Reseñas

En el último cuarto de siglo, en el mundo académico estadounidense se han multiplicado los estudios sobre la historia imperial de su país y ha ido tomando carta de ciudadanía la idea según la cual Estados Unidos debe ser considerado y analizado como un imperio más, con sus particularidades como es el caso de todos los imperios, en la milenaria historia de estas formaciones políticas. Con frecuencia, dichos estudios adoptan un enfoque desde la perspectiva de la metrópolis imperial y son menos comunes aquellos que intentan complementar o articular esa mirada con la de los lugares en donde la relación imperial se experimenta y se procesa, sean estos colonias, protectorados o estados clientes.
En América Latina, lugar inicial y privilegiado de la expansión imperial de Estados Unidos, es conocido que tienen larga trayectoria las denuncias antiimperialistas y la historia convencional de las relaciones de los países del subcontinente con esa potencia. Como norma, las denuncias presentan al imperio como un ogro o como un demiurgo que maneja a su antojo elites locales entreguistas o “vendepatrias” al que se enfrentan unos pocos líderes patrióticos y antiimperialistas. En tales relatos, los principales protagonistas son los gobiernos, su personal político, elites empresariales y esos héroes iluminados, sacrificados y derrotados. En esas historias hay poco lugar para las personas comunes y corrientes, ni tampoco se concibe que el estudio de las relaciones imperiales pueda ser algo más que una estrecha historia diplomática convencional.
Valga este preámbulo como contexto para entender y valorar la relevancia del estudio de Héctor Lindo. En efecto, este libro investiga la relación de El Salvador con Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX y en el análisis incluye una pluralidad de actores y dimensiones sociales. La obra intenta sacar a luz la voluntad y la capacidad de acción que tuvieron el gobierno, la sociedad y, en especial las clases populares y los sectores medios, frente al establecimiento del poder imperial de Estados Unidos en El Salvador, en el tránsito del siglo XIX al XX cuando el imperio estableció un sistema de estados clientes en el Caribe y América Central y cuando se convirtió en una potencia a nivel mundial, tras el fin de la Primera Guerra Mundial.
El libro incluye los siguientes capítulos: el primero, titulado “La vida urbana a principios del siglo XX”, presenta a los actores sociales y políticos salvadoreños que hicieron la recepción de la relación imperial; el autor da especial énfasis a la existencia de una moderna esfera pública y al protagonismo de una sociedad civil activa y dinámica, mientras que la vida política se basa en una competencia electoral entre redes clientelistas en un marco institucional sin el recurso al cuartelazo, pero sin ser tampoco plenamente democrático; el segundo capítulo, titulado “El Salvador y el mundo”, se ocupa de los antecedentes de la relación de El Salvador con la potencia, y muestra que dicha relación era claramente asimétrica; aunque a principios del siglo XX, el país tenía más márgenes de autonomía y vínculos económicos y políticos menos estrechos con Estados Unidos.
En estos dos capítulos el autor nos presenta el escenario y los protagonistas de los procesos que va a analizar. En efecto, es en el capítulo tercero, “La invasión de Nicaragua”, donde entra en materia y nos muestra ya propiamente la reacción salvadoreña, tanto del gobierno de Manuel Enrique Araujo y las élites, como, en especial, de los sectores medios y las clases populares urbanas, frente al impacto de la llegada imperial, expresada en la ocupación militar de Nicaragua por parte de Estados Unidos, en 1912, y en su pretensión de limitar y controlar las posibilidades canaleras del país ocupado mediante un tratado, el cual también lesionaría derechos de los países ribereños del golfo de Fonseca; el cuarto capítulo, “De populismo a ‘dinastía’”, estudia las respuestas salvadoreñas frente al proceso de aprobación del tratado Chamorro- Bryan (1913-1916) y las variedades del discurso antiimperialista (defensa de la soberanía, invocación de la raza latina, unionismo y nacionalismo económico) que aparecen en El Salvador en ese contexto; el quinto, “Redes transnacionales”, analiza los fenómenos de entrecruce y de interconexión en el espacio centroamericano de los actores antiimperialistas, sus relaciones privilegiadas con México y sus vínculos con el mundo latinoamericano.
En fin, el sexto y último capítulo, titulado “El Salvador Estado cliente de Estados Unidos”, muestra cómo entre fines de los años 1910 e inicios de la década de 1920 se impuso finalmente una relación de tutelaje entre la potencia y ese país expresada, según el autor, en un doble protectorado de facto, un protectorado financiero, gracias a un empréstito estadounidense aprobado en 1922, y un protectorado militar, manifestado en visitas a aguas salvadoreñas de buques de la marina estadounidense en momentos de tensión política interna. En la conclusión, el autor presenta una adecuada síntesis de las ideas principales de la obra y señala las interrogantes y los desafíos que deja para la historiografía salvadoreña.
El libro de Héctor Lindo hace un recorrido por la historia salvadoreña del primer cuarto del siglo XX, pero de manera conectada, en especial, con la historia de los otros países del Istmo. Es un trabajo en el cual se entremezclan la historia política y diplomática con la historia económica, la historia social y la historia cultural e intelectual de El Salvador en ese periodo y todas esas dimensiones están articuladas por el proceso de recepción de la relación imperial con Estados Unidos. Es, además y, ante todo, la historia de abajo hacia arriba y de adentro hacia afuera de la implantación de una relación imperial. Debe agregarse que el relato y su análisis están aderezados con una prosa colorida, con descripciones pintorescas y anécdotas divertidas o sorprendentes que tienen un valor emblemático o aleccionador. En este ejercicio de estilo se pone en evidencia la mirada un tanto irónica del autor frente a los acontecimientos y a sus protagonistas. En fin, Héctor Lindo con frecuencia establece comparaciones entre el periodo que estudia y la situación actual de su país en su relación con la potencia imperial.
Las principales tesis de esta obra se refieren a la presencia y existencia determinantes en la dinámica política y social salvadoreña de las clases subalternas, en especial las asociaciones mutuales de obreros y artesanos; al comportamiento ambiguo y contradictorio de las clases dirigentes frente a la imposición imperial; a la eficacia de las movilizaciones de los grupos populares para contrarrestar esa imposición; a las interconexiones de las luchas antiimperialistas en el espacio ístmico y latinoamericano y, en fin, a la realidad de que la resistencia contra el poder imperial terminó en sometimiento en la década de 1920.
Dichas tesis pueden ser vistas en forma de pares en tensión: en primer lugar, por un lado, la resistencia de los círculos obreros y artesanos y sus aliados estudiantes, intelectuales y mujeres y por otro lado, el doble discurso, las contorsiones retóricas y los acomodos políticos de los gobernantes; en segundo lugar, por una parte, el orgullo y la prepotencia imperial y, por otra, la movilización popular que terminó por anular la pretensión estadounidense de imponer un protectorado a todo el Istmo; en tercer lugar, por un lado, la dinámica interna salvadoreña y, por otro, los entrecruces con el espacio centroamericano y latinoamericano; por último, por una parte, la resistencia antiimperialista de la década de 1910, encarnada volens nolens por Manuel Enrique Araujo y, por otra, la implantación de un protectorado de facto en la década siguiente, expresada en la sumisión asumida del presidente Jorge Meléndez. No obstante, como la historia posterior lo demostró el poder imperial no terminó de estabilizar su relación con El Salvador.
A pesar de la manera en que se cierra esta historia, no cabe duda de que El Salvador fue el “alborotador de Centroamérica”, el pueblo centroamericano más “antiestadounidense”, según el decir de representantes imperiales, y es claro que el motor del “alboroto” fue el mundo asociativo popular de las distintas ciudades de El Salvador. Pero más allá de la experiencia salvadoreña aquí estudiada, el libro de Héctor Lindo es una invitación a investigar y a repensar el proceso histórico de implantación del imperio estadounidense en Centroamérica en el paso del siglo XIX al siglo XX, más allá de las simplificaciones que dividen la historia en cipayos y patriotas y en poderosos e impotentes.
Por la variedad y la amplitud de las fuentes que utiliza, por su mirada transnacional, por la riqueza de sus análisis, por la multiplicidad de actores y factores que pone en juego, por los procesos olvidados y los protagonistas ignorados que da a conocer, por su forma de ver la relación imperial como imposición contingente y no como fuerza omnipotente, este libro es sin duda una contribución excepcional a la historiografía centroamericana y una clara interpelación a la historiografía de Estados Unidos como formación imperial.
Referencias
Lindo Fuentes, H. (2019). El alborotador de Centroamérica. El Salvador frente al imperio. San Salvador: UCA Editores.
Enlace alternativo
https://revistas.uca.edu.sv/index.php/realidad/article/view/3134/3119 (pdf)

