Entrevistas
El comité editor de la Revista de Lenguas y Literatura Indoamericanas agradece profundamente el tiempo y la disposición de la maestra Ana Fernández Garay para la realización de esta entrevista. Como equipo de una revista que aborda temáticas de lenguas amerindias, creemos que estos espacios de reflexión se tornan relevantes, pues permiten acceder al conocimiento de las historias y trayectorias de vida de figuras de la lingüística indígena americana en sus momentos de formación, desarrollo, consolidación y legado.
Además, este espacio lo consideramos una forma de reconocimiento a la labor de nuestros maestros, un reconocimiento que valora profundamente la vida entregada a estas temáticas minorizadas también en la academia.
A continuación, presentamos la entrevista realizada a la profesora Fernández Garay, a quien le reiteramos los agradecimientos por aceptar esta conversación.
Año 2021, en la virtualidad, entre mayo y septiembre
1. Estimada maestra, una primera pregunta necesaria es ¿Cómo usted llegó/descubrió el ámbito de estudios de la lingüística? Podría narrar su experiencia formativa, las principales influencias, personas y teorías, de esas etapas.
Debemos considerar por un lado, las teorías lingüísticas que se difundían para la época en las universidades argentinas cuando yo inicié la carrera de Licenciatura en Letras, y por el otro, qué pasaba con el estudio de las lenguas originarias en nuestro país en el mismo momento. Al ingresar a la Universidad Nacional del Sur (UNS, Bahía Blanca), no había en el plan de estudios vigente de la carrera de Letras una materia denominada Lingüística, situación que hoy sería inadmisible. Recién se introdujo esta materia cuando se produjo un cambio de planes en 1968. En 1969 se dicta por primera vez, y la profesora a cargo fue María Beatriz Fontanella. Recuerdo que el cuatrimestre se dividió en dos partes; en la primera, se trabajó sobre la teoría estructuralista norteamericana, haciendo hincapié en el texto de Charles Hockett, titulado Curso de Lingüística Moderna (1972), traducido al español por el Dr. Jorge Suárez.
En la segunda parte, fuimos introducidos a la teoría de Noam Chomsky, quien para entonces ya había escrito Estructuras sintácticas y Aspectos de la teoría sintáctica. Era evidente la influencia que Estados Unidos ejercía sobre nuestro país, al punto de que Saussure era mencionado como un antecedente importante en lo que hacía a los estudios lingüísticos, pero no se trabajaba directamente sobre su Curso de Lingüística General. Tampoco se estudiaba en la UNS la teoría funcionalista que se había desarrollado en Praga, con la importancia que esta tuvo para el desarrollo de la Fonología y del discurso. Por supuesto que me refiero a lo que veíamos en la UNS. Desconozco lo que pasaba en otras universidades del país.
Con respecto a los estudios sobre lenguas originarias, estos no tienen una larga tradición en nuestro país. Sin embargo, en los años ‘60, se advierte un aumento progresivo en la cantidad de investigadores que se destacan por la documentación de lenguas aborígenes a través del trabajo de campo y por la rigurosidad con que analizan e interpretan los datos lingüísticos.
Salvador Bucca fue una de las figuras que iniciaron la etapa "científica" en el estudio de las lenguas aborígenes. Fue profesor de Lingüística General en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En esta universidad dirigió el Centro de Estudios Lingüísticos, hoy Instituto de Lingüística. En el instituto reunió a un grupo de investigadores dedicados a la descripción de lenguas originarias de Argentina. El mismo se ocupó del toba (guaycurú), en tanto que sus discípulas se dedicaron a las lenguas chaqueñas: Elena Najlis trabajó sobre el abipón (guaycurú) y el mataco (mataguaya), Ana Gerzenstein lo hizo sobre el chorote y el maká (mataguayas); fue ella quien me co-dirigió cuando ingresé al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) hasta que accedí al cargo de Adjunta sin Director. Otras personas que conformaron el equipo de Bucca fueron Nélida Stell, quien describió el niwaklé (mataguaya); María Teresa Viñas Urquiza, dedicada al mataco o wichí y Lidia Bruno, a la lingüística comparativa indígena. Todas trabajaron dentro del marco teórico del estructuralismo taxonómico de Bloomfield, Bloch, Trager y Hockett, aplicado con cierta flexibilidad a la descripción de las lenguas mencionadas.
Los resultados de estas investigaciones se publicaban en dos colecciones: "Cuadernos de Lingüística indígena" y "Archivo de Lenguas precolombinas", publicaciones de la UBA. La última dejó de aparecer durante diez años, desde 1984 hasta1994, momento en que inició una nueva etapa con el nombre de "Archivo de Lenguas indoamericanas", dirigida a partir de entonces por Ana Gerzenstein.
Ahora bien, la dictadura militar de 1966 interviene las universidades nacionales y desaloja violentamente los edificios de algunas facultades durante la "noche de los bastones largos". Bruno y Najlis renuncian a sus cargos docentes en la UBA, y pasan a trabajar en la Universidad del Salvador, donde la segunda continúa sus investigaciones sobre el mataco e inicia sus estudios sobre el selk’nam (lengua Chon de Tierra del Fuego).
Otro investigador de esta etapa inicial es Germán Fernández Guizzetti, quien en 1972 se doctoró en Letras en la Universidad de San Pablo. Realizó sus investigaciones en la Universidad de Rosario donde dirigió un grupo de investigadores hasta su muerte, acaecida en 1986. Su preocupación se centró en la Semántica y en la Etnolingüística. Estudió específicamente el guaraní, y también se dedicó al mapuche y al quichua santiagueño. Varios discípulos siguen sus huellas: Margot Bigot trabaja con el toba y se ocupó también del quichua santiagueño; Zulema Armatto realizó diversos estudios sobre las variedades paraguaya y correntina de la lengua guaraní.
Jorge Suárez y Emma Gregores fueron otros dos investigadores pertenecientes a esta etapa fundacional de la Lingüística aborigen y se destacaron por ser los primeros argentinos que obtuvieron un doctorado en Lingüística. Con la dirección de Charles Hockett prepararon una tesis doctoral conjunta en la Universidad de Cornell, que consistió en la descripción del guaraní coloquial (Gregores y Suárez, 1967). Además, tradujeron el Curso de Lingüística Moderna de Hockett (1972) al español, haciendo además el esfuerzo de adaptar a esta lengua los ejemplos y ejercicios de los distintos capítulos.
Emma Gregores (1927-2007), profesora de Gramática y de Teoría Lingüística en la Universidad de La Plata e Investigadora del CONICET, fundó y dirigió a partir de 1966 la Sección de Lenguas Indígenas del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Educación (CICE), adscripto al Instituto Di Tella. Realizó trabajos de campo para recoger material de la lengua tehuelche. Discípulas de esta investigadora son Perla Golbert, quien trabajó sobre el mapuche y el yagán, y Lucía Golluscio, quien se ocupó del mapuche y también del vilela. Otras discípulas son Elena Lozano, quien estudió la lengua vilela, hoy casi extinguida; Estela Biondi, quien investigó sobre una lengua no americana, el árabe, y Angelita Martínez, quien se inicia en el estudio de las variedades del español desde una perspectiva antropológica y a partir de 1989 comienza a trabajar dentro del marco teórico de la Escuela de Columbia y se doctora en la Universidad de Leiden.
Jorge Suárez fue profesor de Lingüística en las Universidades Nacionales de Buenos Aires, del Sur y de Tucumán e investigador del CONICET. A partir de 1970 desarrolló una brillante tarea como docente e investigador en lenguas indígenas en el Colegio de México y en la Universidad Nacional Autónoma, donde realizó importantes estudios sobre lenguas indígenas mexicanas y mesoamericanas. En los pocos años que trabajó en la Argentina llevó a cabo trabajos muy importantes, entre los que merece citarse la descripción del dialecto mapuche llamado "manzanero", en la que expuso las principales líneas de investigación que debían seguirse en la descripción de los dialectos de esa lengua (1988 [1958]). Asimismo, hizo valiosos aportes a la teoría y a los métodos de la Lingüística histórica. Entre sus trabajos se destacan su clasificación de las lenguas patagónico-fueguinas (1988 [1970]) y el estudio comparativo de estas con las lenguas pano-tacanas de Bolivia y Perú (1988 [1973]). Murió en 1986. Una de sus discípulas, María Beatriz Fontanella de Weinberg, quien trabajó primero sobre el mapuche, realizó posteriormente importantes estudios sociolingüísticos sobre el español hablado en la Argentina.
Debemos mencionar también a Domingo Bravo, ya fallecido, que dedicó gran parte de su larga vida a estudiar y difundir el quichua santiagueño, hablado en la provincia de Santiago del Estero. Posteriormente, Jorge R. Alderetes elaboró, en el 2001, una gramática del quichua hablado en esta provincia.
Después de esta primera generación, debemos destacar la figura de Ana Gerzenstein como una de las más importantes, no solo por su capacidad de trabajo sino también por la gente que formó durante su carrera en el CONICET y en el Instituto de Lingüística de la UBA. A partir de entonces los investigadores consagrados a las lenguas originarias han ido aumentando y hoy hay varios equipos que trabajan en distintas universidades y centros de investigación de la Argentina.
2. Desde esa primera etapa de formación a sus primeros pasos en la academia, ¿qué fue lo más difícil de afrontar y lo que le motivó a seguir adelante con su proyecto?
En realidad, yo egresé de la universidad pensando en dar clases en el secundario, salida laboral más rápida, aunque en la ciudad de Bahía Blanca había ya muchos profesores de Letras. Tampoco en la zona que rodeaba a Bahía Blanca había lugar para ejercer la profesión, por lo cual decidí viajar a Bariloche, lugar donde se había establecido gente amiga de Bahía, y me contaban que allí había posibilidades de trabajo. Así fue que, a principios de 1974, viajé a Bariloche y, no bien llegué, empecé a trabajar en colegios, sobre todo dando cursos de inglés, ya que faltaban profesores en esa área. Simultáneamente, había comenzado a pensar en especializarme en literatura. Leía mucho, y sobre todo autores pertenecientes al boom latinoamericano: García Marquez, Cortázar, Fuentes, Roa Bastos, Onetti, Carpentier, etc. Recuerdo haber comprado libros sobre estos autores con la intención de iniciar algún posgrado enfocado específicamente a autores latinoamericanos. Sin embargo, me entero de la presencia de mapuches que vivían cerca de mi domicilio. Ahora bien, yo ingreso a la carrera de Letras en el año 1966, cuando se iniciaba la dictadura militar de Onganía, que derrocó al gobierno constitucional del Dr. Arturo Illia. El plan de estudios en ese momento contaba con materias dedicadas al español, como Gramática Española y Filología Hispánica, y también a lenguas clásicas (tres cursos de Griego y tres de Latín), y la obligación de estudiar una lengua extranjera, de origen latino o de origen germánico. En el año 1968, con el cambio de planes de la carrera de Letras, aparece una nueva materia, Lingüística, como ya dije. En el año 1969 esta materia se dicta por primera vez y yo me inscribo para cursarla. Durante las clases prácticas tuvimos la posibilidad de trabajar con la lengua mapuche en el aula. La profesora había solicitado a un hablante de esta lengua (había muchos viviendo y trabajando en Bahía Blanca), que oficiara de consultante durante algunas clases, para que pudiéramos preguntarle por un listado de aproximadamente 200 palabras para que él las pronunciara en mapudungun, de modo tal que los estudiantes pudiéramos anotarlas fonéticamente mientras él las pronunciaba. A partir de este trabajo, que implicaba una práctica concreta de transcripción fonética, tuvimos que elaborar el sistema fonológico del idiolecto del hablante. Este fue el trabajo final que permitió, junto a la aprobación de dos exámenes parciales tomados a lo largo del cuatrimestre, dar por finalizado el cursado de la materia. Lingüística me permitió tomar conciencia de lo que era la estructura de una lengua.
Al acercarme a mis vecinos mapuches en Bariloche, comienzo a registrar un vocabulario en esta lengua originaria junto a un anciano bien dispuesto a responder las preguntas que yo le formulaba. Continué luego recolectando frases y oraciones que le solicitaba en español para que él las trasladara al mapudungun. A raíz de la posibilidad de trabajar esta lengua, volví a contactarme con la Dra. Fontanella, autora de un artículo muy citado sobre los afijos personales del mapudungun (1967), y ella me propone iniciar una Maestría en Lingüística bajo su dirección. Para entonces, ya casada en 1976, e iniciada la última dictadura militar en Argentina, decidimos con mi marido instalarnos en Buenos Aires, y yo comienzo a viajar para tomar los cursos de la Maestría, dictados por la misma Beatriz, quien para entonces ya había obtenido su Doctorado con una tesis sobre Sociolingüística, titulada Dinámica Social del cambio lingüístico, publicada en 1979.
Interrumpí los cursos de la maestría cuando nace mi hija Gabriela en 1979. Para entonces, el Dr. Christos Clairis es invitado por Beatriz Fontanella a dictar un seminario sobre Lenguas fueguinas en la UNS. Allí lo conozco y me propone encarar la descripción de la lengua tehuelche, prácticamente desconocida hasta el momento, salvo por algunos artículos redactados por el Dr. Jorge Suárez a partir de una recolección realizada en el período 1966-68. El proyecto me entusiasma y acepto inmediatamente. El trabajo se inicia luego de un convenio suscripto entre la Universidad Nacional del Sur y la Universidad René Descartes, Paris V, Sorbona. La responsable del proyecto por Argentina fue Beatriz Fontanella, por entonces Directora del Gabinete de Estudios Lingüísticos de la UNS, en tanto que Christos Clairis fue el responsable por la parte francesa. Rodolfo Casamiquela, docente de la UNS e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), fue el co-responsable del proyecto a cargo de los aspectos etnográficos. Otro convenio entre el Ministerio de Educación y Cultura de la Provincia de Santa Cruz y la UNS permitió la financiación del trabajo de campo en dicha provincia sureña. En setiembre de 1983 comenzó la primera etapa de la recolección del material lingüístico que finalizó a fines de junio de 1984. Otros viajes al terreno, necesarios para ampliar y controlar el material recolectado anteriormente, fueron financiados por el CONICET a través de subsidios plurianuales, por la Fundación Antorchas y por el Fondo Nacional de las Artes. La descripción de la fonología y la sintaxis de esta lengua en proceso de extinción fue realizada en base al material registrado in situ. En 1993 se presentó y defendió la tesis titulada “El tehuelche. Descripción de una lengua en vías de extinción” en la Universidad René Descartes (Paris V), la que fuera publicada en 1998 por la Universidad de Valdivia (Chile).
Me preguntas qué fue lo más difícil de afrontar durante este período. En realidad, visto a la distancia, creo que lo más complicado era dejar a mis hijos tan pequeños –el segundo, Pablo, nació en 1980 – en manos de empleadas, mientras yo viajaba de un lado a otro de la provincia de Santa Cruz recolectando el material tehuelche. Si bien volvía una semana por mes para verlos y estar con ellos al menos siete días seguidos, sabía que podía llegar a tener que quedarme si la cosa no estaba funcionando; pero finalmente se pudo terminar el proceso de registro y regresé a mi casa para iniciar el trabajo de análisis del material. Como dije antes, hubo otros viajes para revisar los análisis llevados a cabo, y para continuar con la desgrabación de los materiales recogidos por Suárez (Fernández Garay, 2006) u otros investigadores, como por ejemplo, Robert Lehmann Nitsche (Fernández Garay, 2009).
3. Si tuviera que dividir en partes su trayectoria académica, ¿Cuántos capítulos tendría y cuáles serían sus títulos y contenidos?
La dividiría en dos partes. La primera tendría que ver con mi formación y mis intereses al iniciar mi carrera universitaria. Podría llamarla El inicio del camino. En este capítulo contaría por qué ingresé a la Licenciatura en Letras y cómo fui tomando un rumbo diferente al que había soñado al comienzo, cuando tenía en claro que la literatura era aquello a lo que quería dedicarme. La literatura sigue siendo aún hoy día un gusto y un placer del que disfruto en mis horas libres. Sin embargo, fue Lingüística, la materia que cursé en 1969, la que me hizo tomar conciencia de que este tipo de estudios era lo más científico que podíamos encontrar en el currículo de nuestra carrera. Esta etapa culminaría en el momento en que decido registrar un corpus de mapudungun en Bariloche y en la Línea Sur de Río Negro, para realizar una Maestría en Lingüística en la UNS con la dirección de Beatriz Fontanella. Es entonces que se inicia la segunda parte, que llamaría La Lingüística aborigen. En 1980 acepto participar en el proyecto de recuperación del tehuelche, y paso diez meses en la provincia de Santa Cruz (de setiembre del 1983 a julio de 1984) registrando material lingüístico en distintos lugares, donde habitaban grupos que aún hablaban el tehuelche. Entre 1985 y 1986 presento la tesina para obtener el Diplôme d’Etudes Approfondies de Linguistique en Paris V, Sorbonne, y me inscribo en el Doctorado en la misma universidad. Regreso a la Argentina, e ingreso como investigadora del CONICET en 1988, a la vez que continúo con la escritura de la tesis doctoral. En 1993 viajo nuevamente a Francia con una beca externa del CONICET y defiendo la tesis ante un tribunal conformado por André Martinet, Fernand Bentolila, Christos Clairis, Jean Michel Builles y el fonólogo canadiense Pierre Martin. Regreso a mi país, y continúo mis investigaciones en tehuelche y ranquel (dialecto del mapudungun de la Pcia. de La Pampa). En 1997 ingreso como Profesora Titular de Gramática III (Semántica) en la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam) y luego paso a dictar Lingüística General además de Sociolingüística.
4. ¿Qué ha sido lo más desafiante y lo más satisfactorio que ha vivido a lo largo de su trayectoria académica?
Lo más desafiante fue el pasar diez meses en Santa Cruz, alejada de mi familia. Desgraciadamente, las mujeres sentimos mucha culpa cuando “abandonamos” a nuestros hijos para ir a trabajar. No fue fácil. Recuerdo que en cada viaje que hacía para visitarlos, tenía la sensación de que no iba a poder regresar al campo para continuar con el registro de los materiales. Esto pesó mucho durante toda la campaña, sobre todo los días en que por alguna razón no trabajábamos con los consultantes. Esas horas solían usarse para revisar las cintas y las transcripciones fonéticas, leer sobre aspectos históricos y etnográficos del pueblo tehuelche, llevar el diario de campo con las actividades realizadas, los materiales registrados, etc., e incluso visitar alguna familia en busca de hablantes que recordaran su lengua materna. De todos modos, había momentos en que no había mucho que hacer y los llenaba escribiendo cartas a la familia, agregando narraciones para mis hijos, especialmente historias narradas por los tehuelches, en las que los personajes eran animales propios de la Patagonia. No siempre había teléfonos públicos para comunicarme con ellos, ni un correo cerca para despachar las cartas.
Sin embargo, lo más satisfactorio desde lo académico, fue siempre el trabajo de campo. Convivir con los tehuelches, con los ranqueles o los wichí, pasar horas tomando nota de cada uno de sus enunciados, preguntando por distintos lexemas, conversando sobre temas relacionados a su vida pasada, a sus padres y abuelos, a distintos aspectos culturales, etc., era sumamente interesante. Descubrir el valor de algún morfema o escuchar de labios de los consultantes los mitos, las historias familiares y las costumbres antiguas, se transformaba en algo sumamente fascinante, pues uno se sumergía en un mundo tan diferente al conocido, que permitía tomar conciencia de la relatividad de nuestra cultura. Siempre preferí el trabajo de campo al trabajo en gabinete, solitario y hasta cierto punto monótono.
5. ¿Cómo ha visto el desarrollo y la evolución de los estudios lingüísticos desde sus inicios hasta hoy?
Por otro lado, creo que esta corriente es muy interesante ya que, a diferencia del Funcionalismo francés, que consideraba que las lenguas son tan distintas entre sí que es necesario utilizar terminologías apropiadas y diferentes para nombrar las distintas clases de cada lengua, con el objeto de evitar comparaciones confusas, la tipología está preocupada por las similitudes que existen entre ellas, apuntando a los universales del lenguaje desde lo empírico, es decir, partiendo del análisis de un importante número de lenguas para establecer sus características tipológicas. Además, los estudios tipológicos han avanzado en la descripción de las distintas construcciones morfosintácticas de las lenguas del mundo, dando ideas muy interesantes a los lingüistas de campo para ayudarlos en el análisis de las lenguas de las que se ocupan.
El primer modelo que yo manejé fue el propuesto por el estructuralismo norteamericano, que estaba en vigencia cuando ingresé la universidad. Mis primeros trabajos siguieron los planteos teóricos de Henry Gleason y Charles Hockett
A partir del momento en que formo parte del proyecto de recuperación del tehuelche,
dirigido por Clairis, comencé a introducirme en la teoría funcionalista de André Martinet, quien, como todos saben, fue uno de los pilares fundamentales de los desarrollos lingüísticos del siglo XX, destacándose por el principio de la doble articulación de la lengua, característica que la diferencia de cualquier otro sistema de comunicación (Martinet, 1985: 27). Fue un continuador de los principios teóricos de Saussure, especialmente de su concepto de signo, y de Nikolás Troubetzkoy, perteneciente a la Escuela de Praga, quien incluye los sonidos dentro del estudio de la lengua, ya que desde la antigüedad la reflexión lingüística se fundaba en los textos escritos. Evidentemente, el desarrollo de la fonética como ciencia durante el siglo XIX, es lo que va a permitir el salto cualitativo que se da a comienzos del siglo XX con la aparición de la fonología. Martinet funda el Funcionalismo francés, teoría que parte del dato empírico, es decir de la lengua en uso, y no de una lengua ideal, homogénea, tal como la concebía Saussure, dando inicio desde esta postura a los estudios sobre la variación en sincronía o sincronía dinámica, como la llama Martinet (1975, 1989), al plantear que la lengua funciona como una estructura múltiple en sincronía y que la variación es inherente a la lengua. Es esta variación permanente lo que asegura el cambio lingüístico, es decir, su evolución. Por otro lado, recordemos que la tesis doctoral de Uriel Weinreich, denominada Languages in contact (1953), fue dirigida por el mismo Martinet en la Universidad de Columbia, durante su exilio en Norteamérica, mientras Europa se hallaba en guerra contra el nazismo.
Finalizada mi tesis, continué trabajando dentro del funcionalismo francés. Sin embargo, empecé a tomar conciencia de que la terminología empleada por Martinet era prácticamente desconocida (el morfema era denominado monema por las diferencias que este autor veía con respecto al morfema norteamericano. Otros términos que generaban incomprensión eran sintema[1], parasintema[2], etc., razón por la cual decidí aceptar la terminología que proponía la lingüística tipológica. En 2005 fui invitada por la Sección Lingüística del Instituto Max Plank de Antropología Evolutiva, dirigida por del Dr. Bernard Comrie, en Leipzig, Alemania, para realizar una estadía de investigación durante un año. Pude llevarla a cabo a lo largo de tres años, dada la imposibilidad de abandonar tareas de docencia en la Universidad de La Pampa: de octubre a diciembre del 2005, de octubre a diciembre del 2006, y de octubre a diciembre de 2008. Desde el primer viaje comencé a emplear la terminología general que aceptaba el Max Plank, y que permitía una mejor comprensión entre los investigadores que trabajaban en distintas teorías, cada una con su manera de recortar y nombrar la realidad de las lenguas.
Por otro lado, creo que esta corriente es muy interesante ya que, a diferencia del Funcionalismo francés, que consideraba que las lenguas son tan distintas entre sí que es necesario utilizar terminologías apropiadas y diferentes para nombrar las distintas clases de cada lengua, con el objeto de evitar comparaciones confusas, la tipología está preocupada por las similitudes que existen entre ellas, apuntando a los universales del lenguaje desde lo empírico, es decir, partiendo del análisis de un importante número de lenguas para establecer sus características tipológicas. Además, los estudios tipológicos han avanzado en la descripción de las distintas construcciones morfosintácticas de las lenguas del mundo, dando ideas muy interesantes a los lingüistas de campo para ayudarlos en el análisis de las lenguas de las que se ocupan.
6. ¿Cuál es, a su juicio, la importancia de los estudios de las lenguas indoamericanas?
Creo que el estudio de las lenguas indígenas americanas es un campo muy poco explorado, ya que hasta finales del siglo XIX había un gran prejuicio hacia estos grupos étnicos de parte de los países centrales, es decir, Estados Unidos y Europa. Siempre se consideró a los grupos étnicos americanos como “indios” porque Colón creyó haber llegado a la India, y luego ese término se convirtió en sinónimo de “salvaje”, “bruto”, etc. Aun en el siglo XX, y hasta el día de hoy, encontramos actitudes negativas de los descendientes de europeos hacia estos pueblos, no solo en lo que refiere a su cultura, a su historia, a su arte, sino también hacia sus lenguas, llamadas despectivamente “dialectos”, porque consideran que no sirven como lenguas de comunicación tal como las de los países hegemónicos. Además, España inició rápidamente un proceso de castellanización en sus colonias, lo que generó que muchas lenguas fueran perdiéndose a lo largo de los siglos. Asimismo, a partir de la segunda mitad del siglo XX, el proceso de globalización, con la creciente comunicación e interdependencia de los diferentes países, llevó a la gente a dejar de lado las lenguas minoritarias para hablar las de mayor difusión, que los pone en contacto con el resto del mundo. Por otro lado, los lingüistas fuimos tomando conciencia de que las lenguas mayoritarias contaban con muchísimos estudios. Tal es el caso del español, cuya primera gramática fue redactada por Antonio de Nebrija en 1492, y desde entonces tiene muchos estudiosos no solo en España sino también en todos los países de habla hispana, abocados a la observación y análisis de sus estructuras morfosintácticas, léxicas, fonético-fonológicas y discursivas.
Todo esto llevó a que a partir del siglo XX surgieran lentamente algunos lingüistas que comenzaron a ocuparse de las lenguas originarias. Las pocas descripciones realizadas con anterioridad, tenían como finalidad la catequización de los pueblos originarios. Ahora, en cambio, ya se las estudiaba porque las nuevas corrientes lingüísticas exigían ampliar el conocimiento de las lenguas particulares para avanzar en los desarrollos teóricos de los universales del lenguaje.
Por otro lado, hubo un cambio radical en las políticas llevadas adelante hacia las comunidades originarias. En la Argentina, a fines del siglo XX, carecían prácticamente de derechos. Sin embargo, en 1994, con la reforma constitucional ocurrida durante el gobierno de Carlos Menem, se les otorgan todos los derechos, incluso el de una educación bilingüe e intercultural. Esto generó que los estudios descriptivos que fueron realizados por los lingüistas se difundieran a través de manuales para la enseñanza de la lecto-escritura de las lenguas originarias, ahora obligatoriamente incluidas en los currículos escolares en aquellas provincias donde hay población originaria. Además, esta situación dio lugar al estudio de aquellas lenguas que nunca habían sido investigadas pero que debían ser descriptas para poder ser enseñadas en el ámbito escolar.
7. ¿Cómo ve el desarrollo de los estudios sobre lenguas indoamericanas, en la actualidad, en Argentina?
Si uno mira hacia atrás, evidentemente ha habido un avance importantísimo de los Estudios de las lenguas indoamericanas. Creo que fue Michael Krauss quien dijo que cien lingüistas, trabajando durante cien años en una misma lengua no pueden dar cuenta de su complejidad. Por ello, es claro que han de ser muchos los lingüistas que se ocupen de una lengua originaria para lograr describirla de la manera más acabada posible, aunque somos concientes de que las lenguas son dinámicas y que van modificándose de manera permanente. Ahora bien, es importante que los jóvenes que quieren formarse como lingüistas de campo, cuenten con los fondos necesarios para viajar a registrar las lenguas a las que quieren dedicarse. El CONICET, institución que otorga becas a jóvenes que intentan iniciar un doctorado, redujo el número de becas durante la administración neoliberal de Macri, así como los subsidios a la investigación. Y a partir del 2020, la pandemia ha impedido una recuperación del área científica. De todos modos, los estudios de estas lenguas han avanzado muchísimo, al punto de que, en la Asociación Lingüística de Filología de América Latina, por ejemplo, los investigadores que se ocupan de estas lenguas han aumentado y son una gran proporción de los que asisten a los congresos. Recuerdo que en 1987, cuando se hizo el VIII Congreso Internacional de ALFAL en Tucumán, los dedicados a lenguas originarias no pasábamos de ser una docena de personas.
El gran tema que se escuchaba durante el Congreso era el de la norma lingüística del español. Se notaba la poca importancia que los que se ocupaban al español y al portugués nos daban a los de lenguas originarias, ya que nos distribuían entre las mesas donde se discutía de Fonología o Morfosintaxis, en lugar de armar un solo grupo con los que se dedicaban a estas lenguas, impidiendo de este modo la discusión entre los que investigaban lenguas de la misma familia, o lenguas en contacto.
8. ¿Qué es, a su juicio, lo que falta por hacer en el área de las lenguas indoamericanas?
Creo que falta mucho. Si el español lleva cinco siglos de estudios y sigue investigándose con la misma energía y vigor, creo que lo mismo debe hacerse con las lenguas que hoy son habladas por los distintos grupos originarios. Pienso que lo que falta por hacer es mucho. En principio describir TODAS las lenguas que aún quedan por describir, no solo las que aún se hablan, sino también las que han sido documentadas pero carecen de hablantes al día de hoy. Y revisar las ya descriptas. El selknam fue descripto por Najlis (1973), pero su trabajo es muy elemental y la lengua se analizó siguiendo el modelo de una gramática generativa, que además no es claramente explicada por la autora. Debería además, profundizarse el análisis de muchas de estas lenguas que han sido parcialmente estudiadas. Por otro lado, es necesario revisar las relaciones genéticas, y ver qué pasa con aquellas que son consideradas aisladas. Cuanto mayor sea el trabajo descriptivo, más se podrá profundizar el tema de las relaciones genéticas. Creo que la tarea que resta es enorme y ardua.
9. ¿Qué piensa sobre los procesos de desplazamiento que actualmente experimentan diversas lenguas indígenas americanas?
Entiendo que los desplazamientos de lenguas han ocurrido desde siempre en la historia de la humanidad. Mucho se ha escrito sobre la muerte de lenguas. Y en América es sabido que las políticas coloniales actuaron en contra de las lenguas americanas. Hagège (2002) habla de lingüicidio. Muchas desaparecieron sin dejar rastros, ya que la mayoría de dichas lenguas eran ágrafas. Otras se mezclaron con las lenguas de los colonizadores, generando criollos, y otras simplemente sobrevivieron por la resistencia ofrecida por los pueblos que las hablaban.
Hoy, el retroceso de las lenguas originarias se debe a la presión de la globalización. Los jóvenes prefieren hablar las lenguas mayoritarias para comunicarse con el mundo. Y este deseo es generalizado. No me parece bien, pues deberíamos cuidar la diversidad, así como los científicos se ocupan de preservar el medio ambiente o de cuidar los animales que se están extinguiendo. Preservar la diversidad lingüística es cuidar las cosmovisiones que entrañan las distintas lenguas, es decir, los modos de ver el mundo de las comunidades que las hablan.
10. Finalmente, cuáles son las 5-7 palabras claves que definen a la maestra, lingüista, Ana Fernández Garay.
Es difícil hablar de uno mismo. Mejor dejo este trabajo para los que me conocieron en mis distintas actividades, como investigadora, como docente y como formadora de lingüistas. En la Universidad Nacional de La Pampa siempre invitaba a los estudiantes de los primeros años a incorporarse a mi equipo de investigación para que se iniciaran en las tareas del lingüista de campo, y ya desde el grado comenzaban a escribir algún trabajo para llevar a congresos o jornadas. Algunos de ellos hoy están dando clases a nivel universitario y llegaron a concluir sus estudios de posgrado. Creo que esta es una de las tareas de los profesores que nos dedicamos a una labor tan compleja como son las lenguas originarias. Invitar a los jóvenes estudiantes a hacer trabajo de campo para que se entusiasmen ya que esto los pone en contacto con lenguas y culturas muy diferentes a las propias, con el fin de preservar la diversidad de lenguas y de evitar el peligro de su extinción.
Bibliografía
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---------------------------, 2009, Los Textos tehuelches de Robert Lehmann-Nitsche (1905), Languages of the World / Text collections. Lincom Europa, München.
Fontanella, M. B. (1967). “Componential analysis of personal affixes in Araucanian”. IJAL, 33( 4), pp. 305-308.
Fontanella, M. B., Dinámica Social del cambio lingüístico, México, UNAM, 1979
Gleason, Henry, 1975, Introducción a la Lingüística descriptiva, Edit. Gredos, España.
Gregores, Emma & Suárez, Jorge, 1967, A description of colloquial Guaraní, Janua Linguarum, Series Practical, XXVII The Hague, Paris: Mouton & Co.
Hagège, Claude, No a la muerte de lenguas, Paidos, Barcelona, España, 2002.
Hockett, Charles, 1972, Curso de Lingüística Moderna, Buenos Aires, EUDEBA.
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Weinreich, Uriel, 1953, Languages in contact, findings and problems. New York, Linguistic Circle of New York.
Notas

