

Artículos
La dinámica familiar en hogares con presencia migrante de retorno en el Estado de México
Ciencias Sociales Revista Multidisciplinaria
Arkho Ediciones, Argentina
ISSN-e: 2683-6777
Periodicidad: Semestral
vol. 2, núm. 2, 2020
Recepción: 31 Mayo 2020
Aprobación: 31 Diciembre 2020
Resumen: En este documento se analiza la migración de retorno de Estados Unidos al Estado de México a inicios del siglo XXI. La perspectiva de estudio se basa en un análisis cualitativo para aportar al conocimiento de los niveles y tendencias de la migración de retorno que ya se conocen con mayor profundidad. En esta perspectiva se indaga sobre las formas de organización familiar en un hogar mexiquense de origen con personas migrantes retornadas. A partir de un estudio de caso se buscará aproximarse al cambio en los arreglos familiares en un hogar con presencia migrante -centrando el análiis en el caso de una mujer migrante de retorno- que permiten la reproducción social en sus unidades familiares. Finalmente, se propondrán algunas recomendaciones para la (re)integración de los migrantes de retorno, tratando de ajustarse a las necesidades que se presentan en su vida cotidiana.
Palabras clave: dinámica familiar, migrantes retornados, Estado de México, hogares.
Abstract: This document analyzes the return migration from the United States to the State of Mexico, at the beginning of the 21st century. The study perspective is based on a qualitative analysis to contribute to the knowledge of the levels and trends of return migration that are already known in greater depth. In this perspective, the forms of family organization at homes of origin of return migrants are investigated. From a case study, we approach to the changes in family arrangements, in a home with a migrant presence (female), which allow social reproduction in their family units. Finally, some recommendations for the (re) integration of this migrants will be proposed, trying to adjust to the needs that arise in their daily lives.
Keywords: family dynamics, returned migrants, Estado de México, households.
Introducción
El proceso migratorio es complejo y en el esquema actual de globalización se complejiza aún más porque es un fenómeno multidimensional. Reconocemos que la migración no es un hecho aislado actual y de coyuntura sino una constante a lo largo de la historia, aunque sí ha tenido cambios en su conformación, flujos y volumen de personas que migran, hechos reconocidos por estudiosos del tema quienes afirman que este fenómeno es menos circular, y más involuntario y heterogéneo en su perfil y destinos (Masferrer, et. al., 2017).
En los años ochenta, nuestro país se caracterizaba por tener alta emigración de mexicanos –principalmente hombres económicamente activos- quienes salían de sus lugares de origen con fines laborales al vecino país del norte.
En este momento cabe hacer un alto para explicar lo que entendemos por migración de retorno porque, aunque pueda suponerse un concepto claro, tiene un entramado que es necesario develar. La noción está relacionada con la movilidad humana vista como un proceso circular, donde existe un flujo de personas que se va (origen-destino) y luego regresa (destino-origen) (Ravenstein, 1895 citado en Gandini, et. al. 2015). Naciones Unidas (2001) define a la persona migrante de retorno como: “alguien que ha residido en un país extranjero durante más de un año independientemente de las causas de su traslado, voluntario o involuntario, o de los medios utilizados, legales u otros”.
Bibliografía sobre el tema presenta diferentes términos para referirse al retorno, como puede ser contracorriente, re-emigración, regreso, reflujo o readmisión (Gandini, et. al., 2015), aunque aún no hay consenso al respecto (Jardón, 2015) lo cual vuelve vaga su delimitación y dificulta el entendimiento de su diversidad y pluralidad.
Gandini, Lozano y Gaspar (2015) sostienen que aunque la conceptuación del migrante de retorno es compleja, existen premisas básicas, resumidas en cuatro dimensiones: la noción nacionalista: vínculo de pertenencia entre los individuos y su lugar de origen; la territorialidad: criterio de traspasar demarcaciones que pueden ser políticas o administrativas nacionales y en contrasentido; la temporalidad: periodo de tiempo que dura la estancia fuera del país de origen o ciudadanía, así como el de estadía posterior al regreso; y los motivos y las poblaciones: inspiraciones o indicios subjetivas que tienen los individuos para llevar a cabo la movilidad o para regresar.
Lo anterior pone de manifiesto las dificultades y los retos que plantea tener una noción única y reconocida sobre la migración de retorno que dé cuenta de su complejidad. Bajo la perspectiva teórica-conceptual, las nociones de circuito migratorio y movilidad transnacional están presentes en la dinámica de la migración de retorno contemporánea (Lozano y Martínez, 2015) y consideran aspectos de su multidimensionalidad. Además, en esta concepción está presente la idea de una estrategia que “transporta el hogar” de esos migrantes de retorno, en donde se transportan las pertenencias, los familiares y los sueños (Mummert, 1997).
Según Sosa y Sandoval (2018) el reconocimiento de esta dificultad nos lleva también a repensar su captación, que dependerá de la conceptuación en la fuente de datos utilizada. En este sentido, para el presente trabajo utilizamos información censal y de encuestas en hogares, por tanto debemos considerar estas nociones. En ellas el migrante internacional es aquella persona que declara haber migrado fuera de México, y al momento de la entrevista se encontraba residiendo nuevamente en México (INEGI, 2019c), sin hacer distinción si este retorno fue voluntario o forzado.
De acuerdo con algunos estudios (Masferrer, et. al., 2017) el perfil de los migrantes de retorno[4] desde Estados Unidos a México se ha transformado: la mayoría de ellos son hombres, aunque también hay presencia de mujeres, ambos en edades económicamente activas, con tasas de participación más elevadas que los no migrantes. La mayoría estos migrantes retornados tienen un empleo asalariado con ingresos laborales promedio menores que los de los no migrantes, aspecto que da cuenta de las dificultades de inserción laboral, aunado a un menor acceso a prestaciones médicas y de retiro. Lo anterior hace necesario revisar cómo se están incorporando a los distintos ámbitos como el laboral, el educativo y el social (Masferrer, et. al., 2017).
Al ser la migración de retorno en México un fenómeno que ha ido en aumento, se vislumbran retos en diferentes niveles. Los principales desafíos a abordar son aquellos relacionados con las redes sociales y la familia del migrante retornado, ya que poco se conoce sobre qué es lo que pasa con los migrantes al regresar a su lugar de origen.
Datos de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID-2018), indican que 286,761 personas retornaron a México en 2018. Reporta también que la principal causa de retorno es la reunificación familiar: 39.6 por ciento de los casos (INEGI, 2019a). Incluso se observa un aumento importante en el retorno familiar (Masferrer, et. al., 2017), es decir, de todo el hogar: migrantes, cónyuges e hijos e hijas. Lo anterior muestra la importancia que tiene la familia en el proceso migratorio.
Los datos censales, por su parte, reportan que estos migrantes regresan a la misma vivienda de la que partieron: 83.4 por ciento de la población migrante internacional de retorno (INEGI, 2019c). De tal manera, surge la interrogante de, si la mayoría de ellos regresa a sus hogares de origen, qué sucede con su dinámica familiar y social en estas unidades familiares. Poco se conoce sobre estos arreglos familiares (Mummert, 1997), ya sea antes, durante o después de la migración.
Es significativo tener en cuenta que en esta forma de movilidad de retorno, las personas involucradas, su distribución territorial, la magnitud cuantitativa de los flujos, aunado a una serie de eventos y circunstancias que enfrentan en este y aquel país, tiene consecuencias macro y micro en las sociedades de origen y destino, en las trayectorias de vida de las personas que se mueven y que se quedan y también en las estructuras, funciones y dinámicas de sus familias. Quien migra es un actor social (Long, 2007), portador de cultura, hábitos, costumbres e ideologías. Dejar el lugar de origen en busca de mejores condiciones de vida para la familia, introduce a quien se va y a su núcleo familiar en un proceso de separación, promesas, pero sobre todo acciones concretas de uno y otro lado, esto es así no sólo porque el hogar representa el motivo de la partida, sino porque es el vínculo más inmediato que une de manera parental a la persona migrante con su lugar de origen.
Así, el objetivo del presente trabajo es indagar sobre la dinámica familiar de estos hogares de donde partieron y a donde retornaron los migrantes. Entendemos como la principal aportación la información obtenida a través de un abordaje cualitativo sobre cómo opera este retorno en el entorno cercano de la familia del migrante. Se pretende contar con elementos para proponer líneas de acción focalizadas para una (re)integración exitosa de estos migrantes retornados en la sociedad mexiquense; ya que hasta ahora poco se ha hecho en la materia, además, existe desconocimiento de los derechos que tiene este grupo poblacional, así como de los programas que atienden sus necesidades básicas a su regreso.
En el análisis de la información será importante el abordaje teórico, sin embargo, tenemos que reconocer que no existe una teoría única sobre el retorno (Lozano y Martínez, 2015) sino diferentes perspectivas teóricas sobre migración interna e internacional que sirven para analizar e interpretar la dinámica del retorno. De igual modo, los marcos teóricos referenciales sobre esta, son más recientes y escasos que las tradicionales discusiones teóricas sobre la migración. No obstante no es menester en este documento desarrollar las teorías sobre migración de retorno, pero si queremos señalar que es necesario profundizar la investigación sobre los impactos del movimiento de las personas retornadas regional, local y globalmente, entendiendo y reconociendo los cambios de paradigmas que la migración de retorno impone en las discusiones teóricas. En nuestro caso interesa discutir particularmente la que tiene que ver con las fuertes implicaciones que la migración de retorno tiene en las familias y los hogares, y para ello nos centraremos en un caso particular, no generalizando, para discutir algunos de esos impactos desde lo micro social y lo local-comunitario.
La migración de retorno en el Estado de México exhibe un crecimiento poblacional, tanto en números absolutos como en números relativos, presente en todos los municipios de la entidad, al igual que en el ámbito nacional. Los mayores niveles de retorno se reportan en los municipios de Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Naucalpan y Tlalnepantla, que son los municipios que reciben más personas de cinco años o más provenientes de Estados Unidos (COLMEX – CNDH, 2018).
El análisis de la organización de las familias en este proceso de retorno del migrante se vuelve relevante, y la teoría del capital social sirve como marco teórico-analítico. Ésta sostiene que el capital social puede explicar las mayores probabilidades del retorno de las personas, y también, en algunos casos, la salida acumulada del migrante. De acuerdo con su supuesto, la experiencia de salir y regresar a la familia en varias ocasiones por parte del migrante se facilita si tiene una red de apoyo (Durand, 2004). Requerimos analizar las dinámicas familiares de los hogares con presencia migrante, ya que este fenómeno impacta no sólo en aquella persona que emigra sino también a quienes se quedan (Delgadillo y Angel, 2019).
Tener una frontera común con el país de destino de los migrantes, facilita flujos constantes de personas, bienes materiales e inmateriales entre migrantes, parientes, amigos y comunidades, además información, costumbres, hábitos y vivencias simultáneas. La propia globalización ha favorecido el uso de tecnologías de la información y la comunicación, lo que permite interacciones, dialogo, toma de decisiones, amén de discutir, planear, proyectar, y ejecutar acciones familiares en los espacios de origen y destino (Sandoval y Guerra, 2010). Estas formas de interacción implican transferencias culturales y simbólicas que reconstruyen las vidas familiares en dos hábitats internacionales separados pero relacionados justamente por estas prácticas, que en cierta forma son extensiones de las cotidianidades que se viven en ambos lados. Estas relaciones reconfiguran formas de ser familia, en tiempos determinados, y en procesos y contextos específicos. Además permiten la creación de imaginarios colectivos entre actores ajenos a esta interacción trasnacional, que por el mero hecho de pertenecer a determinado territorio, comienzan este proceso de formación mental y emocional del imaginario. Es decir, un imaginario colectivo que va construyendo símbolos que cargan de sentido el pensar, el actuar y forman nuevas expectativas en las personas en relación con la práctica migratoria.
Las preguntas eje de este análisis son entonces: ¿Cuál es la dinámica familiar original en hogares con personas migrantes retornadas al Estado de México, y si cambia esta organización con su retorno? En específico, nos interesa: ¿Cómo se reconfiguran éstos antes, durante y en la (re)integración familiar? Lo anterior bajo el supuesto de que el evento migratorio reconfigura y transforma la dinámica familiar y social.
En la actualidad la principal causa de la emigración en nuestro país sigue siendo la laboral y esto ha generado un conjunto relevante de estudios para conocer el vínculo entre trabajo y migración. Sin embargo, poca es la información sobre el papel de la familia como sustento de la reproducción social en estas unidades con presencia de migrantes de retorno, donde el papel del trabajo no remunerado de los hogares, específicamente el de cuidados, está completamente ausente. De tal manera, el aporte de este texto es introducir en la discusión y el análisis esta nueva articulación. Nueva y de particular interés si consideramos que el papel de estas relaciones familiares es de vital importancia para el migrante, tanto en su decisión de emigrar como en la de retornar, así como en la de (re)integrarse en el mismo núcleo del que partió. Lo anterior supone que las personas migrantes de retorno mantienen sus vínculos familiares y al regresar se reintegran en el mismo núcleo familiar del que partieron, contando con un sistema de apoyos para su regreso que facilitaría su reintegración (Durand, 2004). Un elemento que debemos tomar en cuenta al analizar la información es que la dinámica familiar de cuando se van, de cuando regresan o de cuando estuvieron fuera del origen puede no ser la misma.
El estudio del vínculo entre familia y migración
Reiteramos que los flujos poblacionales son una constante a lo largo de la historia. Específicamente, el estudio de la migración de mexicanos a Estados Unidos ha estado presente desde mediados del siglo pasado, y cuenta con un acervo bibliográfico bastante rico (Sosa y Sandoval, 2018).
En el siglo pasado el fenómeno migratorio estuvo caracterizado por ser expulsor y proveedor de fuerza laboral para Estados Unidos. Lo anterior dio como resultado, de acuerdo con datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores (2020), 11’913,989 de mexicanas y mexicanos que viven fuera de México; y 97.8% de esas personas radica en los Estados Unidos. A inicios del presente siglo la dinámica migratoria cambia, y se observa un importante flujo de migrantes retornados, que comienza a apreciarse a partir del 2008 (EMIF, 2013).
La etapa por la que atraviesa actualmente la Transición Demográfica mexicana impacta en la estructura de población mexicana generando cambios de diversa índole: vivienda, empleo, educación, y dinámica familiar, entre otros. El descenso de fecundidad y posterior descenso de la mortalidad ha traído como consecuencia un aumento en la esperanza de vida de las personas. A la par se observa que la anterior fuerte emigración de población en edades laborales se ha detenido, e incluso se observa un aumento de población migrante que regresa al país.
Esta transformación se vincula a factores socioeconómicos, tanto de México como de Estados Unidos, una suma de cuestiones laborales y económicas que también provocaron cambios en la política migratoria estadounidense que ha contribuido al regreso de población migrante.
Este incremento de flujo de personas del norte al sur (retornados), tiene diferentes causas señaladas como relevantes: cumplimiento del objetivo económico, racismo, movilidad social descendente, ciclo de vida, desempleo, retorno forzado (principalmente vía deportaciones), y capital social y cultural antes de la emigración (Sosa y Sandoval, 2018). Entonces, el aumento del retorno se explica principalmente por las medidas restrictivas de política migratoria implementadas, y otras ya existentes, pero que se presentan con mayor fuerza, como la crisis económica de 2007-2009.
Otra de las transformaciones en el fenómeno migratorio es la presencia de mujeres en estos flujos (Ariza, 2000). En 2016 se reporta que del total de migrantes 48 por ciento eran mujeres (Delgadillo y Angel, 2019). Adicionalmente se tiene la idea de que éstas solo migraban acompañando a sus parejas, aunque en realidad no siempre es así, y ellas señalan causas y motivos distintos a los de los hombres para migrar. Para las mujeres la migración es vista como una posibilidad para mejorar tanto su situación económica como su posición subordinada en los propios grupos domésticos. De esta forma, la migración es, en ocasiones, una opción que ellas encuentran para salir de contextos opresivos, violentos y/o desiguales, y de relaciones conyugales y familiares no deseables (Alcántara, 2019).
Esta migración femenina les permite a ellas ampliar sus opciones de inserción en el mercado laboral global, así como incrementar su autonomía e independencia económica; generando cambios en los roles tradicionales y en las actividades al interior de sus hogares (Delgadillo y Angel, 2019). En un estudio sobre mujeres que han migrado sin sus hijos e hijas vemos que este proceso impacta en sus roles y actividades al interior de sus hogares de origen (Alcántara, 2019). Estos elementos son un motivo más para analizar a las unidades familiares, en específico aquellas donde son las mujeres quienes migran, buscando identificar patrones y pautas de género que sostienen y estructuran las dinámicas en estas familias. Este ejercicio es el que se desarrolló con el estudio de caso de la mujer migrante.
Al mismo tiempo, de acuerdo con Rivera (2019) la migración es vista como una estrategia familiar en donde unos deben quedarse para permitir que otros emigren. Esta experiencia migratoria se materializa en abandono de hijos para cuidar a otros niños, enfermos o adultos mayores, debiendo integrarse en el destino, pero esto no significa desterrarse y olvidar su lugar de origen (Zarur, 2017).
En este sentido, de acuerdo con Mummert (1997) esta migración transnacional generalmente provoca una separación física entre miembros del hogar donde las relaciones intrafamiliares siguen presentes y donde éstas se encuentran sujetas a una jerarquía de relaciones de poder al interior del “hogar” que traspasa las fronteras y los límites territoriales.
Es ampliamente reconocido que la migración configura un sistema de intercambio y movimiento de recursos que se basan en la conformación de redes sociales y familiares (Canales 2002). De ahí que sea relevante considerar el papel que juegan los hogares de origen en la conformación de esas redes, su estructura y reestructura para apoyar a quien migra y al mismo tiempo asegurar la sobrevivencia de las unidades domésticas de las que se parte. En este contexto, ese doble rol de las familias conforma un mecanismo fundamental tanto para la reproducción material y cultural de las personas como del grupo en el proceso migratorio, de forma particular y enfática en el proceso de retorno y en las relaciones en las familias de origen.
El conjunto de análisis más prolífico sobre la migración de retorno se centra en países europeos, donde encontramos investigaciones de carácter teórico y empírico, con diferentes perspectivas y enfoques cualitativos y cuantitativos (Fernández, 2011). En la revisión de la información cuantitativa sobre migración de retorno tenemos diferentes datos basados en las distintas fuentes de información.[5] Por un lado, la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI, 2015) indica que 28,632[6] personas que nacieron en México, migraron a Estados Unidos, y ahora residen en el Estado de México. En esta entidad tenemos 34.1 por ciento de población migrante de retorno, de los cuales 27.8 por ciento estuvieron fuera del país menos de un año, con una menor presencia de mujeres que de hombres (84.2 vs 80.8 por ciento, respectivamente). A nivel hogar encontramos que el mayor número de hogares se presenta en los municipios de Ecatepec, Nezahualcóyotl, Ixtapaluca, Toluca, Naucalpan y Tultitlán (entre 26 y 30 por ciento de estos hogares). Vale la pena tener en cuenta que si bien se puede vincular a la persona migrante de retorno con la vivienda a la que llega, no se tiene certeza de que regresan al mismo hogar del que salieron.
Por otro lado, datos censales sobre el periodo de 1985-1990 muestran que uno de cada tres migrantes de retorno eran mujeres, para el periodo 2010-2015 se reporta un 32.2 por ciento (INEGI, 2019c). Ahora bien, de acuerdo con la Encuesta sobre Migración en la Frontera 2017 (EMIF 2017),[7] en 2017 una mujer por cada nueve hombres era migrante de retorno. Lo anterior significa que existen patrones de retorno diferenciales entre hombres y mujeres, y un incremento de éstas últimas en el proceso, aunque ellas tengan una menor participación, bajo la idea de que presentan una mayor estabilidad en el destino, gracias a una adaptación más efectiva (Delgadillo y Angel, 2019). Lo anterior también puede significar que hay una mayor demanda en los lugares de destino de los trabajos que ellas desempeñan -trabajo doméstico y de cuidados de personas.
Metodología
La estrategia metodológica adoptada siguió dos líneas: la primera con un análisis de tipo cuantitativo descriptivo, identificando y discutiendo brevemente tendencias y magnitudes de la migración de retorno, con énfasis en el Estado de México. La segunda, un acercamiento de tipo cualitativo, por medio de un estudio de caso, para contestar interrogantes que los datos no permiten y dar voz al migrante como actor social (Long, 2007). Esta última centrada en el impacto de la migración en la vida cotidiana y de la vida familiar. La entrevista se realizó a una mujer migrante, nacida en el Estado de México, quien migró a Estados Unidos y ahora se encuentra de regreso en la misma comunidad de la que partió.
El propósito de este relato es conocer la dinámica familiar y social de la mujer migrante de retorno para aproximarnos a la reconfiguración que se da en el hogar ante la presencia o ausencia de personas que emigraron a Estados Unidos, específicamente la de la madre; lo cual nos permita acercarnos al entendimiento de los cambios que este fenómeno causa en los hogares de origen y los procesos de (re)integración una vez que regresan a sus lugares de origen.
La operacionalización de las variables devino en la construcción de un instrumento con preguntas referidas a las dimensiones de autoridad-toma de decisiones y roles dentro de la familia para conocer la organización familiar y social.
Esta herramienta utilizada permite acercarnos al conocimiento de las prácticas sociales cotidianas en un hogar con presencia de migración inicial a Estados Unidos y de posterior retorno. Esta modalidad de indagación proviene de la teoría antropológica y sociológica, y aunque en algunos casos se considera como carente de objetividad, rigor, precisión y representatividad del dato (según la lógica de la inferencia estadística), consideramos nos acerca a conocer y reconocer la perspectiva de una persona, como sujeto social que vivió este fenómeno, y en este sentido la consideramos una forma válida de aproximación cualitativa (Gundermann, 2001). Esta técnica consiste en establecer una conversación sistematizada con el sujeto de estudio, con el fin de obtener, recuperar y registrar algunas de sus experiencias de vida. La riqueza de éste es que pone en el centro la vivencia de la persona entrevistada, esta cuenta, por medio del lenguaje y a través de sus testimonios y narrativas, su historia, sucesos y situaciones vividas (Dalle, et. al., 2005). Lo anterior, con la idea de explorar los valores, las motivaciones, las iniciativas o los fines que tienen las personas en el marco de sus relaciones sociales de pertenencia (Dalle, et. al., 2005). En un caso se estudia algo específico dentro de un sistema integrado, sigue patrones de conducta, que tienen consistencia y secuencialidad, que tiene límites temporales definidos (Gundermann, 2001).
En este trabajo de campo se contextualizó al sujeto de estudio, a través de una ubicación espacial de este en el entorno de la entidad mexiquense. Otro de los objetivos fue caracterizar su hogar de origen: número de miembros, quién se reconoce como jefe o jefa del hogar; así como sus características socio-demográficas básicas: sexo, edad, situación conyugal, nivel escolar, entre otras. Para finalmente, conocer un poco sobre su dinámica familiar (roles, autoridad, toma de decisiones).
Caracterización cuantitativa del retorno
En México la migración se ha caracterizado por flujos importantes hacia Estados Unidos con fines laborales. Para 2017 se estima que hubo 12.9 millones de migrantes mexicanos en el mundo, la mayoría de ellos se encuentran en el vecino país del norte, a donde partieron por necesidad (Masferrer, et. al., 2017).
Con datos de la Encuesta Intercensal 2015, el número de hogares retornados[8] fue de 2,254 hogares, en los cuales tenemos 3,409 personas. La cifra de hogares donde el migrante retornado es el jefe del hogar es 9,405 y donde no es jefe 12,475. Así, tenemos 28,132 personas migrantes de retorno y en total el número de miembros en hogares con retornados es de 103,500 personas (INEGI, 2019a).
Desde un punto de vista individual este dato de personas retornadas podría considerarse menor. Sin embargo, es importante recordar que la migración es un proceso colectivo, que no solo involucra a quienes lo viven de manera directa, sino también a sus familiares en los hogares de origen y familia extendida. Lo anterior porque la migración reconfigura las relaciones al interior de éstos, provocando cambios en los arreglos familiares, involucrando a todos los integrantes del hogar, e incluso a quienes no cohabitan, de forma directa o indirecta, ampliando el número.
En este sentido, nos parece necesario enfatizar en la mirada no individual de la migración que tomamos como punto de referencia en este texto. En los estudios de la migración con perspectiva sociodemográfica se han estudiado las características de los individuos para caracterizarlos, identificando diferencias a partir de las principales variables demográficas, como sexo y edad, pero también las socioeconómicas, incluidas su escolaridad, actividad económica, ocupación, posición en la ocupación e ingresos. Este análisis a nivel individual ha contribuido al conocimiento de las complejas interrelaciones entre desarrollo económico y dinámica demográfica. A la luz de propuestas teóricas diversas, como la de la modernización y el enfoque histórico estructural, se explicaron por ejemplo, las diferencias sociodemográficas entre migrantes internos de la región latinoamericana (Román, González y Soberón, 2014: 261).
Con otra fuente de datos (Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2018) encontramos que en 2018 hubo 760,779 personas que salieron de México (70.5 por ciento hombres y 29.5 mujeres), y de éstos 84.8 por ciento tuvieron como principal destino los Estados Unidos. En este mismo año también se registró que 286,761 migrantes retornaron a México, nuevamente en mayor medida estos son hombres (71.7 vs 28.3 por ciento). Y de ellos, la principal causa de retorno reportada (39.6 por ciento) es la reunión familiar (INEGI, 2019a).
Lo anterior proporciona un panorama sobre la tendencia y la magnitud de la migración de retorno. Cada vez hay más personas migrantes retornadas en nuestro país. Esta situación plantea retos importantes para los tomadores de decisiones, quienes tendrán que revisar las necesidades de estos mexicanos y diseñar opciones de (re)integración. A continuación presentamos el estudio de caso realizado con el fin de conocer la dinámica familiar en un hogar con migrantes retornados.
Historia de una mujer mexiquense migrante de retorno
El estudio de caso que presentamos es el de una mujer -Victoria- de 49 años que sólo cursó hasta segundo de primaria (trunco), quien emigró a Estados Unidos en dos ocasiones en la búsqueda de mejores condiciones de vida para ella y su familia. La primera vez ella tenía 16 años, y estuvo en el destino (San Antonio, Texas) dos años; la segunda vez tenía 28 años, residiendo un año y medio en el mismo destino. Actualmente, reside nuevamente en nuestro país, en el mismo hogar del que salió en la segunda ocasión, una vez que ya estaba casada y con hijos. Su comunidad de origen es La Mesa, municipio de San Felipe del Rincón, Estado de México.
La localidad Mesa de la Agüita está situada en el municipio de San Felipe del Progreso. Este pueblo está a 2,618 metros de altura, a 12.6 kilómetros de San Nicolás Guadalupe (localidad más poblada del municipio), y a tres kilómetros de San Felipe del Progreso, cabecera del municipio.
En ella se encuentran 87 viviendas, de las cuales un 92.2 por ciento tienen electricidad, 64.1 por ciento agua entubada, y 54.7 por ciento excusado. En cuanto al equipamiento de la vivienda, la mayoría de las viviendas de la localidad cuentan con radio y televisión (62.5 por ciento y 71.9 por ciento, respectivamente), pero las proporciones de aquellas con electrodomésticos, equipo que contribuye al desempeño del trabajo doméstico, son mucho menores: 14.1 por ciento refrigerador y ninguna vivienda cuenta con lavadora. Solo un 10.9 por ciento tiene automóvil, 1.2 por ciento tiene una computadora personal, 7.8 por ciento tiene un teléfono fijo, 18.8 por ciento un teléfono celular, y ninguna de ellas cuenta con servicio de internet (Pueblos América, 2020). Lo anterior, enmarca a la localidad con deficiencias en servicios básicos, que según el relato de Victoria, contribuyeron a la necesidad de salir a buscar opciones de mejora fuera de su entorno inmediato.

En la localidad habitan 299 personas:142 hombres y 157 mujeres. Las mujeres tienen en promedio 3.7 hijos por mujer, con poca población nacida en otra entidad (menos del uno por ciento). El 14.1 por ciento de los habitantes son analfabetas (10.6, los hombres y 17.2 por ciento, mujeres). El promedio de grados escolares aprobados es del 4.4 -4.6 los hombres y 4.2 las mujeres- (Pueblos América, 2020). La entrevistada comenta que hoy en día en la comunidad hay una escuela primaria, una secundaria y una preparatoria. No hay hospitales o clínicas de salud, para recibir servicios de salud hay que trasladarse hasta la cabecera municipal.
El 43.5 por ciento de la población se adscribe como indígena, y el 15.4 por ciento habla una lengua indígena, aunque la entrevistada no se auto adscribe como indígena. En cuanto a su situación económica, 25.8 por ciento de los habitantes de 12 años y más se encuentra como ocupado (hombres 43.7 por ciento y las mujeres 9.6). Las principales actividades desempeñadas son las primarias: agricultura y ganadería (Pueblos América, 2020).
El hogar de Victoria estás conformado por una vivienda con tres cuartos, con servicios básicos de luz, agua, sanitario dentro del hogar y piso firme. En él habitan su marido, un tío de su esposo, cinco de sus hijos, una nieta y ella. Tiene otros tres hijos (varones), dos de ellos ya formaron sus propias familias y no viven con ella y el otro trabaja fuera de la localidad en la construcción, igual que su marido. Los ingresos del hogar están conformados por los de su marido e hijo que trabaja con él. El tío que correside con ellos se encarga de los animales y de la cosecha de traspatio que tienen, y ella se hace cargo del trabajo doméstico y de cuidado de los miembros del hogar, y apoyo a la cosecha y cría de animales cuando se requiere.
Victoria y su marido se conocieron en Estados Unidos, durante la migración. En esa primera ocasión ella residió alrededor de dos años con una familia con quien trabajaba como empleada doméstica. En ese momento sus tareas se centraban en el trabajo doméstico y de cuidados remunerado, y solo salía los fines de semana. Cuando regresó a su localidad fue para casarse (solo por la Iglesia).
Ella refiere que lleva con su marido alrededor de 30 años y lo reconoce como el jefe de la familia, porque es quien la mantiene a ella y a sus hijos, y es el proncipal proveedor económico del hogar, aunque también hay otros perceptores económicos en la familia, siguiendo el patrón tradicional de división sexual del trabajo.
La primera vez que migró ella aún era soltera, tenía carencias económicas importantes, además de una situación negativa en su hogar paterno de origen paterno: su padre tomaba mucho alcohol, y les pegaba a su madre, a ella y a sus hermanos y hermanas. Ella ve como otras mujeres del pueblo iban a Estados Unidos a trabajar y les iba bien económicamente, lo cual la motiva a migrar. Victoria relata que quería contar con su propio dinero, así que pidió a quienes ya tenían experiencia migratoria le avisaran de requerimientos laborales en el destino. Ella no tenía mucho dominio del inglés pero como ya tenía la intención de migrar buscó practicar con una vecina quien se ofreció a ayudarla. Esto le dificultó un poco su inserción al momento de migrar inicialmente, pero le ayudó que en la casa en la que trabajaba hablaban español. Su emigración, a pesar de haber sido ilegal, no tuvo tantas dificultades (ella así lo reconoce) gracias a que las redes sociales con las que contó fueron de gran apoyo tanto en rutas como en personas recomendadas para el cruce, ya que contrató a un coyote, a quien tuvo que pagarle con dinero prestado, pero quien sí le cumplió el traslado.
A pregunta expresa sobre los motivos por los que decidió emigrar, ella contesta que en su casa paterna se dedicaba a quehaceres domésticos, a cuidar familiares, a ayudar con el trabajo de traspatio y que no había opciones de algo más. En cambio si en el destino iba a hacer lo mismo, pero le pagarían un buen sueldo, hasta podía contribuir al ingreso de su hogar. Y aunque ella no lo expresa puntualmente da a entender que la violencia que vivía en su hogar también fue uno de los motivos que la convencieron de emigrar, siguiendo el planteamiento de Alcantara (2019). En estas referencias encontramos que no es únicamente el sujeto individual quien elabora y diseña las estrategias migratorias para mejorar las condiciones de vida, sino la unidad doméstica, el grupo familiar, incluso la comunidad en su conjunto, así el cuidado de la familia fue un motivo trascendental para la movilidad. Como lo es también para emprender el camino de retorno, como sostiene Durand sobre las redes sociales (2004).
Sobre las condiciones de este primer trabajo ella recuerda que era la responsable de limpiar la casa, lavar la ropa, hacer la comida, incluso cuidar a los niños (un niño de 10 años y una niña de 8). Al principio tuvo que aprender muchas cosas porque allá las cosas se hacían diferente, tenían aparatos como microondas, cafetera o lavadora que ella tenía que aprender a usar para realizar sus actividades. Una vez que aprendió, comenta que así las actividades eran más fáciles y rápidas de realizar; y a su regreso tuvo que adaptarse a volver a realizarlas sin éstos.
En el lugar de destino conoció a su marido, originario de la misma comunidad que ella, así que a sus 17 años se casó y continuó trabajando hasta que se embarazó de su primer hijo. Ahí regresó porque su marido ya no quería que ella trabajara, aunque después de algunos años y de más hijos en el hogar, ella vuelve a migrar, ya que en el hogar se requerían más ingresos, y ella ya sabía cómo podía ayudar económicamente:
“Cuando mis hijos necesitaban algo para la escuela o así pues yo les mandaba el dinero y no tenía que pedirle a mi marido que lo hiciera o que viéramos de donde teníamos que sacar porque yo tenía…”.
Para ella también era significativo pensar en la migración vinculada con un cambio de vida, ya que a su padre le gustaba tomar y las golpeaba a ella y a sus hermanos y hermanas. La violencia es un elemento que reconoce presente y complejo en su vida:
“A mí me gusta platicar con mis hijos, mi marido a veces si les pega con el cinturón y yo le digo que eso no…que platique con ellos…que eso marca. Una vez que fui al DIF allí me dijeron que no estaba bien eso…como él no ha oído lo que me han dicho por eso cree que está bien…”
Su madre toda su vida se dedicó al hogar y ella no quería eso mismo para sus hijos y por eso decidió irse a trabajar, ganar su propio dinero y darles a sus hijos la opción de estudiar. Contar con sus propios ingresos le permitió compartir con su marido el sostenimiento de su hogar y la toma de decisiones. Aunque al regresar volvió a desempeñar las mismas actividades de antes (trabajo no remunerado en el hogar), incluso actividades agropecuarias porque tienen algunos animales, que a veces comen y otras venden.
“…sí, tenemos unas tierras y cuando viene el tiempo de cosechar usamos a los animales, y cuando ya está bueno, todos tenemos que cortar el maíz, desgranarlo, secarlo para después ponerlo en los sacos y guardarlo para hacer las tortillas…”
Sobre la segunda vez que migró, siendo responsable del cuidado de sus hijos corresidentes, habló con su hija mayor (22 años) y le encargó que cuidara de sus hermanos y hermanas. También habló con su mamá (no corresidente) para que pasara en algunas ocasiones para ver si se necesitaba algo en su hogar.
“Y pus así le hicimos dejé a mi niña más grande encargada y en veces mi mamá también se daba sus vueltas para ver si estaban bien o si se necesitaba algo”
Un elemento detonador de su segunda migración es que su hija mayor se embarazó y se juntó con un muchacho que pidió un préstamo, fungiendo ella como aval, el cual posteriormente no se pagó, por lo que tuvo que hacer frente a esta deuda. Su marido no estaba de acuerdo con que ella se fuera porque decía que quién se iba a hacer cargo de sus hijos, ya que él entre semana trabajaba en la ciudad de México y sólo iba a su casa los fines de semana.
En esta ocasión el tiempo de migración fue poco menos de dos años. Su retorno fue voluntario, motivado por su hijo más pequeño (9 años) quien estuvo insistiendo en que regresara, aunado a que tenía problemas de lenguaje que en la escuela le habían pedido atender.
“…me habló mi hija para decirme que le habían llamado de la escuela, que tenía que llevar al niño al DIF para que ahí lo revisaran porqué no habla bien, y para que nos enseñaran qué debíamos de hacer para ayudarlo”.
Los roles que ella desempeñaba antes de migrar, tal y como ella lo menciona, eran de trabajo doméstico, cuidado de integrantes del hogar y apoyo en actividades agropecuarias. Muchas de éstas se siguieron desempeñando en el lugar de destino, aunque sin las mismas facilidades tecnológicas. La reproducción de los roles de género estan presentes en este relato, al designar como responsable del hogar y de las tareas domésticas y de cuidado al migrar, a otra mujer. Vemos también que una de las razones del retorno es seguir cumpliendo con este rol tradicional asignado a las mujeres, en el caso particular, el rol de madre y de responsable del trabajo doméstico.
“…me regresé…seguí haciendo lo mismo…siempre he hecho lo mismo…lavar, hacer de comer, cuidar a los niños, aunque allá hay cosas que te ayudan, te hacen más fácil el trabajo…hay muchos aparatos…”
Es precisamente en esta distribución de funciones donde se puede percibir con más claridad el vínculo entre las esferas productiva y reproductiva. En la estrategia familiar, si bien es la persona que va a migrar quien en mayor medida asume el rol de proveedor económico, las tareas de cuidado se redistribuyen entre los otros miembros de la unidad domestica que permanecen en el lugar de origen, principalmente mujeres. El proceso migratorio concebido desde la familia permite comprender cómo tiene lugar el reparto de funciones entre géneros y generaciones. Es evidente que la emigración implica la separación física del núcleo familiar, pero no significa la ruptura de las relaciones familiares de dependencia afectiva, como se distingue en el relato. A pesar de la distancia, diversos estudios demuestran que las familias persisten como institución adaptándose a la nueva realidad y buscando nuevas formas de mantener y fortalecer los vínculos familiares (tanto económicos como afectivos y de gestión del cuidado) en una nueva estructura transnacional (Perella, 2004: 167).
Para nuestra entrevistada el regreso fue difícil, regresó a desempeñar las mismas actividades, pero sin recibir remuneración y sin el poder de tomar decisiones. Además, los ingresos que aportaba al hogar complementaban los ingresos de su marido y según sus propias palabras “alcanzaba para hacer más”.
La interacción que tenía con sus familiares estando lejos era por teléfono fijo y celular, como lo encontrado por Sandoval y Guerra (2010). Si necesitaba hablar con alguno de sus hijos para ejercer alguna acción, le pedía a su hija que le hiciera la llamada y ejercía su autoridad. No tenía acercamientos con computadora, porque en su comunidad no hay internet ni conectividad digital alguna. Desde su percepción las tensiones de la distancia tenían que ver fundamentalmente con el cuidado de sus hijos e hijas, el seguimiento de sus vidas cotidianas y las formas de disciplinar, educar y criar, sin estar cerca:
“Es complicado estar lejos y decirles lo que tienen que hacer, que se porten bien…una vez mi hija, la que está en la secundaria, tuve que hablar con ella porque un día me dijeron que se había querido ir con amigos y no ir a la escuela…pero yo ya le dije que eso no, que si ella puede ir a la escuela que tiene que ir…”
Podemos distinguir, a través de este relato de vida, las tensiones existentes al interior de la familia, y en específico las vividas por la mujer migrante, quien se ve repartida entre el origen y el destino, quien a la distancia tiene que resolver cuestiones cotidianas que su rol de madre-cuidadora le impone, porque la norma marca que, aunque ella se encontrara lejos tenía que seguir ejerciendo su maternidad.
También identificamos que la familia, como sujeto del proceso migratorio, forja una representación de sí misma que le da cuerpo. Supone que, aún a pesar de la distancia geográfica, de que no se compartan en determinadas circunstancias espacios objetivos de convivencia e interacción, sí se comparten espacios subjetivos de pertenencia al grupo. Es decir, la identidad debe ser mantenida, en tanto es la definición que da el grupo familiar de sí mismo, la concepción de sus características perdurables, de sus valores básicos, de su historia pasada, de sus proyectos futuros, de su continuidad en el presente (Martín, 2006).
Reflexiones finales
El proceso de globalización actual impacta en la migración, provocando transformaciones en las dinámicas familiares y de los hogares. Uno de los cambios más notorios en los flujos migratorios es la cada vez mayor incorporación de las mujeres en este proceso, el cual se vive diferencialmente entre hombres y mujeres migrantes. Ante la presencia de la migración, especialmente de la femenina, los integrantes que se encuentran espacialmente separados desarrollan formas de organización, interacción y comunicación que les permiten mantener sus vínculos (Sandoval y Guerra, 2010), tal y como vimos en el estudio de caso presentado, el cual puede entenderse como parte del proceso de migración transnacional (Mummert, 1997). Al tiempo que se ejerce el rol de género asignado a pesar de la distancia, se presenta también una re-negociación de las funciones entre los integrantes familiares que permanecen en el origen, a quienes se les queda el cuidado material de la unidad familiar y sus miembros.
De acuerdo a las preguntas eje encontramos que los roles tradicionales asignados a hombres y mujeres no se ven modificados, aunque la madre emigre la actividad de cuidado se sigue considerando su responsabilidad. Y como el cuidado directo es visto como cuestión femenina se asigna a otro miembro del hogar mujer, ya sea la abuela, la tía, la hermana o alguna otra, como en el caso de Victoria quien designó a su hija mayor.
Desde múltiples perspectivas se reconoce que la migración es un factor de impacto y de importantes transformaciones en la vida de una persona. Estos cambios afectan las relaciones de género (Delgadillo y Angel, 2019), generando contradicciones entre el mantenimiento y la ruptura de la norma, tocando muy de cerca el papel de las mujeres y sus posibilidades de acercarse a la autonomía. En el caso de Victoria, vemos que la migración si generó cambios en su vida, le permitió tener el poder para tomar decisiones al interior de su familia, así como un escape de la violencia que enfrentaba en el hogar paterno. Transcurrió en su núcleo una renegociación de roles. Así, retomando a Manjarrez (2006) podemos reconocer que:
"la migración no es el único factor que contribuye a modificar las relaciones de género, sino que éste se articula con cambios en el modelo de género hegemónico mediante el surgimiento de nuevas socializaciones y procesos de corte estructural que inciden en las generaciones. No obstante, la migración incide en los nuevos arreglos familiares y coadyuva a las negociaciones entre los géneros" (Manjarrez, 2006, p.18).
Mientras fue migrante, Victoria trabajaba y tenía ingresos propios, pudiendo transformar (momentáneamente) el modelo de género en su hogar de origen.
Esta situación muestra la necesidad de políticas de atención migrantes de retorno en las cuales se busque su (re)incorporación, en sus hogares de origen, y en otros niveles (social, económico y educativo). Ya que si consideramos que la mayoría regresa a la misma vivienda de la que partieron, pero al regresar no podrán aplicar los conocimientos y habilidades adquiridas en el destino, ni en el hogar ni en lo laboral (por falta de oportunidades, acceso o tecnología), ya que las condiciones de antes de partir siguen teniendo la misma precariedad. Por ejemplo, en el caso de Victoria ella podría aplicar sus conocimientos adquiridos mientras migró, como el idioma inglés o el uso de tecnologías.
Ahora bien, el trabajo de cuidado requiere un sistema que establezca corresponsabilidad entre hombres y mujeres y entre generaciones, que involucre a todas las instituciones sociales: Estado, sociedad, familia, y no sólo responsabilice a las mujeres. Aunado a la necesidad de reconocer, en comunidades con tradición migratoria, que se requiere replantear la organización actual del trabajo de cuidados en sus hogares, y establecer políticas o programas gubernamentales que lo atiendan.
En este sentido adherimos al planteo de González (2013) :
“Una de las primeras dificultades a las que se enfrentan los países de origen de los inmigrantes, a la hora de planificar intervenciones y programas dirigidos a maximizar los beneficios derivables de su retorno, es el desconocimiento acerca del perfil dominante entre quienes retornan de modo espontáneo, así como el impacto real, los errores y los aciertos de las diferentes actuaciones” gubernamentales y de la sociedad civil. (p. 8)
Finalmente, es importante reconocer que la familia es una entidad que ha demostrado sus capacidades de resistencia y flexibilidad; ha resistido los embates e impactos de las enormes transformaciones sociales manteniendo su presencia como célula básica de la sociedad, y, para hacerlo, se ha transformado, diversificando su composición y estructura y cambiando los roles y modelos de género y generaciones a su interior.
La migración se encuentra dentro de los cambios sociales que han obligado a la reconfiguración de la familia y que la han puesto como protagonista principal, en tanto esta es un espacio concreto de la vida cotidiana que ha sido afectado por (a la vez que afecta), la emigración como proceso (Martín, 2006).
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Notas

