

Ensayos
Acercamiento a la temática del amor: encuentro de psicoanálisis y filosofía
Approach to the theme of love: meeting of psychoanalysis and philosophy
Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador
ISSN: 1991-3516
ISSN-e: 2520-0526
Periodicidad: Semestral
núm. 154, 2019

Resumen: El presente trabajo posee como propósito identificar las diversas concepciones del amor propuestas por teóricos de todos los tiempos, concernientes a dos disciplinas desiguales pero complementarias: el psicoanálisis y la filosofía. Se indaga en las hipótesis de Freud y Lacan y se explora sucintamente en El banquete, de Platón. Asimismo, se dialoga con teóricos contemporáneos como Žižek. El artículo brinda un abordaje fundado en una amplia gama de posturas: los enunciados más difundidos y también los más estudiados con respecto al tema humano que más controversias ha generado: el amor. Finalmente, pese a los intentos por alcanzar una definición más o menos apropiada para definir los vínculos amorosos, hallar una especie de norma, o la tentativa de una generalizació, las aportaciones de los filósofos y psicoanalistas nos dejan con un panorama ventajoso y las lecturas de las obras nos conceden elementos nuevos, para abordar aspectos preliminarmente inciertos de un tema muy complejo.
Palabras clave: Psicoanálisis, Filosofía, Teorías, Amor, Abordajes, Vínculos amorosos.
Abstract: The purpose of this work is to identify the different conceptions of love proposed by theorists of all times, concerning two unequal but complementary disciplines, psychoanalysis and philosophy. The paper researches the hypotheses of Freud and Lacan, succinctly in Plato in his work “The Banquet.” Likewise, contemporary theorists such as Žižek were analyzed. The article provides an approach based on a wide range of positions, the most widespread statements and also the most studied with respect to the human issue that has generated the most controversies: love. Finally, despite attempts to reach a more or less appropriate definition to define love ties, find a kind of norm, or the attempt to generalize, the contributions of philosophers and psychoanalysts, leave us with an advantageous panorama and the readings of the works grant us new elements, to address preliminary uncertain aspects of a very complex subject.
Keywords: Psychoanalysis, Philosophy, Theories, Love, Approaches, Loving links.
1. Introducción
La vigencia del psicoanálisis tiene que ver con esa necesaria interrogación por la Subjetividad, que nos permite una mejor comprensión del mundo en que vivimos y de nuestro propio espacio vital (Roudinesco, 2000; Derrida y Roudinesco, 2005)
¿Qué es lo típico en los seres humanos? ¿Hay elementos en común en el cosmos amoroso de los sujetos? Preguntas obscuras para iniciar esta reflexión, pero que son cuestionamientos que no dejan impasible a nadie. En este texto sin afán de tomar partido por un enfoque más adecuado que otro para abordar el dilema del amor, se realizó un breve recorrido por diversos autores y teóricos que han gastado páginas y tinta en el intento por develar este fenómeno humano. El artículo no se centra en una línea delimitada, sino que busca que el lector, con sus propios esquemas de pensamiento, logre articular lo más adecuado. Para ello, se reunieron diversas perspectivas respecto al amor, buscando tener un panorama amplio.
Uno de los enfoques a considerar en el presente escrito es el psicoanalítico. Es debido a esto, que no se debe dejar de sugerir el estado inicial y actual de este modelo. Recordemos la publicación de El libro negro del psicoanálisis en 2006, obra en la que se enumeraban todos los deslices teóricos y fraudes clínicos del psicoanálisis, lo cual era una demanda anhelada por muchos. Sin embargo, pareciera que el fruto de estos eventos en pos de excluir al psicoanálisis del ámbito de la psicología, crearon justamente la consecuencia contraria a la deseable, siendo actualmente considerada como la orientación que mejor logra adaptarse a los escenarios de nuestra sociedad actual, En suma, el enfoque, actualmente, es tan valorado como criticado con igual intensidad (Žižek, 2008).
Ahora bien, el movimiento psicoanalítico, desde el momento de su instauración, fue tema de diversas controversias. Freud nos dejaba en claro desde temprano en el desarrollo del enfoque que “el psicoanálisis tenía por esencia y vocación suscitar resistencias (Widerstände) en cierto modo estructurales” (Assoun, 2005, p. 17). Pese a este pensamiento aparentemente negativo –está concepción tiene doble lectura por supuesto–, las resistencias para Freud, al menos en el procedimiento analítico son fundamentales y parte innegable del proceso de la cura. Por ello, a nivel social, las resistencias de las masas sólo son barreras derivadas del miedo que tienen al conocimiento inconsciente –a nivel individual o histórico-social–. En este sentido, los obstáculos previamente mencionados, gracias al paso del tiempo y los cambios sufridos por nuestra cultura, han logrado derribarse poco a poco –aunque las resistencias inevitablemente aún en nuestros días siguen persistiendo.
Actualmente, el psicoanálisis tiene plena vigencia, puesto que ostenta todo lo que hace falta a las neurociencias, psicología, psiquiatría y psicofarmacología para no caer en un exagerado reduccionismo que deje de lado lo específico de la condición humana. Todos los descubrimientos de estos campos solo terminan por ofrecer inconscientemente un sólido apoyo a las tesis psicoanalíticas principales (Bleichmar, 1999). El psicoanálisis se ve aún como una herramienta necesaria para afrontar las disyuntivas de salud mental proporcionadas por nuestra época (Roudinesco, 2000)
Dentro de la postmodernidad, podemos encontrar un sinfín de temáticas que ni los teóricos contemporáneos ni los teóricos de todos los tiempos abarcan. Sin embargo, en este escrito retomaremos un debate que no deja de ganar lugar entre las reflexiones actuales; la temática del amor –temática por excelencia considerada en diversas disciplinas como objeto de estudio y fenómeno de comprensión a nivel de relaciones humanas. Uno de los principales enfoques que han insistido en plantear y replantear estedilema humano es el psicoanálisis –nos referimos al tema central de este escrito; el amor-. Es por ello que Alain Badiou (2012) sostiene que uno de los acontecimientos que merecen ser pensados es el amor, y que la disciplina específica para ocuparse de él es el psicoanálisis. Dicho esto, desde el psicoanálisis, respecto al amor, a pesar de los avances en la escuela a nivel teórico-práctico, como también en sus delimitaciones de objeto y campo de estudio, es importante aclarar que sigue vigente en cuanto a tema digno de considerar al momento de levantar la pluma. A saber, los discursos articulados de este fenómeno son tan variados como opuestos entre sí.
Por ello y con el objetivo de abarcar la totalidad de la temática del amor, es que el presente escrito reúne diversos intentos por dar respuesta a la demanda universal comprensión de este fenómeno humano. Parece curioso todo lo que desprende un concepto compuesto por tan solo cuatro letras, empero, ciertamente aún en nuestra época, no hay consenso respecto a ella entre filósofos, poetas, psicólogos, psicoanalistas etc. Asimismo, los estudios y libros que trabajan la temática componen una extensa lista -en la medida que se teoriza, aparece otra modalidad no considerada anteriormente y se vuelve a esta nada originaria de lo que es el sentido verdadero del amor-
De todas las posturas filosóficas al respecto tomaremos aquella que han influido específicamente en los dos principales representantes del psicoanálisis. Freud y Lacan. A ello agregamos, a la inversa, el enfoque de uno de los filósofos actuales que más se han visto influidos por el psicoanálisis en sus reflexiones acerca del amor: Slavoj Žižek.
2. Psicoanálisis, amor y lenguaje
Para el psicoanálisis el amor es ante todo una palabra, un significante. Lo cual no significa que sea algo vacío de sentido. Si algo le interesa al psicoanálisis es cómo el lenguaje afecta las relaciones entre los sexos, convirtiéndolas, justamente, en relaciones amorosas, lo cual está lejos de llevar paz y armonía a la vida de relación de los seres humanos, en tanto seres hablantes. El filósofo y psicoanalista lacaniano Slavoj Žižek (2008) refiere que;
“Para Lacan, el lenguaje es un don tan peligroso para la humanidad como el caballo lo fue para los troyanos: se nos ofrece para que hagamos uso de él sin cargo, pero una vez que lo aceptamos, nos coloniza. El orden simbólico surge a partir de un don, de un regalo, que presenta su contenido como neutral para hacerse pasar por un don: cuando se ofrece un regalo, lo que importa no es su contenido sino la relación que se establece entre el que regala y el que recibe cuando éste acepta el obsequio” (21).
A partir de este fragmento, alcanzamos a distinguir en el lenguaje un dispositivo integral y complejo. Entre sus particularidades hallamos en este algo creador, particular y que a la vez funciona como un muro para las relaciones entre los sujetos, además de que el lenguaje es el único código de comunicación que asume en si una doble articulación, el significante y el significado, siendo el primero el elemento determinante, pues fuerza al viviente afectado por el lenguaje a buscarle un sentido a todo lo que puede nombrar y, sobre todas las cosas, al amor.
En este sentido, nos localizamos transitando con pasos lentos, firmes y a veces tambaleantes en el extenso libro de la vida, deambulando muchas veces en una nebulosa al momento de escribir nuestros días. El amor tomado por el lenguaje, es considerado por el psicoanálisis como una compleja estrategia de guerra para avanzar en el campo de la lucha cotidiana. En este campo de guerra, nos aferramos en ver al otro sin su falta imperante; un engaño sutil pero complejo que trae este característico entramado de encuentros y sobre todo desencuentros ante el agujero de lo real.
El lenguaje, visualizado como herramienta, herramienta que los individuos monopolizan para lograr desde su subjetividad, generar lazos significativos, creaciones inconscientes que son verbalizadas, es un engaño. Sin tener mucha consciencia respecto del real mensaje que estamos emitiendo, somos corrompidos constantemente, por eso que nos llega, que está en nosotros desde mucho antes de incluso de lo que es tangible; el lenguaje está ahí antes de que nos insertemos en él al nacer.
3. Luego de lo complejidad, el amor…
Los discursos articulados de este fenómeno del amor son tan diversos como opuestos entre sí. Encontramos frases muy difundidas, tales como:
Amar es ante todo querer ser amado, y uno sacrifica su subjetividad para hacerse objeto del otro en el amor. ¿El amor es amor por el otro o goce de ese discurso tan particular que constituye el hecho de “hablar de amor”? En ambos casos, hay poca diferencia entre amor y erotomanía. Con la salvedad de que el “fallo” del Otro producido por el narcisismo presenta consecuencias más o menos radicales (Miller, 2008: 11).
Lo que en otras palabras refiere es cómo, en el ininteligible proceso de vinculación con el otro, bajo el alero del amor, se sacrifica un segmento del propio ser en el experimento de conseguir un todo –un todo que en verdad no es-. Adjudicarse la respuesta oculta al fenómeno del amor no es un hecho habituado ni de momento permisible, pero si es un concepto que nos genera una gran certeza: ser factor innegable eincalculable de controversias y críticas sin igual.
Jacques Lacan (1987), articula una frase colmada de agitaciones que no han dejado de seguir en incremento, “No hay relación sexual”, postuló el maestro francés, considerando esta como tesis imprescindible para vislumbrar el carácter propio del universo afectivo. La tesis en cuestión fue trabajada originalmente en su seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1987) y fue desarrollada más adelante a lo largo de su obra. En este sentido, dar vueltas en torno a esta hipótesis aclaratoria de los vínculos humanos ha creado diversas reflexiones, ataques y disputas en torno a la misma, cuando lo que nos viene a indicar es no hay fórmula clave para los enamorados – que es lo que intenta comunicar esta frase-, y tampoco se puede forjar una etiqueta que abarque cabalmente el amor como tal.
En este sentido, si bien ilustramos que el psicoanálisis ni hace generalizaciones al respecto, el esfuerzo de Lacan por puntualizar este fenómeno (tan atrayente al instante de comprender al ser humano), entrega un punto de partida: toma en consideración cada caso que se produce en las relaciones que se crean. Ahora bien, uno de los casos de contestación ante esta disyuntiva es Freud (1927-1931), quien refiere:
“La orientación de la vida que sitúa al amor en el punto central que espera toda satisfacción del hecho de amar y ser-amado. Una actitud psíquica de esta índole está al alcance de todos nosotros; una de las formas de manifestación del amor, el amor sexual, nos ha procurado la experiencia más intensa de sensación placentera avasalladora dándonos así el arquetipo para nuestra aspiración a la dicha” (82).
En estas líneas, escritas hace mucho tiempo, alcanzamos a entrever un mensaje consolador para la humanidad -que parece ir en contra de los fundamentos de los analistas actuales, quienes elevan la existencia de una imposibilidad de amar y desear a la misma persona-, en el sentido de que todos seriamos idóneos para obtener este sentimiento, y vivirlo, pero en esta especie de hipótesis, no deja de emerger otro enigma: ¿El amor es un ideal con una modalidad específica, o un sentimiento asequible para todos, pero de desiguales maneras?
4. El amor a través del tiempo: De Platón a Kierkegaard
“El signo último, más feliz e incondicionalmente convincente del amor es éste: el amor mismo, que es conocido y reconocido por el amor en el otro. Respecto del amor al prójimo no hay más que una sola pregunta, la del amor, y sólo una sola respuesta de eternidad: el amor. El prójimo es, en efecto, cada hombre, todo hombre incondicionalmente; todas las diferencias se han alejado del objeto y este amor se conoce en que su objeto está sin ninguna determinación cercana a las diferencias, lo cual quiere decir que ese amor es conocido sólo por el amor. ¿Acaso no es la suprema perfección?”
Kierkegaard
Los primeros estudios sobre el amor se remontan a Platón y otros grandes filósofos griegos quienes, a través de reflexiones y escritos acordes a su época y cultura, lograron generar una respuesta al fenómeno en estudio.
En los Diálogos de Platón (1988) reverenciados como su obra maestra hallamos diversos discursos realizados Uno de ellos, El banquete (1988), es una especie de simposio, en el cual dialogan diversos personajes: un poeta, un médico, un filósofo y algunos amigos. El texto se caracteriza por presentar diferentes perspectivas acerca del amor, desde Fedro –el primero en hablar-, quien proclama al amor como el dios más antiguo. Más adelante se encuentra la concepción de amores corruptos, el amor como armonía, etc. Pero aquí, una de las concepciones que más llama la atención es la referencia de Sócrates a una definición del amor entregada a él por Diótima: en ésta el amor es el deseo, ni es lo más bello, ni es lo más horrible, tampoco es algo bueno: es como un demonio. Esta concepción del amor, parece ir en contra de los cinco discursos previos. No obstante, es una definición que es aplaudida por todos quienes los que encontraban reunidos (Platón, 1988).
Ahora bien, en esta obra, encontramos las bases de los debates actuales sobre el amor, la amplia gama de discursos elevados en el simposio, dan cuenta de la calidad argumentativa de los reunidos allí, pues pese a la época, aún en la nuestra, las preguntas que quedaron pendientes en ese encuentro, no ha logrado ser respondidas, pues el amor sigue siendo un tema de diversos debates.
Tenemos allí desde el intento por explicar el amor remitiendo a un pasado mítico –Fedro hablando del primero de los dioses-, pasando por la idea del amor como un intento por fundirse como la otra mitad que no complementaría de no ser porque los dioses nos castigaron separándonos de ella para siempre –como lo muestra el discurso de Aristófanes y su mito del hermafrodita-, hasta llegar a la idea socrática del amor como hijo de la pobreza y de la riqueza, como deseo de aquello que se tiene como algo que falta, y a lo que aspiramos en la forma de una belleza que es el velo sensible tras el cual se esconde la verdad de las ideas eternas, que son el objeto del verdadero amor, del amor puro.
Volviendo al tema central, respecto a El banquete (1988) encontramos:
“La teoría del amor en El banquete nos expone de forma sistemática, sino dialéctica, de suerte que el diálogo Sócrates-Diotima representa la fase final de todas las intervenciones precedentes que matiza y complementa la tesis de los oradores anteriores” (154).
Con el paso del tiempo, el interés por el fenómeno no quedó obsoleto, sino que fue en incremento. Hallamos que el dilema del amor se perpetuó en el tiempo, siendo estudiado ulteriormente con armónica entrega, motivación y un nuevo fin: el amor cristiano o Ágape -entendiendo que cada época, acorde a sus características indagaba para responder a los fenómenos en la mesura de sus reflexiones obtenidas y re-elaboradas.
En este sentido, mediante las indagaciones, se llegó a encontrar la existencia del amor puro. El atributo definitorio del fenómeno visualizado como la bondad, el entregar a otro sin buscar una respuesta o algo a cambio, la reciprocidad ya no como sinónimo del amor, respecto a esto encontramos las reflexiones de Le Brun (2004) quien refiere:
“Así se consideraba que el único amor verdadero estaba apartado de cualquier perspectiva de recompensa y de cualquier interés propio, y que el criterio de validez e incluso de legitimidad del amor era la perfección de un desapego llevado hasta la pérdida del sujeto” (8).
En aquellas líneas podemos esclarecer esta suerte de esperanza respecto a la existencia de este amor que va más allá del esperar un intercambio, el amor como un acto de entregar solo por entregar, es decir, amar por amar, amar por expresar y vivir el sentimiento. Se entiende al amor como un sentimiento capaz de embriagar, con una meta clara, pero sin esperar homenajes por este acto heroico de amar. El objeto de amor es visto y valorado como digno de recibir toda la expresión del mundo afectivo de un individuo.
Prosigue con este concepto más adelante el filósofo Arthur Schopenhauer -aclaremos que el autor desarrolló en mayor profundidad lo aquí sucintamente mencionado-, refiere al “amor puro” presente en el individuo como un hecho posible, a pesar de sus postulados más pesimistas. Quizás debido a la influencia de Kant, explica este amor como el segundo grado respecto a las relaciones del hombre con su prójimo a “la bondad de la intención propiamente dicha”, esta es la manifestación del amor puro, del amor desinteresado por el otro (Schopenhauer, 1988).
En este sentido, pareciera ser que esta visión del amor como puro y bondadoso, corresponde exclusivamente a la época y las reflexiones obtenidas en este periodo son propios de ella –por las condiciones y acontecimientos que acompañan su descubrimiento-. Pero no, también consigue acoplarse a lo que aconteció con Las obras del amor (1847), firmada por Soren Kierkegaard. Aquí también podemos encontrar una nueva representación, propia de otra época -y propia de un autor determinado-. Las hipótesis fundadas por Kierkegaard del mismo modo son aludidas por Freud (1930) en El malestar en la cultura. Estas van orientadas a desistir del amor puro,por un cambio en la visión encauzada en la importancia del amor hacia el prójimo, entendido como error, como otro error más.
Por ello, recordamos la frase del Nuevo Testamento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Como efecto del análisis de los dos autores previamente mencionados, fue postulada –sin ser este el afán-, como centro del prosperar y epicentro de desarrollo de innovadoras teorías del romanticismo. Pero en el psicoanálisis, fue vista como un factor de alta peligrosidad, pues la frase en sí, promueve erradicar el amor más narcisista y generar un sacrificio de éste en favor de la socialización, el amor egoísta como sacrificio elevando una caída, la pérdida del sí mismo, una suerte de juego casi mortal para la subjetividad.
Para Freud hay un hecho inhumano en este intento, pues si no todos los seres humanos son merecedores de amor, ¿por qué debo sacrificar parte de mi amor narcisista y evitar en una relación con otro el satisfacer la agresividad que viene en esta suerte de diada Amor-Odio que se genera frente a cada objeto? Lo anterior puede traducirse, en palabras de Le Brun (2004): “Toda satisfacción no es más que liberación de un dolor, de una necesidad, y toda felicidad está signada por la negatividad” (297)
5. El amor en Schopenhauer
El filósofo del pesimismo, Arthur Schopenhauer, no queda excluido del psicoanálisis. De hecho, las investigaciones actuales, revisiones teóricas y análisis en profundidad de sus textos nos permiten ver cómo este filósofo influyó en la teoría del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Sin afán de generar una base para la teoría psicoanalítica, en su obra innegablemente encontramos nexos dignos de considerar al momento de revisar la obra de Freud, considerando el impacto que tuvo Schopenhauer en el proceso del establecimiento de la escuela psicoanalítica (Barria, 2019).
Para Schopenhauer el amor parece encontrar una sentido claro. En su obra La metafísica del amor (1988), este autor considera claro que el amor pasional es un engaño para nada sutil, en el cual el instinto de la especie domina sobre el principio individual. En este sentido, el amor pasión es una forma de la naturaleza de integrar al raciocinio, sin despegarse de lo emocional. Lo que en palabras de Le Brun (2004) significa que “hay un amor cuyo origen es una intuición capaz de ir más allá del principio de individuación, es lo que Schopenhauer llama Mitleid, la ‘compasión’, el ‘compadecer’, ‘sufrircon’” (297). Este pensamiento incluye el sacrificio presente en el sentimiento de amor pero alejado del sacrificio por el otro. Se incluye el amor como sacrificio social, por una muchedumbre por la cual soy capaz de sacrificarme: el amor puro, siendo yo mismo objeto de este sacrificio, debido a que la especie tiene un derecho anterior, más inmediato que la individualidad efímera.
En este sentido encontramos que desde la “afirmación schopenhaueriana según la cual el amor puro es “compasión” contradice explícitamente las consideraciones de Kant para quien la compasión era una debilidad y no una virtud” (Le Brun 2004: 298). Un retrato del hombre como alguien que hace suyo el dolor del mundo entero. Desde este pensamiento podemos dilucidar al amor, como una suerte de amor puro, un amor sacrificado y arraigado al sufrimiento. La naturaleza misma como un sutil engaño, en el cual el individuo cree trabajar para sí mismo, pero en realidad siempre está trabajando para la especie, en esto consiste el amor.
6. El amor como dilema humano
“Protégeme del excesivo deseo autodestructivo que hay en mí, que no soy capaz de dominar”
Žižek, 2008: 47
Con la llegada del interés por el estudio de la mente y el comportamiento humano, se ha logrado, en la medida de lo posible -pues aún en nuestra época las interrogantes y temas pendientes siguen existiendo-, dilucidar la complejidad de los vínculos humanos.
Respecto al amor, en el campo del psicoanálisis podemos encontrar diversas perspectivas. Este saber, se encarga, ciertamente del caso por caso. Sin embargo, no por eso se excluyen las explicaciones –estructurales– de ciertos fenómenos, por ejemplo; en Freud (1927-1931) podemos encontrar en su trabajo titulado El malestar en la cultura las siguientes citas respecto a la temática de este escrito:
“En la cima del enamoramiento amenazan desvanecerse los límites entre el yo y el objeto” (67). “La orientación de la vida que sitúa al amor en el punto central que espera toda satisfacción del hecho de amar y ser-amado. Una actitud psíquica de esta índole está al alcance de todos nosotros”. (82).
Más adelante, en una nota al pie de página, en el mismo texto escribe: “Otra dificultad deriva de que el vínculo erótico, además de los componentes sádicos que le son propios, con harta frecuencia lleva acoplado un monto de inclinación a la agresión directa. No siempre el objeto de amor mostrará frente a esas complicaciones tanta comprensión y tolerancia” (103).
En este sentido, Jacques Lacan realiza diversas aportaciones en la temática del amor. Podemos recordar una frase que ya es conocida casi como una suerte de premisa fundamental lacaniana; en la temática del amor -quizás estoy exagerando un poco-. Encontramos esta cita en el texto de Patricia Leyack (2204) la cual dice:
“Te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a, te mutilo”.
Es bastante normal el quedar reflexionando por uno largo rato en las frases mencionadas; en su complejo contenido y por sobre todo en lo que se puede extraer de esas líneas. El amor como esa especie de diada amor-odio, que Lacan llamó posteriormente: zona de OdioAmoramiento. Ya con eso obtenemos un punto de partida totalmente caótico. Amar y mutilar, amar y agredir. En suma, ¿es el amor una fuente inagotable de maravillas? O por otro lado, ¿es un fenómeno ilimitadamente destructivo y egoísta?.
Žižek (2005) respecto a las preguntas planteadas refiere que el amor es lo más egoísta y dañino en el ser humano; el causante de todos los males, en el sentido de que no es más que el causante de una suerte de desequilibrio total. Tomar algo, tomar un objeto y sacarlo de todo lo demás para que sea mío. Al mismo tiempo que excluir de mi todo menos al objeto de amor. Es decir, te amo a ti y solo a ti. Te escogí a ti y a nadie más amaré porque mi amor solo alcanza para ti. Una selección de aquello que es digno y no es digno de recibir mi amor.
Otro concepto imperante en la obra de Zizek es el del fantasma, que no debe confundirse con la fantasía aunque se valga de ella, inseparable de la temática del amor por significar ser un escudo y lanza al mismo tiempo. Como tal, el concepto fantasma tiene dentro de sí un innegable aporte para el funcionamiento del individuo -una especie de soporte o escudo-, dentro del cual inclusive para el sujeto que levanta este fantasma hay un espacio de no-consciencia o pérdida de contacto con la realidad de forma directa. Respecto a la fantasía como nivel representativo “produce exactamente el mismo estado afectivo que si se hubiese llevado a cabo el acto en la realidad” (Freud, 2017: 80). No obstante en el dilema del amor, esta especie de escudo, al ser mezclado con afectos desbordantes producidos por el objeto de amor, pudiera significar que es la herida en vez de la cura. Diríamos, entonces, que la fantasía es parte fundamental en esta lo-cura del amor.
7. Freud y el amor
El lenguaje usual es fiel, hasta en sus caprichos, a alguna realidad. Es así como llama ‘amor’ a vínculos afectivos muy diversos que también nosotros reuniríamos en la teoría bajo el título sintético de amor; pero después le entra la duda de si ese amor es el genuino, el correcto, el verdadero, y señala entonces toda una gradación de posibilidades dentro del fenómeno del amor. Tampoco nos resulta difícil pesquisarla en la observación. (Freud, 1922: 105)
Para Freud, el amor es una suerte de diada. Asevera respecto a este sentimiento, que las relaciones son de amor-odio. Se trata de un afecto avasallador -para ambos extremos, para el lado de lo maravilloso como también de lo horrible-, que es capaz de traer en sí de manera inseparable rasgos destructivos.
Podemos encontrar un juego sádico desde temprana edad en el infante, el Fort-Da en el cual el niño lanza y recoge este objeto, que posteriormente podemos encontrarlo en la vida adulta como un Fort-Da presente en sus relaciones más intensas, el placer de este lanzar el objeto y posterior a esto el placer de querer obtenerlo nuevamente, el sufrimiento y felicidad obtenidos mediante un mismo objeto:
“Nada más natural que obstinarnos en buscar la dicha por el mismo camino siguiendo el cual una vez la hallamos. El lado débil de esta técnica de vida es manifiesto; si no fuera por él, a ningún ser humano se le habría ocurrido cambiar por otro este camino hacia la dicha. Nunca estamos menos protegidos contra las cuitas que cuando amamos; nunca más desdichados y desvalidos que cuando hemos perdido al objeto amado o a su amor. Pero la técnica de vida fundada en el valor de la felicidad del amor no se agota con esto; queda aún mucho por decir”. (Freud, 1927-1931: 82).
La incongruencia del amor como vínculo motivante y a la vez tormentoso, no solo es dilema de Freud, sino de mucho otros teóricos e investigadores que debaten sobre la base de este fenómeno. Una de las más difundidas frases del padre del psicoanálisis es “si amas, sufres; si no amas, enfermas” pareciera ser que escapar al amor es aún más trágico que el mismo hecho de vivirlo.
En uno de sus textos fundamentales, Duelo y melancolía (1917 [1915]) Freud aborda la temática del objeto de amor y el sentir que genera la irremediable perdida de este; en los estados de duelo y melancolía pareciera que existe una suerte de núcleo protector mediante el cual el sujeto libera la libido que residía en este objeto que se ha perdido, y es debido a esto que el periodo de aislamiento y sufrimiento es parte del proceso de mejora y de poder ser capaz de lograr encontrar un nuevo objeto.
Pero el amor -irremediablemente-, no se limita a la capacidad de poder, o no, sobrevivir a su pérdida. Para Freud, el solo hecho de poder elegir un objeto de amor es una tarea compleja, una difícil red de elementos inconscientes son los que logran, o no, definir, si un sujeto será capaz de amar, si la corriente erótica y la tierna se cruzaran generando un equilibrio.
Por último, encontramos otro registro en la obra de Freud –digno de ser mencionado-, en su texto Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente. En el apartado II, titulado “Acerca del mecanismo paranoico”, hay huellas de otra referencia al amor, aunque un poco más delicada y compleja. En este escrito Freud nos enseña respecto al mecanismo que subyace a la paranoia, que es una defensa frente al deseo homosexual, generando una hipótesis de que la enfermedad estaría entre el autoerotismo, el narcisismo, y la homosexualidad.
8. Miller y su concepción del amor como fenómeno humano
Desde luego que aseverar –o siquiera intentar- alguna especie de generalización desde el campo psicoanalítico queda excluido de forma automática debido a sus “principios”, pues toma la subjetividad de cada hablante particular como base para cualquier trabajo.
Ahora bien, podemos reformular una pregunta respecto a la concepción del tema de este escrito: ¿existe un amor normal y un amor patológico? En un intento de acercarnos a la respuesta a estas interrogantes traemos a colación un texto de Jacques-Alain Miller (2008), quien refiere:
“Las psicosis no deben considerarse como ‘trastornos’, tal como lo querría cierta psiquiatría reducida a la estadística, sino como una forma singular de la subjetividad humana sin la cual la civilización, que no es nada sin eros, no existiría. Las psicosis pueden entonces enseñarnos mucho sobre esa locura común que es el amor, y sobre todo la transferencia” (12).
De la frase anterior, podemos concluir que aún en casos “complejos” de funcionamiento del aparato psíquico, la temática del amor parece ser un problema en común. Los diagnósticos en este sentido no hacen más que encasillar y restringir. Pero, ¿restringir qué? No solo al individuo, sino también la oportunidad que hay de forjar conocimientos ignorados con respecto a la condición humana.
Ahora bien, los teóricos naturalmente se encargan de dar respuesta desde diversas perspectivas. Respecto a esto la temática del amor en el aspecto clínico del campo psicoanalítico refiere, en voz de Jacques-Alain Miller (2008) a lo siguiente;
“En el psicoanálisis el síntoma representa la huella de un amor pasado y, a menudo, el punto de partida de un nuevo amor. Pero el amor representa el mejor síntoma debido al hecho evidente de que nos gusta amar a Otro que no existe, sea hombre, mujer o Dios” (12)
El síntoma del sujeto como huella de un amor pasado, como una cadena que tiende a repetirse una y otra vez. Lacan, respecto al amor, nos dejó en claro que el amor siempre es recíproco, ¿pero qué significa esto?
¿Significa que la persona a quien amo me amará por igual? En una entrevista realizada a Jacques-Alain Miller (2011), este refiere que es una frase repetida pero sin comprenderse: se la comprende a través. No quiere decir que basta con amar a alguien para que esa otra parte ame con igual intensidad, eso es absurdo, es solo leer el sentido popular. La frase quiere decir:
“Si yo te amo, es que tú eres amable. Soy yo quien ama, pero tú, tú también estás implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es recíproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti es el efecto de retorno de la causa de amor que tú eres para mí. Por lo tanto, algo tú tienes que ver. Mi amor por ti no es sólo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas” (1)
El amor como tal, responde a ese lanzarse al vacío, lanzarse al caos natural de la vida, y dejar que el azar, el milagro o lo que sea que genere el encuentro mágico emerja. No podemos negar la importancia del amor en nosotros. Freud ya lo dejaba en claro: “Si amas; sufres, si no amas; enfermas”. Los afectos negados, las emociones inexpresadas solo incrementan el caos natural de la vida misma.
Continuamos, con el caos natural de la vida, sin dejar de lado que el individuo y la sociedad son inseparables, los afectos y conductas, son moldeados desde edades tempranas del infante, a través de las figuras cuidadoras el infante comienza a ser estimulado y “domesticado” –la crítica es justamente “domesticar” y la influencia negativa que hay en el proceso-, para poder adherirse a las normas ya establecidas. Respecto a esto, Freud (1927-1931) refiere:
“El trabajo psicoanalítico nos ha enseñado que son justamente estas frustraciones (denegaciones) de la vida sexual lo que los individuos llamados neuróticos no toleran. Ellos se crean, los hacen padecer por sí mismas o devienen fuentes de sufrimiento por depararles dificultades con el medio circundante y la sociedad. Lo segundo se comprende con facilidad; lo primero nos pone frente a un nuevo enigma. Ahora bien, la cultura exige otros sacrificios, además del de la satisfacción sexual”. (105)
Estos otros sacrificios son inseparables de la temática del amor: la vida sexual, va unida a las corrientes tiernas presentes en los individuos. Y no es novedad el obtener en el diario vivir un sinfín de restricciones que son opuestas a los instintos o deseos individuales que deben ser dominados.
9. Žižek y su concepción del amor: la violencia presente en los vínculos amorosos
Esto nos lleva a un problema crucial: si nuestra experiencia de la “realidad” está estructurada por el fantasma, y si el fantasma sirve como pantalla que nos protege del peso insoportable de lo real, entonces la realidad misma puede funcionar como fuga del encuentro con lo real.
De todas las definiciones de amor, la más crítica pareciera ser la de Žižek, ver al amor como el causante de todos los males, la razón del desequilibrio, una de las razones del egoísmo, caos y la destrucción, una aseveración completamente compleja, pero no por eso menos acertada. Si bien el amor para Žižek es un caos que va en escalada, el filósofo contemporáneo insiste en que un ser humano sin amor, solo es un sujeto vacío, un sujeto sin sentido. He aquí la aparente incongruencia de sus reflexiones: el amor como un causante de los males que no debemos evadir ni evitar, sino vivir. Pese a la incongruencia de este entramado, el lanzarse al vacío del amor es parte inseparable del sentido de la vida.
En su libro Cómo leer a Lacan (2008), refiere:
“Existe, de todos modos, otro significado para ‘el deseo del hombre es el deseo del Otro’: el sujeto sólo desea en la medida en que percibe al Otro como deseante, como sede de un deseo indescifrable –como si un deseo opaco emanara de él o de ella-. No sólo el otro se dirige a mí con un deseo enigmático, también me confronta con el hecho de que yo mismo no sé qué es lo que realmente deseo, con el enigma de mi propio deseo. Para Lacan, que en este punto sigue a Freud, esta dimensión insondable de lo que es otro ser humano –el profundo abismo de una personalidad ajena, su absoluto hermetismo- encuentra expresión por primera vez en el judaísmo, con su imperativo de amar al prójimo como a uno mismo. Tanto para Freud como para Lacan, esta obligación es profundamente problemática, dado que oculta el hecho de que debajo del prójimo como imagen que me refleja, como aquel que se parece a mí, con quien puedo empatizar, acecha siempre el abismo insondable de una Otredad radical, de alguien sobre el que en última instancia no sé nada” (51).
Aquí reside unos de los más grandes vacíos y riesgos del amor, la existencia de otro del que no conocemos absolutamente nada, y la suerte, el azar o lo que sea debe hacerse notar para que nuestra vida tenga un buen final respecto a los vínculos que vamos generando.
Retomando el tema de la agresividad presente en el amor –muy mencionado por Žižek-, encontramos en Veintiún gramos, citada por el filósofo, un diálogo -o reproche-, de la protagonista, que nos permite observar cómo el amor en sí, con su llegada, es, no parcialmente sino totalmente violento. Esto a raíz de ser un elemento que nos permite –o nos obliga-, a confrontarnos con nuestro deseo, a ver una parte de nosotros mismos que no habíamos percibido, al mismo tiempo que despierta en nosotros un deseo que permanecía dormido o incluso ignorado.
El diálogo al que previamente se ha hecho referencia es el siguiente:
“Sabes, me hiciste pensar todo el día. No he hablado con nadie por meses. Apenas te conozco y ya tengo necesidad de hablar contigo (…) y hay algo que cuanto más lo pienso menos lo entiendo: ¿por qué carajo me dijiste que me querías? Contéstame, porque no me gustó nada que dijeras eso. No puedes acercarte a una mujer que apenas conoces y decirle que la quieres. N-O-P-U-E-D-E-S. No sabes qué le pasa, qué siente. No estoy casada, lo sabes. No soy nada en el mundo. No soy nada” (Arriaga, 2003: 107)
Estas líneas permiten captar un elemento crucial, el no soy nada, es decir, no lo soy hasta el momento en que soy amado por un otro, que me obliga a dejar de ser una nada, comienza el contacto, comienzo a tener un lugar que aunque me genera espanto e incertidumbre, me motiva y me incita a integrarrme a esa otra parte que me ha llamado.
Es este uno de los niveles más complejos de las relaciones amorosas, el encuentro de por si tiene un tinte casi traumático, el confesar el amor, el atreverse a ir en contra de las barreras, el romper con nuestros propios miedos, en fin, un cúmulo de aspectos negativos que no quedan ahí, no debemos olvidar el fin último del sentimiento, la función del deseo, la importancia del objeto de amor, las características de este.
Ahora bien, ¿cuál es la investidura que se genera en estos encuentros, cuales son las bases de la unión hombre-mujer? Lo explica así Žižek (2009): “Para la mujer se trata de una presencia fálica completa; para el hombre, se trata de reducir a la mujer a un objeto parcial, causa de su deseo. Debido a eta asimetría, no hay relación sexual ( 63-64).
Se trata, entonces, de un salto de fe, como diría Kierkegaard, en el que, sin embargo, el resultado nunca será una relación amorosa, sino un encuentro en el que los motivos de ambas partes para mantener la relación serán siempre inconmensurables entre sí.
10. Conclusión
En el presente escrito revisamos diferentes concepciones del amor pasional, trabajamos resumidamente diversos libros de diversos autores que abordan esta temática, no obstante, pese al intento por encaminarnos hacia una conclusión, las generalizaciones en la temática del amor son tan problemáticas como el propio amor.
Revisamos algunas de las obras de filósofos tales como Platón (1988), Kierkegaard (1847),
Schopenhauer (1988), Le Brun (2004) en dichas obras se encuentran bases sólidas de los trabajos actuales, las re-lecturas de sus obras maestras, son imprescindibles, el trabajo realizado sobre sus postulados persiste como un centro del que no cesan de aflorar nuevos descubrimientos. En este sentido, se encontró en Schopenhauer (1988) una especie de intento por entender el amor, concibiéndolo como el engaño de la naturaleza para conseguir la perpetuación de la especie, pero no buscando este fin de manera consciente. Es decir, no somos animales que andamos por ahí procreando con quien primero aparezca. Tema que también es trabajado por Aristóteles, el filósofo trae la necesidad de que se emparejen macho y hembra con el fin único de lograr que la especie prosiga, y no solo eso, sino que la evolución sea algo inminente, el amor pasional tiene en su base, el lograr la perpetuación, pero los humanos no funcionan así, los humanos también buscan la belleza, la atracción, “la voluntad de vivir” definida por Schopenhauer (1819) como la búsqueda de algo que trasciende a nosotros pero que no sabemos en qué consiste, individuos completos de forma consciente, pero con algunas abismos, fallas, e incertidumbres de manera poco consciente.
También, realizamos un recorrido por la obra de algunos psicoanalistas, tales como Freud (1900-1931), Lacan (1987), Miller (2008) y Žižek (2005), por mencionar los más relevantes. En sus obras podemos encontrar diferentes miradas, opuestas incluso entre sí, pero el punto de inflexión de sus teorías, se centra en el sujeto, en el caso a caso, en la existencia de una subjetividad esencial inclusive en los vínculos amorosos. Ahora bien, como seres parlantes separados de la naturaleza, sujetos de una palabra que nos sujeta, que nos crea, que nos define, sólo alcanzamos una articulación del lenguaje que trasciende las explicaciones, porque justo cuando estamos por encontrar el significado, se nos escapa, por la barrera del propio lenguaje, por una limitación definitoria que nos acompaña. En este camino por las búsquedas de los autores, en estas uniones de significantes que nos van llamando, acercándonos al mismo tiempo que nos alejan, es que intentamos generar respuestas, aunque vagas pero que nos mantienen, parece mucho más sencillo generar la sublimación necesaria para estudiar el amor y encerrarse en la producción investigativa que vivirlo vorazmente sin miedo a la liberación de nuestras pulsiones.
Como bien hemos visto, los autores que han reflexionado sobre el amor son diversos y discordantes entre sí, particularidad que se localiza en cada enfoque y disciplina que se encarga del estudio del amor; independientemente de las ilustraciones fundadas. La vasta producción teórica no alcanza para establecer un consenso ni una tesis cabal de los elementos constitutivos, características y efectos del amor.
Sin embargo, queda clara una cosa: Las dificultades para definir al amor derivan del modo en que este es un efecto claro del modo en que somos determinados por el lenguaje, el cual nos acerca y a las vez nos separa, el cual nos obliga a buscar un sentido y nos impide alcanzarlo, nos obliga a completar sus fallas con fantasías que nos acercan a los otros y a la vez nos alejan de ellos. O sea, lo mismo que nos atrae del otro y nos hace amarlo es lo que nos aleja de él, lo que hace imposible la relación sexual con el otro, nos hace querer dar nuestro ser en sacrificio por él, y a la vez mutilarlo para quedarnos sólo con lo que amamos de él, y en el proceso mutilarnos a nosotros mismos, agredirlo al despertar un deseo que él desconocía, y hacemos daño de un modo que nos hace sufrir en demasía, pero sin el cual estaríamos condenados a enfermarnos.
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