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Percepción de estereotipos de género transmitidos a adolescentes mediante la crianza materna*
Perception of gender stereotypes transmitted to adolescents through maternal upbringing
Revista Latinoamericana de Estudios de Familia, vol. 15, núm. 1, pp. 193-212, 2023
Universidad de Caldas

Interseccionalidad en los estudios de familia: género, raza y sexualidad

Revista Latinoamericana de Estudios de Familia
Universidad de Caldas, Colombia
ISSN: 2145-6445
ISSN-e: 2215-8758
Periodicidad: Semestral
vol. 15, núm. 1, 2023

Recepción: 29 Junio 2022

Aprobación: 07 Marzo 2023


Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

Resumen: Objetivo: el propósito de este estudio fue analizar la percepción que tienen los adolescentes respecto a los estereotipos de género que les fueron transmitidos mediante la crianza materna, para esto se construyó y validó una escala. Metodología: la muestra estuvo compuesta por 305 adolescentes residentes del Valle de Toluca, con edad promedio de 17 años, de los cuales 50.26 % fueron hombres y 49.83 % mujeres; fue una muestra no probabilística de tipo intencional. El procesamiento de los datos se realizó mediante el análisis de consistencia interna (alfa de Cronbach) y el análisis factorial de componentes principales con rotación de tipo Varimax. Posteriormente se utilizó la prueba t de Student para comparar las medias de los factores en función del sexo y tipo de familia (monoparental y biparental). Para examinar la diferencia de los factores de la escala respecto a la escolaridad de las madres de los adolescentes se usó la prueba de análisis de varianza de una sola vía (ANOVA) y la prueba a posteriori de Scheffé. Resultados: La escala original estaba conformada por 50 reactivos, de los cuales ocho fueron eliminados, conservándose 42 con opciones de respuesta tipo Likert. En cuanto a la comparación de medias se encontró que los estereotipos transmitidos por las madres están presentes en mayor medida en el factor expresión de los afectos. También se identificaron diferencias estadísticamente significativas entre los factores de la escala respecto al sexo y familia a la que pertenecen los adolescentes, así como a la escolaridad de sus madres. Conclusión: La escala obtuvo características psicométricas satisfactorias. Quedó compuesta por cinco factores: oportunidades laborales y educativas; tareas domésticas y de crianza; ejercicio de la sexualidad; expresión de los afectos; y comportamiento social estereotipado, que, de acuerdo con la claridad conceptual y punto de quiebre de la varianza, explican el 46.07 % del constructo.

Palabras clave: Estereotipos de género, crianza, madres, adolescentes.

Abstract: Objective: The purpose of this study was to analyze the perception that adolescents have regarding gender stereotypes that were transmitted to them through maternal parenting. A scale was built and validated to achieve this purpose. Method: The sample consisted of 305 adolescents residents of the Toluca Valley, with an average age of 17 years, 50.26 % male and 49.83 % female. A non-probabilistic sample of the intentional type was applied. Data processing was carried out using internal consistency analysis (Cronbach’s Alpha) and principal components factor analysis with Varimax-type rotation. Subsequently, the Student’s t-test was used to compare the median of the factors based on gender, type of family (single parent and biparental). To examine the differences in the scale factors regarding the schooling of the mothers of the adolescents, the one-way analysis of variance test (ANOVA) and the Scheffé post-hoc test was used. Results: The original scale consisted of 50 items, eight of which were eliminated keeping 42 with Liker-type response options. Regarding the median comparison, it was found that the stereotypes transmitted by the mothers are present to a greater extent in the expression of affects factor. Statistically, significant differences were also identified between the factors of the scale regarding gender, schooling, and family to which the adolescents belong to, as well as the schooling of their mothers. Conclusions: The scale obtained satisfactory psychometric characteristics. It was made up of five factors: employment and educational opportunities, domestic and parenting tasks, exercise of sexuality, expression of affection, and stereotyped social behavior which, according to conceptual clarity and variance breakpoint, explain 46.07% of the construct.

Keywords: Gender stereotypes, upbringing, mothers, adolescents.

Introducción

Barquet (2002), señala que el uso del término género resulta ambiguo, aun cuando es usado de manera cotidiana, por este motivo es importante distinguir dos áreas: una de ellas como una manera de abordar la diferencia sexual y la otra, referente al plano social, como una categoría ordenadora de las estructuras sociales y explicativas de un tipo de desigualdad específica. En este sentido, la importancia del uso del término “género” reside en que por medio de este se establecen las relaciones entre los sexos, pues como representación cultural contiene ideas, prejuicios, valores, interpretaciones, normas, deberes, mandatos y prohibiciones (Fisas, 2001), adjudicando simbólicamente las expectativas y valores que cada cultura atribuye a hombres y mujeres de manera diferenciada.

El sexo estereotipado está presente desde el nacimiento, el pertenecer a uno u otro va a determinar distintas realidades sociales y esta diferencia de ser hombre y ser mujer va a incidir en las elecciones que el individuo va a realizar a lo largo de su vida en la escuela, el trabajo o las actividades de ocio. Desde pequeños, tanto niños como niñas aprenden e imitan principalmente de sus padres la forma como deben comportarse de acuerdo a su sexo, dando lugar al mantenimiento de los estereotipos de género (Armas, 2015), los cuales de acuerdo con de Lemus et al. (2008) son creencias socialmente aceptadas acerca de los rasgos y roles característicos para cada sexo. Porto et al. (2012) afirman que además de los rasgos y roles, estas creencias contienen ocupaciones y características físicas que influyen en el individuo tanto en su percepción del mundo como en su conducta.

Los roles masculinos y femeninos son interiorizados a través de la socialización, principalmente mediante la familia y la escuela (Perry & Pauletti, 2011). Respecto al ámbito familiar, Mosteiro y Porto (2017) mencionan que la forma en la que se desenvuelven las figuras parentales con sus hijos e hijas influye en la transmisión de los estereotipos de género, al emplear los diferentes estilos y prácticas de crianza (Cantón-Cortés et al., 2014; Shek et al., 1998). Sobre esto, los padres y madres instauran en sus hijos e hijas la idea preconcebida de cómo ser hombre y cómo ser mujer, los visten según su sexo y les asignan juguetes acorde a los roles estereotipados que en un futuro desempeñará cada uno. A las niñas desde pequeñas se les enseña a limpiar el hogar y cuidar a los demás con el objetivo de que lo realicen en su vida adulta, en cambio, a los niños se les enseña a reprimir los sentimientos y a ser fuertes (Serrano y Marín, 2017). De tal manera, que las creencias estereotipadas distorsionan la realidad; también se han utilizado para legitimar las situaciones de desigualdad entre hombres y mujeres (Amurrio et al., 2012).

Actualmente, la población mexicana se encuentra en un proceso de cambio y cuestionamiento acerca de estos roles y estereotipos tradicionales; sin embargo, algunos datos muestran su actual vigencia, pues en el año 2019 y de acuerdo con el Índice de Competitividad Internacional (ICI) 2021, la tasa de participación laboral de los hombres fue 1.7 veces mayor que la de las mujeres; es decir, a pesar de que cada vez hay más mujeres que se insertan al mercado laboral, también componen la mayor parte de la economía informal. En este sentido, los datos reportan que el 55 % de ellas está empleada en la informalidad en comparación con el 50 % de hombres, lo que además de perjudicar sus ingresos, implica que no tienen acceso a protección social ni a servicios de salud; poniendo de manifiesto no solo los estereotipos de género, sino también la violencia de género (Instituto Mexicano para la Competitividad, 2021).

Se han realizado diversos estudios sobre estereotipos de género, en este sentido, Miller et al. (2015) encontraron que los adolescentes mantienen la creencia de que los hombres son más aptos para aquellas profesiones que tienen que ver con la ciencia (Heilman, 2015); por su parte, Mosteiro y Porto (2017) encontraron que la edad no tiene repercusión en los estereotipos de género, a diferencia de otros estudios como los realizados por Ruiz Palomino et al. (2010) y Sánchez et al. (2011).

Respecto a la permanencia de los estereotipos tradicionales, Delpino y Eresta (2013) resaltan que en los adolescentes aún continúan algunas ideas tradicionales en el terreno de la sexualidad. En cambio, Castillo-Mayén & Montes-Berges (2014) observaron importantes cambios, principalmente en las creencias tradicionales que definían a las mujeres como dependientes, dóciles, complacientes y destinadas a la reproducción, y a los varones como autoeficaces, competentes, triunfadores y activos.

Tenenbaum & Leaper (2002) realizaron un metaanálisis respecto a 43 artículos que estudiaban la correlación entre los esquemas de género de los padres y las cogniciones sobre género de los hijos, dando como resultado que los padres y madres con ideas más tradicionales tenían mayor posibilidad de transmitir dichas ideas a sus hijos a diferencia de los padres con ideas menos tradicionales. Sánchez et al. (2011) señalan que existe una correlación entre la edad y el nivel educativo; es decir, que a mayor edad y nivel educativo menor presencia de estereotipos de género en las personas.

García Pérez et al. (2010) realizaron un estudio en Sevilla en una muestra de estudiantes de primaria y secundaria de centros públicos y privados, donde encontraron que los hombres muestran conductas más igualitarias que las mujeres en el espacio profesional y social en comparación a la personal, principalmente respecto a la reproducción y a las tareas de cuidado. En cuanto a estas diferencias, Mosteiro y Porto (2017) afirman que, a pesar de los cambios sociales que se han dado a lo largo de la historia, aún perduran ciertos estereotipos de género que se resisten al cambio.

Para Meunier & Roskam (2009) la crianza representa el principal transmisor de valores, creencias y actitudes, por tal motivo, ha sido tema de interés para realizar diversas investigaciones. En cuanto a la medición de la crianza, Villegas-Pantoja et al. (2014) mencionan que los estudios realizados han aportado instrumentos que evalúan el constructo tanto desde la perspectiva de los padres como desde la perspectiva de los hijos. En este sentido, Roa y del Barrio (2001, 2002), concuerdan en que la percepción que los hijos e hijas tienen respecto a la crianza es más fiable y conveniente en comparación a la de los padres.

En cuanto a la medición de la percepción que tienen los hijos e hijas, Flores et al. (2008) elaboraron y validaron un instrumento para padres y niños sobre la percepción de las prácticas parentales de crianza; Rodríguez et al. (2011), también construyeron una escala para medir la percepción de la crianza parental en población mexicana, pero en jóvenes estudiantes. Por su parte Flores et al. (2016), desarrollaron una escala para evaluar la percepción de la crianza paterna en adolescentes.

Con base en lo anterior se puede afirmar que estudiar los estereotipos de género presentes en los adolescentes permite descubrir las rupturas y las continuidades relacionadas con los patrones tradicionales de masculinidad y feminidad de los modelos de género en los que se está socializando hoy en día; también implica develar su carácter de construcción sociocultural y desnaturalizar las construcciones de feminidad y de masculinidad que se han ido construyendo a lo largo de la historia. Es decir, mostrar los estereotipos que subyacen en las relaciones afectivas de los y las jóvenes y adolescentes permite erosionar el poder normativo de las creencias tradicionales e inducir cambios culturales de cara al empoderamiento de la mujer en las facetas más íntimas y personales de las relaciones entre varones y mujeres (Amurrio et al., 2012).

Aunado a lo anterior, cabe resaltar que la relevancia en la validación y construcción de la escala radica en que permite medir las variables en estudio al mismo tiempo, pues se han desarrollado instrumentos que miden los estereotipos de género y la percepción de la crianza pero de manera independiente. En esta línea, las investigaciones realizadas Calvete et al. (2010), del Barrio y Carrasco (2004) y de Fuentes et al. (2001) subrayan que el ejercer una crianza parental con perspectiva de género conlleva a una crianza más simétrica respecto a los sexos.

En cuanto al papel materno, Megías (2003) y Moon & Hoffman, (2008) concluyen que, pese a la mayor participación de los padres en la crianza de los hijos e hijas, las madres continúan teniendo el papel principal en cuanto al cuidado y la atención de la familia. Esto puede deberse al mantenimiento de los roles de género tradicionales, donde la socialización de los hijos e hijas, así como la responsabilidad de crianza, es propio del sexo femenino (Sturge-Apple et al., 2004).

Así, la presente investigación tuvo como objetivo analizar la percepción que tienen los adolescentes del Valle de Toluca sobre los estereotipos de género que les fueron transmitidos mediante la crianza materna; ya que el estudiar la crianza ejercida por las madres desde la perspectiva de los hijos puede funcionar como una alternativa para detectar los estereotipos tradicionales que continúan aún vigentes. Para tal fin, se elaboró y validó una escala que permite medir la percepción de la crianza materna y los estereotipos de género mediante un solo instrumento. Adicionalmente, se realizaron comparaciones en función del sexo, tipo de familia y escolaridad de las madres.

Metodología

Participantes

La muestra fue no probabilística de tipo intencional; constituida por 305 adolescentes, de los cuales 50.16 % fueron hombres y 49.83 % mujeres; con un promedio de edad de 17 años (DS=.97); residentes del Valle de Toluca, Estado de México; 19.91 % de ellos pertenecen a familias monoparentales y 80.98 % a biparentales, y con la participación de la madre en el proceso de crianza como criterio de inclusión. El promedio de edad de las madres de los participantes es de 40 años y la mayor proporción cuenta con una escolaridad de nivel medio superior (40 %).

Instrumento

Para poder medir el constructo en estudio, se elaboró una escala para evaluar la percepción que tienen los adolescentes respecto a los estereotipos de género que les han sido transmitidos mediante la crianza materna. La escala se conformó por 50 ítems construidos en forma de afirmaciones; con 5 opciones de respuesta tipo Likert, que van de totalmente de acuerdo (5) a totalmente en desacuerdo (1). Los ítems fueron agrupados en 5 factores: tareas domésticas y de crianza, oportunidades educativas, oportunidades laborales y económicas, expresión de los afectos y ejercicio de la sexualidad; los cuales se establecieron a partir de los estudios realizados por Rosenkrantz et al. (1968), Maccoby & Jacklin (1974), Williams y Best (1990), Barberá (2004), Rocha y Díaz Loving (2005), Colás y Villaciervos (2007), Freixas (2012) y Cubillas et al. (2016).

Rosenkrantz et al. (1968) plantean que las creencias de género pueden ser medidas mediante dos factores llamados estereotipos de género masculinos y femeninos. Posteriormente, Maccoby & Jacklin (1974) los agrupan en habilidades cognitivas e intelectuales, comportamiento social y diferencias psicológicas. Años más tarde, Williams y Best (1990, como se citaron en Monreal y Martínez, 2010) plantean tres categorías denominadas roles sexuales, estereotipos de rol de género y estereotipos de rasgo de género. Barberá (2004) presenta una serie de atributos para cada género, los cuales agrupa en rasgos, roles, caracteres físicos y destrezas cognitivas. Rocha y Díaz-Loving (2005) por su parte, miden los estereotipos de género en diferentes ámbitos: el familiar, el social, el hogareño y el interpersonal. Colás y Villaciervos (2007) plantean seis categorías en las que se pueden identificar los estereotipos de género: corporal, comportamiento social, competencias y capacidades, emocional, expresión afectiva y responsabilidad social. Freixas (2012) las llama habilidades cognitivas, aspectos biológicos y conductas sociales. Por último, Cubillas et al. (2016) ubican a las creencias estereotipadas en cinco dimensiones: feminidad/masculinidad, roles de maternidad/paternidad, sexualidad, competencias y capacidades y por último, las expresiones de emotividad/agresividad.

Procedimiento

Para la realización de esta investigación se tomaron en cuenta las normas éticas y se trabajó bajo los lineamientos del Código Ético del Psicólogo.

Antes de realizar la aplicación de la escala, esta fue sometida a revisión por jueces expertos en el tópico y como resultado se generaron modificaciones tanto de redacción como de contenido, para posteriormente pilotear el instrumento. Los adolescentes colaboraron de forma voluntaria, anónima y confidencial en la investigación; además, fueron informados acerca de los objetivos del estudio. Antes de contestar la escala los participantes firmaron la carta de consentimiento informado y para los menores de edad la carta fue firmada por su padre, madre o tutor.

El instrumento en su versión final fue aplicado en dos escuelas de nivel medio superior, una de ellas pública y la otra particular, con el permiso de las autoridades correspondientes, en un tiempo de 20 minutos aproximadamente y de manera colectiva. Al momento de la aplicación los participantes reportaron las siguientes variables sociodemográficas: edad, sexo, así como la edad y escolaridad de su madre.

Análisis de datos

Utilizando el programa Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) V23, se realizó el análisis de los datos. Primero, se llevó a cabo el análisis factorial exploratorio de componentes principales con rotación de tipo Varimax, el cual permitió evaluar las propiedades psicométricas de la escala, así como el coeficiente de confiabilidad mediante del alfa de Cronbach. Posterior a esto, se realizó un análisis descriptivo para obtener las medidas de tendencia central y de dispersión de los factores de la escala.

También se compararon las medias de los factores de la escala según el tipo de familia a la que pertenecen los adolescentes de la muestra por medio de la prueba t de Student. Para comprobar si existen diferencias estadísticamente significativas entre los factores de la escala y la escolaridad de las madres de los participantes (básica, media y superior), se utilizó el análisis de varianza de una sola vía (ANOVA); lo que llevó a realizar el análisis post hoc de Scheffé, para determinar en qué consisten las diferencias estadísticamente significativas obtenidas en el factor tareas domésticas y de crianza, respecto a los grupos de escolaridad.

Resultados

Mediante la prueba Kaiser–Meyer–Olkin (KMO) y Bartlett, (.910, p=.000), se demostró que la muestra era adecuada para realizar el análisis factorial; el cual se llevó a cabo mediante el método de componentes principales y rotación ortogonal de tipo Varimax. Se lograron obtener los factores oportunidades laborales y educativas; tareas domésticas de crianza; ejercicio de la sexualidad; expresión de los afectos; y comportamiento social estereotipado, que en su conjunto explican el 46.07 % del constructo en estudio. El criterio de peso factorial fue de .40; asimismo, la rotación convergió en 20 iteraciones.

El alfa de Cronbach total fue de .93, y los valores por factores se encuentran entre .74 y .91. En cuanto a las correlaciones entre los factores estas fueron entre .37 y .66; expresando que no se presentan problemas de multicolinealidad (véase Tabla 1).

Tabla 1
Varianza total explicada de los cinco factores que conforman la escala

Fuente: elaboración propia

En un inicio, la escala estaba integrada por 50 ítems; sin embargo, ocho fueron eliminados, al no contar con suficiente claridad conceptual o por tener una carga factorial menor a .40; conservándose así 42 reactivos. Respecto a los cinco factores que fueron agrupados al construir el instrumento, se conservaron tres (tareas domésticas y de crianza, expresión de los afectos y ejercicio de la sexualidad). Los factores restantes (oportunidades educativas y oportunidades laborales y económicas) se unieron para formar uno solo, y se añadió uno nuevo al cual se le denominó comportamiento social estereotipado (véase Tabla 2).

Tabla 2
Matriz de estructura factorial de la escala

Fuente: elaboración propia

Al realizar el análisis de las medidas de tendencia central y de dispersión, se observa que el factor ejercicio de la sexualidad obtuvo la media más baja, y la más alta se encontró en el factor expresión de los afectos (véase Tabla 3); es decir, las madres transmiten en mayor medida los estereotipos relacionados con este factor.

Tabla 3
Medidas de tendencia central y de dispersión por factor de la escala

Fuente: elaboración propia

Con los resultados obtenidos en el análisis factorial, y con el fin de observar las diferencias por factor de acuerdo al sexo, se utilizó la prueba t de Student, donde se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre los factores oportunidades laborales y educativas, tareas domésticas y de crianza, ejercicio de la sexualidad y comportamiento social estereotipado, con medias superiores en hombres (véase Tabla 4), concluyendo así que las madres de los adolescentes les han transmitido mayormente estereotipos referentes a ellos en estos cuatro factores. En cuanto a los criterios de Cohen (1988), el tamaño del efecto de los factores expresión de los afectos y comportamiento social estereotipado es pequeño y el de los otros tres factores es grande.

Tabla 4
Comparación de medias de los factores de la escala de acuerdo al sexo

Fuente: elaboración propia p>.05

Se llevó a cabo la comparación de los cinco factores de la escala de acuerdo con el tipo de la familia a la que pertenecen los participantes, donde se hallaron diferencias estadísticamente significativas en el factor tareas domésticas y de crianza (p=.02) con una media superior en los adolescentes procedentes de una familia monoparental (2.15) (véase Tabla 5). El tamaño del efecto es pequeño de acuerdo a Cohen (1988).

Tabla 5
Comparación de medias de los factores de la escala respecto al tipo de familia a la que pertenecen

Fuente: elaboración propia p<.05

Finalmente se realizó el análisis de varianza (ANOVA) para comparar las medias de los factores según la escolaridad de las madres de los participantes: básica, media y superior; donde se encontraron diferencias estadísticamente significativas en los factores tareas domésticas y de crianza y comportamiento social estereotipado, ambos con una media superior en el nivel de escolaridad básica (véase Tabla 6).

Tabla 6
Análisis de varianza ANOVA para tres grupos de escolaridad de las madres

Fuente: elaboración propia

El análisis post hoc de Scheffé de los grupos de escolaridad de las madres, ha puesto de manifiesto diferencias estadísticamente significativas en el factor tareas domésticas y de crianza respecto a los grupos de escolaridad básica y superior (0.27, p=.04) y el factor comportamiento social estereotipado según la escolaridad básica y superior (0.33, p=.03). En el resto de las comparaciones no se encontraron diferencias estadísticamente significativas (véase tabla 7).

Tabla 7
Análisis post hoc de Scheffé

Fuente: elaboración propia

Discusión

Los resultados alcanzados permiten inferir que la escala para medir la percepción de los estereotipos de género transmitidos en la crianza materna en adolescentes cuenta con características psicométricas satisfactorias, al tener índices de confiabilidad y validez aceptables (alfa de Cronbach total de .93), acorde con lo determinado por Sierra-Bravo (2001).

Al realizar el análisis factorial con rotación tipo Varimax, se obtuvieron cinco factores: oportunidades laborales y educativas, tareas domésticas de crianza, ejercicio de la sexualidad, expresión de los afectos, y comportamiento social estereotipado; donde existen correlaciones estadísticamente significativas entre las dimensiones; es decir, cada ítem corresponde a un factor en específico, pero en conjunto miden el constructo en estudio.

Para los adolescentes de la muestra la dimensión oportunidades laborales y educativas es la que explica en mayor grado el constructo en estudio en comparación a las otras cuatro, lo que se explica debido a los roles estereotipados establecidos socialmente, donde a las mujeres se les asigna la labor doméstica y a los hombres se les permite incursionar en el ámbito público y social (Poblete, 2011). En este sentido, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) e Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) (2020) reporta que, a pesar de que en el ciclo escolar 2019-2020 la tasa en hombres (50.7 %) en educación básica fue mayor que la de las mujeres (49.3 %), existe una tendencia a cerrar la brecha de género; de forma que, en la educación media superior y superior las mujeres son quienes tienen mayor participación, siendo de 51.0 % en mujeres y de 49.0 % en hombres para la educación media superior y para la educación superior de 50.8 % en mujeres y de 49.2 % en hombres.

En cuanto a las medidas de tendencia central y de dispersión, estas ponen de manifiesto un predominio de los estereotipos relacionados a la expresión de los afectos, en oposición a aquellos referentes al ejercicio de la sexualidad, los cuales son menos predominantes. De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2014 - 2018 (ENADID), en año 2014 el 54.0 % de las mujeres de 15 a 49 años manifiesta el uso de algún método anticonceptivo en la primera relación sexual, cifra que se incrementó al 59.9 % en el año 2018; del porcentaje de las mujeres que no utilizaron métodos anticonceptivos el 24.1 % no tenía información al respecto, disminuyendo el 4.2 % también para el 2018 (INEGI, 2018). Como se puede observar, las cifras anteriores revelan una disminución de los estereotipos de género relacionados con el área sexual, parte de ello se debe a los nuevos posicionamientos de género que permiten una modificación de algunas creencias tradicionales asignadas a cada sexo. Respecto a la expresión de los afectos, los resultados indican que se continúa vinculando el arquetipo tradicional de feminidad en este aspecto; Díaz-Loving et al. (2007) afirman que, desde la perspectiva tradicional y socioculturalmente estructurada, la feminidad abarca aspectos como la sumisión, la dependencia, la afectividad y las características ligadas al rol reproductivo y del cuidado de otros.

Se encontraron diferencias estadísticamente significativas en los factores oportunidades laborales y educativas, tareas domésticas y de crianza, ejercicio de la sexualidad y comportamiento social estereotipado respecto al sexo; donde los hombres perciben que en estas áreas sus madres les han transmitido creencias estereotipadas de género en mayor medida, en comparación con las mujeres. Los resultados obtenidos concuerdan con lo encontrado por García Pérez et al. (2010) en su investigación sobre las “Actitudes del alumnado hacia la igualdad de género”, donde se observa que los hombres, a diferencia de las mujeres, presentan conductas estereotipadas respecto a la reproducción y a las tareas de cuidado. El INEGI e Inmujeres (2020) también reportaron que en el ciclo escolar 2019-2020 la matrícula en licenciaturas relacionadas con la educación (74.8 %) y las ciencias de la salud (68.3 %) fue superior en mujeres; en el caso de las licenciaturas referentes al estudio de tecnologías de la información y la comunicación, la matrícula estuvo conformada en un 76.3 % por hombres. De la misma forma, los hombres son mayoría en las áreas de ingeniería, manufactura y construcción (70.2 %). Además, Mosteiro y Porto (2017) encontraron que son los hombres quienes presentan más estereotipos de género referentes a las competencias asociadas con un tipo de trabajo determinado, lo cual además de estar vinculado con los roles y estereotipos tradicionales se relaciona probablemente con la crianza recibida en casa, tal y como se encontró en este estudio.

En cuanto al tipo de familia, resalta la prevalencia de los estereotipos relacionados a tareas domésticas y de crianza en aquellos participantes que pertenecen a una familia monoparental, en contraste a los que pertenecen a una familia biparental. Los resultados encontrados podrían deberse a que aun cuando se han incorporado nuevos tipos de familia y existe una redistribución de los roles tradicionales, hay un predominio de los roles estereotipados propios de la familia nuclear, lo cual se ve reflejado en la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016 (ENDIREH) donde se reportó que el 46 % de las mujeres de 15 años que participaron en la encuesta exteriorizó estar de acuerdo con que las mujeres que trabajan descuidan a sus hijos (Inmujeres, 2017).

Asimismo; los resultados encontrados se oponen a lo hallado por Hernández (2019), quien al investigar la percepción que tienen los universitarios mexicanos sobre los roles de género en el hogar y el mercado de trabajo, notó que las mujeres que perciben con mayor intensidad los roles estereotipados referentes a las actividades domésticas fueron criadas por madres dedicadas al hogar.

Se encontró una diferencia en el factor comportamiento social estereotipado y el factor tareas domésticas y de crianza respecto a la escolaridad de las madres concluyendo un predominio de los estereotipos del factor tareas domésticas y de crianza y del factor comportamiento social estereotipado en las madres que cuentan con una escolaridad básica a diferencia de aquellas que tienen licenciatura o posgrado. Esto concuerda con Sánchez et al. (2011), quienes sostienen que, a mayor edad y nivel educativo, menor presencia de estereotipos de género en las personas.

Conclusiones

Se concluye que los estereotipos de género tradicionales que son transmitidos de madres a hijos e hijas mediante la crianza se encuentran en transición; sin embargo, aunque esta modificación se vea favorecida por el aumento del nivel de escolaridad en las mujeres, existen algunas creencias que aún continúan vigentes. De este modo, el presente estudio permite no solo contar con un instrumento validado que evalúa la percepción que tienen los y las adolescentes sobre los estereotipos de género que les han sido transmitidos por su madre mediante la crianza, sino que brinda la posibilidad de crear alternativas de acción para disminuir su transmisión al interior del seno familiar. Esto a su vez fungiría como medida preventiva para erradicar la violencia de género a través de cursos y talleres con perspectiva de género.

Las limitaciones del estudio radican en que los resultados no pueden ser generalizados para la población mexicana a nivel nacional, por lo que se recomienda validar la escala en muestras más amplias e integrar otras variables como el nivel socioeconómico o realizar una comparación con otros tipos de familia.

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Notas

* Este artículo es producto de la investigación realizada “Percepción de los estereotipos de género transmitidos en la crianza en adolescentes”, para el trabajo de grado en la Maestría en Psicología, de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Cómo citar este artículo: Lira-Ochoa, L., Oudhof van Barneveld, H., González Arratia-López Fuentes, N. I., Robles-Estrada, E. y Rodríguez-Aguilar, B. (2023). Percepción de estereotipos de género transmitidos a adolescentes mediante la crianza materna. Revista Latinoamericana de Estudios de Familia, 15(1), 193-212. https://doi.org/10.17151/rlef.2023.15.1.10.

Notas de autor

*** Doctor en Ciencias Psicológicas, Pedagógicas y Sociológicas. Toluca, México. https://scholar.google.com.mx/citations?user=s1CGj3MAAAAJ&hl=es.
**** Doctora en Investigación Psicológica. Toluca, México. https://scholar.google.com.mx/citations?hl=es&user=5dQUSN8AAAAJ.
***** Doctora en Ciencias Sociales. Toluca, México. https://scholar.google.com/citations?hl=es&user=TFxhXIoAAAAJ.
****** Doctora en Ciencias de la Salud. Toluca, México. https://scholar.google.com/citations?user=AwuGhWEAAAAJ&hl=es.


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