

Artículos
EL USO DEL MIXTECO Y EL ESPAÑOL POR MIGRANTES MIXTECOS EN UNA COLONIA DE LA CIUDAD DE ENSENADA, BAJA CALIFORNIA
THE USE OF MIXTEC AND SPANISH BY MIXTECS MIGRANTS IN A NEIGHBORHOOD OF THE CITY OF ENSENADA, BAJA CALIFORNIA
Revista de Lenguas y Literatura Indoamericanas
Universidad de La Frontera, Chile
ISSN-e: 2735-6612
Periodicidad: Anual
vol. 23, núm. 1, 2021
Recepción: 01 Junio 2021
Aprobación: 22 Agosto 2022
Resumen:
En la península de Baja California, los estudios sociolingüísticos son exiguos, particularmente hacia las lenguas indígenas. El mixteco, lengua indígena predominante en la región, presenta poca descripción que permita conocer las dinámicas sociolingüísticas en las que está inmersa. Debido a esta situación, el presente trabajo tiene como objetivo caracterizar el uso de la lengua mixteca y el español en un grupo de migrantes en la colonia las Flores de la ciudad de Ensenada, Baja California. A partir de la propuesta teórica y metodológica de Terborg y García (2011a, 2011b), analizamos el uso del mixteco y el español, a través de la aplicación de un cuestionario a un subconjunto de la población de la colonia Las Flores (. = 117) junto con el análisis que proponen dichos autores. Uno de los resultados relevantes es que los niños y adolescentes presentan un grado alto de vitalidad, pero es notorio que los adultos ya no están transmitiendo totalmente su lengua nativa a las nuevas generaciones.
Palabras clave: sociolingüística, facilidad compartida, mixteco, Ensenada.
Abstract:
In the Baja California peninsula, sociolinguistic studies are meager, particularly towards indigenous languages. Mixtec, the predominant indigenous language in the region, presents little description that allows us to know the sociolinguistic dynamics in which it is immersed. Due to this situation, the present work aims to characterize the use of the Mixtec and Spanish language in a group of migrants in the Las Flores neighborhood of the city of Ensenada, Baja California. Based on the theoretical and methodological proposal of Terborg and García (2011a, 2011b), we analyze the use of Mixtec and Spanish, through the application of a questionnaire to a subset of the population of the Las Flores neighborhood (. = 117) together with the analysis proposed by these authors. One of the relevant results is that children and adolescents present a high degree of vitality, but it is notable that adults are no longer fully transmitting their native language to new generations.
Keywords: Sociolinguistics, shared easiness, Mixtec, Ensenada.
1. Introducción
La perspectiva sociolingüística del análisis de las lenguas indígenas de México cobra importancia a razón de la acelerada pérdida de los idiomas vernáculos, lo que a su vez, da lugar a la desaparición de la diversidad lingüística y cultural (León Portilla, 2004; Hagége, 2002; Crystal, 2000; Terborg, 2006). Uno de los procesos que da lugar al debilitamiento en el uso de las lenguas indígenas en México es el hecho que, por condiciones sociales, económicas e incluso, de seguridad, parte de su población ve la necesidad de migrar de su lugar de origen. Esto tiene un fuerte impacto en la vitalidad de estas lenguas debido a que la transmisión, a segundas o terceras generaciones, se ve obstaculizada (Neri, 2011; Velázquez, 2011, Barragán, 2006; Pfeiler, 1997; Sánchez Arroba, 2009; Terborg, 2006).
En algunos contextos como el de las colonias de migración indígena mixteca en la ciudad de Ensenada, Baja California (B.C.), suceden procesos de contacto entre el español y el mixteco, también conocido como tu’un savi. Reportar este fenómeno sociolingüístico aporta en la comprensión de la vitalidad de esta lengua indígena, dadas las características sociales y de migración en la cual se encuentra.
Este trabajo presenta como objetivo medular caracterizar el uso del mixteco, así como del español entre los propios hablantes que habitan la colonia Las Flores, Ensenada. En consonancia, las preguntas que guían el estudio son las siguientes: (i) ¿qué lengua usan los migrantes mixtecos, según las variables de género y edad? y (ii) ¿en qué lengua hablan los hablantes de mixteco y español hacia los otros miembros de su comunidad? Para responder a estos planteamientos, el trabajo sigue la siguiente estructura: en la siguiente sección se desarrollan los antecedentes de los estudios sobre facilidad compartida que ayudan a enmarcar la metodología y teoría de la presente investigación; le sigue el desarrollo del marco teórico en donde se desarrolla el concepto de ecología de presiones, facilidad compartida, y se describe la estrategia metodología que se desprende de esta teoría. La exposición de los datos y los resultados inicia con un primer acercamiento general. Se continúa con la manera en que los datos nos ayudan a responder a las preguntas pivote de este estudio. Primero, se exploran los resultados de la facilidad compartida para mixteco y luego para español, con lo que se enfatizan aquellos contrastes relevantes que surgen entre los subconjuntos de edad y género. Le sigue a esta exposición los resultados obtenidos sobre los juicios de habla entre las distintas generaciones. Con lo anterior, se dan por contestadas las preguntas y se cierra el artículo con un breve espacio de conclusiones y trabajo futuro.
1. Estudios de facilidad compartida
El presente análisis se añade al conjunto de estudios sociolingüísticos de las lenguas indígenas en Baja California. En particular, llama la atención los pocos trabajos sobre las lenguas indígenas en contexto rurales en esta península. El estudio más próximo, temporal y geográficamente, con una perspectiva teórica y metodológica similar, es el de Sánchez y Rojas-Berscia (2016), quienes analizaron la vitalidad del paipai en la comunidad de Santa Catarina, Ensenada, Baja California. En estos estudios, se exhibe una tendencia hacia el poco mantenimiento y la nula transmisión intergeneracional de esta lengua de la familia yumana-cochimí.
En la misma línea teórica, aunque un poco más alejados de la región, se encuentra el trabajo de Rico (2011), quien presenta el caso del p’urhépecha en Santa Fe de la Laguna, Michoacán. En su trabajo, se tratan también problemáticas del mantenimiento y desplazamiento de lenguas, aunque en su caso, esta lengua goza de vitalidad en la comunidad referida, y su convivencia con el español no le afecta negativamente.
Por su parte, Trujillo (2012) estudió la vitalidad del ayuk o mixe en tres comunidades del estado de Oaxaca: Tamazualapam del Espíritu Santo, San Lucas Camotlán y San Juan Guichicovi. Los habitantes mixes consideran a su lengua como parte de su propio ser y como grupo étnico han emprendido una resistencia tenaz para defender sus derechos. De allí que el mantenimiento de su lengua y la resistencia cultural constituyen modelos para la vitalidad del idioma mixe.
Una aportación más surge en Terborg y Velázquez (2005). Estos autores encuentran que, sin el afán de cuestionar los beneficios de aprender una lengua extranjera, la enseñanza de idiomas extranjeros trae efectos negativos, sobre todo, hacia las lenguas indígenas en una ecología lingüística. Esto debido a que se crean nuevos intereses e ideologías. Ilustran esta situación con el maya yucateco en las comunidades de Xocen, Yucatán y con el otomí en San Cristóbal Huichochitlán, en donde observaron que los hablantes piensan que aprender maya es rápido, mientras que el inglés es difícil y requiere tiempo, aunque al mismo tiempo, se expresa admiración por el inglés y se desea que los hijos hablen bien español.
Sima y Perales (2016) analizan el contexto de la colonia San Marcos Nocoh de la ciudad de Mérida. Encuentran que la lengua maya es usada por hablantes adultos y de la tercera edad, y que a pesar de que existen diversos usos y funciones del idioma vigentes, hay poca trasmisión intergeneracional. Esta situación, describen los autores, se debe a que sólo algunos hijos y nietos declararon ser hablantes del idioma, lo que sugiere el desplazamiento del maya yucateco. A partir de los antecedentes descritos y las perspectivas teóricas y metodológicas que delinean, el presente estudio analiza la situación sociolingüística del mixteco en la colonia Las Flores, Ensenada para detectar en qué proceso se encuentra el idioma por parte de sus hablantes.
2. Marco teórico
Hablar del uso y vitalismo de varias lenguas en convivencia conduce a plantear una relación con el desplazamiento de algunas de las lenguas involucradas (Fishman, 1979; García y Terborg, 2011; Rico, 2011). Para ello, es necesario observar las relaciones psicosociales que mueven la competencia a nivel individual y colectivo, es decir, que inciden en el seguir o dejar de usar un idioma a partir de intereses internos o externos. Aunque distintos trabajos sociolingüísticos han abordado el tema, para resolver esta cuestión, se sigue el planteamiento de ecología de presiones propuesto por Terborg (2006). Desde esta perspectiva, las acciones que preceden y condicionan el uso de una lengua, así como su mantenimiento, están enraizadas en presiones. Éstas se definen como el impulso que “un individuo o grupo siente para actuar de una manera determinada o, en su caso, para evitar algún acto. Se considera la acción humana siempre como el producto de alguna presión” (Terborg y García, 2011a: 36). Las presiones dan lugar a actividades que afectan la vitalidad de las lenguas; los hablantes son movidos, de manera consciente o inconsciente, a mantener, reforzar o desplazar su lengua.
En el modelo de Terborg (2006), las presiones emergen en el momento en que los individuos necesitan usar algún código que les permita comunicarse de manera exitosa. Sin embargo, para clarificar el éxito, es necesario entender primero el fracaso de los eventos comunicativos. Según Terborg y García (2011a) en términos generales se distinguen dos niveles de fracaso en los intercambios comunicativos:
A. El mensaje no es inteligible o es parcialmente incomprensible.
B. El mensaje es comprensible para todos los participantes, pero no es aceptado por todos.
Así, la presencia de dos o más lenguas en una comunidad propicia la generación de estos niveles en la interacción cotidiana. Por ejemplo, en la relación del mixteco con el español de la colonia las Flores se genera un convenio silencioso entre los participantes juveniles para la comunicación en una lengua. El mixteco se usa, pero en espacios delimitados, condicionado a valores coherentes con ideologías que regulan la convivencia general. En concreto, el español se piensa útil en la tienda, mientras que el mixteco lo es en hogar. Esto es ejemplo del nivel B de fracaso comunicativo. Frente a este, el nivel A lo podemos encontrar en el mismo hogar, en donde padres y abuelos no pueden comunicarse en mixteco con sus hijos o nietos, por lo que se opta por el español. Esta decisión o preferencia por una opción, no se da ausente de influencias. Precisamente, son las precisiones las que, o motivan el uso de una lengua “más accesible” como el español, o refuerzan y empujan el uso del mixteco, buscando salvar por cualquier medio el fracaso comunicativo.
La tendencia de uso de los hablantes sobre algún idioma entre varios se conceptualiza en este modelo como facilidad compartida (Terborg y García, 2011a). Dicho concepto surge de las presiones que experimentan los hablantes para favorecer un idioma y desplazar a otro en las interacciones comunicativas dadas en distintos espacios. Si en la comunidad el español tiene mayor uso que una lengua indígena o viceversa, estamos ante la máxima facilidad compartida de los hablantes. En otras palabras, las presiones dirigen la decisión de los hablantes por preferir alguna lengua sobre otra; pueden existir escenarios en donde la facilidad compartida sea equilibrada; en otros escenarios, una de las lenguas alcanza la máxima facilidad compartida, lo que implica que esa lengua tiene mayores presiones a su favor para ser la preferida en intercambios comunicativos. Por lo general, en un escenario así, las otras lenguas son desplazadas por presiones negativas. Sin embargo, esto debe ser analizado en cada caso.
3. El mixteco y Baja California
El lugar de origen del idioma mixteco comprende el territorio de Oaxaca, Puebla y Guerrero, en México. La palabra mixteco proviene del náhuatl; la raíz mix significa ‘nube’ y la terminación teco significa ‘dueño de’. Las personas mixtecas son popularmente identificadas como ‘gente de la nube’. Otra versión para el significado de mixteco es la que aporta la VE’E TU’UN SAVI “Academia de la lengua Mixteca” (2007) que menciona que mixteco significa: ‘Pueblo de la Lluvia’, cuya autodenominación es tu’un savi.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, (INEGI, 2020) existe una población indígena mixteca de 21,239 hablantes distribuidos en los cinco municipios de Baja California: Tijuana, Ensenada (poblados de Maneadero, Buenavista y el Valle de San Quintín en la Costa Pacifico) y Mexicali. El municipio de Ensenada tiene una población cercana a los 466,814 habitantes. Está compuesto por diversas delegaciones en donde una de ellas, la cual recibe el mismo nombre que el municipio, es la tercera urbe más poblada de Baja California. Otras delegaciones han desarrollado campos de cultivo que atraen a muchos trabajadores agrícolas de origen indígena, por nombrar algunas, se encuentran los valles en San Quintín, Ojos Negros y San Vicente.

Cercanas a la ciudad y puerto de Ensenada se encuentran diversas colonias de población indígena. Una de ellas corresponde a Maneadero, poblado que forma parte de la zona metropolitana de esta ciudad. En esta delegación, se localiza la colonia Las Flores, cuya población está conformada por 642 habitantes, entre los cuales, 331 son varones y 311 mujeres. Una de las principales razones por las que se decidió realizar el estudio en esta colonia fue su perfil lingüístico, predominantemente mixteco. Para la exploración de las presiones y la facilidad compartida se utilizó el cuestionario de vitalidad lingüística propuesto por García y Terborg (2011). En la siguiente sección se abordará la estructura de este instrumento y el método para el análisis de los datos obtenidos.
4. Marco metodológico
Los datos del presente estudio se levantaron a través del cuestionario diseñado por García y Terborg (2011); Terborg y García (2011b) el cual puede ser consultado en los Anexos. El instrumento está dividido en cinco secciones generales, mismas que se subdividen en otras más breves. El cuestionario indaga sobre datos generales del informante, las lenguas que usa, con quienes habla dichas lenguas, en dónde y con quién emplea el idioma, la escolaridad y formación del hablante, lugares en los que ha ido a trabajar y frecuencia.
El método, a través de este cuestionario, ofrece la ventaja de que pueda entrevistarse a un sólo informante; éste puede proporcionar los datos que corresponden al resto de los hablantes, miembros de su familia. Esta estrategia indirecta puede ser consultada también en Rico (2011) y Neri (2011).
El número de cuestionarios obtenidos, tanto de manera directa como indirecta, fue de 117. Todos los hablantes son bilingües de español y mixteco. Se debe acotar que este método parte de una muestra no probabilística, a razón de la disponibilidad de los hablantes e interés de participar en la investigación.
El levantamiento de los cuestionarios se realizó de la siguiente manera: una vez que se determinó la colonia a estudiar, se acudió a ella en compañía de los autores del estudio y se preguntó en las casas en qué hogares hablaban el mixteco. Posteriormente, se les solicitó a los informantes si accedían a contestar el cuestionario, en caso de que su respuesta fuera positiva, se procedió a la aplicación de las preguntas. Debido a la brevedad de las secciones del cuestionario, el tiempo estimado por cada aplicación osciló entre 10 y 15 minutos.
De acuerdo con García y Terborg (2011) no hay una forma absoluta de dividir los grupos etarios para este tipo de estudio. La división se realiza a partir de las necesidades de cada investigación. En García y Terborg (2011), un grupo etario corresponde de los 19 a los 60 años. En el presente estudio se concluyó pertinente realizar una división más fina, lo que que nos permitiría identificar cambios sutiles al momento de trazar la facilidad compartida. Los grupos resultantes que proponemos son: menores de 10 años, adolescentes (11 a 18 años), jóvenes cercanos a la adolescencia (19 a 25), jóvenes mayores (26 a 45) y adultos cercanos a los ancianos (46 a 65).
El análisis se desarrolla entre lo cuantitativo y lo cualitativo. Debido al tipo de muestra, no se pueden realizar generalizaciones de corte estadístico-inferencial, pero pueden ayudar a entender las respuestas capturadas en las distintas secciones del cuestionario. En particular, la medida que nos importa para la caracterización del mixteco y el español, es la facilidad compartida (FC). Esta medida se obtiene a partir de una pregunta del cuestionario (pregunta 4a, ver Anexo) y se abstrae con una fórmula matemática propuesta por Terborg y García (2011b). El cálculo se realiza, primero, de manera general, contrastando las respuestas para español y mixteco (n=117); y luego, se divide la muestra en subconjuntos a partir del género y la edad obtenida en el cuestionario. Para cada uno de estos cálculos se utiliza la siguiente fórmula.

Las respuestas que funcionan como base para el cálculo están representadas con Sí (B), Poco (P), Entiende (E) No (N). Cada respuesta se pondera, de acuerdo con lo que se observa en la fórmula, de la siguiente manera: B se multiplica por 3, P por 2, E por 1 y N por 0. Luego se divide la suma de los resultados entre el total T (el número total de los informantes), posteriormente se multiplica por 3. Lo que resulta es un valor entre 0 y 1 que se multiplica por 100 y se obtiene la medida de la facilidad compartida. El procedimiento nos otorgó una base de análisis que se complementó con el segundo momento del estudio. En este se utilizaron otras secciones del cuestionario, así como una distribución etaria más apegada a los planteamientos del método de Terborg y García (2011a). Esto se debe a que pretendíamos contestar al segundo planteamiento propuesto ¿en qué lengua hablan los hablantes de mixteco y español hacia los otros miembros del escenario? Con esto, se deja de lado la variable sociodemográfica para poner atención a la relación entre la lengua y los miembros. Por consiguiente, se siguió con la división general propuesta en el modelo: niños, adolescentes, adultos y ancianos. Cabe señalarse que estos grupos eran los que se les preguntaban a los propios hablantes, por lo que debían ser cortes intuitivos que permitieran ser asociados a las etapas de desarrollo del ser humano; sin embargo, una incógnita que quedará para posteriores exploraciones es si estos grupos reciben distintas denominaciones de acuerdo con la lengua y si, de hecho, esta distinción es relevante para un estudio de este tipo.
5. Descripción general de los datos
Dadas las características de la obtención de los datos, podemos realizar esta primera aproximación descriptiva. Primero que nada, la división por género luce de la siguiente manera. De los 117 hablantes registrados, 53 (45.30%) son hombres y 64 (54.70%) son mujeres. Los grupos etarios se distribuyen de la manera en que se muestra en la siguiente tabla:

Como puede notarse, se logró registrar muy pocos hablantes de los grupos menos o igual a 10 (4 registros), así como mayores de 66 (2 registros). Esto, como se mencionó, limitado a la manera voluntaria de realizar los registros de los cuestionarios, por lo que se deberá tener cuidado con la interpretación de estos grupos extremos. No obstante, de los otros grupos, tenemos un número más equitativo (alrededor de 20 por grupo), siendo el grupo de 26 a 45 años en el que se tienen la mayor cantidad de observaciones (52 registros).
Si cruzamos el género con la edad con ánimos de empezar a delinear la respuesta al primer planteamiento de esta investigación, tendremos la distribución que se observa en la tabla 2.

Para cada uno de estos conjuntos se analizará la facilidad compartida y se comparará entre las dos lenguas. Esto se desarrolla en la siguiente sección.
6. El uso del mixteco y el español en la colonia Las Flores, Ensenada
Tomando como pivote el primer cuestionamiento sobre qué lengua usan los migrantes mixtecos, según las variables de género y edad, se exponen los siguientes resultados a partir de los registros obtenidos. Según el género, 38 hombres y 47 mujeres dicen hablar mixteco; 10 hombres y 8 mujeres respondieron que conocen poco el idioma. Únicamente 3 hombres y 4 mujeres dicen sólo entender la lengua. Finalmente, 2 hombres y 5 mujeres respondieron no hablar la lengua. En la siguiente tabla se muestran los datos enunciados, junto con los porcentajes con respecto al total.

La siguiente dimensión que se explora tiene que ver con la facilidad compartida (FC) del mixteco. En la tabla 4 a continuación se muestran los resultados del cálculo a partir de la segmentación por edad y género de los subconjuntos. Lo que nos muestran estos resultados es que, dadas las respuestas dadas por los distintos integrantes de los grupos, son los niños y los ancianos los que parecen mostrar las presiones más favorables para usar el mixteco, siendo más variables, en términos generales, los grupos que comprenden de los 11 a los 65 años.

Para ser más precisos, los niños menores de 10 años alcanzan la máxima FC con 100 puntos; empieza a bajar entre los rangos comprendidos de 11 y 18 años con 80.70, es ligeramente menor con 78.33 en los hablantes que tienen de 19 a 25 años, se incrementa entre los que oscilan entre los 26 a 45 años con 85.26, vuelve a aumentar entre los que tienen 46 a 65 años con 90 y vuelve a llegar a los 100 puntos para los que tienen más de 66 años. Este mismo comportamiento se observa con las mujeres, aunque su FC es menor en términos generales. Por poner un ejemplo: el punto más bajo de FC en los hombres es de 80.56, para el grupo de 19 a 25 años. En este mismo grupo, las mujeres llegan a 75 puntos. Recordemos que la proporción entre hombres y mujeres en este grupo de edad es parecida: 12 hombres y 8 mujeres. Lo anterior podría dar indicios a que en las mujeres de rangos de edad media (ni ancianas, ni niñas) existen presiones en contra del mantenimiento de la lengua en contraste con las presiones para los varones.
Ahora, concentrándonos sólo en el género, sin tomar en cuenta la distribución etaria, la fórmula arroja que los hombres de todos los grupos etarios tienen una FC de 86.16 puntos, en tanto que las mujeres se encuentran por debajo, con 83.54. Finalmente, si eliminamos la diferencia de género, la FC global del mixteco en la colonia Las Flores alcanza un 84.90, número alto si se compara con otros estudios en situaciones de bilingüismo español-lengua indígena. Este indicador general permite asegurar, que a pesar de que existen variaciones entre los grupos etarios, el uso del idioma de los migrantes de origen mixteco es alto, lo que da indicios a la existencia de condiciones para crear acciones en pro de la lengua.
En cuanto a las variaciones de los rangos de edad, es llamativo y al mismo tiempo positivo que los niños menores de 10 años tengan una FC de 100 puntos en mixteco, en tanto que, entre los hablantes de 11 a 18 años y entre los de 19 a 25 años, la FC es menor, con 80.70 y 78.33 respectivamente. Esto parece sugerir que las generaciones de los niños presentan presiones a favor para aprender la lengua, mientras que los adolescentes y un conjunto de jóvenes están experimentando presiones en contra. En cuanto a los hablantes de 26 a 45 y de 46 a 65, muestran una FC alta con 85.26 y 90 puntos respectivamente, aunque eclipsados por los mayores de 66 que llegan a 100 puntos. Lo anterior permite observar dos puntos extremos en los datos: los más chicos y los más grandes son los que presentan fuertes presiones a favor de la lengua.
Para seguir respondiendo a nuestra primera pregunta de investigación, toca ahora ver los resultados en español. Comenzaremos por el género: 41 hombres (77.4%) respondieron que sí hablan español, 10 (18.9%) que hablan poco, ninguno dijo solo entender la lengua y 2 no entienden español (3.8%). En el caso de las mujeres, 45 (70.3%) respondieron que sí hablan español, 10 (15.6%) que hablan poco, 3 (4.7%) respondieron que sólo entienden esta lengua y 6 (9.4%) no lo entienden. En la siguiente tabla aparece un resumen de los datos enunciados:

De la misma manera que el mixteco, los datos anteriores son la base para obtener la medida de FC. Los resultados se muestran a continuación, una vez creados los subconjuntos a partir de cruzar los grupos etarios y el género.

Tomando como criterio sólo la edad, podemos observar lo siguiente. En los menores de 10 años, la FC de español llega a 83.33 puntos; en los que se ubican entre los 11 y 18 años la FC baja a 80.70, pero, para el grupo que comprende de los 19 a 25 años alcanza 88.33, lo cual muestra un incremento mayor que los anteriores grupos etarios y, de hecho, es el más alto utilizando la edad como criterio único de segmentación. Les sigue, con una ligera variación, los que están entre los 26 y 45 años, cuya FC es de 87.82. De 46 a 65 tienen un 85 y los de 66 años y más, un 66.67.
Así, la metodología de Terborg y García (2011b) permite observar que en términos generales los hablantes bilingües de mixteco y español de la colonia en cuestión, presentan casi las mismas presiones de uso y desplazamiento: la FC global de español es de 85.75, frente al cálculo global para mixteco de 84.90, mencionado líneas arriba.
Considerando el género, en la siguiente gráfica de barras se muestra la representación de la facilidad compartida en la comunidad. Se debe recordar que, de acuerdo con Terborg y García (2011a) este concepto se distingue por ser el que representa el mayor uso de un idioma frente a otro en una comunidad. De tal manera, en este grupo de migrantes asentados en la colonia las Flores de la ciudad de Ensenada, el resultado indica una ligera ventaja del español sobre el mixteco.

Como se puede observar en la gráfica anterior, en los hombres se identifican mayores presiones para usar mixteco y español, en contraste con las mujeres registradas. Entre los hombres, el mixteco está en leve desventaja (86.16) frente al español (89.94), pero en el caso de las mujeres, el mixteco presenta una FC (83.85) que supera por poco a la FC del español (82.29). Sin lugar a duda, revisar las posibles causas de esta variación merece una investigación aparte que pueda dar cuenta, de manera puntual, de las presiones a favor, las cuales intervienen en las prácticas asociadas con este género.
En cuanto a los rangos de edad, es interesante observar que no todos los niños menores de 10 tienen una FC del español leve, llegando a los 83.33 puntos, mientras que los hablantes que tienen entre los 19 a 25 años son los que se ubican en el rango más alto, con 88.33. En un escenario extremo, los mayores de edad de más de 66 años tienen un menor puntaje que en mixteco con una diferencia de casi 40 puntos: tanto hombres como mujeres en este grupo etario alcanzan 66.67 puntos de FC para español, frente a los 100 que alcanzaron para mixteco. Pero los adolescentes, entre 11 y 18 años, tienen el mismo puntaje en FC en las dos lenguas (80.70). En tanto, los jóvenes entre 19 y 25 años tienen una FC más alta en español (88.33) que en mixteco (78.33). Otra comparación llamativa se encuentra entre la FC para los hablantes que comprenden entre 46 y 65 años. Para español, alcanzan una FC de 85 y para mixteco llegan a 85.26. Una diferencia de apenas .26 décimas, lo cual los coloca muy de cerca al escenario del grupo etario que comprende de 11 a 18 años. Lo anterior se expone, a manera de síntesis, en la siguiente gráfica de líneas, en donde se puede observar el contraste entre español y mixteco, especialmente en las edades que corresponden al corte inferior y superior.

Lo anterior nos permite observar que la relación entre el español y el mixteco en la colonia Las Flores da lugar a una situación de bilingüismo sin un agente depredador visible. Parece ser que existen presiones que favorecen por igual el uso de los dos idiomas con variaciones ligeras en la mayoría de los grupos analizados, aunque sí se presentan situaciones extremas para los grupos etarios que corresponden a las poblaciones de más y menor edad.
7. Uso y trasmisión intergeneracional del mixteco
Para responder a la segunda pregunta de esta investigación, la cual versa sobre en qué lengua hablan los hablantes hacia los otros miembros del escenario, nos basamos en las respuestas dadas en la pregunta 4b del cuestionario, la cual planteó a los entrevistados que juzgasen qué lengua utilizaban estando en casa y hacia quiénes se hablaba en dicha lengua. Las opciones eran mixteco, español o ambas, y variaban de acuerdo con cuatro grupos etarios: niños menores de 12 años; adolescentes, entre los 13 y 18 años; adultos, entre los 19 y los 60 años; y ancianos, mayores de 61 años. Recordemos que esta división se da debido a que, en esta ocasión, los hablantes deben poder ubicar un grupo etario que les parezca intuitivo y relacionable con etapas del desarrollo humano. Por lo que, para homogenizar el parámetro, se realiza esta segmentación, en donde coinciden los cortes tanto para quien es entrevistado como para quien es juzgado por el propio hablante. De acuerdo con esta división de edades, nuestra muestra de los informantes se presenta de la siguiente manera:

Los resultados fueron los siguientes. Se encontró que los cuatro niños encuestados indican hablar en ambas lenguas mayormente con otros niños y exclusivamente en mixteco con adultos y ancianos. Esto se puede observar en la siguiente tabla que resumen los datos.

Los 19 adolescentes encuestados muestran mayor tendencia de que hablan en español con cualquier grupo etario, principalmente con los niños. Esto se contradice si comparamos los resultados de la tabla anterior. No obstante, 10 de los adolescentes, poco más de la mitad de los encuestados, dicen hablar mixteco con los niños, donde 5 hablan ambas lenguas; por lo que podría considerarse que coincide con la indicación de los cuatro niños anteriormente encuestados. Lo anterior puede observar en la siguiente tabla. Al igual que con los niños, para los adolescentes se nota una preferencia para hablar con los ancianos en mixteco.

Para el siguiente grupo, que comprende a los adultos de 19 a los 60 años, presentamos una gráfica (Figura 4, siguiente página) que permita ilustrar mejor la distribución debido a que es aquí en donde se concentra la mayor muestra: un total de 90 encuestados.

La gráfica anterior sintetiza lo siguiente. De las respuestas otorgadas por los 90 miembros del grupo adulto, la mayoría prefiere hablar en español con un 38%. De ahí le sigue el hablar en ambas lenguas con un 33% para tener en último lugar el hablar en mixteco que llega al 29% de los encuestados. Si dividimos la información hacia quiénes se habla cada una de estas lenguas en cada grupo etario, tendríamos la siguiente tabla.

Se puede ver con estos datos que los adultos tienen una preferencia por hablar en español con niños y adolescentes (46 registros, 51.1% en ambos casos). El 49% restante en ambos casos está distribuido entre hablar mixteco y hablarles en ambas lenguas. Llama la atención estas respuestas con las respuestas de los adolescentes, mostradas líneas arriba. Esto refuerza la idea de que estos jóvenes también funcionan como agentes que fomentan el uso de español en la casa.
Siguiendo la exposición de los datos, entre adultos y hacia los ancianos dicen hablar más mixteco. El grupo con el mayor número de juicios a favor de hablar mixteco resultaron ser los ancianos. En esta relación, casi se revierte lo visto entre adultos y jóvenes: 45.5% (41 registros), mientras que los datos entre la respuesta ambas y español llega a 35.5% (32 registros). Es destacable el hecho de que un fuerte porcentaje de respuestas relacionadas con los juicios de habla hacia ancianos estuvieron vacías (17 registros, 18.8%) lo que nos indica un posible cambio generacional o la poca relación entre adultos y ancianos. Este punto tendrá que investigarse más a fondo en otros trabajos de corte más etnográfico para dar cuenta de qué es lo que ocasiona esta tendencia.
Finalmente, al igual que el grupo de los niños, el grupo de los ancianos sólo contó con cuatro encuestados. Su distribución se expone en la siguiente tabla, en donde se observa que los ancianos dicen hablar, de preferencia, en mixteco. Del total de respuestas posibles, el 50% corresponden a mixteco. Entre adolescentes y niños, los ancianos señalan usar menos el mixteco –lo que coincide con lo visto en los otros resultados. No obstante, se debe tener en consideración que estos ancianos, de manera escasa, usan el español de manera exclusiva con los otros grupos etarios. Sólo una respuesta de este tipo fue afirmativa, y fue en relación con los niños. En todo caso, se documenta que se prefiere usar ambas lenguas.

A manera de resumen de esta sección, mostramos la siguiente gráfica en donde colocamos los totales de los resultados de cada grupo etario.

Considérese, por ejemplo, que 4 niños fueron encuestados lo que generó 14 respuestas y dos omisiones (16 entradas en total). Entre ellos, se juzgó que el mixteco es la lengua que se usa más en el hogar con 10 respuestas; 4 de estas respuestas afirmaban que ambas lenguas se usan y ninguna respuesta indicaba que en el hogar se hablara de manera exclusiva el español.
8. Conclusiones
Después de esta exposición estamos en condiciones de proponer que los niños y jóvenes tienen presiones favorables para hablar mixteco. El español parece estar avanzando hacia las generaciones más jóvenes. Se percibe un delicado equilibrio del uso de la lengua entre todos los grupos, señalado por el alto número de juicios a favor del uso de ambas lenguas en el hogar, pero también por el cálculo de facilidad compartida expuesto en este artículo. Este método, como se pudo observar, permite utilizar un eje común desde donde comparar y contrastar distintos grupos –en este caso, de género y edad.
Con lo anterior, se puede decir que las respuestas planteadas se resolvieron. Este estudio deja ver el contraste entre adolescentes y niños al momento de juzgar qué lengua hablan con los adultos. Los niños sostienen que les hablan exclusivamente en mixteco, mientras que los adolescentes manifiestan que hablan más en español (si excluimos la respuesta ambas). Estos resultados apuntan a un futuro desplazamiento originado desde los adultos, el cual tiene sus primeras huellas entre los adolescentes, pero que podrían encontrar resistencia entre los niños; no obstante, esto debe ser matizado en función de la cantidad de registros levantados de este grupo. Una investigación enfocada a los niños está pendiente para corroborar esta tendencia. Sumado a lo anterior, se encuentra el hecho de que entre los adultos hay un equilibrio sobre los juicios, pues ninguna lengua despunta. Contrástese con los resultados de los niños y los adolescentes. Esto nos habla de sutilezas dentro del grupo de los adultos que no alcanzaron a ser identificadas en este trabajo. En próximos estudios se podría afinar las divisiones de este grupo etario para definir con mayor precisión qué generación es la que está provocando las presiones hacía qué grupo.
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