

Análisis del IV informe de Panamá sobre los objetivos de desarrollo del milenio (ODM)
Revista Científica de la Universidad Especializada de las Américas (REDES)
Universidad Especializada de Las Américas, Panamá
ISSN: 1684-6737
ISSN-e: 2710-768X
Periodicidad: Anual
vol. 1, núm. 7, 2015
Recepción: 17 Febrero 2015
Aprobación: 23 Marzo 2015
Resumen: En la presente investigación se hace un análisis del informe de Panamá con respecto a los Objetivos de desarrollo del Milenio analizando las fortalezas y debilidades del desarrollo, así como los datos que en este se analizan como afectan el crecimiento del país. En el caso de Panamá se han realizado cuatro informes sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio – ODM (2003, 2005, 2009 y 2014), con diferentes grados de dificultad. Entre ellas, las fuentes estadísticas. Para algunos informes se han utilizado los Censos de Población y Vivienda, las Encuestas de Niveles de vida (ENV-1997, ENV-2003 y ENV-2008), Encuestas de Propósitos Múltiples, cálculos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), entre otros instrumentos. Esta diversidad de fuentes representa una limitación de tipo metodológico, pero los informes se han presentado, en algunos casos, con datos aproximados o incluso con lagunas, porque hay indicadores que no son comunes a las estadísticas tradicionales. Por tanto la presente investigación nos aporta datos útiles que nos permiten comprender mejor la situación del país.
Palabras clave: Objetivos del Milenio, desigualdad, grupos humanos, ingresos, analfabetismo, mortalidad, internet.
Introducción
La evolución de los derechos humanos, el desarrollo de la ciencia y la tecnología, entre otros fenómenos, llevaron a la Organización de Naciones Unidas (ONU) a realizar una serie de cumbres durante los últimos años del siglo XX. Entre los señalamientos que se les hacían, estaban que estos pactos eran apenas indicativos y no significaban compromisos reales para los países del mundo.
De tal manera que, la humanidad finalizó el siglo XX sin haber resuelto los problemas principales de la pobreza, el hambre, la desnutrición, el acceso a la educación, la igualdad entre los sexos, la muerte prematura de niños y niñas, la mortalidad materna, el deterioro ambiental, el abastecimiento de agua potable, entre otros. Esta situación se da a pesar del enorme adelanto económico, científico y tecnológico. Por esta razón, la ONU convocó a los mandatarios del mundo, en el año 2000, a firmar la Declaración del Milenio a fin de dar el salto cualitativo en el desarrollo humano sostenible en el siglo XXI. Se tomó como base el año 1990 y se fijaron ocho objetivos, con sus respectivas metas e indicadores específicos, hasta el año 2015.
1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre
2. Lograr la enseñanza primaria universal.
3. Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer.
4. Reducir la mortalidad infantil.
5. Mejorar la salud materna.
6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades graves.
7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
Resultados
Entre los señalamientos que se le hacen a los ODM, están que al tomarse como año base 1990, se les daba ventaja a algunos países, que ya para el año 2000 estarían alcanzando las metas. Por otro lado, algunas metas fueron muy tibias, como universalizar la educación primaria para niñas y niños, por ejemplo. Ya la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha demostrado que lo mínimo que se requiere para no ser pobre en la región son doce años de escolaridad. Por lo tanto completar la primaria no era suficiente para dar el salto cualitativo que necesitan nuestros países.
Al mismo tiempo, no todos contaban con sistemas estadísticos que pudieran responder inicialmente a los 48 indicadores y, después, a los más de 60, que surgieron en la medida en que quedaron temas por fuera. Para cumplir con el Pacto del Milenio se necesitaban fondos que debían ser proporcionados por los países ricos a los países pobres, pero no se contaba con las crisis, ni los acontecimientos políticos que ocurrieron en el ínterin.
El informe del Milenio de Panamá
Panamá ha hecho un esfuerzo para presentar el IV informe a escasos meses de cumplirse la fecha límite de los ODM. En términos generales los datos corresponden al año 2012, aunque hay algunos de 2008, 2009, 2010 y 2013. Esto representa una limitación de tipo metodológico, y un problema para presentar el último informe al finalizar el 2015, dado que las cifras tienen retraso en el tiempo.
El principal señalamiento al Informe es que se trata de quedar bien y mostrar la mejor cara del país, por lo que se presentan datos a nivel nacional y estos generalmente enmascaran la realidad de los diferentes grupos humanos. Aunque en la segunda parte se presentan datos más desagregados, el problema de Panamá es que es uno de los países más desiguales de América Latina, la región más desigual del mundo.
En el cuadro N°1, se puede observar que Panamá pierde en el año 2013 el 22.1% de su logro en el desarrollo humano a causa de la desigualdad, fundamentalmente por la inequidad en el ingreso, donde la pérdida alcanza 35.8%. El cuadro permite, además, comparar las pérdidas por la desigualdad con países similares, tales como Uruguay y Costa Rica, que tienen mejores resultados, ya que registran menor pérdida global debido a las desigualdad; menor coeficiente de inequidad; menor inequidad en la esperanza de vida y en la educación. Incluso, a pesar que Panamá está mejor que el promedio de América Latina y El Caribe (ALC), no se logran los indicadores de los países de desarrollo humano muy alto (IDH Alto), grupo en el cual el país quiere estar.


La distribución de los ingresos continúa siendo sumamente inequitativa en Panamá. En la gráfica N°1 se puede observar como hay una concentración de la riqueza en el 20% más rico de la población (quintil 5), que acapara más del 56% de los ingresos, en detrimento del restante 80% de la población, de manera sostenida en el tiempo.
En el Informe se señala que el país ha logrado algunos objetivos y otros no. No se dice para cuál Panamá: el urbano, el rural, el indígena, el afrodescendiente, el de la infancia, el de la juventud, el de las mujeres, el de la población adulta mayor.
Los grupos indígenas presentan una realidad que no tiene nada que ver con las cifras nacionales, en el tema de la pobreza, los ingresos, la educación, el empleo, la desnutrición, el empoderamiento de las mujeres, la mortalidad infantil, la mortalidad materna, por señalar los problemas más importantes. Una de las metas propone reducir a la mitad la población con ingresos inferiores a 1 dólar. En la gráfica N° 2 podemos ver como esta población se concentra en las comarcas indígenas, donde entre el 40.3% (Emberá) y el 68.9% (Ngäbe Buglé), dispone de ingresos inferiores aun balboa diario.

Esta situación de desventaja en los ingresos se refleja en el aprovechamiento escolar de los menores de estas familias, que son los que registran menor matrícula y mayores tasas de reprobación en la educación primaria. Por ejemplo, mientras la Tasa de analfabetismo de las jóvenes de 18 a 29 años de edad a nivel nacional es 2.4, entre las chicas ngöbes alcanza 24.6% (INEC, 2012). Es decir, es diez veces mayor. Sin embargo, se dice que Panamá ha logrado el objetivo relativo a la educación. No se menciona que la brecha de escolaridad entre los más ricos y los más pobres equivale a seis años de escolaridad. Ni hablar de la calidad de la educación que reciben unos y otros. El Banco Mundial considera que Panamá pierde 3 años de su logro escolar debido a la calidad de los aprendizajes (Banco Mundial, 2012).
Aquí es necesario señalar que la asistencia escolar aumentó con la “beca universal” en las comarcas indígenas, y en las provincias de Colón y Darién. En el resto de las provincias, esta no fue un estímulo para asistir a la escuela, por el contrario, la asistencia disminuyó (gráfica N°3).

En lo relativo al empoderamiento de las mujeres, Panamá tampoco avanzó, más bien retrocedió.
Desde el año 2010 El Informe de Desarrollo Humano está calculando el Índice de Desigualdad de Género (IDH-G). El IDH-G Refleja la desventaja de las mujeres en tres dimensiones: salud reproductiva, empoderamiento y mercado laboral. El índice muestra la pérdida de desarrollo humano causada por la desigualdad existente entre los logros de mujeres y varones en estas dimensiones.

Como se puede observar en el cuadro N°2 Panamá ocupa una posición poco favorable. Ha pasado del lugar 81 en el año 2010 en el mundo, al 95 en 2011, al 108 en 2012 y al 107 en 2013. Panamá no sólo no ha mejorado en lo relativo al IDH-G, sino que además pierde muchos lugares en el ranking mundial con respecto al Índice de Desarrollo Humano (IDH) y al índice de Desarrollo Humano afectado por la desigualdad (IDH-D).
Uno de los indicadores se refiere a reducir la mortalidad infantil. Sin embargo, la mortalidad infantil es mucho más elevada donde hay población indígena: las comarcas y las provincias de Bocas del Toro y Darién. De manera general, son las que registran los indicadores más bajos en todos los aspectos. Otro tanto ocurre con la mortalidad materna en Panamá. No se ha logrado reducir la tasa de manera sostenida, principalmente en las comarcas indígenas, donde es varias veces superior al promedio nacional. Este es uno de los problemas que atañen a la salud sexual y reproductiva.
Otro se refiere al embarazo precoz, que está en constante crecimiento, como puede observarse en la gráfica N°4, y que empieza a edades muy tempranas.

Una condición básica para la vida humana es la adecuada disponibilidad de agua potable. En la gráfica N°5, se observa como las comarcas y las provincias de Bocas del Toro y Darién tienen un porcentaje muy por debajo del promedio nacional en el abastecimiento de agua para beber.

Se menciona mucho la globalización y el uso de las nuevas tecnologías de la información, como un gran logro. Sin embargo, nuevamente, su distribución es muy desigual en el ámbito nacional. Mientras en la provincia de Panamá, se dispone de unos 517 sitios de internet, en las comarcas, sobran los dedos de las manos para contarlos.

Conclusiones
Para lograr los ODM, Panamá debe empezar por reconocer y corregir la enorme desigualdad que aqueja a los diversos grupos humanos. No podemos seguir diciendo que estamos en vías de cumplir las metas señaladas en el Pacto del Milenio, como si la realidad socioeconómica del país fuera homogénea.
Presentar las cifras a nivel nacional, solo enmascara la verdadera realidad de los diversos grupos humanos.
Con el nivel del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), que Panamá ha registrado en la última década (cerca del 8%), no hay excusa, para no atender las necesidades más apremiantes de la población panameña, sobre todo de bajos ingresos.
Sin embargo, la niñez rural y sobre todo la indígena, no tienen el acceso necesario a los servicios de salud, educación, tecnología, y tiene problemas de desnutrición debido a los niveles de pobreza, que se heredan en sus hogares.
El gasto social público debe estar orientado a esos grupos más vulnerables, y no deben ser “universales”, ya que de esa manera se perpetúan las brechas entre los más ricos y los más pobres. No toda la niñez necesita los mismos subsidios. Esta medida no debe ser de carácter populista, debe convertirse en una inversión para romper el círculo de la pobreza de los que realmente lo necesitan.
Además del crecimiento económico, es necesario crear las bases para el desarrollo humano sostenible. Por lo tanto es necesario invertir en la niñez y en sus madres, pues ellas juegan un papel fundamental en el futuro de la generación de relevo.
Si bien en términos generales, la natalidad ha disminuido en Panamá, es más alta en el área rural e indígena, precisamente donde se concentran los problemas de falta de oportunidades. El Estado debe intervenir para revertir ese proceso de empobrecimiento intergeneracional.
Panamá tampoco ha logrado que toda la población tenga acceso a las nuevas tecnologías de la información. Esto sigue siendo un logro fundamentalmente urbano. Todavía falta mucho por hacer en las áreas rurales e indígenas.
Aún cuando se logren algunos de los ODM en Panamá en el nivel nacional, esto no será una realidad para todos los grupos humanos, dado la enorme desigualdad que caracteriza a la población panameña.
La focalización de estas políticas y recursos en los grupos con menos oportunidades en el país, puede ser una estrategia esencial para corregir estos desequilibrios históricos y apuntar realmente hacia el desarrollo humano sostenible de Panamá.
Referencias
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Ministerio de Economía y Finanzas. (2012) Informe Económico y Social.
Ministerio de Salud. (2014) Estadísticas de Salud
Moreno V., (2012) Distribución del ingreso de los hogares. Panamá: MEF
Thomas. P. (2014) El Capital en el siglo XXI. México: Fondo de Cultura Económica.
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PNUD., (2014) Informe de Desarrollo Humano. New York.
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