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“La realidad indignaba a Ellacuría”. Entrevista a Juan Hernández Pico1
“Reality outraged Ellacuría”. An Interview with Juan Hernández Pico
Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, núm. 161, pp. 64-66, 2023
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas

Especial

Realidad, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, El Salvador
ISSN: 1991-3516
ISSN-e: 2520-0526
Periodicidad: Semestral
núm. 161, 2023

Juan Hernández Pico tenía 81 años aquel diciembre de 2017. Yo le busqué porque me interesaba escuchar de un jesuita contemporáneo de Ignacio Ellacuría algunas de sus valoraciones en cuanto al perfil de actor político e intelectual del rector mártir. La entrevista fue realizada en el marco de la investigación de la tesis doctoral titulada El pensamiento político de Ignacio Ellacuría sobre el Estado y la democracia en el contexto salvadoreño (1970-1989).3 Con voz pausada y de manera concisa recalcó los elementos claves que me atrevo a decir no solo marcaron a Ellacuría, sino a toda una generación de jesuitas comprometidos vitalmente en la transformación de una realidad injustamente estructurada. Inspirados en la fidelidad al Evangelio, en una corriente filosófica, teológica o científica sólida (no exclusivamente proveniente del marxismo) y en el magis fueron forjando un protagonismo del cual también Hernández Pico ha sido representante.

¿Por qué considera que Ellacuría se convirtió en un actor político importante en este país sumergido en la guerra civil de los ochenta?

Dos cosas fundamentalmente. Una, su capacidad intelectual muy poderosa que le capacitó para leer la realidad en una forma profunda y también verdadera. La segunda es su compromiso con la gente, con los pobres sobre todo y el compromiso con la institucionalidad del país, lo cual le permitió y le movió a hacer públicas sus visiones que conllevaron a participar directamente en –por lo menos– un inicio de soluciones a la guerra. Por ejemplo, las soluciones que promovió en favor del diálogo, de la negociación que requirió una manera de mirar las cosas que no demonizaba a las posturas enfrentadas. Miraba las partes de verdad que había en ambas posturas.

¿Considera que por esto último que menciona tenía la capacidad de sentarse con la guerrilla, con el gobierno, militares e incluso con la embajada de EE.UU.?

Exacto.

Para profundizar en el perfil de Ellacuría y considerando que no siempre cuando se tiene una gran capacidad intelectual se toman compromisos profundos con la transformación de una sociedad, ¿cuáles considera que fueron las principales corrientes teóricas que influyeron en Ellacuría que le dieron el talante de actor político comprometido?

La principal corriente que configuró lo más profundo de su realidad personal fue el Evangelio de Jesucristo. Y otra corriente muy importante fue su filosofía de la realidad inspirada en Xavier Zubiri. Además, le influyó la espiritualidad de la Compañía de Jesús, en particular por su preferencia en lo que llamamos los jesuitas magis, es decir, buscar siempre lo mejor, lo más importante y discernir la situación conforme a esta premisa de que lo mejor y lo más importante son lo que tiene que encontrar cauces para resolver los problemas en la realidad.

Si se buscaba lo mejor en función de crear un mejor país desde este magis, ¿cómo se tomaban los ataques hacia los jesuitas que afirmaban habían traicionado el camino del Evangelio por inmiscuirse demasiado en política? Incluso se llegaba a afirmar que los jesuitas entre la relación fe-justicia pesaba más la búsqueda de la justicia que de la fe.

Es absurda la primera acusación porque no se puede decir que alguien involucrado profundamente en la realidad de su pueblo es contrario al Evangelio porque Jesús de Nazareth eso hizo precisamente, según narran los mismos evangelios: meterse en la realidad de su pueblo. Tantas veces tuvo que ser consecuente con eso y criticar profundamente a fariseos, sacerdotes, escribas y a doctores de la ley. Es decir, Jesús de Nazareth fue una persona que intervino en la realidad de su pueblo. Eso reflejan los evangelios. Por ello no se puede decir que Ignacio Ellacuría fuera traidor a los evangelios sino al revés. Intentó ser leal con los evangelios y consecuente con los evangelios, dentro de la situación histórica en la que vivía.

Con relación a la segunda acusación [fe-justicia] revela una comprensión muy negativa y muy deficiente, le falta elementos de verdad, porque la justicia es un elemento de la fe. La justicia no es algo distinto de la fe. Naturalmente en alguien que tiene fe de verdad. Por ejemplo los profetas de Israel fueron tremendamente amigos del Derecho y la justicia. Lo fueron en el nombre de Yahvé, en el nombre de un dios que quería el bienestar de su pueblo y por eso se oponía profundamente a la injusticia. Eso mismo hizo que Ellacuría dentro de la fe en Jesucristo se definió por la justicia porque el Dios de Jesucristo así lo pedía. En virtud de la fe luchó por la justicia.

Me tocó entrevistar hace un año a un empresario salvadoreño de las llamadas 14 familias oligarcas quien me afirmó –con una seguridad que me espantó– que la principal fuente de análisis de Ellacuría era el marxismo y lo que quería era el socialismo en El Salvador ¿Cómo considera que era la relación de Ellacuría con las distintas corrientes marxistas de aquella época?

Ellacuría tenía dos inspiraciones. Tenía dos manifiestos, por decirlo así en términos comunistas. Uno, el manifiesto del Evangelio y el otro, el manifiesto de la filosofía de Zubiri. No era marxista. Otra cosa es que no hubiera puntos concretos del marxismo que empataban tanto con los evangelios como con la filosofía de Zubiri. ¿Cuáles? Fundamentalmente dos. Con el Evangelio la consagración de la vida en favor de la justicia. Con la filosofía de Zubiri la predilección por el estudio de la realidad. Naturalmente cuando uno dice justicia en El Salvador inmediatamente gritan: “¡Marxista!” Pero es una equivocación, una manifestación de lo poco abiertas que están las conciencias de quienes gritan esto porque la justicia es plenamente consecuente con el Evangelio.

Pero en la década de los ochenta Nicaragua, Rusia o Cuba, ¿no representaban una alternativa concreta al capitalismo?

Yo diría que no. Que querían representarlo pero que caían en errores graves –no tanto la primera Nicaragua sandinista–. Ciertamente Cuba y la Unión Soviética no representaban esa alternativa porque imponían “la justicia” por una política dictatorial que llevó en tiempos de Stalin a unas barbaridades absolutas, ¡tremendas!, en contra de la vida de la gente y en contra de los mismos compañeros de camino. Stalin asesinó a una enorme multitud de comunistas. Ese socialismo es imposible que Ellacuría lo haya abrazado. Otra cosa es que en el socialismo haya una verdad muy profunda que consiste en la búsqueda de la elevación de las multitudes pobres a una vida más humana y de acercamiento a una igualdad con la gente que tradicionalmente ha tenido el monopolio del dinero y del poder.

Ya para ir cerrando, el proyecto de Ellacuría sobre la civilización de la pobreza, ¿cómo debería entenderse el concepto “pobreza”? En su opinión ¿por qué Ellacuría hizo suyo ese término?

Porque la pobreza historiza, es decir, actualiza en la realidad actual lo contrario a la idolatría del dinero. La pobreza acepta que la vida tiene que ser austera para que sea realmente soportable, por consiguiente, no es la pobreza en sentido de despojo ni es la pobreza en sentido de voto religioso de vivir en el mínimo nivel, sino que se trata de la pobreza como sentido de la vida. Como camino hacia un mayor equilibrio en el disfrute de los bienes de la tierra. La riqueza es lo contrario, es la apropiación minoritaria de esos bienes de la tierra.

¿Pudo haberle llamado la civilización de la vida moderada?

Pudo hacerlo. Pero lo que quiso hacer era golpear la conciencia. Para hacer pensar, que es el fondo de un camino recto: pensar y pensar justamente, es decir, de acuerdo con la realidad y la realidad indignaba a Ellacuría. Decía “esto no se puede [defender o universalizar]. Entonces, quiero otra civilización”. Y esa civilización es dialéctica con la actual. Por eso usó esos términos.

Notas

1 Entrevista realizada el 7 de diciembre de 2017, en el Centro Monseñor Romero de la UCA.
2 Posdoctorante del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur-UNAM. Cuenta con la Licenciatura en Filosofía y Maestría en Ciencia Política por parte de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA El Salvador) y con un doctorado en Ciencias Sociales y Humanísticas obtenido en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA) de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH). Ha realizado labores de docencia e investigación en el Departamento de Filosofía de la UCA, de la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad de El Salvador y de otras instituciones educativas en El Salvador.
3 Tesis para obtener el grado de doctor en Ciencias Sociales y Humanísticas por parte del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, defendida en enero de 2019, disponible en: https://repositorio.cesmeca.mx/hand- le/11595/981

Notas de autor

2 Posdoctorante del Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur-UNAM. Cuenta con la Licenciatura en Filosofía y Maestría en Ciencia Política por parte de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA El Salvador) y con un doctorado en Ciencias Sociales y Humanísticas obtenido en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA) de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH). Ha realizado labores de docencia e investigación en el Departamento de Filosofía de la UCA, de la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad de El Salvador y de otras instituciones educativas en El Salvador.

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