Artículos Libres
Recepción: 05 junio 2025
Aprobación: 01 agosto 2025
Resumen: Se estudió la reestructuración del peronismo provincial luego de la crisis partidaria y política que generó la última Intervención Federal de 2004. El artículo dialoga con las contribuciones empíricas sobre la política partidaria a escala subnacional. Se reconstruyó el proceso y se describieron las relaciones entre actores y grupos políticos al interior del PJ y del conjunto peronismo santiagueño durante el período, a partir del análisis de información proveniente de la prensa santiagueña, nacional y de entrevistas semiestructuradas. La investigación se enfocó en las disputas por el control de los recursos organizacionales del partido, así como también en los modos de disputas entre los grupos políticos y su momento de resolución o integración dentro del Frente Cívico.
Palabras clave: crisis partidaria, reestructuración partidaria, peronismo, Partido Justicialista.
Abstract: The restructuring of provincial Peronism after the party and political crisis generated by the Federal Intervention of 2004 was studied. The paper engages with empirical contributions on partisan politics at the subnational level. The process was reconstructed and the key relationships between political actors and groups within the PJ and Peronism in the province were described during the period. Based on the analysis of information from the santiagueña and national press and semi - structured interviews with its political actors. The research focused on the disputes over the control of organisational resources of party, as well as on the modes of disputes between political groups and the moment of resolution or integration within the Frente Cívico.
Keywords: party crisis, party restructuring, Peronism, Justicialist Party.
Introducción
En febrero de 2005, la coalición provincial Frente Cívico por Santiago, con el liderazgo del dirigente radical Gerardo Zamora[4], gana las elecciones a gobernador de la provincia de Santiago del Estero (Campos, 2021; Ortiz de Rozas y Campos, 2022), dando fin a la experiencia de la Intervención Federal de 2004 y al predominio electoral que caracterizaba al Partido Justicialista (PJ) en la provincia (Schnyder, 2013).
En la Intervención Federal de 2004, el peronismo se desorganiza sin encontrar conducción partidaria que suple el liderazgo del exgobernador Carlos Arturo Juárez[5](Godoy, 2007). Por un lado, el PJ queda intervenido y se faccionaliza con cuatro listas que disputan la conducción partidaria sin puntos de acuerdos posibles. Dinamitada las posibilidades de consensos, esto se tornará complejo en las internas partidarias y el proceso electoral provincial, que marcará un punto crítico hasta la derrota electoral en manos del Frente Cívico en febrero de 2005. Por otro lado, los grupos peronistas no sólo se quedan a disputar dentro del PJ y “a jugar la interna del partido”, también buscan sumarse a la nueva coalición que emergía en la Intervención, el Frente Cívico. Se verá cómo dirigentes territoriales representativos e intendentes peronistas sin lugar en el PJ acordarán la incorporación al Frente Cívico antes y después de las elecciones a gobernador (Campos, 2017; Picco, 2014;Silveti, 2006). La incorporación fue procesual hasta la conformación de un partido provincial que se llamará Bases Peronistas (Campos, 2023). Luego de 2005, mientras el PJ seguirá sin rumbo y con redes políticas débiles en el plano de la movilización electoral, Bases Peronistas será la principal marca partidaria peronista de la provincia y articulada dentro de la coalición del Frente Cívico, con los liderazgos de Emilio “Pichón” Neder[6] y del gobernador Gerardo Zamora (Campos, 2023;Picco, 2013).
Bases Peronistas está conformado principalmente por el peronismo territorial de intendentes representativos, dirigentes barriales y militantes con capacidad de movilización del electorado[7], encontraron en el Frente Cívico una nueva organización partidaria capaz de “hacer política” o “trabajar en la política”, ya que el PJ provincial se encontraba debilitado institucionalmente. Esto no implicó una absorción total del peronismo, significó una alianza estratégica en la que los intereses de ambos grupos se vieron resueltos, acumulando diversos recursos materiales y organizativos (Campos, 2022).
La bibliografía señala que los gobernadores son jefes partidarios y lideres excluyentes (Calvo y Micozzi, 2005), y que en las últimas décadas en las provincias argentinas se ha reducido la competitividad en la mayoría de los campos políticos provinciales (Calvo y Escolar, 2005; Suárez y Pegoraro, 2014). Con Gerardo Zamora como gobernador, significó el final del predominio del PJ y el inicio de una nueva fuerza política predominante con una marca partidaria provincial basada en la coalición entre radicales, peronistas y otros partidos y movimientos sociales[8], y de la inscripción dentro de la transversalidad impulsada por el entonces presidente Néstor Kirchner (Campos, 2014;Campos, 2024; Campos, 2021; Ortiz de Rozas y Campos, 2022; Silveti, 2012).
El artículo se inserta en los estudios políticos subnacionales sobre las organizaciones partidarias peronistas en las provincias luego de la crisis de 2001 y de la emergencia del kirchnerismo. Estudios sobre partidos en Argentina, y en especial el PJ, han caracterizado la centralidad de los líderes e importancia de la vida informal de los partidos (Auyero, 2001; Levitsky, 2005; Vommaro, 2009), dependencia de los recursos del Estado y enraizamiento social en su funcionamiento cotidiano (Ortiz de Rozas, 2016;Sosa, 2016; Vommaro y Armesto, 2015) y en el caso de provincias como Santiago del Estero, caracterizadas por su organización sociopolítico como Estado patrimonial (Farinetti, 2021) o patrimonialismo electivo (Saltalamacchia, 2012), donde el Estado es dinamizador de la economía, del campo político provincial y con capacidad de regular jerarquías sociales y políticas (Campos, 2025;Schnyder, 2013).
Para revisar bibliografía de estudios recientes sobre el PJ en las provincias, tenemos a Lascurain (2024), que analiza el caso del PJ de Santa Fe entre 1983 y 1991, donde se destaca una multiplicidad de liderazgos, sin capacidad de imponerse uno sobre otros ni de generar conducción política. Esto resuena para el caso santiagueño por las disputas intrapartidarias del peronismo de la provincia de Santiago del Estero entre 2004-2005, que obturaron la posibilidad de un liderazgo partidario que ordene el partido y pacifique los conflictos internos. Ramos (2011) abordó los mecanismos utilizados por el Partido Justicialista de la Provincia de Santa Fe para mantenerse en el poder en dos coyunturas electorales: las elecciones provinciales de 1999, signadas por la recesión económica, y las elecciones provinciales de 2003, en el marco de una crisis de representación que abarcaba a todas las fuerzas político-partidarias. El artículo de Ramos (2011) ayuda a pensar cómo el peronismo de la provincia de Santiago del Estero construyó estrategias partidarias bajo condiciones de posibilidad situadas en el territorio.
Reynares (2018) analiza la dinámica intrapartidaria del PJ de la provincia de Córdoba entre 1988 y 1998. La indagación se centró en las disputas por el control de los recursos organizacionales, así como también en los mecanismos con que las diversas subcoaliciones locales y la dirigencia partidaria nacional pretendieron zanjar la competencia interna. El autor hizo hincapié en los eventos que hicieron posible la constitución de una coalición dominante hacia mediados de 1998 mediante el control de ciertas áreas sensibles para la organización partidaria por parte del entonces presidente del Consejo Provincial del PJ y luego candidato a gobernador, José Manuel De la Sota. El caso de Córdoba ayuda a pensar en la alianza del peronismo y el radicalismo que sucedió en Santiago del Estero luego de la crisis política de la Intervención Federal de 2004 y la forma de resolver conflictos internos con la constitución de alianzas interpartidarias con objetivos políticos electorales provinciales.
A partir del estudio del peronismo en la ciudad de La Plata entre 2015 y 2019, Retamozo y Dell’Unti (2017) muestran un elemento que se resalta en el caso de Santiago del Estero, los actores políticos peronistas definen sus tácticas en estructuras de oportunidades electorales específicas a partir de los recursos disponibles: candidaturas competitivas y capacidad de articulación con agrupaciones de base.
En estos antecedentes mencionados, hay que sumar estudios sobre el peronismo en la provincia de Santiago del Estero. Ortiz de Rozas (2014) investigó sobre los políticos peronistas, poniendo en valor el capital político territorial como capital político legítimo y la capacidad de representación que tienen los políticos identificados con el peronismo.
Otros aportes son los de Schnyder (2013) y Godoy (2009). Schnyder (2013) investigó el vínculo de la organización partidaria del PJ con el territorio, a partir de la categoría de trabajo político, que la autora lo utiliza como herramienta heurística potencial para comprender las prácticas de los agentes. Godoy (2009) reconstruye las redes, la sociabilidad y las jerarquías políticas que se traman durante el último período del PJ juarista.
Vommaro (2009) también hizo su aporte. Él analizó la crisis del PJ juarista, así como la forma en que se comportaron las redes territoriales del peronismo una vez que Carlos Juárez perdió su poder tanto al interior del partido como a nivel provincial. Por último, tenemos los aportes de Silveti y Saltalamacchia (2009) que analizaron las movilizaciones por el doble crimen que finalizó en la Intervención Federal de 2004 y el final del juarismo.
El abordaje metodológico del artículo es cualitativo (Vommaro, 2018), reconstruyendo el período 2004-2005 con diez entrevistas semiestructuradas (Saltalamacchia, 1992) a los actores políticos provinciales del PJ y de otros partidos. Se utilizó un muestreo bola de nieve (Saltalamacchia, 2005), donde la selección de los entrevistados fue por recomendación de los actores políticos estudiados y porque emergían como actores relevantes en los diarios analizados. Las entrevistas se realizaron entre 2023 y 2025, en el marco de un proyecto de investigación. Se debe sumar el trabajo de fuentes con diarios provinciales, nacionales[9] y documentos partidarios del PJ.
Crisis partidaria, internas y derrota electoral en 2005
El peronismo juarista se caracterizó por construir su base de electores por medio de la estrategia territorial de formar Unidades Básicas[10] y de contener dentro de su estructura partidaria al sector gremial compuesto en su mayoría por representantes de los empleados públicos organizados en la Confederación General de Trabajadores (CGT). Surgido a fines de la década del 40 del siglo pasado (Salas, 2002; Vezzosi, 2020), el juarismo fue la fuerza electa en las aperturas democráticas de 1973 y 1983, y durante el periodo neoliberal ejerció tres mandatos (1995-1999, 1999-2002, 2002-2004). Su fuerte implantación territorial fue producto más que del liderazgo de Carlos Juárez, del desarrollo de un conjunto de redes de interdependencia tanto barrial como local (Vommaro, 2009) desarrolladas principalmente por el trabajo de la Rama Femenina y la Juventud Peronista.
El predominio peronista juarista entrará en crisis en 2003 (Godoy, 2009; González Kofler, 2022), y sus redes partidarias transitarán un proceso de derrumbe organizativo y descoordinación partidaria.
Con el final de la experiencia del PJ juarista en el gobierno provincial, con el ocaso del liderazgo de Carlos Juárez y la posterior Intervención Federal, el peronismo santiagueño quedó dividido en distintos grupos políticos. Se generó un proceso de disputa por el liderazgo partidario del PJ que se sustanciará en las internas partidarias de enero de 2005.
La definición teórica que da Offerlé (2011) de partido político ayuda a comprender las tensiones de la coyuntura política estudiada, porque mantiene la tensión entre la productividad de los agentes y la manera en que estos son producidos por las condiciones de su acción. Así, el partido es:
un espacio de competencia entre los agentes dispuestos para la lucha por la definición legítima del partido y por el derecho a hablar en nombre de la entidad y la marca colectiva cuya existencia, o más bien la creencia en la existencia, contribuyen a mantener a través de su competencia. (Offerlé, 2011, p. 14)
En esta etapa de la política santiagueña suceden disputas internas o lo que Vommaro (2004) denominó la “lucha por la herencia”, que animó un proceso de quiebres de lealtades y definición de nuevas alianzas estratégicas, con la intención de reposicionar a dirigentes en el escenario de la transición.
Durante la Intervención Federal, el peronismo se planteó como objetivo que el PJ santiagueño sea saneado institucionalmente debido a que la mayoría de los integrantes de la mesa de conducción se encontraban detenidos o bajo procesos penales, lo que resultaba imposible que el partido funcione con normalidad. Diversos sectores internos enfrentados con el juarismo vieron como una oportunidad política el reclamo por "democratizar" sus estructuras y disputar espacios de conducción partidaria. Por decisión política del presidente del Congreso Nacional del PJ, Eduardo Camaño, y sin consenso dentro del peronismo provincial, designó al interventor partidario de Santiago del Estero. El diputado nacional por el PJ de la provincia del Chaco, Rafael González, fue el elegido por la conducción nacional, pero sin consensos dentro del peronismo santiagueño.
Una de las primeras e importantes decisiones que debía tomar el interventor del PJ para buscar consensos intrapartidarios era llamar a una elección interna abierta para definir quiénes representarían al PJ para las elecciones a gobernador en 2005.
La Intervención Federal había llamado a elecciones constituyentes para el 31 de octubre, pero fueron anuladas por un recurso de amparo presentado por el dirigente radical y senador de la Nación José Luis Zavalía[11]. Desde la Intervención sostenían que para la consolidación democrática era necesaria una reforma de la Constitución provincial. Desde la Unión Cívica Radical creían lo mismo, pero que lo debía impulsar un gobierno con legitimidad popular y no la Intervención Federal.
Para esa elección frustrada del 31 de octubre de 2004, el conflicto dentro del PJ se desató con virulencia. Horas antes del cierre de listas para los comicios del 31 de octubre, fue cuando 18 intendentes decidieron renunciar a la nómina de candidatos justicialistas que había designado el interventor Rafael González, marcando diferencias organizativas con el partido.
La decisión de los jefes comunales surgió en desacuerdo con la lista de candidatos elaborada por el interventor González. Tras una serie de reuniones en la Casa de Gobierno, el foro de intendentes decidió apartarse del PJ. En ese sentido, Marcelo Barbur, intendente de la ciudad de los Juries, relataba:
El desacuerdo del foro tuvo que ver en primer lugar con el armado de la lista que no tenía representatividad en todo el territorio santiagueño y en segundo lugar porque no hicieron lugar a nuestros reclamos y sugerencias. Hace falta trabajar por las zonas rurales. (Infobae, 14 de septiembre de 2004).
Por otro lado, un referente del PJ exclamó: "En 72 horas se derrumbó un trabajo de tres meses y medio, tras acordarse una lista única con participación de los distintos sectores del PJ, incluida la intervención federal, que representa a un gobierno justicialista" (Nuevo Diario, 16 de septiembre de 2004, p. 3).
Con la crisis que afectaba al PJ santiagueño, se pactó como fecha el 5 de diciembre para la interna partidaria. En una entrevista con medios nacionales, el interventor González afirmaba lo siguiente: “Existe consenso para que las internas del PJ se realicen el 5 de diciembre, tras agotarse la posibilidad de los comicios del 31 de octubre, en los que la intervención federal tenía intenciones de reformar la Constitución provincial” (Página/12, 25 de abril de 2004, p. 18). En esa fecha establecida, la del 5 de diciembre, finalmente tampoco se llevará a cabo la interna, pero esa coyuntura marcará un mojón más de la crisis del PJ y la consolidación de un grupo político peronista, conducido por José Emilio Neder, que se articulará con Zamora y se alejará del PJ. Las internas abiertas del PJ se realizaron recién el 9 de enero de 2005 para las elecciones generales del 27 de febrero del mismo año.
Desde entonces, cuatro dirigentes disputarían la conducción partidaria. El primero de ellos fue el exsenador y funcionario nacional menemista José “Pepe” Figueroa[12], quien se mantuvo como opositor al Juarismo, y aliado del menemismo. Contará con el apoyo político del jefe de gabinete de la Intervención Federal, Pablo Fontdevila.
El jefe de Gabinete era el armador político de la Intervención y es quien posiciona a Figueroa como candidato, llegando a un acuerdo con intendentes del PJ. En ese momento se formó el Movimiento Peronista Popular, espacio político que impulsaba a José Oscar Figueroa-Humberto Salim. Este binomio, compuesto por un legislador menemista y el Intendente de la ciudad de Frías.
El jueves 6 de enero de 2005, Figueroa tendría su acto de cierre de campaña. Ese día, durante su discurso, hizo una reseña de los ataques que recibió durante los últimos años por parte del juarismo. Al finalizar el cierre de campaña, exclamó: “No tengo odio ni rencor, tengo un corazón abierto para abrazarlos a todos… este es un hecho histórico para el peronismo santiagueño, porque es la primera vez que hay una lista que nace desde abajo hacia arriba, porque los intendentes son la célula de la vida democrática… el 2005 será fundacional tanto para Santiago como para el Peronismo” (El Liberal, 7 de enero de 2005, p. 2).
Más allá de que Figueroa resaltó el papel territorial del peronismo con el trabajo político de los dirigentes territoriales, intendentes y actores locales, el espacio electoral que representaba Figueroa no aglutinaba a todo el peronismo territorial.
Por otro lado, estaba José María Cantos[13], exdiputado, empresario de medios de comunicación y dueño de una de las radios más populares de Santiago del Estero. Con su lista Santiago para todos, impulsa a la fórmula José María Cantos-Marta Velarde.
Bajo el lema “Sensibilidad y firmeza para empezar a crecer”, casi todas las mañanas desde el 1 de enero publicaba en uno de los principales diarios de la provincia, Nuevo Diario, una portada de su voto, su lista de candidatos, sus recorridos por los barrios y también una lista con sus propuestas. Entre ellas se puede mencionar:
1- Cantos es un hombre empresario que nunca vivió de la política; 2- un hombre respetado y que puede caminar por la calle poniendo la cara y el hombro; 3- porque viene a garantizar la libertad de expresión y romper con el miedo santiagueño; 4- porque es el único candidato que no solo pregona justicia social sino que la hace ayudando a los más necesitados, pobres y enfermos; 5- porque no es testaferro ni empleado de ningún poder político, porque su compromiso es con el pueblo santiagueño; 6- porque le sobra carácter, temperamento, autoridad y decisión para enfrentar cualquier tipo de adversidad; 7- porque es ejemplo de un santiagueño que, con esfuerzo y capacidad, luchó por ser un exitoso empresario, sin acomodos y sin estafar a nadie; 8 - porque nunca se fue y siempre estuvo al lado del pueblo; 9- porque defenderá a cada familia santiagueña; 10- porque es el único que tiene un plan estratégico y un equipo técnico para cambiar las condiciones de vida de los santiagueños. (Nuevo Diario, 7 de enero de 2005, p. 5)
Figueroa y Cantos serán los principales dirigentes que competirán en las internas del PJ. A ellos se sumarán Francisco Cavallotti, representando al juarismo, ya debilitado en recursos organizativos, y Roberto Barrionuevo, que representará a grupos sin anclaje territorial ni electores.
Consumadas las elecciones, Figueroa y su Movimiento Popular Peronista obtenían 49.986 votos (40,65%), José María Cantos (Todos por Santiago), 47.775 (38,85%); el juarista Francisco Cavallotti (Cruzada Santiagueña), 23.611 (19.24%), y Victoria Santiagueña, 1.601 votos (1,3%; Página/12, 11 de enero de 2005).

Luego de las internas y los resultados definidos, el candidato Cantos no aceptó la derrota y denunció irregularidades durante la carga de votos, pidiendo un nuevo recuento de los votos (Dargoltz, Gerez y Cao, 2006). Se sumaba a que Cantos señalaba como responsable a la Intervención Federal de intromisión en los resultados. El jefe de gabinete Fontdevila expresó que:
las acusaciones son infundadas, la Intervención Federal no tiene nada que ver con el escrutinio de la interna del justicialismo, esto queda en las manos del tribunal electoral provincial y en manos de la justicia de la provincia. Son ellos, junto a los apoderados de las listas los que van a dar un veredicto final al cual todos tendremos atenernos. (El Liberal, 11 de enero de 2005, p. 3).
Por su parte, Roberto Azaretto, ministro de Gobierno de la Intervención Federal, recordó la vigencia del Código Nacional Electoral, que prohíbe a quienes no resulten ganadores su participación en los comicios generales, como así también la posibilidad de "realizar nuevas alianzas" con otras fuerzas (El Día, 11 de enero de 2005, p. 3).
La interna partidaria peronista agudizó las diferencias irreconciliables entre los grupos políticos y allanó el escenario para un proceso de alternancia y emergencia de una nueva coalición gobernante en Santiago del Estero. El Frente Cívico se forjará como la coalición predominante en la provincia.
Gerardo Zamora, de intendente a gobernador y la primera migración de peronistas hacia el Frente Cívico
En las elecciones municipales llevadas a cabo en las ciudades de Santiago del Estero y La Banda el 14 de septiembre de 2003, el radical Gerardo Zamora ganaba las elecciones en la capital santiagueña con un amplio margen de votos sobre el peronismo local, quienes eran los competidores directos.
Durante 2004, Zamora consolidó su imagen pública en la provincia por su gestión municipal y fue destacado por recuperar la capacidad operativa del municipio más grande de la provincia. En sus diferentes discursos antes de febrero de 2005, Zamora señalaba que para gobernar la provincia había que generar acuerdos y concesos, que le permitieran llevar un proceso de recuperación institucional: “Una sola persona, por más iluminada que sea, o un solo partido político, no puede gobernar. No se puede gobernar en soledad. Y un gobierno sin consenso no tiene futuro” (Nuevo Diario, 8 de mayo de 2004, p. 2).
Ocho meses antes de las elecciones de febrero de 2005 se concretó un acuerdo político de grupos peronistas con representación territorial del interior provincial, encarnada en la figura de Neder, y el radicalismo provincial con peso territorial en la ciudad capital, con el liderazgo de Zamora[14]. En ese sentido, Neder relata:
Recuerdo que muchas veces conversábamos con Gerardo antes de las elecciones, sobre cómo podíamos conformar un proyecto generador de cambios y transformador de la provincia, además de integrador de fuerzas antagónicas… Coincidimos en que a Santiago le estaba haciendo falta un proyecto de unidad sólido, que pueda sacar a la provincia adelante y contenga a todos en el marco de un crecimiento sostenido. (Emilio Neder, comunicación personal, 12 de agosto de 2024)
En esta línea, Schnyder y Rea (2007) señalan que la alianza del Frente Cívico con dirigentes peronistas les permitió a estos aislarse de la crisis del partido y así reinsertarse en el nuevo frente gobernante. A su vez, según las autoras, esto le permitió al Frente Cívico constituir una vasta red territorial para poder “afirmarse electoralmente en territorios cautivos del PJ”, en particular en el interior de la provincia.
En relación con la inserción del peronismo dentro del Frente Cívico, la exintendenta de una ciudad importante de la provincia y ex diputada nacional, Norma Abdala de Matarazzo, señaló:
Nos unió un proyecto de provincia superador de los intereses meramente partidarios… Es un conjunto donde hay identidad de propuestas, de metas, de desafíos, no hay otro beneficio que poder estar a la par del pueblo, no hay beneficios puros que se puedan escindir para unos o para otros, sino precisamente el beneficio del conjunto y de la gente” (Norma Abdala de Matarazzo, comunicación personal, 12 de noviembre de 2024)
El 27 de febrero de 2005, Gerardo Zamora fue elegido gobernador de la provincia de Santiago del Estero (Ortiz de Rozas, 2011). Ganó las elecciones provinciales con el 46,5% de los votos positivos representando al Frente Cívico. Esta alianza se formó con los partidos de la UCR, el peronismo juarista y no juarista (Campos y Schnyder, 2016) y significó una rearticulación del campo político. La idea de campo político (Bourdieu, 2001) es útil para comprender las posiciones de los agentes y grupos políticos provinciales, sus disputas y los capitales o recursos de poder en juego.
Luego del triunfo de Gerardo Zamora, se construyó una articulación con el gobierno nacional del Dr. Néstor Kirchner y una alianza política sólida por décadas con el peronismo nacional:
Hay una fuerte vocación de trabajar junto con el gobierno nacional. El presidente se ha manejado de manera equitativa con todos los gobernadores, sin importar el origen político de cada uno. Lo sé porque he conversado con otros gobernadores radicales. Es fundamental para nuestra provincia lograr una sintonía con la Nación. Santiago del Estero ha vivido al margen de los cambios nacionales durante mucho tiempo. Necesitamos que nuestra provincia produzca una transformación para ponerse en línea con el resto del país. (Gerardo Zamora, Página/12, 24 de marzo de 2005)
En el gráfico N° 1 se representan los tres momentos que marcan el proceso de reordenamiento y reestructuración del peronismo provincial luego de la crisis juarista y la incorporación plena a la coalición del Frente Cívico.

La segunda migración peronista hacia el Frente Cívico: los diputados provinciales
El 22 de marzo de 2005, después de un año sin actividad por la Intervención Federal, la Cámara de Diputados de la provincia volvía a su vida institucional. Ese día fue el acto de asunción de los 50 diputados provinciales electos.
Durante la ceremonia, que se realizó en la Legislatura provincial, prestaron juramento 24 diputados por el Frente Cívico-UCR, 21 por el Partido Justicialista y 5 del Movimiento Viable, con lo cual quedaba normalizada la Cámara de Diputados, que había sido intervenida junto a los otros dos poderes.
Las bancas de la Cámara estaban divididas en tres bloques (Frente Cívico, PJ y el Movimiento Viable). Ángel Niccolai[15], una tarde anterior a la asunción, había mantenido una reunión con algunos diputados, donde se establecía que la presidencia del cuerpo quedara en manos del bloque mayoritario.
Ese día se definía quién se quedaría con la vicepresidencia primera y segunda. En relación con la vicepresidencia primera, el justicialismo y el Frente Cívico la pretendían. Por la vicepresidencia segunda no había disputas, ya que el Movimiento Viable estaba conforme si lograba conseguirla.
La situación se volvió tensa cuando en el debate se decidió la primera vicepresidencia. Ahí empezó el “escándalo” con distintas denuncias, acusaciones y amenazas entre los diputados provinciales. Comenzó cuando seis diputados que representan a José María Cantos comunicaron la decisión de armar un nuevo bloque denominado “Lealtad Popular”, dejando al bloque del PJ en minoría y reduciendo la cantidad a 15 legisladores.
Los diputados de Cantos, que contribuyeron para romper el bloque fueron: Sandra Generoso, Ángel Llamazares, Alba de Escontrela, Pedro Simón, Fernando Manzano y Mónica González. Con esta “jugada” negociada y acordada con el Frente Cívico, la Cámara de Diputados se dividía en cuatro bloques: el Frente Cívico, PJ oficial, PJ cantista y el Movimiento Viable. A pesar de la oposición de los diputados del PJ oficial, la sesión continuó luego de un cuarto intermedio y se eligió al radical y dirigente del Frente Cívico, Ángel Niccolai, como presidente del cuerpo.
El “escándalo” sucedió a la hora de elegir la vicepresidencia primera. El Frente Cívico, el Movimiento Viable y el PJ cantista acordaron para que ese lugar pasara a manos de los cantistas y no al PJ oficial. Sin embargo, ese lugar le correspondía al PJ oficial por ser la primera minoría del recinto. La tensión en la selección de la vicepresidencia primera significó un síntoma de una baja sistematicidad entre las facciones existentes dentro del PJ (Panebianco, 1990).
Ángel Yorbandi, jefe del bloque del PJ oficial, expresaba: “Pobre del futuro de Santiago, esta tarde volvimos al pasado, quedó al descubierto el contubernio entre el sector que lidera el zamorismo y quienes entre gallos y medianoche desertaron del PJ” (Nuevo Diario, 23 de marzo de 2005, p. 2). La sala de sesiones se llenó de insultos y amenazas entre legisladores.
Una diputada electa por el PJ, que permaneció en el bloque aquel momento, relata:
el primer lugar donde se dio este desplazamiento del peronismo opositor a la cálida sombra del gobierno zamorista fue en la Legislatura. El Frente Cívico había ganado 24 bancas y el PJ había obtenido 21, las otras cuatro pertenecían al Movimiento Viable. Este encontraba al Frente Cívico sin mayoría propia en una Legislatura que por entonces tenía 50 bancas. Al iniciar las sesiones de asunción, se produjo una masiva migración de los diputados del PJ al bloque del Frente Cívico. (Diputada electa por el PJ, comunicación personal, 19 de mayo de 2004)
El bloque del PJ abandonó el recinto esa tarde, pero otro escándalo continuaría en las afueras del Poder Legislativo, seguidores del PJ anoticiados por lo que había sucedido esperaron afuera a los legisladores cantistas a quienes acusaban de “traidores”. Los diputados cantistas debieron salir custodiados por la policía provincial debido a los insultos y amenazas por parte de los militantes que también les arrojaron algunas “bolsas con basura y huevos”.
No todo terminó en el recinto, desde la dirigencia se convocó a una reunión de forma urgente en la sede del partido acusando “traiciones y deslealtad al partido”. Yorbandi, Ortiz y Calabrese pedían la presencia del interventor González en la reunión convocada en la sede para el 25 de marzo. Se entendía que hubo una “traición” de González.
En esa reunión, militantes, dirigentes y diputados “descargaron su bronca y su indignación” de lo ocurrido en el recinto por la decisión de los dirigentes que responden a Cantos. Sacaban conclusiones que el “arreglo” entre Cantos y Zamora se había materializado poco antes de las elecciones a gobernador. Siempre estuvieron los rumores de que luego de aquella frustrada elección interna que Cantos perdió, él había llamado a votar a sus seguidores a la alianza electoral liderada por Gerardo Zamora.
Ada de Cappellini[16] expresó ese día que:
No había que sacar los pies del plato y mantenerse los 21 diputados en un mismo bloque monolítico, para evitar el riesgo de atomización del PJ… Por eso nos preocupa que no nos haya informado antes de iniciar la sesión la constitución de un nuevo bloque, si González sabía a las 17: 00 horas la decisión. (Nuevo Diario, 26 de marzo de 2005, p. 4).
Al salir de esa reunión, la dirigencia convocó una reunión para las 19 horas sólo con la dirigencia para armar una comisión, ya que no reconocían la potestad de González como máxima autoridad partidaria. Esa tarde se llevó a cabo una votación entre los presentes para definir la presidencia de la comisión. La elegida para presidir la misma fue la diputada Ada de Cappellini, donde en aquella reunión expresó que pedirá la exoneración del partido de aquellos diputados que rompieron el bloque.
Lo sucesos descriptos muestran la heterogeneidad de grupos dentro del PJ y la falta de condiciones organizativas para la coordinación política intrapartidaria. Pero la descripción también muestra cómo los grupos del PJ iniciaron vínculos formales e informales con el recién asumido gobierno del Frente Cívico, que meses siguientes se traducirá en nuevas migraciones hacia Bases Peronistas del Frente Cívico.
La tercera migración del peronismo al Frente Cívico
El Frente Cívico surgió como propuesta política provincial con un discurso centrado en la cosa provincial y en la necesidad de acuerdos interpartidarios. Esa propuesta se materializó en un acuerdo entre radicales y peronistas, que se corporizó en una alianza entre Gerardo Zamora y Emilio Neder ocho meses antes de las elecciones de febrero de 2005. En ese momento, “Pichón” era un referente municipal del peronismo que estaba alejado del PJ y de su interna.
El Frente Cívico surgió como propuesta política provincial con un discurso centrado en la cosa provincial y en la necesidad de acuerdos interpartidarios. Esa propuesta se materializó en un acuerdo entre radicales y peronistas, que se corporizó en una alianza entre Gerardo Zamora y Emilio Neder ocho meses antes de las elecciones de febrero de 2005. En ese momento, “Pichón” era un referente municipal del peronismo que estaba alejado del PJ y de su interna.
La victoria del Frente Cívico le significó a Neder ocupar un lugar de privilegio: ministro de Gobierno, Seguridad y Culto de la provincia. Desde esa posición, unificó los distintos sectores peronistas que estaban atomizados luego de la crisis juarista y los condujo dentro de ese acuerdo con el zamorismo[17]. Uno de los primeros objetivos luego de ser gobierno provincial fue consolidar Bases Peronistas, un partido provincial integrado al Frente Cívico que se presente como alternativa al PJ provincial. El PJ será conducido por Bases Peronistas y liderado por “Pichón” Neder recién en 2014[18].

El PJ estuvo intervenido desde 2004 hasta 2014. Desde 2005, el Frente Cívico fue una alianza entre el radicalismo y Bases Peronistas. Recién con la normalización del PJ en 2014 y las elecciones internas que gana Neder, se integra al oficialismo provincial. El desempeño de Emilio Neder fue fundamental.
Bases Peronistas surge con el propósito de sostener la identidad política en el marco de la integración y conformación de una alianza partidaria provincial. Nace como una agrupación de algunos pocos dirigentes dispersos ocho meses antes de las elecciones de 2005 (Campos, 2023).
Tras aquel comienzo fundacional, si se quiere incierto, posteriormente intendentes, comisionados municipales y el sector gremial se integraron al oficialismo provincial, a través de una reunión preliminar que tuvo lugar en la ciudad de Los Telares, para luego sí constituirse formalmente en la ciudad de Fernández, en un encuentro donde la intendenta Norma Abdala de Matarazzo fue quien recibió a Neder y a la mayoría de la dirigencia con representatividad territorial.
La reunión en la ciudad de Fernández fue el 3 de agosto de 2005. Esa fue la reunión definitiva para formalizar la incorporación de intendentes y comisionados identificados con el peronismo a Bases Peronistas. La incorporación de estos jefes comunales les permitió a Bases Peronistas aglutinar el 75% de los referentes en representatividad territorial peronista en ese momento (Campos, 2023).
El documento fundacional suscripto expresa:
Motiva este formal pronunciamiento la necesidad de adecuarnos a los nuevos tiempos que vive esta Argentina y también nuestra provincia, que de la mano del Sr. presidente de la Nación Dr. Néstor Kirchner y del gobernador de la provincia Dr. Gerardo Zamora, han privilegiado el pluralismo político y avanzan buscando el desarrollo y crecimiento de nuestra comunidad. Así también la voluntad de acompañar al Dr. Gerardo Zamora en su trabajo serio y responsable, comprometido con la realidad de Santiago del Estero, por una provincia sin exclusiones. Y el respeto a la identidad peronista de cada uno de nosotros, sobreponiendo a cualquier ideología los grandes objetivos que seguramente lograrán definitivamente la felicidad de todos los santiagueños. (Documento de Bases Peronistas, 3 de agosto de 2005).
“¡Gracias por ser peronistas!”, exclamó Neder al concluir su discurso esa tarde, explicitando que la pertenencia ideológica no estaba en discusión.
Los firmantes del documento se sacaron una foto grupal en la ciudad de Fernández y se dirigieron en caravana hacia la capital, en concreto, a la Casa de Gobierno, donde fueron recibidos por el gobernador Zamora en una audiencia, oficializando su incorporación al Frente Cívico.
Durante la reunión, el gobernador Zamora agradeció el apoyo y señaló:
En el día hoy estamos dando un paso muy importante en primer lugar me alegra que el Frente Cívico se pueda ampliar y en segundo lugar que podemos estar sentados discutiendo de política, de distintos signos, bajo un mismo objetivo…quizás octubre nos encuentre trabajando en una contienda electoral, el hecho de que el frente cívico sigue demostrando la apertura de integrar un espacio, que con el presidente Kirchner no fue casual…pero después de octubre tenemos que seguir pensando en integrar a esta provincia en ese marco de pluralidad, respeto para que no exista una provincia con exclusiones. (Nuevo Diario, 4 de agosto de 2005, p. 4).
A los pocos días de este “hecho político”, se forma el primer bloque de diputados provinciales de Bases Peronistas en la Legislatura, compuesto por Grigueli (ciudad de Loreto), Ada de Cappellini (ciudad de Villa Ojo de Agua) y “Taco” González (ciudad de Tintina). Lo cierto y lo concreto es que luego de aquella reunión constitutiva de Fernández, la conducción del peronismo provincial ya estuvo a cargo de Emilio Neder, y también que a lo largo de los años se irían sumando a sus propias filas aquellos actores del peronismo que quedaron “huérfanos” luego de la crisis del PJ juarista de 2003 y de la Intervención Federal de 2004.
Recuerdo que el partido estaba cerrado, primero con el interventor González, luego pasó Cantos, luego le dieron a Nazar y nosotros no podíamos ir al partido, porque de igual manera seguía cerrado. Entonces, nosotros, algunos pocos intendentes, encontramos en Pichón [Neder] un líder que podía democratizar las estructuras del partido para que todos los compañeros podamos volver a nuestra casa… Es así como decidimos integrar las filas de Bases Peronistas y del Frente Cívico con ese fin, de poder reestructurar el PJ santiagueño. (Ex intendente de Clodomira, José Herrera, comunicación personal, 2 de mayo de 2024)
Al analizar Bases Peronistas y al Frente Cívico que lo contiene (Campos, 2023; Ortiz de Rozas y Campos, 2022), es fundamental resaltar la presencia de diversos recursos partidarios (Cyr, 2017) que consolidan al Frente Cívico como opción predominante en la provincia. Las redes partidarias no sólo poseen recursos de bajo coste como recursos materiales (dinero o patronazgo), también posee recursos de alto coste, tales como recursos organizacionales (militantes, políticos profesionales y locales partidarios en todas las ciudades y pueblos de la provincia) y recursos ideológicos que se reflejan en valorar la intervención del Estado, principios de justicia social y democratización de servicios sociales como educación y salud pública
Conclusión
El artículo pretende ser un aporte empírico a los estudios sobre partidos a escala subnacional. La trama del texto pretende reconstruir el proceso al interior del PJ y del peronismo de la provincia durante el período. Se resalta como el peronismo se reorganizó dentro de la coalición gobernante del Frente Cívico.
La Intervención Federal de 2004 significó una crisis del campo político provincial, un desmembramiento del ciclo político del PJ juarista y la posibilidad de un reordenamiento del campo político con articulaciones posibles e incorporación de nuevos actores. Lo primero que se destaca es la irrupción de una nueva coalición gobernante que será predominante: el Frente Cívico.
La legitimidad del Frente Cívico se cristalizó en las mayorías electorales que cosechó desde su primera contienda electoral. En febrero de 2005 obtuvo la gobernación con el 46,5% de los votos, frente al 39,8% del PJ que llevaba como candidato al exfuncionario menemista “Pepe” Figueroa. En octubre de ese mismo, año 2005, el Frente Cívico por Santiago obtuvo las 3 bancas en juego para diputado nacional con el 71,05% de los votos. La segunda fuerza fue el diezmado e intervenido PJ, con el 17,22% de los votos, donde las redes políticas del peronismo migraron hacia el Frente Cívico. En el artículo se hizo claro cómo en pocos años, entre 2004 y 2005, se reestructuró el campo político y se conformó una coalición, el Frente Cívico, con importante participación del peronismo, en especial de Bases Peronistas.
La Intervención Federal de 2004, como un momento de crisis fundacional, abrió espacios para incorporar actores y organizaciones territoriales que estaban fuera del régimen político en el período anterior y posibilitó reposicionamientos de actores políticos y organizaciones territoriales que ya formaban parte del sistema político. Todo este proceso, que se dinamizó en la Intervención, fue estructurado y apropiado por el gobierno provincial del Dr. Gerardo Zamora.
En el artículo se visualiza cómo el PJ se desorganiza sin liderazgo partidario con la crisis del juarismo en 2003 y la Intervención Federal de abril de 2004. En ese año, el PJ queda intervenido, las jerarquías construidas durante el liderazgo de Juárez se evaporan y se faccionaliza con distintos grupos políticos con la disputa por la conducción partidaria. La derrota electoral del PJ en las elecciones a gobernador de 2005 significará su máximo nivel crítico como organización partidaria. A pesar de la crisis del partido, el PJ provincial cuenta con un importante recurso partidario vinculado a lo organizativo, tales como militantes, dirigentes y redes partidarias en todo el territorio provincial.
En el artículo se describe cómo los grupos peronistas no sólo se quedan a disputar dentro del PJ, también buscan sumarse a la nueva coalición del Frente Cívico. Hubo dirigentes territoriales representativos e intendentes peronistas sin lugar en el PJ, que se incorporaron al Frente Cívico antes y después de las elecciones a gobernador. La integración al Frente Cívico fue por medio de Bases Peronistas y su líder, Emilio Neder. La integración del peronismo al Frente Cívico respondió a una lógica adaptativa de las redes peronistas que quedaron fuera de los recursos estatales luego de la Intervención Federal y del triunfo electoral de Zamora.
Gerardo Zamora como gobernador significó el final del predominio del PJ y el inicio de una nueva fuerza política predominante con una marca partidaria provincial basada en la coordinación política entre radicales, peronistas y otros partidos y movimientos sociales, y de la inscripción dentro de la transversalidad impulsada por el entonces presidente Néstor Kirchner.
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Notas

