Dossier Temático

Presentación del Dossier

Dossier Presentation

Carlos Benjamín Lara Martínez
Universidad de El Salvador, El Salvador

Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador

ISSN: 1991-3516

ISSN-e: 2520-0526

Periodicidad: Semestral

núm. 153, 2019

realidad.director@uca.edu.sv



DOI: https://doi.org/10.5377/realidad.v0i153.9457

Presentación del Dossier

El presente dossier del No. 153 de Realidad promueve la discusión académica y científica sobre un tema de gran trascendencia tanto para la sociedad salvadoreña como para la sociedad mundial, a saber: la memoria colectiva e histórica, la cual está presente en nuestras sociedades, independientemente de que valoremos positiva o negativamente su existencia. Por ello es necesario desarrollarla y orientarla, de acuerdo a los valores que promueve una sociedad más justa, equitativa y solidaria.

Como lo ha establecido Paul Ricoeur1, la memoria social entrelaza el pasado con el presente y el futuro, construyendo una estructura de significación que propicia la creación y recreación de valores y normas sociales que orientan la vida cotidiana. Su sentido no es el pasado en sí mismo, sino el significado que ese pasado tiene para el funcionamiento de la sociedad contemporánea. ¿Qué impacto tiene el discurso de la memoria histórica en la construcción de un nuevo tipo de sociedad y de cultura tanto para la sociedad nacional salvadoreña como para las sociedades locales que forman parte de la sociedad más amplia?

Es tarea de los investigadores descubrir el impacto de este discurso en la construcción de un nuevo tipo de sociedad y de cultura, entendiendo por “un nuevo tipo de sociedad y de cultura” a una sociedad diferente a la que existía antes del conflicto político-militar2. También es importante descubrir en qué medida el discurso de la memoria histórica o la interpretación que los sujetos sociales tienen de su propia historia, influyen en la construcción de estructuras sociales y simbólicas en la sociedad en donde se crea ese discurso y hasta qué punto dicho discurso se proyecta hacia el futuro.

El artículo de Robin DeLugan proporciona un panorama general de los estudios sobre memoria social, sosteniendo que la memoria es, ante todo, una construcción colectiva, no una elaboración individual, y que involucra intereses de grupo. Este discurso histórico está condicionado por la sociedad en la cual se le construye, ya que la elaboración del discurso histórico está determinado por los intereses y orientaciones de los grupos que lo crean y recrean en la sociedad contemporánea. “El pasado no es historia”, se titula el importante documental producido por Richard Duffy, Mike Goldwater y Jenny Pearce en 2015, a propósito del conflicto político-militar vivido en el oriente de Chalatenango, haciendo referencia al hecho de que la memoria histórica es producida en el presente para consumo del presente, esto es, con el objeto de transmitir un mensaje que es pertinente para orientar la vida en la sociedad contemporánea y su proyección hacia el futuro.

DeLugan también aborda la construcción de una memoria nacional, la cual representa una construcción conflictiva que incorpora diferentes discursos de la memoria –memoria y contramemorias, como señala la autora–, los cuales responden a diversos grupos de interés. El Estado representa un protagonista fundamental en esta acción, fijando una interpretación determinada del pasado a través de la escuela y la realización de rituales de la memoria, los cuales se llevan a cabo en lugares que adquieren significado para la construcción de la nación. De esta forma, monumentos y héroes nacionales son glorificados en estas conmemoraciones.

La construcción de una memoria nacional supone la incorporación, por parte de esta memoria, de determinados conceptos y planteamientos de la historia científica, los cuales proporcionan un sentido de verosimilitud3 a este discurso4, configurando lo que en otro trabajo hemos denominado “memoria histórica”. La memoria nacional, sin embargo, no debe entenderse como una memoria construida únicamente desde el Estado, como tradicionalmente se ha sostenido, sino que involucra a diversos sujetos de la sociedad nacional como organizaciones y partidos políticos, organizaciones no gubernamentales, individuos cuyas creaciones culturales son reconocidas por la sociedad y, en general, lo que se denomina sociedad civil.

Eric Ching introduce el concepto de comunidades de memoria para referirse a un conjunto de personas que comparte un tipo determinado de narrativa, como el hecho de incluir determinados acontecimientos y excluir otros, utilizar un estilo y una estructura de narración comunes, abordar la historia de El Salvador más o menos de la misma manera y desarrollar planteamientos y valoraciones similares: “lo que comparten las narraciones de cada grupo”, sostiene Ching en su artículo, “son tan evidentes que parecerían ser el resultado de un esfuerzo coordinado”.

Ching identifica cuatro comunidades de memoria: élites civiles, oficiales del ejército, comandantes guerrilleros y miembros de las bases de las organizaciones o “autores de testimonio”. Estas cuatro comunidades generan un discurso propio, lo cual en ningún momento supone que sea un discurso homogéneo o libre de contradicciones, sino que representan discursos que mantienen características comunes, tanto por su configuración formal como por los contenidos que crean y recrean.

Este concepto de comunidades de memoria puede ser de mucha utilidad para los estudios sobre memoria social e incluso puede ser ampliado para entender la construcción de la memoria en grupos de carácter territorial, como el oriente de Chalatenango y el norte de Morazán. También en estas microrregiones se construye un discurso histórico que establece caracteres formales y de contenido común, lo cual se configura a través de la oralidad, así como de la actividad ritual, los museos, la fotografía, y otros medios.

En este número se agrupa un conjunto de artículos sobre el oriente de Chalatenango –Jenny Pearce, Georgina Hernández, Molly Todd y Jacey Anderson, Carlos Lara Martínez y Adriana Alas–, con lo cual se fomenta un diálogo sobre la construcción de la memoria histórica en esta microrregión. Es de seguir profundizando en el estudio de “comunidades de la memoria” en determinadas microrregiones, pues de esta manera podremos identificar a los diversos grupos que construyen diferentes interpretaciones sobre el pasado.

Jenny Pearce utiliza los trabajos de Walter Benjamin para dar cuenta de la dinámica revolucionaria de los pequeños agricultores del oriente de Chalatenango, quienes no son simples víctimas, sino que se constituyen como protagonistas de su propia historia. “Se trata, en primer lugar, de los agentes de ruptura en la historia”, señala la autora. La construcción del poder popular local y las transformaciones producidas a través del conflicto político-militar son ejemplos concretos de que los semicampesinos5 del oriente de Chalatenango no son simples actores pasivos, más bien, se les debe concebir como sujetos que producen sus propias transformaciones. En sí mismo, esto representa un cambio de paradigma, en el sentido de que el campesinado tradicionalmente ha sido concebido como un actor pasivo que se mueve en virtud de los dictámenes de la sociedad más amplia –la sociedad nacional y global–, sin embargo, los trabajos que se agrupan en este número resaltan el papel activo de los pequeños agricultores, quienes luchan por construir un nuevo tipo de sociedad y de cultura.

Lo anterior no siempre es bien comprendido, pues como hemos señalado más arriba, en el estudio del cambio social predomina el paradigma del evolucionismo unilineal de carácter eurocéntrico, según el cual, las sociedades campesinas necesariamente deben evolucionar hacia la sociedad urbana, negándose de esta manera la posibilidad de generar un cambio social de acuerdo a sus propios valores culturales. En otras palabras, si su interés es generar un cambio social, entonces tienen que dejar de ser campesinos y esto no siempre es deseado por las poblaciones campesinas y semicampesinas.

Por el contrario, en este número se da a conocer como las sociedades del oriente de Chalatenango y del norte de Morazán han mejorado sus condiciones de vida sin dejar de ser semicampesinos, a pesar de que la condición semicampesina ha cambiado desde el período anterior al conflicto político-militar al período que se abrió a partir de los Acuerdos de Paz. Esto plantea un desafío a las teorías del desarrollo, pues obliga a que el investigador genere proyectos de desarrollo tomando en cuenta los valores culturales de las sociedades beneficiadas.

Por último, el trabajo de Clara Guardado es de gran trascendencia, pues da a conocer el interés de la sociedad por esclarecer una de las grandes masacres de la década de los 80, la cual sigue estando presente en la conciencia social de los salvadoreños, tanto en la conciencia nacional como en la conciencia de la localidad. El trabajo que desarrolla el equipo de antropólogos forenses fundamenta la cultura del terror que ha predominado en la sociedad salvadoreña y desafía la política de perdón y olvido del Estado salvadoreño.

Notas

1. Ricoeur, P. (2004). La memoria, la historia, el olvido. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
2. Es importante aclarar que “un nuevo tipo de sociedad y de cultura” no se refiere a una sociedad y cultura superior o que mejora en todos los ámbitos la calidad de vida con respecto a la sociedad anterior, sino a una sociedad y cultura de calidad diferente a la anterior, en este caso a la que existía antes del conflicto político-militar (en las décadas de 1950 y 1960), la cual en algunos aspectos mejora la calidad de vida mientras que en otros no. En este sentido, se supera el paradigma evolucionista unilineal que establece que toda sociedad posterior es superior o más avanzada que la anterior.
3. Giménez, G. (1983). Poder, estado y discurso. Perspectivas sociológicas y semiológicas del discurso político-jurídico. Universidad Nacional Autónoma de México.
4. Lara Martínez, C. B. (2018). Memoria histórica del movimiento campesino de Chalatenango. San Salvador: UCA Editores.
5. Se utiliza el concepto de semicampesino para dar cuenta de un grupo que combina la economía de subsistencia con la economía monetaria capitalista, en las décadas de 1960 y 1970, contratándose como fuerza de trabajo en las cortas de café, caña de azúcar y algodón, y después de los Acuerdos de Paz a través de la migración transnacional.

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