Presentación

Presentación No. 150

Presentation No. 150

Revista Realidad
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador

Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador

ISSN: 1991-3516

ISSN-e: 2520-0526

Periodicidad: Semestral

núm. 150, 2017

realidad.director@uca.edu.sv



DOI: https://doi.org/10.5377/realidad.v0i150.6162

En la enmarañada selva de signos y objetos que son nuestros espacios habitados, especialmente nuestras ciudades, es casi imposible reconocer algún hilo que nos permita rehacer la trama de sueños pasados, donde fuimos capaces de pensar y desear el país como un lugar para una comunidad de personas, con espacios públicos y privados articulados, y no como una superposición de corredores para las mercancías, de los cuales hay que huir para guarecerse en los paraísos privados, si los podemos pagar. Este número dedicado a la arquitectura moderna en El Salvador, preparado por colegas del Departamento de Organización del Espacio de la UCA, nos da algunas claves para hacer precisamente ese necesario ejercicio de memoria, uno que nos permita ver que el agobiante callejón sin salida del presente no fue la única ruta posible.

Estudiar la arquitectura no es sólo una tarea técnica, por eso se convierte en un tema de interés para esta revista de Ciencias Sociales y Humanidades. Pues, comprender la arquitectura implica sumergirse en algo fundamental de nuestra realidad: la construcción social e histórica del espacio. Esto conlleva entonces a asumir la arquitectura como un lenguaje que no sólo cristaliza simbólicamente ciertas ideas sobre la vida común sino como una práctica que las realiza en escenarios palpables donde la vida transcurre.

La adopción de los lenguajes de la modernidad arquitectónica, como lo demuestran los trabajos del presente Dossier, coincide con la puesta en marcha de lo que se conoce como modernización autoritaria en El Salvador, puesta en marcha bajo la tutela de regímenes militares que gobernaron el país entre las décadas de 1930 y 1960. Mucho se ha escrito sobre su carácter antidemocrático y represivo en lo político, de cómo contribuyeron a consolidar un orden económico injusto, cuya prosperidad aparente se hizo sacrificando a las mayorías, principalmente campesinas, condenadas a la miseria y la marginación. Pero también es importante no olvidar que, dentro de sus limitaciones, la modernización autoritaria se planteaba algo que parece haberse olvidado en nuestros tiempos neoliberales: hacer país, es decir, pensar un lugar para lo que algunos intelectuales de la época llamaban: “el nuevo hombre salvadoreño”, plasmado en el Monumento a la Revolución de 1948, que hoy forma parte del complejo del Museo de Arte (MARTE). Este sitio no sólo es una idealización vacua de cierto indigenismo trasnochado con toques de raza cósmica prestados a la carrera de la vulgata del México posrevolucionario, admirado por algunos líderes militares, como el coronel Óscar Osorio. Da testimonio de un esfuerzo de encontrar soluciones concretas para integrar los sectores populares (al menos una parte considerable de ellos) a la vida nacional. No debemos olvidar que esta preocupación no era expresión de puro altruismo de los líderes más visionarios de la modernización autoritaria. Su éxito político derivó de su capacidad de asumir demandas sociales que venían planteando los sectores populares desde que comenzaron a irrumpir en la escena política desde comienzos del siglo XX.

Algunas de las propuestas más audaces de la modernización autoritaria fueron los proyectos de vivienda social. Para ello, líderes como Osorio o Atilio García Prieto, su ministro de Obras Públicas, fueron capaces de hacer posible la colaboración creativa de los mejores talentos en la arquitectura, la ingeniería y el arte. Si bien es cierto que por distintas razones, no fueron suficientes para resolver el grave problema habitacional del país que se presentaba desde entonces, tampoco fueron letra muerta. Muchos se realizaron, como los llamados Centros Urbanos, que hasta el día de hoy no sólo siguen albergando familias de los sectores populares en condiciones dignas, sino que destacan como algunos de los entornos urbanos más hospitalarios de nuestras ciudades, y a esto podríamos añadir que, a medida que uno se adentra en la exploración de estas realidades, descubre propuestas sorprendentes que, aún en nuestros días, resultarían revolucionarias, como es el caso del llamado “Plan de Autoconstrucción”, en el que los futuros usuarios de los Centros Urbanos se organizaban y ponían su tiempo libre y su fuerza de trabajo para erigir sus propias viviendas.

Contrario a lo que dicta el sentido común neoliberal, las experiencias más ambiciosas, exitosas y perdurables de vivienda social fueron las asumidas directamente por el Estado con inversiones sustanciales. En la medida en que la vivienda social se fue entregando a las iniciativas privadas, la calidad de las viviendas y sus entornos decayó notablemente, pues se perdió la perspectiva de construcción de un espacio comunitario integral. Llama la atención que algunos de estos proyectos posteriores se han convertido después en escenarios que incuban pandillas.

Este Dossier, del cual la presentación de su editora invitada, Sandra Gutiérrez Poizat, nos entrega más detalles, nos convida a leer bajo la superficie urbana de los espacios habitados contemporáneos, las marcas de un pasado que hoy permanece semienterrado pero que ofrece grandes posibilidades de futuro en el reto de construir un país a la escala de sus habitantes y no de la rentabilidad del capital.

Como ilustración de la portada, hemos elegido el tríptico “Utopía ciudad del futuro”, realizado en 1976 por Ricardo Carbonell, arquitecto y artista, uno de los protagonistas de la modernidad arquitectónica, y de quien Ayansi Avendaño valora en detalle su trabajo en uno de los artículos del Dossier. El tríptico de Carbonell, al introducir la preocupación por armonizar ciudad y medio ambiente, logra sobrepasar de la visión de la modernización autoritaria que confiaba dogmáticamente en el poder de los humanos de controlar la naturaleza y que nos ha llevado a vivir en condiciones que ponen en riesgo nuestra viabilidad como especie.

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