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Presentación del Dossier: Feminismo desde márgenes de la frontera
Presentation of the Dossier: Feminism from the border margins
Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, núm. 151, pp. 5-10, 2018
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas

Dossier Temático

Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador
ISSN: 1991-3516
ISSN-e: 2520-0526
Periodicidad: Semestral
núm. 151, 2018


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

Cuando el equipo editorial de la Revista Realidad me propuso coordinar un dossier dedicado exclusivamente al feminismo me emocionó la tarea. Me dieron la libertad de escoger el enfoque y decidí conjuntar a autoras que destacaran las contribuciones que, desde la perspectiva feminista, se han hecho a la región, específicamente en Centroamérica. Por supuesto que esto supuso un reto y una gran responsabilidad. ¿En qué de todo el feminismo debía concentrar la atención?

El feminismo no sólo es un campo de generación de conocimiento académico, también es un espacio de acción social a través del activismo y del trabajo en las esferas gubernamentales y de organismos internacionales. Es uno de los corpus que más ha contribuido al replanteamiento de las ideas hegemónicas y las prácticas sociales en el último siglo. Su objetivo principal es el cambio radical del sistema de desigualdades en que el mundo se erige y dentro del cual las mujeres quedamos en las posiciones más vulnerables y de desventajas. Conseguir la justicia social entre todas las personas que habitamos este planeta sigue siendo el fin último del pensamiento feminista.

Pero ¿qué es lo que se quiere conseguir en concreto?, cómo hacerlo sigue siendo una de las discusiones más álgidas y de los retos aún no resueltos. Nancy Fraser (1995) lo expuso bien cuando delineó las dificultades que surgen cuando se intenta compaginar las políticas culturales de identidad y las políticas de justicia social.

El feminismo es por antonomasia un factor contrahegemónico, una forma de hacer política que por naturaleza actúa contra el poder. No es, sin embargo, un espacio homogéneo. Una de sus características principales es, precisamente, la diversidad interna en cuánto a los ámbitos enlos que se desarrolla: la academia, el activismo y la esfera gubernamental. Es teoría y es práctica, pero también es heterogéneo en cuanto a las posturas y perspectivas que guían a la teoría-práctica. Las divergencias entre feministas pueden llegar a ser ciertamente abismales.

Dentro de la teoría feminista, que es el ámbito desde el que se ha producido este Dossier, lo que se encuentra es una gama de enfoques, teorías y métodos, muchas veces contrapuestos, algunas dicen que irreconciliables, pero que se rigen bajo los mismos principios y objetivos. Lejos de prometer consensos universales y propuestas singulares, como ha señalado Mary G. Dietz (2003), el feminismo ha probado ser un movimiento histórico capaz de mantener discusiones diálogos, desacuerdos y llevar los debates a un alto grado de complejidad sin ninguna expectativa de convertirse en una sola voz. Esta capacidad de constante autocuestionamiento y problematización muchas veces ha supuesto una cuesta arriba para el activismo y la militancia política. Sin embargo, en este tiempo en el que cada vez parece más difícil poner a conversar posiciones diferentes, supone en definitiva una de sus mayores fortalezas.

A partir de lo anterior, la convocatoria para este Dossier reunió a cinco autoras, tres salvadoreñas, una guatemalteca y una mexicana. Una reunión también de distintos intereses, disciplinas, generaciones y espacios geográficos. Esta elección tuvo por objetivos, además de la generación de conocimiento crítico, uno de corte coyuntural y otro epistemológico. El primero busca aprovechar el creciente interés que el feminismo ha despertado en las agendas públicas y mediáticas para explicarlo, desmitificarlo y visibilizar la producción que desde nuestra región se hace, especialmente porque es una región donde la sola palabra feminismo aún genera gran controversia. El segundo va de la mano con esa cualidad de heterogeneidad del feminismo, no sólo por las diferencias entre las autoras, sino porque en conjunto su producción forma parte de un acervo diverso y complejo al que suele llamarse “otros feminismos”, “feminismos del tercer mundo” o “feminismo transnacional”.

Mi atrevimiento de posicionar dentro de otros feminismos las contribuciones que aquí se presentan responde a otra característica que nos atraviesa a todas las que producimos desde estos lados del planeta: estar ubicadas en los márgenes, en la periferia de las cartografías occidentales del conocimiento, espacios subalternos que nos exigen, como dice Eskalera Karakola (2004), a hacer feminismos desde y atravesados por las fronteras. Bordes que permitan distinguir a cuerpos y feminidades traspasados por diferentes diferencias. Esta metáfora remite a uno de los conceptos más usados por esos otros feminismos: el conocimiento situado. Este término es una epistemología y metodología desarrollada por Dona Haraway, a principios de la década de 1990, a través de la cual plantea una opción a la clásica oposición entre positivismo y la perspectiva relativista. Ambas propuestas son totalizadoras en cuanto a la posición del investigador. En cambio, el conocimiento situado propone una mirada sobre la realidad parcial, localizada y encarnada. Por tanto, la mujer, el sujeto del feminismo, deja de ser uno centrado y adquiere un carácter concreto a partir de las múltiples posiciones que puede ocupar. De esta manera, surge también la necesidad de conectarse con otros y reconocerlos como interlocutores válidos.

Dicho planteamiento no es, sin embargo, exclusivo de Haraway, sus nociones venían planteándose desde la década de 1980, por académicas y activistas del feminismo negro, del feminismo de color y del feminismo poscolonial. Con estas categorías me refiero a los aparatos teóricos y políticos que aglutinaron a feministas negras y de diferentes ascendencias étnicas (latinas, chicanas, mestizas, puertorriqueñas, indias y árabes) para pensar y enfrentar las distintas opresiones que como mujeres racializadas vivían cotidianamente y que las posicionaba en un lugar diferente a las que hasta entonces habían ostentado la representación del feminismo: las mujeres blancas.

La mujer blanca tampoco es una categoría fija y homogénea y ha sido ampliamente problematizada. Sin embargo, la traigo a colación con el objeto de dilucidar la crítica en la que se sustentan esos otros feminismos. Me refiero a la idea de un feminismo global que traspasa a todas las mujeres por el hecho de ser mujeres, cuestión que las iguala bajo la opresión y violencia de género y nos plantea una misma lucha y unos mismos objetivos para todas. La abanderada de este planteamiento ha sido, por supuesto, la mujer blanca occidental, heterosexual y de clase media, urbana y educada que, desde un enfoque de solidaridad y hermanamiento femenino único, promulgaron sus propias ideas emancipadoras y de igualdad. Es ante esto fue que alzaron la voz esos otros feminismos.

Por supuesto, las mujeres de todo el mundo estamos traspasadas por nuestro cuerpo y género femeninos en un mundo patriarcal y capitalista, pero eso no significa lo mismo para todas. Como María Lugones (2007) señala, para entender la opresión de las mujeres no basta la lucha contra las desigualdades de género. Es necesario analizarlas junto a otro tipo de relaciones de poder (la clase, el racismo, las migraciones y los todavía palpables efectos de la colonización y poscolonialidad). Sólo así, en esas intersecciones concretas, es posible dilucidar las opresiones específicas.

Los otros feminismos son pues una alternativa, un marco teórico, metodológico y simbólico de resistencia. Bajo éste se produce y articula el conocimiento desde las complejidades y especificidades de los contextos sociohistóricos en los que viven mujeres concretas, traspasadas por múltiples relaciones de poder, pero dentro de las cuales pueden actuar y construir relaciones como interlocutoras válidas, no a partir de la homogeneidad, sino de la diferencia.

Con dicho marco de referencia, este Dossier no sólo se configura como un proyecto académico sino también como uno político. Presenta a mujeres feministas del tercer mundo como sujetos productoras de un conocimiento situado, parcial, específico y crítico. Cada texto expone sobre los aportes concretos del feminismo a esta nuestra región y desde el enfoque específico que las autoras eligieron.

El Dossier está compuesto por cuatro artículos y una reseña. Los primeros están organizados de la siguiente manera: primero inicia el de Olga Vázquez Monzón que analiza, desde la perspectiva de los estudios culturales, la persistencia del sistema patriarcal a través de un recorrido histórico por las principales representaciones e imágenes sobre la inferioridad de las mujeres. La autora hace un recorrido genealógico por los discursos filosóficos, científicos y religiosos para poner a la lectora frente a las principales narrativas que sustentan el modelo hegemónico de género, frente a eso también explora algunas de las ideas feministas que a lo largo de la producción científica han surgido como intento de desmantelar las creencias imperantes. Monzón, además, hace eco del binomio teoría-práctica, que en el feminismo están intrínsecamente relacionados, e incorpora una propuesta a partir de lo que ella llama “vertiente mítica del pensamiento” como una manera de hacer una nueva narrativa sobre las mujeres.

El segundo texto, cuya autora es la historiadora Elena Salamanca, nos lleva a principios del siglo XX para contarnos sobre el papel de las mujeres en la construcción del Estado moderno salvadoreño a través de la trayectoria de una de las pocas mujeres intelectuales reconocidas de la época: Amparo Casamalhuapa. En un contexto en el que todavía no existía la ciudadanía plena para las mujeres y éstas se veían confinadas al ámbito privado del hogar, algunas se atrevieron a desafiar esos designios y encontraron un lugar en los limitados espacios intelectuales, entre ellas Casamalhuapa. Esta maestra, escritora y discípula de Alberto Masferrer, se rebeló a una vida subordinada y usó su lugar para volverse la cara de la resistencia al poder. El costo de la reivindicación de su agencia fue el exilio que la llevó finalmente a México.

Como tercer aporte, se presenta el artículo de María Candelaria Navas, socióloga y activista salvadoreña, que expone sintéticamente el recorrido histórico del movimiento feminista en El Salvador. Lo hace en contraposición con una de las metáforas más comunes que se utilizan para hablar de las mujeres: la paz. La figura feminizada de la paz y la de la patria son dos de los símbolos que por antonomasia acompañan a la idea de nación. Cada uno está revestido de características del sujeto femenino hegemónico: la mujer patria como madre omnipresente y protectora que siempre está a la espera del hijo que regresa para acogerlo entre sus brazos y la mujer paz como figura contemplativa, símbolo de la prosperidad y la abundancia. “¿Somos realmente más pacificas que los hombres?” se pregunta Navas. La autora responde a esto haciendo una exposición de las principales luchas que las mujeres comandaron a lo largo del siglo XX para conseguir derechos y ser reconocidas como sujetos legales plenos. Los hechos demuestran que esa representación de la mujer pasiva y paridora de los hijos de la nación no se apega a la realidad.

El último texto pertenece a Meztli Yoalli Rodríguez Aguilera, antropóloga que, desde el marco de los estudios latinoamericanos, hace un análisis genealógico de los feminismos latinoamericanos en conversación con el “feminismo del tercer mundo”en Estados Unidos. Su artículo deconstruye la idea de un momento fundacional del feminismo. Lo que propone es volver la mirada hacia a las prácticas en las que muchas mujeres de la región han fundamentado históricamente sus luchas y resistencias sin que necesariamente se les llamara feministas. Destaca el aporte de los feminismos latinoamericanos y feminismos decoloniales de mujeres negras e indígenas que construyen conocimiento a partir de las prácticas cotidianas, a partir del cuerpo, dice la autora.

Finalmente, como cierre del presente Dossier, Lauri García Dueñas comparte una reflexión sobre uno de los libros que muchas catalogan como “clásicos del feminismo”: Una habitación propia de Virginia Wolf. Esta autora desarrolla su famoso ensayo, no a partir de grandes teorías, sino de su experiencia vivida como mujer intelectual de principios del siglo XX. “Una mujer necesita un cuarto propio y dinero para poder escribir”, dijo Wolf. Es conocimiento situado. Y sí, es cierto, esta intelectual era una mujer blanca, occidental y de clase media con preocupaciones propias de una mujer de su origen social. Pero en su manera de plantear los obstáculos, las “inercias históricas”, como dice García Dueñas, han impedido a las mujeres no sólo tener dinero, sino hasta tener acceso a derechos, al espacio público, a la vida propia. Esas inercias perviven con las transformaciones que cada época histórica conlleva, pero están ahí cuestionando y empujando las luchas de las mujeres en el siglo XXI. Por eso, como dice la autora, volver a Wolf sigue siendo urgente.

Ahora más que nunca, en un mundo convulso en el que la discriminación, el racismo y la xenofobia parecen estar marcando las notas, las contribuciones del feminismo son más pertinentes que nunca, especialmente las que, como en este número, se producen desde los márgenes de las fronteras.

Referencias bibliográficas

Dietz, M. G. (2003). Current Controversies Feminist Theory. Annual Review of Political Science, Vol. 6, pp. 509-531

Fraser, N. (1995). Multiculturalidad y equidad entre los géneros: Un nuevo examen de los debates en torno a la “diferencia” en EE.UU. Revista de Occidente, Vol. 173, pp. 33-55.

Eskalera Karakola. (2004). Diferentes diferencias, ciudadanías excluyentes: una revisión feminista. En Hooks, B, y otros. Otras inapropiables. Feminismo desde las fronteras (pp. 9-32). Madrid, España: Traficantes de Sueños.

Lugones, M. (2007). Heterosexualism and the Colonial/Modern Gender System. Hypatia (22.1), pp. 186-209

Notas de autor

1 Obtuvo un doctorado en Sociología por la Universidad Libre de Berlín.

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