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CÁNCER Y FUGA DEL CUERPO: POÉTICA DEL OCULTAMIENTO Y POLÍTICA DE LA VULNERABILIDAD EN MEDICINAS PARA QUEBRANTAMIENTOS DEL HALCÓN (2014), DE EDUARDO CHIRINOS
Ana Lucía Martínez
Ana Lucía Martínez
CÁNCER Y FUGA DEL CUERPO: POÉTICA DEL OCULTAMIENTO Y POLÍTICA DE LA VULNERABILIDAD EN MEDICINAS PARA QUEBRANTAMIENTOS DEL HALCÓN (2014), DE EDUARDO CHIRINOS
Cancer and escape from the body: poetics of concealment and politics of vulnerability in Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), by Eduardo Chirinos
Cancer et fuite du corps: poétique de l'occultation et politique de la vulnerabilité dans Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), de Eduardo Chirinos
Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, vol. 77, núm. 77, pp. 89-131, 2025
Academia Peruana de la Lengua
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Resumen: En este artículo examinamos las metáforas biológicas del cáncer en Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), del poeta peruano Eduardo Chirinos, a partir de un análisis textual y hermenéutico con un enfoque interdisciplinario. Proponemos que Chirinos articula, por un lado, una poética del ocultamiento, basada en estrategias de fuga que evocan la evasión y el camuflaje, y, por otro, una política de la vulnerabilidad, que reconfigura la fragilidad como un espacio de resistencia. En la primera parte del análisis, estudiamos las metáforas del cáncer, la metástasis y la metamorfosis corporal para mostrar cómo el poeta construye un imaginario del cuerpo oncológico a través de la multiplicidad de voces, el desapego del cuerpo enfermo y la apertura a lo desconocido. En la segunda parte, examinamos la manera en que la discapacidad auditiva del autor interviene en su construcción de la otredad, estableciendo una filiación con lo frágil que refuerza su política de la vulnerabilidad. Los resultados del estudio sugieren que la obra de Chirinos no solo desafía concepciones ortodoxas de salud y bienestar, sino que también plantea la enfermedad y la disfunción como dimensiones constitutivas de la identidad humana contemporánea.

Palabras clave: Eduardo Chirinos,cáncer,metáfora,vulnerabilidad,ocultamiento.

Abstract: In this paper, we examine the biological metaphors of cancer in Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), by the Peruvian poet Eduardo Chirinos, based on a textual and hermeneutic analysis with an interdisciplinary approach. We propose that Chirinos articulates, on the one hand, a poetics of concealment, based on strategies of escape that evoke evasion and camouflage, and, on the other hand, a politics of vulnerability, reconfiguring fragility as a space of resistance. In the first part of the analysis, we study the metaphors of cancer, the metastasis, and the bodily metamorphosis to show how the poet constructs an imaginary of the oncological body through the multiplicity of voices, the detachment of the sick body, and the openness to the unknown. In the second part, we examine how the author's hearing impairment intervenes in his construction of otherness, establishing an affiliation with the fragile that reinforces his politics of vulnerability. The results of the study suggest that Chirinos' work not only challenges orthodox conceptions of health and well-being but also posits illness and dysfunction as constitutive dimensions of contemporary human identity.

Keywords: Eduardo Chirinos, cancer, metaphor, vulnerability, concealment.

Résumé: Nous étudions dans cet article les métaphores biologiques du cancer présentes dans Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014) du poète péruvien Eduardo Chirinos. Partant d'une analyse textuelle et herméneutique, et sous une approche interdisciplinaire, nous soutenons que Chirinos articule, d'une part, une poétique de l'occultation, caractérisée par des stratégies de fuite évoquant l'évasion et le camouflage, et, d'autre part, une politique de la vulnérabilité, qui reconfigure la fragilité en tant qu'espace de résistance. La première partie de l'analyse est consacrée à l'étude des métaphores du cancer, de la métastase et de la métamorphose corporelle, afin de montrer comment le poète élabore un imaginaire du corps oncologique au moyen d'une multiplicité des voix, du détachement du corps malade et de l'ouverture à l'inconnu. La seconde partie examine l'incidence de la déficience auditive de l'auteur sur sa construction de l'altérité, établissant ainsi une filiation avec la fragilité qui vient renforcer sa politique de la vulnérabilité. Les résultats de cette étude suggèrent que l'œuvre de Chirinos ne subvertit pas seulement les conceptions orthodoxes de la santé et du bien-être, mais qu'elle pose également la maladie et la dysfonction comme des dimensions constitutives de l'identité humaine contemporaine.

Mots clés: Eduardo Chirinos, cancer, métaphore, vulnérabilité, occultation.

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Artículos

CÁNCER Y FUGA DEL CUERPO: POÉTICA DEL OCULTAMIENTO Y POLÍTICA DE LA VULNERABILIDAD EN MEDICINAS PARA QUEBRANTAMIENTOS DEL HALCÓN (2014), DE EDUARDO CHIRINOS

Cancer and escape from the body: poetics of concealment and politics of vulnerability in Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), by Eduardo Chirinos

Cancer et fuite du corps: poétique de l'occultation et politique de la vulnerabilité dans Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), de Eduardo Chirinos

Ana Lucía Martínez
University of Cambridge, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte
Boletín de la Academia Peruana de la Lengua
Academia Peruana de la Lengua, Perú
ISSN: 0567-6002
ISSN-e: 2708-2644
Periodicidad: Semestral
vol. 77, núm. 77, 2025

Recepción: 01 agosto 2024

Aprobación: 14 mayo 2025

Publicación: 30 junio 2025


1. Introducción

En L'Intrus (2000/2022), el filósofo Jean-Luc Nancy articula una poderosa imagen: «This half-hearted heart can be only half mine» (p. 4). Nancy se refiere al trasplante de corazón al que se sometió en 1991, un procedimiento acompañado de fármacos inmunosupresores que provocaron la aparición de un cáncer linfático. En su ensayo, reflexiona sobre la presencia material de un corazón extraño dentro de su cuerpo y contempla los procedimientos tecnológicos y las intervenciones químicas necesarios para mantener vivo su organismo. A partir de la invasión y el extrañamiento, aprende a reconocer la vida como «scanned and reported upon by way of multiple indices, each of which inscribes another possibility of death» (2000/2022, p. 10). Así, el autor contempla su convalecencia desde la metáfora de un corazón que es solo «una mitad», un elemento siempre parcial.

Nancy (2000/2022) propone en su ensayo que la existencia es inseparable de la pérdida y lo incompleto, rehuyendo interpretaciones melancólicas del daño y la muerte. Más adelante, afirma: «To isolate death from life - not leaving each one intimately woven into the other, with each one intruding upon the other's core [coeur] - this is what one must never do» (2000/2022, p. 6). Nancy se resiste a una interpretación ortodoxa del cuerpo enfermo y, a partir de su experiencia médica de intrusión, reformula la percepción de la finitud que suele derivarse de una enfermedad grave. En lugar de ello, ofrece una visión cíclica y abierta de la vida. Su imagen del corazón extraño establece una conexión entre la enfermedad y la intervención médica, presentándolas como acontecimientos que destruyen y conservan el cuerpo simultáneamente.

Esa dimensión paradójica de la intrusión nos conduce a pensar en las formas en que el cuerpo enfermo genera imágenes de desplazamientos, derivas y desbordamientos de la identidad del sujeto, así como su condición de territorio en disputa. Sin embargo, aquí no pretendemos abordar la amplia discusión interdisciplinaria sobre el cuerpo como territorio, sino utilizar esta asociación conceptual para reflexionar sobre los inquietantes y violentos acontecimientos relacionados con la salud. No solo consideramos la presencia de enfermedades, sino también la manera en que la medicación, los procedimientos quirúrgicos y los tratamientos clínicos alteran las concepciones herméticas sobre el cuerpo. Las perspectivas de Nancy (2000/2022), por tanto, constituyen un marco pertinente para examinar cómo el cáncer se convierte en un terreno fértil para la emergencia de nuevos discursos sobre el daño, la fragilidad y el cuidado en tiempos actuales.

Dentro de estos nuevos discursos sobre el cáncer, hemos identificado Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014; en adelante, Medicinas), del escritor peruano Eduardo Chirinos (Lima, 1960-Missoula, 2016), como un aporte clave desde la poesía. Este poemario no solo encapsula la experiencia oncológica del autor, sino que también expande las posibilidades del lenguaje poético para abordar el cuerpo enfermo y su transformación. En el presente estudio, exploramos cómo la presencia del cáncer en Medicinas delinea los límites y carencias del hábitat más primario y privado del sujeto: el cuerpo. Consideramos que la materialidad maligna del cáncer, en su capacidad de afectar al cuerpo biológico, desplaza al sujeto y condiciona la creación poética del cuerpo textual. Esto se alinea con lo que señala el crítico Víctor Vich: «El mundo está descentrado, al igual que el sujeto, y también está descentrado el lenguaje que los nombra y los determina» (2013, p. 182). El cuerpo oncológico, por tanto, constituye el eje de una reflexión crítica sobre la escritura, configurándose como un lugar de desarticulación y apertura.

Eduardo Chirinos ha sido tradicionalmente inscrito dentro de la denominada generación del 80 en el Perú. Aunque aquí sostenemos que la rigidez inherente a estas clasificaciones generacionales podría resultar problemática para un análisis amplio y transgeneracional como el que requiere la obra de Chirinos, también reconocemos aquellos elementos distintivos que evidencian su diálogo crítico con la tradición literaria inmediata. En este sentido, coincidimos con Landa (2019) cuando señala que los poetas agrupados en esta generación, cuya escritura coincide además con la etapa final del conflicto armado interno y se nutre inevitablemente de un contexto social marcado por la violencia, «se alejan de la hegemonía del periodo y amplían la heterogeneidad del mismo con un particular estilo» (p. 24). Este distanciamiento, sin embargo, no implica una ruptura total con la tradición precedente. Más bien, desde la publicación de su primer libro, Cuadernos de Horacio Morell (1978/1981), Chirinos desarrolla una poética caracterizada por la elaboración cuidadosa y sistemática del lenguaje, así como por una lectura lúcida y crítica de su propia tradición literaria (Jara, 2003, p. 114). De esta manera, su obra ofrece una articulación única entre continuidad y renovación, y refleja tanto el legado literario heredado como su compromiso con un estilo poético particular y heterogéneo.

Una característica sobresaliente del estilo del poeta Eduardo Chirinos es la dimensión científica que enriquece notablemente su obra. Esto lo señaló con acierto Octavio Pineda Domínguez: «Desde la interrogación etimológica, la relectura de los tratados científicos, la refabulación de la prosopopeya, el poeta peruano liga al lenguaje de la ciencia con la poesía. Defiende una reinterpretación del mundo» (2016, p. 313). Las obras de Chirinos demuestran una práctica constante de catalogación e inventario, ofrecen una clara perspectiva taxonómica y antológica. Esta esencia archivística no solo se extiende a lo largo de la estructura de sus libros, sino que impregna todo su contenido, por lo que se destaca una clara inclinación hacia colecciones, repertorios y registros2. Jorge Wiesse caracteriza esta tendencia clasificatoria como la exhibición de «innumerables pluralidades» (2013, p. 287) que reflejan la amalgama de diversos elementos en un todo cohesionado. Su afiliación con la ciencia como principio poético implica una búsqueda distintiva de orden y control.

Medicinas, no obstante, se construye a partir del permanente desorden y alienación que sufre el individuo ante un diagnóstico de cáncer de estómago, lo que representa un alejamiento significativo de los principios organizativos y de coherencia establecidos en sus trabajos anteriores. La única apariencia de control en Medicinas es su estructura simétrica: dos secciones, cada una con catorce poemas. Sin embargo, dentro de esta simetría, se percibe la convergencia de múltiples voces poéticas, diálogos conversacionales y la yuxtaposición de escenarios espaciotemporales diversos. También se evidencia una emotiva heterogeneidad temática, que combina consideraciones metapoéticas sobre el alcance del lenguaje y sus modos de enunciar el cáncer con anécdotas íntimas y referencias históricas, biológicas y artísticas.

Medicinas sintetiza poéticamente la experiencia oncológica del poeta. Por ello, realizamos una lectura de este poemario desde su fundamento esencialmente patológico. En él, identificamos que Chirinos desarrolla un imaginario del cáncer a través de un amplio espectro de metáforas de fuga del cuerpo. En este marco, sostenemos que el cáncer funciona como catalizador para la construcción de una poética del ocultamiento3 —rasgo que se evidencia desde sus primeras obras— y la gestación de una política de la vulnerabilidad. En este sentido, afirmamos que el imaginario del cáncer de Chirinos se aparta de las metáforas comunes en torno a dicha enfermedad y abraza, en cambio, el deterioro, la debilidad y la desposesión como aspectos integrales del espectro de opciones vitales. Esto, finalmente, incita a la contemplación de la disfunción y la insuficiencia como formas de asentar una identidad resistente frente a las exigencias del mundo posmoderno en torno al bienestar, la salud y el valor humanos.

El estudio está organizado en tres partes. Primero, realizamos un breve estado del arte sobre el cáncer como motivo literario dentro del panorama crítico literario actual: rastreamos cómo el cáncer —históricamente abordado desde narrativas solo negativas y perniciosas— está desprendiéndose de su representación tradicional. Luego, analizamos un conjunto de poemas que permiten proponer Medicinas como un libro que sostiene una poética del ocultamiento: exploramos las formas de evasión y camuflaje del cuerpo a través de una multiplicidad de voces y una apertura a lo desconocido. Como vemos más adelante, las metáforas sobre el cáncer de Chirinos revelan la voz de un sujeto poético en profunda búsqueda de huida y desafección de su cuerpo. Finalmente, identificamos una defensa de la fragilidad, influida por la discapacidad auditiva del autor, que participa en la construcción de fuertes metáforas biológicas sobre la otredad. Sugerimos que dichas representaciones figurativas de la discapacidad nutren la aproximación de Chirinos hacia una política de lo vulnerable.

2. El cáncer en el imaginario actual

De la gran diversidad de enfermedades humanas, el cáncer emerge, casi por antonomasia, como la más invasiva. El mecanismo fundamental del cáncer es la diseminación. Se desarrolla debido a un crecimiento celular descontrolado y al desarrollo de tumores malignos en el organismo. El impacto perjudicial del cáncer suscita preguntas sobre los aspectos transformadores vinculados a las mutaciones y transiciones del paciente. Como enfermedad que elude la prevención y carece de cura definitiva, el cáncer no solo altera el funcionamiento normal del cuerpo, sino que también plantea retos al sentido de identidad de los individuos y a sus interacciones con su entorno físico y emocional. Además, el cáncer evoca modos inmediatos de pensamiento, lo que plantea preguntas sobre la naturaleza de su representación y el modo en que los marcos culturales han absorbido y reflexionado sobre esta enfermedad.

Obras recientes de figuras destacadas de las humanidades, como Susan Sontag, Audre Lorde, Arthur W. Frank, Siddhartha Mukherjee y Anne Boyer, entre otros, han desempeñado un papel decisivo en la configuración del discurso en torno a esta enfermedad. Audre Lorde, a través de su conmovedor y profundamente personal The Cancer Journals (1980), proporciona una intersección única de raza, género y salud, y amplía la conversación más allá del ámbito médico. The wounded storyteller. Body, Illness and Ethics (1995), de Frank, ofrece un estudio sociológico de los relatos de pacientes con cáncer y otras dolencias discapacitantes. La exploración de Mukherjee en The Emperor of all maladies: A Biography of Cancer (2010) no solo profundiza en la comprensión científica del cáncer, sino que también teje intrincada- mente narraciones históricas e implicaciones culturales. Anne Boyer, en The Undying (2019), examina la dura realidad del tratamiento del cáncer, y detalla el coste físico y emocional de la enfermedad y su impacto en su vida; también, aborda cuestiones más amplias relacionadas con la industria farmacéutica, el sistema médico y las expectativas sociales en torno al cáncer y la enfermedad.

Adentrarse en este ámbito supone navegar por un terreno lleno de matices en el que confluyen la expresión creativa, el discurso sociocultural y la evolución de la comprensión de la salud y la aflicción. Ahora, aunque los discursos establecidos contribuyen significativamente a la comprensión interdisciplinar del cáncer, se encuentran con limitaciones inherentes. Una cuestión primordial gira en torno a los tabúes, los estereotipos y las expectativas sociales predominantes asociados al cáncer en la sociedad contemporánea. A este respecto, Susan Sontag, en su libro seminal La enfermedad como metáfora (1978), cuestiona las percepciones sociales de la enfermedad y las construcciones metafóricas asociadas al cáncer, y ofrece un examen crítico del impacto del lenguaje en nuestra comprensión de la enfermedad. Señala la prevalencia de este símbolo para explicar cómo el cáncer constituye una enfermedad esencialmente territorial y bélica, que implica la proliferación de células malignas que amenazan la salud del individuo. Como podemos observar desde este planteamiento, se emplea un lenguaje bélico para referirse al cáncer.

Haciendo eco de las perspectivas de Susan Sontag, podemos concordar en que existe una dependencia generalizada de las metáforas espaciales y militares en el marco conceptual del cáncer. Culturalmente, el cáncer se percibe a menudo como un adversario que requiere una postura combativa. Esto fomenta la expectativa de que el paciente participe de forma activa en esta lucha, asumiendo papeles que van desde el victimismo al heroísmo. Además, «there is a peculiarly modern predilection for psychological explanations of disease, as of everything else. Psychologising seems to provide control over the experiences and events (like grave illnesses) over which people have in fact little or no control» (Sontag, 1977, p. 55); en ese sentido, resulta notable que en la actualidad el cáncer se vincule metafóricamente a una respuesta somática del cuerpo, representando algo que puede generarse de forma intrínseca a través del estado mental.

Por un lado, el problema de las metáforas culturalmente arraigadas o romantizadas sobre el cáncer reside en su orientación positiva de manera uniforme, que crea todo un núcleo semántico centrado en la superación. Por ejemplo, desde la llamada medicina holística, existe la sugerencia de que el cáncer puede curarse abrazando el optimismo y la energía positiva. A pesar de la innegable presencia del dolor y el miedo en el contexto del cáncer, estos no están estrictamente ligados a una lección de vida. La periodista Leila Guerriero, en tono sarcástico, cuestiona la inclinación social a encontrar una lección en todo: «¿Cuántas toneladas de autoayuda y mindfulness hemos tragado para engendrar esa necesidad maníaca de encontrarle a todo una enseñanza? El dolor, a veces, es simplemente dolor. No purifica, no nos hace mejores» (2021). De nuevo, retomando a Sontag (1977), no es necesario sublimar la enfermedad. Dichas metáforas reflejan el omnipresente mandato social neoliberal propio de la época actual que hace hincapié en la salud y el bienestar, al que se espera que los individuos se adhieran casi obligatoriamente. Estas perspectivas soslayan la posibilidad de integrar el cáncer dentro de un esquema de vida que permita apreciar la fragilidad, aceptar la vulnerabilidad o reconocer la inseparabilidad entre la vida y la muerte.

Frente a estos modos tradicionales de comprensión del cáncer, podemos, sin embargo, reconocer un giro importante en el modo en que se incorpora y cuestiona su ominosa presencia en la actualidad. Jackie Stacey (1997/2013), por ejemplo, se refiere a este fenómeno en la literatura británica como una forma de heroización del enfermo de cáncer. Explica que la mayoría de las narraciones sobre el cáncer suelen ser historias de triunfo, transformación y estoicismo en las que la aflicción física negativa se convierte en una fuente positiva de autoconocimiento, pero pocas de ellas dan cuenta únicamente del desastre y la pérdida (1997/2013, pp. 1-2). En la misma línea, Lisa Diedrich (2007) sostiene que la heroización es un fenómeno occidental muy extendido, y compara un amplio corpus de narrativas sobre el cáncer estadounidenses y británicas. La autora explora las narrativas de la enfermedad como textos sintomáticos de la época actual, ya que reflejan categorías culturales más amplias, como la raza, la clase, la sexualidad o el género. Diedrich se centra en las memorias, desde donde se pregunta qué tipo de conocimiento transmiten estas formas de escritura y cuál es el papel del lenguaje a la hora de plasmar escenas de pérdida (2007, p. VIII).

Por otro lado, es importante señalar que los estudios sobre el cáncer se han centrado predominantemente en el análisis de obras narrativas testimoniales o de ficción. Si bien esto puede atribuirse a la incidencia histórica de las formas narrativas en la expresión de la experiencia del cáncer, cabe destacar que en la actualidad se da una prioridad desproporcionada a las narrativas testimoniales o de ficción frente a géneros como la poesía. No cabe duda de que son pocas las investigaciones académicas que entrelazan enfermedad y poesía, y aún más las poéticas del cáncer. Destaca en este sentido el trabajo de Alan Bleakley y Shane Neilson (2021), quienes exploran las conexiones entre la imaginación poética y el campo de la pericia médica. Su investigación dilucida cómo abrazar la poesía puede mejorar nuestra interacción con la medicina, lo que insta a una reevaluación de las prácticas establecidas.

Además, a pesar de los recientes esfuerzos académicos que presentan perspectivas más innovadoras que se enfrentan a las visiones convencionales de la enfermedad, una proporción significativa de estas investigaciones sigue situándose en el contexto anglosajón. En respuesta a ello, el libro Excesos del cuerpo. Ficciones de contagio y enfermedad en América Latina (2009) surge como un aporte destacado. Recopilado por Nathalie Bouzaglo y Javier Guerrero, presenta diversas reflexiones sobre novelas latinoamericanas que tienen la enfermedad como tema común. Sin embargo, como sugiere el título, sigue centrado, una vez más, en el estudio de narrativas.

Las problemáticas en torno a la representación del cáncer en el panorama crítico-literario actual dan cuenta de una comprensión limitada de las especificidades inherentes a otras realidades subrepresentadas. Una de ellas es el contexto moderno latinoamericano, donde las complejidades del cáncer se entrecruzan con diversas manifestaciones de horror y violencia. Como acertadamente señala Daniel Romero Suárez (2021), la poesía del cáncer «inserta tanto el problema de salud como los avances científicos de la medicina en el contexto de la precariedad de la salud derivada de las desigualdades socioeconómicas en América Latina que han aumentado desde la implantación de las políticas neoliberales» (p. 310). En ese sentido, nuestro análisis navega por las inflexiones únicas del discurso poético para comprometerse críticamente con el neoliberalismo en Perú durante los primeros años del siglo XXI. Si bien la analogía entre un cuerpo enfermo y una nación en crisis no es novedosa, sí lo es el trasfondo proliferante que caracteriza al cáncer. Por ello, nuestro examen también se realiza a la luz de los contextos históricos y artísticos del autor.

El examen minucioso de Medicinas nos permite sugerir que el cuerpo enfermo emerge como un lugar de resistencia desde la perspectiva de la vulnerabilidad y la marginalidad. Asimismo, sostenemos que Eduardo Chirinos elabora una poética disidente que abraza los atributos malignos, dinámicos y transformadores del cáncer mediante el desarrollo de un nuevo imaginario desligado de las connotaciones negativas tradicionales de la enfermedad. Por último, esta exploración contribuye a una comprensión matizada del papel de la poesía en la remodelación de las actitudes sociales hacia la aflicción y el fomento de una identidad cultural distintiva. Más aún, consideramos que Eduardo Chirinos se aleja de la naturaleza puramente estilística de la metáfora; en su lugar, reivindica la dimensión política que puede conllevar este recurso literario como potencial imaginativo basado en la experiencia y la memoria. En otras palabras, las metáforas oncológicas empleadas por Chirinos no son meras figuras retóricas, sino herramientas cognitivas que facilitan la comprensión de una existencia disidente frente a las demandas posmodernas de completitud y funcionalidad.

3. Una poética del ocultamiento

Eduardo Chirinos vivió fuera de Perú durante una parte significativa de su vida, lo que le permitió construir una identidad transnacional que trasciende cualquier adscripción exclusiva. En una entrevista, el autor expresó: «Pienso que tu país no es aquel del cual sales sino al que vuelves, y yo vuelvo constantemente a España, a Estados Unidos y al Perú. Estos tres países conforman una especie de triángulo emocional donde me desplazo sin ningún problema» (Pineda, 2016, p. 89). Con esta afirmación, Chirinos muestra una gran conciencia de su vida itinerante y sus experiencias extranjeras. La transnacionalidad y la permutación geográfica modelaron un imaginario de desarraigo que, en Medicinas, se amplifica a través de la experiencia oncológica.

El cuerpo enfermo en Medicinas es un espacio de tránsito, marcado por la movilidad y la pérdida de un centro fijo. La obra exhibe una multiplicidad de voces que se entrelazan con metáforas biológicas de confinamiento, usurpación y exilio. A lo largo del poemario, la voz poética sufre metamorfosis internas, sometida a intervenciones médicas y escrutinio externo, lo que provoca una proliferación de identidades y una huida incesante. Esta fragmentación es clave en la poética de Chirinos, como señala Gregory J. Racz (2018): «Chirinos's most salient excursions into this practice reveal uniquely divided figures whose experiences, in essence, separate them into two very different selves, a kind of doubling that prefigures the use of dialogism and polyvocality in his later works» (p. 162). El poeta construye una identidad múltiple y polifónica, donde el sujeto enfermo se convierte en un ser errante.

Este carácter nómade encuentra resonancia en la metáfora de la fuga, entendida como escape, huida o estrategia de autopreservación. En Medicinas, la fuga se presenta como una necesidad biológica y poética, estructurada a partir de metáforas de evasión que guardan relación estrecha con la identidad del sujeto enfermo/halcón herido. Sobre política de la vulnerabilidad en Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), de Eduardo Chirinos el empleo figurativo de la animalidad, en el ámbito biológico ciertos organismos poseen un mecanismo de camuflaje para evitar a sus depredadores llamado cripsis, el cual se erige como una imagen central en el poemario de Chirinos. El término cripsis, del griego cryptos ‘oculto’, también aparece en la criptografía, el arte de cifrar información. Aplicado a Medicinas, el cuerpo enfermo se concibe como un espacio críptico, marcado por la ocultación y la reconfiguración identitaria.

El ocultamiento como principio poético está presente en toda la obra de Chirinos4. Como explica Racz, existe una «early tendency on Chirinos's part to veil his poetic voice behind those of various speakers and poetic personae, a practice that would devolve into a kind of doubling, dialogism, even polyphony through differing methods of disjuncture and fragmentation» (2018, p. 160). Racz analiza el ejercicio poético de Chirinos, observando la peculiaridad transversal del velamiento desde sus primeros poemas hasta Medicinas, y señala que el propio Chirinos reconoció esta necesidad de ocultamiento en una entrevista con Miguel Ildefonso: «La timidez y el pudor me aconsejaron construir una máscara para no mostrarme. [...] Evidencia una necesidad de revelar las diversas personas que me habitan» (2006). Así, su escritura opera, como explica Racz, desde una lógica del enmascaramiento y el desplazamiento.

En Medicinas, la enfermedad se presenta como una presencia extraña que irrumpe en el cuerpo y lo transforma en un espacio desplazado y ajeno. Sigmund Freud, en The Uncanny (1919/2003), desarrolla el concepto de lo ominoso (unheimlich) como una perturbación de lo familiar. Esta idea resuena con la imagen del corazón trasplantado en L'Intrus (2000/2022), donde Nancy describe la experiencia de albergar un órgano ajeno como una intrusión radical en la identidad corporal. Freud afirma que lo ominoso sería siempre un elemento de desorientación (1919/2003, pp. 220-221), una idea que se aplica a la imprevisibilidad del cáncer. No obstante, a diferencia de la narrativa del rechazo, Chirinos parece aceptar esta alteridad como parte de su ser, integrándola en su imaginario poético.

Una clave elemental para fundamentar la construcción de una poética del ocultamiento es que Medicinas incorpora un diálogo intertextual con el tratado medieval Libro de la caza de las aves (1386), que Pedro López de Ayala escribió durante un período de cautiverio. En este documento, López de Ayala conscientemente se abstiene de revelar cualquier detalle histórico o biográfico relacionado con su encarcelamiento, dejando tales aspectos envueltos en el misterio. Correspondiendo a su interlocutor del siglo XIV, Chirinos afirma en el prefacio de Medicinas que, en lugar de enfrentar su propia enfermedad de forma directa, la explora figurativamente a través del simbolismo del halcón:

Solo diré que seiscientos veintisiete años después, mi cuerpo albergó un inquilino resuelto a suplantarme, a apoderarse de lo que es más íntimamente mío, a desordenar mis hábitos nocturnos, a alborotar tenazmente mi biblioteca. Escribí estos poemas prisionero de ese inquilino, bajo el oscuro aletazo de un cuervo mordaz y exigente. O de un halcón que reclamaba, como yo, medicinas para curar y aliviar sus quebrantamientos. (2014, p. 9)

Medicinas explora el deterioro del cuerpo del paciente y formula la emergencia de una voz poética entrelazada con diversas expansiones del significado de usurpación: la sustitución de la identidad, el avance invasivo del daño y la convivencia con la aflicción.

Para empezar, y como podemos notar desde el prefacio, la enfermedad es figurada como un huésped invasivo, un ente que perturba el orden cotidiano. Liliana Gastelbondo Bernal refuerza esta idea al señalar: «En este libro hay una relación con el cuerpo enfermo, la palabra y la memoria que impulsa un modo no solo de vivir al margen, sino de encubrirlo en la escritura» (2022, p. 99). La dispersión de identidades en Medicinas es una estrategia de ocultamiento, pero también de resistencia. La declaración inicial de Chirinos es crucial, ya que subraya la decidida intención elusiva que adopta con respecto a su cuerpo enfermo. Chirinos busca escapar y, siguiendo a Gastelbondo Bernal, también busca olvidar.

La presencia del cáncer desencadena, como hemos mencionado, la dispersión de identidades y voces en sus poemas. Notablemente, la voz poética del paciente lleva consigo un sentido de angustia y conflicto con su temporalidad actual. El olvido y el desarraigo convergen, por tanto, como métodos esenciales para evadir su identidad presente. En el primer poema del libro, «Poema escrito el Domingo de Pascua», se evoca la Pascua, la celebración de la resurrección de Cristo. Eduardo Chirinos comentó que escribió este poema basado en una experiencia de salud deteriorada: «Un desprendimiento de retina que tuve en España y que estaba vinculado a un sueño en el que vi a Cristo crucificado, que es el primer poema del conjunto» (Quiroz, 2016). Con este poema, el libro se abre con la imagen del evento más canónico y universal de superación de la muerte —la resurrección de Jesús—; no obstante, observamos cómo la voz poética cambia inmediatamente a un contexto mucho más material, cotidiano y ordinario: «En inglés lo llaman Easter en honor a la diosa / que nos trae por fin la primavera, el mismo / sol que saluda y resplandece en mi ventana» (Chirinos, 2014, p. 13).

Retornando a la idea de Racz (2018) sobre el enmascaramiento, en «Poema escrito el Domingo de Pascua» discernimos una ansiedad vinculada a actos de sustitución, como se ejemplifica en los siguientes versos: «En Salamanca, un muchacho se gana la vida imitando a Cristo» (Chirinos, 2014, p. 13), «Anoche tuve un sueño. / Cristo me preguntó si podía reemplazarlo / en la cruz porque estaba cansado, porque / tenía hambre y quería comer un bocadillo» (p. 13). Estos versos desmantelan cualquier noción de sublimación o trascendencia, enfatizando la experiencia de supervivencia y precariedad que fomenta un sentido de comunidad entre los individuos. El énfasis en la comunión persiste en las siguientes estrofas: «Se trata de asuntos domésticos, de insertarse / en el frío. Como tú, como yo, como el muchacho / que recoge monedas y se marcha con / su disfraz de Cristo, su corona de espinas. / Sus heridas simuladas con mercurio cromo» (2014, p. 14). Aquí, no solo identificamos el predominio de lo doméstico en la imaginación de Chirinos, sino que también notamos cómo las acciones de imitación, sustitución y simulación implican ocultamiento.

Chirinos construye una poética dirigida a enfrentar la enfermedad forjando nuevos caminos para la formación de una identidad múltiple y desplazada/oscilante. En la cuarta estrofa del poema, encontramos los siguientes versos: «Indiferente a la Pascua una cigüeña cruza el cielo [...]. Yo la miro y soy trirreme, soy rojo / y soy también azul, y soy espuma que baten / los remos. Y si la miro dos veces soy el mar» (Chirinos, 2014, p. 15). En estos pasajes, por un lado, se introduce la primera metáfora con un ave, que asume un papel simbólico central en Medicinas a través de interpretaciones multifacéticas. Por otro lado, la voz poética interviene de manera más directa, negando la importancia de la celebración de la resurrección; asimismo, procede a crear imágenes que fusionan colores y densidades líquidas, lo que sugiere un flujo de identidad dirigido hacia la deriva y lo desconocido. Esta noción se refuerza en la siguiente estrofa, donde el poema concluye repitiendo el verso: «Indiferente a la Pascua una cigüeña cruza el cielo. / No sé hacia dónde se dirige, pero tampoco me / importa. Me basta con saber que ella lo sabe» (2014, p. 16).

En este contexto escapista del cuerpo, la fuga alcanza su máxima expresión en «Poema escrito en el séptimo día de otoño». Este comienza con un epígrafe que cita al poeta polaco Adam Zagajewski: «La noche viene de Asia y no hace preguntas» (Chirinos, 2014, p. 22). Aunque no profundizamos en todo el poema de Zagajewski, es imperativo resaltar su esencia temática vinculada con la otredad, la alienación y las cualidades enigmáticas. Chirinos incorpora este epígrafe como una forma de iniciación a un reino distante y extranjero que de repente se despliega ante él. Aquí podemos identificar una particular sensación de opacidad y obstaculización que impregna todo el libro. Existe un límite para acceder al cuerpo material. Por lo tanto, el ejercicio disponible es la metáfora, el ámbito de la extensión imaginativa. Ante el inminente proceso de destrucción, Chirinos no se aferra al cuerpo, sino que persigue su abandono simbólico, la huida de su identidad enferma.

El primer elemento que persiste a lo largo de este poema es la imagen del humo. El humo, en su definición química, representa un subproducto natural de la combustión, una sustancia gaseosa que surge de la quema de material. Dentro del poema, sirve como una clara alegoría de la enfermedad: desconcertante, intimidante, ofensiva. El humo funciona en este poema como una entidad abiertamente dañina, entrelazada en una narrativa que lo vincula a un sentido de pesadez y obstrucción: «El humo enturbia el aire de septiembre» (Chirinos, 2014, p. 22), «El humo estorba la visión de las montañas» (p. 22), «el humo que oscurece las ventanas del Templo y estropea el paisaje» (p. 23), «el humo obstruye la salida» (p. 24), «el humo se desvanecerá pronto, esta noche acuérdate de mí» (p. 25) y, finalmente, «Leo y escribo para huir del humo, para huir de mí» (p. 25). La ominosa presencia del humo en el poema lo configura como un fenómeno abyecto que agota y confunde al sujeto.

El segundo elemento recurrente en «Poema escrito el séptimo día de otoño» es la presencia animal. Aquí, la voz poética repite, casi como un mantra: «Escribo sobre animales para olvidar mi cuerpo, para huir de mí» (Chirinos, 2014, p. 22); «Escribo sobre animales para escapar de mi cuerpo, para huir del olvido. Cada animal me recuerda mi cuerpo. Cada animal me recuerda el olvido» (p. 24). Las figuras animales son representativas en la obra de Eduardo Chirinos5. La animalidad permite continuidades vitales que se desvinculan de la identidad humana; por tanto, no solo se trata de una fuga identitaria a través del camuflaje, sino también de un desarraigo de la memoria individual y humana del sujeto enfermo.

La repetición de aquellos versos mántricos subraya la escritura como un acto de resistencia. Estos no solo posicionan la escritura como el vehículo discursivo para eludir el cuerpo enfermo, sino que también revelan reflexiones más profundas sobre la posteridad. La animalidad, en este contexto, se presenta como una vía de escape de la identidad humana, una disolución en lo otro. No se trata solo de ocultarse, sino de transformarse. La escritura en Medicinas no solo documenta la enfermedad, sino que la subvierte, la convierte en un espacio de tránsito donde la vulnerabilidad se torna una posibilidad de reconfiguración.

A lo largo de la historia, la enfermedad ha sido conceptualizada a través de metáforas de invasión, un imaginario que se ha consolidado en la cultura occidental. Susan Sontag examina esta idea en su estudio sobre las enfermedades como metáfora (1977), señalando cómo el cáncer, en particular, ha sido descrito en términos territoriales y bélicos. Su avance metastásico es figurado como una ocupación violenta que política de la vulnerabilidad en Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), de Eduardo Chirinos amenaza la integridad del cuerpo. Este marco metafórico no solo permea el lenguaje cotidiano, sino que también se inscribe en el discurso médico, desde los tratamientos hasta las intervenciones quirúrgicas, que se conciben como estrategias de defensa ante un enemigo interno. Nancy, reflexionando sobre los significados culturalmente establecidos de lo extraño, afirma que «the intruder enters by force, by surprise, or by cunning; in any case, without right and without having been admitted beforehand» (2000/2022). Esta invasión biológica se inscribe en una lógica binaria que oscila entre la aceptación de lo ajeno o su rechazo absoluto.

En Medicinas, Eduardo Chirinos recurre a estas mismas coordenadas simbólicas para representar la enfermedad como una ocupación violenta, pero también como una experiencia de desplazamiento y exilio dentro del propio cuerpo. Uno de los poemas que mejor explora esta dimensión territorial del cáncer es «Puerta de Atocha - Estación de los Desamparados». Chirinos, en una entrevista, describe la génesis del poema: «Lo empecé a escribir antes de la operación por la cual me retiraron todo el estómago, lo corregí después de la operación y lo terminé en el proceso posoperatorio. O sea, de todos los poemas del libro, ese es el que estuvo acompañándome en la parte más álgida del asunto» (Quiroz, 2016). Desde el título, se construye un juego de yuxtaposiciones entre estaciones peruanas y españolas que evoca la sensación de tránsito y desarraigo del cuerpo enfermo. La primera estrofa abre con una imagen de extrañamiento espacial:

Paradojas del movimiento. En el interior del tren / el paisaje se percibe desde la quietud. Todo / lo sólido se desvanece en el aire, deja partículas / de polvo, su estela multicolor en la retina. / En el exterior, en cambio, el paisaje es inmóvil. / El tren perfora la quietud como una aguja en la / arteria, como la sangre que circula en un cuerpo / inerte pero todavía vivo. Y el sol. El sol benéfico / que arde en los metales, en la memoria que / agradece la llegada del tren, Y me adormece. (Chirinos, 2014, p. 17)

En estos versos, la voz poética remarca la relación enigmática entre el interior y el exterior del tren, y genera una simbiosis de espacios y cuerpos diluidos. Aquí, el tren se convierte en una metáfora del procedimiento médico que irrumpe en el cuerpo del paciente. La aparente paradoja entre quietud y movimiento refleja la inmovilidad del cuerpo intervenido frente al dinamismo del mundo exterior. La segunda estrofa refuerza este tránsito con una imagen de dependencia fisiológica: «¿Por qué el tren me hace pensar en paisajes / con vacas? Del soporte de fierro cuelgan bolsas / como ubres. Están conectadas a mi cuerpo y mi cuerpo / callado, las recibe» (Chirinos, 2014, p. 17).

La asociación entre el suero fisiológico y la leche resalta la fragilidad del paciente, cuya subsistencia depende de una alimentación artificial. Este simbolismo se amplía en el epígrafe del poema, que cita «La rueda del hambriento», de César Vallejo: «Váca mi estómago, váca mi yeyuno». De este modo, Eduardo Chirinos se inserta dentro de una tradición poética que recupera la naturaleza visceral, material y abyecta del cuerpo humano en crisis. «La rueda del hambriento» es un poema sobre un hombre que observa su miseria; en un sentido amplio, un poema sobre el hambre. El sujeto poético experimenta carencias tanto fisiológicas como espirituales, y Chirinos retoma esta contemplación para identificarse como un cuerpo de descarte. Como en el poema de Vallejo, la enfermedad en Medicinas no es solo un padecimiento físico, sino un estado de indigencia y vulnerabilidad extrema.

A lo largo del poema, la voz poética oscila entre recuerdos del pasado y la irrupción de la realidad hospitalaria. Estampas de Lima en los años 70 y Madrid en los años 80 se intercalan con escenas del presente inmediato correspondientes al cuidado clínico: «Una enfermera entra / a la habitación y pide mi boleto» (Chirinos, 2014, p. 17), «La enfermera me pide mi boleto» (p. 18), «La enfermera me trae la comida en una bandeja / de aluminio. Dice que volverá en dos horas. / política de la vulnerabilidad en Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), de Eduardo Chirinos Se llama Eulalia como la santa del pueblo» (p. 19), «La enfermera pregunta si he comido ancas de rana» (p. 20), «Eulalia entra a la habitación y pide mi boleto» (p. 20). Estas intervenciones médicas, representadas a través de un lenguaje burocrático, refuerzan la sensación de que el cuerpo del paciente ha sido expropiado, convertido en un territorio administrado por otros. La sexta estrofa profundiza esta idea a través de una potente metáfora del cáncer como invasión:

Imagina un tren que parte de una estación / cualquiera. Imagina que en cada estación / el tren se multiplica. Que lo que fue al comienzo / un tren solitario y reluciente son ahora miles / circulando sin control. Invadiendo lentamente / y en silencio cada vía sana y libre de tu cuerpo. (Chirinos, 2014, p. 19)

Aquí, la proliferación descontrolada del cáncer es figurada como una multiplicación de trenes, una invasión progresiva que se apodera de cada rincón del organismo. De estos versos, no solo resalta el énfasis en el acto de imaginar, sino también la mención de la multiplicación, la pérdida de control numérico sobre el cuerpo y la desposesión.

Pero el cuerpo enfermo de cáncer no solo es un territorio invadido, sino también un espacio de confinamiento. En Medicinas, esta metáfora se entrelaza con la noción del cautiverio, una imagen recurrente en la tradición literaria de la enfermedad. Al equiparar la enfermedad con una prisión para el cuerpo, se enfatiza la falta de libertad, el sentido de aislamiento que a menudo acompaña a condiciones de salud debilitantes y la dependencia de los profesionales de la salud. Como observa Sontag (1977), históricamente la tuberculosis se asoció con la pérdida de energía vital, mientras que el cáncer ha sido entendido como una manifestación de represión emocional.

En Medicinas, las metáforas sobre el cautiverio son reelaboradas y adquieren una ambigüedad importante. Chirinos afirma que emprende el ejercicio de escribir Medicinas bajo las demandas de dos figuras de lo extraño que lo mantienen cautivo, metaforizadas en aves cuyos significados son tangencialmente opuestos. Por un lado, incluye a un cuervo, por tradición utilizado para representar oscuridad, muerte, astucia, traición o mal augurio. Por otro lado, menciona un halcón, que de forma histórica ha constituido un símbolo de agudeza, ferocidad, poder y libertad. Toda la estructura semántica de Medicinas gira en torno a imágenes de refugio y recepción que reformulan los significados de la malignidad históricamente asociados con el cáncer.

Esto conduce a explorar conceptos adicionales derivados del confinamiento, como la noción de hospitalidad. El término hospitalidad proviene del latín hospitalitas y comparte raíces con palabras como hospital, hostal u hospicio. En todos estos términos, el significado principal se centra en un anfitrión que recibe y atiende las necesidades de personas temporalmente ausentes de sus hogares. La hospitalidad implica un acto ético y voluntario de refugio y asistencia ejercido hacia sujetos extranjeros y/o vulnerables. En relación con esto, Ernesto Lumbreras señala que «Chirinos acentúa su otro en el discurso mismo de la poesía, en el huésped de la enfermedad nunca mencionada por su nombre, pero siempre sugerida con sutileza y sin melodrama y en la escritura carcelaria del poeta-canciller» (2014). Cuando Eduardo Chirinos, en su prólogo, alude al cáncer y dice que su cuerpo «albergó un inquilino», sus palabras no expresan confrontación, sino más bien disposición para dar la bienvenida y cuidar.

En el poema «Dos semanas bocabajo», la metáfora del cautiverio combina dos ejes espaciales de confinamiento. El primero es social y se refiere al entorno hospitalario o clínico. El segundo se refiere al propio cuerpo enfermo, que debe permanecer en una posición específica, boca abajo. La primera estrofa comienza con un relato de síntomas físicos que indican el desgaste y la disfunción progresiva del paciente: «Se empieza por ver mal, luego aparece la pátina / verdosa. Los objetos empiezan a distorsionarse, / a despedirse lentamente de los nombres» (Chirinos, 2014, p. 28). La voz poética describe el momento después de un procedimiento médico o tratamiento. Se identifica una sensación de confusión y alteración de la vigilia. La atmósfera descrita es negativa y limitante de la libertad y las facultades motoras del paciente.

La alteración sensorial se acentúa en la segunda estrofa, donde la voz poética describe su fusión con el espacio inmediato: «¿Te sientes bien? Siento mi sombra cosida a / las paredes, el techo de la habitación girando / a mis espaldas. El suelo, en cambio, permanece / inmóvil. Aferrado a la materia, asido con las garras al humus del origen» (Chirinos, 2014, p. 28). La voz del paciente reducido a la posición boca abajo expresa malestar en términos adversativos, describiendo los espacios inmediatos que pueden percibirse casi en simbiosis con el cuerpo, como componiendo un paisaje único: las paredes lo sostienen, el techo es inaccesible, el suelo es permanente y tangible.

El cuerpo enfermo se convierte en un objeto inmóvil, atrapado en un estado de inercia y suspensión. Esta sensación se refuerza en la tercera estrofa: «No te preocupes, dicen. A nadie entierran / bocabajo. Permanece así por dos semanas. / Mientras tanto no hables, no leas, no escribas» (Chirinos, 2014, p. 29). Las voces interlocutorias del personal médico o de cuidados representan un tratamiento oscilante de protección y sumisión. La orden médica de guardar silencio y restringir el movimiento transforma la enfermedad en una forma de encarcelamiento. Sin embargo, en la cuarta estrofa, la voz poética introduce una fisura en esta lógica de encierro: «En el mundo bocabajo hay lugar para la música, / para la libre asociación de colores y ciudades» (2014, p. 29). A pesar de la inmovilidad, la imaginación ofrece una vía de fuga. La quinta estrofa refuerza esta idea al contraponer la ausencia de libros con la posibilidad de evocarlos mentalmente: «En el mundo bocabajo no hay lugar para los / libros, pero puedo recordarlos, sentir el olor / tranquilizante de sus páginas» (2014, p. 29). El paciente no tiene acceso a ninguna forma usual de distracción que involucre un objeto material, como libros. Todo lo que le queda es divagar en su mente, recordar y figurar imaginativamente.

El epígrafe del poema, tomado del cuento corto «La caminata repentina», de Franz Kafka, introduce una clave interpretativa adicional. En su relato, Kafka (1913/1971) narra en primera persona las reflexiones de un personaje sobre una acción aparentemente trivial y cotidiana: salir a caminar y terminar visitando a un amigo. El cuento tematiza el desvío de la rutina de un hombre común, que realiza una secuencia de acciones regulares en el espacio doméstico hasta darse cuenta de un malestar que lo lleva a cambiar este orden natural y abandonar a su familia en busca de plena libertad. Chirinos cita una frase del cuento y alude a esta idea en la última estrofa del poema, donde la restricción física convive con un deseo latente de huida: «Cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada». En Medicinas, el cuerpo enfermo no solo es un espacio de invasión y cautiverio, sino también de resistencia.

Chirinos no se limita a registrar la enfermedad, sino que la reinscribe en un lenguaje de desplazamiento y fuga. A través del tren, del cuerpo bocabajo y de la memoria como espacio de tránsito, la escritura se convierte en un territorio donde la enfermedad no se somete, sino que se reinventa. Esta transformación ocurre en distintos niveles. En primer lugar, la escritura se configura como un acto de resistencia ante la medicalización del cuerpo. Si el hospital impone reglas de silencio y quietud, el poema se erige como un espacio donde el lenguaje y la imaginación rompen con esas restricciones. La voz poética, aunque físicamente inmovilizada, se rehúsa a quedar atrapada en su propio cuerpo y, en ese acto, convierte la enfermedad en una forma de creación.

En segundo lugar, Medicinas subvierte la tradicional asociación del cáncer con una invasión destructiva al reformularlo como una experiencia de extranjería que, lejos de ser un proceso pasivo de pérdida, se convierte en una posibilidad de reinvención identitaria. Chirinos no expulsa la enfermedad de su poética, sino que la integra, la habita, la desdibuja y la transforma en un principio de multiplicación. Así, el cuerpo enfermo no solo se percibe como un espacio de opresión, sino también como un umbral hacia una experiencia de lo otro, donde el yo ya no es una entidad fija, sino un constante devenir.

Finalmente, el libro traza un mapa de huida donde la escritura misma se convierte en la forma última de supervivencia. Si el cuerpo es un territorio invadido, si el hospital es una celda, entonces la palabra es la única vía de escape. Medicinas nos deja ante un sujeto poético que, aun en la inmovilidad, logra desplazarse. La enfermedad, en su dimensión biológica, impone límites; pero, en la dimensión poética, se desdibuja en metáforas de tránsito, migración y transformación. La fuga de Chirinos no es solo una huida del dolor, sino una manera de seguir existiendo en otros cuerpos, en otros espacios, en otros tiempos. Así, el poema se convierte en el lugar donde lo que parece un final es, en realidad, una forma de persistencia.

4. Una política de la vulnerabilidad

El poeta y lingüista peruano Mario Montalbetti afirma que «cuando algo sale al lenguaje / en lugar de / salir a la luz // entonces estamos ante el poema, / en el poema» (2018, p. 67). Esta declaración se alinea con la característica prominente de ocultamiento en Medicinas, ya que revela las reflexiones metapoéticas del autor. Podemos reconocer que lo que no puede ser simbolizado a través de palabras y permanece oculto desde/dentro del lenguaje es aquello que se vuelve silencioso. Sobre este tema, Georges Canguilhem cita al cirujano francés René Leriche (1936) a través de la famosa frase «Health is life lived in the silence of the organs» (2008, p. 467), la cual ofrece un pensamiento crucial para nuestra comprensión del lenguaje y su correlación con la enfermedad. Asociar la salud con el silencio del cuerpo coloca a la enfermedad del lado de la expresión; por lo tanto, si un cuerpo silencioso corresponde a la condición de salud del sujeto, el cáncer, además de ser una manifestación somática de deterioro, adopta la forma de un ruido disruptivo. En Medicinas, la enfermedad se transforma en un lenguaje propio, una voz que no solo expone la angustia del sujeto, sino que prolifera y se multiplica como un signo de su propia condición.

Esta aparentemente sutil o incluso forzada relación entre el silencio, la voz y la enfermedad adquiere una significación aún más profunda cuando consideramos un aspecto biográfico de Eduardo Chirinos que, a pesar de que informa tanto sus reflexiones sobre la vida como sus experimentaciones poéticas, ha permanecido ausente en el discurso crítico: su sordera parcial, una discapacidad que lo acompañó desde la infancia. Este rasgo condicionó su relación con el mundo sonoro, fomentando una afinidad distintiva por el silencio. Después de un breve examen de la obra literaria del autor, queda claro que el silencio es un motivo persistente. Desde la perspectiva de Chirinos, lo no dicho es precisamente lo que da forma a la sólida base de la creación poética, como se puede observar desde Cuadernos de Horacio Morell hasta sus obras más tardías. En «Arte poética», por ejemplo, leemos: «El silencio reposa locuaz en mis orejas / Y escarbo como un topo bajo el cielo» (Chirinos, 1978/1981). En la poesía de Chirinos, el silencio emerge como un eje formal y temático, y sirve como un material luminoso sobre el cual opera el lenguaje, como el propio autor expresa en El equilibrista de Bayard Street: «Elegí las palabras porque no pude elegir el silencio» (1998).

Recogemos estas reflexiones metapoéticas para adentrarnos en las múltiples y oscilantes voces respecto a la anomalía del cuerpo del paciente con cáncer y sugerir que Chirinos formula un discurso y una indagación únicos a través del lenguaje y la expresión concernientes al cuerpo enfermo. Este discurso sitúa a la fragilidad como el principio rector para forjar nuevas conceptualizaciones de la malignidad que se extienden, extrapolan y entrelazan con imágenes de disminución física. En Medicinas, las metáforas sobre lo indefenso recuperan formas relegadas de alteridad y marginalidad a través de continuidades biológicas y figuras de desposesión humana e incompletitud. En esta medida, examinamos cómo la sordera y el cáncer, ambas experiencias fácticas de pérdida y dolencia, constituyen ejes centrales que dan forma al imaginario de la falencia humana y, en última instancia, elaboran una política de la vulnerabilidad desde la cual se resisten discursos y exigencias contemporáneas. Sostenemos que el cuerpo enfermo se constituye como un terreno de indefensión, es decir, un espacio donde la vulnerabilidad y la imperfección se validan como opciones resilientes y necesarias para la vida.

En «Abrir la prosa», Chirinos afirma: «La palabra poética se comporta como una cosa viva con la que debemos aprender a convivir» (2016, p. 150). En Medicinas, el cáncer reformula las nociones de cuerpo y lenguaje en términos vitales: el cuerpo textual y el cuerpo biológico se entrelazan y generan un paisaje de fragilidad donde los sentidos se desdibujan. Esta percepción de lo sensorial como un espacio de límites y obstáculos resuena con las ideas de Maurice Merleau-Ponty en Phenomenology of Perception (2005/1945): «I observe external objects with my body, I handle them, inspect them, walk around them. But as for my own body, I do not observe it: to do so, I would need a second body, which would itself be unobservable» (p. 104). La poesía de Chirinos, fuertemente visual y sinestésica, parece responder a este dilema ontológico.

El poema «Incidente con perro en la calle cinco» ilustra esta fractura perceptual al afirmar: «El oído corrige el paisaje del ojo. Lo llena / de música y silencio, le da forma y color. / Luego el ojo tiende su cortina y superpone / otros paisajes» (Chirinos, 2014, p. 31). En estos versos, el lenguaje se convierte en un proceso compensatorio que opera tanto a nivel del cuerpo como a nivel del lenguaje: lo que la vista no comprende, el oído lo reconstruye. Sin embargo, la incertidumbre persiste, como señala el poema: «El ojo impide ver, el / oído está alerta. / Incesantemente lo corrige» (2014, p. 31). La alteración de los sentidos es un núcleo significativo de las metáforas oncológicas que construye Chirinos. Además, persiste una amplia sensación de confusión y oscuridad que dificulta la comprensión del mundo inmediato observado por el sujeto poético: «Ese perro quería decirme / algo. Un mensaje que no supe descifrar» (2014, p. 31).

Chirinos hace constantes referencias a formas ocultas y elementos enigmáticos. La falta de comprensión, el obstáculo en el circuito comunicativo, responde a una incongruencia entre el sentido de la vista y el sentido del oído. Este conflicto sensorial se amplifica en «Cuatro piezas para violín», donde el poeta les otorga agencia a los colores: «Azul vibra nervioso al ritmo de las alas. No / debería, es un color prestigioso» (Chirinos, 2014, p. 38), «Rojo vibra con seguridad al contacto con la / lumbre. No debería, es un color inquieto» (p. 38). Más adelante, la voz poética cuestiona la percepción: «Paisaje es color, así lo dice el ojo. No, no, dice / el oído. Paisaje es música» (2014, p. 38). De este modo, Chirinos desmantela la jerarquía sensorial y construye un lenguaje en el que la vista y el oído no solo compiten, sino que se confunden.

La poética de Medicinas no solo aborda la enfermedad como un exceso corporal, sino también como una crisis del lenguaje. Como señala Gregory J. Racz, Chirinos tiende a volverse menos referencial con el tiempo (2018, p. 160), lo que se manifiesta en una escritura que privilegia la sonoridad sobre la fijación de significados. Estamos de acuerdo con esta transición/evolución en la poética de Chirinos, particularmente evidente en Medicinas, donde las palabras se distorsionan de forma gradual en su dimensión semántica y se abren más a su valor acústico. Es decir, la separación entre palabra y referente lleva a una apreciación de la acústica verbal. Esto se alinea con la idea del «poema como significación aberrante» (Montalbetti, 2014), donde el lenguaje poético resiste ser una simple herramienta de comunicación.

En «Desencuentros con Lezama», esta exploración del lenguaje alcanza un punto de crisis a través de un cuestionamiento confuso y frenético: «Estoy frente / al Palacio del Lenguaje y no me atrevo a entrar» (Chirinos, 2014, p. 44). La referencia a Lezama Lima, maestro del exceso verbal, sugiere una fascinación y al mismo tiempo un temor ante el poder de la palabra. De manera similar, «Poema olvidado en el asiento de un taxi» también es útil para profundizar en la calidad excesiva del lenguaje de Medicinas. También casi como un mantra, a lo largo del poema se repite y se juega con versiones del verso «La palabra es proliferación» (2014, p. 57). Esto indica que el lenguaje, al igual que el cuerpo, adopta la forma de lo múltiple y lo excesivo. En esta conexión, Gastelbondo Bernal explica que Chirinos trabaja en lo descartado, lo arrebatado, y señala que en su obra «prevalece la sucesión de imágenes y de encabalgamientos como si fueran pliegues del papel, de la piel del texto» (2021, p. 46).

En este punto, la enfermedad, el silencio y la palabra poética convergen en una misma lógica de lo inestable y lo abierto. Examinamos antes cómo la condición nómada de Chirinos se refleja en su escritura, donde las voces se multiplican y las identidades se fragmentan. Esta disolución de límites se extiende al cuerpo enfermo, que en Medicinas se representa como un espacio de tránsito y transformación. En este libro, observamos una proliferación de metáforas relacionadas con el desplazamiento de la identidad a partir de continuidades vitales biológicas que denotan un rescate del despojo. En Medicinas, el cuerpo enfermo resulta ser un espacio abierto donde convergen los tránsitos, los devenires y las movilizaciones de la identidad del paciente. Consecuentemente, el poeta elabora una serie de metáforas de metástasis y metamorfosis corporales.

Desde esta perspectiva, el cáncer no solo es una invasión biológica, sino también una metáfora de la alteridad radical. David Le Breton sostiene que «el hombre es indiferenciable de su carne» (1990/2002, p. 152), frase que permite señalar al cuerpo esencialmente como un hábitat. En la misma línea, Maurice Merleau-Ponty (1945/2005), desde sus reflexiones sobre la fenomenología de la percepción, utiliza el concepto de flesh ‘carne’ para explicar que el mundo se revela a través del cuerpo. En otras palabras, la existencia está mediada por la materialidad corporal. Julia Kristeva, por su parte, explica las características de la abyección y señala que «the corpse, seen without God and outside of science, is the utmost of abjection. It is death infecting life» (1982, p. 4). Siguiendo esta perspectiva, el cáncer en la poesía de Chirinos genera un amplio campo semántico sobre lo residual, lo que deriva en cuestionar la resistencia física humana y abrir nuevas posibilidades de existencia que rechazan la hegemonía de las expectativas sociopolíticas respecto a la salud, la aptitud y la funcionalidad. La desposesión corporal prolifera de manera abyecta, fomentando una descentralización de los aspectos humanos y familiares establecidos del yo.

Como podemos notar, el cuerpo como un espacio habitable no solo genera metáforas espaciales de lo conocido y lo familiar, sino que también abre reflexiones adicionales sobre los límites físicos y la cautividad fomentados por la experiencia del cáncer. Chirinos no concibe la enfermedad como una lucha, sino como una forma de existencia. El poeta formula nuevas consideraciones sobre la pertenencia al mundo desde perspectivas que desplazan al sujeto humano de su posición predominante. Así, vemos que Chirinos establece continuidades biológicas con especies notablemente vulnerables. Esta afiliación con criaturas frágiles lleva a reflexionar sobre la discapacidad como un desencadenante para engendrar un sentido de continuidad y comunión con formas de vida alternativas.

El término discapacidad engloba diversas condiciones físicas y biológicas asociadas con diversos cuerpos humanos. Este espectro amplio ocasiona que sea un término inestable. La visión contemporánea de la salud representa la hegemonía de una concepción triunfalista de la vida como signo de productividad, en la cual el cuerpo se mide por su capacidad de producción y función óptima. El cuerpo enfermo enfrenta esta demanda al configurarse como un paisaje interior que invita al acceso a una visión más integral capaz de abrazar la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, como estados no absolutos de un ritual en constante transformación. La discapacidad auditiva de Eduardo Chirinos es una condición relacionada con la salud —paralela al cáncer— que influye en su imaginario de privación y pérdida. Ambos redirigen sus reflexiones sobre los múltiples significados del exceso y los cambios hacia identidades disidentes.

La evocación de figuras animales en Medicinas no es un recurso incidental; por el contrario, constituye un eje central en la imaginación del autor, quien las utiliza para esbozar formas alternativas de pertenencia y comunidad. A diferencia de los discursos que privilegian la lucha y la resistencia, Chirinos se aleja de la confrontación y el heroísmo, orientando su poética hacia el abrazo de la otredad. En este sentido, el halcón, símbolo literario tradicional de adaptabilidad y poder, se convierte en un motivo de desplazamiento. Aunque en la literatura suele encarnar destreza y supervivencia, en Medicinas su figura es reconfigurada: Chirinos construye una voz poética que se identifica no con el halcón ágil y dominante, sino con la criatura herida y domesticada. Esta inversión simbólica evidencia una distancia del dominio humano y privilegia la fragilidad como principio existencial. En lugar de exaltar la voluntad de poder, el poeta explora la vulnerabilidad de distintas formas de vida, alejándose del antropocentrismo y vinculándose, en cambio, con la agencia del fracaso.

En Medicinas, la posibilidad de una integración orgánica se gesta a través de imágenes que enfatizan la fragilidad de la materia y la vulnerabilidad como un estado persistente del cuerpo enfermo. Esta lógica de interconexión se extiende no solo a la animalidad, sino también a lo vegetal y lo químico, como se evidencia en «Poema con pájaros y ciclamen»:

Tres pájaros cruzan por el bosque. El / primero se llama poesía. Llena el mundo / de silencios, le gusta la expresión hijos, / suelta en el aire su simiente, su canción / muda para quien sepa escucharla. El / segundo se llama pensamiento. Llena / el mundo de globos y palabras, le gusta / la expresión vigilia, discrepa del ritmo / pero sabe ordenarlo, aletea en un charco / de luz, pero no canta. El tercero se llama / memoria. Le gusta la expresión relieve, / rasga en su vuelo un telón de sombras, / agita sus alas entre el sí y el no. Se lanza / al vacío con los ojos vendados. (Chirinos, 2014, p. 40)

En este poema, los pájaros encarnan la poesía, el pensamiento y la memoria, cada uno con sus propias limitaciones y potencias. La segunda estrofa introduce la imagen del ciclamen: «Ciclamen, también llamado violeta persa. / Propio de los meses fríos. La fragilidad / es su belleza. Así ha sobrevivido» (Chirinos, 2014, p. 40). El ciclamen, una planta que requiere cuidados específicos y solo florece en condiciones adversas, se convierte en una metáfora de la experiencia del paciente oncológico. Su ciclo vital, marcado por periodos de inactividad, remite al mantenimiento del cuerpo enfermo y la dependencia de los tratamientos. En la tercera y última estrofa, la voz poética retoma la imagen de los pájaros y el ciclamen para establecer un paralelismo entre fauna y flora como instructores de la vulnerabilidad: «Lo aprendí de los pájaros: la indefensión es / un estado del alma. Lo aprendí del ciclamen: / la indefensión es una estratagema del cuerpo» (2014, p. 41). Aquí, la fragilidad no es concebida como un defecto, sino como un conocimiento, una forma de estar en el mundo.

Dentro de Medicinas, uno de los poemas más significativos es «En torno a un poema de Victoria Guerrero», donde Chirinos no solo incorpora su característico diálogo con otros textos, sino que también establece una profunda reflexión metapoética en relación con la poeta peruana Victoria Guerrero. La primera estrofa abre con una cita directa del poema de Guerrero: «“Todas las combinaciones son perfectas esta / noche, todas las combinaciones son posibles”. / Así escribe Victoria en sus cuadernos, página 19, fecha 9-02» (Chirinos, 2014, p. 60). Este poema está incluido en el libro Cuadernos de quimioterapia (contra la poesía) (2012), que trata sobre la experiencia de la hermana de Victoria Guerrero Peirano con el cáncer de mama. Guerrero Peirano no estuvo enferma, pero desarrolló una poética en torno a un nuevo sentido de los lazos familiares sostenidos a través de compartir la enfermedad; así, el cáncer se convierte en un eje central sobre el cual la poeta rearticula los vínculos femeninos maternos y filiales.

Ya desde su título, Guerrero Peirano (2012) desafía notablemente el espíritu de las palabras y cuestiona la función de la propia poesía. El libro se vendió en edición limitada, la cual incluía un sobre que contenía un mechón de pelo y una copia anotada de una receta médica. Esta forma física y material de interpelar al lector apunta a una insatisfacción con el lenguaje y a una desconfianza hacia el lenguaje y la poesía que resuena en Chirinos. En la segunda estrofa del poema de Chirinos, reaparece un recurso que ya hemos analizado en su obra: la atribución de agencia a elementos abstractos, como el color y el sonido. Así, leemos: «Oscuro se apodera de los nombres. Les inyecta / enfermedad, les inyecta brío, cualquier sustancia / que arda en las venas» (Chirinos, 2014, p. 60). Aquí, la voz poética refuerza la condición enigmática y agresiva tanto de la enfermedad como de su tratamiento.

Más adelante, en la tercera estrofa, Chirinos alude directamente al poema de Guerrero Peirano y señala: «En ese tacho de basura encontrarás una palabra. / Búscala con hambre, búscala con impaciencia. / La hallarás entre el ala rota de un halcón y una bolsa de residuos médicos. La hallarás desnuda / contra la poesía. Contra el dolor que seduce y / reclama nuestros nombres» (2014, pp. 60-61). Estos versos condensan varios de los motivos fundamentales de Medicinas: lo residual como material poético, la enfermedad como un lenguaje que se escribe desde los márgenes y la lucha contra la seducción del sufrimiento como narrativa única del cáncer. En el poema «9-02», Guerrero Peirano despliega una voz que asume el rol de agente auxiliar:

Le inoculo la enfermedad para que sane / La enfermedad riega sus venitas [...] Es un amor insomne [...] Es un amor torpe [...] Me dejo inocular la enfermedad yo también / Cómo se crispa la enfermedad en mis venas / Estalla como un fuego artificial. (2012, p. 21)

Aquí, la enfermedad deja de ser una condición estrictamente corporal y se expande hacia lo emocional. El cáncer se convierte en un código compartido, un lenguaje que reconfigura los lazos afectivos. La nueva enfermedad, como sigue refiriendo el poema, sería el amor que ha surgido entre las tres mujeres por compartir la experiencia del cáncer. Además, este compartir se extiende materialmente a las sustancias:

Todos los fluidos y todos los químicos / Así dice el Amor Así

dicen que es / Me entrego a este amor / Tomo todas sus pastillas / Aprendo a escribir nuevos nombres / CMF (Ciclofosfamida, Metorxato y 5-Fluorouracilo) / A engullir otros signos / y ya qué diablos. (Guerrero Peirano, 2012, pp. 21-22)

La mención explícita de los medicamentos resuena con la obra de Chirinos y su uso de listas y colecciones. En ambos casos, el lenguaje se enfrenta a su insuficiencia para expresar la enfermedad, por lo cual se fragmenta y se llena de signos ajenos. La enunciación de estos signos y nombres reabre el debate sobre cómo plasmar la experiencia del cáncer sin romantizarla ni caer en la descripción del sujeto sufriente y sus vicisitudes. Guerrero Peirano (2012) enfatiza no solo que tener un núcleo familiar afectado por el cáncer en Perú conlleva un conjunto de violencias inevitables, sino también que ser poeta es cuestionable, reprochable e inútil frente al diagnóstico. Su compromiso con la escritura se ve constantemente asediado por pensamientos que ella elabora como intervenciones externas de su hermana y su madre.

El dialogo abierto con Guerrero es importante —y consideramos que merece mayor exploración posterior— porque da cuenta de un tránsito hacia discursos no herméticos sobre lo vulnerable desde una perspectiva que combina las ciencias humanas con las médicas. En ambos casos, el lenguaje es un campo de batalla donde la fragilidad es un valor político que se convierte en forma y contenido, donde la palabra poética se inscribe en el residuo y el despojo. Lejos de buscar la sublimación del sufrimiento, ambos poetas nos recuerdan que la enfermedad, con sus quiebres y silencios, también es un modo de estar en el mundo.

Como hemos visto a través de las figuras del halcón herido, el ciclamen que florece en la adversidad y la enumeración de fármacos como parte de un nuevo alfabeto, Chirinos construye una poética donde la enfermedad no es solo sufrimiento ni el lenguaje un mero testimonio del dolor. Más bien, Medicinas es un mapa de la metamorfosis, un recorrido por los territorios de la disolución identitaria y la precariedad material. En este tránsito, la escritura no es un refugio ni una redención, sino una forma de permanecer en el umbral, de habitar la incertidumbre sin buscar respuestas definitivas. Así, la poética de Chirinos no se inserta en una tradición de resiliencia épica, sino en una ética del despojo, en una aceptación de la vulnerabilidad como el principio que sostiene la existencia. En su universo poético, el cuerpo enfermo es un espacio abierto donde convergen la voz y el silencio, la resistencia y la entrega, la dispersión y el anhelo de permanencia. Al final, lo que Medicinas nos deja no es un relato de pérdida, sino una poética de la transformación: un testimonio de cómo el lenguaje, al igual que el cuerpo, nunca deja de mutar.

5. Conclusiones

A lo largo de la exploración de estos poemas, se hace evidente que Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014) no se limita al ocultamiento metafórico del cáncer, sino que expande su radio de significación hacia otras formas de marginación en la salud, como la discapacidad física. La enfermedad y la anomalía no son concebidas aquí como meras interrupciones de la normalidad, sino como estados generativos que permiten reconfigurar el significado del cuerpo y su lugar en el mundo. En este sentido, Chirinos inscribe su obra en una genealogía literaria que desafía los discursos hegemónicos centrados en la salud y el bienestar como prerrogativas de la funcionalidad. Su poesía se opone a las narrativas que imponen la productividad y la autosuficiencia como valores absolutos, proponiendo en su lugar una política de la vulnerabilidad que no busca corregir ni redimir el cuerpo enfermo, sino reconocer su capacidad para habitar el lenguaje de maneras inesperadas.

Desde esta perspectiva, la discapacidad física no es solo una condición biológica, sino una experiencia que ha obligado a quienes la viven a desplazarse por la periferia del cuerpo saludable normalizado. En esta diferencia, lejos de una condena, se encuentra un poder innegable. Chirinos, a partir de su propia experiencia oncológica entrelazada con su discapacidad auditiva, elabora un marco poético que desmantela la dicotomía entre plenitud y deterioro, entre lo normativo y lo fallido. Su poesía evidencia cómo las sociedades contemporáneas, obsesionadas con la eficiencia y la corrección, sistemáticamente relegan a los cuerpos marcados como defectuosos y los despojan de agencia dentro del tejido social. Sin embargo, en Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014), lejos de ceder al malestar o a la sentimentalidad, el poeta construye un imaginario del cuerpo enfermo que interroga el bienestar humano desde la fragilidad y la extinción, explorando el deterioro no como una pérdida, sino como un campo de posibilidades.

Así, la obra de Chirinos abraza la inhospitalidad, la futilidad y el fracaso no como renuncias, sino como prismas para reconfigurar el valor de la vida en el presente. En su poética, la enfermedad deja de ser un accidente y se convierte en un espacio de interrogación, un terreno donde la memoria, la percepción y la identidad se expanden y disgregan. No hay aquí una narrativa de superación, sino una aceptación radical de la incertidumbre y la impermanencia. En última instancia, Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014) nos confronta con la pregunta esencial de cómo habitamos la vulnerabilidad en tiempos que insisten en la fortaleza, y nos recuerda que, en el umbral entre la vida y su disolución, el lenguaje, con su capacidad de desbordarse y resistir, nos permite seguir siendo.

Material suplementario
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Notas
Notas
1 Docente afiliada a la Pontificia Universidad Católica del Perú.
2 Ejemplos de esta característica destacada son los siguientes libros: Cuadernos de Horacio Morell (1981), Crónicas de un ocioso (1983), Archivo de Huellas Digitales (1985), Rituales del conocimiento y del sueño (1987), Abecedario del agua (2000), Breve historia de la música (2001), Ejercicios para borrar la lluvia (2008), Catorce formas de melancolía (2010), Treinta y cinco lecciones de biología (y tres poemas didácticos) (2013), Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014) y Fragmentos para incendiar la quimera (2015).
3 El trabajo con lo críptico y los motivos del ocultamiento o enmascaramiento conforman un motivo central de la poesía de Chirinos desde su primer libro, Cuadernos de Horacio Morell (1981). Sobre esto, ver Eslava (2016) y Racz (2018).
4 Las formas diversas de ocultamiento son intenciones discursivas identificables a lo largo de la obra y crítica de Eduardo Chirinos. Tengamos en cuenta la revista de literatura El Fingidor (2003), que el poeta peruano dirigió. Desde el título, da cuenta de una intención de velamiento.
5 Como ejemplo emblema de esto se encuentra el libro Treinta y cinco lecciones de biología (y tres crónicas didácticas) (2013), una especie de bestiario notable que conjuga los principios taxonómicos que mencionamos anteriormente con reflexiones más amplias sobre la extinción y el devenir de formas de vida animal.
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