Ensayos

La guerra civil, la memoria social y la nación: algunas consideraciones teóricas y éticas1

The civil war, social memory and the nation: some theoretical and ethical considerations

Robin Maria DeLugan
Universidad de California, Merced, Estados Unidos de América

Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador

ISSN: 1991-3516

ISSN-e: 2520-0526

Periodicidad: Semestral

núm. 153, 2019

realidad.director@uca.edu.sv



DOI: https://doi.org/10.5377/realidad.v0i153.9458

Resumen: Este artículo traza algunas ideas fundamentales que pueden orientar la forma de enfocar la memoria colectiva o social de la guerra civil de El Salvador y su conexión con la experiencia y la identidad nacional. Considera los temas de las memorias de grupo, las memorias como discurso, la memoria nacional, la historia versus la memoria, y el papel del silencio y el olvido.

Palabras clave: Memoria social, Historia, Guerra civil, Nación.

Abstract: This work traces some fundamental ideas that can guide the way to approach the collective or social memory of El Salvador’s civil war and its connection with national experience and identity. It considers the themes of group memories, memories as discourse, national memory, history versus memory, and the role of silence and oblivion.

Keywords: Social memory, History, Civil war, Nation.

Este foro internacional: “Las memorias de la guerra: cambios y continuidades en las sociedades locales a principios del siglo XXI”, da a conocer la importancia de que El Salvador debe alcanzar una comprensión acerca de su pasado difícil, incluyendo un entendimiento de las condiciones, las experiencias y las secuelas de la guerra civil. Ha pasado poco más de 21 años cuando terminó la guerra civil que duró 12 años. Muchos miramos hacia una historia aún más profunda para comprender las raíces de esa guerra y sus consecuencias. Muchos de nosotros estamos de acuerdo que la sociedad salvadoreña se beneficiará del interés público sostenido hacia la historia, la experiencia de la guerra y sus legados.

En 2004, durante mi trabajo de campo acerca de la reconstrucción de la nación después de la guerra civil, asistí a un discurso de Evelyn Jacir de Lovo, que en ese entonces era ministra de Educación. Ella se lamentó de que una nueva generación estaba creciendo con poco o ningún conocimiento de la guerra civil. Hoy, aquí estamos, más de 20 años después: ¿qué entiende la generación joven de salvadoreños sobre la guerra y su impacto en la nación?, ¿por qué es importante que la gente joven vea por sí misma la historia de la nación?

El 16 de enero de 1992, se firmaron los Acuerdos de Paz. Hoy 16 de enero es un día nacional de celebración. Pregunto: ¿las actividades que se llevan a cabo hoy en día son suficientes para recuperar o educar a la nación acerca de las causas y efectos de la guerra civil? Nosotros podemos argumentar que, al no incorporar la historia de la guerra civil en el currículo educativo de una manera significativa o al no crear exhibiciones en museos o monumentos que pueden proveer un testimonio público y una importante lección de la historia, el Gobierno contribuye a una falta general de conocimiento y de memoria social. Además, nosotros podemos debatir el efecto de la ley de amnistía, no sólo por reprimir la conmemoración pública, sino también por dejar insatisfecha la justicia por las atrocidades de la guerra civil. ¿Qué comunica la relación de hoy en día entre el Estado y la memoria de la guerra civil a los ciudadanos?

La atención e interés del público en la historia y en la memoria de la guerra civil es algo que yo he tratado de seguir a través de mis continuas investigaciones. De acuerdo a mi conocimiento, sólo hay un pequeño número de sitios y prácticas públicas que representan los esfuerzos de la sociedad civil por recordar los sucesos de la guerra -esfuerzos que recuerdan el valor, los ideales y la violencia de la guerra civil-. Esto incluye el trabajo del Museo de la Palabra y el Imagen (aquí en San Salvador) y el Museo de la Revolución en Perquín, Morazán. También hay conmemoraciones y monumentos a monseñor Óscar Arnulfo Romero y a los catedráticos jesuitas asesinados por orden de funcionarios del Gobierno. El Monumento a la Memoria y la Verdad está aquí en el Parque Cuscatlán. Los monumentos en El Mozote y en El Calabozo son sitios de memoria pública que llaman la atención, en particular, por la violencia del Estado contra la población civil. Estos son sitios importantes de la memoria social, por ello es necesaria una investigación sobre la recepción y el impacto que estos y otros sitios y prácticas tienen sobre sus visitantes y participantes, así como sus consecuencias: ¿cómo toman forma los significados acerca de la nación?, ¿quién visita estos sitios?, ¿qué nuevos significados se adhieren a los visitantes?, ¿cómo las experiencias se conectan con las perspectivas compartidas sobre el Estado, la sociedad y la nación?

Las recientes medidas adoptadas por el presidente Mauricio Funes en nombre del Estado salvadoreño es una señal de cambio en la forma en que el Gobierno se está acercando a la historia y a la memoria de la guerra civil (y otros episodios difíciles del pasado de la nación). En el año 2009, en el vigésimo aniversario de los asesinatos de Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López, Amando López, junto con la ama de llaves Elba Ramos y su hija Celina Ramos en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), el presidente Mauricio Funes les concedió la Orden José Matías Delgado, Gran Cruz con la Estrella de Oro, a los seis académicos y sacerdotes asesinados. La medalla es el mayor reconocimiento que puede ser otorgado por el Estado de El Salvador. En 2010, Funes se disculpó en nombre del Estado por el asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero y, en 2012, se disculpó en nombre del Estado por la masacre de los habitantes de El Mozote. Conmemoraciones públicas, oficiales y no oficiales pueden darle forma a las ideas que los salvadoreños tienen sobre el Estado y la sociedad nacional. Acá se incluyen las ideas compartidas sobre el pasado, presente y futuro de El Salvador.

Para reflexionar sobre la guerra civil de El Salvador es necesario también examinar sus efectos duraderos. Hoy, el Museo de Arte (MARTE) está exhibiendo “Momentos de cambio: el impacto del conflicto armado 1980-1992”. La exposición es una prueba más que El Salvador está enfrentando su pasado. Estos y otros esfuerzos animan a los salvadoreños a recordar, a no olvidar, y a no dejar que el pasado caiga en el olvido.

Es en medio de manifestaciones públicas y conmemoraciones, pero también en el silencio, e incluso el olvido, que el estudio de la memoria social se está desarrollando, donde todos nosotros jugamos un papel importante como académicos que producimos nuevos relatos históricos, realizamos proyectos de historia oral, impartimos clases o monitoreamos los esfuerzos que construye y representa a la sociedad salvadoreña. Así, nuestra enseñanza, obras, análisis y crítica contribuyen a llamar más la atención pública sobre el pasado de la nación. Además, como ciudadanos, podemos vincular la memoria de la guerra civil con la justicia social, con la prevención de guerras y con la violencia del Estado, o para imaginar un futuro mejor.

Uno de los objetivos de este foro es explorar “la construcción de las memorias colectivas y su papel en la configuración de las sociedades y las culturas contemporáneas en El Salvador”. En lo que sigue, voy a trazar algunas ideas fundamentales que pueden orientar la forma de enfocar la memoria colectiva o social de la guerra civil y su conexión con la experiencia y la identidad nacional. Considero que esto es el inicio de una conversación fructífera que todos nosotros vamos a compartir durante los próximos dos días.

Toda la memoria es social

Una vista fenomenológica de tiempo y experiencia, tal como se representa en la obra clásica de Henri Bergson (2010), analiza la memoria a nivel del individuo. Catedráticos como el sociólogo Maurice Halbwachs (1980) nos recuerdan que, incluso para el individuo, es el lenguaje de la sociedad y la vista del mundo o de las normas culturales de la sociedad lo que proporciona el marco conceptual a través del cual se interpreta la experiencia. Además, es en el proceso de recordar la experiencia y comunicarla a los demás que se crea la interpretación del pasado, es a través de la transmisión de las memorias que éstas siguen siendo vitales. De esta manera, entendemos que toda la memoria es social.

Memoria del grupo

El hecho de que toda la memoria es social, no significa que todos los individuos tienen la misma experiencia o comprensión del pasado. El tratado clásico de Maurice Halbwachs sobre la memoria colectiva nos ayuda a entender la dinámica de la memoria del grupo social. Halbwachs explora recuerdos compartidos que circulan en las instituciones sociales como la familia, la religión y la clase socioeconómica. Experiencias concretas dentro de los grupos sociales pueden resultar en recuerdos específicos que los miembros del grupo recolectan, comparten y usan para reinterpretar su sentido de comunidad. De gran trascendencia en el pensamiento de Halbwachs es que los recuerdos del grupo pueden cruzarse con otras memorias de otros grupos. Tomemos, por ejemplo, la madre que habla de acontecimientos que pasaron en su lugar de trabajo con su familia durante la cena, o la forma en que las tradiciones religiosas de la comunidad y presentaciones sobre el pasado pueden reforzar los recuerdos familiares. El estudio de la formación y el mantenimiento colectivo de la memoria se beneficiará al investigar cómo las memorias del grupo se cruzan y cómo cada persona se involucra en varios grupos.

Dicho esto, no debemos pasar por alto el papel del poder en la memoria de un grupo y los recuerdos entre los grupos. ¿Cómo es que los recuerdos del grupo dominante se hacen tan importantes?, ¿qué silencian?, ¿cómo son desafiados al interior de los grupos y entre los grupos?

La memoria como discurso

Las diferentes maneras en que ciertas personas y grupos recuerdan determinados hechos del pasado (por ejemplo, con base en el origen étnico, la clase socioeconómica, el género, la edad, la política, entre otras) pueden ser estudiados como un discurso y esto también llama la atención sobre el poder en la sociedad. Podemos definir el discurso como una forma de conocimiento que constituye, junto con las prácticas sociales, formas de subjetividad y relaciones de poder que son inherentes a dichos conocimientos y a las relaciones entre ellos. Representa una forma de pensar y producir significados, el discurso puede constituir fundamentalmente la mente y las emociones inconsciente y consciente de los sujetos.

Un enfoque foucaultiano de las prácticas a recordar (y olvidar) se centrará no sólo en lo que se recuerda y en lo que se olvida, sino también en ¿cómo, por quién y con qué efectos? Las prácticas discursivas en las cuales se fabrica la memoria y el olvido no son uniformes y armoniosas, sino heterogéneas y llenas de conflictos y tensiones. Por lo tanto, nuestra investigación debe estar atenta a las batallas epistemológicas tanto del pasado como del presente, entre los marcos de poder/conocimiento en competencia. Nuestra investigación puede registrar cómo algunas formas de experiencia y conocimiento pueden ser subyugados y empujados a los márgenes por los discursos hegemónicos. Como tal, el estudio de la memoria como discurso requiere el conocimiento de la producción de contra-memorias y puede involucrar el estudio de la dinámica de la resistencia y fricción.

Cuando se cuestiona el discurso hegemónico: ¿se produce una modificación de los relatos históricos?, ¿influyen nuevos elementos de la vida pública que representan el pasado? Por ejemplo: ¿resultan nuevos nombres de calles, arte público, símbolos, o legislación?, ¿vemos el surgimiento de nuevos discursos y la disminución o desaparición de los viejos?

Memoria nacional

El Estado-nación se convierte en otro marco importante para la comprensión de la identidad contemporánea, pertenencia y memoria social. La legitimación de las naciones y la actual construcción y reconstrucción del vínculo nacional con la historia y la memoria de los discursos y prácticas refuerzan la comprensión compartida acerca de lo que significa ser miembro de la nación. El papel del Estado es crítico aquí. Instituciones y políticas gubernamentales refuerzan las ideas particulares sobre el pasado de la nación. El Gobierno podrá comisionar o sancionar ciertos libros de historia como oficiales; asimismo, podrá erigir monumentos para destacar los héroes y los acontecimientos notables y valores compartidos, podrá designar días festivos y otras tradiciones relacionadas con la conmemoración del pasado de la nación y podrá autorizar un currículo educativo para reforzar el aprendizaje compartido y la comprensión sobre el pasado de la nación. Sobre la base de Halbwachs, una vez más, podemos considerar cómo los recuerdos nacionales se cruzan con otros recuerdos del grupo familiar y social, en particular en torno a determinadas fiestas que se celebran, rituales consagrados, las lecciones de historia reforzadas y la imaginación política.

La historia versus la memoria

Los sitios oficiales que producen y refuerzan el conocimiento compartido sobre el pasado de la nación pueden afirmar la legitimidad del Estado-nación. Si el foco está en el pasado profundo arqueológico sobre las acciones y los actores vinculados a la aparición de la nación-estado moderno, o sobre eventos y episodios más recientes, los esfuerzos oficiales para generar un imaginario nacional para alimentar la identificación con el Estado-nación por lo general implican lecciones de la historia y prácticas conmemorativas. Académicos como Benedict Anderson (2006) nos invitan a examinar la forma como se incorporan los eventos claves y personajes a los calendarios, así como las representaciones se legitiman por medio de monumentos y por lo que se muestra en los museos y lo narrado en los libros de historia; asimismo, cómo estos sitios y prácticas se conectan a los patrióticos rituales públicos e ideologías nacionales. De esta manera, el pasado se convierte en un recurso importante para la comprensión contemporánea de la nación y la pertenencia nacional.

Nuestro enfoque en la memoria social de la guerra civil y la nación puede poner de relieve el proceso oficial de construir el pasado, el cual puede llegar a ser naturalizado como verdad y tradición. Así podemos ver como los aspectos de representaciones oficiales chocan, por ejemplo, con ciertos entendimientos marginales o subalternos de la experiencia nacional (pasado o presente); y la forma como la memoria y las contra-memorias se conectan a diferentes imaginaciones acerca del pasado, presente y futuro de la nación.

Los estudios críticos de la memoria pueden explorar la forma en que el pasado es un recurso que sustenta a los proyectos del Estado-nación, pero también nutre a los nuevos proyectos públicos y contrapúblicos. Estudiar la memoria social de esta manera implica un enfoque en los sitios y en las prácticas de la conmemoración oficial, pero también en los lugares y en las prácticas públicas no oficiales para demostrar la manera en que la memoria social crea vínculos sociales públicos no oficiales, refuerza el orden social y también puede representar desafíos para ello mismo.

Las exploraciones metodológicas y teóricas de la memoria social pueden tratar de distinguir entre “historia” (como los generados por los sitios y las prácticas oficiales) y “memoria”, generada por los sitios y las prácticas alternativas (representada por los diversos grupos sociales y públicos). Aun así, la distinción entre “historia” y “memoria” puede ser difícil de establecer, en particular cuando se considera un proceso dinámico en el que las ideas sobre el pasado no son monolíticas ni inmutables, y donde los silencios u olvidos pueden oscurecer diferentes experiencias de comprensión del pasado.

Sin embargo, también debemos ver esto como un proceso dinámico. Por ejemplo, yo estoy muy interesada en como la memoria de los márgenes, o memoria que se opone a la oficial, también puede participar en la transformación de la historia oficial en lugar de simplemente funcionar en contra de la oficial. Este enfoque pone de relieve los procesos sociales activos y dinámicos que participan en representar la nación incluyendo el pasado, presente y futuro.

Si nos fijamos en el caso de estudio de Argentina, por ejemplo, nos encontramos con una serie de ejemplos sobre el trabajo de la memoria pública que se centró en la violencia estatal de la década de 1970. Este trabajo de la memoria poco a poco produjo una acción en favor de la justicia, produjo la alteración de las ideas sobre la nación y también alteró la dinámica entre el Estado y los ciudadanos. Mientras que algunos de los recuerdos pueden haberse mantenido vivos transmitiéndose en intercambios silenciosos o en espacios privados en las cocinas familiares u otros lugares íntimos, el trabajo de memoria “no oficial” también salió a las calles con las movilizaciones populares y contribuyó a llevar exlíderes militares y líderes políticos a juicio, así como con otros esfuerzos en promoción de la justicia y la democracia.

Silencio, olvidar y olvido:

La investigación de la dinámica de la memoria requiere examinar el silencio, el proceso de olvidar y el olvido. Mientras que el olvido se refiere a la pérdida del recuerdo, algo que está fuera de la conciencia, la paradoja del proceso de olvidar es que no se puede olvidar algo que no se recuerda. Moviéndose del proceso de olvidar al olvido, ¿cuál es la relación con el silencio? Si el silencio es la palabra no dicha, ¿cuál es su relación con la memoria social?

La historia nos muestra que después de la violencia de la guerra o el genocidio, el silencio puede seguir. Si el silencio se ve reforzado por la política estatal y su práctica por los actos oficiales del olvido, por el temor a las represalias o para desviarse del trauma de la experiencia, puede haber distancia temporal en la forma en que la sociedad se enfrenta a su pasado. Pensando acerca de la función del silencio, Luisa Passerini nos recuerda que:

Hay que tener fuerza, a veces, a guardar silencio, el silencio que permite la meditación y la reflexión, por la absorción de significado para el entorno y la proyección hacia el futuro (Passerini, 2003, p. 248).

Las memorias pueden existir entre el silencio y el olvido. Nosotros podemos preguntar: ¿por qué las palabras de memoria son tácitas o no son habladas?, ¿cuáles son las condiciones que se interponen en el camino de su expresión?

El silencio puede alimentar una historia. Considérese la posibilidad de las narrativas que hacen referencia a ciertas “cosas que no hablamos”, recordándolas aun cuando no hablamos de ellas. Sin embargo, con el tiempo, el silencio puede destruir la memoria e inducir el olvido. Así entiendo que el enlace entre el silencio, la memoria y el olvido es clave.

¿Cómo estudiamos el silencio? El silencio es observable cuando se rompe o se interrumpe. Podemos estudiar cuándo, dónde y cómo las personas rompen el silencio. Nosotros también podemos estudiar el silencio como una represión, como algo impuesto, y podemos estudiar el silencio que se desborda con la memoria. El silencio impuesto por las autoridades puede indicar una “amnesia” impuesta que ilustra los regímenes represivos en los que no se permite la contra-memoria pública. Sin embargo, en medio de la represión se puede estudiar, por ejemplo, la forma en que la poesía, el cine, el arte y la literatura rompen silencios.

¿Cuáles son los efectos generacionales del silencio?, ¿qué sucede con los jóvenes cuando un pasado difícil de la nación no está presente como parte de su identidad? Y si los jóvenes no están conectados con el pasado de su nación, ¿se trivializa el pasado? Si es así, ¿cuáles son las consecuencias?

La decisión de los gobiernos de no enfrentarse a un pasado difícil puede ser motivada por el deseo de no recordar lo que algunos pueden considerar como “un hecho en el pasado que ya pasó”, con el objetivo de avanzar juntos. Además, los intereses políticos o la búsqueda de impunidad no deben ser subestimados, ya que pueden ser un motivo para no querer llamar la atención sobre un pasado doloroso. Pero esa posición puede ser impugnada por otros que deciden luchar activamente contra una caída en el olvido, con el objeto de evitar la repetición de actos horribles o y continuar con los esfuerzos para corregir los errores del pasado; ¿nuestras investigaciones identifican a personas que recuerdan cuesta arriba y resisten al olvido?

En las secuelas del conflicto civil y los esfuerzos por la reconciliación, ¿podría ser importante no recordar el sufrimiento? En este sentido, ¿puede el silencio compartido en la esfera pública tener un significado positivo? En este caso, ¿podemos entender cómo el silencio está lleno de memoria y la forma en que ese silencio también puede alimentar el futuro?

¿Cuáles son las otras maneras en que podemos estudiar el silencio? Podemos tener claro el contexto del silencio, ¿quién está callado? y ¿por qué? Podemos identificar el silencio en la historiografía existente al preguntar: ¿cuáles voces no se han escuchado lo suficiente? Podemos estudiar si existen distintas memorias en la historia en relación a las memorias incluidas en la tradición oral. Nosotros podemos investigar si las diferentes memorias están incluidas en los medios de comunicación popular en relación, por ejemplo, a las memorias incluidas en la poesía.

Podría decirse que no podemos analizar la memoria sin situarla en un contexto de silencio, reconociendo la fragmentada naturaleza de la memoria y su complejidad o multiplicidad, y reconociendo que cualquier narrativa histórica es un conjunto de silencios. Teniendo en cuenta que el silencio nos obliga a estudiar los vínculos entre las formas de poder y las formas de silencio, podemos preguntarnos: ¿cuáles son los límites del silencio?, ¿cuál es el contexto?, ¿cuál es la referencia del silencio? y ¿con respecto a quién y para qué se establece el silencio?

Mientras que el estudio del silencio es crucial para entender la dinámica de poder que rodea la memoria y su expresión, también es importante tener en cuenta que la memoria es más que palabras (y el silencio es más que palabras no dichas). La memoria puede ser transmitida sin verbalización, por ejemplo, puede incorporar gestos, imágenes, objetos, imitación, recuerdos del cuerpo y de la risa, apellidos, fotografías, postales y cartas.

El silencio puede dar lugar a muchas formas de expresión de la memoria, así podemos ver cómo está implicada la memoria social en los procesos de transformación social y política, particularmente cuando las rupturas que produce el silencio desafían o alteran las representaciones oficiales o hegemónicas del pasado. En la transición de gobiernos represivos hacia una mayor democracia, ¿se motiva la ruptura del silencio y se desencadena la memoria?

La temporalidad de la memoria

En su obra Filosofía del Presente, George Herbert Mead (1949) afirma que “el pasado es tan abierto como el futuro y tan dependiente del presente”. El pasado se renovó en, y a través de, nuestras prácticas interpretativas. Se hace presente en nuestras vidas a través de interpretaciones que son el resultado de las redescripciones y negociaciones. Estas representaciones vienen desde el punto de vista del presente y son informadas por nuestra visión actual del futuro. Las investigaciones de la antropóloga Lessie Jo Frazier (2007) sobre los cambios en los modos de la memoria popular acerca de la violencia estatal en Chile nos recuerdan la dinámica de la memoria acerca de determinados acontecimientos históricos. En particular, Frazier se centra en el afecto o emoción que genera la memoria en diferentes periodos históricos alrededor de ciertos episodios de violencia y represión. En su investigación, ella menciona las diferencias de afecto y respuestas del pueblo chileno, las cuales pasaron de “catarsis” a la “empatía” y “simpatía”. Identificar los diferentes tipos de memoria es importante para su investigación, en particular para entender cómo la memoria puede estructurar sentimientos y motivar a la acción social, mientras busca en la memoria la posibilidad de limitar la violencia estatal y la creación de una sociedad más justa. Ella nos recuerda, sin embargo, que la memoria es:

[…] persistente y difícil de alcanzar, irónica, y ambas albergan y ocultan las posibilidades de la política de emancipación (Frazier, 2007, p. 31).

La contribución de Frazier es mostrarnos cómo la memoria social refleja nuestro pensamiento de un evento, el cual puede ser experimentado de manera diferente en distintos períodos y bajo condiciones específicas. Esta es una perspectiva muy importante de la memoria social, por ejemplo: nosotros que investigamos las prácticas de la historia y de la memoria y la construcción de significados en torno a la Matanza de 1932, nos resulta evidente que la forma en que la “Matanza” se entiende hoy en día a través de las investigaciones académicas y del activismo es distinta de su representación en las diferentes épocas pasadas (Gould & Lauria Santiago, 2008; Lindo Fuentes, Ching y Lara Martínez, 2007; Lovato, 12 de marzo de 2009). Viendo hacia atrás, a los significados atribuidos a 1932 en diferentes épocas históricas, se revela que el contexto y las preocupaciones del presente tienen una enorme influencia en las interpretaciones del pasado.

Amnistía

Después de importantes cambios políticos, algunos gobiernos realizan actos oficiales del olvido que afectan a las instituciones, así como a los ciudadanos. Tales actos pueden demandar que el público se olvide de un hecho del pasado en particular. Sin embargo, pretender que a la gente se le olvide algo también puede conducir a su atención. No se puede olvidar algo que no se recuerde; la amnistía, que es la amnesia legal, representa esta dinámica perfectamente. Conceder amnistía requiere el reconocimiento de que cierto número de delitos se produjo, estableciendo que los autores no serán investigados o enjuiciados, todavía queda un registro del presunto delito. Sin embargo, la amnistía interrumpe la aplicación de la ley para no llevarla a cabo. Se entorpece el imperativo de descubrir y presentar cargos. Así, la amnistía acepta la existencia de un delito. Esto no es igual a un perdón, pero es igual a que la inmunidad del crimen se mantenga. La amnistía interviene ante una corte judicial, poniendo a un lado la pena por el delito, le prohíbe a la ley descubrir el delito y llevarlo a juicio. La amnistía produce una forma de memoria a través de querer borrar el delito. En el presente, el proceso puede llamar la atención con la ausencia de responsabilidad, pero nos recuerda nuestras responsabilidades con el pasado.

¿Cuáles son los actos de olvido y negación de responsabilidad que puede sostener la amnistía?, ¿qué sucede con los reclamos del pasado cuando hay actos de olvido?, ¿qué sucede con las responsabilidades y objetivos del futuro?

Cuando se habla de memoria, el silencio, el proceso de olvidar y el olvido nos recuerdan que nuestras memorias están vinculadas con el compromiso y con el sentimiento. En la memoria, nosotros podemos volver a re-experimentar la emoción que sentimos en el pasado. Vinculados a las naciones y construyendo la nación, los pasados victoriosos o las derrotas del pasado pueden vincularse al orgullo o la vergüenza. Éstos pueden motivar el deseo de repetir el éxito o vengar una derrota. Los proyectos políticos pueden utilizar estas emociones y compromisos y pueden desarrollar nuevas emociones y compromisos a través de procesos que transforman los entendimientos y las identidades.

¿Por qué recordar? La ética de la memoria

En esta presentación he explorado la memoria social para levantar preguntas sobre quién se acuerda, cuándo y cómo, la conexión de la memoria con la construcción de la nación, pero también he tomado en cuenta la dinámica del silencio, el proceso de olvidar y el olvido. Espero que esta formulación sea útil a medida que nosotros continuemos compartiendo ideas e información durante este foro.

Ahora me gustaría concluir con una breve mención de la ética de la memoria: ¿por qué es importante tenerla en cuenta? En particular, ¿por qué es importante recordar pasados difíciles como los que se vinculan con la guerra civil de El Salvador y sus consecuencias?, ¿cómo es que la memoria condiciona nuestras relaciones sociales y nuestro sentido del futuro y cuál es su conexión con la ética?

La ética se refiere a los principios morales que guían nuestra conducta en nuestras relaciones con los demás. Podemos orientar nuestra actitud a cuidar a los demás; ello una actitud fundamental para nuestras relaciones humanas densas, como en nuestro papel como padres, amigos y conciudadanos. Avishai Margalit sostiene que la ética se basa en un pasado común y en la memoria colectiva. De esta forma, la memoria como la ética están ancladas en el pasado, ambas pueden contener los valores que guían nuestras actitudes actuales y las relaciones sociales en el presente. Extendiendo este vínculo entre el pasado y el presente, la memoria y la ética también están conectadas con el futuro. Nuestras expectativas, aspiraciones y compromisos (sustentados en el pasado que se recuerda en el contexto actual) fundamentalmente construyen nuestras ideas sobre el futuro. Lo anterior es para subrayar también que nuestro foro, “Las memorias de la guerra: cambios y continuidades en las sociedades locales a principios del siglo XXI”, no es sólo sobre el pasado y el presente, sino también para imaginar el futuro de El Salvador.

Referencias bibliográficas

Anderson, B. (2006). Imagined Communities: reflections on the origin and spread of nationalism. London, England: Verso.

Bergson, H. (2010). Matter and Memory. (Trad. Nancy Margaret Paul and W. Scott Palmer). Recuperado de Digireads.com

DeLugan, R. M. (2012). Reimagining National Belonging: Post-civil War El Salvador in a Global Context. Tucson, USA: University of Arizona Press.

Frazier, Lessie Jo. 2007. Salt in the sand: memory, violence, and the nation-state in Chile, 1890 to the present. Durham, USA: Duke University Press.

Gould, J. L. and Lauria Santiago, A. (2008). To rise in darkness: revolution, repression, and memory in El Salvador, 1920-1932. Durham, USA: Duke University Press.

Halbwachs, M. (1980). On Collective Memory. New York, USA: Harper and Row.

Lindo Fuentes, H.,Ching, E.,Lara Martínez, R. and Johnson L. L.(2007).Remembering a Massacre in El Salvador: The Insurrection of 1932, Roque Dalton, and the Politics of Historical Memory. Albuquerque, USA: University of New Mexico.

Lovato, R. (12 de marzo de 2009). Izalco, El Salvador and the Way Beyond the Silence. Of América. Consultado el 20 de septiembre de 2013. Recuperado de http://ofamerica.wordpress.com/2009/03/12/izalco-el-salvador-and-the-way-beyond-the-silence/.

Mead, G. H. (1932). Philosophy of the Present. Amherst. New York, USA: Prometheus Press.

Passerini, L. (2003). Memories Between Silence and Oblivion. In Hodgkin K. and Radstone S. (Eds). Contested Pasts: The Politics of Memory (pp. 238-254). New York, USA: Routledge.

Notas

1. El presente trabajo se basa en la conferencia inaugural en el foro: “Las memorias de la guerra: cambios y continuidades en las sociedades locales a principios del siglo XXI”, realizado en octubre de 2013. El foro sobre “Las memorias de la guerra: cambios y continuidades en las sociedades locales a principios del siglo XXI” fue organizado por Dignity, Instituto Danés contra la Tortura, la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador y la Universidad de El Salvador. Se llevó a cabo en las instalaciones de la Universidad de El Salvador. La autora agradece a Carlos Lara Martínez, de la Universidad de El Salvador, Miguel Montenegro, de la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador, Henrik Ronsbo, DIGNITY: Instituto Danés contra la Tortura, y a todos los que ayudaron a hacer este importante encuentro una realidad.

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