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DOS SONETOS DE DANTE ALIGHIERI TRADUCIDOS POR CLEMENTE ALTHAUS: «TANTO GENTILE E TANTO ONESTA PARE» (VN, XXVI) Y «GUIDO, I’ VORREI CHE TU E LAPO ED IO» (RIME, LII)[1]

Two sonnets by Dante Alighieri translated by Clemente Althaus: «Tanto gentile e tanto onesta pare» (Vn, XXVI) and «Guido, i’ vorrei che tu e Lapo ed io» (Rime, LII)

Deux sonnets de Dante Alighieri traduits par Clemente Althaus: «Tanto gentile e tanto onesta pare» (Vn, XXVI) et «Guido, i’ vorrei che tu e Lapo ed io» (Rime, LII)

Jorge Wiesse Rebagliati
Universidad del Pacífico, Perú

Boletín de la Academia Peruana de la Lengua

Academia Peruana de la Lengua, Perú

ISSN: 0567-6002

ISSN-e: 2708-2644

Periodicidad: Semestral

vol. 75, núm. 75, 2024

boletin@apl.org.pe

Recepción: 21 diciembre 2023

Aprobación: 24 enero 2024

Publicación: 29 junio 2024



DOI: https://doi.org/10.46744/bapl.202401.005

Resumen: Se comentan dos de los tres sonetos de Dante Alighieri que tradujo el poeta romántico peruano Clemente Althaus (1835-1881). Para poderlos evaluar, se los contrasta con los originales. El artículo señala, primero, los rasgos esenciales de los sonetos de Dante y, luego, lo que más llama la atención de las versiones de Althaus. Sin resultar traducciones perfectas, se concluye que Althaus presenta, en términos generales, versiones correctas y respetuosas. El sentido se retiene, aunque pueda ocurrir que, en algún caso, no se traduzca el significado (un verso inexistente en el original, por ejemplo).

Palabras clave: Dante Alighieri, Clemente Althaus, soneto, Romanticismo peruano, traducciones.

Abstract: Two of the three sonnets by Dante Alighieri translated by the Peruvian romantic poet Clemente Althaus (1835-1881) are discussed. In order to evaluate them, they are contrasted with the originals. This paper points out, firstly, the essential features of Dante’s sonnets and then, what is most striking in Althaus’ versions. Without being perfect translations, it is concluded that Althaus offers, in general terms, correct and respectful versions. The sense is retained, although it may happen that, in some cases, the meaning is not translated (a non-existent verse in the original, for example).

Keywords: Dante Alighieri, Clemente Althaus, sonnet, Peruvian Romanticism, translations.

Résumé: Nous commentons deux des trois sonnets de Dante Alighieri qu’a traduits le poète romantique péruvien Clemente Althaus (1835-1881). Pour cet examen, nous les comparons avec les originaux. L’article montre, en premier lieu, les traits essentiels des sonnets de Dante et, ensuite, ce qui est le plus à noter dans les versions d’Althaus. Sans être parfaites, nous concluons qu’Althaus présente, en général, des versions correctes et respectueuses. Le sens est retenu, même s’il peut arriver que, dans quelque cas, la signification ne soit pas traduite (un vers inexistant dans l’original, par exemple).

Mots clés: Dante Alighieri, Clemente Althaus, sonnet, Romantisme péruvien, traductions.

1. Introducción

El renacimiento dantesco, también el americano, surge con el Romanticismo[2]. En el Perú, se abre con la traducción del tercer canto de la Divina comedia que Manuel Nicolás Corpancho publicó en el semanario El Progreso de Lima en abril de 1850 (pp. 6-7). Otros miembros de su generación también se acercaron al poeta florentino. Cuenta Ricardo Palma (1861, p. 300) que Carlos Augusto Salaverry y él traducían juntos a Dante y a Tasso. El dato resulta confirmado en otra fuente. El viajero inglés Fitz-Roy afirma que Salaverry, en sus horas libres de cadete en el Ejército, traducía con fervor a Dante (Núñez, 1968, p. 87).

Clemente Althaus (Lima, 1835-París, 1881) tradujo poemas italianos que publicó, primero, en el diario La Patria de Lima el 5 de noviembre de 1873 y, luego, el 14 y el 17 de marzo de 1874 en el diario El Comercio, también de Lima (Núñez, 1957, p. 62). Los reunió en tres series: la primera comprende nueve sonetos de Petrarca (Althaus, 1874a); la segunda, nueve sonetos de Dante, Ariosto, Miguel Ángel y Vittoria Colonna (Althaus, 1874b); la tercera, nueve sonetos de Bembo, Tasso, Monti, Da Filicaia, Foscolo y Giusti (Althaus, 1874c). En total, 27 poemas.

Salvo las reflexiones de Núñez (Althaus, 1957, pp. 52-61; Núñez, 1968, pp. 98-105)[3], no se ha escrito mucho más acerca de las traducciones de Althaus[4]. Núñez intenta explicar el interés del poeta romántico a partir de sus estudios y sus viajes. Según dicho autor (Núñez, 1968, p. 99), Clemente Althaus siguió estudios secundarios en Santiago de Chile. Allá tomó clases con maestros europeos que lo familiarizaron con los idiomas modernos y tal vez el latín. Entre 1855 y 1863, viajó por Europa. Por las fechas de sus composi- ciones, Núñez aventura la reconstrucción de su itinerario: Francia (1855-1857), Inglaterra (1857), Italia (Nápoles, Roma, Florencia y Génova: 1857-1859), España (Madrid y Cádiz, 1859-1860), Alemania (1861-1862) y, nuevamente, Francia (1862-1863). A pesar de una formación humanística «un tanto desordenada y arbitraria», en opinión de Núñez, puede verificarse en el peruano «el impacto indeleble» del arte europeo, especialmente el italiano.

De los tres sonetos de Dante que tradujo Althaus, comentaremos dos (quizás los más famosos). El tercer soneto, que nuestro traductor tituló Alabanza de Beatriz y que no comentaremos, corresponde al capítulo XXI de la Vida nueva (Vn), «Negli occhi porta la mia donna Amore»[5]. Primero presentaremos los originales y los comentaremos; luego, pasaremos revista a las traducciones de Althaus.

2. «Tanto gentile e tanto onesta pare» (Vn,XXVI)[6]

Tanto gentile e tanto onesta pare la donna mia quand’ella altrui saluta, che ogne lingua deven tremando muta, e li occhi no l’ardiscon di guardare.

Ella si va, sentendosi laudare, 5

benignamente d’umiltà vestuta; e par che sia una cosa venuta da cielo in terra a miracol mostrare.

Mostrasi sì piacente a chi la mira,

che dà per gli occhi una dolcezza al core, 10 ch’ntender no la può chi no la prova; e par che della sua labbia si mova un spirito soäve pien d’amore, che va diciendo all’anima: Sospira.

Ofrecemos seguidamente nuestra traducción[7] de la paráfrasis en prosa de Donato Pirovano (Alighieri, 2015, p. 219, n. vv. 5-7):

[Primer cuarteto] Mi señora se manifiesta en su evidencia tan espiritualmente noble y con tanto garbo cuando saluda a alguien que toda lengua enmudece por el temblor y los ojos no se atreven a mirarla.

[Segundo cuarteto] Ella, mientras escucha las loas que le lanzan, avanza con ánimo benigno revestida de humildad y se revela como una creatura venida del cielo a la Tierra a manifestar su esencia milagrosa.

[Tercetos] Se muestra tan bella a quien la contempla que a través de los ojos infunde en el corazón una dulzura que no puede entenderla quien no tiene experiencia directa de ella, y es evidente que de su fisonomía [o de sus labios] se mueve un espíritu dulce lleno de amor que invita al alma a suspirar.

Hemos señalado con cursivas las palabras que apuntan al tema esencial del soneto: la manifestación del milagro, su evidencia, su objetividad. Al respecto, Raffaele Pinto señala que en el capítulo XXVI de la Vida nueva acontece la «universalización del mito de Beatriz», en tanto esta ha dejado de ser «objeto contempla tivo privado del poeta» (Alighieri, 2003, p. 315, n. 3). En su célebre artículo «Esercizio d’interpretazione sopra un sonetto di Dante», Gianfranco Contini captó lo esencial de este capítulo:

El problema expresivo de Dante no es en absoluto el de representar un espectáculo, sino más bien el de enunciar, casi de forma teórica, una encarnación de cosas celestiales y el de describir el efecto necesario sobre el espectador. A Dante aquí no le interesa, en lo absoluto, lo visible, sino algo que es totalmente otra cosa: una visibilidad. No se preocupa por las sensaciones, sino por la metafísica amorosa y la psicología general. (1979, pp. 167-168)

Y, correspondientemente, identifica las palabras clave que responden a la idea temática ya expuesta:

¿Dónde se ve a la mujer? Solo hay una señal [de ella] en su no perturbado caminar: Ella si va... Sin embargo, también esta señal se encuentra en una situación estratégicamente bien cubierta. Le va delante el primer pare, alusivo a la evidenciación de la mujer y a la descripción del efecto físico en otros. La señal en sí se corrige en el verso sucesivo, de la afirmación de la correspondencia de lo externo a lo interno; sigue el segundo par; sigue el mostrare. Y [siguen] los tercetos, el primero, incardinado sobre el Mostrasi retomado [y] el segundo, sobre el último par, están exclusivamente dedicados a los efectos en el espectador. (Contini, 1979, p. 168)

Un conjunto de bellos efectos estéticos, que han hecho justamente célebre este soneto, podrían listarse. Luego, podría verificarse cómo la traducción los respeta o los varía. Conviene mencionar también algunas cuestiones específicamente técnicas, referidas al léxico italiano del siglo xiii. Reducimos nuestras observaciones a lo fundamental:

Ciertamente, estos rasgos son relevantes, pero el tema fundamental —en otras palabras, la macroproposición, la expresión singular del sentido del soneto— deberá ser el quid de nuestro comentario. Podrán variar los efectos, pero el sentido debería mantenerse o aun destacarse en una traducción fiel. Y, si no se hace así, el resultado será también interesante, por cuanto manifiesta ya no al autor y a su época, sino al traductor y a la suya.

Consideremos ahora el soneto de Althaus (1874b, p. 2)[8]:

SALUDO DE BEATRIZ Tan honesta parece y tan hermosa

Mi casta Beatriz, cuando saluda, Que la lengua temblando queda muda Y la vista mirarla apenas osa.

Oyendo la alabanza que la endiosa, 5

Ella se va, de vanidad desnuda, Angel que el cielo por la tierra muda La juzga quien la vé, no mortal cosa.

Muéstrase tan amable á quien la mira,

Que al alma infunde una dulzura nueva 10

Que solo aquel que la sintió la sabe;

Y de su rostro pienso que se mueva

Un amoroso espíritu suave

Que va diciendo al corazón: suspira.

En relación con el soneto anterior, puede observarse lo siguiente:

Puede ser interesante aplicar la crítica de variantes al segundo cuarteto.

Como ya se ha señalado, Clemente Althaus publicó la segunda serie de sus Sonetos italianos dos veces: una en La Patria, en 1873, y la otra en El Comercio, en 1874. Compárense las dos versiones:

18731874
Ella se va benigna y humillosaOyendo la alabanza que la endiosa,
Y oyéndose loar, rostro no mudaElla se va, de vanidad desnuda,
Y quien la mira enajenado dudaAngel que el cielo por la tierra muda
Si es visión o mujer maravillosa.La juzga quien la ve, no mortal cosa.

Desconciertan un poco los versos 7 y 8 de la traducción de 1873:

Y quien la mire enajenado duda

Si es visión o mujer maravillosa.

El «quien la mire» (v. 7) sigue la línea objetivista de los elementos no adscritos a un sujeto particular en la que están también «la lengua» (v. 3) y «la vista» (v. 4), términos que corresponden a los indefinidos dantescos «ogne lingua» (v. 3), «li occhi» (v. 4), «chi» (vv. 9, 11); sin embargo, que el sujeto colectivo o universal de la versión de Althaus dude (v. 7) «si es visión o mujer maravillosa» (v. 8) quiebra totalmente la isotopía de lo evidente y de lo objetivo del milagro. Esta duda corresponde, más bien, a lo fantástico (para Todorov, 1987, pp. 36-48, es precisamente esta duda lo que distingue a lo fantástico). Así, Beatriz se convierte —en el soneto de Althaus— de presencia objetiva de Dios en la Tierra, manifestación patente de lo sobrenatural, signo[11], en fantasma romántico.

Al contrario, la versión de 1874 se adscribe más al paradigma de la objetividad y de la evidencia: juzgar resulta más enfático que dudar y lo juzgado es un ángel que ha mudado el cielo por la tierra (casi como el original dantesco, vv. 7-8); un ángel ciertamente, y no «mortal cosa»[12], pero presente ante «quien la ve» (v. 8), es decir, sensorialmente, y no como un fantasma, un sueño o una especulación. Puede verificarse aquí lo observado por Núñez en su edición:

Transcribimos las variantes —que suponen cambios de criterio en el traductor, afanoso de lograr la perfección del traslado— por considerarlas reveladoras de la inquietud del autor de la versión y dado que entre las dos publicaciones solo media un lapso de cinco meses escasos. (Althaus, 1957, p. 63)

La sustitución del segundo cuarteto de la versión de Althaus apunta, ciertamente, a la voluntad de precisión y de pulcritud de su autor, cualidades que la crítica le reconoce unánimemente (véase nota 4).

Finalmente, en el título («SALUDO DE BEATRIZ») y en el texto («casta Beatriz», v. 2), Althaus vuelve patente, con el nombre de Beatriz, lo que en Dante estaba latente, probablemente por el distinto contexto en que se presentan los sonetos: en la Vida nueva, la amada estaba ya identificada desde el capítulo II, mientras que el soneto de Althaus forma parte de un conjunto de traducciones que conforman una reunión de piezas selectas cuya presencia depende únicamente de la voluntad del autor y que este —en cuanto editor de su propia obra— puede manipular (arbitrariamente, o como creemos que es el caso aquí, pensando en el lector que no conoce la Vida nueva).

3. «Guido, i’ vorrei…» (Rime,LII)

Consideremos ahora otro de los sonetos de Dante Alighieri traducidos por Clemente Althaus[13].

Guido, i’ vorrei che tu e Lapo e io fossimo presi per incantamento, e messi in un vasel ch’ad ogni vento per mare andasse al voler vostro e mio,

sí che fortuna od altro tempo rio 5

non ci potesse dare impedimento; anzi, vivendo sempre in un talento, di stare insieme crescere il disío;

e monna Vanna e monna Lagia poi con quella ch’è sul numer de le trenta 10 con noi ponesse il buono incantatore;

e quivi ragionar sempre d’amore, e ciascuna di lor fosse contenta sì come i’ credo che saremmo noi.

Consideremos ahora la paráfrasis en prosa:

Guido, yo quisiera que tú y Lapo y yo fuésemos cogidos [‘raptados’] por magia y metidos en una nave que se moviese con todo viento, según tu deseo y el mío, así que ninguna tempestad [fortuna = ‘borrasca’, ‘tempestad del mar’ (Real Academia Española [RAE], s. f.)] ni ningún tipo de viento adverso podría obstaculizarnos; al contrario, viviendo nosotros siempre con la misma disposición de ánimo, creciese el deseo de estar juntos; [y con madonna Vanna y madonna Lagia y con aquella que está sobre el número de las treinta con nosotros pusiese el buen encantador; y allí razonar siempre de amor, y cada una de ellas estuviera contenta, así como yo creo que estaríamos nosotros]. (Alighieri, 2015, p. 671, n. vv. 1-8)[14]

Grimaldi (Alighieri, 2015, p. 671, n. vv. 1-8) sostiene que el soneto está planteado en forma de carta privada[15], según una modalidad difundida en la poesía italiana del siglo xiii y expresa un deseo fantástico, según el modelo de la poesía cortés, el plazer o souhait (Alighieri, 2015, p. 668). El plazer consiste en la enumeración de cosas imposibles, pero deseadas. Como observa Barolini (Alighieri, 2014a, p.120) el que todos los verbos conjugados sean subjuntivos que dependen del «vorrei» inicial hace que el discurso flote en un mar que es explícitamente irreal. El hablante del poema es Dante Alighieri y su interlocutor —el destinatario de la carta, tal como lo señala el vocativo— es Guido Cavalcanti (1255-1300). El «primo de li miei amici», el primero de mis amigos, dice Dante sobre él según un testimonio recogido en el tercer capítulo de la Vida nueva (Alighieri, 2003, p. 98), como lo escribe Grimaldi:

Dante expresa un deseo fantástico, enviado en forma de carta a Guido Cavalcanti: poder encontrarse en una nave mágica libre de las leyes de la física. Junto a sus amigos (Guido y Lapo [Lapo Gianni de Ricevuti, segunda mitad del s. xiii-1328+]) y las mujeres amadas por ellos y allí pueden conversar sobre el tema del amor. El deseo es fantástico, porque implica la intervención de la magia, y es en cualquier caso inalcanzable, porque las mujeres en cuestión probablemente sean mujeres casadas. Sin embargo, sería injusto considerarlo un sueño de evasión de la realidad y de las normas sociales, ya que, exactamente como en la poesía trovadoresca, la expresión del deseo sirve para reafirmar la paradoja según la cual el perfecto poeta amante debe cantar un amor imposible. (Alighieri, 2015, p. 668)

Además de Dante, Guido Cavalcanti, Lapo Gianni, monna Vanna y «quella ch’è sul numer de le trenta», el otro personaje aludido en el soneto es «il buono incantatore». Dado el contexto de la materia de Bretaña en el que se inscribe el poema, este no puede ser otro que el mago Merlín. El motivo de la nave mágica está muy difundido en la literatura medieval. Como afirma Grimaldi,

el vasel [el barco] en el que Dante imagina ser transportado ha sido identificado con el «nef de joie et de deport» del que se habla, en prosa, en el Roman de Tristan: una nave construida por Merlín, quien sería, por tanto, el buono incantatore (v. 11), y utilizada por Tristán e Isolda. Sin embargo, el tema de la nave mágica está muy extendido en la literatura medieval, como lo está la metáfora de la navegación, y [por ello] no parece necesario buscar una fuente precisa. (Alighieri, 2015, p. 668)

Son de notar los versos 9 y 10 con el elenco de las amadas: monna Vanna es la amada de Cavalcanti y monna Lagia, es decir, Alagia o Pelagia —aunque, según Mattalia, se trataría de un compuesto de las sílabas iniciales del nombre y del apellido de Lapo: LA po GIA nni (Alighieri, 2015, p. 673)—; «quella ch’è sul numer de le trenta», aquella que está sobre el número de las treinta, es la tercera. Según Grimaldi, es un pasaje de difícil interpretación. Puede referirse a la «pistola in forma di serventese», a la epístola en forma de serventesio, a la que Dante alude en el capítulo VI de la Vida nueva (Alighieri, 2003, p. 121), en el que se listan las mujeres más bellas de Florencia. Sin embargo, en ese serventesio los nombres de las mujeres más bellas de Florencia son sesenta —como las «sexaginta sunt reginae» del Cantar de los Cantares según De Robertis (Alighieri, 1995a, p. 325)—, no treinta. También es posible entender treinta, conjetura Grimaldi, como ‘muchas’ y «sul numer» como ‘sobre el número’, en el sentido de ‘supernumeraria’ (Alighieri, 2015, p. 674). Para confundir más las cosas, De Robertis (Alighieri, 1995a, p. 181) señala que las ediciones antiguas presentaban la mala lección, heredada de la Giuntina (del siglo xvi), «e monna Vanna e monna Bice» (Bice=Beatrice). Regresaremos al tema cuando comentemos la traducción de Althaus.

El soneto ha sido considerado como un manifiesto del Dolce Stil Novo y de su valoración de la amistad y el amor. Dice Grimaldi: «Junto a los amigos, están las señoras. Es la “necesidad coral de la amistad que no puede separarse del amor” de la que habla Contini» (Alighieri, 2015, p. 673) y que se orienta a la obra común, conjunta. Elabora Jacqueline Risset:

El gran tema, siempre subyacente del Dolce Stil Novo, pero absolutamente manifiesto aquí [en el soneto «Guido, i’ vorrei…»], es aquel de la amistad, amistad como [condición] abstracta, objetiva, exigente, pero también [como] familiaridad extrema, ternura extrema, y que pasa siempre por una puesta en juego común, un «orden universal», en función del cual, en vista del cual, los sujetos se interpelan, se dicen «tú»: «Guido, yo quisiera que tú...». Los poetas del Dolce Stil Novo colaboran en una obra de poesía colectiva. (Alighieri, 2014b, p. 17)

El poema se divide en dos cuartetos con rima abrazada (ABBA ABBA) y dos tercetos con rima inversa, en espejo (CDE EDC).

Sintácticamente, se separa en dos oraciones, o dos proposiciones (una en los cuartetos y otra en los tercetos), coordinadas por la conjunción copulativa e (v. 9).

La traducción de Althaus es la siguiente (1874b, p. 2)[16]:

Tú, Guido, y yo con Lapo desearia

Que fuesemos por alto encantamiento Puestos en un bajel, que á todo viento A vuestra voluntad vogara y mia.

Y ni mal tiempo ó tempestad bravia 5

Nos pudiese causar impedimento,

Antes creciese en el común contento El deseo de estar en compañía,

Y alli el encantador condescendiente

Tambien pusiese á nuestras damas bellas, 10 Beatriz, Juana y la que Lapo adora:

Y hablando alli de amor eternamente,

Tan satisfechas cual nosotros ellas,

Se nos huyese un siglo como una hora!

Comentaremos ahora los versos del soneto de Althaus que nos parecen más significativos:

No sabemos con cuánta conciencia, la adición de Althaus quizás reafirme y mantenga en clave fantástica este diálogo amoroso, típico del sodalicio amical.

Como en el caso del soneto anterior, el título («A Guido») responde a la circunstancia editorial de estar incluido en una colección de traducciones (los Sonetos italianos de Clemente Althaus).

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Notas

[1] Una versión preliminar de este trabajo fue leída el 25 de julio de 2022 en el marco del III Congreso Internacional de Estudios sobre Dante Alighieri en el Ecuador, organizado por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Agradezco a Ivonne Macazana, a Juan Miranda, a Alfredo Mena y a Enrique Urteaga por su apoyo en la ubicación de parte de la bibliografía utilizada para la redacción de este artículo. Agradezco también a la Biblioteca de la Universidad del Pacífico, a la Biblioteca del Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú y a la Biblioteca del Club Nacional de Lima.
[2] Friedrich Schlegel (1978, fr. 247) consideraba a Dante, junto con Goethe y Shakespeare, integrante del «triple acorde perfecto» de la literatura moderna (o sea, romántica).
[3] Aunque Núñez reconoce la «técnica del modelado paciente y castigado» que vuelve a Althaus «un verdadero orfebre de la palabra», poseedor de «una extraordinaria capacidad en el oficio literario», «los autores clásicos y románticos [cuyos sonetos traduce Althaus] sienten y se expresan al unísono», de tal manera que «todos los sonetos traducidos se parecen entre sí en el tono y estilo y resultan, al parecer, más obras de Althaus que de sus respectivos autores» (Núñez, 1968, p. 105). La breve opinión de Ricardo Silva-Santisteban es más entusiasta: «Althaus [...] tradujo excelentemente a los poetas clásicos italianos» (1994, p. 311).
[4] Las valoraciones de la crítica que hemos encontrado sobre la poesía de Althaus son breves y poco específicas; insisten en su clasicismo y en su atildamiento formal: «Althaus, como poeta, se distingue por la corrección de la forma, llegando hasta a sacrificar ante ella la claridad del concepto. Althaus fue el más académico de nuestros literatos» (Palma, 1945, pp. 74-75); «aspiró a la pureza clásica, sin conseguirla más que de lejos» (Menéndez Pelayo, 1948, p. 186); «es ya un mérito su corrección y limpieza, que lo libran de caer en las impropiedades artísticas de los románticos» (Riva-Agüero, 1962a, p. 150); «la clásica corrección y el patetismo que con frecuencia avaloran los [versos] de Clemente Althaus» (Riva-Agüero, 1962b, p. 401); «Es un poeta con preocupación y con una línea formal clásica en contraste con su temperamento melancólico y exaltado» (Tamayo Vargas, 1965, p. 467); «consigue poner la más rígida forma de arte clásico en la más desenfrenada expresión de su intimidad sincera o simulada de romántico» (De la Fuente Benavides, 1968, p. 274); «de Althaus, la tendencia clasicista» (Porras Barrenechea, 1969, p. 50); «Althaus fue uno de los escritores más cultos de su época. Sus conocimientos en materia clásica revistieron a su arte de una severidad que contrastaba con el arrebato de los románticos [...]. Tampoco cabría asegurar que fue un prototipo de romanticismo. Más a menudo me parece un clásico retrasado» (Sánchez, 1975, pp. 974, 976). Varillas clasifica a Althaus dentro de la generación de 1822-1836, grupo que presenta una mayor cantidad de integrantes que escribieron «con intención rigurosamente literaria» en comparación con las generaciones anteriores (1992, p. 166). En este sentido, Althaus resulta un escritor representativo.
[5] En su Antología, Silva-Santisteban (2008, pp. 594-595) escoge este y «Tanto gentile e tanto onesta pare» (Vn, XXVI).
[6] Seguimos la edición de De Robertis (Alighieri, 1995a, pp. 181-184), a la que solo hemos agregado los blancos entre las estrofas (para lograr mayor claridad expositiva) y la diéresis en «soäve» (para hacer notar el hiato, sin el cual el verso sería hipométrico, y para llamar la atención sobre una de las palabras clave del soneto).
[7] Salvo si se advierte lo contrario, las traducciones de textos críticos son nuestras.
[8] Respetamos la ortografía del original.
[9] Contini (1979, p. 162) entiende labbia como «fisonomía»; L. C. Rossi (Alighieri, 1999, p. 143, nn. 5-7), como «rostro».
[10] Los traductores echan mano a uno o a otro término según sus particulares opciones interpretativas. Es el caso de cuatro traducciones de este soneto al inglés: Charles S. Singleton (1949, p. 85) y William Anderson traducen labbia por «face» (Alighieri, 1964, p. 86); Virginia Jewiss, por «lips» (Alighieri, 2022, p. 113). Más en la línea de Contini, Richard Lansing traduce el término por «countenance» (Alighieri, 2014a, p. 231).
[11] Como recuerda Juan Varela-Portas de Orduña, Santo Tomás de Aquino (ST, I. q. 105,

a. 7, sol.) define al milagro como signo (Varela-Portas de Orduña, 2000, p. 137).

[12] Gianfranco Contini señala que cosa debe entenderse como ‘ser en cuanto causa de sensaciones e impresiones’ (1979, p. 164), o sea que el «quien la vé» de Althaus —aunque aquí se trata de quien percibe, no de lo percibido— está más cerca de este significado que el sintagma «no mortal cosa» (v. 8).
[13] Seguimos la edición de Marco Grimaldi (Alighieri, 2015, pp. 671-675).
[14] La paráfrasis de los cuartetos es de Marco Grimaldi. Hemos completado nosotros la de los tercetos.
[15] Según Contini, este soneto es la respuesta de Dante al soneto Si ‘io fossi quelli che d’amor fu degno, de Guido Cavalcanti (Alighieri, 1995b, p. 35, n. 1).
[16] Las dos versiones transcritas por Núñez (Althaus, 1957, p. 68; Núñez, 1968, p. 194) presentan erratas: en el verso 4, «nuestra» debe ser «vuestra»; en el verso 10, «pudiese» debe ser «pusiese»; en el verso 11, «Safo» debe ser «Lapo», y, en el verso 12, «mi amor» debe ser «de amor». Restituida la versión original (incluida la puntua- ción), la publicada en El Comercio de 1874, el poema tiene mucho más sentido.

Como lo hicimos con el soneto anterior, hemos respetado la ortografía del original.

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