Dossier
Introducción
La II Jornada Interuniversitaria de Salud Mental, desarrollada en la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), se constituyó como un espacio de encuentro y reflexión en torno a las problemáticas que atraviesan el campo de la salud mental en el contexto actual. En este marco, el conversatorio Interculturalidad(es) y salud mental: tensiones y conexiones, propuso una instancia de diálogo y debate sobre los discursos y prácticas de odio que recaen sobre distintos colectivos y sus huellas en la subjetividad, la vida cotidiana y la salud mental.
El conversatorio, coordinado por integrantes del comité organizador de las jornadas en representación de las tres universidades intervinientes, giró en torno a las voces y relatos de personas convocadas por su pertenencia a sectores locales diversos, pero todes atravesades y convocades por la temática central de la jornada. Específicamente, el relato de Damián Virginilo, un joven que sufrió violencia tanto dentro como fuera de la cárcel debido a su origen social; el de Romina Ferrero, docente y becaria del CONICET, abocada a las temáticas de segregación social, construcción de identidades nacionales excluyentes y dinámicas de poder que atraviesan a grupos en situación de desigualdad social; por último, la propuesta de la Granja Siquem de Río Cuarto, organización sin fines de lucro centrada en la construcción de un entorno donde se reconozcan y valoren diversas culturas que coexisten.
Asistieron estudiantes de Psicología, Psicopedagogía y Trabajo Social, entre otras, docentes, profesionales del campo de la salud y la educación. La actividad tuvo una duración de una hora y media y permitió la circulación de la palabra a partir de preguntas disparadoras que movilizaron el diálogo y la presentación de les tres actores invitades.
Estas preguntas interpelaron a les asistentes sobre los discursos de odio en sus experiencias personales y comunitarias, el atravesamiento de estos discursos y prácticas en la salud mental, la subjetividad y la vida de las personas y comunidades, así como las estrategias de resistencia y cuidado de la salud mental. Desde una mirada situada y crítica, el conversatorio permitió visibilizar y problematizar la reproducción de estos discursos en diversos ámbitos, tales como los medios de comunicación, el sistema educativo y las políticas públicas, al tiempo que se discutieron estrategias de resistencia y cuidado de la salud mental.
En un contexto de creciente precarización y avance de lógicas neoliberales que profundizan la exclusión y la violencia, este conversatorio se inscribió dentro de una apuesta más amplia por construir un enfoque de salud mental comunitario y decolonial. La radio abierta, las intervenciones artísticas y los intercambios entre actores de distintos espacios fueron parte de una jornada que no sólo denunció las vulneraciones de derechos, sino que también promovió la generación de redes de cuidado y resistencia. Así, el encuentro se configuró como un acto político y colectivo que reafirmó la necesidad de disputar sentidos y prácticas en torno a la salud mental, desde una perspectiva situada, intersectorial, interinstitucional y comprometida con la justicia social.
El objetivo de este escrito es analizar y reflexionar sobre las dinámicas interculturales y los discursos de odio en el contexto de la salud mental, a partir de las experiencias compartidas durante la jornada. Se busca identificar los modos en que estos discursos atraviesan la subjetividad y la vida cotidiana de distintos colectivos, así como explorar las estrategias de resistencia y cuidado que emergen en respuesta a la exclusión, la violencia y las desigualdades.
Emergentes
En este apartado nos proponemos articular los relatos de les referentes en el conversatorio que abordó la interculturalidad y los discursos de odio, centrándonos en la importancia de compartir experiencias que retratan las realidades de desigualdad y exclusión que atraviesan a diferentes colectivos. A través de un enfoque crítico, se problematizaron diversos aspectos que a menudo subyacen en las dinámicas de poder y en la construcción de identidades. Al reunir voces diversas, buscamos no solo visibilizar las luchas y desafíos que enfrentan las comunidades, sino también fomentar un espacio de discusión y aprendizaje que contribuya a la construcción de sociedades más justas e inclusivas. Este diálogo se convierte así en un medio de aprendizaje, una herramienta para con-mover los discursos de odio y promover el diálogo intercultural y la diversidad de experiencias.
Recuperamos tres relatos, el de Damián Virginilo, un joven que sufrió violencia tanto dentro como fuera de la cárcel debido a su origen social; sin embargo, encontró en el arte y la educación las herramientas para resistir y transformar su realidad. Luego desarrollamos la exposición de Romina Ferrero, docente y becaria del Conicet, quien aportó a la discusión sobre la interrelación entre la segregación social, la construcción de identidades nacionales excluyentes y las dinámicas de poder que atraviesan a grupos en situación de desigualdad social. Por último, la propuesta de la Granja Siquem de Río Cuarto, que aporta un modo de resistencia, promoviendo el encuentro y la integración de diversas identidades en una comunidad, ello en un mundo fragmentado, donde los discursos de odio han cobrado fuerza.
La exclusión social, la discriminación y los discursos de odio están profundamente arraigados en las estructuras culturales y sociales de diversas sociedades. Dentro de este marco, el sistema penitenciario no solo reproduce estas dinámicas, sino que las amplifica, convirtiéndose en un espacio hostil para la reinscripción social. Damián Virginilo compartió su testimonio sobre las experiencias que vivió en la cárcel, donde fue perseguido y hostigado por su apariencia y su lugar de procedencia. Usar una gorra fue suficiente para ser identificado como delincuente y reforzar su condición de exclusión. “La cárcel está preparada para que creas que sos y serás para siempre un delincuente”, señala Virginilo, dejando en evidencia que el sistema penitenciario no logra la reinserción, sino que profundiza la estigmatización y marginalidad.
En el sucinto y preciso resumen de la transformación actual que hace David Garland, las cárceles que, en la era del reciclaje, “funcionaban como el último recurso del sector correccional”, hoy “se conciben de modo mucho más explícito como un mecanismo de exclusión y control”. Son los muros, y no lo que sucede en el interior de los muros, los que “ahora se ven como el elemento más importante y valioso de la institución” (Bauman, 2005, p. 113).
Los discursos de odio no solo no son combatidos dentro del sistema, sino que son alimentados por las propias autoridades penitenciarias. Según Damián, “la ignorancia es un arma” que perpetúa la violencia y la discriminación, reforzando una estructura que impide la reflexión crítica y el acceso a oportunidades de cambio.
El expositor también reflexiona sobre la falta de políticas públicas que garanticen acceso a educación y cultura para las juventudes en situación de vulnerabilidad social. “Es más fácil que llegue un arma a un niño que un libro”, dice, resaltando cómo la desigualdad estructural perpetúa la exclusión y la violencia. Aun así, a partir del encuentro con otres y mediante el arte y la educación, Damián logra resignificar su experiencia. Durante su tiempo en la cárcel, encontró apoyo en un grupo de docentes que lo ayudó a reescribir su historia y avizorar un futuro. “El arte y la educación me salvaron”, afirma, destacando el papel de estas herramientas en la reconstrucción de su identidad y en su proceso de resistencia.
El arte se convirtió en una forma de expresión que le permitió confrontar su realidad, cuestionarla y transformarla. A través de la escritura y la educación, encontró una vía para sobreponerse a los discursos de odio y visibilizar su experiencia (y la de otras juventudes) desde una perspectiva de transformación. En su libro “La falla del Sistema. La poesía, mi libertad” recopila, además de su historia y sus aprendizajes, situaciones de la vida cotidiana y las violencias ejercidas sobre las juventudes.
Las diversas expresiones artísticas, a través de sus objetos, abren caminos distintos: la imagen, el movimiento, el sonido, la palabra. la acción, las formas, los colores, etc. El poder de cada uno de estos recorridos conduce a territorios que -cuales frutos-, ofrecen jugosas aproximaciones a lugares con otras lógicas, con otras potencias, con otras virtudes y fortalezas. La posibilidad de significación y re-significación otorgada por el lenguaje artístico, altamente sintetizador y sintético, encuentra una narrativa poderosa para la transformación subjetiva (Reisin, 2005, p. 7).
El relato de Damián Virginilo pone de manifiesto los desafíos que enfrentan aquelles jóvenes que, debido a su origen social y cultural, son víctimas de estigmatización y violencia. Nos invita a reflexionar sobre la necesidad de transformar las representaciones y prejuicios socio-culturales que se materializan en prácticas de discriminación y opresión para determinados grupos sociales; asimismo, se requieren políticas públicas inclusivas y garantes de derechos.
La interculturalidad y los discursos de odio han cobrado relevancia en los debates contemporáneos sobre justicia social, integración y exclusión. En este contexto, el conversatorio sobre salud mental, interculturalidad y discursos de odio, se centró en cómo estas problemáticas atraviesan la salud mental de las comunidades, destacando la necesidad de reflexionar sobre las tensiones existentes y las alternativas para su abordaje. En ese sentido, Romina Ferrero, docente y becaria del Conicet, identificó los discursos de odio como manifestaciones del individualismo y de las divisiones sociales en la Argentina contemporánea, alimentados por prejuicios raciales, económicos y de clase, que han contribuido a la estigmatización de ciertos grupos.
Se habla de una nueva gran revolución individualista, pero se trata en verdad de un individualismo sin individuos reales. Estos se creen muy singulares, pero en verdad no se identifican por medio de las opciones que propone toda cultura, sino por lo que consumen. La idea de individuos no viene ligada, como antes, a un culto a la libertad, a una personalidad cifrada en lo diferente y singular. No es un ser lo que los individualiza, sino un parecer, un hedonismo que se resume en la adscripción a un patrón de consumo impuesto por la cultura de masas (Colombres, 2004, p. 103).
Según Ferrero, en particular la clase media refuerza las fronteras entre "los de arriba" y "los de abajo", utilizando el odio como herramienta para justificar desigualdades estructurales.
Ferrero también analizó cómo los procesos de reinserción social han fracasado al no considerar las diferencias culturales y raciales. La meritocracia, como ideología dominante, invisibiliza las desigualdades estructurales, responsabilizando a las personas sin reconocer los obstáculos que enfrentan en su vida cotidiana. Este enfoque exacerba las tensiones sociales, afectando la salud mental de las comunidades.
La expositora reflexionó sobre el modo en que algunas prácticas punitivas del sistema carcelario se trasladan a las instituciones educativas. En ocasiones, las escuelas, en lugar de ser espacios de aprendizaje e inclusión, se convierten en dispositivos de inclusión excluyentes (Ezcurra, 2011) para quienes se alejan del status quo. Esto, además de condicionar las trayectorias de estudiantes de sectores populares, contribuye a la construcción de un "sujeto nacional" rígido y excluyente.
Frente a prácticas de disgregación y discriminación, Ferrero propone como alternativa, replantear el uso de las redes sociales para mitigar la proliferación de discursos de odio favorecidos por el anonimato. Además, sugiere la creación de escuelas restaurativas, espacios educativos que promuevan un entorno cuidado y libre de prejuicios, donde todes les estudiantes puedan sentirse alojades. La exposición de Romina Ferrero ofrece una mirada crítica sobre los discursos de odio y la discriminación social en Argentina, evidenciando su relación con las estructuras de poder y las prácticas culturales.
En vinculación con los desarrollos anteriores, en un contexto donde las desigualdades sociales se acentúan, la propuesta de la organización social Granja Siquem se centra en la construcción de un entorno donde se reconozcan y valoren las diversas culturas que coexisten. La granja, como comúnmente es llamada, es una organización sin fines de lucro ubicada en las afueras de la ciudad de Río Cuarto, que desde principios de los ´90 se dedica a brindar oportunidades a infancias y adolescencias en situación de vulnerabilidad, ofreciéndoles un entorno comunitario y familiar que promueve la contención afectiva y el desarrollo personal. La esencia de su enfoque radica en la importancia del encuentro genuino entre personas de diferentes realidades, lo que permite problematizar los discursos y prácticas de odio a través de la convivencia, el conocimiento mutuo y la creación colectiva. En su predio la comunidad desarrolla actividades educativas y establecieron la cooperativa de trabajo La Soberana, que organiza el sistema productivo y comercial de la granja, promoviendo la producción de alimentos y facilitando la permanencia de muchos jóvenes en el lugar. De acuerdo a lo testimoniado por sus referentes, al compartir momentos cotidianos como la comida, la educación y el trabajo, se forjan lazos que tienden a mitigar los prejuicios que alimentan el odio. Este enfoque resalta que, en lugar de ver la diferencia como una amenaza, se la puede entender como una oportunidad para enriquecer las experiencias compartidas. La idea de "hacer un mundo con nuestras propias reglas" se presenta como una respuesta a los discursos de odio que buscan imponer desigualdades, promoviendo en su lugar la igualdad, el respeto mutuo y la cooperación.
La transformación social que se busca no solo implica la integración de diferentes culturas, sino también una crítica a las estructuras que perpetúan y reproducen el odio y las desigualdades. La experiencia de la Granja Siquem nos invita a repensar las formas tradicionales de organización social y económica, abogando por nuevas formas de hacer comunidad desde el mutuo reconocimiento y la construcción conjunta de nuevos proyectos.
Reflexiones finales
Las experiencias de exclusión, discriminación y violencia narradas a lo largo de este escrito evidencian cómo los discursos de odio no solo operan en el ámbito simbólico, sino que tienen consecuencias materiales directas en la vida de quienes son objeto de estos ataques. La estigmatización, la criminalización y la negación de derechos se sustentan en discursos que buscan responsabilizar a determinados sectores sociales de los problemas estructurales, desviando la atención de las relaciones de poder que realmente configuran las desigualdades (INADI, s.f.).
Los discursos de odio, como se ha señalado, están profundamente arraigados en disputas históricas de poder que atraviesan dimensiones de clase, género, etnicidad y cultura, entre otras. En el contexto de nuestro país, la construcción de subjetividades basadas en prejuicios permite legitimar la exclusión de determinados sectores de la sociedad. Esta dinámica se refuerza a través del racismo estructural, que en Argentina se manifiesta en formas particulares como el racismo por apariencia y el racismo de negación (Caggiano y Rodrigo, s.f.)
El racismo por apariencia funciona como un mecanismo de clasificación social que jerarquiza los cuerpos según criterios que trascienden el color de piel, abarcando gestos, vestimenta y otras marcas visibles. A su vez, el racismo de negación despolitiza la cuestión racial al sostener la idea de que en Argentina no existen poblaciones racializadas, lo que impide reconocer y combatir las desigualdades derivadas de estos procesos. En este marco, prácticas como la criminalización de las juventudes de sectores populares y racializadas se presentan como manifestaciones concretas de un sistema que naturaliza la violencia y la exclusión.
El neoliberalismo engendra una injusticia masiva de orden global. La explotación y la exclusión son constitutivas de él. Construye un “apóptico”, una construcción basada en una “óptica excluyente” que identifica como indeseadas y excluye por tales a las personas enemigas del sistema o no aptas para él (Han, 2017, p. 25).
Sin embargo, frente a estas formas de opresión, emergen estrategias de resistencia que desafían los discursos de odio y reivindican la singularidad de quienes han sido históricamente discriminades/oprimides. La educación y el arte se configuran como herramientas clave para la transformación social, permitiendo a las personas reapropiarse de sus narrativas y disputar los sentidos impuestos por los discursos dominantes.
Además, la creación de espacios interculturales y el reconocimiento de las luchas de las comunidades son fundamentales para la construcción de una sociedad con mayor justicia social. Esto implica no solo visibilizar las violencias estructurales, sino también promover políticas públicas que combatan la discriminación y garanticen el acceso efectivo a derechos fundamentales. La lucha contra los discursos de odio no puede reducirse a la sanción de expresiones individuales de violencia, sino que debe abordar las estructuras que los sustentan y reproducen.
Referencias
Bauman, Z. (2005). Vidas desperdiciadas: la modernidad y sus parias. Paidós.
Caggiano, S. y Rodrigo, F. (s.f.). Ficha Clase 10: Articulación hegemónica de desigualdades. El caso del racismo en Argentina. Curso Virtual Desigualdades entrelazadas Herramientas para su análisis sociocultural.
Colombres, A. (2004). América como civilización emergente. Editorial Sudamericana.
Ezcurra, A. M. (2011). Igualdad en educación superior: un desafío mundial. Universidad Nacional de General Sarmiento - IEC – CONADU.
Han, B. (2017). La expulsión de lo distinto. Herder.
INADI (s.f.). Una aproximación a los discursos de odio: antecedentes de investigación y debates teóricos. Coordinación de Investigaciones y Observatorios sobre Discriminación. Dirección de Políticas y Prácticas contra la Discriminación. INADI
Reisin, A. (2005). Arteterapia: semánticas y morfologías. Vetor.

