resulta ineludible.
La experiencia del PREIS y de Tendencias muestra que las revistas culturales no solo documentan procesos históricos, sino que también los configuran, al intervenir en la esfera pública con proyectos discursivos que articulan saberes, imaginarios y propuestas. En este sentido, su legado no se reduce a una función testimonial o archivística, sino que permanece como propuesta para repensar el lugar de lo cultural, especialmente en contextos de transformación política.
Referencias
Argueta, M. (2021). Principales debates de los intelectuales de El Salvador en la década de 1990 a través de la revista Tendencias [tesis de maestría, Universidad de El Salvador].
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Notas
Enlace alternativo
https://revistas.uca.edu.sv/realidad/article/view/12431/13696 (pdf)

