Revisión

Tiempo en pantallas: implicaciones en la salud mental de los menores de edad

Screen Time: Implications for the Mental Health of Minors

Valeria Hernández Yepez
Universidad CES, Colombia
Nadia Semenova Moratto
Universidad CES, Colombia

Psicoespacios

Institución Universitaria de Envigado, Colombia

ISSN: 2145-2776

Periodicidad: Frecuencia continua

vol. 19, núm. 34, 2025

psicoespacios@iue.edu.co

Recepción: 25 octubre 2024

Aprobación: 31 marzo 2025

Publicación: 19 mayo 2025



DOI: https://doi.org/10.25057/21452776.1693

Resumen: El presente artículo aborda las implicaciones del uso excesivo de pantallas (UEP) en la salud mental de los menores de edad. A través de una revisión sistemática de la literatura publicada entre el 2006 y el 2024, se examinan los efectos del tiempo en pantalla sobre el desarrollo cognitivo, emocional y físico de los niños. Los hallazgos sugieren que, aunque el uso de dispositivos electrónicos ofrece ciertos beneficios, su uso prolongado se asocia con sedentarismo, obesidad, problemas de sueño, dificultades cognitivas y malestar psicológico. Además, se exploran las creencias parentales sobre el uso de pantallas y cómo estas influyen en los patrones de uso de los niños. Por último, se proponen estrategias de prevención, como la mediación parental activa y la promoción de alternativas saludables, para mitigar los efectos negativos del UEP.

Palabras clave: Tiempo frente a la pantalla, Salud mental, Salud del niño, Conducta del adolescente, Salud física.

Abstract: This article examines the implications of excessive screen use (ESU) on the mental health of minors. Through a systematic review of the literature published between 2006 and 2024, the effects of screen time on children’s cognitive, emotional, and physical development are analyzed. The findings suggest that although the use of electronic devices may offer certain benefits, prolonged exposure is associated with sedentary behavior, obesity, sleep disturbances, cognitive difficulties, and psychological distress. Additionally, the article explores parental beliefs regarding screen use and how these shape children's usage patterns. Finally, preventive strategies are proposed, such as active parental mediation and the promotion of healthy alternatives, to mitigate the negative effects of ESU.

Keywords: Screen Time, Mental Health, Child Health, Adolescent Behavior, Physical Health.

Introducción

En las últimas décadas, el uso de la tecnología ha experimentado un crecimiento exponencial y ha permeado todas las áreas de la vida diaria del ser humano. Plataformas digitales como Instagram, LinkedIn, Twitter, Outlook, Gmail, WhatsApp y YouTube se han vuelto esenciales para la comunicación y el relacionamiento humano (Ortiz-Ospina, 2019; Pons et al., 2021) promoviendo una interacción digital y una conectividad constantes (Moreno-Carmona et al., 2022).

Con el transcurso del tiempo, el concepto de “pantallas” ha evolucionado considerablemente debido a los avances tecnológicos. Mientras que en la década de 1970 la televisión era el dispositivo predominante en los hogares, actualmente se encuentran una variedad de pantallas como ordenadores, tabletas, teléfonos inteligentes y relojes conectados, que se han integrado plenamente tanto en el ámbito profesional como en el familiar (Gillioz et al., 2022).

En el marco de la Cuarta Revolución Industrial, el acceso temprano y extendido a dispositivos como tabletas y smartphones es un fenómeno prevalente entre niños de todas las edades, facilitado frecuentemente por los padres como medio de entretenimiento y educación. La terminología “nativos digitales” describe a los niños inmersos en la cultura de las pantallas desde temprana edad, mientras que “inmigrantes tecnológicos” se refiere a los padres que se adaptan estas nuevas tecnologías (García y Dias de Carvalho, 2022; Morales Sotomayor y García García, 2022).

La relevancia de estas plataformas digitales queda evidenciada por las estadísticas publicadas por Moody (2024) sobre el tiempo de uso de pantallas, donde se señala que las personas están frente a una pantalla un promedio de 7 horas y 57 minutos diarios a nivel mundial (Navarro, 2024). Además, investigaciones de mercado como la de Brooks (2019) indican que los adultos dedican más de 11 horas diarias a interactuar con medios digitales. En este contexto, se ha observado que los jóvenes pasan en promedio 7.5 horas diarias frente a pantallas, cifra que asciende a 9 horas en adolescentes y que se encuentra entre 5 y 7 horas en niños (Brooks, 2019; Enciclopedia Médica A.D.A.M., 2024).

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2020) sostiene que el incremento en el uso de pantallas ha sido notable y sus implicaciones son diversas. Investigaciones sugieren que, aunque en adultos mayores puede mejorar la cognición (Morales Sotomayor y García García, 2022; Supanta-Paucay y Díaz-Ramírez, 2020), en jóvenes aumenta el riesgo de comportamientos nocivos como el suicidio, el alcoholismo y el tabaquismo (American Academy of Pediatrics, 2021). En niños y adolescentes, el uso excesivo se relaciona con trastornos como la depresión, la adicción, el TDAH y la ansiedad (Bozzola et al., 2022; Christakis et al., 2018).

En adultos, el uso excesivo de pantallas está vinculado con problemas de salud como la obesidad, la depresión y la ansiedad y afecta también su productividad y su conexión con el entorno (Brevers y Turel, 2019; Cheever et al., 2014; Primack et al., 2017; Roberts et al., 2015). En jóvenes y adolescentes, esta práctica puede disminuir el rendimiento escolar y complicar el desarrollo de habilidades cognitivas, además de impactar negativamente en el estado de ánimo (Loprinzi et al., 2018; Odgers y Jensen, 2020; Przybylski y Weinstein, 2017; Twenge y Campbell, 2018). Otros estudios destacan que las redes sociales pueden desplazar otras actividades, interferir con tareas concurrentes o complementar experiencias al permitir el acceso a información, que de otro modo sería inaccesible (Kushlev y Leitao, 2020).

Un estudio en Chile reveló que el uso excesivo de pantallas en jóvenes de 12 años se asocia con menor rendimiento académico y dificultades en la resolución de problemas matemáticos, atención y ejecución de tareas complejas (Zapata-Lamana et al., 2021). Investigaciones adicionales en el país indican que los adolescentes experimentan peor calidad de sueño al pasar tiempo excesivo frente a pantallas y no realizar actividad física —aunque los mecanismos precisos aún son inciertos—, además de mostrar una asociación positiva con la depresión y una asociación negativa inversa con la autoestima (Aguilar et al., 2015; Delgado-Floody et al., 2019).

Una revisión sistemática en Costa Rica señala que el sedentarismo, la obesidad, una dieta poco saludable, la mala calidad del sueño, el retraso en el desarrollo de habilidades motoras, cognitivas y verbales, y un deterioro en el bienestar psicológico son algunos de los efectos negativos del uso excesivo de pantallas (Fung Fallas et al., 2020). Mientras tanto, una revisión en Argentina enfatiza la importancia de la actividad física y la interacción continua entre adultos y niños para un desarrollo adecuado; en ella se destaca que los medios digitales no pueden sustituir la experiencia sensoriomotriz necesaria para un crecimiento saludable en un entorno tridimensional (García y Dias de Carvalho, 2022).

Como se ha mencionado anteriormente, el uso excesivo de pantallas puede tener múltiples consecuencias, las cuales deben ser investigadas en su impacto multidimensional, especialmente en los niños, cuyo desarrollo y cuya capacidad para funcionar en la sociedad se podrían ver comprometidos. Es esencial crear estrategias para prevenir posibles futuras crisis en la salud mental infantil y así promover hábitos saludables desde la infancia, ya que la tecnología está transformando cada vez más la forma en la que los niños interactúan con el mundo (Robinson y Borzekowski, 2006).

Esbozados los anteriores argumentos, en el presente artículo se pretende abordar el concepto del uso excesivo de pantallas (UEP) en la población infantil; dicho de otra forma: delimitar los efectos del uso temprano de pantallas en menores es de suma importancia, ya que ello ayudaría a promover la salud mental y emocional de estos y les permitiría un desarrollo saludable. Adicionalmente, dicha delimitación beneficiaría a padres o cuidadores al proporcionarles pautas para gestionar los tiempos en pantalla. De igual manera, las instituciones educativas tendrían estrategias para ayudar a los niños a equilibrar el aprendizaje en línea y fuera de ella. Así pues, lo mencionado anteriormente puede ser abarcado de una forma integral y completa desde la psicología y otras ciencias sociales.

Método

Este artículo corresponde a una revisión sistemática de tipo documental, de carácter teórico-descriptivo, que tuvo como objetivo analizar investigaciones relacionadas con los efectos del tiempo frente a pantallas en la salud física, mental y conductual de los niños y los adolescentes. El diseño metodológico se alineó con las directrices de la declaración PRISMA 2020 (Page et al., 2021), lo que permitió estructurar rigurosamente el proceso de búsqueda, selección y análisis de fuentes.

Estrategia de búsqueda

Se realizó un rastreo sistemático de literatura científica publicada entre los años 2006 y 2024, en cuatro idiomas: español, inglés, francés y alemán. Las bases de datos consultadas fueron: PubMed, Google Scholar, ResearchGate, Sage, Elsevier, ScienceDirect y Springer. Las principales combinaciones utilizadas fueron: (“tiempo frente a pantallas” OR “screen time”) AND (“salud mental” OR “mental health”) AND (“niños” OR “children”); (“salud física” OR “physical health”) AND (“adolescentes” OR “adolescents”) AND (“conducta” OR “behavior”).

Estas fórmulas de búsqueda permitieron localizar estudios relevantes que abordaran de forma directa los efectos del uso de pantallas en menores de edad, desde una perspectiva física, emocional, cognitiva y social.

Criterios de inclusión y exclusión

Se incluyeron estudios que cumplieran con los siguientes criterios:

• Publicación entre 2006 y 2024.

• Disponibilidad en texto completo.

• Estudios empíricos, teóricos o de revisión que analizaran los efectos del uso de pantallas en niños y adolescentes.

• Estudios que abordaran dimensiones físicas, cognitivas, emocionales o sociales del fenómeno.

• Artículos en inglés, español, francés o alemán.

Se excluyeron los trabajos que:

• No abordaran directamente el impacto del uso de pantallas.

• Estuvieran centrados en adultos o poblaciones distintas.

• Tuvieran un enfoque estrictamente técnico o disciplinar sin relación con la salud o el desarrollo.

• No cumplieran criterios mínimos de calidad metodológica o no estuvieran disponibles en texto completo.

• No estuvieran arbitrados o no formaran parte de revistas científicas.

Proceso de selección

La búsqueda inicial arrojó un total de 120 artículos. Tras la eliminación de 10 duplicados y la aplicación de los criterios de inclusión y exclusión, se descartaron 32 estudios. Finalmente, se seleccionaron 78 artículos para el análisis completo. El proceso fue representado mediante el diagrama de flujo PRISMA, lo que permitió transparentar cada fase de selección.

Diagrama de flujo PRISMA que representa las fases de identificación, selección, elegibilidad e inclusión de los estudios
Figura 1
Diagrama de flujo PRISMA que representa las fases de identificación, selección, elegibilidad e inclusión de los estudios

Extracción y análisis de datos

Para organizar y sistematizar la información, se creó una matriz de análisis en Excel que contempló las siguientes variables: país, base de datos, referencia, año, localización geográfica, tipo de trabajo, categoría, problema abordado, referente teórico, tipo de investigación, población y muestra, instrumentos, hallazgos y observaciones adicionales. También se codificaron tres variables interpretativas: efectos del uso de pantallas, creencias parentales y estrategias de prevención.

Los artículos fueron clasificados en tres núcleos temáticos:

1. Efectos del uso y exposición intensiva a pantallas.

2. Creencias parentales y su relación con el uso de pantallas por parte de los niños.

3. Estrategias de prevención y mediación parental ante el uso y exposición intensiva a pantallas en menores de edad.

El análisis se realizó de forma cualitativa y categorial, identificando puntos de convergencia y divergencia, así como tendencias generales. Para profundizar en la comprensión de las temáticas, se elaboraron mapas conceptuales y se llevaron a cabo discusiones grupales con investigadores expertos, que ayudaron a enriquecer la interpretación de los hallazgos y a establecer las conexiones entre las dimensiones abordadas. Este proceso concluyó con una síntesis narrativa de los resultados, los cuales sustentan la discusión y las conclusiones del presente artículo.

Resultados

A partir del proceso de revisión sistemática, se incluyeron un total de 78 estudios en el análisis final. El flujo de identificación, selección, elegibilidad e inclusión de los estudios se presenta en la Figura 1, siguiendo las directrices del modelo PRISMA.

Características generales de los estudios incluidos

Los estudios incluidos fueron publicados entre los años 2006 y 2024, con una mayor concentración en la última década. En cuanto a su tipología, el 62% corresponde a investigaciones empíricas cuantitativas, el 20% a estudios mixtos (cuanti-cualitativos), y el 18% a revisiones teóricas, documentos conceptuales o análisis narrativos.

Respecto al origen geográfico, se identificó mayor producción académica en países como: Estados Unidos, España, Chile y Francia, lo cual refleja una preocupación creciente por el impacto del uso de pantallas en el desarrollo infantil y adolescente, especialmente en contextos con amplio acceso tecnológico.

Las poblaciones estudiadas fueron predominantemente niños (6 a 12 años) y adolescentes, aunque algunos estudios abarcaron franjas mixtas o grupos preescolares. Los instrumentos más utilizados fueron cuestionarios autoadministrados, escalas psicométricas validadas, entrevistas, diarios parentales, registros de observación y encuestas escolares.

La Tabla 1 presenta una síntesis detallada de los artículos incluidos en la revisión sistemática. En ella se describen el autor, el año, el tipo de estudio, el país, la población, los hallazgos clave y la categoría temática asignada, lo que permite visualizar comparativamente la diversidad metodológica y temática abordada por los estudios analizados, y sirve como base para la organización de los resultados en los núcleos temáticos que se desarrollan a continuación.

Tabla 1
Características de los estudios incluidos en la revisión sistemática (2006–2024)
Autor(es)AñoTipo de estudioPaísPoblaciónHallazgos claveCategoría temática
Abrahamsson2024Informe de discusiónNoruegaEstudiantes escolaresProhibir smartphones mejora el rendimiento académico y bienestar.Estrategias de prevención
Adams et al.2023Revisión exploratoriaEstados UnidosInfantesExposición temprana a pantallas puede afectar el desarrollo cognitivo.Efectos del uso
Aguilar et al.2015CuantitativoChileNiñas chilenasRelación entre sedentarismo, sueño y uso de pantallas.Efectos del uso
Álvarez Cadena et al.2020Estudio descriptivoEcuadorNiños de 8 a 12 añosEl tiempo en pantalla afecta las relaciones interpersonales.Creencias parentales
American Academy of Pediatrics2021Guía educativaEstados UnidosPadres y cuidadoresGuía sobre uso responsable de medios en niños.Estrategias de prevención
Anderson y Pempek2005Revisión teóricaEstados UnidosNiños muy pequeñosLa televisión influye en el desarrollo cognitivo temprano.Efectos del uso
Barr R.2010Revisión teóricaEstados UnidosInfantesLos bebés tienen dificultades para transferir aprendizajes entre entornos 2D y 3D, lo cual afecta el aprendizaje a través de pantallas.Efectos del uso de pantallas
Bozzola et al.2022Revisión exploratoriaItaliaNiños y adolescentesRiesgos potenciales del uso de redes sociales.Efectos del uso
Brevers y Turel2019Estudio empíricoCanadáUsuarios de redes socialesEstrategias para controlar la adicción a redes sociales.Estrategias de prevención
Brooks2019Artículo de opiniónEstados UnidosGeneralSe discute cuánto tiempo frente a pantallas es excesivo y se brindan recomendaciones prácticas.Estrategias de prevención
Bruni y Ferri2022Revisión narrativaItaliaNiñosLa melatonina cumple un rol crucial en el sueño infantil y su producción puede verse afectada por el uso de pantallas.Efectos del uso de pantallas
Caldeiro Pedreira et al.2021Revisión críticaEspañaNiños en edades tempranasDestaca la necesidad de concienciación sobre los derechos digitales y la responsabilidad adulta en el uso de pantallas en la infancia.Creencias parentales y regulación
Cartanyà Hueso et al.2022Estudio transversalEspañaNiños de 2 a 14 añosRelaciona el uso recreativo de pantallas con el exceso de peso y obesidad utilizando tres criterios distintos.Efectos físicos del uso de pantallas
Centers for Disease Control and Prevention2022Informe estadísticoEstados UnidosAdolescentesIndica que el tiempo frente a pantallas se duplicó durante la pandemia entre los adolescentes.Efectos del uso intensivo
Chassiakos et al.2016Revisión clínicaEstados UnidosNiños y adolescentesDiscute el impacto de los medios digitales en la salud física, emocional y social de niños y adolescentes.Efectos del uso intensivo
Cheever et al.2014Cuasi-experimentalEstados UnidosUsuarios de móviles (adultos jóvenes)La restricción del uso del móvil aumenta los niveles de ansiedad, especialmente en usuarios frecuentes.Efectos psicológicos del uso de tecnología
Christakis et al.2018Revisión experimentalEstados UnidosInfantes y ratones de laboratorioLa exposición temprana a medios afecta negativamente funciones cognitivas; hallazgos respaldados por estudios en humanos y animales.Efectos cognitivos
Combes et al.2022Estudio observacionalFranciaNiños francesesAnaliza los patrones de uso de pantallas y el impacto en el desarrollo neuropsicológico.Efectos del uso de pantallas
Delgado-Floody et al.2019Cuantitativo correlacionalChileEscolares chilenosRelación entre tiempo de pantalla, actividad física y estado de peso con el bienestar psicológico.Efectos del uso
Enciclopedia Médica A.D.A.M.2024Fuente educativa institucionalEstados UnidosInfanciaConsejos sobre límites de tiempo frente a pantallas para la infancia.Estrategias de prevención
Essex et al.2022Análisis narrativoReino UnidoNiñosEl tipo de contenido televisivo afecta funciones ejecutivas infantiles.Efectos del uso
Feijoo Fernández2015Cuantitativo descriptivoEspañaNiños gallegos de primariaHábitos de consumo de medios audiovisuales entre escolares.Efectos del uso
Fung Fallas et al.2020Revisión narrativaCosta RicaNiños y adolescentesAsociaciones entre uso excesivo de pantallas y efectos físicos, emocionales y sociales.Efectos del uso
Garavito-Sanabria et al.2022Revisión de literaturaColombiaNiñosExposición temprana a pantallas genera deterioro en desarrollo infantil.Efectos del uso
García y Dias de Carvalho2022Revisión teóricaArgentinaNiños pequeños y preescolaresUso de pantallas en edades tempranas y sus implicaciones en el desarrollo.Efectos del uso
Gentile et al.2014Estudio prospectivoEstados UnidosNiñosLa supervisión parental reduce efectos negativos de medios.Estrategias de prevención
Gillioz et al.2022Revisión críticaFranciaNiños pequeñosPantallas afectan el desarrollo psicológico temprano.Efectos del uso
Golob et al.2023Estudio teóricoEsloveniaPadresLa reflexividad parental mejora la educación mediática infantil.Creencias parentales
Grané et al.2023Estudio cualitativoEspañaFamiliasCreencias familiares influyen en la regulación del uso de pantallas.Creencias parentales
Green et al.2021RevisiónInternacionalGeneralLa inactividad física asociada al tiempo de pantalla perjudica la salud vascular.Efectos del uso
Griffith2023Cuantitativo correlacionalEstados UnidosPadres e hijosLas creencias parentales y habilidades digitales afectan el uso de pantallas.Creencias parentales
Guglielminetti et al.2022Revisión de literaturaFranciaNiñosEl uso excesivo de pantallas afecta negativamente el desarrollo motor.Efectos del uso
Hellman2022Artículo de opiniónFinlandiaNiñosReflexión crítica sobre los efectos de las pantallas en la infancia.Efectos del uso
Hesketh y Dodd2023Estudio transversalReino UnidoNiños en edad preescolarMás juego y menos pantallas se asocian con mejor salud mental en preescolares.Estrategias de prevención
Kaur et al.2019Revisión narrativaIndiaNiños menores de cinco añosExamina efectos del tiempo de pantalla en niños pequeños y da recomendaciones prácticas.Estrategias de prevención
Kesavelu2023Estudio exploratorioIndiaNiños en edad preescolarAsocia mayor tiempo de pantalla con retraso del habla en preescolares.Efectos del uso
Kushlev y Leitao2020Revisión teóricaEstados UnidosGeneralPropone un marco teórico sobre cómo los smartphones afectan el bienestar.Efectos del uso
Livingstone2018EnsayoReino UnidoNiñosAboga por reconocer y proteger los derechos digitales de los niños.Creencias parentales
Livingstone y Helsper2007Estudio teóricoReino UnidoNiños y adolescentesExamina la brecha digital desde una perspectiva generacional y educativa.Creencias parentales
Loprinzi et al.2018Revisión sistemáticaEstados UnidosAdultos jóvenes y de mediana edadEl ejercicio mejora funciones de memoria, lo que se contrapone al efecto pasivo del tiempo de pantalla.Estrategias de prevención
Lozano Blasco et al.2020Estudio cualitativoEspañaFamilias con niños pequeñosAnaliza hábitos familiares de multipantallas en la primera infancia.Creencias parentales
Martínez-Cardona y Alanis-Álvarez2021Artículo de opiniónMéxicoPoblación pediátricaAnaliza el incremento del tiempo frente a pantallas durante la pandemia y sus implicaciones.Efectos del uso
Martzog y Suggate2022Estudio correlacionalAlemania / Nueva ZelandaNiños preescolaresAsocia el uso de medios con el desarrollo de habilidades motoras finas.Efectos del uso
Minor et al.2023Estudio cuantitativoDinamarca / Estados UnidosUsuarios generales de smartphonesLa exposición a la naturaleza se asocia con una menor dependencia al uso del smartphone.Estrategias de prevención
Moody2024Informe estadísticoEstados UnidosPoblación globalPresenta estadísticas comparadas del tiempo de pantalla a nivel mundial.Efectos del uso
Morales Sotomayor y García García2022Estudio aplicadoCosta RicaAdultos mayoresUso de una WebApp para estimulación cognitiva como alternativa de uso positivo de tecnología.Estrategias de prevención
Moreno-Carmona et al.2022Revisión narrativaColombiaPadres e hijosExplora tipos de mediación parental en el uso de TIC en el hogar.Creencias parentales
Muppalla et al.2023Revisión actualizadaIndiaNiñosRevisión de efectos negativos del uso excesivo de pantallas y estrategias de intervención.Efectos del uso
Navarro2024Análisis estadísticoInternacionalGlobalComparación internacional del tiempo promedio de pantalla.Efectos del uso
Nikken y Schols2015Estudio mixtoPaíses BajosPadres de niños pequeñosClasifica estrategias de mediación parental y sus motivos.Creencias parentales
Odgers y Jensen2020Revisión anualReino Unido / Estados UnidosAdolescentesAnálisis de salud mental adolescente en la era digital: beneficios y riesgos.Efectos del uso
Ortega-Mohedano y Pinto-Hernández2021Estudio cuantitativoEspañaNiñosPredicción del bienestar infantil a partir del uso de pantallas inteligentes.Efectos del uso
Ortiz-de-Villate et al.2023Cuantitativo descriptivoEspañaNiños en primera infanciaIdentifica variables asociadas al uso de pantallas al término de la primera infancia.Efectos del uso
Ortiz-Ospina2019Análisis histórico-estadísticoGlobalUsuarios de redes socialesDocumenta el ascenso global del uso de redes sociales.Efectos del uso
Pons et al.2021Estudio transversalEspañaNiñosHábitos familiares relacionados con el uso excesivo de pantallas recreativas.Creencias parentales
Primack et al.2017Estudio transversalEstados UnidosJóvenes adultosMayor uso de redes sociales se asocia a mayor percepción de aislamiento social.Efectos del uso
Przybylski y Weinstein2017Estudio cuantitativoReino UnidoAdolescentesEstudia relación entre bienestar y uso de pantallas: “hipótesis de Ricitos de Oro”.Efectos del uso
Radesky et al.2015Revisión breveEstados UnidosNiños pequeñosRevisión sobre efectos positivos y negativos del uso temprano de medios digitales.Efectos del uso
Ramón-Arbués et al.2023Cuantitativo transversalEspañaEstudiantes de enfermeríaMayor tiempo de pantalla se asocia a mayor malestar psicológico y menor actividad física.Efectos del uso
Reed et al.2023Ensayo controlado aleatorizadoReino UnidoAdultos jóvenesReducir uso de redes sociales mejora salud física y bienestar.Estrategias de prevención
Rideout2015Informe descriptivoEstados UnidosNiños y adolescentesEstadísticas del uso de medios en tweens y adolescentes.Efectos del uso
Roberts et al.2015Encuesta nacionalEstados UnidosNiños de 8 a 18 añosDetalla patrones de uso de medios en la generación M2.Efectos del uso
Robinson y Borzekowski2006Estudio experimentalEstados UnidosNiños y familiasEvaluación de un programa educativo para reducir el tiempo frente a pantallas.Estrategias de prevención
Sánchez Casado y Benítez Sánchez2022Intervención educativaEspañaPadresCapacitación sobre salud mental y videojuegos como herramienta preventiva.Estrategias de prevención
Sans et al.2016Artículo técnicoEspañaNiños y adolescentesAnaliza los efectos de las pantallas sobre el sistema visual.Efectos del uso
Sartori et al.2024Estudio descriptivoArgentinaFamilias con niñosEstudia tenencia, hábitos y percepciones sobre tecnologías en el hogar.Creencias parentales
Stockdale et al.2022LongitudinalEstados UnidosNiños en edad preescolarRelaciona visualización de TV con desarrollo del lenguaje y funciones ejecutivas.Efectos del uso
Strasburger et al.2010RevisiónEstados UnidosNiños y adolescentesRevisión de impactos en salud física y mental por consumo mediático.Efectos del uso
Supanta-Paucay y Díaz-Ramírez2020Estudio aplicadoEcuadorAdultos mayoresUso de tecnología para estimulación cognitiva como estrategia positiva.Estrategias de prevención
Tamana et al.2019Estudio longitudinalCanadáPreescolaresMayor tiempo de pantalla asociado con problemas de atención.Efectos del uso
Twenge y Campbell2018Estudio poblacionalEstados UnidosNiños y adolescentesAsocia tiempo de pantalla con menor bienestar psicológico.Efectos del uso
Valkenburg et al.1999Desarrollo de escalaPaíses BajosPadres e hijosPropone tres estilos de mediación televisiva parental.Creencias parentales
Van Velthoven et al.2018RevisiónReino UnidoUsuarios generalesAnaliza abordajes digitales para el uso problemático del smartphone.Estrategias de prevención
Vohr et al.2021Estudio de cohorteEstados UnidosNiños prematurosTiempo excesivo de pantalla vinculado a peores funciones ejecutivas y conductuales.Efectos del uso
Websites for Screentime Use Strategies2021Artículo de divulgaciónEstados UnidosEducadores y padresProporciona estrategias breves para reducir tiempo frente a pantallas.Estrategias de prevención
World Health Organization2020Guía oficialInternacionalNiños menores de 5 añosRecomendaciones sobre actividad física, sueño y tiempo de pantalla.Estrategias de prevención
Zapata-Lamana et al.2021Cuantitativo correlacionalChileEstudiantesMayor tiempo frente a pantallas correlaciona con bajo rendimiento escolar.Efectos del uso

Evaluación del riesgo de sesgo

No se aplicó una herramienta formal específica para la evaluación del riesgo de sesgo (como ROBIS o CASPe), dado que la revisión incluyó estudios con enfoques metodológicos diversos. Sin embargo, se valoraron críticamente los siguientes aspectos en cada estudio:

• Claridad en el diseño metodológico.

• Tamaño y representatividad de la muestra.

• Uso de instrumentos validados.

• Coherencia entre objetivos, resultados y conclusiones.

Los estudios que presentaron limitaciones explícitas en estos aspectos fueron analizados con cautela, sin otorgarles un peso excesivo en la síntesis final. No se identificaron conflictos de interés relevantes ni sesgos sistemáticos en los artículos incluidos.

Síntesis de resultados

Los hallazgos fueron organizados en tres núcleos temáticos, los cuales permiten estructurar la comprensión del fenómeno desde múltiples dimensiones:

1. Efectos del uso y la exposición intensiva a pantallas:se analizaron estudios que abordaron los efectos físicos (como la obesidad, el sedentarismo, los trastornos del sueño), cognitivos (la atención, el lenguaje, la memoria) y emocionales (la ansiedad, la depresión, el estrés).

2. Creencias parentales en torno al uso de pantallas:se identificaron creencias asociadas a la percepción de riesgo, a la brecha generacional, al conocimiento digital de los cuidadores y a los estilos de mediación parental.

3. Estrategias de prevención y mediación parental ante el uso y la exposición intensiva a pantallas en menores de edad: se revisaron investigaciones que proponen pautas educativas, regulaciones institucionales, recomendaciones para el uso saludable de pantallas, y programas de acompañamiento familiar.

Efectos del uso y la exposición intensiva a pantallas

El uso excesivo de pantallas, entendido como el tiempo prolongado frente a dispositivos como computadoras, televisores, videojuegos, celulares o tabletas, presenta tanto beneficios como riesgos. Entre los aspectos positivos se encuentran la adquisición de nuevas ideas, el acceso fácil a mensajes y el contacto social; sin embargo, también existen signos de uso problemático como el aburrimiento o la infelicidad sin pantallas, y la aparición de emociones negativas tras su uso (Fung Fallas et al., 2020). Según Martínez-Cardona y Alanis-Álvarez (2021), tras la pandemia por COVID-19, el tiempo de uso de pantallas aumentó más del 100 % en niños entre 6 y 12 años, pasando de un promedio de 2 a más de 4 horas diarias. De forma similar, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, 2022) reportaron que adolescentes entre 11 y 14 años alcanzaron un promedio de 7.7 horas diarias frente a pantallas, sin contar el tiempo dedicado a clases virtuales. Este incremento tiene consecuencias en diversas áreas como el sedentarismo, la obesidad, la alimentación, el sueño, el desarrollo infantil y el bienestar psicológico (Cartanyà Hueso et al., 2022; Fung Fallas et al., 2020).

Un estudio de Ramón-Arbués et al. (2023) reporta que un uso superior a seis horas diarias de pantallas está asociado con un aumento del sedentarismo al reducir la actividad física y elevar la tasa de obesidad. Fung Fallas et al. (2020) atribuyen esto a bajos niveles de gasto energético, lo que afecta negativamente el desarrollo físico, social, emocional y cognitivo, además de empeorar perfiles lipídicos, aumentar la presión arterial sistólica y generar resistencia a la insulina. Desde una perspectiva fisiológica, el sedentarismo sostenido puede activar el sistema nervioso simpático, generando vasoconstricción, lo que incrementa la resistencia vascular periférica y contribuye al aumento de la presión arterial sistólica (Green et al., 2021).

Según Zapata-Lamana et al. (2021), el sedentarismo prolongado tiene el potencial de alterar la estructura cerebral e impactar la inteligencia en niños con sobrepeso. Otros estudios también evidencian que el uso excesivo de pantallas sumado al sedentarismo resulta en estrés psicológico (Kaur et al., 2019; Ortega-Mohedano y Pinto-Hernández, 2021; Ortiz-de-Villate et al., 2023; Ramón-Arbués et al., 2023; Sartori et al., 2024). También se evidencia que un mayor tiempo frente a pantallas se vincula con una peor alimentación, ya que ver pantallas mientras se come suele conducir a la ingesta de alimentos no saludables (Fung Fallas et al., 2020).

Otro impacto del UEP en la salud física de los niños es la alteración del sueño. Esto ocurre debido al desplazamiento del horario de dormir y a la estimulación psicológica que produce el contenido mediático (Zapata-Lamana et al., 2021). Además, la luz azul emitida por las pantallas puede suprimir la producción de melatonina, una hormona esencial para regular los ciclos de sueño-vigilia (Garavito-Sanabria et al., 2022). La deficiencia de melatonina no solo reduce el rendimiento cognitivo, especialmente cuando los dispositivos se utilizan en la oscuridad antes de dormir, sino que puede disminuir la duración total del sueño entre un 25 % y 50 % en niños, afectando su concentración, su memoria y su estabilidad emocional (Bruni y Ferri, 2022). La exposición continua a dispositivos con pantallas ha demostrado reducir la frecuencia del parpadeo, lo cual puede perjudicar la concentración y provocar síntomas de sequedad ocular (Sans et al., 2016).

Bozzola et al. (2022) añaden que el UEP está asociado con dificultades para conciliar el sueño, con un sueño de mala calidad y con una reducción en la duración de este debido al “estado de alerta” constante provocado por notificaciones y por la interacción digital continua. Esta hiperconexión mental dificulta la relajación y la transición hacia el sueño, generando una mayor latencia para dormir y una fragmentación del descanso. Si bien no todos los estudios detallan los mecanismos fisiológicos, se ha descrito que la estimulación psicológica constante, junto con la exposición a la luz azul, pueden provocar un estado de alerta sostenido compatible con la activación del sistema nervioso simpático (Sans et al., 2016; Fung Fallas et al., 2020).

El UEP también se relaciona con problemas en el desarrollo de los niños. Un estudio longitudinal de Stockdale et al. (2022) mostró que los niños con mayor exposición a pantallas presentaron disrupciones en el desarrollo del lenguaje y de las funciones ejecutivas, ya que este tipo de exposición desplaza las interacciones padres-hijos, esenciales para el aprendizaje en los primeros años de vida. Por el contrario, los niños con menor exposición a pantallas obtuvieron mejores resultados en ambas habilidades. De manera similar, otros estudios encuentran que los niños que hacen uso excesivo de pantallas son más propensos a retrasos en el desarrollo del lenguaje y a ser diagnosticados con trastornos relacionados con dificultades en la expresión verbal, la comprensión o el uso adecuado del lenguaje (Álvarez Cadena et al., 2020; García y Dias de Carvalho, 2022; Gillioz et al., 2022; Guglielminetti et al., 2022; Kaur et al., 2019; Kesavelu, 2023; Vohr et al., 2021). Garavito-Sanabria et al. (2022) enfatizan que la edad temprana de exposición es crucial, ya que cuanto más precoz es el inicio de exposición a pantallas, mayor es la probabilidad de presentar retrasos en el desarrollo del lenguaje debido a posibles alteraciones en el fascículo arcuato, responsable de conectar el área de Wernicke con la de Broca (áreas encargadas del lenguaje receptivo y del lenguaje expresivo, respectivamente).

Como se mencionó anteriormente, el UEP influye negativamente en el desarrollo de las funciones ejecutivas en los niños, las cuales incluyen procesos como la inhibición, el control de interferencias, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva (Essex et al., 2022). Stockdale et al. (2022) resaltan que el reemplazo de interacciones entre cuidadores y niños por tiempo frente a pantallas merma la cantidad de palabras habladas y afecta la formación de vínculos afectivos, lo cual repercute en el desarrollo óptimo de las funciones ejecutivas. Vohr et al. (2021) también encuentran que el UEP está relacionado con dificultades cognitivas, lo que puede llevar a problemas de atención (Aguilar et al., 2015; Gillioz et al., 2022; Pons et al., 2021; Reed et al., 2023; Tamana et al., 2019).

Además, se ha observado una relación negativa entre el UEP y el desarrollo psicomotor. Guglielminetti et al. (2022) identifican una relación causal entre el tiempo de pantalla y las habilidades motoras, destacando la importancia de un entorno que promueva el desarrollo sensoriomotor. García y Días de Carvalho (2022) añaden que el desarrollo psicomotor depende de la capacidad del niño para moverse y recibir retroalimentación propioceptiva, aspectos limitados en el entorno digital, ya que el conocimiento bidimensional derivado de la pantalla no se transfiere fácilmente a la vida real tridimensional. Este fenómeno ha sido descrito como el “efecto de déficit de video”, el cual indica que los niños pequeños, especialmente menores de 3 años, aprenden menos de los contenidos digitales (como videos o televisión) en comparación con las interacciones reales o con las demostraciones en vivo (Anderson & Pempek, 2005; Barr, 2010). Según estos autores, el aprendizaje significativo en la primera infancia ocurre de manera más efectiva en contextos sociales interactivos, lo que subraya la importancia de la presencia de cuidadores y la interacción directa durante el uso de medios audiovisuales.

Finalmente, el UEP también está vinculado al malestar psicológico. Fung Fallas et al. (2020) lo asocian con peores resultados en la salud mental, generando mayores niveles de ansiedad (Ramón-Arbués et al., 2023), dificultades en la regulación emocional, depresión y estrés (Reed et al., 2023). Este malestar puede traducirse en un menor rendimiento académico, mayor dificultad en la solución de problemas complejos y menor capacidad para generar y mantener imágenes mentales precisas (Gillioz et al., 2022; Martzog y Suggate, 2022; Ortiz-de-Villate et al., 2023; Reed et al., 2023). Además, también puede interferir con el desarrollo de habilidades sociales, especialmente en la infancia, ya que reduce las oportunidades de interacción cara a cara, limita la práctica de lectura del lenguaje corporal, la expresión emocional y la empatía, todos elementos fundamentales en la construcción de relaciones saludables (Chassiakos et al., 2016; Muppalla et al., 2023). Gillioz et al. (2022) subrayan que estos efectos pueden representar un problema de salud pública significativo en la sociedad contemporánea.

Creencias parentales y su relación con el uso de pantallas por parte de los niños

Las creencias en relación con el uso y la exposición intensiva a pantallas abarcan las percepciones y actitudes de individuos y grupos hacia el tiempo dedicado frente a dispositivos electrónicos. Estas creencias, influenciadas por factores culturales, sociales y generacionales, juegan un papel crucial en el modo como las personas interactúan con la tecnología (Rideout, 2015). Por ejemplo, algunos padres pueden considerar que el uso de pantallas es inocuo e incluso beneficioso para el desarrollo de sus hijos, mientras que otros ven la tecnología como una amenaza para el bienestar infantil (Livingstone, 2018). Estas creencias no solo determinan los patrones de uso, sino que también influyen en las decisiones relacionadas con la supervisión y la regulación del tiempo de exposición a pantallas, subrayando la necesidad de una comprensión más profunda de las percepciones sociales sobre el uso de dispositivos electrónicos (Nikken y Schols, 2015).

La discrepancia generacional en la alfabetización digital entre padres e hijos influye directamente en las prácticas y creencias parentales sobre el uso de pantallas. Diversos estudios han evidenciado que, aunque muchos padres utilizan tecnologías digitales, no todos poseen competencias suficientes para acompañar o mediar el uso de estas herramientas por parte de sus hijos, especialmente en contextos educativos o recreativos (Livingstone y Helsper, 2007; Moreno-Carmona et al., 2022). Esta diferencia en habilidades digitales puede limitar la supervisión efectiva del tiempo frente a pantallas, así como la comprensión de los riesgos y de los beneficios asociados. Como resultado, algunas familias no adoptan medidas proactivas para prevenir los efectos negativos del uso prolongado de dispositivos. Además, factores como el nivel educativo de los padres, en especial el de la madre, y las prácticas de crianza influyen en la forma como se regula —o no— el acceso a las tecnologías dentro del hogar (Adams et al., 2023).

Teichert (2020), citado en Hellman (2022), sugiere que las recomendaciones teóricas sobre el uso de pantallas no siempre se alinean con la realidad de los hogares modernos, donde la tecnología está profundamente integrada en la vida diaria. Este desfase contribuye a que los niños internalicen formas de interacción digital desde una edad temprana, lo cual afecta su desarrollo social y emocional (Hellman, 2022). Así, la falta de conocimientos parentales y la brecha generacional subrayan la importancia de la educación continua para los padres, de manera que estos puedan ser mediadores más efectivos en el uso de la tecnología por parte de sus hijos.

Las creencias de los padres sobre el uso de pantallas ejercen un impacto significativo en las estrategias de mediación y en el entorno mediático del hogar. Griffith (2023) demostró que las creencias de los padres influyen directamente en la regulación conductual y en el uso conjunto de medios. Los padres con percepciones más positivas tienden a permitir un mayor tiempo de uso de pantallas y a utilizar las pantallas como herramientas de regulación del comportamiento. Sin embargo, el estrés parental y las habilidades digitales actúan como moderadores en esta relación; los padres con menos estrés y mayores habilidades digitales tienden a establecer límites más efectivos.

Golob et al. (2023) encontraron que los padres con mayores niveles de meta-reflexividad, o la capacidad de reflexionar críticamente sobre sus propias creencias y acciones, son más propensos a establecer normas y restricciones sobre el uso de pantallas. Este tipo de reflexión crítica puede llevar a una educación mediática más responsable disminuyendo la exposición a pantallas y aumentando la calidad de la interacción con el contenido. Por lo tanto, la manera en que los padres conceptualizan y abordan el uso de las pantallas puede tener un impacto directo en las prácticas digitales de sus hijos.

Las creencias y prácticas parentales sobre el uso de pantallas también están influenciadas por el contexto socioeconómico de las familias. Grané et al. (2023) destacan que no es solo el tiempo frente a las pantallas lo que importa, sino el tipo de contenido y cómo los padres median este uso. Las diferencias en el acceso a dispositivos, a conectividad y a alfabetización digital generan desigualdades no solo en el uso de la tecnología, sino también en la forma en que las familias comprenden y gestionan sus riesgos y beneficios (Sartori et al., 2024). En hogares con mayor acceso económico, la tecnología suele estar más integrada en rutinas educativas o de ocio guiado, donde los adultos supervisan el uso, seleccionan contenidos y promueven aprendizajes. En contraste, en contextos con menos recursos, las pantallas tienden a utilizarse como herramientas funcionales para suplir la falta de acompañamiento adulto, funcionando como medios de entretenimiento, “niñera digital” o apoyo escolar sin mediación crítica. Esto puede profundizar brechas de aprendizaje, aumentar la exposición a contenidos inapropiados y limitar el desarrollo de habilidades sociales o cognitivas (Radesky et al., 2015).

Por otro lado, en hogares donde las pantallas son percibidas como herramientas educativas, el tiempo de exposición suele ser mayor (Fung Fallas et al., 2020). García y Dias de Carvalho (2022) encontraron que un 80% de los padres subestiman los riesgos asociados con la exposición temprana a pantallas y no implementan controles parentales. Esto resalta la necesidad de intervenciones que tengan en cuenta el contexto socioeconómico y las percepciones culturales en torno al uso de la tecnología.

La integración de las pantallas en la vida diaria de los niños se manifiesta en diversas formas, desde el uso lúdico hasta su empleo como herramientas educativas. Caldeiro Pedreira et al. (2021) señalan que los dispositivos móviles a menudo actúan como “chupetes electrónicos” utilizados por los padres para calmar o distraer a los niños mientras realizan otras tareas. Los investigadores identifican cuatro categorías principales en los usos de estos dispositivos: lúdico, educativo, niñera digital y uso abusivo. Estas categorías demuestran la diversidad de maneras en que la tecnología se ha integrado en la vida cotidiana de los niños, influyendo en su desarrollo y en la dinámica familiar.

Además, Kushlev y Leitao (2020), citados en el estudio de Reed et al. (2023), identifican tres mecanismos a través de los cuales las redes sociales impactan a las personas: desplazamiento, donde el tiempo en redes sustituye otras actividades importantes; interferencia, cuando el uso de redes interrumpe tareas diarias como el trabajo o el estudio; y complementariedad, que facilita el acceso a información y actividades que de otro modo no serían posibles. Estos mecanismos ilustran cómo el impacto de las redes sociales y de la tecnología en general puede ser tanto positivo como negativo dependiendo de cómo se integren en la vida cotidiana y de cómo se manejan las interacciones con el contenido digital.

Pons et al. (2021) identificaron que el 80% de los niños en su estudio comenzaron a utilizar pantallas recreativas antes de los 2 años, con un aumento significativo en el tiempo de uso a medida que los niños crecen. Este uso temprano y prolongado está asociado con factores como el tiempo de televisión de los padres y la presencia de televisión en el dormitorio. Estos hallazgos sugieren que las prácticas familiares y el entorno mediático del hogar desempeñan un papel importante en el desarrollo de los hábitos de uso de pantallas en la infancia.

Finalmente, abordar los riesgos asociados con el uso de pantallas y la necesidad de una educación responsable es fundamental para comprender la complejidad del tema. Sánchez Casado y Benítez Sánchez (2022) demostraron que un programa de capacitación parental puede mejorar significativamente la capacidad de los padres para gestionar el uso de videojuegos y redes sociales en sus hijos reduciendo el riesgo de adicción a las pantallas. La falta de conocimiento y de regulación por parte de los padres puede aumentar el riesgo de desarrollar adicciones y problemas de salud mental en la infancia.

Estrategias de prevención ante el uso y la exposición intensiva a pantallas en menores de edad

El uso excesivo de pantallas en niños y adolescentes ha generado preocupación debido a los impactos negativos que ello puede tener en el desarrollo físico, mental y social de las personas. Las estrategias de prevención han evolucionado para abordar estos desafíos, abarcando desde la educación y la concienciación hasta la implementación de políticas y programas que fomentan hábitos tecnológicos saludables (Gentile et al., 2014). La mediación parental, la regulación del tiempo de pantalla y las intervenciones comunitarias son enfoques clave que han demostrado ser efectivos para reducir el impacto negativo de la tecnología en los jóvenes (Radesky et al., 2015; Strasburger et al., 2010). Además, estudios recientes subrayan la importancia de promover interacciones sociales presenciales, especialmente en la infancia, como medida preventiva. Las escuelas y familias pueden fomentar espacios de juego libre, actividades extracurriculares y momentos de desconexión digital que contribuyan al desarrollo socioemocional de los menores (Muppalla et al., 2023).

Moreno-Carmona et al. (2022) subrayan que un entorno familiar basado en el diálogo y la comprensión es fundamental para promover un uso crítico de las TIC. Por otro lado, un control parental excesivo o la falta de apoyo emocional pueden llevar a comportamientos problemáticos como la dependencia de internet y el ciberacoso. Fung Fallas et al. (2020) complementan esta perspectiva al señalar que la educación temprana sobre el desarrollo cerebral y la implementación de límites adecuados según la edad son esenciales para moderar el tiempo de pantalla. Además, recomiendan mantener los dispositivos fuera del dormitorio y evitar su uso durante las comidas o antes de dormir.

Las investigaciones también resaltan la necesidad de promover alternativas saludables al tiempo frente a pantallas. Minor et al. (2023) sugieren que la exposición a la naturaleza disminuye significativamente el uso de smartphones, lo que destaca la importancia de fomentar actividades al aire libre. De manera similar, Hesketh y Dodd (2023) proponen que el juego aventurero, caracterizado por la incertidumbre y la emoción, puede prevenir problemas de salud mental en preescolares, proporcionando una alternativa más beneficiosa al entretenimiento digital.

Para regular el uso de pantallas, Martínez-Cardona y Alanis-Álvarez (2021) recomiendan limitar el tiempo frente a pantallas a una hora diaria para niños de 2 a 5 años y establecer áreas libres de medios digitales en el hogar. De igual manera, Van Velthoven et al. (2018) exploran enfoques terapéuticos digitales como la terapia cognitivo-conductual (CBT) y aplicaciones de regulación del uso sugiriendo que estas herramientas pueden prevenir la adicción a los smartphones.

El papel de los padres es crucial para guiar el consumo responsable de las pantallas. García y Dias de Carvalho (2022) enfatizan que los padres deben asumir un rol activo en la moderación del uso de dispositivos promoviendo la actividad física y la interacción social para mitigar los efectos negativos. Caldeiro Pedreira et al. (2021) también abogan por la educación mediática en la escuela y el hogar como un recurso clave para formar usuarios críticos y responsables de la tecnología. Además, Ortiz-de-Villate et al. (2023) sugieren que la participación en actividades deportivas extraescolares está asociada con una reducción significativa en el tiempo de pantalla.

La presencia mediadora de los adultos también es esencial para guiar el consumo mediático de los niños. Lozano Blasco et al. (2020) destacan que la mediación activa protege a los niños de contenidos inadecuados y fomenta un consumo equilibrado. De manera similar, Combes et al. (2022) señalan que las interacciones mediadas por adultos durante el uso de pantallas son cruciales para mitigar los efectos negativos y promover un desarrollo positivo, especialmente tras los periodos de confinamiento por la pandemia.

Feijoo Fernández (2015) advierte sobre el consumo excesivo de pantallas en niños señalando que muchos superan las dos horas diarias recomendadas. Esto subraya la necesidad de que los padres tomen un rol activo en la mediación del uso de pantallas para asegurar un consumo equilibrado. Kaur et al. (2019) refuerzan esta idea proponiendo aumentar la actividad física, mejorar los patrones de sueño y educar a los padres como estrategias clave para reducir el tiempo de pantalla en niños menores de cinco años.

La mediación parental activa es esencial también en el uso de redes sociales por parte de los adolescentes. Bozzola et al. (2022) recomiendan establecer límites claros y fomentar un equilibrio entre las actividades en pantalla y alternativas saludables. Reed et al. (2023) respaldan esta recomendación sugiriendo que limitar el uso de redes sociales a 30 minutos diarios puede reducir síntomas de depresión y mejorar la salud general. Aguilar et al. (2015) concluyen que la combinación de actividad física y reducción del tiempo en pantalla mejora la calidad del sueño, mientras que Delgado-Floody et al. (2019) subrayan que la actividad física después de la escuela es un factor protector contra la depresión. En este sentido, el artículo de Word of Mouth (2021) sobre estrategias para el uso del tiempo de pantalla destaca dos recursos que pueden apoyar a los padres en la gestión de estas prácticas. Children’s Screentime Action Network ofrece recursos que promueven el juego creativo y activo en lugar del tiempo de pantalla, mientras que Screen-free Parentingsugiere alternativas como el sistema S.P.O.I.L., que fomenta el juego libre, las actividades al aire libre y la lectura proporcionando herramientas para lograr un equilibrio saludable en el uso de la tecnología. Estos recursos abogan por un uso consciente de las pantallas y ofrecen soluciones prácticas para los desafíos que enfrentan los padres en la regulación del tiempo de pantalla de sus hijos.

Caldeiro Pedreira et al. (2021) proponen tres ejes de actuación para abordar el uso adecuado de las tecnologías en edades tempranas: la educación con medios, la educación en medios y la educación ante los medios. La educación con medios se enfoca en integrar los medios digitales como herramientas didácticas que apoyen aprendizajes significativos y funcionales en los niños. La educación en medios pone el énfasis en el dominio y la comprensión de los medios como una forma de expresión creativa promoviendo un uso responsable y crítico. Finalmente, la educación ante los medios resalta la importancia de enseñar a los niños a reflexionar críticamente sobre los mensajes y valores transmitidos a través de los medios ayudándolos a convertirse en usuarios activos y conscientes. Estos tres ejes buscan desarrollar la competencia mediática en los niños para que puedan utilizar las tecnologías de manera segura y efectiva mientras satisfacen sus necesidades de comunicación, de expresión y de formación en diversas situaciones cotidianas.

Como evidencia de que las estrategias de mediación pueden ser efectivas, un estudio realizado en Noruega (Abrahamsson, 2024) analizó los efectos de la prohibición de teléfonos inteligentes en las escuelas y encontró un impacto significativamente positivo en la salud mental y en el rendimiento académico de los estudiantes, especialmente en las niñas. Los resultados mostraron una disminución en las consultas relacionadas con síntomas y enfermedades psicológicas y mejoras en las calificaciones y puntajes en exámenes, particularmente en matemáticas. También se observó una reducción en la incidencia del acoso escolar, con efectos más pronunciados en estudiantes de entornos socioeconómicos bajos. Estos hallazgos sugieren que la implementación de políticas y estrategias de mediación en el uso de dispositivos tecnológicos puede tener un efecto significativamente positivo en la salud y en el bienestar de los jóvenes, lo cual respalda la necesidad de un enfoque proactivo y equilibrado en la educación digital y el control de uso de pantallas.

Discusión

El análisis de la literatura revisada evidencia que el uso excesivo de pantallas en la infancia tiene implicaciones significativas en el desarrollo cognitivo, emocional y físico de los niños. Las investigaciones demuestran que, aunque las pantallas pueden ofrecer beneficios en términos de acceso a la información y entretenimiento, el uso prolongado se asocia con una variedad de efectos negativos.

En términos cognitivos, varios estudios indican que la exposición prolongada a las pantallas puede alterar el desarrollo del lenguaje y las funciones ejecutivas (Aguilar et al., 2015; Essex et al., 2022; Fung Fallas et al., 2020; Gillioz et al., 2022; Pons et al., 2021; Ramón-Arbués et al., 2023; Reed et al., 2023; Sans et al., 2016; Tamana et al., 2019). Estas disrupciones se relacionan con una reducción en las interacciones padre-hijo y con la sustitución de actividades que promueven habilidades cognitivas fundamentales, como la lectura y el juego físico. Los hallazgos de Stockdale et al. (2022) y otros estudios resaltan que la exposición temprana y prolongada a las pantallas se asocia con retrasos en el desarrollo del lenguaje y otras funciones ejecutivas críticas (Álvarez Cadena et al., 2020; García y Dias de Carvalho, 2022; Gillioz et al., 2022; Guglielminetti et al., 2022; Kaur et al., 2019; Kesavelu, 2023; Vohr et al., 2021).

Desde una perspectiva emocional, el uso excesivo de pantallas también se relaciona con un aumento en los niveles de ansiedad, de depresión y de estrés en los niños. Los mecanismos que subyacen a estos efectos negativos incluyen la interrupción del sueño, la exposición a contenido inapropiado —como violencia explícita, lenguaje agresivo, sexualización temprana, estereotipos de género o publicidad engañosa— y la disminución de la interacción social. Fung Fallas et al. (2020) y Reed et al. (2023) proporcionan evidencia que respalda la correlación entre el uso excesivo de pantallas y el malestar psicológico, lo que puede afectar el rendimiento académico y el bienestar general (American Academy of Pediatrics, 2016).

Los efectos físicos del uso excesivo de pantallas también son notables. El sedentarismo, la obesidad y los problemas de sueño son consecuencias comunes que surgen del tiempo excesivo frente a dispositivos electrónicos (Fung Fallas et al., 2020). Entre los problemas de sueño más frecuentes se encuentran la dificultad para conciliar el sueño, la reducción en la duración total del descanso, el retraso en la fase del sueño y una menor calidad del mismo, como resultado de la exposición a luz azul y de la estimulación cognitiva previa al descanso nocturno (Garavito-Sanabria et al., 2022). El trabajo de Ramón-Arbués et al. (2023) destaca el vínculo entre el uso prolongado de pantallas y la disminución de la actividad física, lo que contribuye a un aumento en las tasas de obesidad y a otros problemas de salud relacionados con el estilo de vida sedentario, como los trastornos metabólicos y los problemas visuales, incluyendo la fatiga ocular digital, el síndrome del ojo seco y la visión borrosa transitoria debido a la exposición prolongada a pantallas sin pausas adecuadas.

La influencia de las creencias y prácticas parentales es un factor crucial que afecta el uso de pantallas por parte de los niños. Las actitudes y conocimientos de los padres sobre la tecnología impactan en la manera como los niños interactúan con las pantallas y en la implementación de estrategias de mediación. Como señalan Griffith (2023) y Golob et al. (2023), los padres con mayor conocimiento y habilidades digitales tienden a establecer límites más efectivos y a fomentar un uso más responsable de las pantallas.

Las estrategias de prevención identificadas en la literatura incluyen la mediación parental activa, la limitación del tiempo de pantalla y la promoción de alternativas saludables al uso de dispositivos electrónicos. Estas estrategias se clasifican comúnmente en tres tipos principales (Valkenburg et al., 1999):

1. Mediación activa, que consiste en que los cuidadores conversen con los niños sobre el contenido que consumen, fomentando una comprensión crítica de lo que ven.

2. Mediación restrictiva, que implica establecer reglas claras sobre el tiempo de uso, los horarios permitidos y los tipos de contenidos.

3. Mediación técnica, que se refiere al uso de herramientas digitales como controles parentales, filtros de contenido y bloqueadores de aplicaciones o sitios web.

Autores posteriores han agregado la mediación técnica, referida al uso de controles parentales y herramientas digitales para limitar el acceso a ciertos contenidos (Livingstone y Helsper, 2007). La efectividad de estas estrategias, como se observa en el estudio de Abrahamsson (2024) en Noruega, demuestra que la regulación y la mediación del uso de pantallas puede tener un impacto significativamente positivo en la salud mental y en el rendimiento académico de los niños.

En consonancia con los hallazgos presentados, las recomendaciones de organismos médicos y científicos refuerzan la necesidad de abordar este fenómeno desde una mirada preventiva y educativa. La American Academy of Addiction Psychiatry (2021) reportó un incremento significativo en los casos de adicción a internet durante la pandemia, particularmente en poblaciones jóvenes, lo cual refuerza la idea de que el uso desmedido de dispositivos no es solo una práctica común, sino un potencial factor de riesgo para la salud mental. En esta misma línea, la American Academy of Pediatrics (2016, 2021) ha insistido en la importancia de superar el enfoque meramente cuantitativo del “tiempo frente a pantallas” promoviendo una mediación activa por parte de los cuidadores, así como la selección de contenidos adecuados y el acompañamiento durante el uso. Estas recomendaciones son consistentes con la necesidad de fortalecer las competencias parentales como estrategia clave en la prevención del uso problemático de pantallas, especialmente en contextos de hiperconectividad cotidiana.

Una alternativa efectiva al uso excesivo de pantallas en los niños es la promoción de actividades que involucren la participación y estimulen el desarrollo cognitivo, físico y emocional. Fomentar el juego al aire libre, las actividades deportivas y las interacciones sociales presenciales permite a los niños desarrollar habilidades motoras, mejorar su capacidad para resolver problemas y fortalecer sus vínculos emocionales. Además, el juego creativo, como la construcción con bloques, la pintura o la lectura de libros físicos, ofrece oportunidades para el desarrollo de la imaginación y el pensamiento crítico. Estas actividades no solo desvían el enfoque de los dispositivos electrónicos, sino que también contribuyen al bienestar general y al desarrollo integral del niño.

Es importante también que los padres participen activamente en estas experiencias, no solo como observadores, sino como acompañantes, para motivar a sus hijos, fortalecer los vínculos familiares y modelar una relación saludable con la tecnología. En lugar de prohibir el uso de pantallas por completo, se hace necesario abogar por un equilibrio que permita la integración de experiencias de la vida real y el uso consciente y supervisado de la tecnología. Al mismo tiempo, estas actividades alternativas sirven como herramientas esenciales para enseñar a los niños a autorregular su tiempo de pantalla y a cultivar una relación más saludable y equilibrada con la tecnología.

Referencias

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Información adicional

Conflictos de interés: Las autoras declaramos que no tenemos ningún conflicto de interés financiero, profesional o personal que pueda influir de forma inapropiada en los resultados obtenidos y en los análisis realizados.

Contribuciones de los autores: Valeria Hernández Yepez contribuyó en la elaboración del artículo desde la introducción hasta la discusión. Nadia Semenova Moratto contribuyó con la revisión general del manuscrito y realizó aportes específicos en las secciones de metodología y discusión

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