DESDE LAS AULAS

Factores en el control del riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama: revisión narrativa

Factors Influencing Obesity Risk Control among Women with Breast Cancer

Emmanuel Arturo Payán Flores
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
Yadira Mejía Mejía
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
Mariely Acosta Álvarez
Universidad Autónoma de Aguascalientes, México
Diana Cristina Navarro Rodríguez
Instituto Mexicano del Seguro Social, México
Karla Pamela Moriel Galarza
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
Eglentina Micaela Ángeles García
Universidad Autónoma de Chihuahua, México

Lux Médica

Universidad Autónoma de Aguascalientes, México

ISSN-e: 2007-8714

Periodicidad: Cuatrimestral

vol. 21, núm. 62, 2026

revistaluxmedica@edu.uaa.mx

Recepción: 16 julio 2025

Aprobación: 11 febrero 2026



Autor de correspondencia: eapayan@uach.mx

Resumen: Introducción: La obesidad representa un factor de riesgo y mal pronóstico en mujeres con cáncer de mama (CaMa). Existen diversos factores conductuales, fisiológicos y ambientales que modulan dicho riesgo. Objetivo: Analizar e integrar la evidencia disponible sobre los factores influyentes en el control del riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama, organizándolos en un esquema conceptual de seis dominios interrelacionados, con el propósito de aportar una base teórica para el diseño de intervenciones multicomponente para el cuidado clínico y comunitario. Material y métodos: Revisión narrativa de la literatura. Se seleccionaron estudios publicados entre 2007 y 2025 en bases de datos electrónicas (PubMed, Scopus, SciELO y Google Scholar), empleando combinaciones de palabras clave en inglés y español. Se priorizaron estudios con mujeres con CaMa o con variables relevantes para el control del riesgo de obesidad. Se analizaron 26 estudios. Resultados: Se identificaron factores clave en seis categorías: patrones de consumo de alimentos y actividad física, composición corporal y biomarcadores personales, entorno alimentario, autoeficacia percibida del peso, autorregulación del peso y control del riesgo de obesidad. Se sintetizan las principales características de los estudios incluidos. Conclusiones: El control del riesgo de obesidad en mujeres con CaMa es multifactorial. Las variables identificadas deben considerarse en diseños de intervención y modelos explicativos para mejorar la prevención y el pronóstico en esta población.

Palabras clave: Cáncer de mama, Obesidad, Actividad física, Autoeficacia, Autorregulación, Entorno alimentario.

Abstract: Introduction: Obesity represents both a risk factor and a predictor of poor prognosis in women with breast cancer (BC). Various behavioral, physiological, and environmental factors modulate this risk. Objective: To analyze and integrate the available evidence on factors influencing obesity risk control in women with breast cancer, organizing them into a six-domain conceptual framework to provide a theoretical basis for the development of multicomponent interventions and explanatory models applicable to clinical and community care. Materials and methods: A narrative literature review. Studies published between 2007 and 2025 were selected from electronic databases (PubMed, Scopus, SciELO, and Google Scholar), using combinations of keywords in English and Spanish. Priority was given to studies involving women with BC or those addressing relevant variables for obesity risk control. A total of 26 studies were analyzed. Results: Key influencing factors were identified and grouped into six categories: dietary and physical activity patterns, body composition and biomarkers, food environment, perceived weight self-efficacy, weight self-regulation, and obesity risk control. Characteristics of the included studies are summarized in Table 1. Conclusions: Obesity risk control in women with BC is multifactorial. The variables identified should be considered in the design of interventions and explanatory models to improve prevention and prognosis in this population.

Keywords: Breast cancer, Obesity, Physical activity, Self-efficacy, Self-regulation, Food environment..

Introducción

La obesidad es un problema de salud pública con impacto creciente en mujeres con cáncer de mama (CaMa), donde se ha asociado con peor pronóstico, mayor mortalidad y deterioro en la calidad de vida1. En México, se estima que 41% de las mujeres adultas vive con obesidad y hasta 96% de las mujeres con CaMa reporta ganancia de peso durante el tratamiento2,3. La acumulación de grasa corporal, en especial a nivel visceral, se vincula con un entorno inflamatorio y hormonal que favorece la progresión tumoral4. Asimismo, factores conductuales, psicológicos y ambientales dificultan el mantenimiento de un peso saludable durante el proceso oncológico5-7. La evidencia también señala afectaciones en el bienestar emocional, percepción de control y función física relacionadas con fatiga, cambios metabólicos y desafíos psicológicos derivados del tratamiento8-11.

El control del riesgo de obesidad puede entenderse como el conjunto de conductas, recursos personales y condiciones del entorno que permiten prevenir la ganancia excesiva de peso o favorecer su reducción controlada. Diversas variables influyen en este proceso, incluyendo patrones alimentarios, actividad física, composición corporal, biomarcadores metabólicos, entorno alimentario, autoeficacia y autorregulación del peso6,7,12. Factores socioculturales y económicos también condicionan la adopción de conductas saludables, especialmente cuando existen efectos adversos del tratamiento como fatiga, limitación funcional o cambios emocionales13-15.

A pesar de la amplia literatura disponible, los hallazgos suelen presentarse fragmentados por variable o tipo de población, lo cual limita su aplicación clínica integral. En este contexto, el objetivo de esta revisión narrativa es analizar e integrar evidencia reciente sobre los principales factores influyentes en el control del riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama, incorporando estudios observacionales, experimentales y de intervención. Este enfoque busca articular variables conductuales, metabólicas y contextuales desde una perspectiva clínica integradora, con el fin de identificar oportunidades estratégicas para la promoción de la salud, el acompañamiento terapéutico y la planificación de cuidados orientados al control del riesgo de obesidad.

Asimismo, la presente revisión no se limita a describir factores aislados, sino que propone una integración conceptual de variables conductuales, metabólicas, psicológicas y ambientales en seis dominios interrelacionados. Esta articulación busca superar la fragmentación habitual de la evidencia y ofrecer un marco comprensivo que facilite la planificación de intervenciones clínicas y comunitarias, así como el desarrollo de modelos explicativos orientados al control del riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama.

Material y métodos

Se realizó una revisión narrativa de la literatura entre febrero y mayo de 2025 en las bases de datos PubMed, Scopus, SciELO y Google Scholar. La estrategia de búsqueda combinó descriptores en español e inglés mediante operadores booleanos, incluyendo: (“breast cancer” OR “cáncer de mama”) AND (“obesity” OR “obesidad”) AND (“physical activity” OR “actividad física”) AND (“diet” OR “alimentación”) AND (“self-efficacy” OR “autoeficacia”) AND (“self-regulation” OR “autorregulación”) AND (“food environment” OR “entorno alimentario”) AND (“weight control” OR “control del peso”).

Se incluyeron estudios publicados entre 2007 y 2025 con diseños observacionales, longitudinales, experimentales y de intervención que abordaran factores asociados al riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama. De manera complementaria, se incorporaron estudios en población general cuando aportaban evidencia relevante sobre mecanismos conductuales relacionados con el control del peso corporal. Se excluyeron artículos sin acceso a texto completo, cartas al editor, reportes de caso y estudios realizados exclusivamente en población masculina.

El proceso de selección se realizó en tres etapas: (1) revisión de títulos, (2) lectura de resúmenes y (3) evaluación del texto completo. Se priorizaron estudios con definiciones operativas claras, instrumentos estandarizados y análisis estadísticos explícitos. La selección final incluyó 26 artículos que representaron diversidad de diseños, poblaciones y contextos con el propósito de reflejar la complejidad del fenómeno.

Dado el carácter narrativo de la revisión, no se aplicó una evaluación formal de calidad metodológica ni un protocolo tipo PRISMA16. No obstante, se privilegió literatura reciente (principalmente de los últimos 10 años), manteniendo algunos estudios previos considerados fundacionales para la comprensión de la relación entre obesidad y cáncer de mama. Esta aproximación permitió identificar patrones transversales, reconocer inconsistencias y señalar vacíos de conocimiento relevantes para el desarrollo de futuros estudios con diseños más robustos.

Resultados

En total se analizaron 26 estudios, los cuales se presentan resumidos en la Tabla 1. La información se organizó en seis categorías temáticas: patrones de consumo de alimentos y actividad física, composición corporal y biomarcadores personales, entorno alimentario, autoeficacia percibida del peso, autorregulación del peso y control del riesgo de obesidad. Como parte del análisis, se realizó una síntesis narrativa de los instrumentos de medición utilizados en cada categoría, con el propósito de identificar los métodos más frecuentemente empleados para evaluar las variables relevantes, su validez reportada y su aplicabilidad en poblaciones. A continuación, se describen los principales hallazgos por categoría, destacando los instrumentos específicos utilizados en los estudios seleccionados. En particular, se observó que los estudios convergen en destacar el valor de instrumentos estandarizados para medir dieta, actividad física, autoeficacia y autorregulación, y su papel en predecir variaciones en peso y marcadores metabólicos en distintas poblaciones5-15,17-18.

En términos instrumentales, predominó el uso del Cuestionario de Frecuencia Alimentaria (FFQ, por sus siglas en inglés) y registros dietéticos para la ingesta alimentaria, IPAQ y acelerometría para la actividad física; antropometría basada en el índice de masa corporal (IMC), circunferencia de cintura (CC) y relación cintura-cadera (RCC), perfil bioquímico (glucosa, lípidos, insulina) para la composición corporal y el estado metabólico, y escalas de autoeficacia y autorregulación para procesos psicológicos. En entorno alimentario, los estudios convergieron en NEMS-P y adaptaciones relacionadas. Este mapa de instrumentos sugiere viabilidad para implementar protocolos de evaluación clínica que integren conductas, marcadores y contexto, favoreciendo una detección temprana de riesgo y el seguimiento de intervenciones multicomponente5-18.

Modelo conceptual integrador del control del riesgo de obesidad

A partir de la síntesis narrativa de los estudios incluidos, se construyó un modelo conceptual integrador que organiza los factores asociados al control del riesgo de obesidad en seis dominios interrelacionados: (1) patrones de consumo de alimentos y actividad física, (2) composición corporal y biomarcadores personales, (3) entorno alimentario, (4) autoeficacia percibida del peso, (5) autorregulación del peso y (6) control del riesgo de obesidad.

Este modelo plantea que las conductas de salud (alimentación y actividad física) constituyen el eje operativo del control del peso, moduladas por procesos psicológicos de autoeficacia y autorregulación, mientras que los cambios en la composición corporal y los biomarcadores reflejan la respuesta fisiológica al tratamiento oncológico y a los estilos de vida. De manera transversal, el entorno alimentario actúa como facilitador o barrera estructural que condiciona las decisiones individuales19-21.

La interacción dinámica entre estos dominios permite comprender el control del riesgo de obesidad como un proceso multifactorial, donde los determinantes individuales y contextuales se retroalimentan a lo largo del continuo de atención oncológica. Este enfoque integrador proporciona una base conceptual para el diseño de intervenciones multicomponente y para la evaluación sistemática de resultados clínicos y conductuales.

Patrones de consumo de alimentos y actividad física

Los estudios revisados utilizaron principalmente el FFQ y el Cuestionario Internacional de Actividad Física (IPAQ, por sus siglas en inglés) para evaluar los comportamientos relacionados con la dieta y el ejercicio5-10. Se observó una tendencia clara: los patrones alimentarios ricos en fibra, frutas, verduras, granos integrales y pescado, junto con niveles adecuados de actividad física, se asociaron con un menor riesgo de desarrollar cáncer de mama o de presentar obesidad5,7-9.

Por el contrario, el consumo elevado de grasa animal, lácteos altos en grasa y productos procesados se relacionó con un mayor riesgo6,7,10. Además, se documentó que muchas mujeres experimentaron ganancia de peso durante o después del tratamiento, particularmente aquellas con bajo nivel de actividad física10,12. No obstante, varios estudios reportaron dificultades para la adherencia sostenida a patrones saludables debido a fatiga, dolor y cambios emocionales relacionados con el tratamiento, lo que coincide con hallazgos en poblaciones con cáncer que enfrentan limitaciones funcionales y barreras psicosociales8-12. Estas observaciones sugieren que las estrategias educativas y de acompañamiento clínico deben ser sensibles al contexto terapéutico y las necesidades emocionales de las mujeres durante el tratamiento5-12.

En conjunto, estos hallazgos evidencian que la calidad del patrón alimentario y la dosificación de la actividad física (frecuencia, duración e intensidad) pueden modular la trayectoria de peso durante y después del tratamiento. La identificación de barreras percibidas (dolor, fatiga, tiempo, apoyo social limitado) y de facilitadores (educación estructurada, monitoreo, metas graduales) permite personalizar estrategias, haciendo realistas las metas de cambio y mejorando la adherencia a mediano plazo5-12.

Composición corporal y biomarcadores personales

Los estudios incluidos en esta categoría emplearon mediciones antropométricas (IMC, circunferencia de cintura, pliegue tricipital) y análisis bioquímicos (glucosa, triglicéridos, HDL-c e insulina)15-19. Se identificaron cambios significativos en la composición corporal inducidos por la quimioterapia, especialmente aumento de la masa grasa, glucemia y marcadores lipídicos, los cuales persistieron incluso tras el tratamiento15,18,19. De igual forma, un mayor índice de adiposidad y alteraciones metabólicas se asociaron con una mayor mortalidad específica por cáncer de mama17. Estas modificaciones corporales y metabólicas coinciden con lo reportado en cohortes de mujeres con CaMa que enfrentan mayor adiposidad, alteración del perfil lipídico y cambios en glucosa y triglicéridos tras tratamientos sistémicos, reafirmando la necesidad de seguimiento clínico riguroso15-19.

Desde una perspectiva clínica, el monitoreo periódico de antropometría y biomarcadores puede anticipar trayectorias metabólicas desfavorables y orientar ajustes tempranos en el plan de cuidados. La consideración de fenómenos como obesidad sarcopénica y resistencia a la insulina aporta elementos para estratificar riesgo y priorizar intervenciones en pacientes con cambios rápidos de composición corporal tras quimioterapia15-19.

Entorno alimentario

Los estudios sobre entorno alimentario, que utilizaron el instrumento entorno alimentario percibido (NEMS-P, por sus siglas en inglés), mostraron que la proximidad y frecuencia de compras en tiendas con oferta limitada de alimentos saludables incrementa el riesgo de obesidad20,21. La movilidad limitada (compra caminando o por cercanía) también condiciona el tipo y cantidad de productos adquiridos, favoreciendo patrones alimentarios inadecuados21. Sin embargo, se observó que una mayor percepción de disponibilidad de alimentos saludables no siempre se traduce en una mejor ingesta, lo que apunta a la necesidad de considerar también factores individuales y culturales22. Tal como reflejan estudios que evalúan la disponibilidad de alimentos y el desplazamiento para adquirirlos, aun cuando las mujeres perciben accesibilidad a alimentos saludables, las prácticas de consumo pueden estar más influenciadas por hábitos familiares, costos y preferencias culturales que por la oferta disponible20-22.

Para la práctica, esto implica intervenir más allá de la educación individual: gestionar entornos (hogar, trabajo, comunidad) que faciliten decisiones saludables y reduzcan la exposición a opciones de alta densidad energética. Iniciativas como ajustes en oferta local, señalización clara de opciones saludables y rutas peatonales seguras pueden sumar beneficios incrementales cuando se implementan de manera consistente y culturalmente pertinente20-22.

Autoeficacia percibida del peso

Tres estudios analizaron el papel de la autoeficacia como determinante del control del peso corporal23-25. Se observó una correlación negativa significativa entre autoeficacia e IMC, lo que indica que las personas con mayor percepción de capacidad personal para regular su peso presentan menor adiposidad23,24. En poblaciones vulnerables como adolescentes o embarazadas, la autoeficacia demostró ser un factor de protección frente al sobrepeso, aunque su cambio a lo largo del tiempo fue limitado en intervenciones breves25.

Operativamente, reforzar la autoeficacia requiere metas específicas y graduadas, retroalimentación frecuente y experiencias de dominio que validen el progreso, incluso en presencia de síntomas. La evidencia sugiere que intervenciones breves pueden ser insuficientes, por lo que conviene planear seguimientos y refuerzos que sostengan la percepción de capacidad a lo largo del proceso terapéutico23-25.

Autorregulación del peso

La autorregulación se evaluó mediante escalas específicas que miden la capacidad de controlar conductas relacionadas con la alimentación y la actividad física26-28. Los estudios mostraron que una mayor autorregulación se asocia con el cumplimiento de recomendaciones nutricionales, menor IMC y mayor bienestar subjetivo26. Las personas con normopeso tienden a regular su peso mediante el ejercicio, mientras que quienes presentan obesidad lo hacen principalmente mediante el control alimentario28.

En términos aplicados, la autorregulación se beneficia de rutinas de automonitoreo, planificación de implementación, revisión de barreras y ajustes semanales. La inclusión de herramientas digitales y contacto remoto puede facilitar la adherencia, especialmente cuando la asistencia presencial se ve limitada por el tratamiento o la logística familiar26-28.

Control del riesgo de obesidad

Dos estudios mexicanos abordaron de forma explícita el control del riesgo de obesidad desde un enfoque integrador29,30. En adolescentes, un modelo explicativo basado en la autorregulación y los hábitos alimentarios explicó 27% de las conductas de control del peso29. Asimismo, se demostró que la reducción del consumo de bebidas azucaradas impacta positivamente en la prevalencia de sobrepeso y obesidad en el contexto escolar30.

Tabla 1. Evidencia sobre factores asociados al control del riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama

Tabla 1
Evidencia sobre factores asociados al control del riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama
CategoríaAutor y añoTipo de estudioInstrumento(s) de mediciónPoblaciónHallazgos clave
Patrones de consumo de alimentos y actividad física1Song et al., 20225CohorteFFQ validado (103 ítems)40,432 mujeres surcoreanas ≥40 años sin CaMaIngesta alta de vitaminas C y B6 se asocia con menor riesgo de CaMa en mujeres con obesidad (IMC ≥ 25 kg/m²).
2Alabbody, 20186Caso-controlFFQ adaptado100 mujeres con CaMa y 100 controles (35-70 años)Dieta rica en grasa y sedentarismo asociados significativamente con mayor riesgo de CaMa.
3Kim & Nam, 20197Caso-controlFFQ validado (112 platillos), IPAQ250 mujeres con CaMa y 250 controlesBajo consumo de fibra, alta grasa animal y menor actividad física vinculados con obesidad.
4Kim et al., 20188ObservacionalRegistro dietético de 3 díasSobrevivientes de CaMa en CoreaPatrón saludable asociado con mejor función física; dieta occidental relacionada con insomnio.
5D’cunha et al., 20249Longitudinal con intervenciónRecordatorio 24h (dos días)159 sobrevivientes de CaMa (IMC prom. 31.4 kg/m²)Alimentación después de las 8 p.m. y ayuno nocturno <13h asociado con mayor riesgo metabólico.
6Yaw et al., 201110TransversalRecordatorio 24h + Nutritionist Pro368 mujeres sobrevivientes de CaMa (≥6 meses postratamiento)63% ganó peso; menor consumo de frutas y verduras en quienes aumentaron >10% peso corporal.
7Pierce et al., 200711Longitudinal4 R-24 + biomarcadores1,490 mujeres con CaMa estadio tempranoEstilo de vida saludable reduce 44% la mortalidad, independientemente del IMC.
8Biskup et al., 202312ObservacionalIPAQ (versión corta) y acelerómetro135 sobrevivientes de CaMa en PoloniaMayor obesidad asociada a menor actividad física moderada-vigorosa.
9Ziegler et al., 202413ObservacionalIPAQ1,270 mujeres con CaMa metastásicoActividad física alta mejora supervivencia en subtipo luminal B-like.
10Lahart et al., 201414TransversalIPAQ188 mujeres atendidas en unidad móvil del NHSBSP83% sin actividad vigorosa pese a reconocer beneficio; 58% con sobrepeso u obesidad.
Composición corporal y biomarcadores11Granados del Solar & Datta Banik, 202415LongitudinalAntropometría y análisis bioquímico66 mujeres con CaMa antes y después de quimioterapiaAumentos en glucosa, triglicéridos y circunferencia de cintura tras quimioterapia.
12AlFaris et al., 202316TransversalMedición antropométrica456 mujeres saudíes (pre y posmenopáusicas)Mayor circunferencia de cintura y menor pliegue tricipital en mujeres con CaMa.
13Crispo et al., 202317ObservacionalIMC, CC, RCC, perfil lipídico y glucosaMujeres con CaMa en etapa temprana en ItaliaMayor adiposidad y alteraciones metabólicas predicen mortalidad específica por CaMa.
14Godinho-Mota et al., 202318Retrospectivo multicéntricoIMC, índice de masa grasa304 mujeres con CaMa en quimioterapiaIncrementos en IMC e índice de masa grasa tras tratamiento.
15Fredslund et al., 201919ObservacionalAntropometría, triglicéridos e insulinaMujeres con CaMa (seguimiento postquimioterapia)Efectos adversos sostenidos en grasa corporal y perfil metabólico.
Entorno alimentario16García-López et al., 201920TransversalNEMS-P y antropometríaMujeres adultas en Hermosillo, MéxicoCompra diaria en tiendas de barrio asociada con mayor obesidad.
17Navarro & Vélez, 201921TransversalNEMS-P adaptadoMujeres adultas en Hermosillo, MéxicoMovilidad peatonal limita acceso a alimentos saludables y favorece productos ultraprocesados.
18Alber et al., 201822TransversalNEMS-P221 participantes (ambos sexos)Percepción positiva del entorno no garantiza mejor ingesta alimentaria.
Autoeficacia percibida del peso19Bektas & Gürkan, 202323Aleatorio sistemáticoEscala de autoeficacia198 adolescentes (52% mujeres)Mayor autoeficacia correlaciona con menor IMC; influye dieta, sedentarismo y síntomas depresivos.
20Menéndez-González & Orts-Cortés, 201824TransversalCuestionarios de autoeficacia y locus106 adultos agrupados por IMCAutoeficacia predice IMC; mayor control interno en normopeso.
21Saarikko et al., 202525CuasiexperimentalCuestionarios + monitores portátiles54 embarazadas con sobrepesoAutoeficacia no cambió, pero 90% que controló peso gestacional perdió peso posparto.
Autorregulación del peso22Cabezas & Nazar, 202226CorrelacionalEscala de autorregulación528 adultos (Chile)Mayor autorregulación asociada a mejor adherencia nutricional, menor IMC y mayor bienestar subjetivo.
23Menéndez-González & Orts-Cortés, 201827TransversalEscala de autorregulación106 adultos según IMCAutorregulación más alta en normopeso; se vincula al control del peso.
24Lugli, 201728ComparativoCuestionarios de regulación y locus338 adultos con distintos niveles de IMCNormopeso regula con ejercicio; obesos con control alimentario.
Control del riesgo de obesidad25Navarro et al., 202429Descriptivo-analíticoModelo explicativo con variables conductuales518 adolescentes mexicanosModelo explica 27% de conductas de control del peso, destacando autorregulación y hábitos.
26Caravali-Meza et al., 201630ProspectivoEncuestas y antropometríaAdolescentes mexicanos (seguimiento 12 meses)Reducción del consumo de bebidas azucaradas disminuyó prevalencia de sobrepeso/obesidad.

Discusión

Los resultados de esta revisión narrativa evidencian que el riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama está determinado por una interacción compleja de factores conductuales, fisiológicos, psicológicos y ambientales24. Aunque los estudios incluidos abordan variables específicas de manera aislada, al analizarlos de forma conjunta se observa una convergencia en torno a ciertos patrones: la alimentación inadecuada, el sedentarismo, la ganancia de peso durante el tratamiento oncológico y la percepción limitada de control sobre el peso son elementos recurrentes5,6,10,15. Además, el entorno alimentario aparece como un facilitador o barrera que influye en las decisiones alimentarias, aunque no siempre de manera directa21-23. Este fenómeno ha sido descrito en estudios que señalan la influencia de la estructura familiar, el acceso alimentario, la percepción de salud y aspectos emocionales en la capacidad para sostener estrategias de cuidado personal6,7,21-23.

Más allá de la identificación individual de variables, el principal hallazgo de esta revisión es la convergencia de evidencia hacia un proceso multifactorial donde los determinantes conductuales, psicológicos, biológicos y ambientales interactúan de manera dinámica a lo largo del tratamiento oncológico. Los estudios coinciden en que la ganancia de peso no responde únicamente a cambios en la ingesta o al sedentarismo, sino también a alteraciones metabólicas inducidas por la quimioterapia y a una disminución en la percepción de control personal15,18-20. En este sentido, la autoeficacia y la autorregulación emergen como mecanismos centrales que median la adherencia a conductas saludables, mientras que el entorno alimentario puede potenciar o limitar dichas capacidades individuales24-28,31.

De manera transversal, emergen tres ideas clave: (1) las conductas de salud requieren acompañamiento estructurado para sostenerse bajo el estrés físico y emocional del tratamiento; (2) los cambios metabólicos inducidos por la terapia justifican un seguimiento periódico con indicadores simples y accesibles; y (3) la respuesta individual está modulada por procesos de autoeficacia y autorregulación, así como por un entorno que puede facilitar u obstaculizar decisiones saludables5-23,24-31. Integrar estos planos en rutas clínicas integrales podría traducirse en mejores desenlaces oncológicos, metabólicos y psicosociales.

Una observación crítica es que, si bien la mayoría de los estudios reportan asociaciones significativas entre las variables analizadas y el estado de peso corporal5-20, existe heterogeneidad en los instrumentos utilizados, los diseños metodológicos y las poblaciones estudiadas. Algunos trabajos emplearon instrumentos validados como el Cuestionario de Frecuencia Alimentaria (FFQ), el Cuestionario Internacional de Actividad Física (IPAQ) o el NEMS-P5,7,12,21, mientras que otros utilizaron versiones adaptadas o no reportaron procesos formales de validación6,17,23. Asimismo, varios estudios se centraron en mujeres sobrevivientes de cáncer de mama8-11,14, mientras que otros incluyeron adolescentes, mujeres sanas o poblaciones generales24-30. Esta diversidad metodológica limita la posibilidad de realizar comparaciones directas o inferencias sólidas, y coincide con la literatura que subraya la necesidad de metodologías estandarizadas para evaluar composición corporal, biomarcadores metabólicos y mecanismos conductuales relacionados con el control del peso5-20,26-30.

Cabe señalar que una proporción de los estudios incluidos corresponde a población general, adolescentes o mujeres en otras etapas del ciclo vital. Su incorporación se fundamenta en que aportan evidencia sobre mecanismos conductuales y psicológicos, especialmente autoeficacia, autorregulación y hábitos alimentarios, considerados transversales al control del peso corporal24-30. No obstante, estas extrapolaciones deben interpretarse con cautela, dado que las mujeres con cáncer de mama enfrentan condiciones fisiológicas, metabólicas y emocionales específicas derivadas del tratamiento oncológico. Esta limitación refuerza la necesidad de generar mayor evidencia primaria centrada específicamente en esta población.

En relación con el entorno alimentario, la evidencia sugiere que la percepción de accesibilidad, disponibilidad y calidad de los alimentos influye en las decisiones de compra y consumo, aunque este vínculo no siempre se traduce en mejoras dietéticas sostenidas21-23,32. Factores individuales como nivel educativo, ingreso económico, creencias culturales y dinámica familiar pueden mediar esta relación21-23,33. De forma paralela, aunque la autoeficacia y la autorregulación del peso emergen como variables psicológicas protectoras24-28,31, su evaluación sistemática sigue siendo limitada en población oncológica, lo que representa una oportunidad relevante para el desarrollo y validación de instrumentos específicos.

Desde una perspectiva aplicada, los hallazgos de esta revisión respaldan la necesidad de incorporar en los servicios de salud tamizajes breves de conducta alimentaria y actividad física, mediciones antropométricas rutinarias y escalas cortas de autoeficacia y autorregulación como parte del expediente clínico. A nivel comunitario, se sugiere promover alianzas con entornos laborales, familiares y comunitarios que amplíen las oportunidades para prácticas saludables. En el ámbito de la investigación, se priorizan diseños longitudinales y ensayos pragmáticos que evalúen implementación, adherencia y sostenibilidad de intervenciones con métricas comparables5-23,26-31.

Un aspecto relevante es que, aunque múltiples estudios documentan asociaciones significativas entre dieta, actividad física y estado ponderal, pocos integran simultáneamente variables psicológicas y contextuales, lo que limita la comprensión de trayectorias de riesgo en mujeres con cáncer de mama. Esta fragmentación metodológica sugiere que las intervenciones centradas exclusivamente en educación nutricional o ejercicio podrían resultar insuficientes si no incorporan estrategias explícitas para fortalecer la autoeficacia, la autorregulación y la adaptación del entorno. En este sentido, modelos multicomponente alineados con enfoques biopsicosociales y de promoción de la salud resultan particularmente pertinentes24-31,34.

Entre las principales limitaciones de esta revisión se reconoce su naturaleza narrativa, lo que implica un mayor riesgo de sesgo en la selección e interpretación de los estudios. Además, se excluyeron artículos en idiomas distintos al español e inglés, así como literatura gris, lo que pudo restringir el alcance de la evidencia. Tampoco se aplicó una evaluación formal de calidad metodológica como la recomendada en revisiones sistemáticas, en congruencia con el objetivo exploratorio y de integración conceptual de este trabajo16.

Finalmente, se recomienda que futuras investigaciones integren enfoques mixtos para capturar tanto la experiencia subjetiva de las mujeres como las variables objetivas de salud30-32. Asimismo, se sugiere el desarrollo de estudios longitudinales que permitan analizar la evolución del peso corporal y sus determinantes a lo largo del continuo de atención oncológica5,9,15,18. El diseño de intervenciones multicomponente que integren educación nutricional, promoción de la actividad física, fortalecimiento de la autoeficacia y autorregulación, así como modificaciones del entorno alimentario, representa una vía prometedora para mejorar el control del riesgo de obesidad y la calidad de vida en mujeres con cáncer de mama7,11,24-31,34.

Conclusiones

Esta revisión narrativa tuvo como objetivo analizar e integrar los principales factores que influyen en el control del riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama. A partir del análisis de 26 estudios recientes5-30, se identificaron seis categorías clave: patrones de alimentación y actividad física, composición corporal y biomarcadores personales, entorno alimentario, autoeficacia percibida del peso, autorregulación del peso y modelos de control del riesgo.

La evidencia sugiere que los hábitos dietéticos saludables y una actividad física regular son fundamentales para prevenir la ganancia de peso durante y después del tratamiento oncológico5-7,9-11. Asimismo, los cambios metabólicos y corporales derivados de la quimioterapia requieren un monitoreo sistemático mediante indicadores antropométricos y bioquímicos simples, con el fin de prevenir la progresión hacia estados de obesidad y complicaciones metabólicas15,17-19. De manera complementaria, el entorno alimentario y las variables psicosociales, como la autoeficacia y la autorregulación del peso, juegan un papel facilitador o limitante en la adopción y mantenimiento de conductas saludables, por lo que deben ser considerados en el diseño de estrategias de intervención clínica y comunitaria20-22,23-27,30-32.

Si bien los hallazgos ofrecen un panorama amplio sobre los determinantes del riesgo de obesidad, persisten vacíos importantes en la literatura, particularmente en la integración simultánea de variables conductuales, metabólicas, psicológicas y contextuales en poblaciones oncológicas28-31,34. Las intervenciones futuras deberían adoptar un enfoque multicomponente que abarque tanto el contexto individual como el ambiental, incorporando acompañamiento conductual, monitoreo clínico y adaptación del entorno alimentario, y que se ajusten a las características socioculturales de las mujeres con cáncer de mama7,16,21,31.

En conclusión, abordar el riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama exige una perspectiva integral sustentada en evidencia científica, que considere de manera articulada factores biológicos, conductuales y ambientales. Esta revisión aporta bases conceptuales y empíricas para el desarrollo de estrategias clínicas, educativas y de salud pública orientadas a mejorar el pronóstico y la calidad de vida, destacando el valor de intervenciones centradas en la persona y apoyadas en un seguimiento continuo y sistemático5-30.

De esta manera, la combinación de educación para la salud, monitoreo clínico estandarizado e intervenciones orientadas a mejorar el entorno alimentario representa una vía factible y sostenible para reducir el riesgo de obesidad en mujeres con cáncer de mama. Su implementación mediante protocolos culturalmente pertinentes puede favorecer la equidad, optimizar el uso de recursos y contribuir a una mejora sostenida en la calidad de vida de esta población5-30.

Referencias

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