Dossier

FORMACIÓN DE LOS CIRCUITOS ECONÓMICOS SOLIDARIOS INTERCULTURALES EN EL CANTÓN CAYAMBE: ESTUDIO DE CASO BIOVIDA

BUILDING OF INTERCULTURAL SOLIDARITY ECONOMIC CIRCUITS IN THE CANTON CAYAMBE: BIOVIDA CASE STUDY

NANCY MEDINA
Universidad Central del Ecuador, Ecuador
IRMA GARCÍA
Universidad Central del Ecuador, Ecuador

Revista Economía

Universidad Central del Ecuador, Ecuador

ISSN: 2697-3332

ISSN-e: 2697-3340

Periodicidad: Semestral

vol. 72, núm. 116, 2020

revistaeconomia@uce.edu.ec

Recepción: 28 Septiembre 2020

Aprobación: 21 Noviembre 2020



DOI: https://doi.org/10.29166/economia.v72i116.2621

Resumen: Los circuitos económicos solidarios interculturales (CESI) en el Ecuador son espacios de relación social que van más allá de lo económico. Promueven la satisfacción de las necesidades fundamentales, la reproducción ampliada del trabajo y la relación armónica con la naturaleza. Sus acciones se basan en la Economía Social y Solidaria (ESS) y están vinculadas al territorio, entendido este como el resultado de una «construcción social». La investigación es analítica, estudia los factores que permiten la constitución de los cesi con la experiencia de BioVida, determinando que son la articulación de los actores de la ess y la interculturalidad.

Palabras clave: Circuitos económicos solidarios interculturales, territorio, BioVida, reproducción de la vida.

Abstract: The intercultural solidarity economic circuits (CESI) in Ecuador are spaces for social relations that go beyond the economic. They promote the satisfaction of fundamental needs, the expanded reproduction of work and a harmonious relationship with nature. Its actions are based on the Social and Solidarity Economy (SSE) and are linked to the territory, understood as the result of a «social construction». The research is analytical, it studies the factors that allow the constitution of the cesi with the experience of BioVida, determining that they are the arti- culation of the actors of the sse and interculturality.

Keywords: Intercultural solidarity economic circuits, territory, BioVida, reproduction of life.

INTRODUCCIÓN

El sistema capitalista se encuentra en una crisis generalizada no solo económica, sino ambiental, financiera, alimentaria y social. La economía ecuatoriana vinculada al modelo de desarrollo extractivista no está al margen de esta situación que afecta la sostenibilidad de los territorios. Entendido el territorio no solo como el espacio físico-geográfico, sino como el lugar donde los pueblos y nacionalidades desarrollan su cultura, sus leyes sus formas de organización y sus formas de economía (Churuchumbi y Simbaña, 2006).

La situación actual del Ecuador es crítica y está caracterizada por una alta tasa de desempleo, así, según el inec, ésta pasó de 3,8% en diciembre del año pasado, a 13,3% entre mayo y junio de 2020, es decir, se incrementó en 9,5%; altos niveles de pobreza que, en las zonas rurales, llegó a un 41,8% (inec, 2019), con mayor concentración de recursos en manos de unos pocos, expoliación de los recursos naturales, fragmentación del tejido social. Ante esta situación, los sectores más vulnerables han desarrollado estrategias de subsistencia que impulsan la asociatividad, la convivencia comunitaria y el cooperativismo. Estas formas socio-organizativas se enmarcan en los planteamientos teórico conceptuales de la economía social y solidaria como una alternativa válida, en particular, en la situación actual de la pandemia del covid-19 que permitan mejorar el bienestar de las familias y las comunidades, siendo propuestas altamente resilientes a la compleja situación actual.

La economía solidaria concibe al ser humano dentro de tres armonías: consigo mismo, con los demás y con la naturaleza (Coraggio y otros, 2011) y el pueblo kayambi1 adiciona una más que consiste en la armonía entre comunidades; es decir, no solo es un enfoque específicamente biocéntrico, sino que contempla a la naturaleza y a la comunidad como parte misma de las relaciones sociales, e incluso a la naturaleza como sujeto de derechos, de tal forma que relaciona con la concepción de sostenibilidad superfuerte que, como señala Gudynas (2011), concibe una pluralidad de valoraciones de la naturaleza que, más allá de lo económico o ecológico, abarca otras de carácter social, estético, cultural o religioso. Estas organizaciones han apostado por la articulación y la intercooperación como formas de fortalecer sus procesos socio organizativos y ampliar el sector de la Economía Solidaria, lo que ha dado lugar a la conformación de los cesi. La economía solidaria genera empleo y al estar inmersos estos grupos en los cesi permiten un intercambio justo de productos, entre los cuales están los alimentos que ayudan a mantener la soberanía alimentaria en un territorio. Además, en los circuitos solidarios hay mayor presencia de mujeres que activamente generan recursos para sus familias, lo que les ha permitido reposicionarse logrando elevar su autoestima y determinación. Se observa que, se va consolidando el buen vivir al ir viabilizando la armonía con uno mismo.

Este artículo parte de la pregunta de investigación respecto a qué factores permiten la conformación de los cesi como una práctica alternativa a los modelos de desarrollo tradicional, que, a su vez, permiten promover sistemas societales que generan nuevas relaciones sociales, económicas, políticas y culturales que fomentan el buen vivir en los territorios.

Los resultados evidencian que la economía social y solidaria, las prácticas interculturales y la pertenencia a un territorio fruto de un proceso histórico, que busca restablecer territorios ancestrales (Constitución del Ecuador, 2008), permiten la formación de los cesi que aportan al buen vivir de las familias, generando ingresos monetarios y no monetarias que mejoran el empleo y los ingresos de las familias. Bajo estos mecanismos las familias se identifican con su territorio al recuperar los saberes y prácticas ancestrales, identificando otros mecanismos de producción, comercialización y consumo, que aportan a la consolidación y definición de políticas públicas que contemplan la soberanía alimentaria, la economía solidaria y la agroecología.

Este artículo se desarrolla en cuatro secciones. Esta introducción donde se da una visión general de la investigación; en la segunda sección se aborda el sustento teórico, partiendo del origen que es la economía social y solidaria y los cesi. Luego se analiza el estudio de caso de una Asociación de Productoras Agroecológicas BioVida que se encuentran en el cantón Cayambe que, da cuenta de la constitución de los cesi en este territorio. Luego se incluye la discusión de los resultados y, finalmente, las conclusiones.

REVISIÓN DE LA LITERATURA

En esta sección se busca describir algunos elementos de un proceso de transformación del régimen económico del Ecuador hacia la construcción de una economía social solidaria desde los principios del Sumak Kawsay. Ha sido desde los movimientos de la Economía Social y Solidaria —en adelante eps— presentes en los territorios los que han perfilado la propuesta de los Circuitos Económicos solidarios e interculturales como una alternativa transformadora a la economía convencional, con características particulares reflejadas en sus prácticas, enfoque, herramientas y principios.

La Ley Orgánica de Economía Popular y Solidaria del Ecuador (Registro Oficial 444 , 2011) en el Art. 1, define a la economía social y solidaria como:

[E]l proceso de producción, intercambio, comercialización, financiamiento y consumo de bienes y servicios, para satisfacer necesidades y generar ingresos, basados en relaciones de solidaridad, cooperación y reciprocidad, privilegiando al trabajo y al ser humano como sujeto y fin de su actividad, orientada al buen vivir, en armonía con la naturaleza, por sobre la apropiación, el lucro y la acumulación de capital.

Al promover la solidaridad y la necesidad de actuar en pro de bienestar de todos los miembros, se promueven relaciones armónicas que permiten impulsar la vivencia de la ética a través de la práctica del respecto, la lealtad, la preocupación por la equidad y, en definitiva, la armonía con los demás que es parte del paradigma del buen vivir. En estos sistemas es una idea fundamental tener prácticas amigables con el medio ambiente.

La economía solidaria promueve economías de proximidad (Laville, 2008) con relaciones directas entre productores y consumidores, desde la reciprocidad, complementariedad y vinculación para asegurar la sostenibilidad de la vida. Considera que las redes de colaboración solidaria son herramientas que permite articular a los actores del sector con el objetivo de promover sistemas económicos solidarios, en donde la producción, comercialización y consumo se encuentren interconectados.

El Foro Brasileño de Economía Solidaria (fbes) define a las redes de solidaridad como un conjunto de actores de la es que tienen una visión compartida y acciones comunes que deciden trabajar en red a nivel territorial y nacional. El foro reconoce que este tipo de interrelaciones tiene un sentido transformador en cuanto garantiza el desarrollo local solidario y sus- tentable (Tygel, 2011).

Los actores de la economía solidaria tienen su base en el territorio, entendido éste como una construcción social, ya que el territorio es el espacio donde se desarrolla la cultura, la economía familiar y comunitaria, es el lugar en donde se pueden rescatar los saberes ancestrales, sus formas de organización, sus propuestas de gobierno y la lucha por sus derechos territoriales (Churuchumbi y Simbaña, 2006). En palabras de Jairo Cantincús, representante de la gran familia awá, Ecuador-Colombia «Los territorios no son fronteras, son parte de nuestra identidad y hermandad con todos» (Senplades, 2013).

Al articularse los actores de la economía solidaria en un territorio determinado, conforman los circuitos económicos solidarios (ces), que para Razeto (1994) son flujos económicos permanentes que tienden a ser recurrentes, los cuales se los realiza bajo principios compartidos de la economía solidaria. Sin embargo, para Silva (2012) los ces no solo genera flujos económicos, sino también existen flujos políticos, culturales y ambientales.

Los flujos económicos hacen referencia a los intercambios monetarios y no monetarios. Los políticos a los cambios institucionales y actitudinales que promueven la defensa y la gestión de los recursos de la región; así como la autonomía y la autogestión de la red. En el ámbito cultural se promueven relaciones de respecto, diálogo e interaprendizaje, se apuesta por el rescate de los saberes ancestrales y las formas artísticas y culturales. Los flujos ambientales promueven relaciones entrópicas virtuosas con la naturaleza, con formas de producir y consu-mir social y ambientalmente sostenibles (Tygel, 2011), (Mance, 2008), (Lopera y Mora, 2009).

Mance (2008) considera que los ces funcionan bajo los principios de diversidad, integralidad y realimentación. El primero hace referencia a la existencia de una diversidad de actores solidarios en los territorios que tienen visiones compartidas; el segundo a vincular a los diversos actores desde la diversidad; y, el tercero a la creatividad para establecer nuevas estratégias que alimenten la red. Asimismo, dice que los ces son sistemas abiertos que se auto reproducen y se autocrean con formas diversas de organización que se une bajo el proyecto común de fortalecer el sector de la economía en los territorios. Son espacios altamente democráticos que fomentan la participación de los socios.

Para Silva (2012, p. 48), «los ces operan según procesos sistémicos de producción, transformación, servicios, comercialización, consumo y reciclaje y conforman, por tanto, el sector de la Economía Solidaria que, al articularse, pueden constituirse como un nuevo sujeto político local».

Los ces posibilitan una mayor desimbricación de la economía convencional (Coraggio, y otros, 2011), al generar procesos de producción autónomos y promover el consumo solidario de los bienes y servicios producidos, lo que propicia que los recursos circulen en el territorio, estrategia que, a su vez, impulsa nuevos emprendimientos y, por lo tanto, mayor empleo —autoempleo y trabajo autónomo— en los territorios. Los ces fomentan las finanzas solidarias que devuelven la función social del dinero y se convierten en un soporte para el funcionamiento de los mismos.

En los ces es importante añadir el componente intercultural (cesi) para la construcción de sociedades pluriculturales porque fomentan que los actores solidarios se articulen, tal es así que, para el Movimiento Social de Economía Social y Solidaria del Ecuador (messe) (2011):

P]or medio de Circuitos Económicos Solidarios Interculturales que, a diferencia de las cadenas de valor, funcionan con actores específicos con su historia, contenido simbólico-cultural, connotaciones estético-afectivas e identidades individuales y colectivas en las que, además de producir, intercambiar y consumir, proyectan sus sueños y construyen su comunidad, en diálogo con otras culturas.

La interculturalidad para la es implica en un primer momento la revalorización de las practicas económicas ancestrales de producción, comercialización y consumo, las cuales tienen se caracteriza por las dinámicas relacionadoras que se producen entre sus integrantes: hombres y mujeres, entornos, ambientes, naturaleza y la comunidad (De Munter, 2016), que tiene como base los principios andinos de la reciprocidad, complementariedad y relacionalidad (Estermann, 2006).

Experiencias como la de BioVida visibilizan plataformas de colaboración solidaria. Éstas están conformadas por los diferentes actores de la zona, quienes aportan con sus talentos, habilidades y recursos para impulsar otros mecanismos de producción y de intercambio fomentando las relaciones de reciprocidad, redistribución, la soberanía alimentaria y la solidaridad.

METODOLOGÍA

Para este estudio se ha realizado una revisión bibliográfica y se tomó como base los datos de la sistematización realizada por el Grupo de Trabajo de Economía Solidaria de la Universidad Central del Ecuador, quienes llevaron adelante el proyecto de reconstrucción histórico conceptual y sistematización de experiencias de economía comunitaria y economía solidaria en ecuador, con el financiamiento del programa ares-ai r2, desde el 1 de diciembre de 2017. Para obtener información, en esta zona se realizaron seis talleres, en los que participaron activamente las socias de BioVida, que a través de un diálogo activo expresaron su sentir, sus acciones, los logros y dificultades; logrando, de esta forma, evidenciar la identidad, los actores y los conflictos.

Además, el grupo realizó tres grupos focales y seis entrevistas de profundidad con las socias y otros actores en el territorio. Para la recolección de la información cuantitativa se realizaron 41 encuestas a las socias de BioVida, considerando un margen de error del 10% y una confiabilidad del 95%.

En el marco de una investigación doctoral relativa a los circuitos solidarios, realizada por Johny Jiménez, se hicieron varias visitas de campo en los espacios donde interactúan las socias de BioVida: ferias agroecológicas, parcelas y las asambleas de la organización. En esta investigación observacional, se detectó muchos aspectos que se exponen en la siguiente sección de discusión de resultados.

Para el análisis de los datos se utilizó las técnicas circulares de la investigación cualitativa en donde se contrarrestó los marcos teóricos con la información de campo. De esta forma, se hizo un análisis de los discursos de 61 familias que participan en las organizaciones agroecologías y de economía solidaria en el cantón de Cayambe. En los grupos focales y entrevistas a profundidad se buscó la participación de las socias, líderes y autoridades; los investigadores aplicaron aquí la observación participante. Se asistió a las asambleas y talleres de las organizaciones que permitieron recopilar datos complementarios.

El análisis de los datos se basó en el método inductivo que permitió describir las relaciones económicas, políticas e interculturales que se dan en el territorio del Cantón Cayambe. Para la exploración de los datos se estudió la organización BioVida.

DISCUSIÓN DE RESULTADOS

El Cantón Cayambe se encuentra en la provincia de Pichincha a 115 km de la ciudad de Quito. Se ubica en los andes septentrionales, con alturas que van desde los 800 m. s. n. m. hasta los 5800 m. s. n. m. en el volcán Cayambe. Algunas características de la población se las puede encontrar en la tabla 1 (gadip Cayambe, 2015) (ver Tabla 1). El 47,7% de la población se dedica a la agricultura y ganadería, es decir, su economía se basa en estas dos actividades que definen una estructura piramidal en la economía. En la parte superior, se ubican las empresas que producen flores y leche, por su poder económico, en tanto que en la base se encuentran las unidades familiares indígenas. Entre estos sectores hay conflictos por el control y manejo de los recursos, principalmente, tierra y riego, que son fundamentales para la agroindustria y la producción familiar (Martínez, 2002).

Actualmente, en el territorio del pueblo kayambi —Pedro Moncayo y Cayambe— existen 632 familias que se dedican a la producción agroecológica y se agrupan en 15 organizaciones (Carvajal , Lizano Acevedo , Cachipuendo y Yaselga, 2019). En las parcelas que son granjas integrales se producen alrededor de 150 productos agroecológicos. Una familia produce alrededor de 52 productos, de los cuales 15 son andinos, 8 hortalizas, 13 frutales y 16 plantas medicinales y algunas variedades de carnes y huevos (Sedal, 2018), como se observa en la figura 1 (ver Figura 1). En el sector productivo agroecológico en el cantón se encuentran, según (Jiménez J. , 2020):

· La Federación de Organizaciones Campesinas de Cayambe y Ayora (unopac),

· La Unión de Organizaciones Campesinas de Cayambe (unocc),

· La Asociación Agroecológica y Campesina (agropaca),

· La Asociación Campesina de Cayambe (asocamcay),

· La Red de Economía Solidaria y Agroecología del Pueblo Kayambi (ressak); y,

· La Red de Ferias Agroecológicas BioVida que agrupa a: allpamanta, asoprogene, aso- prok, asoproayoc,

· La Confederación de Pueblos Kayambi,

· El Movimiento de Mujeres de Cayambe, Transito Amaguaña.

La red de productoras agroecológicas, BioVida, nace en el año 2004 con el objetivo de implementar un sistema de producción y comercialización agroecológica para asegurar el autoconsumo y mejorar los ingresos de las familias. BioVida integra a 65 familias pertenecientes a las organizaciones ucicaq, conmujer y Aprokuy. Éstas provienen de las comunidades de San Vicente de Ayora, Flor Andina, Cariacu, Buena Esperanza, Paquistancia, Santa Rosa, Cuniburo y Chumillos. Santa Marianita de Pingulmí, comunidad de Buena Esperanza, San José de Molina y Chumillos.

Carlos Cabascango, exdirector del Departamento de Desarrollo Económico del municipio de Cayambe, dijo en una entrevista:

BioVida es una de las organizaciones que ha tenido más relevancia con respeto a otras organizaciones, esto se debe a que es la organización que primero trabajó con la producción agro-ecológica, ha tenido el acompañamiento de buenos técnicos como el Ingeniero Julio Olivera. Esto les ha permitido llevar la delantera en la producción agroecológica dentro del cantón. Este elemento es bien visto por unas organizaciones y por otras no lo ven tanto así, nos critican que estamos orientando mucho a BioVida, para nosotros es una organización que ayuda a sostener todo este proceso. (Entrevista a Carlos Cabascango)2

Características de la población del Cantón Cayambe
Tabla 1
Características de la población del Cantón Cayambe
Fuente: GADIP Cayambe (2015) e INEC (2010).

Marianita Vallejo decía respecto a la organización en una entrevista:

En el proceso de fortalecimiento organizativo se trata de recuperar tecnologías agroecológicas locales con base de capacidades con enfoque de equidad de género de los y las productoras que participan en BioVida incidiendo en sus familias comprometiéndolas con la producción agroecológica para contribuir al buen vivir, con un logro de 180 familias concientizadas sobre la importancia de la propuesta de pidassa y que aplican sus principios, con un promedio de 7 tecnologías aplicadas.

El 90% de las socias de BioVida son mujeres, quienes en el 59% son casadas, el 19% son madres solteras, el 11% viudas, y el resto viven en unión libre. En cada familia, existe un promedio de seis miembros entre hijos, nietos, abuelos y otros parientes cercanos. El 51% de las socias se autoidentifican como mestizas y el 49 % como indígenas. La edad promedio de las socias es de 54 años, el 69,7% tienen primaria y el resto secundaria (Jiménez, 2020).

Al hacer referencia al ámbito ambiental, diferentes estudios que se han realizado a nivel nacional y mundial Heifer (2014), Vía Campesina (2018), fao (2007) consideran que la producción agroecológica fomenta la sostenibilidad social y ambiental. Es una de las formas de producción que aportan a reducir los gases de efecto invernadero, que causan el calentamiento del planeta.

En este contexto, es interesante evidenciar que los insumos para la producción agroecológica son generados por ellos mismos, llegando a implementar una tienda con éstos. En el último trimestre del 2013, las productoras agroecológicas iniciaron con la venta de insumos en Cayambe, donde se comercializan materiales básicos para este tipo de producción y bioinsumos elaborados por las integrantes del grupo, también se ofrece servicios de trabajos en los diferentes terrenos con un motocultor el cual es de gran ayuda en la producción de hortalizas y mantenimiento de camas. Aspectos que se confirman en la tabla 2 (ver Tabla 2), donde se observa que las semillas y los biopreparados son producidos por la organización BioVida mayoritariamente.

Las productoras agroecológicas de Cayambe devuelven a la tierra todo el material orgánico. Producen bióles y biofertilizantes que son amigables con la naturaleza, no utiliza agrotóxicos y químicos que contamina la tierra y el agua. Para la comercialización evitan la utilización de plásticos innecesarios, fomentando la utilización de fundas de telas, venta a granel y otros mecanismos más saludables para el ambiente. Bajo esas buenas prácticas ambientales las organizaciones de Cayambe generan flujos energéticos sostenibles, estableciendo una economía entrópica territorial saludable con el medio ambiente.

La producción agroecológica tiene ventajas en la generación de empleo, pues según los estudios de Heifer (2014) este tipo de producción es intensiva en fuerza de trabajo. Tal es así que Jiménez (2020) menciona que cada familia genera 2,5 empleos, lo que es superior a lo que generan las empresas lecheras, un empleo por hectárea. Si se considera a todas las familias productoras agroecológicas, este sector estaría creando alrededor 1575 empleos, un dato no menor si se considera los altos niveles de desempleo existentes en el Ecuador, en particular, en las zonas rurales que bordea el 2,3%, mientras que en la zona urbana llega al 4,9% (inec, 2019).

Además, las mujeres dedicadas a la producción agroecológica consideran que este trabajo les permite estar en casa con sus familias mejorando las relaciones intrafamiliares; consumir productos sanos, sin agrotóxicos y químicos lo que hace que se enferman menos; también pueden administrar su fuerza de trabajo en función de las necesidades de la familia y de acuerdo con prácticas comunitarias de reciprocidad como son la minga, prestamanos y al partido. Es decir, se consideraría que es un trabajo digno y de calidad.

Por esta razón, algunas mujeres decidieron abandonar las empresas florícolas y lecheras para dedicarse a la producción agroecológica, generando un proceso de recampenización, pues las condiciones laborales y sociales que tenían en las empresas les empobrecían y vulneraban sus derechos. En sus propias palabras, en los grupos focales las mujeres expresaban:

Pertenecíamos a empresas de [f]lorícolas, pero había muchos problemas de salud en las mujeres, existían muchos problemas familiares. Además, las plantaciones no nos liquidaban, tuvimos que hacer huelgas […]. Por ejemplo, yo salía de mi casa a las cinco de la mañana; regresaba once de la noche cuando trabajaba en las flores. ¿Cuándo compartía con mis hijos y familia? Ahora hemos visto que estamos juntos. No tenemos grandezas, pero sí tenemos para comer, que eso es lo importante, tenemos más salud y estamos compartiendo más.

Para garantizar que los productos ofrecidos para la venta efectivamente son agroecológicos de calidad y producidos en forma amigable con el medio ambiente, que no tiene tóxicos que pueden hacer daño al consumidor; la organización BioVida, donde se encuentran fundamentalmente mujeres, desarrolló un sistema participativo de garantía local (spgl), en el cual las pro- ductoras han trabajado varios años. El spgl se enfoca en que todos los miembros del grupo construyan un modelo de evaluación, manejo de parcelas y certificación, considerando varios aspectos como el productivo, el comercial, el social, el ecológico-ambiental y el económico. Este sistema se aplica mediante una ficha elaborada por miembros del grupo que han sido capaci- tados previamente y que cuenten con experiencia y práctica en la producción agroecológica, esta ficha se llenara en una veeduría a cada una de las parcelas de los integrantes de la red de productores. Una socia al respecto dice en una entrevista:

Tenemos que promover los principios de la organización a veces las compañeras piensan que están en una organización solo para vender, tenemos que estar vigilantes que la producción se agroecológica, que trabajemos de manera solidaria, que trabajemos juntas.

 Bienes y servicios que produce la unidad familiar de
BioVida
Figura 1
Bienes y servicios que produce la unidad familiar de BioVida
Fuente: base de encuestas (2019) por Johnny Jiménez.

Este sistema ayuda a mantener y elevar el compromiso de cada miembro del grupo, un sello de garantía local a nivel de todas las organizaciones, el cual les permita principalmente saber cuántos productores agroecológicos hay en el cantón Cayambe, cuáles son sus fortalezas y en qué aspectos hay debilidades, también el spgl es un soporte para crear nuevos canales y circuitos de comercialización mediante el trabajo cooperativo con otros grupos de productores.

La comercialización se realiza en forma asociativa lo que les permite tener mejores condiciones de venta y establecer relaciones directas entre productores y consumidores. Tienen varias formas de comercialización monetarias y no monetarias, entre las últimas practican el trueque o randi randi, el cambeo, el fío y convidar —regalar— a las familias cercanas y de la comunidad, a lo que dedican el 10,64 % de la producción, según datos de la encuesta levantada en el 2019 por Johny Jiménez. Esto fortalece las relaciones de confianza y apoyo mutuo. Estas formas de intercambio se cristalizan a través de circuitos cortos, cialcos.

En los intercambios monetarios, según la encuesta realizada en el 2019, se destina el 52,56En los intercambios monetarios, según la encuesta realizada en el 2019, se destina el 52,56 % de la producción que se coloca en ferias agroecológicas —en Cayambe y Pedro Moncayo existen 21 ferias de organizaciones de mujeres— a través de la venta de las canastas solidarias, las tiendas de comercio justo, las ventas en la parcela y en los restaurantes alternativos. Para el efecto, han intencionado articulaciones con actores locales y nacionales, tanto públicos como privados, que dan cuentan de una multiplicidad de relaciones económicas de trabajo en red.

Además, está la Red de Economía Solidaria y Soberanía Alimentaria del Territorio Kayambi-ressak como un nuevo canal de comercialización del cual el grupo BioVida forma parte, y a esta red el grupo aporta con métodos y procesos del spgl. El grupo se ha enfocado en capacitar a los otros grupos de red como son los productores: del Pueblo Kayambi, de unopac, de la Campesina, de la Esperanza. Se trata de tener producción certificada de manera permanente que satisfaga el autoconsumo de las familias participantes, al cual destinan el 36,80% de la pro-ducción, según la encuesta del 2019 mencionada.

De los estudios realizados en BioVida se establece que el 44 % del consumo lo hacen en sistemas alternativos solidarios como ferias agroecológicas y tiendas del comercio justo y el resto lo hacen en mercados convencionales —tiendas, supermercados y mercados tradicionales—. Un dato no menor considerando la inserción agresiva de los supermercados y la presencia histórica de los mercados tradicionales en el territorio de Cayambe. Aún más, las familias están dispuestas a incrementar el consumo en espacios solidarios.

Es importante, en este contexto, referirse a otros servicios que sirven de soporte a las interrelaciones en los espacios solidarios, como los servicios financieros que son fundamentales para las organizaciones. Es así que, el 78 % del crédito que solicitan las mujeres de BioVida provienen de la caja de ahorro de la asociación y de bancas comunales que se encuentran en Cayambe, principalmente la Casa Campesina, el 57 % del crédito se destina a la producción (Jiménez, 2020).

Las finanzas solidarias, son formas organizativas democráticas que fortalecen el vínculo social y económico en los territorios. A diferencia de las microfinanzas generan flujos financieros que fomenta el empleo e incrementan los ingresos de las familias, ya que al permitir que las mujeres accedan al crédito mejora su autoestima, genera mayor autonomía en el control y manejo de los recursos, promueve la compra de activos —tierra y herramientas—, lo cual impulsa el ejercicio de los derechos económicos sociales y políticos y el buen vivir de las familias (Orellana, 2014).

Los aspectos revisados que corresponden a un enfoque de cadena productiva no pueden entenderse sin analizar el porqué las mujeres de BioVida son parte de esta alternativa económica, su enfoque y sus manifestaciones desde el ámbito de la interculturalidad que hace visible su proceso histórico, sus luchas sus reivindicaciones y sus propuestas por mantener sus formas de organización social, sus rasgos culturales y espirituales.

Un análisis histórico permite colegir que a pesar de la superposición de la colonia sobre lo incaico y posteriormente el Estado republicano, no han logrado derribar la permanencia de microestructuras de organización comunitaria vigentes hasta la actualidad como la organización comunitaria, el ayllu, la minga y otras formas de organización como las comunas3 (Ayala- Mora, 2008). El rol de las comunas es ejercer el gobierno comunitario y su preocupación fundamental en su lucha por la recuperación de la tierra (Llasag, 2018).

Estas microestructuras han sido revitalizadas a partir de la Constitución del 2008 cuando se reconoce la pluriculturalidad, los derechos colectivos de los pueblos y nacionalidades indígenas y además se incluye el buen vivir, como una forma diferente de percibir el desarrollo. Estas reivindicaciones permiten llegar al entendimiento de lo que es un ser comunitario —achikruna—,4 sus formas de organización desde las diferentes realidades que viven las comunidades —jatun ayllu—,5el randi randi o yanaparina que es una ley natural del intercambio y gratitud, todas las cuales se viven en la cotidianidad y están siendo impulsadas por Pueblo Kayambi y el Gobierno local. Este tipo de propuestas colectivas, es una forma de rescatar y fortalecer otras formas de generar economía, el trueque,6 el intercambio, la minka7 (minga), el prestamanos8 que son elementos que no solo se hacen al interior de una comunidad, sino que se está convirtiendo en un proceso regional y estratégico (Llasag, 2018).

Adquisición de insumos para la producción
Tabla 2
Adquisición de insumos para la producción
Fuente: base de encuestas (2019) por Johnny Jiménez.

El trabajo en la producción agroecológica de las mujeres es de calidad porque pueden dedicar tiempo a sus familias lo que configura el buen vivir —armonía con uno mismo, con la naturaleza y con los demás—. Como manifiestan Urretabizkaia y Fernández (2015) los cesi en Loja han generado cambios en los modelos de producción en la comercialización, ocupación de espacios públicos, articulación, aumento de la autoestima y el empoderamiento de las mujeres, que mejoran el acceso a los derechos económicos, sociales y culturales de las mujeres.

Adicionalmente, las organizaciones agroecológicas de Cayambe han decidido rescatar el término chakra, entendido como parcelas que producen con semillas naturales, abono orgánico, agua de calidad, rotación de cultivos, diversificación de productos, aplicación de tecnología basada en los saberes y respetando la tierra para lo cual mantienen y rescatan las formas tradicionales de producción, las cuales son favorables para una producción sana.

A través del diálogo de saberes e interaprendizaje —de campesino a campesino— han rescatado formas de producción que aporta a la soberanía alimentaria y economía solidaria. El total de las familias declaran que siembra a través de los ciclos de la luna, realizan la cosecha del agua, siembran sus productos a través de huachos, camellones y terrazas, el 5% de las familias utilizan el arado como técnica de la conservación de la fertilidad de los suelos; realizan la conservación de las semillas nativas como el amaranto, la zanahoria blanca, las ocas, la jícama y una variedad de semillas de papas, maíz y granos que aseguran la biodiversidad de la producción. Para la organización el diálogo de saberes y el interaprendizaje son encuentros horizontales, fundamentales para fortalecer la interculturalidad, como un ejercicio democrático de colocar en el mismo nivel los diferentes saberes.

La interculturalidad da cuenta de un proceso de desconstrucción de los saberes eurocéntricos que elimina la posibilidad del encuentro con los diversos y plurales. Para BioVida el diálogo de lo que se conoce les permite rescatar los saberes ancestrales de los pueblos andinos, pero a la vez conjugar con nuevos conocimientos que les permite una innovación permanente. Las familias de BioVida incorporan en sus prácticas de la producción y de la comercialización actividades espirituales que les permite agradecer a la Pachamama, con la cual tienen una relación amorosa al considerarla como un ser vivo que les sostiene y les cría.

Cada vez que vamos a sembrar, cosechar le pedimos permiso y agradecemos a nuestra madre la tierra. También hacemos agradecimientos a la Pachamama para abrir la feria y otros espacios de comercialización que realizamos. Cuando tenemos una Asamblea o un taller agradecemos a nuestra madre tierra. (Entrevista a productoras)

Para el caso de la organización el trabajo de la chakra es una de las prácticas más importantes para el fortalecimiento de la cultura a tal punto que han logrado incluir en el proceso formativo de los niños y niñas del pueblo kayambi (Kayambi, 2018). El tejido social conformado a través de las interrelaciones entre diversos grupos de productores, basados en la interculturalidad, han propiciado, en particular para BioVida, la incidencia en el territorio que es un elemento central para promover la soberanía alimentaria y la economía solidaria como posibilidad de ampliar y asegurar la sostenibilidad social y ambiental de la propuesta socio organizativa de BioVida.

La incidencia política se ve reflejado en los siguientes ejes: la construcción de un proyecto político al interior de BioVida, la incidencia en el territorio para ampliar el sector y la promoción de normativas y políticas locales. En la construcción del proyecto político, la organización ha puesto énfasis en la definición y prácticas de los principios solidarios, que se encuentra plasmado en su misión:

[P]roducir para consumir, intercambiar y comercializar productos agroecológicos sanos para la salud de todos y todas y el cuidado del medio ambiente, mediante la asociatividad, el conocimiento ancestral, el aprendizaje, la autogestión, la incidencia socio política y la promoción de la Economía Solidaria. (BioVida, 2010)

Estos elementos dan cuenta de articular la soberanía alimentaria con la economía solidaria, en su afán de generar otra economía que fomente otro tipo de desarrollo, que se aleje de las visiones paradigmáticas productivistas basadas en los agronegocios que generan consecuencias sociales y ambientales de impactos impredecibles en los territorios.

BioVida ha trabajado para generar un modelo de producción que tienen como base las parcelas integrales agroecológicas, el cual incorpora cinco dimensiones: humana, agroflorestal, manejo del agua y, ambiental. Éstos tienen como ejes la pluriproducción y una relación sostenible con la tierra (Pachamama). A partir de esta forma de producción han creado parcelas demostrativas para que otras organizaciones y productoras agroecologías les visiten, generando un diálogo de saberes e interaprendizajes horizontales. La organización, también, ha luchado para ampliar el número consumidores responsables y solidarios a través de campañas y programas de sensibilización, es así que la organización mantiene un radio altoparlante todos los días que se realiza la feria y un programa de radio que se trasmite todos los lunes, en donde se sensibiliza a la comunidad.

La organización para asegurar la comercialización de sus productos viene ha batallado por acceder al espacio público. Al inicio, como comentan las socias de BioVida, fueron discriminadas y excluidas del espacio público: «Eran tratadas como pobrecitas, que no tenían capacidad para vender sus productos por parte de las autoridades locales». Al final, lograron que el municipio les asigne un espacio para la venta de sus productos en la Plaza Dominical. Después de una década, siguieron combatiendo para que las organizaciones agroecológicas puedan acceder a mejores espacios. Como parte de esta lucha, junto a otras organizaciones, lograron que el Departamento de Economía del Municipio instale un mercado en donde se venden sus productos y ahora, esta dependencia, tiene el proyecto de construir una bioplaza.

Esta reivindicación es para disponer de espacios públicos dignos para promover la propuesta de la economía solidaria y la agroecología y, como manifiesta Carvajal et al. (2019), por el derecho de los ciudadanos para acceder a alimentos sanos a nivel local. Esto es importante considerando que en Cayambe se han instalado los grandes supermercados, estos sistemas controlan las cadenas de producción y comercialización, lo que pone en riesgo la soberanía alimentaria y afecta la posibilidad de consolidar circuitos económicos solidarios en el cantón.

Para fortalecer la articulación y la incidencia política en el 2012 se conforma la ressak con el objetivo de defender la soberanía alimentaria y la economía solidaria del territorio kayambi, promoviendo sistemas productivos sostenibles y espacios de comercialización que genere una relación directa entre productores y consumidores. En este espacio de coordinación y trabajo en red, BioVida cumple un rol protagónico, en varias ocasiones las socias han sido elegidas como presidentas de la ressak y la misma organización se siente comprometida en su fortalecimiento, ya que es un espacio de articulación y trabajo de red que fortalece la interopera-ción entre las productoras de la zona.

La organización participa activamente en: el Movimiento de Economía Social y Solidaria, la Coordinadora Nacional Agroecológica, el Colectivo Agroecológico del Ecuador, la CampañaLa organización participa activamente en: el Movimiento de Economía Social y Solidaria, la Coordinadora Nacional Agroecológica, el Colectivo Agroecológico del Ecuador, la Campaña ¡Qué rico es comer sano y de mi tierra! Estos espacios de la sociedad civil de carácter nacional, le permite a BioVida articularse para incidir a nivel local y nacional a favor de la economía solidaria y la soberanía alimentaria, y coadyuva a disputar las lógicas dominantes economicistas que intenta promover políticas extractivistas de los recursos en los territorios.

En el 2018, después de un trabajo de más de dos años, BioVida, con otras organizaciones agroecológicas de Cayambe, la fundación Sedal y el Pueblo Kayambi, lograron que el municipio apruebe la ordenanza cantonal de regulación del uso del espacio público para la comercialización de productos sanos en ferias agroecológicas. Esta normativa tiene el objetivo impulsar y regular a las organizaciones y promover las ferias agroecológicas (Art. 1). Entre los elementos a destacar en la ordenanza se tiene: la disminución de los impuestos prediales para las parcelas que producen de manera agroecológica; el fomento de espacios y de políticas públicas para las ferias agroecológicas; la creación del Comité de Ética Cantonal y el fomento y consolidación del spgl en el cantón. Según Carvajal et al. (2019), esta ordenanza es parte de las luchas de las mujeres que apostaron por una producción sostenible y más justa, pero además de reconocer la participación de las mujeres como actoras principales de la formulación de las políticas públicas que mejoren el bienestar y el buen vivir de las familias.

BioVida desde el 2016 participa activamente en la Mesa Cantonal por la Soberanía Alimentaria del cantón Cayambe, espacio interinstitucional conformado por organizaciones y el gobierno cantonal, con el fin de impulsar políticas que favorezcan la soberanía alimentaria y la economía solidaria. En este espacio, se coordinan acciones entre las diferentes orga- nizaciones para no duplicar esfuerzos, potencializar los recursos y, sobre todo, no saturar con actividades a las mujeres productores. Para Patricia Yaselga, directora del a Fundación sedal, en este espacio se discuten los principales problemas que tiene el sector y la problemática de las mujeres que trabajan en la agroecología. Para ella, uno de los grandes problemas es que existe una alta concentración del agua y la tierra, factores fundamentales para asegurar la soberanía alimentaria y la economía solidaria en el territorio y que afectan y vulneran los derechos de las mujeres.

Ellas están conscientes que hay una lucha permanente en defensa de la vida en su territorio. Como manifiesta una socia de la unopac, citada por Carvajal et al. (2019):

Hemos demostrado que somos capaces de producir para satisfacer la soberanía alimentaria de la familia, basadas en el rescate y reconocimiento de nuestros saberes; mediante el cuidado de la cultura respetando la tierra, las semillas, produciendo con amor y cariño. Ahora tenemos comida sana e ingresos permanentes resultado de la venta de las ferias, agroecológicas […].

A través de este análisis utilizando el enfoque de los circuitos, la interculturalidad y la incidencia política en el territorio se puede decir que el modo de producción de parcelas integrales, impulsadas por las productoras agroecológicas, es un modelo que fomentan la sostenibilidad social y ambiental, lo que garantiza el buen vivir de la familia y de las comunidades, en particular de las mujeres, las cuales históricamente ha sido vulneradas por sus derechos económicos sociales y culturales.

Las diversas formas de articulación que las organizaciones realizan para fortalecer la soberanía alimentaria y la economía solidaria, así como las prácticas interculturales han promovido los cesi. Éstos son una herramienta que fomenta la ampliación del sector económico solidario y permite aportar al buen vivir en el territorio. Esto tiene relevancia porque cuando existen modelos de producción y comercialización basados en los agronegocios como la industria lechera y florícola, encadenamientos que extraen recursos, ponen en riesgo la soberanía alimentaria y limitan la posibilidad de promover los ces.

Las diferentes formas de articulación generan flujos políticos que permiten incidir en los territorios y son fundamentales para promover los circuitos económicos solidarios en los territorios. Estos flujos políticos crean sistemas de habilitación social que posibilitan la incidencia en los entes gubernamentales y los mercados que permitirá promover mecanismos de in- tegración económicos alternativos en los territorios que fomente otro desarrollo.

CONCLUSIONES

El modo de producción de parcelas integrales impulsadas por las productoras agroecológicas fomenta la sostenibilidad social y ambiental y la comercialización asociativa, aseguran el bienestar de las familias y de las comunidades, en particular de las mujeres, las cuales históricamente han sido vulneradas por sus derechos económicos sociales y culturales.

Las diversas formas de articulación que las organizaciones realizan para fortalecer la soberanía alimentaria y la economía solidaria, han promovido los circuitos económicos solidarios interculturales, que se constituyen en un mecanismo que aporta a la integración de economías alternativas en los territorios. Esto tiene relevancia cuando existen modelos de producción y comercialización basados en los agronegocios, encadenamientos que extraen recursos y ponen en riesgo la soberanía alimentaria y limitan la posibilidad de promover los ces.

Los cesi abordan los diferentes eslabones de la cadena de valor propiciando un intercambio justo que puede ser monetario o no monetario, además genera una redistribución de los ingresos a través de los flujos económicos, culturales y políticos que genera y se revierten en beneficio de las comunidades que participan activamente en los circuitos. Los cesi aportan al desarrollo de un territorio generando trabajo, en particular, para las mujeres que han logrado ser reconocidas y valoradas a través de su autonomía y manejo de los recursos, aspecto que eleva su autoestima, lo cual les motiva a participar activamente en la definición de las políticas para el acceso y el control de los recursos en el territorio.

Las finanzas solidarias se convierten en una herramienta de soporte al modelo de producción agroecológica y fomenta una economía solidaria, en tanto que los recursos financieros están dirigidos a fortalecer la producción sostenible, un consumo solidario y permite que los recursos circulen en el territorio y aportan a su dinámica.

La economía solidaria y, en particular, los cesi forman parte de la corriente del posdesarrollo que ancla en los territorios y en la sostenibilidad social y ambiental, es decir, a la concepción de sostenibilidad fuerte, donde se promueve el decrecimiento y la disminución del consumo, lo que implica una vida sencilla en función de satisfacer las necesidades fundamentales y no los deseos de la sociedad.

El rol que juegan en la sociedad civil, en particular las mujeres del cantón Cayambe, las cuales históricamente han luchado por preservar sus saberes ancestrales, se manifiesta en la participación activa en las organizaciones agroecológicas y han disputado con los gobiernos locales espacios y recursos para promover un proyecto que favorezca la economía solidaria. Los logros alcanzados en Cayambe no son fruto de la dádiva de los gobiernos locales, sino que es un reconocimiento a la lucha que históricamente han dado las organizaciones indígenas y campesinas, en particular las mujeres.

Los circuitos promueven la solidaridad entre sus miembros, lo que implica una armonía entre comunidades y entre ellos, permitiendo consolidar el bienestar para todos en forma equitativa, fortaleciendo los vínculos sociales que dan cuenta de la posibilidad de promover economías transformadoras. De esta forma, los cesi en el cantón Cayambe se convierten en propuestas emblemáticas que colocan al ser humano y a la naturaleza como centro para garantizar la reproducción ampliada de la vida.

El trabajo en red, la articulación y la intercooperación han permitido avanzar en la autoconstitución de los cesi, los cuales han logrado incidir a favor de la aprobación de marcos normativos que beneficien sus actividades de producción y comercialización, así como su sostenibilidad como propuestas solidarias.

Considerando que la producción, la comercialización y los recursos del territorio son factores que se encuentran en disputa con los agronegocios y las grandes cadenas de comercialización que debilitan la posibilidad de construir y fomentar circuitos económicos solidaros y la agroecología que, son propuestas que nacen desde la práctica y que traen consigo un modelo esperanzador que moviliza fuerzas y recursos a favor de un proyecto que asegura la sostenibilidad de vida.

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Notas

1 El pueblo kichwa kayambi lo integran 200.000 personas que ocupan el territorio ancestral, que se extiende entre Cayambe y Pedro Moncayo, en la provincia de Pichincha; Oyacachi, en Napo; y San Pablo del Lago y González Suárez, en Imbabura. La Confederación Kayambi está conformada por 176 comunidades, 15 organizaciones de segundo grado, juntas de agua, grupos de productores, mujeres, comunas independientes y barrios de Pedro Moncayo y Cayambe.
2 Exdirector del Departamento de Desarrollo Económico del Municipio de Cayambe.
3 La comuna es una forma de organización social y económica que se basa en la propiedad colectiva; ejercen el rol de gobierno comunitario desde la emisión de la Ley de Organización y Régimen de las Comunas emitida en 1937.
4 Runa es todo lo que existe en la pacha.
5 Jatun ayllu es lo que se denomina comunidad, pero una comunidad no solo de personas, sino como una familia ampliada de seres humanos más lo que nos rodea.
6 Trueque es una forma de intercambio de bienes y servicios, es otra forma de hacer economía comunitaria.
7 Minka es lo que ahora se conoce como minga; es un sistema de trabajo comunitario en donde participan todos los miembros de la comunidad, utilizada generalmente en obras de interés de toda la comunidad.
8 El prestamano es una acción de contribución, se puede decir que es un acto recíproco, tal como se da se recibe y tal como se recibe se da. Un esclarecimiento del término se puede obtener desde las palabras de un dirigente de la comunidad de Larcachaca en una entrevista: «Aquí en la comunidad yo voy a la casa de mi vecino y le digo: mañana que preste la mano para la siembra, para la cosecha o para desyerbar […] y él viene y lo mismo hago yo con él».
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