Recepción: 30 Enero 2018
Aprobación: 29 Junio 2018
Resumen:
Hablar sobre la calidad, en los sistemas educativos contemporáneos, implica necesariamente la presencia de una cultura escolar, cuyo marco general es, en el caso cubano, la propia concepción de cultura general integral. La cultura escolar posee una relativa antigüedad tanto desde el ángulo profesional, como desde el cotidiano.
La comprensión de este particular ha llevado hoy día, a la necesidad de reclamar un espacio teórico-reflexivo de mayor alcance donde las ciencias de la educación ocupen, con mayor razón, un espacio capaz de generar explicaciones y soluciones a dificultades y problemas que se presentan en la formación del hombre en su relación con su propio entorno social y medioambiental a través del proceso docente educativo, y todo el sistema de influencias que se desprende de estas interacciones y que conforman también el fenómeno de la cultura escolar, que como resultado genera productos culturales cuyos principales objetivos están encaminados al propio desarrollo y al crecimiento humano.
Palabras clave: Cultura Escolar, Orientación Educativa y Formación.
Abstract:
Talking about quality, in contemporary educational systems, necessarily implies the presence of a school culture, whose general framework is, in the Cuban case, the very conception of integral general culture. The school culture in Cuba has a relative antiquity both from the professional angle, as from the everyday.
The understanding of this particular has led today, to the need to claim a theoretical-reflective space of greater scope where the sciences of education occupy, a fortiori, a space capable of generating explanations and solutions to difficulties and problems that arise in the formation of man in his relationship with his own social and environmental environment through the educational teaching process and the whole system of influences that emerges from these interactions and that also make up the phenomenon of school culture that as a result generates cultural products whose Main objectives are aimed at the own development and human growth.
Keywords: School Culture, Educational Orientation and Training.
INTRODUCCIÓN
La cultura escolar es una categoría que aún no se encuentra en el lenguaje cotidiano de muchos profesionales. Sin embargo, cada día se hace evidente la necesidad de su empleo, puesto que su valor metodológico es necesario debido a que es un proceso poco comprendido por su complejidad, tanto en el orden cognoscitivo como de la práctica educativa pedagógica, que merece de nuevas interpretaciones desde la actividad científica para buscar y establecer las vías que permitan su necesario perfeccionamiento.
La sociedad cubana actual, inmersa en profundas transformaciones promovidas por su Modelo de Desarrollo, requiere del estudio de las contradicciones propias de un período de grandes cambios y el esclarecimiento de las relaciones entre el ideal social y la realidad, lo que adquiere una enorme importancia para el perfeccionamiento de las estrategias y políticas socio-culturales y educativas. En el centro de esta problemática está la relación cultura – sociedad- educación, enfrentada al desafío de los retos que impone el desarrollo actual y su proyección futurista.
Para lograrlo la cultura no debe ser entendida sólo como objeto de estudio, sino como herramienta de análisis de la realidad, lo que implica el reconocimiento de su complejidad y su papel cognoscitivo, aportativo de una cosmovisión simbólica, involucrando pasado, presente y futuro en la formación integral de la personalidad, aspecto que se erige como centro de reflexión del presente artículo, enfatizando en la importancia que tiene la formación de una nueva cultura universitaria.
DESARROLLO
La cultura escolar una reflexión necesaria para los educadores
La importancia de la cultura escolar se revela en la relación directa con el vínculo individuo-sociedad, por lo que tiene de implicaciones en la actividad vital de los seres humanos y, en sus relaciones interpersonales, expresadas en el nexo de los factores socializadores, considerando que desde las sociedades más antiguas ha sido posible distinguir la tarea de iniciar a los más jóvenes en la vida social, en un proceso que ha comprometido a las instituciones especializadas y a la sociedad en su totalidad, en correspondencia con la condición social del ser humano.
La cultura escolar, en calidad de constructo social, involucra los procesos de cognición, volitivos y conductuales del sujeto, contextualizándolos, lo que explica su complejidad y sienta las pautas para su abordaje desde la integralidad de la cultura y de la educación.
De la cultura y la educación dependen, cada vez con mayor fuerza, las formas de vida personal y la convivencia social, lo que le otorga a la cultura escolar, un lugar de privilegio en la formación del ser humano del siglo XXI, cuya aspiración paradigmática debe ser la de alcanzar una cultura integral, humanista, universal, convergiendo con los requerimientos intelectivos y morales de la sociedad del futuro. El punto de partida en el análisis de esta relación radica en la jerarquización y ubicación en clase de este concepto.
La cultura escolar es una categoría contextualizada en las instituciones educativas y sus procesos de enseñanzaaprendizaje, lo que implica una presencia tanto en educandos como en educadores. Aquí lo institucional se diferencia en el sentido de que es precisamente en ese contexto donde se sintetiza esa cultura no solo en su aspecto espiritual del cual es también un resultado, sino en su sentido totalizador, o sea, en su relación con el aspecto material que la sostiene, así como también con el resto de las relaciones que la estructuran.
La escuela, al formar parte de una comunidad con la cual interactúa, se vincula con el resto de los organismos sociales, a través del nexo con otros factores socializadores. La escuela es un espacio de concreción y construcción de la cultura. Lo que implica un proceso de formación y desarrollo dentro de las particularidades del proceso docente educativo como va a ser por ejemplo: el clima escolar; que es el conjunto de características psicosociales del centro determinadas por todos aquellos elementos estructurales tanto personales como funcionales de la institución, lo que le confiere un modo peculiar de accionar y de obtener los objetivos educativos y socio-culturales previstos.
Otro momento, estrechamente relacionado con el anterior, es el estilo que se desarrolla dentro de la escuela, siendo un concepto que se conduce a través del hilo central del entramado sistémico de la cultura escolar, es inherente a todos los géneros de actividad material o espiritual del hombre, a su modo de conducta y a los diferentes tipos de concepción del mundo, etc.
Los monumentos de la cultura universal del pasado y del presente, las fuentes históricas escritas o no, las obras de la creación artística y la técnica de los hombres de otras épocas, resultan ser testigos invalorables acerca de que el estilo caracteriza la manera interna o externa de reaccionar del hombre ante cualquier influencia, de la especificidad de sus
necesidades materiales o espirituales, de los intereses, de los modos emocionales e intelectuales de aprehensión de la realidad, de las particularidades de las manifestaciones de los sentimientos, de los motivos, la orientación y el planteamiento de objetivos y tareas, etc. He aquí su importancia y, a la vez, la necesidad de que ello sea conciencia no solo en la preparación y actuación del profesor sino también de cómo todo ello influye en la calidad de la producción educacional.
El rol del maestro en este proceso de producción espiritual. Su concreción en la cultura universitaria
La idea del desarrollo multilateral de la personalidad del maestro tiene una larga tradición histórica. Pedagogos de diferentes épocas y pueblos, pensando sobre los problemas de la enseñanza y la educación, llegaron a la conclusión acerca de que el éxito de la influencia pedagógica se define, en primer lugar, por la calidad de la inteligencia, el carácter, la voluntad del propio educador y la autenticidad de su personalidad. Hay que señalar que el problema acerca de la influencia de la cultura espiritual en la formación de la personalidad del maestro y de su nivel cultural general todavía es insuficientemente investigado. Lo que se estudia fundamentalmente es la actividad del maestro sobre todo la relacionada con el consumo de los valores espirituales. Sin embargo, la función de consumo de los valores espirituales caracteriza al maestro solo en calidad de objeto de la cultura espiritual.
El grado de aprehensión, por la personalidad, de la cultura espiritual se determina por la manifestación de esta en calidad de sujeto de la producción espiritual. Es necesario subrayar que el proceso de aprehensión de los valores culturales no siempre es un consumo pasivo, sino que también es activo, creador, un consumo selectivo; y si en el primer caso la personalidad interviene solo como objeto de la cultura, en el segundo, indudablemente, se manifiesta como sujeto. Sin embargo, en este último caso, este, como regla, está relacionado con la actividad creadora de la personalidad. La aprehensión activa y creadora de la riqueza espiritual es un momento necesario para el cambio del propio objeto de la cultura.
Directivos y profesores que aprenden a ver el ambiente de su organización desde un punto de vista holístico poseen necesariamente un enfoque amplio, y con ello una nueva visión del concepto de cultura escolar que les da un marco más amplio en el cual trabajar, comprendiendo mejor los problemas y las relaciones complejas que se dan dentro de la escuela. Al profundizar su comprensión de la cultura escolar se estará mejor preparado para formar los valores, las creencias, y las actitudes necesarias para promover un ambiente de aprendizaje estable y beneficioso; es decir: eficiente.
El análisis de las relaciones que se dan en el interior de la relación superior entre cultura, educación, sociedad permite aseverar que la cultura escolar se potencia desde la esencia de las relaciones que se establecen en la institución educativa que la promueve y estará matizada por los patrones de significado que son transmitidos históricamente, y que incluyen las normas, los valores, las creencias, las ceremonias, los rituales, los mitos, en fin, las tradiciones comprendidas, quizás en distinto grado, por los miembros de la comunidad escolar; pero, que como ley sociológica general tiene un papel trascendental en la formación de la personalidad, ya que este sistema de significados es parte de la dialéctica del “mecanismo social” que generalmente forma lo que la gente piensa y la forma en que actúa.
La cultura escolar, como concepto es el producto de la actividad de los hombres que se despliega hacia un fin determinado, el que se contextualiza a través de la educación dentro de un sistema educativo que tiene ante sí la responsabilidad de desarrollar lo humano en el individuo, haciendo énfasis en la subjetividad que caracteriza su naturaleza; o sea, el capital humano conceptualizado en términos de conocimiento y cultura.
Un elemento importante para este análisis es la maestría pedagógica del docente. No nos asombramos cuando a un artista, cualquiera sea su campo o especialidad, como, por ejemplo: los músicos populares o clásicos se les llaman maestros cuando alcanzan un nivel determinado, o cuando a pintores se les llama igualmente maestros cuando su talento se evidencia públicamente, o cuando a uno o varios literatos se les hace un reconocimiento y se les denomina maestros por el nivel profundidad y calidad de su obra, o cuando un atleta alcanza la maestría deportiva.
Reflexionemos entonces ¿Cuándo el profesional de las Ciencias de la Educación alcanza la maestría pedagógica? Pues a juicio de los investigadores se alcanza cuando en su palabra y en su acción es capaz de componer y trasladar un mensaje que sintetice todas esas imágenes anteriores, o sea cuando es capaz de crearlas y materializarlas en el contexto de la experiencia social y de los valores a donde pertenece, o sea, cuando convierte con su accionar las posibilidades y potencialidades en objetivos reales, como manifestación de que se ha convertido en sujeto de la producción espiritual y cultural.
Específicamente para adéntranos en la cultura universitaria, hay que profundizar en la realidad universitaria de este siglo XXI, y del papel de profesorado para trasmitir la experiencia social y de los valores espirituales en consonancia con la experiencia profesional y los valores profesionales más genuinos de cada carrera. Lo que implica el desarrollo
de una cultura general y profesional amplia que no esté determinada por la exclusividad de la preparación académica e investigativa.
La comunidad universitaria debe repensar en sus posibilidades de trasmitir la cultura dentro de su marco de acción y de innovación, debe ser dinamizadora de los apremiantes cambios ambientales, sociales, científicos, tecnológicos y económicos que se suceden en la realidad social contemporánea. De ahí, su importancia y la necesidad de un análisis holístico de la situación histórico social y contextual en que se forman los educandos y cómo influir integralmente en una formación del “ser universitario” a favor del progreso social, comunitario y profesional.
La universidad como institución no puede quedarse a la zaga de su tiempo; al contrario, debe de estar a la altura de su tiempo, siendo flexible en sus estructuras formativas, académicas, científicas, investigadoras y administrativas para dar cumplimiento a las demandas de la nueva sociedad del conocimiento y de la economía mundial. Debe trascender en ella la necesidad de preparar al profesional para que sea capaz de comprender y dar una respuesta cultural a tono con las nuevas realidades, sus exigencias, sus significados y sus sentidos.
En este empeño, hay que redimensionar la vida cultural para que ocupe el lugar que merece en los intramuros universitarios, hasta convertirse en una academia profesional promotora de la cultura para la gran mayoría, en un centro de investigación con especializaciones cuyo objetivo primario sea la transformación de la realidad socio-históricacultural–profesional de su entorno, que sea capaz de estimular las ilimitadas potencialidades que tiene para el desarrollo cultural.
Es la responsabilidad inmediata de la universidad cambiar la mentalidad de docentes y estudiantes de una mentalidad pragmática del currículo a una mentalidad abierta y nueva que ofrezca posibilidades de formación que trascienden las exigencias de su profesión para el bien común, a favor del desarrollo cultural, social, económico, productivo de la comunidad, el territorio y el país.
Es inaplazable, para la universidad, establecer los medios y los espacios para desintegrar las murallas que entorpecen la formación y el fomento de la cultura profesional, la cultura humanística y la cultura científica, siendo imprescindible integrar sus campus, dar más amplio acceso a las nuevas formas de interrelación e interacción de la universidadcomunidad, universidad-sociedad, universidad– desarrollo social sostenible.
Solo ampliando y promoviendo esas interrelaciones e interacciones y cambiando los modos de comunicación será posible la integración entre los distintos saberes que se cultivan y se construyen dentro de la universidad. También, significa poner en contacto al universitario con las ideas de su tiempo, para innovar a tono con su tiempo e ir más lejos, con una trasformación inminente de sus planes de estudio y un mayor alcance e integración de sus procesos sustantivos: docencia, investigación, superación, administración y extensión universitaria.
Los cambios que se están comentando implican buscar el equilibrio, la coherencia interna y la armonía entre el contexto universitario y las demandas del contexto social, es decir, la academia con la acción, la investigación científico - técnica con el desarrollo social, el desarrollo de la cultura profesional con la cultura general. Es asumir una posición de interés, comprensión y entendimiento ante los crecientes problemas que están afectando el mundo y su supervivencia (desastres medio- ambientales, guerras, conflictos sociales y generacionales, pérdida de principios y valores, desarraigo de las culturas autóctonas, entre otras, que ponen en riesgo la cultura universal acumulada por miles y miles de años de la humanidad.
Dentro de este entramado de ideas, se revela la gran responsabilidad social que tiene ante sí la universidad del actual siglo, se impone la interrelación de esta con las empresas u organizaciones, con la sociedad, así como las expectativas de los actores educativos y sociales para atesorar e incrementar el desarrollo socio cultural de sus pueblos y con ello de la cultura universitaria.
Esa demanda social debe estar siempre dirigida a la solución de los problemas económicos y culturales para promover las vías idóneas de viabilizarían del cambio social y el desarrollo del entorno. La participación de la comunidad educativa universitaria en el logro de propósitos sociales, con el compromiso y la pertinencia institucional con los hechos sociales y el desarrollo sustentable y sostenido de sus pueblos.
Cada vez se toma mayor conciencia del potencial dinamizador que tienen las universidades para lograr el cambio social; e implica, que sus egresados salgan eficientemente preparados para que el desarrollo de su trabajo profesional trascienda de manera directa e indirecta en las transformaciones de su entorno natural, social, profesional y cultural. Hoy, más que nunca, la función social de la universidad se expresa básicamente a través de la extensión universitaria, es lo que realmente permite propagarse y convertirse en un autorreferente cultural connotado para el resto de los subsistemas sociales.
Por tanto, el sistema de educación superior adquiere actualmente funciones específicas que le permiten reformar continuamente las funciones ya sea dentro de la institución o en el acontecer sociocultural. Así, la universidad se distingue y desarrolla funciones propias dentro de su subsistema, pero también dentro del sistema social, siendo así que se refuerza su condición influyente como promotora de la cultura dentro de la sociedad.
Desde esta perspectiva, cambia su función social encaminada a un proceso sociocultural en el que se demandan directamente ella y el sistema social, se aseguran un conjunto de cambios, enlaces y contingencias. La función social no es nada más que el resultado de la participación directa entre la universidad y los procesos socio - culturales en contextos históricos específicos dentro y por la comunidad, el entorno y la sociedad en general, desarrollando valores, producciones y cultura en los individuos que la integran.
CONCLUSIÓN
La cultura escolar es entendida como la confluencia de todos los elementos del sistema de relaciones que existen en un centro: la comunicación, la participación, los conflictos, el estilo y el clima como procesos interactivos que generan un entramado o tejido de creencias, supuestos, valores y ritos compartidos. La cultura escolar constituye, un tipo, un nivel y un grado cualitativo de expresión de la relación cultura-educación a nivel societal cuya síntesis como organización y como institución es parte del capital humano y por ende del capital cultural.
Las interacciones y relaciones que se despliegan en la institución escolar están dentro de un espacio-tiempo social determinado en el que se sintetiza una imagen escolar desde una conciencia escolar común, manifestada a través de la orientación, la organización, la planeación, la explicación y la proyección que tienen como base la representación de lo escolar.
La cultura escolar convoca a captar lo simbólico a partir de las categorías consenso-conflicto, tanto en lo individual como en lo institucional, pasando por sus relaciones. Este proceso se concibe como direccionalidad, como pronóstico, y como el repensar el pasado en términos de continuidad y ruptura. Desde esta óptica, la actividad social de la escuela debe manejar la cultura en términos de búsqueda, de salidas consensuadas, de modo que los conflictos atraviesen con el menor nivel de riesgo sobre la personalidad de los implicados tanto en relación con la historia personal, como la historia escolar y su dialéctica.
La problemática, actualmente, debe encaminarse a alcanzar en términos culturales en el plano de la espiritualidad a nuevas lecturas y la estimulación de nuevas experiencias en términos de gestión educativa y práctica escolar, fundamentalmente en el contexto universitario.
BIBLIOGRAFÍA
1. Aranda C, B L. (2003). Cultura y escuela: un nuevo enfoque sobre la formación sociocultural del escolar. Evento Nacional Ciencia y Conciencia. Santiago de Cuba
2. _____________. (2004). La cultura y la ciencia: un reto en la formación de la identidad cultural de los escolares”. Revista Santiago 106. Universidad de Oriente 2005 Ciencia y Conciencia. 2004.
3. Arias H, C & y Rodríguez, C. (2004). Funciones de la Educación Cívica. Revista Iberoamericana de Pedagogía. No. 6, octubre-diciembre.
4. Barnet, M. (196. Biografía de un cimarrón. La Habana, Instituto de Etnología y Folklore, Academia de Ciencias de Cuba
5. Bermúdez S & Rodríguez R, R. (1996). Teoría y metodología del aprendizaje. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 1996.
6. Pierre, B. (1997). Capital cultural, escuela y espacio social”. Siglo Veintiuno. México,
7. ___________ (1989) Sistemas de enseñanza y sistemas de pensamiento”. En Sacristán Y Pérez Gómez. "La enseñanza: su teoría y su práctica". AKAL/Universitaria. Madrid; 1989.
8. Pierre, B & Passeron. (1972) "La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza". Ed. Laia, Barcelona.
9. Bourdieu, P & Chamboredon, J. & Passeron, J. (1988). El oficio de sociólogo. México: Siglo Veintiuno Editores, pp. 9-110/150-190
10. Braudel, F. (1990).El Mediterráneo. Ciudad de la Habana: Editorial Ciencias Sociales
11. Bravo J, L. Diccionario Latinoamericano de Educación. Venezuela: UCV, Fondo Editorial. De Humanidades y Educación, Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, Fondo Editorial
12. Bruner, J.S. (1985) Cultura, políticos y pedagogía. Cuadernos de Pedagogía, 121, enero, pp. 7-10.
13. Cairo B, A. (2002) 20 de Mayo ¿Fiesta gloriosa? Ciudad de la Habana: Editorial Ciencias Sociales.
14. Caivano, F. y Carbonell, J. (1983) Escuela, cultura, territorio. Cuadernos de Pedagogía, 102, junio, pp.4-6.
15. CastubaL, A. (1995) Prescripciones sobre nación e identidad. En revista Temas, No. 2
16. Cuevas G, A. (2006. La cultura escolar como espacio de sistematización de las Ciencias de la Educación. Santiago de Cuba: ISP. CDIP.
17. _____________ (1999) Las tradiciones y su papel en la construcción de la cultura a partir de su transmisión- adquisición a finales del segundo milenio. Santiago de Cuba: Ateneo Cultural “J. Bravo Correoso” Ediciones “Atenea”
18. ______________ (1999) Tradición, historia y vida cotidiana en los procesos ideológicos de la contemporaneidad. Santiago de Cuba: Ateneo Cultural “J. Bravo Correoso” Ediciones “Atenea”
19. ______________ (1998) La reconstrucción de las historias familiares. Una dinámica para la interacción de la escuela y la comunidad. En Memoria del III Encuentro Iberoamericano y Caribeño de Agentes del Desarrollo Sociocultural Comunitario “Comunidad 98”
20. ______________ (1984) El enfoque sistémico y su papel en el conocimiento social. Leningrado: tesis en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Filosóficas
21. Domínguez, M I. (1995) Controversia de las generaciones. En revista Temas No. 4
22. Donatien C, J C. (2007). Una configuración necesaria en la sistematización de la cultura escolar: el hecho pedagógico.
23. Chonsky, N & y Heinz Dieterich: La sociedad global: Educación, Mercado y Democracia. ED. Abril, C. Habana, 1997.
24. Flint, G. (1983) Marchando con Gómez. La Habana, Ed. De Ciencias Sociales, 256 p.
25. Geert, Cliffort. (2003) Descripción densa: hacia una teoría interpretativa de la cultura. En lecturas de Antropología, Editorial Félix Varela, La Habana
26. Guadarrama G, P. (1987) Lo universal y lo específico en la cultura. Ciudad de la Habana: Editorial Ciencias Sociales.
27. Harris, M. (1998) Antropología Cultural. Madrid: Alianza Editorial S. A.
28. Hart D, A (2007) ¿Qué es la cultura? Santiago de Cuba: Conferencia en el Evento Ciencia y Conciencia.
29. _____________. (1989) Cultura e identidad Nacional. La Habana, Dirección de Información de Ministerio de Cultura,
30. _____________. (1990) El objetivo básico de la educación es la cultura. La Habana: Dirección de Información del Mincult.
31. Linton, R (1983) Cultura y Personalidad
32. Markarian, S. (1978) Teoría de la cultura. En revista Problemas del Mundo Contemporáneo, Nº 110. Moscú
33. Ojalvo M, V. (2002). La educación de valores. Reflexiones y experiencias desde el enfoque histórico cultural, En Tarbiya No. 30. Madrid,
34. Sáez P, A (2001) Historia de la Educación Cívica hasta 1982 Tesis en opción al grado de Doctor en Ciencias Pedagógicas
35. Sorin, M. (1990) Cultura y vida cotidiana. En revista Casa de las Américas, No. 178, La Habana
36. Tolstyj, V.I (1989) La producción espiritual. La Habana: Editorial Ciencias Sociales.
37. Torre, C. (1995) Consecuencia de mismidad, Identidad y Cultura cubana. En revista Temas Nº2 La Habana, abril-junio.
38. ___________ (2000) Imagen del cubano 1995-1999. Un estudio del periódico J. Rebelde. La Habana: CIDCC “Juan Marinello”.
39. Vinent M, M. (1999) Proyecto educativo para la formación integral de los adolescentes en la Enseñanza Media Superior. Tesis presentada en opción al Grado Científico de Doctora en Ciencias Pedagógicas, Santiago de Cuba.
40. Vitier, C. (1996) Una campaña de espiritualidad y conciencia. En La formación de valores en las nuevas generaciones. pág. 20 – 27, Editorial Ciencias Sociales, La Habana
41. ___________ (1991) Imágenes de Nuestra América. La Habana: Casa Editora Abril.

